EPÍLOGO

Observaba el tobogán de un rojo brillante con escaleras amarillas y redes a los costados. Se había vuelto una postal cotidiana en mi vida y quizá sería así por los próximos diez años. Nadie podía asegurarlo. Mi amigo, Emmett, estaba a mi lado, refunfuñando porque su hijo de siete años continuaba diciéndole una y otra vez que era la última vez que se subía al bendito tobogán. Llevábamos más de media hora escuchando ese discurso.

Aunque había sido un día cálido, la tarde comenzaba a enfriarse, básicamente por las corrientes de aire típicas del otoño. Las hojas de los árboles estaban esparcidas de manera heterogénea por el pasto y senderos del parque. Abroché mi suéter grueso y tomé el montón de ropa que tenía a mi lado.

—¿Una vez más, pa? —dijo el pequeño Aiden acercándose a su padre.

—Mocoso, tu madre te dejará sin hermanos si dejo que te enfríes. Acabas de curarte de una gripe —respondió Emmett y casi pude ver un puchero.

—No entiendo qué tiene que ver mis no hermanos en esto —se cruzó de brazos.

— ¡Dios! ¿Por qué tenías que parecerte a tu madre?

Emmett tenía razón, cada uno de sus rasgos eran idénticos a los de Rosalie. Su cabello rubio, sus ojos claros, pero sobre todo en el carácter fuerte. Lo único de mi amigo en ese niño eran sus hoyuelos. Mi amigo se giró hacia mí y me hizo un gesto, sólo pude reír.

Me paré y caminé hacia la parte de atrás del juego donde se encontraba otra resbaladilla. Justo ahí se encontraba una pequeña juntando un montón de hojas secas para después subir por la escalerilla y tirarse por el tobogán para caer sobre ellas. Su hermosa carcajada vibrante se escuchó por todo el lugar. Dulce y alegre. Ese ruido tenía el poder de sacudir mi corazón.

—¡Papi! —gritó y corrió hacia donde estaba. Sus coletas se sacudieron a cada paso, sus pequeños piecitos cubiertos por un par de botines invernales se movieron lo más rápido que pudieron.

—Pequeño capullo ¿qué estás haciendo? —levanté su cuerpecito de una niña de cuatro años.

—Juego con las hojas, papi —rió de nuevo—. Es divetido.

Observé esos grandes y expresivos ojos tan iguales a los de su madre y es que mi pequeña era un clon de los genes Swan, sólo que su cabellera oscura tenía algunos reflejos rojizos. Sus mejillas sonrojadas por la actividad física que estuvo disfrutando se movían mientras hacía muecas. Aunque se sentía calientita era mejor abrigarla pronto, no quería que se resfriara.

—Vamos a ponerte tu abrigo, corazón —la puse en el piso y ella comenzó a danzar—. Cariño para poder ponerte tu abrigo debes dejar de moverte.

—Oh, lo siento —dejó de moverse y le puse su abrigo azul— Ya quiedo que mami venga conmigo al padque.

—¿Cómo? ¿Acaso no es suficiente conmigo? —le hice cosquillas en la barriga y ella se apartó riendo.

—Papi tonto, yo te quiedo —lanzó sus pequeños brazos a mi alrededor.

—Anda, ya se ha hecho tarde y tu madre nos estará esperando.

Tomé su mano y caminamos hacia donde se encontraban Emmett y Aiden que todavía discutían.

—Mira, Edward y Maddie ya vienen —nos señaló mi amigo—. Andando, muchachito.

—Pero, pa´ —Aiden comenzó a hacer muecas mientras se ponía su gorro—. Que conste que lo hago porque quiero un hermano, aunque sigo sin entender qué tiene que ver con esto.

—Andando —Emmett lo levantó como un costal de papas y lo lanzó sobre su hombro— Así que pequeña Maddie, me enteré que andas en un proyecto ultrasecreto.

—Sí, tío Emm. Mami y yo tenemos un poyecto sequeto, pelo no te puedo decil nada.

—¡A mí sí, Maddie! —gritó Auden desde el hombro de su padre.

—No puedo, es sequeto, Auden —gruñó mi hija.

Le di un apretón en su pequeña mano para que entendiera que estaba bien. Maddie había estado muy concentrada en ese proyecto que había iniciado con su mamá y realmente quería mantenerlo en secreto hasta que llegara el momento indicado.

—Aunque mami dice que ponto podemos dev… devela… ¿cómo se dice, papi?

—Revelarlo, pequeño capullo.

—¡Sí, eso! —saltó mientras caminábamos hacia el carro de Emmett—. Puedes estad ahí si quiedes, Auden.

—¡Por supuesto que sí! —declaró el niño.

—Nos vemos mañana en la oficia —me dijo Emmett—. Debo llegar a bañar a este mugroso.

—No quiero bañarme, no apesto —decía Auden mientras lo metían a la parte trasera del auto.

Continué caminando hacia la casa con mi hija de la mano.

—¿Podemos cantal mientas caminamos?

—¿Qué quieres cantar, pequeño capullo? —le pregunté.

—La que mami canta, me dijo que yo podía ayudale.

Comenzó a cantar, sacudía nuestras manos unidas mientras avanzaba entre saltos. No había nada que me diera más dicha que verla feliz y disfrutando. Mi corazón se expandía con cada sonrisa, cada mirada y cada suspiro de esta pequeña; mientras que se encogía con cada sollozo, cada lágrima y cada llanto. Esta niña de cabellos oscuros me había poseído desde el primer momento en que la vi, cuando la posaron en mis brazos en medio de su llanto anunciando su llegada a este mundo. Tan sólo vi sus ojos y supe que ya me tenía en la palma de su mano.

Soltó mi mano cuando llegamos a casa y echó a correr hacia las escaleras de la entrada.

—Maddie, cuidado, sabes que no debes de correr por las escaleras —corrí detrás de ella.

—Corre, papi, mamá debe de estad espedándonos —siguió saltando.

Estaba llena de energía, ni siquiera dos horas en el parque y una caminata llena de canciones y saltos habían logrado que se cansara un poco. Su madre y yo pensábamos seriamente cómo podríamos seguirle el paso. Afortunadamente iba al jardín de niños y teníamos una niñera que le estaba ayudando a Bella.

En cuanto abrí la puerta ese torbellino que tenía por hija entró corriendo y gritando.

— ¡Mami! —fue directo a la puerta que se encontraba al fondo de la casa.

Era el estudio de Bella conde ambas habían estado pasando mucho tiempo en días pasados, todo había comenzado como una estrategia para agotar su energía y al final se convirtió en un proyecto para involucrarla en la nueva etapa que se avecinaba. Maddie se encontraba realmente feliz de dejar su aportación.

—Maddie —digo en voz baja y después llevo mi dedo índice a mis labios cuando ella me mira.

—Lo siendo —se lleva sus pequeñas manos a su boquita que forman una "o".

Ambos caminamos hacia donde estábamos seguros que se encontraba mi esposa. La puerta emparejada nos indicó que así era. Al abrirla la encontré con un trapo en una mano y en la otra llevaba un pincel, a su lado varias brochas esparcidas sobre la mesa.

—Ya estamos aquí —le dije nada más entrar.

Bella levantó la vista hacia nosotros y una radiante sonrisa se dibujó en su rostro. Dejó lo que tenía entre sus manos sobre la mesa y se acercó a nosotros.

—Han demorado bastante.

—Auden no dejaba de jugad, mami.

—Así que sólo era Auden ¿eh? —miré hacia abajo y Maddie me señaló con su pequeño dedito que guardara silencio.

Bella acarició el cabello de nuestra hija mientras le sonreía con complicidad, como dije, su energía era bastante bien conocida por los amigos y familia.

—Espero que no hayas estado todo este tiempo de pie —señalé, Bella me puso los ojos en blanco después de eso.

—No, estuve con Irina y Kate hablando en el jardín, he venido aquí en cuanto se fueron y eso fue hace veinte minutos, papá.

—Sólo digo, no queremos arriesgarnos —le dije posando mis manos sobre su barriga de poco más de siete meses de gestación.

—Lo sé, lo sé. Todo está bien, la doctora te lo ha dicho —me dijo mientras yo acariciaba su estómago. Era de mis experiencias favoritas desde el embarazo de Maddie—. Deja de sonreír, Edward, ¿no crees que me doy cuenta que te sientes orgulloso porque al final te saliste con la tuya?

—No sé de qué me estás hablando —por supuesto que sabía a qué se refería, pero no lo aceptaría. Ella me miró con esos bellos ojos azules entrecerrados.

—Mami, mis hedmanitos se moviedon ahí dento —dijo Maddie mientras movía sus manitas de un lado a otro sobre el estómago de Bella—. Se siente dado.

—Quizá manifiestan que tengo razón y papá se salió con la suya —Bella seguía dándome su mirada.

¡Hey! No era mi culpa que resultara que tendríamos mellizos, básicamente era su culpa porque las probabilidades de tener un embarazo múltiple se debían a sus genes, no a los míos.

—¿En qué tiene dazón papi? —mi pequeña nos miraba a uno y a otro.

—Verás —la cargué y fui directo al pequeño sillón que Bella tenía en el rincón para sentarla en mis piernas y explicarle—. Hace unos años le dije a mami que quería tener muchos hijos y se está cumpliendo mi deseo.

—Muchos hedmanitos, como Matt —señaló arriba—. Yo quiero muchos hedmanitos, mami —Maddie miró a su madre con sus grandes ojos, brillantes y hermosos—. Soy buena con Matt, sedé buena con los melliz.

—Sí, exacto, con Matt y estos dos pequeños tendrás suficiente trabajo como hermana mayor —le dije bajo la atenta mirada de mi esposa.

—Oh, sí, nos encargaremos de eso —dijo Bella al mismo tiempo que con su mano derecha simulaba unas tijeras cortando.

Tragué con dificultad. Y es que después de habernos enterado que tendríamos a otra pequeña y pequeño al mismo tiempo no quisimos volver a correr el riesgo, así que me haría la vasectomía, no era del todo de mi agrado pensar en ello, pero era la mejor opción.

—Vigidadé que Matt siga domidito —mi pequeño capullo se levantó de mi regazo y salió del estudio para vigilar que su hermano de casi dos años siguiera dormido.

—Sí que es una buena hermana mayor —dije al mirar el lugar por donde había salido.

—Me pregunto cómo lo tomará esta vez; cuando Matt nació ella era muy pequeña para entender lo que sucedía —dijo Bella.

—Estará bien. Maddie es muy inteligente y nos encargaremos de hacerle saber que aquí hay mucho amor para todos —me acerqué a ella—. Y la pintura en la que han estado trabajando para el cuarto de los peques la tiene entusiasmada, es su manera de aportar a la nueva llegada a la familia —coloqué de nuevo mis manos en su vientre y después en su cintura para acercarla a mí—. Ahora en lo único que debes preocuparte es en mantenerte sana y en cuidar a estos pequeños que ya comienzan a hacer travesuras desde tu barriga —me pegué a ella lo más que su bultito me dejaba y besé suavemente sus labios.

Recordé en ese momento cuando nos enteramos que tendríamos mellizos.

Flashback

—Maddie estará decepcionada —le dije a Bella mientras tomaba su mano. Estábamos sentados en la sala de espera, faltaban algunos minutos para que la llamaran.

—Lo sé, pero ayer no pudo dormir nada, su estómago le molestó toda la noche, pobrecita de mi bebé —me respondió.

Ella tenía razón, Maddie había estado despierta toda la noche por el dolor en su barriga. Se había levantado en la madrugada para ir a nuestra habitación, estaba llorando, apenas escuché uno de sus sollozos corrí para tomarla en mis brazos. Mi corazón se agitó con dolor al ver sus lágrimas, el miedo me inundó. Mi pequeño capullo estaba sufriendo. Quería que me dijera que podía hacer para parar su malestar, haría lo que fuera, lo que me pidiera para hacerla sentir mejor.

—Pequeño capullo, ¿qué sucede?

—Me duele, papi, me duele —lloró y se hizo bolita entre mis brazos.

—Oh, mi bebé.

—¿Qué sucede, Edward? —Bella se levantó y encendió la luz de la mesita.

—Me duele, mami, mi badiga —ella extendió sus brazos pidiendo ir con su mamá. Se la entregué mientras iba hacia el baño y buscaba la caja con los medicamentos de los niños y la llevé adonde estaban mis dos amores.

—No quedía despetad a Matt, mami —se acurrucó en su pecho.

—Tranquila, corazón, estarás bien —Bella comenzó a acariciar su estómago.

—Deberíamos llamar al médico —le dije preocupado.

—¿Tené un bebé como tú? —preguntó Maddie.

Bella y yo reímos ante su ocurrencia.

—No, cariño, creo que esto tiene que ver con todo ese chocolate que comiste —dijo Bella todavía entre risas—. Te daré medicamento y se pasará.

—Ya no comedé pocholate, lo judito —todavía había lágrimas que se bajaban por sus mejillas.

Bella me pasó a mi pequeño capullo y continué masajeando su estómago, mientras, ella buscó el jarabe que necesitábamos, lo preparó en un pequeño vasito y midió la cantidad que el pediatra le recetaba a mi bebé. La sentía sacudirse por su llanto y de vez en cuando la sentía encogerse. Cuando vio que Bella se acercaba a nosotros se escondió en mi cuello.

—Vamos, pequeño capullo, es para que deje de dolerte, por favor —imploré. No quería ver que siguiera llorando. Sentí cómo asentía.

Bella le dio el medicamento y justo en ese momento se escuchó un grito.

—¡Addie! —se trataba de Matt, se había quedado dormido con Maddie, seguramente se asustó al no ver a su hermana a su lado.

—Toma, iré a ver a Matt.

Salí hacia la habitación de Maddie que estaba justo al lado de la nuestra. Al entrar mi pequeño estaba sentado en la cama. Encendí la luz y él volteó a verme asustado.

—Aquí estamos, campeón —¡Dios! Mis hijos querían matarme, sus ojitos estaban brillosos, se habían formado unas cuantas lágrimas. Sus manitos se abrieron y cerraron pidiendo que lo tomara en brazos—. Mi pequeño, aquí estamos.

—Addie, no —trató de decir.

—Maddie está con mamá, le duele la barriga.

Lo acurruqué en mi pecho y le hice dormir, después lo llevé a su cuna por temor a que se fuera a caer estando solo en la cama.

—O—

—O—

Bella apretó mi mano sacándome de mis pensamientos. Seguíamos esperando a que la llamaran.

—Maddie ya está bien, Rosalie los está cuidando —me dijo—. Será mejor que te controles, papi, viene un nuevo pequeñín en camino, sino terminarás con un ataque al corazón.

—Es que no me gusta verlos sufrir, Bella. Me parte el alma —Bella volvió a dar un apretón a mi mano—. Son mis pequeños y me preocuparé por ellos, igual que por este pequeño —coloqué mi mano en su pancita casi inexistente—, aunque sean grandes y emprendan su propio camino.

—Eres un padre extraordinario —se inclinó y besó mi mejilla

—Isabella, adelante —dijo la doctora Evans.

Caminamos hacia el interior del consultorio, inició preguntando sobre los síntomas y cómo se había estado sintiendo, si ha estado ejercitándose, si ha presentado alguna molestia. Bella le narró que las náuseas continuaban y el cansancio había comenzado a aparecer. Sentía que su vientre había comenzado a crecer a un nivel más rápido a comparación de los embarazos de Maddie y Matt, sin embargo, se sentía muy bien. Nada fuera de lo normal.

—De acuerdo, papis, pasaremos a realizarle la ecografía —nos indicó el pequeño cuarto que se encontraba a un lado.

Seguí a Bella para ayudarle a desprenderse de su ropa. Besé la parte de atrás de su cuello antes de subirse a la mesa de exploración, una vez que se encontró acostada besé su vientre y lo acaricié en pequeños círculos. Debía de decir que mi dicha por ver a mi esposa embarazada era una de las más grandes que había sentido en mi vida y a eso se le sumaba el lado cavernícola y lujurioso que se despertaba en mi al verla con mi bebé en su vientre.

La doctora entró y preparó todo lo necesario. Colocó un preservativo sobre el transductor y después se colocó entre las piernas de mi esposa.

—Sentirás un poco de presión —introdujo la sonda en mi esposa que dio un pequeño saltito—. Veamos, estamos alrededor de la semana nueve, escucharemos los latidos del bebé.

Movió unos botones y de pronto la habitación se llenó de unos latidos furiosos y firmes. El sonido más bello que había en la tierra, aunque había algo extraño, no es que fuera experto, pero no recordaba que se escuchara de la misma manera con Maddie y Matt.

—¿Por qué se escucha así? —Bella hizo eco de mis pensamientos. También había preocupación en su voz.

—Vaya, vaya, sí justo ahí están —dijo la doctora Evan mirando el monitor.

—¿Están? —preguntamos Bella y yo al mismo tiempo.

—Señor y señora Cullen, serán padres de dos pequeñines y eso que escuchan son dos corazones latiendo sanos y fuertes.

Bella y yo vimos hacia la pantalla donde nos señalaba y vimos dos sacos, no estaban del todo definidos, pero ahí estaban dos pequeños cacahuates.

—¿Ha dicho dos? —pregunté incrédulo.

Bueno, definitivamente esa era una nueva experiencia. Venían dos pequeños en camino, nuestro amor daba fruto doble. Miré a Bella y ella estaba en shock, me asusté porque sabía que este embarazo no había sido planeado como el de Maddie y Matt, incluso ya no estábamos pensando en tener más hijos y de pronto, tras unas fallas con las pastillas de Bella por algunos antibióticos que tomó, aquí estábamos con dos hermosas sorpresas.

—¿Bella?

—Tendremos dos pequeños —se giró hacia mí y vi las lágrimas de felicidad, exactamente igual que sucedió con nuestros otros hijos.

Fin del flashback.

—En mi defensa debo decir que esto fue más culpa tuya que mía —le dije besando las comisuras de sus labios.

—No fue mi culpa enfermarme —dijo sonriente—. Y tampoco sabía que mi abuela había tenido gemelos.

—Todo jugó a mi favor entonces —besé su mandíbula y comencé a bajar por su cuello—. Quizá el destino quería que tuviéramos muchos hijos —sonreí porque sabía qué cara acababa de poner.

—Supongo que entonces es bueno que la casa tenga cinco habitaciones —dijo entre jadeos pues continuaba besando su cuello y mandíbula—. La parte mala de un embarazo múltiple es que con este tamaño ya no puedo lanzarme sobre ti.

—Yo puedo hacer todo el trabajo, descuida —le dije acariciando su espalda por debajo de su suéter.

—Mmm —gimió—. Justo así fue cómo creamos a este par.

Reí en su cuello. Era cierto, justo en su estudio y después de varios días donde Bella había estado enferma terminamos haciéndolo en su sillón. Las imágenes de ella apoyando su espalda sobre mi pecho, subiendo y bajando en mi regazo mientras yo tomaba sus pechos en mis manos. Justo así fue como terminé engendrando a mis dos cacahuates.

—Vamos a descansar, mañana tendremos la visita de todos —tomé su mano y salimos de su estudio.

Antes de ir a nuestra habitación entramos a la de Matt, donde se encontraban nuestros dos hijos. Nos encontramos con una de las escenas más enternecedoras: Maddie se había metido a la cuna con su hermano, supusimos que para arroparlo y arrullarlo, pero al final terminó por quedarse dormida. Había terminado agotada después de todo. Su brazo rodeaba el infantil estómago abultado de su hermano que dormía en un pijama de mameluco blanco con copos de nieve estampados.

Le hice la señal a Bella de que mantuviera silencio y fui al pequeño armario blanco, ahí tomé una manta para cubrirlos. Conocía a Maddie y sabía que terminaría descobijando a ambos. Solía patear las cobijas mientras dormía, así que lo envolví bien. Matt se movió un poco, sólo para terminar más acurrucado a su hermana.

—Se salvó del baño —dijo Bella cuando cerré la puerta.

—Por lo menos ha quedado agotada, es una fortuna que tu madre venga a quedarse las próximas semanas —comenté.

—Lo sé, ya no puedo seguirle el ritmo —se quejó.

—Oh, cielo, me gustaría poder quedarme más tiempo en casa con ustedes y ayudarte —le dije.

—Tranquilo, todos me están ayudando y siempre haces lo que puedes. Has hecho más que suficiente modificando tu horario para pasar las tardes con los niños y tomándote algunas semanas después de que nazcan los mellizos —acarició mi mejilla.

—Pero quisiera estar más tiempo, no es suficiente —le dije.

Podía jurar que acababa de hacer un puchero al estilo de Matt.

—Eres el hombre más increíble en el mundo. Soy inmensamente afortunada de tenerte a mi lado. Escogí al mejor padre para mis hijos —se estiró tanto como le dejaron los mellizos en su barriga para besarme.

Dulce. Sus labios dulces y tiernos se movieron de manera lenta y apasionada. Su sabor me tentó a profundizar y explorar. Saqué mi lengua y acaricié el botón de su labio inferior, su boca se abrió en mi encuentro. Mi corazón se aceleró como lo hacía cada vez que la tocaba o ella me tocaba. Sí, mi vida era una constante taquicardia.

—O—

Salí del baño de nuestra habitación y vi a Bella tomando su bote de loción, me lo tendió y fue a su lado de la cama. Cada noche le ayudaba a humectarse su vientre, piernas y pies. Era un pretexto más para tocarla.

— ¿Sabes? Hoy que vino Irina trató de convencerme sobre ser la madrina de ambos —señaló su barriga.

Solté una carcajada, al parecer seguía sin estar satisfecha de ser la madrina de uno de los mellizos. Había pasado los últimos meses peleando con Emmett sobre quién tenía más derecho de ser el padrino o madrina de los mellizos. Irina fue la madrina de Maddie y Emmett de Matt, así que lo que nos pareció más justo a Bella y a mí fue que cada uno fuera el padrino de uno de los melliz; pero seguía sin estar satisfecha.

—Bueno, ya la conoces —dije—. Siempre busca salirse con la suya y creo que nos lo ha dejado más que claro.

Ambos reímos porque estoy seguro que también vino a su mente el día de nuestra boda.

Flashback

Estaba dando vueltas por la pequeña habitación de la granja donde sería la boda. Todo parecía estar arreglado, había demorado poco menos de un año en organizar la fiesta. Pequeña e íntima, yo no tenía familia a quienes invitar, sólo mis amigos, la madre de Bella y unos cuantos miembros de su familia, así como unos pocos de sus amigos.

En cuanto Bela vio las fotos de Woodland Meadow Farms en Snohomish se enamoró del lugar, fue como si ella siempre hubiera sabido que ahí sería nuestra boda. Pocos días después ya teníamos fecha y lugar para la ceremonia.

Sólo faltaba poco más de media hora para que mi vida quedara unida a la de Bella de manera oficial. Habíamos estado viviendo juntos desde que compramos aquella casa que habíamos visto en internet dos semanas después de mi llegada a Seattle, pero queríamos remediar el error que habíamos cometido hace unos años y para ello debíamos de volver adonde todo empezó, pero esta vez de la manera correcta.

— ¿Estás listo? —preguntó Emmett asomándose por la puerta—. Al parecer la novia lo está.

—¿Lo está? —pregunté como idiota.

—¿Por qué preguntas como si te pareciera difícil de creer? —entró a la habitación.

—No lo sé, son los nervios supongo. Necesito verla ya —le pedí.

—Bien, para eso debemos salir de aquí —señaló la puerta detrás de él.

Comencé a caminar, pero él me detuvo para acomodar el cuello de mi camisa blanca. Dio un paso hacia atrás y me miró de arriba abajo. Después levantó los dos pulgares aprobando cómo me veía en mi traje azul. La ceremonia se decidió que fuera a medio día, con el sol bañando las copas de los árboles y la luz atravesando las ramas y bañando la pequeña tarima donde nos encontraríamos Bella y yo. Los invitados se encontraban sentados frente a nosotros en sillas de madera pintadas de blanco con lazos de color melocotón. La recepción sería en un prado rodeado de árboles, bajo una gran pérgola de madera con organza y flores colgando de las esquinas.

Llegué al final del pasillo y di vueltas por la tarima mientras esperaba a que Bella apareciera del otro lado. Eran los minutos más largos de mi vida y el colmo es que el juez que nos casaría no llegaba todavía ¿Acaso era una señal?

—Deja de morderte las uñas, es un hábito desagradable —Irina apareció a mi lado.

La miré de arriba abajo. Estaba seguro que ese no era el vestido que Bella había elegido para sus damas de honor. Irina traía un traje negro a medida con tacones de aguja. Nada mal, pero me preguntaba qué diría Bella al verla de esa manera.

—¿Qué…?

—Shhh, ahí viene la novia —me dijo señalando el final del pasillo.

La miré extrañado cuando se puso en el lugar del juez, pero en ese momento comenzó a sonar la música que habíamos elegido para este día. Giré de inmediato para encontrarme al ser más bello en la tierra, la persona que podía darme y quitármelo todo con sólo una mirada. Su belleza era sublime, casi sobrehumana. Parecía un ser divino mandado a bendecirme con su amor. Su figura cubierta de encaje parecía flotar por el camino marcado.

Nuestros ojos se conectaron y entonces sentí la calma invadirme. Esperé de manera paciente los pocos segundos que demoró en llegar a mi lado. Iba acompañada de su madre. Ella también sonreía. De pronto Bella se dio cuenta de la figura que se encontraba a mis espaldas y recordé a Irina, seguía sin saber qué estaba haciendo ahí.

—Me dijeron que estaba ya todo listo —murmuró Bella cuando llegó a mi lado y miró de reojo a Irina.

Irina carraspeó cuando entendió que ninguno de los presentes, a excepción de Kate, sabíamos qué estaba pasando.

—Estamos reunidos aquí…

—Espera, espera ¿tú eres el juez? —pregunté.

—No exactamente —hizo una mueca.

—Irina ¿qué hiciste? —pregunté porque estaba seguro que había algo detrás de todo esto y era mi boda con Bella, no aceptaría una de sus bromas o locuras.

—Puede que al señor Watts se le haya ponchado una llanta de camino acá y no pueda asistir —la miré con los ojos entrecerrados— ¡Ay, está bien! Me encargué de que no llegara.

— ¿Por qué hiciste eso? —preguntó Bella.

—Antes de que crean que soy una perra, perdón por los niños presentes —miró al público que teníamos detrás—. No podía dejar que alguien más los uniera en matrimonio cuando de alguna manera fui la causa de su separación y además porque fui yo quien los reunió de nuevo y logró que se reconciliaran.

Otro carraspeo detrás de nosotros nos hizo girar.

—Según yo recuerdo fracasaste y fue gracias a Rosalie y a mí que Bella fue a buscar a Edward —dijo Emmett.

—¡Sólo le dieron la dirección! —dijo Irina— ¿Acaso tienes el permiso para casarlos? —Emmett sólo se encogió de hombros.

—¡Basta! Lo único que quiero es casarme con Edward. Me da igual quien lleve a cabo la ceremonia, sólo quiero salir aquí con él tomando mi mano —me miró y sentí lo mismo. Esta ceremonia era meramente un trámite porque nuestras almas se habían unido hace muchos años en aquel pequeño pueblo.

—¿Ves? La dama lo ha dicho, seré yo quien los case.

Irina al final se salió con la suya y terminó uniéndonos. Realmente ni Bella ni yo le prestamos atención porque estábamos perdidos el uno en el otro. En ese momento sólo éramos nosotros dos, nadie más existía.

Fin del flashback

—De los mejores días de mi vida —le dije subiendo y bajando mis manos por sus piernas. La tomé de la mano para ayudarla a levantarse y acomodar la cama.

—¿Cuáles son los otros? —preguntó detrás de mí mientras me abrazaba. Yo seguía destendiendo la cama y acomodando sus almohadas.

—Una pista, todos tienen que ver contigo y nuestros hijos —le dije girando en su abrazo. Me incliné hacia ella y besé su frente—. Ustedes son mi más grande tesoro —posé mis manos en su vientre y de inmediato sentí la revolución que había ahí adentro—. Están ansiosos por nacer.

—Sí que lo están, ya estamos preparados para recibirlos, peques —dijo Bella colocando su mano sobre la mía.

Estaba por agregar algo cuando escuchamos un par de golpes suaves en la puerta. Le sonreí a Bella y fui a abrir. Frente a mí se encontraba Maddie tomando la mano de Matt quien llevaba su pequeño peluche.

—¿Podemos dodmid con ustedes? —preguntó Maddie.

—Sííí —murmuró el pequeño Matt mientras tallaba sus ojitos.

—Por supuesto que sí, campeón —me agaché para cargarlo—. Ven aquí, pequeño capullo —también tomé a Maddie y los llevé a la cama. Ambos gatearon hasta ubicarse en medio de la cama y Bella se encargó de cobijarlos.

—Recuerden que debemos ser cuidadosos con mamá —les dije.

—Sí, no nos movedemos —dijo Maddie. Sonreí porque sabía que a mitad de la noche terminaría con su cabeza sobre mi estómago. Por ello Matt se quedaba del lado de Bella porque solía acurrucarse con ella y no se movía más.

Pocos minutos después ambos ya dormían entre nosotros. Bella acariciaba la cabecita de Matt y yo la de Maddie.

—Tendremos que comprar una cama más grande si esto sigue así —sonrió Bella.

Lo haría, incluso mandaría a construir una, si era necesario. Haría cualquier cosa por hacerlos feliz, por vivir momentos como estos. Me quedé dormido viendo descansar en paz a mis hijos y mi esposa.

Si alguien me hubiera dicho que después de recibir aquellos papeles que me notificaban que mi matrimonio con Bella no había concluido estaría de esta manera, a su lado, con dos hijos y otros dos en camino definitivamente sí lo hubiera creído, porque el amor que nació entre nosotros no era fácil de olvidar. Sí, cometimos errores, pero los superamos y construimos una familia sobre los cimientos de aprendizaje, confianza y amor.


Mis bellas lectoras esta historia llegó a su fin. No tengo más que agradecerles a cada una de ustedes por acompañarme a lo largo de cada capítulo y darme un poco de su tiempo leyendo mis locuras, dejándome sus comentarios, mandándome un mensaje, en fin. Han sido de gran compañía en este año tan loco. Espero que hayan disfrutado este epílogo tanto como yo lo hice escribiéndolo. Sé que no soy la mejor escritora, pero me divierto mucho creando estas fantasías y en parte si sigo en este mundo de fanfiction es por ustedes, por todo su apoyo. Les agradezco su paciencia, pues quienes me conoces saben que en mis otras historias publicaba con bastante frecuencia y en este año he estado demorando más de lo usual. Mis disculpas por ello, espero dentro de un tiempo volver a mi ritmo habitual, pero soy un caos completo y se viene más caos en mi vida y estoy tratando de prepararme mental, emocional y físicamente para ello. Gracias infinitas por darle aliento a mi alma y descanso a mis emociones caóticas con sus comentarios.

GRACIAS POR SUS REVIEWS QUE ALIMENTAN MI ALMA Y CORAZÓN: kaja0507, Maris Portena, liduvina, Mar91, Teresa Aguirre, jupy, LizMaratzza, Santa, Smedina, Twilight all my love 4 ever, LadyRedScarlet, Adriu, nancygov, Lizdayanna, Elizabeth Marie Cullen, rjnavajas, Lore562, saraipineda44, Liz Vidal, cavendano13, Car Cullen Stewart Pattinson y aquellos anónimos.

No me despido, espero leerlas en el siguiente capítulo de La Fortezza, espero tenerlo para la próxima semana, PEEEEERO, sí quiero decirles: ¡FELIZ NAVIDAD! Les mando todo mi cariño, abrazos y mis mejores deseso para estas fechas. Espero disfruten con sus seres queridos.

P.D. Les tengo una sorpresa... Ya tengo una nueva historia en mente. El pequeño adelanto es un trío amoroso Jacob/Edward/Bella, Bella será la tercera en discordia. Estén al pendiente, ya comienzo con mis labores de investigación, espero pronto tenerles el summary.

Las quiero.

Dai.