Bueno, siento la tardanza, pero entre unas cosas y otras, daño, navidades, perrete operado y tal, he ido escribiendo de hito en hito y no lograba terminar. Pero ya está aquí y viene cargado de muchos secretos desvelados. ¡Al fin!

¡Disfrutarlo!


ADVERTENCIA: Contiene mucho OOC.

Agradecimientos: A mis nenas hermosas que me comentaron en Imaginación Fanfiction cómo actuaría Sakura. Parte de lo que sucede es gracias a vosotras. ¡Gracias por el apoyo y las opiniones!


Gays por amor

-Capítulo 10-


Las verdades desatadas

Existen verdades dolorosas y ojos que no quieren ver.

Si para lograr que la verdad salga a la luz has de pisotear. ¿Crees que es justo?

¿Romper corazones es justo?

Camina tu camino y sigue tu destino.


Cuando Sakura despertó Hinata ya no estaba a su lado. Estaba tan agotada mentalmente que se durmió tan profundamente que estaba segura de que podría haber explotado algo y ni se habría enterado. No era raro que Hinata se marchara antes de que despertara. La muchacha siempre era cuidadosa en no despertar a nadie y no solía pedir más de lo que necesitaba. Sakura y Ino la habían regañado alguna que otra vez por ese detalle, pero ya estaban más que acostumbradas.

Sin embargo, había algo que no estaba como siempre. Hinata no había dejado ninguna nota de despedida como solía hacer.

Revisó su mesita de noche, el escritorio y hasta la cocina o el salón.

—¿Hinata os ha dicho algo? —preguntó cuando vio a Naruto y Sasuke salir del baño a la vez.

Naruto dio un respingo, abriendo mucho los ojos.

—No, no —negó raudo—. Mierda, llegaré tarde.

Y se marchó casi a zancadas agigantadas. Sakura estaba tan preocupada por Hinata que lo ignoró, al igual que a Sasuke para ir por su móvil. Llamó a la muchacha y pensó que eso era lo primero que tendría que haber hecho.

Hinata no respondió.

Suspirando, maldijo por tener que llamarla a ella.

—¿Has descubierto que ambos son muy heteros?

—¿Por qué no puedes responder el móvil como el resto de personas en vez de con preguntas que no tienen lugar, Ino-cerda? Como sea —ignoró—. ¿Sabes algo de Hinata?

—¿No iba a pasar la noche contigo?

—Sí, lo hizo —respondió intranquila—. Pero ya sabes cómo es y no ha dejado ninguna señal de su marcha. No me coge el teléfono tampoco. Estoy preocupada. ¿Tienes el teléfono de Tenten?

—Lo tengo. Ahora te lo paso. Cuéntame qué pasa. ¿Vale?

—Vale, vale.

Colgó y un minuto después, Ino enviaba el contacto de la mujer del primo de Hinata. No tardó en llamar y tampoco ella en contestar.

—Tenten Hyûga.

—¡Hola! Soy Sakura, una de las amigas de Hinata.

—¿La del pelo rosa o la rubia?

—Pues…

—Era broma, Sakura. Sé quién eres. Y también creo que sé por qué me llamas.

—Hinata está…

—Confundida —interrumpió nuevamente Tenten—. O así la siento yo. Llegó muy temprano esta mañana y se encerró en su dormitorio. Cuando he ido a hablar con ella, parecía confusa, como si hubiera pasado algo que no esperaba. ¿Sabes algo de ello?

—No —reconoció.

Porque dudaba que tuviera que ver con Itachi. Más bien, parecía que las cosas iban bien y aunque Hinata parecía estar debatiéndose en si podía abrir su corazón a otra expectativa que no fuera un caso perdido como Naruto, dudaba que fuera ese el motivo de su inquietud.

—¿Te importa si voy a visitarla?

—Por supuesto que no. Eres bienvenida cuando quieras.

—Muchas gracias, Tenten.

Colgó, dispuesta a alistarse. Cuando salió, Sasuke estaba apoyado en la pared, esperando. Se detuvo porque, debido al tamaño, cubría el lugar donde solían colocar las llaves al llegar a casa.

—Estás en medio —refunfuñó.

—Lo sé —certificó—. Hablemos.

—Ahora no tengo tiempo, Sasuke —indicó empujándolo con una mano—. No tengo más que decir. No voy a presionar a Itachi para que se dé prisa en lo que sea que quieras y no, no te preocupes, no voy a meterme de más. Ahora mismo, me importa una de mis mejores amigas.

Sasuke pareció sopesarlo.

—Dile a Hinata que…

—Que no se acerque a tu hermano —terminó por él. Sasuke enarcó una ceja—. Sí, ya nos advirtió Naruto anoche. No sé qué diablos pasa, pero el Itachi que yo conozco es muy buen tío. No le hará nada a Hinata y ella es libre de amar a quien quiera.

—Juzgas a las personas erróneamente —corrigió él—. Itachi no es la persona que crees que es.

—Ya, ya. Es cierto que lo hago —reconoció finalmente atrapando sus llaves—. Pensé que habrías cambiado. Que salir con Naruto te había hecho ver el mundo con otros ojos y que quizás, tendrías más paciencia hacia las actuaciones de otras personas. Me equivoqué. No tardaste apenas nada en llamarme molestia. Sinceramente, si hubiéramos sido una pareja y me dices eso después de lo que pasó…

—¿Qué? —preguntó él ante su silencio.

Sakura le miró.

—Te habría pateado las bolas.

Una leve sonrisa irónica se formó en su rostro, la cual ocultó enseguida, enderezando la espalda. Sakura aprovechó el momento para guardar las llaves.

—¿Y a Sasori?

Se detuvo. Le miró una vez más. No esperaba esa clase de pregunta.

—¿Qué?

—¿También le habrías golpeado o sólo a mí?

Sakura soltó un suspiro irónico.

—Sasori nunca me habría llamado molestia.

Sasuke apretó los labios. Si volvió a decir algo más, Sakura no le escuchó. No quería otra absurda pelea. Ni del pasado, ni de lo que fue ni de lo que pasó. Ella conocía un Itachi que parecía que Sasuke no. Desconocía el pasado entre ellos más de aquellos días escolares y no quería hundirse en ello.

Le preocupaba más Hinata en ese momento.

Y no fue para menos. Cuando entró en su dormitorio tras que Tenten la invitase, Hinata estaba bajo su edredón, enroscada como si fuera un rollito de verduras.

—¿Qué ha pasado? —preguntó sentándose a su lado y atrapando el único mechón que logró ver—. No me digas que te he dado una patada mientras dormía y te has ido enfadada. Lo siento. Anoche realmente estaba agotada.

La voz de Hinata le llegó amortiguada.

—No te he escuchado —dijo inclinándose más—. ¿Qué?

Hinata lo repitió, pero tampoco logró captar mucho más que un "horrible" y "Naruto".

—¿Sabes? Las dos únicas palabras que he conseguido escuchar podrían provocar que alguien se llevara una buena paliza y quizás estaría equivocándome. ¿Qué tal si sales y nos libramos de un error garrafal?

Hinata finalmente empezó a moverse. Lentamente, levantando primero su trasero de una forma muy cómica que estuvo a punto de sacarle una carcajada, pero cuando el edredón resbaló por sus hombros, supo que no era momento de bromas.

—¡Ay, Dios! ¿Qué ha pasado?

Hinata se mordió el labio inferior y eso pareció traer ciertos recuerdos que provocaron que su rostro se sonrojara. Si es que era posible. Sakura, tentada, extendió su mano hasta su frente. Pese a que su rostro parecía un tomate maduro no tenía fiebre.

—¿Hinata?

—Si te lo digo… me preocupa que pienses que Naruto es horrible o algo así…

Sakura se frotó el ceño.

—Más bien, sino me lo dices, seré capaz de pensar que te hizo algo horrible, por las cosas que dices y tus acciones.

Hinata hipó, acomodando mejor su postura. Llevó su mano derecha hasta sus labios mientras sus ojos no parecían encontrar un lugar fijo en el que posarse.

—Anoche me levanté para tomar un vaso de leche —explicó—. Estabas tan dormida que no sé si me entendiste cuando te lo dije.

—Sabes que siempre puedes tomar lo que quieras de mi nevera, Hinata.

—Lo sé, lo sé —agradeció ella—. El problema es que… no pensaba que Naruto estaría despierto.

—Ah, sí. Con Sasuke y Naruto no se sabe bien si duermen o no. Cuando menos te lo esperas te encuentras a uno espatarrado en el sofá mirando en silencio la teletienda.

Hinata cabeceó y aunque una minúscula curvatura se formó en su boca, la sonrisa no llegó a sus ojos.

—¿Y bien? ¿Se portó grosero contigo? —animó—. Ambos están algo tensos con el tema de Itachi. Antes de venir, Sasuke volvió a advertirme sobre él. Es algo raro ya.

—No hizo eso. Más bien, no hablamos de gran cosa.

—¿Naruto sin habla? Eso es nuevo —bromeó.

—Sí…

—¿Entonces? Si no dijo nada de las suyas. ¿Por qué estás así? Aunque ahora entiendo que has escapado de mi casa en vez de despertarme, aunque fuera metiéndome el zapato en la boca.

—Lo siento —murmuró avergonzada—. Pensaba que si te contaba lo ocurrido podrías enfadarte y que se crearía un caos. Pensaba meditarlo, porque no puede ser otra cosa que un error. Sí, quizás es eso. Porque ambos teníamos sueños y…

Sakura levantó una mano para detenerla.

—¿Os habéis acostado o algo así?

—No, no —negó rauda aferrándola de la mano—. Es… Sólo me besó. De la nada. Sin motivo. Yo… creo que porque mi cara estaba ahí y…

—¡Hinata, por dios! —exclamó una voz tras ella. Tenten abrió la puerta y no pareció preocuparle en absoluto demostrar que estaba espiando—. Ningún hombre te besa porque tu cara está ahí. ¿Te ha besado alguna vez tu peluquero o el maquillador en mi boda?

—No, no —reconoció ella aturdida—. Pero… no hay otra explicación.

—La hay —aseguró Tenten sentándose junto a ellas—. Tiene que haberla. Os lo digo yo.

Sakura se dio unos golpecitos con la punta de los dedos en los labios.

—Lo averiguaré —aseguró.

Hinata apretó sus dedos alrededor de la mano que continuaba aferrando.

—Espera, Sakura —suplicó—. Creo que realmente fue un error. Naruto está con Sasuke.

—Bueno, su relación está algo tensa ahora mismo —recordó—. Y… bueno… —Hizo un gesto significativo que provocó que Tenten enarcara una de sus castañas y perfiladas cejas—. También está lo de Sasuke conmigo —murmuró. La mujer la captó al vuelo, abriendo la boca completamente—. Y que Naruto es bisexual. ¿Podría haber hecho eso para que dejes de pensar en Itachi? Quiero pensar que no. Pero como no tenemos más que intriga, investigaré a ver qué descubro.

Tenten le puso una mano en el hombro, sonriendo aterradoramente.

—Cuéntame qué es eso de lo que pasó entre tú y Sasuke.

Sakura se habría muerto ahí mismo del terror ahí mismo.

—Ah, y enciende tu móvil —indicó en una excusa por intentar huir de la mujer de totos—. Te hemos llamado un montón. Ino también está preocupada.

—Oh, lo lamento —se disculpó buscando entre sus cosas azorada. Poco después, el móvil resbaló de sus manos y sus ojos la buscaron en súplica—. ¡Sakura!

—¿Qué? —exclamó casi a la par—. ¿Qué ocurre ahora?

—¡Mira, es de…!

—Itachi —terminó Tenten entrometiendo la cabeza entre ellas—. ¿Quién es Itachi?

—Un amigo —respondió apartándola—. Y al parecer, un chico muy interesado en Hinata —puntualizó al leer el mensaje—. ¿Qué vas a hacer? Igual necesita hablar con alguien y por eso te pide reuniros.

—¿Es seguro? —preguntó Tenten mirándolas a ambas severamente.

—Le confiaría mi vida a Itachi —aseguró—. Hinata puede ir tranquila.

Hinata miró el mensaje, pasó el dedo por encima mientras con la otra mano se tocaba los labios, pensativa. Finalmente, sacudió la cabeza y tecleó. Luego las miró.

—Iré a verle.

—Vale —aceptó—. Yo iré a hablar con Naruto. Necesito averiguar qué ha pasado. Y que se disculpe.

—No es…

—Lo es —interrumpió Tenten—. Debe de comprender que no puede ir por el mundo besando a la gente porque le apetezca.

Sakura asintió. Tomó sus cosas y sacó su móvil. Naruto respondió al tercer tono de llamada. Jadeaba.

—Dime que no os interrumpo —dijo poniendo los ojos en blanco.

—¿Qué? Ah, no —negó él con la voz tensa—. Estaba corriendo un poco. Necesitaba desahogarme un poco. ¿Ocurre algo?

—Sí —respondió automáticamente—. Creo que tenemos que hablar.

—Sakura… —murmuró—. Creo que sé de qué vas a querer hablar. Es un necio, pero es buen tipo —recalcó—. Hay que tenerle un poco de paciencia y…

—No. De Sasuke no —negó—. De Hinata.

Un ruido estridente casi la dejó sorda. Cuando volvió a ponerse el móvil en la oreja, Naruto balbuceaba frases que no comprendía.

—¿Sabes la cafetería que hay entre el local y nuestra casa? Nos vemos ahí en media hora —indicó—. Y no me dejes plantada.

Si Naruto aceptó o no, no estaba segura. Colgó, dispuesta a desentramar lo que estaba ocurriendo. Sentía que algo se le escapaba de las manos. Una pista que quizás podría darle en toda la cara. Casi podía escuchar la voz de Ino repetir lo mismo una y otra vez. Y ella se negaba.

Naruto y Sasuke eran buenos chicos. ¿No? No es como si estuvieran mintiéndole. Podría decir que Naruto tenía problemas con su sexualidad. Que quizás se sentía atraído por Sasuke y ahora estaba sintiendo cosas por Hinata.

Porque ellos no podrían estar haciéndose pasar por Gays. ¿Verdad?

.

.

—Te he dicho que Sakura me está esperando para hablar de lo que pasó anoche entre Hinata y yo y estás totalmente tranquilo. ¿Acaso estoy hablando en chino y no en japonés? —preguntó completamente alterado.

Sasuke no levantó la mirada de la revista que estaba ojeando, sentado en el sofá, en chándal y con el rostro indiferente. Naruto, mientras, batalla con meterse la camiseta por la manga correcta y no ponerse los pantalones al revés. Se había duchado casi rompiéndose la crisma.

—No.

—¿Cómo qué no? —cuestionó. Sentía unas ganas terribles de sacudirle—. ¡Tienes idea de lo que nos estamos jugando! ¿O no?

—Lo sé —respondió Sasuke impasible—. Un techo donde dormir.

—¿Te parece poco? ¿Quieres volver a dormir con las ratas, ttebayo?

Sasuke no respondió esa vez. Irritado, se acercó hasta su altura para golpearle la pierna con su pie.

—¡Sasuke!

—Naruto —devolvió a su vez, más hastiado por su acoso que por lo que sucedía—. De todas maneras, encontrar a Itachi ha cambiado la necesidad de estar en esta parte de la ciudad. No necesito preocuparme por más mentiras.

—Itachi no recuerda nada de lo que sucedió. Esto va a llevar más tiempo del que crees y su grupo va a cubrirle las espaldas. Lo sabes.

—Me da igual. Encontrarle era lo que necesitábamos. Lo demás va solo.

—Entonces. ¿Qué le digo a Sakura? —preguntó irritado. El tiempo se le agotaba.

—Lo que te dé la gana. Si quieres hacer más gorda la mentira, adelante. Si no, di la verdad.

Naruto lo observó durante un instante.

—Realmente te ha cambiado el acostarte con ella —sopesó—. Estás tan idiota que eres incapaz de resolver los problemas que has causado con tu "molestia". No voy a arreglar ese asunto, Teme.

Sasuke finalmente le miró, furioso. Le tiró la revista a la cara y, después, se encerró en el dormitorio. Bien, debía de afrontar los hechos y reunirse con Sakura. Dar la cara por sus acciones.

Esperaba encontrar una respuesta clara a por qué diablos tuvo que besar a Hinata Hyûga y por qué demonios no podía quitársela de la cabeza.

—¡Aquí, Naruto!

Sakura ya estaba esperándole en la cafetería, sentada en una mesa apartada y con un café caliente frente a ella. Sus dedos golpeaban la mesa impaciente y aunque esperó a que él pidiera su propia orden, sus dientes empezaban a chirriar.

—Puedo explicarlo —prometió. Aunque ni él se creía esa mentira.

—Más te vale. Porque empiezo a tener ganas de golpearte yo en vez de Sasuke —advirtió.

Y no dudaba de que le hiciera mucho daño.

—Lo sé, lo sé. Pero no es lo que crees.

—Pues explícate lo suficiente claro como para entender por qué has besado a una de mis mejores amigas sin más. Sin explicaciones ni nada. E imagino que Sasuke no lo sabe.

—Lo sabe —confesó—. Se lo he contado. Siempre termino contándole estas cosas y creando más y más conflictos. Pero te juro que no es por querer ser un cerdo ni nada así.

—¿No? Entonces te gusta que Sasuke lleve una cornamenta que ni pueda entrar en la casa.

Naruto chirrió los dientes esa vez.

—Bueno, vosotros también os acostasteis y me dejasteis de lado —recordó.

La observó mientras se pasaba una mano por los cabellos, avergonzada.

—Sí, bueno. Pero tú incentivaste todo eso —rememoró—. Y ahora, no es extraño para nosotros todo. Reconozco que nunca debí de aceptarlo. Sin embargo, Hinata no es como yo. No es una chica que deba verse atrapada en vuestro juego.

—¡No es un juego, Sakura! —prometió cerrando las manos en puños—. Te juro que ni Sasuke ni yo estamos realmente jugando con nada. Ni con las demás, ni con Hinata y por supuesto, menos contigo. Hay cosas que han de suceder y debemos de esclarecer, pero… ¡No es un juego! Es algo muy serio que nos llevó a hacer cosas que no queríamos y…

—Oh, por favor. Sólo la besaste.

—No hablo solo de eso —protestó—. Son muchas otras cosas —murmuró—. Seguramente hará que nos odies en el futuro y que pienses que somos unos cerdos, pero hay un motivo para todo. Uno doloroso, además.

—Pues explícamelo.

Naruto se mordió los labios.

—No sé si deba de ser yo quien lo cuente. Pero puedo contarte una parte. Imagino que estarás intrigada por lo de la foto que viste…

—Estoy intrigada en muchas cosas —le recordó tocándose los labios sugestivamente.

—¡Lo sé! Pero déjame ir por partes antes —demandó uniendo las manos frente a su rostro e inclinando la cabeza—. Te juro que todo tiene una razón.

Sakura se echó hacia atrás, cruzándose de brazos. Su verde mirada sobre él.

—Te escucho.

Naruto asintió y acomodó su postura. Esperó a que el camarero dejara su pedido y se alejara para empezar a acomodar su comida. Le costaba hablar del tema.

—Sasuke, Itachi y yo, pertenecemos a la misma familia. Ellos dos son hermanos de sangre. A mí me adoptaron cuando éramos unos niños. Mis padres y los suyos eran amigos y cuando fallecieron, su madre me llevó con ellos. Crecí en su núcleo familiar como uno más.

Sakura se inclinó hacia delante.

—Nunca lo supe…

—Porque conservé mi apellido —explicó—. No queríamos que en la escuela se supiera, pero tampoco ocultamos nada en sí. Simplemente, nunca salía el tema. La gente daba por hecho que vivíamos cerca y que éramos lo suficientemente cercanos como para que yo me quedara a dormir en su casa. Supongo que sólo el profesorado estaba enterado de todo.

—Incluso pensamos que erais pareja.

—Sí —farfulló bajando la mirada con una sonrisa tirante en los labios—. Es cierto. ¿Recuerdas cuando te declaraste a Sasuke y te rechazó?

En la mirada de Sakura comprendió que sí, que todavía le dolía de alguna forma. Acostarse con Sasuke seguramente había despertado esos sentimientos que logró enterrar con Sasori.

—El caos ya se había implantado en nuestra familia. Como una semilla de odio y frustración que llevamos arrastrando desde entonces. Luchando contra reloj. Y, finalmente, podemos resolver la trama de ese pasado doloroso. Sasuke, especialmente.

—¿De qué trama hablas?

Naruto apretó los dedos sobre la taza frente a él. Ignoró que estuviera caliente, luchando contra los remordimientos de un recuerdo doloroso.

—Itachi. Él es el causante de nuestro dolor.

—¿Por qué? —inquirió sorprendida—. No se le ve capaz de hacer daño a nadie.

—Ya. Nosotros pensamos lo mismo. Nos acordamos de muchas de nuestras tardes de juegos. De sentarnos con él a jugar a la consola o escuchar sus canciones desde nuestros dormitorios. Pero "eso" manchaba nuestros pies y era real.

Entendía la mirada confusa de Sakura.

Él tenía un nudo en la garganta. No podía hablar sin recordar aquel día. Sin la tormenta que eso causó en ellos. Especialmente, en Sasuke. Los traumas, las lágrimas, la furia y las promesas.

—Juramos buscar a Itachi y nos mudamos a esta parte de la ciudad, donde perdimos el rastro. durante estos años esperábamos verle o a alguno de sus amigos y, hace poco, encontramos a una mujer que conocíamos de haberle visto hablar con él. Creo que es parte del grupo o algo así.

—La única mujer es Konan —reflexionó Sakura—. Y es la novia de uno de ellos. Pain.

Naruto asintió.

—No sabíamos qué íbamos a hacer cuando llegamos. Encontramos el trabajo, pero no un lugar donde quedarnos y… entonces, nos reencontramos, nos ofreciste un hogar y hasta ahora, hemos estado contigo. Y, por casualidad, le encontramos.

Levantó la mirada que había bajado hasta su rostro.

—Estar contigo nos llevó a sentir muchas cosas, a despertar recuerdos o sensaciones que manteníamos apagadas de cierta forma… y… hasta a mí se me van de las manos. ¿Preguntas por qué besé a Hinata? Lo único que se me ocurre como respuesta es: ¿Por qué no lo hice antes? Hinata es… justo lo contrario a las chicas con las que he estado saliendo, no debería sentirme atraído por ella y, sin embargo, pasa. No sé desde cuándo, pero cada vez es más intenso. Pensaba que estaba enamorado de ti, por eso me confunde más que ella esté ahí, más presente.

Se frotó el ceño.

—Cuando esas cosas pasan… ni siquiera pienso en Sasuke, en el pasado o el resto de cosas.

Sakura soltó el aire que parecía haber estado reteniendo.

—¿Podrías estar enamorándote de ella? —cuestionó.

Naruto apretó los labios.

—No lo creo —confesó—. Es más, otro tipo de atracción. Cuando está cerca es como si yo fuera… —se cubrió la boca con un brazo, desviando la mirada. Era tan vergonzoso de decir—… un pervertido.

Sakura abrió levemente la boca. Luego más. No debió de tirarle la bebida de milagro.

—¡Pero tú te estás escuchando! —exclamó golpeando con las manos la mesa—. ¡Hinata no es una condenada muñeca hinchable! ¡No puedes tomar de ella lo que gustes como hombre y mandar a la mierda su corazón!

—¡Lo sé, lo sé! —reconoció inclinando la cabeza—. ¡Pero es así! Ahora mismo es así. Y me da coraje porque sé que es una buena chica, pero… se me levanta antes siquiera de pensar "oh, me está calentando el corazón". No sé cómo expresar esto. ¡Mierda!

—Entonces… lo del trío del otro día…

Parpadeó, sopesándolo.

—Fue un poco así, sí. Es decir, ahora que lo pienso, quizás yo quería de ti eso también.

Sakura se sentó, pálida.

—¿Y Sasuke?

—Eso es más complicado —reconoció tartamudeando sin querer. Al fin y al cabo, no sentía por él nada más que fuera fraternal.

—Es tu hermano. No de sangre, claro —murmuró—. Eso no evita que no podáis estar juntos, pero… No lo estáis. No estáis juntos.

Tragó, nervioso.

—No lo estamos.

Ambos dieron un respingo. Estaban enfrascados en su conversación que no se percataron de la figura junto a ellos hasta que habló.

—¡Sasuke! —exclamó Naruto poniéndose.

El moreno chasqueó la lengua.

—Mira que eres complicado —protestó gruñendo.

—¡No se trata de ser complicado! —recalcó—. Se trata de…

—Te he dicho que no voy a seguir más con la mentira —recordó encogiéndose de hombros mirando hacia Sakura después—. Ni estamos juntos ni somos homosexuales. Tu amiga la rubia tenía razón. Ahora, patela si quieres o ven a escuchar la verdad.

Les dio la espalda y tras pagar la cuenta, salió. Sakura estaba pálida, pero tomó sus cosas, deteniéndose antes de salir.

—¿Qué fue lo que hizo Itachi? —preguntó—. Porque Hinata ha quedado con él.

Naruto maldijo entre dientes.

—¿Dónde?

—En una plaza cerca de su casa —indicó ella—. O eso me ha parecido leer. Pero puede que se hayan movido de allí.

Él se adelantó.

—Llámala. Si está ahí, que no se mueva.

—¿Dónde vas? —preguntó Sasuke al ver que caminaba en dirección contraria—. Tanto ahínco y ahora huyes.

—No huyo —protestó—. Pero no podemos estar en dos lugares a la vez. Tú, con Sakura. Yo. Con Hinata.

Sasuke maldijo entre dientes.

—Te dije que esa mujer iba a traer problemas.

Naruto sonrió, ignorándolo, antes de echar a correr.

.

.

Hinata se miró las manos por séptima vez antes de escuchar su nombre. Levantar la mirada para enfocarlo fue como mirar directamente hacia un foco. Era guapo. Pese a que era más alto que ella no parecía ser más que Sasuke o Naruto juntos. Eso sí, era guapo, delgado, de manos grandes y tenía buen gusto para vestir.

—Perdona. Fui yo quien te dijo de quedar y al final, llego tarde.

—No te preocupes —descartó levantándose. Algo en él parecía extraño—. ¿Te encuentras bien?

Él abrió la boca. La cerró.

—¿Itachi?

—No —negó al final—. Y en la persona que pensé fue en ti. Siento aferrarme.

Lo directo de sus palabras fue sorprendente. Sin embargo, Hinata presintió que, de dejarlo, se derrumbaría de alguna forma.

Alargó su mano hasta sostener la de él.

—Entonces, aquí estoy —expresó—. Hoy he comprendido que no importa lo mínimo o lo que crea que puedan pensar de mí, existen personas que me escucharán y me defenderán sin problema. Me gustaría poder ser eso ahora mismo. Porque siento que vas a desaparecer, de alguna forma.

Itachi la observó un momento. Hinata sintió que enrojecía por el escrutinio. Finalmente, cuando habló, la preocupación estaba marcada en su voz.

—¿Te ha ocurrido algo? —preguntó.

Hinata dio un respingo. No esperaba esa clase de pregunta tras sus palabras.

—Yo… ah… no es nada importante —descartó. Aunque esa cosa hubiera provocado que su corazón no cesara de latir como el de una colegiala enamorada y, a la par, sintiera terror.

Dio unas palmaditas en el banco para invitarlo a sentarse junto a ella. Pensó que Itachi no reaccionaria o que buscaría algo más privado, sin embargo, se sentó y se mantuvo observando a la gente en completo silencio. Hinata aguardo.

—Hace años sufrí un accidente y perdí mi memoria —comenzó al final—. No tengo recuerdos de mi vida anterior. Sólo sabía que sentía muchas ganas de tocar un instrumento y la misma sensación que uno tiene cuando es niño y sabe que ha hecho algo malo. Pero los médicos no pudieron responder mis preguntas hasta que, uno de esos días en que divagaba, Konan apareció.

Hinata no preguntó. Se mantuvo callada mientras él continuó explicando.

—Ella me conocía del pasado. Dijo que formaba parte del grupo de música de su novio. Al parecer era cierto, porque todos me hablaban con una familiaridad que, extrañamente, me hacía sentir bien. Empecé a tocar con ellos. Conocí a Sakura, la novia de Sasori y entablamos buena amistad.

Se apretó las manos con fuerza.

—Las únicas pertenencias de aquel accidente eran unas llaves que no sé qué puertas abren y una caja de madera que guardo conmigo. Durante estos años me he estado preguntando quién era y por qué era lo que conservé. Dentro hay pocas cosas, pero me llamaba la atención una fotografía.

La miró por un instante.

—En esa fotografía sale Sasuke. El mismo chico con el que me reuní ayer y que al parecer, es mi hermano.

Hinata desvió la mirada, preocupada.

—Parece que Sakura no te ha contado mucho sobre esto.

—No —murmuró—. Supongo que… esperaba que las cosas pasaran.

Itachi asintió.

—Mi hermano parece odiarme y no sé por qué. No logro recordar. Y tampoco podré hacerlo nunca.

—No pierdas la esperanza… —suplicó.

Él esbozó una lánguida sonrisa.

—No es por rendirse o no. Es a causa del tumor que hay en mi cabeza.

Se llevó las manos a la boca, sorprendida. ¿Era eso parte de la vida? Conocías a alguien que era capaz de sacarte de la cabeza a otro hombre, que congeniaban de alguna forma y entonces, la vida te daba una bofetada que te retorcía el destino al completo.

—Es una broma —musitó.

—Ojalá lo fuera —confesó Itachi echándose hacia atrás y apoyando los codos sobre el respaldo—. Pero no es así. ¡Oh, cierto! —Añadió mirándola fijamente—. Esto es algo que Sakura no sabe. De saberlo, se preocuparía mucho y no quiero que cargue con ello. No quiero ser su primera derrota médica.

—Pero… —dudó—. Es tu amiga. Querrá saberlo.

—Lo sé —confirmó él. Su boca se torció en una leve mueca—. Y como amigo, estoy en mi derecho de guardar el secreto de algo que va a hacerle daño por mi causa. No es como no contarle que equis persona ha hecho tal cosa.

—No pensaba en algo tan infantil —reconoció aturdida—. Pero sé que Sakura no se tomaría bien si yo ocultara algo así. Creo que lloraría más de pensar que no ha disfrutado más el tiempo que tenía conmigo a causa de haber ocultado algo tan grave.

—No lo había pensado así —murmuró pensativo—. Aunque…

—No estás preparado para decírselo a ella —opinó—. Conmigo es más sencillo abrirte porque nos acabamos de conocer y…

—Sentí una conexión extraña —reconoció interrumpiendo. Hinata cerró la boca, sorprendida—. ¿Sólo fui yo?

Hinata sintió que se ruborizaba. Él no presionó.

—En realidad, creo que es justo por esa conexión que soy capaz de contártelo. Porque, si esa conexión que sentimos creciera, sería terrible para ti.

El corazón le dio un vuelco. Realmente, si lo meditaba, era algo cruel de pensar. Sentirse atraída por una persona que estaba a las puertas de la muerte, que tendría que decirle adiós cuando menos pensara.

—Es algo que igualmente pasaría con una persona sana —reflexionó.

—¿Qué?

—Me refiero: Tú sabes que vas a morir, por desgracia, por el tumor en tu cabeza. Yo podría estar enamorada o sentir este vínculo con otra persona y sin que ninguno de los dos lo esperamos, podría morir repentinamente: atropellado, por una mala caída, un disparo, atragantándose incluso. Hay muchas posibilidades. La única diferencia, es que sé que hay cuenta atrás de verdad.

—Nunca lo había pensado de ese modo —murmuró.

—¿Por qué no? —preguntó.

—Verás… ¿Recuerdas que te he dicho que cuando me encontraron sólo tenía unas llaves y una caja de madera?

—Sí, donde estaba la fotografía de Sasuke.

Él cabeceó una afirmación.

—No es lo único que había dentro. Unas gafas que imagino que eran mías. Una carta cuyo nombre sólo se entendía el de Sasuke. Además… un trozo de tela ensangrentada. Pensaba que era de mis pertenencias, del accidente. No sé bien por qué pensé que el médico la habría guardado o una de las enfermeras. Cuando pregunté, negaron esa acción.

—¿Es de otra persona? —inquirió tras meditarlo.

—Eso mismo pensé —asintió—. No era mi sangre. No es mi ropa. ¿Por qué guarda alguien un trozo de tela ensangrentada?

Hinata se quedó sin palabras. Nunca había pensado en conservar algo así. Tenía recuerdos especiales de Ino y Sakura. Un peine y una flor seca que conservaba cuidadosamente en un plástico. También conservaba el recuerdo de la boda de Neji y Tenten en una cajita de adornos y el primer diente que se le cayó a su hermana. Siempre había pensado que era muy rara por conservar eso último, pero no le había importado. Hasta que a sus pertenencias más preciadas se unió una pajita. Una simple pajita de zumo.

¿Por qué? Fue la primera bebida que Naruto le sirvió. Donde la miró con esos enormes ojos grandes y azules y le sonrió como si fuera capaz de comérsela.

Lo triste es que cuando pareció estar dispuesto a ello, ella se acobardó como una adolescente y echó a correr.

—Ya. Si alguien me hubiera contado sobre esto mismo me habría quedado en silencio también. Puede hasta que hubiese echado a correr.

Dio un respingo, avergonzada.

—No, perdón. Me puse a pensar en las cosas que yo conservo porque apreció a las personas que pertenecían que me perdí en mis pensamientos sin poder remediarlo.

Itachi levantó una mano. Muy lentamente. La posó sobre su cabeza en una suave caricia.

—Eres de esas chicas —halagó—. De las que uno no querría soltar nunca.

—¿Eso es un halago? —tartamudeó, sintiendo el rubor subir a sus mejillas.

—Lo es —garantizo él—. Y eso me convierte a mí en un tipo oscuro y despreciable que conserva algo aterrador y no recuerda.

—Eso no quiere decir que…

—¡Sí, lo eres!

La voz llegó desde atrás, como un jadeo forzoso. Ambos se pusieron en pie para volverse. Desde el otro lado de los setos recortados, Naruto se frotaba la barbilla y los miraba con los ojos fruncidos. Hinata se llevó una mano al pecho sorprendida.

—¿Naruto?

—Sí —afirmó él como si no fuera lo bastante obvio. Saltó el seto que los separaba y caminó hasta interponerse entre ella y Itachi—. Vengo a llevarme a Hinata —indicó antes de que ninguno lograra hacer la pregunta—. Y sí, eres un tipo despreciable y aterrador.

Hinata lo aferró de la manga, sorprendida.

—¡Naruto! —aseveró.

Naruto apretó los labios y apresó su mano, dispuesto a tirar de ella. Hinata apenas pudo hacer nada contra su fuerza.

Itachi tampoco hizo nada por detenerles.

—¿Por qué? —preguntó a medida que avanzaban por el parque—. ¿Por qué has tenido que decirle algo cruel?

—Él sabe bien cómo ser cruel —espetó como respuesta—. No debes fiarte de él, Hinata. Ni quedarte a solas con él. Ni hablarle siquiera. No es un buen hombre.

—Entonces, ¡tú tampoco lo eres!

Sus palabras provocaron que el muchacho se detuviera, mirándola al fin. Hinata aprovechó para soltarse, apretándose la mano y estirando los dedos para relajar la tensión.

—¿Qué quieres...?

—Digo que tú tampoco eres un hombre —repitió. Sentía el llanto acumularse en sus ojos—. ¿Eres consciente de que estás actuando como un crío en estos momentos? Interrumpes una conversación, me arrastras sin mi consentimiento… No. Todo lo que me haces lo estás haciendo sin mi permiso —recordó pese a la vergüenza que ocasionaron esas palabras.

—Yo no… —Él pareció perdido.

¿No lo recordaba? ¿Acaso estaba burlándose de ella?

—Anoche… tú… —balbuceó asombrada.

—Ah, eso —recordó rascándose la nuca—. Yo…

Se volvió hasta quedar frente a ella y en un rápido y severo gesto, se inclinó.

—¡Por favor, perdóname! ¡Al parecer soy un pervertido! Pero no un mal hombre como Itachi, te lo aseguro —prometió mirándola.

Atónita. Así es como se sentía. No conseguía entender sus palabras del todo, pero captaba el significado en sí de ellas.

—Por favor, deja de insultarle —demandó—. Itachi se siente culpable por algo que no logra recordar.

—Recordará —aseveró Naruto esa vez—. Y pagará por ello.

Hinata negó, mirando la punta de sus pies.

—No lo hará nunca, Naruto —aseguró—. No podrá recordar jamás. Y de hacerlo, sufrirá.

—Sasuke y yo sufrimos también —reprochó. Por un instante, le dio terror—. Que no recuerde nada es un insulto hacia nosotros. Hacia nuestra familia. No puedes calcular el daño que provocó.

—Y tú no tienes idea de cuál es su situación o cómo se encuentra ahora mismo. No conoces su dolor, su historia, sus limitaciones.

Naruto tenso la espalda, mirándola desde su altura.

—Hinata, sé que eres muy bondadosa. Desde que te conocí lo entiendo y respeto, pero ahora mismo estás defendiendo algo que sé que es cruel y nefasto y eso sólo logra darme arcadas ante la idea de que estés haciéndolo.

Abrió la boca, sorprendida y ofendida por iguales. Las lágrimas se agolparon en sus ojos. No esperaba, por supuesto, que eso ablandara el gesto severo de Naruto. No lloraba por eso.

—No voy a disculparme —aseguró él—. Cuando sepas la verdad de todo, comprenderás que estaba en lo correcto y que…

—¡No! —interrumpió. El llanto tensando su voz—. No tengo ni idea de qué está ocurriendo. Él no recuerda nada y tú no hablas claro. Pero acabo de comprender algo de ti que también es… es doloroso. Eres incapaz de perdonar, de comprender y razonar por la vida de otra persona. Juzgas un pasado y no un presente.

—Y tú pecas de ser demasiado buena con él. ¡Acabas de conocerlo, ttebayo! —acusó.

—¿Qué tiene de malo eso? —preguntó incrédula—. Todas las amistades comienzan con un encuentro y, desde luego, conocer a la persona por un tiempo no te crea claros y detallados síntomas de cómo serán sus sentimientos al final, al parecer.

—¡Qué es diferente! —exclamó aturdido—. ¡Es un asesino!

Se le congeló el aire en los pulmones. Apenas fue consciente de cuán doloroso fue expulsarlo. Pálida, retrocedió.

—¿Hasta qué punto retorcido llegarás para que te obedezca sin más? —masculló—. ¿Acaso quieres volverme loca?

—¿No puedes simplemente ser obediente y creerme? —masculló molesto—. Tú y Sakura… ambas siempre parece que sois capaces de hacer ver que siempre miento cuando digo la verdad.

Frunció el ceño, confusa.

—¿Mientes mucho? —inquirió.

—No, sí… ¡Es necesario! —aseguró perdido.

Hinata no logró retener el gemido de sus labios. Frustración, dolor.

—Me voy —anunció dándole la espalda.

—Espera. Te llevaré.

—No quiero —negó levantando ambas manos para retenerle—. Hoy eres la persona a la que menos quiero ver.

No quiso ver su reacción, pero escuchó su maldición. Su nombre a lo lejos. Mas no hizo por retenerla. Y realmente lo agradeció.

Ese día, era el día en que su corazón se rompía al descubrir que idolatrar a una persona como alguien sin oscuridad, era un error.

.

.

—¿No vas a decir nada? —Le habría gustado tanto preguntar.

Sin embargo, estaba sentado frente a ella en el sofá, con las manos en la barbilla y los codos sobre las rodillas mientras observaba su gesto. Esconder la verdad ya era una tontería. La noche anterior habría esperado algo más de tiempo. Se percató de que no lo tenían cuando Naruto llegó mortificado por tener una reunión con ella. Se imaginó que Uzumaki no podría poner en orden todo, así que fue a la reunión al final.

Y menos mal que lo hizo. Porque su hermanastro estaba metiendo más mentiras al saco.

Finalmente pensar como Naruto de esa forma removía sus recuerdos llenos de mierda. No sólo encontrar a Itachi lo facilitaba, también la nueva vieja forma de sentir a Naruto como un hermano y no sólo como un amigo o conocido. La mentira era irritante. Ni siquiera Gaara sabía que ellos eran hermanos.

Y encima, tuvieron que fingir que eran… Le entraba náuseas de pensarlo.

—Sakura.

Ella levantó una temblorosa mano frente a él para acallarlo. Sus ojos estaban entrecerrados. Su mente parecía divagar y aceptar todo cuanto le había contado. Y eso, seguramente, le llevaba a una realidad insultante.

—Me habéis mentido. Fingisteis ser una pareja Gay para quedaros con mi dormitorio. Durante todo este tiempo… imitando un paripé entre vosotros. Pensaba que Naruto estaba mintiendo, que quería burlarse de mí para no ahondar en por qué había besado a Hinata. Naruto no es bisexual. Es heterosexual al cien por cien y se siente atraído por Hinata.

—Sí —farfulló más para sí que para ella.

Desde el comienzo se percató que Hinata iba a ser un verdadero dolor de culo en cuanto a la mentira y, dentro de lo que cabía, no estaba equivocado. Era parte de su culpa y que volviera loco a Naruto que todo estaba explotando.

—¿Por qué no confiasteis en mí? —preguntó de golpe—. Si me hubierais contado vuestra situación os habría ayudado. De alguna forma diferente.

Eso le pilló con la guardia baja. Esperaba que se levantase, le tirase cojines o incluso le persiguiera con un cuchillo calle abajo.

—Simplemente no podíamos.

—¿No? —presionó—. ¿Era más fácil mentirme? ¿Hacerme creer que erais una pareja? ¡Dios! —exclamó echándose a reír—. Debisteis de reíros un montón mientras yo me preocupaba pensando que teníais problemas de pareja. Que accediera a hacer ese trío y que… —apretó los labios. El llanto brilló en sus ojos—, pensará que realmente era la primera mujer a la que probabas. Intenté dar lo mejor de mí, pero sólo estabas burlándote. Oh, dios. Puedo imaginarme: Sakura, es tan idiota que ni se percató de que estaba tirándomela de verdad. Fue aburrido y bla, bla, bla. Me dan ganas de estamparte la mesa en la cara —añadió. La frialdad en su voz, los labios tensos y la mirada dura—. Soy imbécil. Simplemente eso.

Se levantó y él la imitó.

—Sakura.

—No. —Aferró su bolso de nuevo, furiosa—. Ni Sakura ni nada. Creo que ya habéis hecho suficiente. Os habéis reído de mí, me habéis insultado y mentido. Espero que al menos valga cada maldita mentira que habéis contado, Sasuke. Pero no vuelvas a ponerte delante de mí. En tu vida.

Se alejó antes de que él pudiera tocarla cuando extendió la mano. El portazo provocó un respingo en su cuerpo.

Sus pensamientos y la realidad no iban de la mano. Su imaginación fue más destructiva físicamente.

Resultaba que dolían más los sentimientos.

.

.

Ino levantó la mano por última vez. Estaba dispuesta a enterarse del chisme y también… a confesar el suyo propio. Seguramente Sakura pondría los ojos en blanco o le daría un sermón. Sin embargo, antes de que pudiera presionar el botón del interfono, la puerta se abrió y alguien chocó contra ella.

—Perdón —se disculpó la joven.

—¿Sakura?

Antes de echar a correr, Sakura se detuvo para mirarla. No sabía bien cómo interpretar su mirada. ¿Quizás ya sabía lo ocurrido? Bueno, era probablemente, si tenía en cuenta con quién vivía.

—Vale, antes de que me juzgues son mayor de edad y puedo acostarme con quien me dé la gana. Y no ha sido el fin del mundo.

Sakura parpadeó.

—¿De qué hablas? —preguntó Sakura confundida—. Olvídalo, Ino. Has ganado.

—Bueno, puedo decir que sí que he ganado —reconoció. Los recuerdos vagaron por su mente y enrojecieron sus mejillas—. Espera. ¿Qué he ganado?

Sakura suspiró. Parecía derrotada.

—Tenías razón.

—¿En…?

Hizo un gesto con la mano para invitarla a continuar. Generalmente batallaban por todo, así que algo debería de hacer bien.

—No son gays.

Ino soltó una exclamación tan fuerte que la gente se detuvo para mirarla.

—¡Te lo dije! —puntualizó. Apenas podía borrar su sonrisa—. ¡Si es que lo sabía! ¡Era tan obvio!

Pero su alegría fue menguando cuando notó el tirón en su mentón. Bajó los brazos, preocupada.

—Oye, frentona, no creo que sea como para…

—Chicas.

Se detuvo, volviéndose hacia la voz. Hinata parecía estar exactamente igual. Pálida, como si un simple soplo de aire fuera a tirarla contra el suelo.

—Vale. En mi casa. Ya.

Ellas obedecieron sin dudar. Como si necesitaran escapar de alguien.

Tenían mucho de qué hablar.

Continuará…


Buenooo, salieron muchos secretos a la luz. Hubo peleas, corazones rotos…

Sé que no han salido ni el shikatema, ni el gaamat, pero eso es algo para otro capítulo.

Como siempre, espero vuestras deducciones =D


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