Blues

A las cinco menos diez sonó el teléfono.

-Mi hermano – dijo Sev – Ya lo cojo yo.

Fue hasta el teléfono y lo cogió.

-Dígame.

-Hola, Sev, soy Ariel.

-Ya lo sabía, cariño, y ya reconozco tu voz. ¿Qué tal va todo?

-Llamaba para decirte que Jack va a venir a las cinco y que voy a aprovechar mientras está con mamá para volver allí y estar contigo.

-Me parece muy bien, estamos haciendo música. ¿Ya has decidido con quién duermes esta noche?

-Sí, Sev. Como voy a pasar el resto de la tarde contigo y voy a quedarme a cenar allí también, después de cenar vuelvo a estar con mamá y me quedo con ella. ¿Te parece mal?

-No, en absoluto.

-Es porque mañana tiene que trabajar y no podré verla por la mañana, para que se despierte conmigo.

-Muy bien, hazle compañía.

-Te llevo las cosas que faltan, Sev, las demás ya las han cogido Deborah y Lily. ¿Necesitas algo más?

-No por el momento, ven cuando quieras.

-Vale, Sev, entonces colgamos ya, así me despido de mamá antes de que venga Jack.

-Estupendo, aquí te esperamos.

Colgaron.

-Prince… - le dijo Hipólita - ¿Era Ariel?

-Sí.

-¿Va a dormir contigo?

-No, se queda con mi madre.

-¿Quieres que venga yo? – muy tímida y apocada.

-No lo sé todavía, no he tenido tiempo de pensarlo.

-Entonces… ¿cómo hacemos?

-Andrea, ¿os importa si me paso después de cenar por vuestra casa? He de hablar a solas con Hipólita de un tema que tenemos pendiente y quiero solucionarlo antes de esta noche.

-No, claro que no – le respondió Andrea – Por supuesto que puedes venir, incluso a cenar si quieres, a Philip también le encantará verte y charlar contigo, apenas estuvisteis un rato corto el miércoles.

-Te agradezco mucho la invitación a cenar pero no va a poder ser, mi hermano va a cenar aquí y quiero estar con él hasta que vuelva con mi madre. Mejor me paso a la sobremesa si no os importa.

-Estupendo, Prince, como quieras – y a su hija - ¿Nos vamos, cariño?

-Voy por mis cosas de dormir por si esta noche no me quedo aquí – dijo Hipólita.

-Venga, pues corre, ve, no hagamos esperar a tu abuelo y a tu tío, que están impacientes por verte.

Hipólita fue corriendo por sus cosas, Sophie le preguntó a Sev:

-¿Te va a apetecer continuar haciendo música ahora que viene tu hermano?

-Sí, claro que sí, quiero aprovechar al máximo que hayas venido, Sophie, y él también lo disfrutará – respondió Sev.

-Está bien, entonces esperamos a que llegue para que lo recibas y continuamos, ¿vale?

-Genial.

-Yo voy a preparar la merienda – dijo Violet.

-Te ayudo, mamá – dijo Petunia.

-Muy bien, cariño.

Ambas se fueron a la cocina.

-Llamad a Lily para que baje – dijo Sev.

-Espera a que llegue tu hermano, Severus – dijo Peter – Cuando estemos todos la llamamos.

-Vale. ¿Qué más vamos a hacer, Sophie?

-Podríamos comenzar con la primera clase de armonía, pero prefieres hacerla con Valerie, ¿no? – preguntó Sophie.

-Sí, porque de lo contrario, cuando quedemos con ella tendrás que repetir lo que ya me hayas explicado a mí.

-Cierto, y es mejor con los libros y partituras, que hoy no he traído. Entonces se me ocurre otra idea.

Hipólita bajó corriendo.

-Prince… Prince… ¿me das un pico de despedida hasta la noche? – le preguntó.

-Claro, cariño.

Se dieron un pico y se despidió también con un beso de Andrea. Se marcharon inmediatamente Apareciéndose.

-¿Qué estabas diciéndome, Sophie? – le preguntó Sev.

-Tienes ahí otro instrumento, ¿no? – preguntó ella.

-Sí, un fliscorno.

-Wow… Podríamos tocar juntos un blues, así comienzas a improvisar.

-Buf… pero si ni siquiera conozco las notas.

-Pero, ¿no te ha traído Deborah también el método, Sev? – le preguntó Cecile.

-Sí, claro.

-Entonces las miras ahí y ya está.

-Claro, claro, pero vamos por partes – dijo Sophie - Primero voy a enseñarte el tema al piano, para que sepas de qué notas está compuesto. Te explico algo sobre el fliscorno, que ocurre con muchos instrumentos de viento. Las notas que suenan en el fliscorno no tienen el mismo nombre que las que suenan en el piano, es un instrumento transpositor. Cuando tocas un do en el fliscorno suena un si bemol, y así con todas, un tono por debajo.

-Vaya lío, ¿no?

-Desde luego que lo es, pero no para ti, sino para los pianistas que te acompañen. Tú tocas en una tonalidad un tono por encima de la mía y ya está, llamamos a las notas de modo distinto pero suenan igual.

-Vaya…

-Así que voy a tocar el blues en la tonalidad que lo tocarías tú y después, cuando toquemos juntos, lo haré en la tonalidad que debo hacerlo para que suenen en la misma los dos instrumentos.

-¿Y eso no es mucho lío para ti?

-No, no lo es, los pianistas con formación clásica nos acostumbramos a hacerlo. Y un blues es algo tan sencillo que puedo tocarlo en cualquier tonalidad.

-Por algo existen las siete claves que te comenté una vez, Sev – le dijo Cecile – Mi madre lee las siete.

-Vaya…

-También para cambiar la tonalidad de canciones y adaptarlas a los distintos registros de voz humana sin tener que reescribir la partitura – dijo Sophie.

-Claro…

-Te explico cómo va lo de improvisar. Sobre cada acorde va una escala, pero muchos acordes coinciden en las mismas notas, no te apures, no vas a tener que aprender una escala distinta para cada acorde del tema. De hecho, el blues se improvisa entero con una sola escala de cinco notas nada más, la escala pentatónica. Lo que sí tienes que aprender son las notas del acorde, ya que son las más apropiadas para descansar sobre ellas mientras improvisas. ¿Lo has pillado?

-Sí, sí.

-Estupendo, mente rápida, sí señor.

Llegó su hermano por Red Flu, fue corriendo hasta el comedor y se echó en sus brazos.

-¡Sev! Te he echado mucho de menos…

-Vaya…

-Jo… Tenemos allí un dormitorio para los dos y me ha dado mucha pena que Deborah vaciara los cajones de tu ropa para traértelo todo aquí, quiero que vivamos allí los dos…

-Vamos a hacerlo, cariño, pero has de darme un poco de tiempo para que me acostumbre y se me pase el enfado con mamá, todavía no hace ni veinticuatro horas que me enteré.

-Tienes razón, tienes razón.

-Claro, recuerda cuando tú te enteraste de que yo existía y también te enfadaste con ella.

-Claro, claro… a mí me duró meses el enfado.

-Claro, cariño. Por el momento no pienso volver antes del lunes, así que vas a tener que seguir yendo y viniendo al menos todo el fin de semana, lo siento mucho por ti.

-No pasa nada, Sev. No tengo nada mejor que hacer, es sólo que me gustaría que estuviéramos los tres juntos y que hubieras visto lo contenta que se ha puesto mamá cuando he llegado. Eso también me ha dado mucha pena, que te perdieras ese momento y la primera vez que la he llamado mamá.

-Cierto, a mí ahora también me está dando pena habérmelo perdido, veros tan felices a los dos juntos por fin.

-No importa, Sev, cuando vuelvas tú seguro que se pone igual de contenta. Y yo, va a ser muy especial cuando estemos por fin los tres juntos, después de casi catorce años separados.

-Es verdad, cada vez tengo más ganas de que suceda. Será pronto, no te preocupes.

-Voy a guardarte en nuestro cuarto lo que traigo en la mochila, ¿vale? Es casi toda la ropa, que era lo que menos pesaba. Los libros y las sandalias te los ha traído Lily, ¿ya te lo ha dado?

-No, cariño, no la he visto.

-Subo a guardártelo y bajo, ¿vale? Sigue haciendo música si quieres, yo te escucho.

-Vale, muchas gracias.

El chico fue arriba. Sev estaba al borde de las lágrimas, Cecile lo abrazó.

-Llora, Sev, anda, no te cortes, apenas has llorado y tienes mucho que llorar – le dijo ella.

Lloró.

-Gracias, Cecile.

-Deja de dar las gracias a todo el mundo. Si los demás pasáramos la vida agradeciéndote todo lo que haces por nosotros, no diríamos otra palabra. Y permíteme que te dé un consejo, no te dejes llevar por las ilusiones, deseos y necesidades de tu hermano, él también ha sido culpable de ocultártelo desde que llegó a Hogwarts. Llevaríais tres años juntos si te lo hubiera dicho en cuanto lo supo.

-Cierto.

-Así que, por una vez, sé egoísta y atiende a lo que necesitas tú en cada momento. Deja de preocuparte tanto por los demás y hazlo por ti mismo, que cada cual aprenda a cuidarse solito, como sabes hacerlo tú.

-Tienes toda la razón.

-Aplícate el cuento con todos, también con las llamadas que esperas recibir dentro de un par de horas. Si estás saturado, que las respondan los demás.

-Vale.

-Y lo mismo con Hipólita, si no te apetece estar con sus padres esta noche, no vayas a su casa y ya está. Mira por ti, no por ella, ella también mira por sí misma.

-Desde luego que lo hace, pero entonces quizá duerma solo.

Cecile se vinculó con él.

-Me quedo contigo.

-No para lo que esperas, Cecile.

-¿Qué crees que espero, Sev? No espero nada, sólo hacerte compañía, que no estés solo y puedas llorar, con tu hermano o Hipólita no puedes hacerlo, conmigo sí. Créeme, no daré un paso que no des tú.

-Buf… estoy hecho un lío, Cecile, me dais tantas opciones que no tengo idea de lo que quiero.

-Tienes toda la razón, todavía son las cinco de la tarde y ya estoy pidiéndote que decidas lo que quieres hacer a la hora de dormir. Entonces atiende sólo a lo inmediato Sev, lo que te apetezca en cada momento, para eso está el teléfono y la Red Flu.

-De acuerdo, Cecile.

-¿Te apetece seguir tocando?

-Lo que más, mucho.

-Venga, entonces cuando te calmes continúas y no te preocupes de nada más por el momento. Disfruta a tope el rato que nos queda como llevas haciéndolo desde que hemos llegado, disfrutando y haciéndonos disfrutar a todos.

-Me queda una preocupación.

-Di, Sev, a ver de qué problema grave se trata.

-Que ahora me esperan en casa de Hipólita después de cenar, si no me presento falto a mi palabra.

-Sin mayor problema, Sev. Si llegado el momento no te apetece ir, los llamas por Red Flu y se lo dices, y si no te apetece dar la cara, me llamas a mí y los llamo yo, recuerda que ya los conocí a los dos ayer.

-De acuerdo, Cecile, lo haremos así.

-Vamos, cariño, llora, llora, suéltalo todo…

Cecile continuó diciéndole palabras tiernas y de consuelo mientras siguió llorando y aun después de que se calmara, no se desprendió de él hasta que él lo hizo. Entonces, Sophie le dijo:

-Estás en el momento de tu vida más adecuado para tocar un blues. Una acepción de 'blue' es 'triste' y de ese significado nace el blues. No voy a aturdirte con teorías musicales hoy, ya no más, ya debes estar saturado. Sólo vamos a dejarnos llevar por lo que sentimos, yo tocaré acordes, tú improvisarás, primero al piano o cantando, que es lo que controlas, y más tarde, si te apetece, pruebas con el fliscorno. Tocar vientos es un gran ejercicio físico y espiritual, porque se trata de saber respirar, como cuando cantas, y también es muy curativo.

-Vaya…

-Todo tu cuerpo y tu mente implicados en crear algo bello.

-Claro…

-Sentémonos al piano, anda.

Se sentaron al piano, Sophie comenzó a tocar con la izquierda, muy lenta, la secuencia armónica de un blues menor cuya escala pentatónica incluía sólo teclas blancas, y a improvisar con la derecha. Mientras tocaba le dijo:

-Fíjate cómo doy 'swing' a las corcheas, la primera de la pareja es más larga que la segunda, casi el doble. Es una estructura ternaria, si repartes el tiempo en tres, la primera corchea se lleva dos partes y la segunda una, ¿lo pillas?

-Sí, sí.

-Pero se trata más de sentirlo que de pensarlo. Esto es música salida de lo más hondo del alma.

-Claro.

-¿Te estás quedando con las cinco teclas que utilizo? Dímelas partiendo de la.

-La, do, re, mi, sol.

-Eso es una pentatónica menor. Tono y medio, tono, tono, tono y medio, y tono para llegar de nuevo a la. ¿Quieres darle tú?

-No, sigue tocando un poco más, quiero empaparme del sentimiento que le pones.

-Está bien.

Sophie tocó blues en la menor durante unos minutos más, hasta que por fin Sev le dijo:

-Allá voy.

Ella dejó de improvisar y pasó a hacer 'walking' en los bajos con la izquierda y a tocar acordes con la derecha mientras Sev improvisaba al piano su primer blues. Cuando llevaba unos minutos, Sophie le dijo:

-Muy bien, tienes el 'swing' y el fraseo pillado. ¿Ya has aprendido la escala de oído?

-Desde luego.

-Entonces deja de tocar, canta, llora cantando, suéltalo todo.

Lo hizo, improvisó cantando como un lamento, como le había sonado el flamenco el día anterior, lloró y continuó haciéndolo mientras siguió cantando.

A los veinte minutos estaba exhausto, se interrumpió de repente y sin decir nada a nadie subió al piso alto, fue al baño, se metió en la habitación de invitados, se quitó las zapatillas deportivas, corrió las cortinas, y tal como estaba vestido se metió en la cama, quedándose dormido casi al instante.

. . . . . . . . .

Aquí termina esta parte. La siguiente, "El Año de la Victoria II. Vacaciones Muggles" en dos días.