Disclaimer: ©Shingeki no Kyojin/進撃の巨人, sus personajes y trama son propiedad de su autor, Hajime Isayama. Yo tan solo realizo este FanFic por diversión, sin ánimos de lucro.

Advertencia: Omegaverse| Uso descarado delOoC| ErenxLevi | Ereri| Omega Levi | Eren alfa |De desconocidos a enemigos a amantes| Basado en Orgullo&Prejuicio de Jane Austen.

A mis dulces bebés de amor valeskithalejandra, GatitadeLuna, ChibiGoreItaly, Kai Ackerman, Roco Ackerman Pillco, Nejiko Ka y LunadeAcero; muchísimas gracias por seguir mi historia, leerla y comentarla. Sus palabras son el motor de creación de este FanFic.

A mis lectores fantasmita, también les agradezco infinitamente por su tiempo.

Espero este capítulo les guste. Nos leemos abajito.

Por favor lean las notas finales.


De orgullo, prejuicio y amor

.XI.


El señor Kenny envió carta a su hermano la tarde siguiente a la boda de Levi. Escribió brevemente una nueva disculpa a su sobrino, pues el principal objeto era informarle de cómo había terminado todo el asunto con Marie, así como que Smith había resuelto abandonar el regimiento.

«Creo que convendrás conmigo en que su salida de ese Cuerpo es altamente provechosa tanto para él como para mi sobrina. La intención del señor Smith es entrar al Ejército regular, y entre sus antiguos amigos hay quien puede y quiere ayudarlo a conseguirlo. Se le ha prometido el grado de alférez en el regimiento general Panzer, actualmente acuartelado en el Norte. Es mucho mejor que se alejen de esta parte del reino. Le he hecho prometer a ambos, que serán más prudentes y no se desacreditarán ante la gente, ahora que tendrán una hoja en blanco en sus vidas. Se han casado esta mañana, hermano. Por supuesto a Smith no se le entregó una Guinea hasta que Marie estuvo en nuestra presencia, en mi casa y con el documento prenupcial oportuno firmado. Tampoco se le dará completo todo, pues hay que pagar las deudas que nos ha confesado, y espero que al menos en esto no nos haya engañado. He escrito al coronel Zacharius participándole nuestros arreglos y suplicándole que diga a los diversos acreedores del señor Smith en Brighton y sus alrededores, que se les pagará inmediatamente bajo mi responsabilidad. ¿Te importaría tomarte la molestia de dar las mismas seguridades a los acreedores en Meryton, de los que te mando una lista de acuerdo con lo que el señor Smith me ha indicado? Traute tiene ya instrucciones y dentro de una semana estará todo listo. Entonces el señor Smith se incorporará a su regimiento, a no ser primero que se le invite a ir a Longbourn, pues me dice Uri que Marie tiene muchos deseos de veros a todos antes de dejar el Sur. Os ruega sumisamente que os acordéis de ella su madre y tú.

K. Ackerman.»

A la señora Ackerman le disgustó que su hija se estableciese en el Norte precisamente cuando ella esperaba con placer y orgullo disfrutar de su compañía, pues no había renunciado a la ilusión de que residiera en Hertfordshire. Por su lado al señor Ackerman lo que le disgustó fue que Marie le pidiera la entrada en Longbourn, por lo que la súplica fue negada rotundamente al principio. Algo por lo que el matrimonio Ackerman discutió acaloradamente. Y solamente la intervención de Levi tanto como de Mikasa los hizo detenerse y hacer ceder al padre en su posición. Insistieron con tal interés, suavidad y dulzura, que lo lograron en un par de horas, tras la cual escribieron una carta para informarle a su tío, y que la visita se realizará.

Levi igual que su padre no estaba cómodo de que Smith llegase a su hogar. Era para él la última persona con la que quería encontrarse, pero la preocupación (compartida con Mikasa) por su hermana era mayor a toda hostilidad hacia al hombre, que casi no pudo dormir a la espera de la llegada del siguiente día.

La mañana llegó. Y una hora después del desayuno el coche con los recién casados se detuvo frente a la puerta. La familia estaba reunida en el saloncillo esperándolos. La sonrisa adornaba el rostro de la señora Ackerman; su marido estaba impenetrablemente serio, y Levi y Mikasa, alarmados, ansiosos e inquietos.

Se oyó la voz de Marie en el vestíbulo; se abrió la puerta y la nueva señora Smith entró en la habitación. Su madre se levantó, la abrazó y le dio con entusiasmo la bienvenida, deseándoles a ambos la mayor felicidad, con una presteza que demostraba su convicción de que sin duda serían felices.

El recibimiento del señor Ackerman no fue tan cordial como el de su mujer. Serio y distante no abrió los labios. La tranquilidad de la joven pareja parecía provocarle. Un sentimiento no muy alejado al que sentía Levi, quien veía como Mikasa estaba avergonzada y escandalizada. Marie seguía siendo Marie: indómita, descarada, insensata, chillona y atrevida. Sin ningún atisbo de arrepentimiento en su ser por sus actos. Fue a los dos pidiéndoles que le felicitaran, soltando carcajadas diciendo que hacía un montón de tiempo que no estaba allí.

El señor Smith no parecía muy contento con el despliegue de su mujer, pero se mantenía compuesto. Sus modales seguían siendo tan agradables que si su modo de ser y su boda hubieran sido como debían, sus sonrisas y sus desenvueltos ademanes al reclamar el reconocimiento de su parentesco por parte de sus cuñados, les habría seducido a todos. Levi se sintió tan asqueado por la desfachatez del alfa que se sentó decidido a no fijar límites en adelante a la desvergüenza de un desvergonzado.

El ambiente era tan tenso y la incomodidad era tal que casi se podía tocar con los dedos. Pero los causantes de dicha turbación permanecieron impermutables.

Cuando Smith se sentó a su lado tan campantemente como el que más, Levi solo apretó los labios de rabia y contestó apenas con monosílabos mientras el alfa seguí su cháchara de preguntas sobre la vecindad, sus recuerdos maravillosos del lugar y las amistades.

—Me hubiese gustado que, este momento no estuviese ocurriendo así —dijo Smith y Levi pillado por sorpresa por tales palabras giró el rostro a él que, lo estaba viendo, viendo de una manera que tensó el cuerpo del omega. Había deseo en su mirada, y Levi apretó los puños —. Si las cosas hubiesen sido distintas, o yo hubiese podido, sería a usted a quien querría oírle esas palabras —y le hizo un gesto en dirección a la voz de Marie "Tenemos que ir, madre. Ya puedo imaginar la cara que pondrán cuando me llamen señora Smith" acababa de decir ella a su madre que sonreía hasta por los ojos y prometía que después del almuerzo irían en coche a visitar a los vecinos —. En cambio, ahora yo le llamo 'hermano' a usted, querido Levi.

Levi le sonrió con ternura, disimulando la ira que bajo su piel burbujeaba como caldo hirviente.

—Bueno, algunas cosas no deben ser ¿verdad?

Smith torció el gesto y en sus ojos había un dolor agudo, como si las palabras de Levi le hirieran profundamente.

—Por supuesto —respondió él, y después con cierto reproche agregó: —Aunque hay otras que nos sorprende al ocurrir —Levi enarcó una ceja y Smith sonrió —. Usted y Jeager...pensé que lo odiaba. Pero bueno, al final él siempre consigue lo que quiere, pues el dinero permite todo.

Levi no lo aguantó más y llenándose de frialdad respondió.

—Ese es su pensamiento, señor Smith. Pero mi marido no necesito eso ni de hacerse el lindo para ganar mi corazón. Tuve la dicha de que nos conociéramos mejor en Kent y descubrí que él era la persona que esperaba mi corazón —y esto último era verdad, y probablemente imprimó tal sinceridad en sus palabras que Smith retrocedió como si lo hubiesen golpeado, luego, carraspeando un poco y con los ojos llenos de molestia habló.

—Sin embargo, usted está aquí y él no.

Levi volvió a sonreírle y con todo el ánimo de ofenderle le contestó.

—Es que mi marido es realmente un hombre gentil y comprensivo que, me permitió quedarme para acompañar en los momentos de tragedia que estaba pasando la familia —y sin esperar una respuesta de él, se levantó y se fue a su cuarto y no bajo hasta oír que pasaban por el vestíbulo en dirección al comedor.

Durante la comida Marie se pavoneó, colocándose en la mesa al lado derecho de su madre, pues según decía era el puesto que le correspondía por ser una mujer casada, y con su marido presente.

Pequeña tonta, fue el pensamiento de Levi, sintiendo que toda su preocupación por la descocada de su hermana había sido en vano, pues ella estaba tan a gusto con todo lo que pasó y seguiría pasando en su vida, que no veía ni escuchaba nada más allá de su 'querido Smith'.

Los invitados estarían en Longbourn nada más ese día y parte de la mañana del siguiente. Smith había recibido su destino antes de salir de Londres y tenía que incorporarse a su regimiento en cuatro días.

Nadie, excepto la señora Ackerman resintió que su estancia fuese tan corta.

Por la tarde los Smith y la señora Ackerman salieron, subidos en el coche se la pasaron en visitas, y al anochecer se organizó una pequeña fiesta con los vecinos a los que visitó. El señor Ackerman no participó en tal reunión, pero Levi y Mikasa si lo hicieron, aunque apartados del bullicio de los festejados.

Fue cuando estaba muy avanzada la velada que Marie se acercó a sus hermanos para platicar, o mejor dicho, seguir hablando de su dicha y su señor Smith.

—Creo que todavía no te les contado cómo fue mi boda. No estaban presente cuando se la expliqué a mamá y a las otras. ¿No te interesa saberlo?

—Realmente, no—contestó Levi—; no deberías hablar mucho de ese asunto.

—¡Ay, qué raro eres! Pero quiero contártelo. Ya sabes que nos casamos en San Clemente, porque el alojamiento de Smith pertenecía a esa parroquia. Habíamos acordado estar todos allí a las once. Mis tíos y yo teníamos que ir juntos y reunirnos con los demás en la iglesia. Bueno; llegó el día y yo estaba que no veía. ¿Sabes? ¡Tenía un miedo de que pasara algo que lo echase todo a perder, me habría vuelto loca! Mientras me vestí, mi tía me estuvo predicando dale que dale como si me estuviera leyendo un sermón. Pero yo no escuché ni la décima parte de sus palabras porque, como puedes suponer, pensaba en mi querido Smith, y en si se pondría su traje azul para la boda.*

Bueno; desayunamos a las diez, como de costumbre. Yo creí que aquello no acabaría nunca, porque has de saber que los tíos estuvieron pesadísimos conmigo durante todo el tiempo que pasé con ellos. Créeme, no puse los pies fuera de casa en los diez días; ni una fiesta, ninguna excursión, ¡nada! La verdad es que Londres no estaba muy animado; pero el Little Theatre estaba abierto. En cuanto llegó el coche a la puerta, mi tío hizo pasar a ese antipático señor Jeager. Y él también se puso a darme un sermón, que como ahora somos familia, se sentía preocupado por mi bienestar. Un pesado, sabes. Me recordó a ti, y cayendo en cuenta creo que esa debe ser la razón de que te casaras con él, hermano. Bueno, no es como si quisiera meterme con tus gustos, la cosa es que los tíos me enviaron con él a la iglesia porque llegó un señor a ver a mi tío, dizque para negocios y se veía que iban para largo. Y yo tenía tanto miedo que no sabía qué hacer, porque mi tío iba a ser el padrino, y si llegábamos después de la hora, ya no podríamos casarnos aquel día. Pero, afortunadamente, mi tío estuvo listo a tiempo y llegó a la hora precisa a la iglesia. Pero después me acordé de que, si tío Kenny no hubiese podido ir a la boda, de todos modos, no se habría suspendido, porque el señor Jeager me había dicho mientras íbamos en el coche que podía ocupar su lugar.

Levi que había estado atrapado en su sorpresa de que Jeager hubiese participado en la unión de su hermana reaccionó al final.

—¡El señor Jeager! —repitió Levi en un jadeo.

—¡Claro! Fue él el que nos encontró, pagó la boda y el puesto de mi querido Smith, ya sabes. Pero ¡ay de mí, se me había olvidado! No debí decirlo. Se lo prometí fielmente. ¿Qué dirá Smith? ¡Era un secreto!

—Si era un secreto —dijo Mikasa— no digas ni una palabra más. Yo no quiero saberlo.

—Naturalmente —añadió Levi, a pesar de que se moría de curiosidad—, no te preguntaremos nada.

—Gracias —dijo Marie—, porque si me preguntáis, os lo contaría todo y Smith se enfadaría.

Con semejante incentivo para sonsacarle, Levi se abstuvo de hacerlo y para huir de la tentación se marchó.

Pero ignorar aquello era imposible o, por lo menos, lo era no tratar de informarse. Jeager no solo había encontrado a su hermana y dado el dinero para solucionar el asunto, sino que se había involucrado de una manera tan noble y atenta, que terminaba de borrar de un solo plumazo cualquier idea de aprovechamiento sobre su persona. En su corazón y su mente recorrieron rápidos y confusos deseos sobre aquello. De qué manera podía amarlo Jeager para hacer a un lado el orgullo herido por su rechazo y demostrar una bondad demasiado grande para ser posibles. Es que Jeager no solo se obligó a emparentar con un hombre cuyo nombre le horrorizaba pronunciar, sino que extendió su protección (y por ello se ofreció a Marie) a su familia, que no había sido más que malvada y malagradecida con él. Así que temiendo la humillación que la gratitud impondría, al ser todo tal y como su corazón le estaba susurrando (igual que su omega interno, que se regodeaba orgulloso del alfa), no quedaba más pues, que buscar confirmación. Por lo que se apresuró y cogió una hoja de papel para escribir una breve carta a su tío Uri pidiéndole le aclarase lo que a Marie se le había escapado, si era compatible con lo que él suponía.

«Ya comprenderás —añadía— que necesito saber por qué él se hizo creer una cosa distinta a lo sucedido. Te suplico que me contestes a vuelta de correo y me lo expliques, a no ser que haya poderosas razones que impongan el secreto que Marie dice, en cuyo caso tendré que tratar de resignarme con la ignorancia.»

Pero no lo haré, se dijo a sí mismo al acabar la carta; y querido tío, si no me lo cuentas, me veré obligado a recurrir a tretas y estratagemas para averiguarlo» se prometió, dejando la pluma en el tintero. Dobló la carta, la selló y la guardó para entregársela a un sirviente en cuanto amanecería, y se pusiera al correo. Se durmió con el pensamiento lleno de Jeager.

A la mañana siguiente el joven matrimonio se despidió, y la señora Ackerman se vio forzada a una separación que al parecer iba a durar un año, por lo menos, ya que de ningún modo estaba en los cálculos de su esposo el que fuesen todos a Newcastle. Lloró y moqueó sobre la tristeza que sentía.

Mikasa y Levi también se despidieron de su hermana con un abrazo, pero sin tanto sentimiento como lo había hecho su madre. A su cuñado le dieron solo un cabeceo.

El señor Ackerman igual que hizo durante la estancia de los recién casados, guardó silencio y se abstuvo de siquiera presentarse a verlos marchar. Más allá de la afrenta que aquellos dos habían hecho a la familia, por lo que realmente el señor Ackerman estaba sentido, es que había sido obligado que entregar a su pequeño Levi por ellos. Y de su parte, es algo que jamás les perdonaría.


(...)


Levi tuvo la satisfacción de recibir inmediata respuesta a su carta la tarde siguiente. Corrió con ella al sotillo, donde había menos probabilidades de que lo molestaran, se sentó en un banco y se preparó a ser feliz, y llenarse del amor recién revelado hacia a Jeager, pues la extensión de la carta la convenció de que no contenía una negativa.

«Gracechurch Street, 8 de junio.

*Mi querido sobrino: Acabo de recibir tu carta y voy a dedicar toda la mañana a contestarla, pues creo que en pocas palabras no podré decirte lo mucho que tengo que contarte. Debo confesar que me sorprendió tu pregunta, pues no la esperaba de ti. No te enfades, sólo deseo que sepas que no creía que quisieras tales aclaraciones después de como ha sucedido todo. Si no quieres entenderme, perdona mi impertinencia. Tu tío estuvo tan contrariado como yo, y sólo por la creencia de que llegarías a entendernos, y que tu perspicacia te permitiría revelar las verdades, ha permitido que se obre como se ha hecho. Pero si efectivamente no ha sido ni tu sentir, ni tu actuar y no sabías nada de nada, tendré que ser más explícito.

El mismo día que llegué de Longbourn, tu tío había tenido una visita muy inesperada. El señor Jeager vino y estuvo encerrado con él varias horas. Cuando yo regresé, ya estaba todo arreglado; así que mi curiosidad no padeció tanto como la tuya. Jeager vino para decir a Ackerman que había descubierto el escondite de Smith y tu hermana, y que le había visto y hablado con Smith varias veces, no así con tu hermana; lo que le causó alarma, y que tu tío compartió, y quien solo después de haber tragado la conmoción lo interrogó del porqué de su intromisión, y el cómo estaba enterado de la situación. Pareció reacio a hablar al principio, según me dijo Ackerman, pero luego confesó que había sido a través de ti. Una casualidad, dijo.

Querido Levi, él vino a Londres con la explicita idea de buscarlos. El motivo que dio es que se reconocía culpable de que la infamia de Smith no hubiese sido suficientemente conocida para impedir que una muchacha decente le amase o se confiara a él. Generosamente lo imputó todo a su ciego orgullo, diciendo que antes había juzgado indigno de él publicar sus asuntos privados. Su conducta hablaría por él. Por lo tanto, creyó su deber intervenir y poner remedio a un mal que él mismo había ocasionado. Si tenía otro motivo, tu tío estuvo seguro de que no era deshonroso... Había pasado varios días en la capital sin poder dar con ellos, pero tenía una pista que podía guiarle y que era más importante que todas las nuestras y que, además, fue otra de las razones que le impulsaron a venir a vernos.

Parece ser que hay una señora, una tal señora Hill, que tiempo atrás fue el aya de la señorita Jeager, y hubo que destituirla de su cargo por alguna causa censurable que él no nos dijo. Al separarse de la familia Jeager, la señora Hill tomó una casa grande en Edwards Street y desde entonces se ganó la vida alquilando habitaciones. Jeager sabía que esa señora Hill tenía estrechas relaciones con Smith, y a ella acudió en busca de noticias de éste en cuanto llegó a la capital. Pero pasaron dos o tres días sin que pudiera obtener de dicha señora lo que necesitaba. Supongo que no quiso hablar hasta que le sobornaran, pues, en realidad, sabía desde el principio en dónde estaba su amigo. Smith, en efecto, acudió a ella a su llegada a Londres, y si hubiese habido lugar en su casa, allí se habría alojado. Pero, al fin, nuestro buen amigo consiguió la dirección que buscaba. Estaba en la calle X. Vio a Smith y luego quiso ver a Marie. Nos expresó que su primer propósito era convencerla de que saliese de aquella desdichada situación y volviese al seno de su familia si se podía conseguir que la recibieran, ofreciéndole su ayuda en todo lo que estuviera a su alcance. Pero Marie no estaba con Smith. Y a primeras instancias Smith no quiso decirle donde estaba, y ni Jeager ni tu tío lograron encontrarla hasta que se fue a firmar el contrato prenupcial. Tu hermana estaba tan fresca, pero debes saber que el lugar donde estaba le hubiese causado pavor a cualquier otro joven. Una pequeña pensión que a escondidas es un burdel, y al cuidado de unas 'amistades' de Smith; allí estaba Marie. Cuando nos encontramos con Marie, Jeager y tu tío hablaron con ella, decididos a sacarla, liberarla y exponer a Smith si ella declaraba algún daño. No sucedió así, se puso fúrica y armó un berrinche tremendo al solo la mención de que se le perjudicase a su 'señor Smith'. Su familia no le importaba un comino y rechazó la ayuda de Jeager; y no quiso oír a tu tío hablar de abandonar a Smith. Si ella hubiese sabido de lo que Smith había hablado con Jeager quizás lo hubiera pensado mejor. Pero siendo sincero creo que ella hubiese pensado que se le mentía para separarla de su enamorado.

Sobrino, es probable que debiera guardarme esta parte, solo que no lo haré. Debes saberlo pues estoy seguro que facilitará el que perdones a tu tío y al señor Jeager.

No fue solo dinero lo que pidió Smith para revelar el paradero de Marie. Sino también un intercambio. De no hacerlo Marie sería desaparecida por sus cuidadores.

El intercambio eras tú.

Smith expresó que bien podía renunciar a la mitad del monto solicitado, si te traían con él en cinco días.

No fue tu tío quien golpeó al hombre, al menos no el primer golpe, sino el señor Jeager. Provocado por sus palabras que tu tío solamente etiquetó como 'inmundicia'. Fue en ese momento que quedó, por sus acciones, reveladas las verdaderas intenciones del señor Jeager. Lo que estaba haciendo era por ti más que por él.

Tu tío debió ver en él la sinceridad de sus sentimientos que se abrió a él en tal confianza que prácticamente le suplicó lo que ocurrió en posterior. Ackerman estaba desesperado, la familia sería destrozada si se cedía a las demandas de Smith. Pero no se veía más salida. Era una encrucijada terrible.

De tu tío fue la idea de que ustedes dos se casaran. Para protegerte. Con el nombre de Jeager en ti, Smith no podría acercársete. Y de la manera tan repentina que sería, se volvería la noticia del momento, y el vínculo familiar arrinconaría a Smith a aceptar la contrapropuesta que le darían.

Y como vez, funcionó; y en vista que Marie no quería saber de razones, Jeager pensó que lo único que había que hacer era facilitar y asegurar el matrimonio. Fue entonces que se envió el propio. En los dos días que se hablaron para tu boda, él se encargó de todo lo relacionado con la boda de Marie, y envió a su ayuda de cámara a Hertfordshire para arreglar la propia; te aseguro, Levi, que la obstinación es el verdadero defecto de su carácter. Le han acusado de muchas faltas en varias ocasiones, pero ésa es la única verdadera. Todo lo quiso hacer él por su cuenta, a pesar de que tu tío —y no lo digo para que me lo agradezcas, así que te ruego no hables de ello— lo habría arreglado todo al instante.

Discutieron los dos mucho tiempo, mucho más de lo que merecían el caballero y la señorita en cuestión. Además de que eran ya demasiadas las molestias sobre el pobre señor Jeager. Pero al cabo tu tío se vio obligado a ceder, y en lugar de permitirle que fuese útil a su sobrina, le redujo a aparentarlo únicamente, por más disgusto que esto le causara a tu tío. Así es que me figuro que tu carta de esta mañana le ha proporcionado un gran placer al darle la oportunidad de confesar la verdad y quitarse los méritos que se deben a otro. Pero te suplico que no lo divulgues y que, como máximo, no se lo digas más que a Mikasa.

Me imagino que sabrás lo que se ha hecho por esos jóvenes. Se han pagado las deudas de Smith, que ascienden, según creo, a muchísimo más de seis mil libras; se han fijado otras dos mil para aumentar la dote de Marie, y se le ha conseguido a él un empleo.

Cuando todo estuvo resuelto, el señor Jeager fue a ti a Hertfordshire, con la promesa de volver a Londres de inmediato para la boda de tu hermana y para liquidar las gestiones monetarias.

Creo que ya te lo he contado todo. Si es cierto lo que dices, este relato te habrá de sorprender muchísimo, pero me figuro que no debería disgurtarte. Marie vino a casa y Smith tuvo constante acceso a ella. Él era el mismo que conocí en Hertfordshire, pero no te diría lo mucho que me desagradó la conducta de Marie durante su permanencia en nuestra casa, si no fuera porque la carta de Mikasa que envió adjunta a la tuya, me dio a entender que al llegar a Longbourn se portó exactamente igual, por lo que no habrá de extrañarte lo que ahora cuento. Le hablé muchas veces con toda seriedad haciéndole ver la desgracia que había acarreado a su familia, pero si me oyó sería por casualidad, porque estoy convencida de que ni siquiera me escuchaba. Hubo veces en que llegó a irritarme; pero me acordaba de mis queridos Levi y Mikasa y me revestía de paciencia.

El señor Jeager volvió puntualmente tal lo había dicho y, como Marie os dijo, asistió a la boda. Comió con nosotros al día siguiente, y después de eso nos informó que se disponía marcharse de Londres. Pensamos en ese momento que regresaría contigo para que hablaran, pero él que había estado disimulando muy bien su estado, pues apenas hubo pronunciado tu nombre, se desinfló en nuestra presencia; y nos confesó la decisión que había tomado. Que ustedes no habían estado bien desde antes, y que la efectuación de su unión rompió cualquier posibilidad entre ambos.

Querido Levi ¿realmente odias a este hombre? ¿Y te enojarás conmigo, sobrino, si te pidiera que reconsideras, y le dieras una oportunidad? Es un buen hombre; y aprovecho esta oportunidad para decirte lo mucho que me gusta Jeager para ti. No habría mejor compañero para ti que ese alfa. Su inteligencia, sus opiniones, todo me agrada, y estoy seguro que si abres tu corazón y mente me darás la razón. Al hombre le falta más que un poco de viveza, y creo que tú se lo podrías enseñar muy bien.

Te ruego que me perdones si he estado muy entrometido, o por lo menos no me castigues hasta el punto de excluirme de Pemberley. No seré feliz del todo hasta que no haya dado la vuelta completa a la finca. Un faetón bajo con un buen par de jacas sería lo ideal.

No puedo escribirte más. Tu tío ha estado molestando con que me ponga a descasar. Ese alfa tonto piensa que un embarazo es una enfermedad mortal. Tuyo afectísimo,

U. Ackerman.»

El contenido de esta carta dejó a Levi en una conmoción en la que no se podía determinar si tomaba mayor parte la felicidad por la noticia del embarazo de su tío, o el placer o la pena de la situación. ¡Cuánto le dolieron a Levi su ingratitud y las hirientes palabras que le había dirigido! Se volvió a sentir a avergonzado de sí mismo, pero a la vez estuvo tan orgulloso de él, orgulloso de que él fuera tan generoso. Leyó una y otra vez los elogios que le tributaba su tío Uri, y aunque le parecieron insuficientes, le complacieron. Solo que también ese placer le entristeció, sus tíos creían que era solo una cosa de que él abriera su corazón, que si ellos supieran, ya estaba dispuesto para Jeager. Pero se necesitaba más que eso.

En un año nos volveremos a encontrar, pensó, en un año, y quizás aún haya en su corazón algo para mí. Que podamos tener una esperanza. Una oportunidad.

—Solo queda esperar —susurró para sí mismo.

El aire fresco sopló y meció sus cabellos mientras él apretaba entre sus manos la carta, y sus pensamientos iban a Jeager. Sus deseos evocaron la imagen y presencia del alfa en su cabeza. En su interior su omega gimoteo de tristeza y anhelo; y por primera vez en todos esos meses, Levi estuvo de acuerdo con su instinto.

El ruido de un carruaje lo sacó de su trance y atraído por ello se levantó. Al girar en su dirección diviso un landó de cuatro caballos que recorrían el camino de tierra hacia su casa. Otro ajeno a la persona que viajaba en los caballos de posta no reconocerían la librea de los lacayos. Pero Levi si lo hacía. Los había visto durante más de un mes, casi a diario.

Lady Alma de Reiss, estaba arribando a su hogar.

Y Levi solo pudo apretar los labios, con la premonición de que esta visita no auguraba ninguna cortesía, y que lo único que le dejaría sería un nuevo dolor.


...

Notas finales:

* Parte casi textual al de la novela.

Se vino la amargada, bebés. Esto está calentando motores. Y lo que se viene, viene bueno.

Espero les haya gustado el capítulo. Y se queden conmigo para lo que sigue.

PD: Me reí rehuerte imaginando a Erwin siendo golpeado por el demente de Eren y el Kenny. XD. Pero es que con el ratoncito nadie se mete.

Nos leemos en el próximo capítulo: De esperanzas y melancolías.