Capítulo X: Años después - El torneo de Mortal Kombat se aproxima.


Las luces estaban apagadas, dejando la cegadora oscuridad de la noche y un silencio completo apoderándose de una pequeña y humilde casa solitaria en el campo. El silencio fue roto por los pasos de una niña corriendo, huyendo de alguien. Por un instante se detuvo pensando en un lugar adecuado para ocultarse. Apenas se podía filtrar un hilo de la luz de la luna por un espacio del lugar. Fue suficiente para que pudiera ver las puertas de un armario.

Escuchó los pasos de su persecutor, por lo que se apresuró a abrir las puertas -sin perder el sigilo- y se refugió ahí. El individuo entró y encendió las luces. Dio unos pasos lentamente, mientras exploraba el lugar con su vista.

La pequeña niña se encogió, como un reflejo de tratar de ocultarse aún más, escuchando con nerviosismo las suelas de los zapatos del sujeto. Pudo ver su sombra por debajo de las puertas del armario. Caminaba con mucha lentitud.

Repentinamente, él abrió el armario, descubriéndola en el rincón.

—¡Te encontré! —exclamó Kung Lao con una maliciosa sonrisa.

—¡Ay, papá, es la primera vez que pierdo! —la pequeña estaba realmente decepcionada, pues después de tantas veces de jugar al escondite con su padre —su juego favorito—, por fin llegó el día que la encontró.

—Ayer descubrí envolturas de caramelos aquí. Recuerda que la basura va en el cesto —le mostró una envoltura que recogió del suelo, con un gesto de molestia, pero sin perder su sonrisa.

Se trataba de Liu Neng, la dulce hija de Liu Kang y Kitana, quién entonces acababa de cumplir 6 años de edad. Kung Lao le dio su apellido, registrándola como Kung Neng, prometiendo al espíritu de sus amigos que la cuidaría como si fuera suya; como si fuera una Kung de sangre.

Liu Neng había crecido como una linda niña de ojos almendrados y color chocolate, como los de su padre biológico. Le encantaba trenzarse su cabello negro ébano. Kung Lao siempre la llevaba a pescar, al no poder hacerse cargo de ella en las horas de trabajo y no contar con los recursos suficientes para costear una guardería, al recibir un salario bajo.

Una amable mujer de edad avanzada que acompañaba a su esposo a pescar a menudo cuidaba de Liu Neng y le trenzaba su suave cabello. Le enseñó a hacerlo ella misma, por lo que la pequeña siempre se peinaba con una trenza que colgaba sobre su pecho.

Era una niña común que ignoraba su origen y el pasado de sus verdaderos padres, pensando que Kung Lao era su progenitor.

—¡Juguemos de nuevo! Esta vez no me vas a encontrar —Neng lo tomó de la mano, ansiosa por iniciar el juego.

Pese a su eufórica insistencia, Kung Lao simplemente se negó.

—Lo siento, pero ya es muy tarde y mañana tienes que ir a tu primer día de escuela.

Neng entristeció e hizo un tierno gesto de disgusto.

—¿Por qué tengo que ir a la escuela? —estaba en desacuerdo de que esa desconocida cosa llamada "escuela" arruinara sus divertidos planes de jugar y hacer lo que siempre hacía y le encantaba.

—La escuela te encantará. Te enseñarán a leer, escribir y vas a jugar con tus compañeras. Será divertido —trató de convencerla, seguro de que estando ahí cambiaría de opinión.

De pronto sintió algo de entusiasmo pensando en poder leer por sí misma aquellos libros que Kung Lao leía con ella, además de conocer a otras niñas.

—Está bien, pero..., ¿podemos jugar al escondite por última vez? —no planeaba darse por vencida tan fácilmente; por lo que se aferró al pantalón de su padre, implorando por un momento más de juego.

Kung Lao soltó una pequeña risa a causa de su insistencia y la cargó.

—Me encantaría buscarte por toda la casa de nuevo, pero mañana debes levantarte temprano para alistarte —caminó en dirección a la habitación de Neng.

La colocó en su cama, con su pijama ya puesta y la cubrió con las cobijas.

—Hasta mañana —se despidió, dándole un beso en la frente.

—Hasta mañana, papá —respondió después de dar un bostezo.


Mientras tanto, en el Nuevo Outworld, antes Edenia, Shao Kahn había concluido la toma del reino por completo. A pesar de no tener injerencia en el antiguo reino idílico, Raiden supo que era momento de actuar a su favor.

—Dioses Antiguos, vengo a ustedes como un aliado de Edenia que fue testigo de la incursión y el cruel saqueo. A pesar de brindar nuestra ayuda para impedirlo, todo fue inútil. Creemos que Edenia fue tomada de forma injusta, pues sus monarcas fueron asesinados. Les ruego que exijan la devolución inmediata del reino.

Entonces los Elder Gods hablaron al unísono.

—Shao Kahn adquirió un poder inmensurable con la conquista de Edenia. Se ha creado un vínculo muy poderoso entre él y el reino. La presencia de la monarquía edeniana se siente en algún punto. Sólo alguno de ellos podrían reclamar el reino y romper ese vínculo, de lo contrario, el reino seguirá perteneciendo a Shao Kahn.

Raiden estaba muy desconcertado. Para él sin duda Liu Kang y Kitana estaban muertos, por lo que supuso que la presencia a la que los Elder Gods se referían era la de Liu Neng. Naturalmente, ella no podría enfrentar a Shao Kahn, al ser de edad muy corta; por lo que pronto pensó en otra solución.

—¿Y el torneo de Mortal Kombat? —pensó que sería la alternativa definitiva al problema.

—Los edenianos están bajo el imperio de Shao Kahn. No hay quien luche en un torneo a favor de Edenia, a menos que otro reino quiera interceder por ella y representarla.

—La Tierra luchará a favor de Edenia —de inmediato pensó en reunir a sus mejores luchadores para la gran batalla.

— Arriesgar a tus guerreros por una causa que no les compete es un acto generoso, Raiden. Pero debes saber que los efectos negativos que esto ocasionaría son desconocidos —advirtieron.

Raiden desde un principio sabía que podía haber un margen de riesgo, pero confiaba plenamente en sus luchadores y deseaba profundamente que Edenia fuera salvada. Kitana hizo mucho bien por la Tierra a pesar de no ser su reino natal. Raiden estaba en deuda.

Además, temía que el poder que Shao Kahn adquirió tras la conquista pudiera ser usado contra el Earthrealm. Sin duda ese poder sería desvanecido con la derrota en el torneo y la expropiación de Edenia.

—Dioses Antiguos, Earthrealm acepta desafiar a Shao Kahn en el torneo de Mortal Kombat —los beneficios que obtendrían al participar en el torneo eran mayores al riesgo, según su consideración.

Los Dioses Antiguos aceptaron el desafío. Pronto convocarían a Shao Kahn y sus guerreros para enfrentar el duelo.

En su trono, el emperador reía, al escuchar a Shang Tsung leyendo la convocatoria suprema que anunciaba el torneo.

—Un ridículo intento desesperado del patético dios del trueno por quitarme mi reino —Shao Kahn le restó absoluta importancia a la convocatoria, a pesar de ser emitida por una orden superior.

—Mi señor —Shang Tsung intervino—, el reino es suyo, sí; pero si resultamos triunfadores en el torneo, Edenia se fusionará con el Outworld. Logrará una expansión prodigiosa. Nuestros guerreros aplastarán como tierra a los débiles luchadores de Raiden. Nada pueden hacer contra nosotros.

Shao Kahn guardó silenció por un momento. Se levantó de su trono y azotó su temible mazo contra el suelo.

—¡Nada pueden hacer contra Shao Kahn! —sintiéndose invencible, fue aclamado por los tarkatanos y otros súbditos presentes en el recinto—. Prepárense para ganar.

Shang Tsung asintió, convencido de que seleccionaría a los mejores luchadores que participarían en el brutal encuentro. Las ovaciones eran ensordecedoras y Shao Kahn las disfrutaba con cruel soberbia.

Rain observaba la escena desde una esquina, sonriendo maliciosamente.


Al siguiente día, Neng asistió a su primer día de clases, una escuela para niñas. Miró a su alrededor, curiosa por el nuevo entorno. Veía a muchas compañeras ir y venir. Caminó en dirección al que según indicaciones, era su salón de clases.

Casi a la entrada del salón, caminaba lentamente una niña que parecía algo despistada. Estaba peinada con dos trenzas a los lados y usaba lentes con mucho aumento, de armazón redondo y dorado.

Una niña de segundo grado, más alta y robusta en comparación a las otras niñas, iba acompañada de otras dos. La pequeña de las gafas estaba tan distraída con unos carteles que había afuera del aula, que accidentalmente chocó con ella.

—Lo siento —se disculpó bastante nerviosa, al ver su rostro molesto.

—¡Fíjate por donde caminas, tonta! —le dio tal empujón, que la hizo caerse de sentón.

La caída ocasionó la hilaridad de sus dos irritantes acompañantes, mientras avanzaban para ir a su respectivo salón, burlándose estrepitosamente.

Neng a lo lejos observó todo. Caminó hacia la pobre pequeña aún en el suelo.

—Esa niña es muy agresiva —le extendió su mano y la ayudó a levantarse. Miró de reojo a la imprudente agresora, quién ya se hallaba varios pasos adelante.

—No fue mi intención chocar con ella. Muy seguido choco con la gente, pero nadie me había pegado por eso... hasta ahora —se sacudió su vestido y se acomodó las gafas, las cuales se enchuecaron un poco—. ¿Tú también eres nueva?

—Sí, es mi primer día de clases —recordó con nostalgia su hogar y sobre todo a su padre—. ¿Cuál es tu nombre?

—Soy Ling Lin.

—Yo soy Kung Neng —se presentó con una cálida sonrisa —. Entremos al salón.

El inicio de las clases de Neng no fue el ideal, a causa de esa experiencia; no obstante era el inicio de nuevas lecciones por aprender, no solo en el ámbito académico, sino también en la vida misma.