Naruto Y Hinata en:

EL LENGUAJE DE LAS FLORES


FLOR DE MELOCOTÓN
Me tienes cautivo


A pesar de sus afirmaciones, Hinata no había olvidado la noche que pasaron juntos, ni a él, y no podía creer que él así lo pensara. Esos momentos estaban grabados para siempre en su mente. Los recuerdos de cómo la había besado, de cómo le había hecho el amor, la gloriosa sensación de sus manos, de su boca. El acto en sí mismo, el placer y el deseo que sintió, los recordaba a todas horas.

Ella nunca podría olvidarle. Además, en las dos semanas que siguieron al baile en las Haydon Rooms él no se lo permitió. Al día siguiente de bailar juntos, él le mandó doce ramos variados de tulipanes y romero para decirle que admiraba sus preciosos ojos y que se acordaba de la primera vez que se lo había dicho. Cada ramo iba en un hermoso jarrón de cristal con un lazo del que colgaba una pequeña horquilla de oro para el pelo. Hinata tocó uno de esos bellos adornos recordando exactamente lo que él quería que recordara; el día en que la había peinado.

«El cabello de una mujer puede convertirse en una obsesión para un hombre.»

¿Se estaría él imaginando cómo quedaría su pelo encima de su almohada?. Esa noche había sido cuando él le confesó que tenía miedo del amor, y que temía enamorarse.

El regalo era tan exagerado y tan caro que lo apropiado seria devolverlo todo: flores, jarrones y horquillas del pelo. Al final, se quedó con las flores y le devolvió el resto, con una nota en la que le recordaba que no podía aceptar regalos, y mucho menos tan caros, porque si lo hacía todo el mundo pensaría que estaban prometidos, y no era así.

Unos días más tarde, doce ramos de dicanias proclamaban la pasión que sentía por ella y le recordaban su picnic, en el que ella le describió las colinas de Creta. Pero esta vez, sólo estaban atados con unos lazos de seda, no había ni jarrones ni horquillas para el pelo.

Al cabo de unos días, llegaron doce ramos más. Éstos de flores de melocotón. «Me tienes cautivo», leyó Mirai en el libro que sostenía entre las manos, y se acercó al ramo que Hinata tenía en su habitación para poder olerlas mejor.

─También significan «estoy a tu disposición». ─Con un suspiro, se apartó del ramo y se tumbó en la cama de Hinata─. Yo me enamoraría de un hombre que me dijera esas cosas.

─Está diciendo tonterías ─contestó Hinata mientras se escurría el pelo mojado y hacía que el agua cayera encima de las flores que había sobre su mesa─. «Estoy a tu disposición» ─ repitió, y se cubrió el pelo con una toalla─. Como si Naruto pudiera pensar algo tan ridículo.

Se dio la vuelta y al ver el nuevo ramo de flores se acordó de la noche en que negociaron sobre las gafas. Se cubrió la boca con las manos.

«No se da cuenta del poder que tiene sobre mí.»

Al recordar esa noche, la invadió de nuevo el deseo, aquella cálida sensación que se apoderaba de todo su cuerpo cuando él la acariciaba.

─Pero ¿eso no te ablanda el corazón? ¿Ni siquiera un poquito? ─preguntó Mirai.

Hinata negó con la cabeza y miró preocupada a su amiga.─No lo dice en serio.

─¿No crees que sea sincero?

─¡No lo sé! ─contestó exasperada ─.No hablemos más del tema.

Mirai no volvió a mencionar el asunto y el resto de la familia Sarutobi guardó también un respetuoso silencio, pero cuando llegaron doce limoneros indicando la inconfundible intención que tenía el duque de casarse con ella, sir Asuma preguntó divertido si aquellas demostraciones de afecto seguirían así hasta Navidad. Porque si ésa era la intención del duque, ya temía que fueran a recibir doce abetos.

Además de las flores que Hinata recibía, a la mansión llegaban cada día cientos de cartas e invitaciones. Tanta gente acudía de visita a Russell Square que el pequeño saloncito a menudo no podía acomodarlos a todos. Las visitas hablaban delicadamente sobre bodas o compromisos, pero nadie era nunca tan atrevido como para preguntar directamente por los rumores que circulaban sobre ella. No se había anunciado ningún compromiso, pero todo el mundo interpretaba el silencio de Hinata como una señal de que quería ser discreta, y nadie creía que pudiera ser cierto que le había rechazado.

El barón los visitaba a menudo durante la semana, a veces se quedaba a charlar y otras la invitaba a dar un paseo para así poder conocerse mejor. Hinata no sabía si lo hacía porque de verdad sentía cierto cariño por ella o si lo único que quería era parecer un abuelo atento. En cualquier caso, Hyuga estaba convencido de que, a pesar de sus negativas, Hinata sería pronto la esposa de un duque.

Esa convicción se veía reforzada por las páginas de sociedad de los periódicos de Londres, ya que todos daban por hecho que ella aceptaría la proposición de Naruto. El decoro le impedía desmentirlos públicamente, así que la única opción que le quedaba era esperar que se cansaran de hablar de eso.

En cualquier caso, durante la segunda semana de su inusual cortejo, las especulaciones no sólo no cesaron, sino que aumentaron considerablemente. Todo el mundo se enteró de lo de los doce limoneros y de que Naruto estaba usando el libro de Charlotte de la Tour como guía. Al cabo de unos días, todas las librerías de Londres se llenaron de ejemplares, y mucha gente iba a pasear por Russell Square con la esperanza de ver llegar a casa de sir Asuma Sarutobi el nuevo ramo de flores que el duque le mandaba a la señorita Hyuga.
Había un gran foro de discusión sobre los orígenes de Hinata, que eran muy inferiores a los del duque. También se habló de la fuga de sus padres y del intento del barón de ocultarlo diciendo que su hijo se había ido a estudiar a Italia. Una o dos personas se atrevieron a insinuar que sus padres no se habían casado, pero esos rumores se acallaron enseguida.

Empezaron a circular las más increíbles historias sobre su vida en África, y de cómo había llegado a trabajar para el duque, restaurando antigüedades y haciendo los dibujos para su museo.

Se comentó su belleza demasiado común, su falta de dote, y su falta de influencias. Todo con la intención de señalar lo inadecuada que era como duquesa y sugiriendo que quizá Uzumaki no estaba acertando en su elección.

Hinata hacía todo lo posible por ignorar las cosas horribles que decían sobre ella, pero no soportaba que la observaran constantemente. No podía ir a ningún sitio sin ser estudiada y analizada. Empezaba a entender lo que Naruto le había dicho respecto a lo pesada que podía ser su vida.

Pero él seguía echando leña al fuego. El día de la partida de cartas en casa de los Sarutobi otro arreglo floral llegó a Russell Square.

─¡Es imposible! ─dijo Hinata mirando cómo dos hombres entraban un enorme ramo de flores con todos los colores del arco iris.

Lady Kurenai tuvo que despejar toda una esquina de la habitación para hacer sitio al enorme ramo que, como mínimo, medía un metro de ancho por un metro y medio de alto, y no cabía en el pequeño vestíbulo. Cuando hubieron acabado de instalarlo, los dos hombres que lo habían entregado se fueron.

Mirai y Moegi examinaron entusiasmadas las flores y Hinata miró exasperada a lady Kurenai.

─¿Qué voy a hacer? ─preguntó desesperada─. No acepta un no como respuesta.

─¿Vas a rechazarle? ─se sorprendió Moegi─. Oh, Hinata, ¿cómo puedes ser tan insensible? La acusación le dolió, y Mirai debió de darse cuenta, porque salió en su defensa.

─Si no le ama no tiene por qué casarse con él.

─¿No le amas? ─preguntó Moegi incrédula─. ¿Por qué no?

─Moegi, ya es suficiente ─dijo lady Kurenai─. Los sentimientos de Hinata no son asunto nuestro. Ahora, niñas, creo que es hora de que nos vayamos a casa de lady Terumi. Son casi las tres. Dejemos a Hinata en paz un ratito, Dios sabe que le conviene.

Ella miró agradecida a lady Kurenai mientras la mujer se llevaba a las muchachas de la sala, dejando a Hinata a solas con su nuevo ramo. Lo miró durante mucho rato.A pesar de que las docenas de flores y plantas que tenía delante hablaban de pasión, de honor, del deseo que tenía de protegerla, de cuidarla, Hinata no pudo evitar darse cuenta de que no había ninguna flor en todo ese enorme ramo que fuera una declaración de amor.

No importaba demasiado. El propio Naruto le había dicho que lo que sentía por ella era una locura temporal, y aunque hubiera habido una rosa o un ramillete de nomeolvides escondido en algún lugar de aquel exagerado ramo, no se convencería de que él sintiera por ella algo permanente y duradero. No había ninguna flor, ningún regalo que pudiera convencer a su corazón.

Naruto había sabido desde el principio que no había manera de cortejar a Hinata sin alimentar los chismes. Pero no estaba preparado para la rabia que sentía cada vez que leía algo sobre ella en los periódicos. Después de su baile en las Haydon Rooms no había vuelto a visitarla a Russell Square con la esperanza de acallar así las habladurías.

Como no podía ir allí, se pasaba mucho tiempo en su club. Una noche, al cabo de una semana del famoso baile, fue a Brook's, y se encontró allí con Suigetsu, que ya se había bebido más de media botella de licor.

Naruto aceptó la invitación de Suigetsu de acompañarle y se sentó. Se recostó en su silla y observó la cara cansada y los ojos enrojecidos de su amigo.

─Siempre que te veo así me alegro de no tener tu temperamento artístico ─ le comentó.

─Al parecer yo tampoco lo tengo. ─dijo Suigetsu preocupado─. No soy capaz de escribir más de dos notas seguidas, la caída del caballo me dejo peor de lo que pensé, de modo que he decidido sucumbir a los excesos del alcohol. ─Señaló la botella─. ¿Quieres acompañarme? Por lo que he oído, tú también necesitas un trago.

Naruto no admitió nada. En vez de eso, se limitó a pedir un vaso y, cuando se lo trajeron, se sirvió ignorando la mirada burlona de su amigo.

─He oído que los floristas de Londres están muy ocupados. Naruto bebió en silencio.

─Tal vez debería empezar a mandar flores a las damas. Eso sería algo nuevo para mí. ¿Con qué flor le pides a una mujer que se acueste contigo?

Naruto se rió quedamente.

─Te has acostado con tantas que no sé si eres capaz de acordarte de todas.

─No es verdad ─corrigió Suigetsu─. Aún no me he acostado con la tuya, a pesar de lo mucho que me gustaría hacerlo.

Naruto se tensó y apretó el vaso en su mano, pero no dijo nada. Suigetsu se recostó en su silla y levantó las cejas buscando el enfrentamiento. ─Las notas de sociedad no dejan de decir que no es atractiva, ¿sabes? Dicen que tiene la piel demasiado palida, que sus mejillas son demasiado redondas y que su pelo es de un color negro de lo más común. Seguro que para ti es de color azabache. Naruto no estaba de humor para aguantar las burlas de Suigetsu.

─¿Estás tratando de provocarme?

─Confieso que sí. Por una vez, me gustaría verte sin esa máscara de control ducal. ¿Sabes que en todos los años que hace que te conozco nunca te he visto perder el control? Ni una sola vez. Pero dejemos a un lado tu carácter por hoy y centrémonos en los encantos de la señorita Hyuga. ─Bebió un poco más─.Dicen que no ve bien y que tiene que llevar gafas casi todo el tiempo. Todas las mujeres de Londres se preguntan cómo alguien tan insignificante puede haber conquistado tu corazón, pero yo creo que hay muchos hombres que estarán de acuerdo conmigo en esto...

Mira, aquí está lo que quiero enseñarte. Naruto cogió la copia de The Times que había encima de la mesa y volvió a doblarlo por las páginas de política.

─Tiene una figura sensual ─continuó Suigetsu pese al gesto de Naruto ─. Me di cuenta de eso enseguida, yo siempre me fijo en las cosas importantes. A ver, los periódicos quizá tienen razón al decir que su cara es común, pero es bastante bonita si la miras en conjunto. Es una cara que no revela sus sentimientos fácilmente, ¿a que no? Te estuve observando mientras bailabas con ella, y cualquiera diría que a ella no le importas lo más mínimo. Y sus ojos. Dios, qué color tan maravilloso...

Naruto golpeó la mesa con el periódico. ─No me presiones más, Hõzuki, esta noche no estoy de humor para aguantar tus satíricos comentarios.

─Lo que sí es satírico es verte a ti agonizando de mal de amores. La verdad es que observar este romance a distancia resulta bastante divertido. ¿Limoneros, Uzumaki? Nadie te había considerado antes un idiota. La señorita Hyuga parece no compartir tus sentimientos. ¿Cómo te sientes? ¿Frustrado? ¿Herido? ¿Enfadado con los dioses por haberte retirado su favor? A Naruto empezaba a temblarle el músculo de la barbilla.

─Vete al infierno.

─Ya estoy allí, amigo mío. ─Suigetsu volvió a llenarse el vaso y lo levantó─. Por el infierno ─dijo, y se bebió todo el licor─. Ahora ya estamos los dos en él. Se levantó de su silla y se dispuso a irse, pero antes de hacerlo se inclinó sobre Naruto, apoyando las manos en la mesa.

─Creo que voy a componer una pieza en honor de la señorita Hyuga ─ declaró en voz baja─ . «Hinata, la de los ojos perlas» o algo por el estilo. ¿Quién sabe? A lo mejor una sonata tenga éxito allí donde las flores han fracasado...

Una ira como nunca había sentido antes se apoderó de Naruto, y lo siguiente que vio fue a su amigo tumbado en el suelo con el labio partido. Sintió un dolor punzante en el puño y notó que varios miembros del club le estaban sujetando.

Suigetsu se frotó el labio con la mano. Se miró los dedos ensangrentados y, sonriendo, se enfrentó a Naruto.

─¿Lo ves, amigo mío? ─murmuró ─.La locura nos afecta a todos. Incluso a ti.

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Continuará...