Luz,

A veces creemos que somos indispensables en la vida de algunas personas.

Gracias a ti, aprendí que no está mal extrañar a alguien,

Aunque es doloroso, siempre se puede seguir adelante, pensando que en algún

Tiempo, podremos volver a vernos, ten claro que nunca me detendré y encontraré

Alguna manera de que regreses, confía en esta bruja vieja.

y por último, no hagas nada extraño, recuerda que Owlbert

TE ESPÍA.


"Que raro que Eda sea tan críptica" Doblo la carta en dos y la guardo en el bolsillo de su pijama. La carta era demasiado corta, comparada a las que acostumbraba a recibir. El contenido era una promesa de la que no hablaban hace meses.

"Eda también sabe que la extraño mucho, se lo digo en absolutamente todas las cartas"

Eda siempre le escribía cartas graciosísimas, contando algunas de sus locuras, o cualquier anécdota con King. Este pequeño mensaje era demasiado sentimental, algo muy raro saliendo de ella.

Durante el corto minuto que reflexiono sobre el contenido de la carta, no se percató que la gatita ya no estaba en su cuarto. Miro por todos lados, pero no había rastro. Seguramente había salido de la habitación por la ventana.

Pensó en lo que había ocurrido recién y sintió un feo remordimiento. Ella no había querido ser cruel al tirarle de la cola, simplemente fue la única forma de evitar que la gata se robara la carta. Era la primera vez que le hacía daño a un animal y aunque fuese algo pequeño, se sentía muy arrepentida.

Salió rápido de su habitación, bajando la escalera de a dos escalones, abrió la puerta con fuerza, pero no pudo salir. Dos pares de ojos la miraban con curiosidad, bloqueando la puerta de entrada. Los miro con asombro, y se dio cuenta enseguida que estos visitantes tenían algo peculiar.

Una gata grande, de largo pelaje gris y mirada bicolor, junto a un pequeño gatito completamente negro, que parecía tener algún problema en los ojos, estaban tranquilamente sentados en la entrada de su casa.

"Mew, Meew…."Ambos chillaron al unísono, el sonido era más parecido al de un mapache que a otra cosa.

¿Cuál era su problema con los gatos? ¡¿Por qué de pronto había tantos?!

Se agachó acariciando la cabeza del pequeño, quien salto de emoción ante el toque.

"Hola… Pequeños, ¿Necesitan algo?"

Por supuesto genio, espera que los gatos te respondan.

Miró alrededor, esperando encontrar alguna señal de la gatita "Si me disculpan, ando en búsqueda de una amiga, es un poco más pequeña y de pelaje marrón, con grandes ojos dorados ¿No la vieron?"

Ambos gatos movieron su cabeza en forma de negación. Mentiría si dijese que eso no la asusto.

"Bueno…. Regreso en segundo, tengo que ir por ella" Intento salir por la puerta pero el gato de los ojos raros comenzó a escalar por su pierna.

"¿Qué haces pequeño? ¡Baja de ahí!" El gatito la ignoro y continuo subiendo hasta llegar a su cintura, sintió como sus garras se enterraban en la tela de su pijama "¡Auch, me lastimas!" Separo al gato con fuerza de su cintura, y lo dejo con cuidado en el piso.

Camino unos pasos fuera de su casa, mirando todo a su alrededor, lamentablemente no logro ver nada. Podía intentar revisar en los árboles, pero se arriesgaba a que su madre la regañara si la veía afuera tan temprano.

"¡Agh! la perdí otra vez" Ahora que la había lastimado, sentía menos esperanzas de que la gatita regresara.

Regreso a casa y los dos visitantes peludos continuaban allí. Quizá podía abrazar a uno de ellos para no sentirse tan triste.

Se acercó a la gata gris y la tomo en brazos, se sorprendió de lo liviana que era para el gran tamaño que tenía. Era mejor mantener al pequeño de garras afiladas más alejado. Envolvió los brazos en la gata y esta de inmediato esta comenzó a ronronear. Se fijó de inmediato que la gata y el pequeño no tenían ningún rasgo en común, ella tenía un ojo color ámbar y el otro gris. Ambos no se parecían para nada, pero supuso que la genética a veces podía funcionar de forma rara en los gatos.

"Tú debes ser la madre del pequeño" De inmediato un gruñido agudo salió de la garganta de la gata gris, estuvo a punto de reír ante la escena. No entendía si era una confirmación o un gesto de rechazo.

"Creo que ambos deben estar hambrientos, tengo bastante comida de gatos para ofrecerles" Tenía bastante comida que había comprado especialmente para gatita. Lamentablemente el destino se esforzaba en separarlas.

El pequeño parecía feliz, lo miro más de cerca y noto la extraña coloración de sus ojos, parecía que sus pupilas eran completamente rojas, y su iris era de un color amarillo muy saturado. No parecía enfermo a simple vista, quizá solo era una enfermedad rara de gatos, de la cual jamás había escuchado. ¿Todo tenía que tener una explicación lógica, o no? después de todo estaban en el mundo humano.

Dejo a la gata en el piso y camino hacia la cocina, mirando hacia atrás para asegurarse de que ambos la siguieran. Saco una de las bolsas de comida y puso un poco en el comedero con forma de pata de gato. No tuvo que esperar mucho para que el gatito negro saliera disparado a comer las coloridas croquetas. Tragaba como si estuviese desesperado, al parecer el pobre si estaba demasiado hambriento.

La gata gris la miraba con atención, se acercó despacio y acaricio su cabeza contra su pierna "¿Tú no quieres comida? Hay suficiente para los dos" Acarició a la gata bajo la barbilla y noto que un colmillo sobresalía de su hocico de forma graciosa.

Observo un segundo después al pequeño y se sorprendió al ver que ya se había devorado toda la comida, sin dejar absolutamente nada.

"De verdad, creo que deberías enseñar a tu hijo a cazar, mira lo hambriento que estaba"

La gata se acercó al pequeño y lo golpeo con una pata en la cabeza, un segundo después ambos gatos estaban peleando, dándose mordidas y patadas.

"¡Deténganse, nada de peleas!" Los separo rápidamente pensando en el gran regaño que se llevaría si su madre llegaba a ver a estos dos invitados adentro de la casa.

De pronto la gata gris, giro su cabeza abruptamente, parecía concentrada en un punto lejano. Se volteó para mirar donde la gata estaba mirando.

Un gran y horrible mosquito volaba encima de su nevera. Odiaba a los mosquitos más que a nada.

La gata escaló con gran agilidad por encima de las encimeras, movió su cola posicionándose en modo de ataque, y luego de un simple mordisco el mosquito dejo de existir.

"Retiro lo dicho, eres una muy buena cazadora, acepta mis disculpas" La gata le dio una mirada satisfecha, parecía contenta de demostrar su punto.

De un momento a otro, como llamados por una voz invisible, ambos gatos corrieron veloces hacia la sala de estar. Se apresuró en seguirlos, tenía que evitar que hicieran cualquier desastre. La gata gris se acostó cómodamente en el sofá y el pequeño parecía interesado en los delicados adornos que su madre tenía encima de la mesa de café.

"Chicos, lo lamento pero creo que deberían irse, mamá se despertara en cualquier momento y me matará si los ve acá" Ambos gatos la ignoraron por completo. Se acercó a la gata gris para bajarla del sofá, pero la felina saltaba por todos lados, esquivando ágilmente sus brazos.

El sonoro golpe de algo rompiéndose en el piso, la hizo palidecer.

El hambriento gato negro había tirado al piso una pequeña figura de porcelana, rompiéndola en que pequeños pedacitos blancos. Para su peor suerte, era la figura que tenía forma de un niño pequeño comiendo pastel, su madre amaba esa pieza.

"¡¿Mija, que fue ese ruido?!" Sintió la voz y los pasos de su madre desde la escalera.

Esto era lo ultimo que le faltaba.

Se movió rápido y pateo los restos de la figura destrozada abajo del sofá. Su madre la miro con cara somnolienta, segundos después su cara cambio por completo al ver a los dos gatos.

"¡Que es esto Luz! ¡Te dije solo uno! ¿Por qué tienes dos gatos acá?" Grito su madre furiosa.

"¡No es lo que piensas! Solamente aparecieron afuera de la puerta y les di comida ¡Nunca los había visto antes!"

Su madre se acercó más, mirando a la gata gris con curiosidad, un segundo después soltó un gran estornudo.

"Tienes que llevarlos afuera Luz, no te acostumbres a darles comida a los gatos callejeros, o harás que me arrepienta de mi decisión"

"Está bien, no lo haré más" Agacho su cabeza y respondió rendida.

Tomo a ambos gatos entre sus brazos y se dirigió hacia la puerta. Se había olvidado de cerrar la puerta anteriormente y agradeció que su madre no se diera cuenta de su pequeño error.

"Lo siento traviesos, tendré que dejarlos" Tristes maullidos de lamento salieron de ambos felinos "Aunque si tienen hambre, vengan de todos modos, dejaré un poco de comida para ustedes afuera"

Ambos gatos la miraban expectantes, acaricio sus cabezas por última vez y cerro la puerta. Su madre la esperaba cruzada de brazos y con una mirada amenazante.

"¿Y se puede saber qué hacías despierta tan temprano?"

"¿Nada?"

"Luz Noceda"

"¡Nada mamá! ¡Solo bajé por algo de comida!"

Su madre comenzó a analizarla más de cerca.

"¡Mira esas ojeras, estuviste despierta toda la noche!"

Ya no necesitaba más regaños, ahora solo necesitaba ir a dormir.

"Ups" dijo agachando sus hombros, fue lo único que pudo expresar su somnoliento cerebro.

"Niña irresponsable, cuantas veces te he dicho que desvelarte hace mal a tu salud"

"Lo sé, mamá. Te prometo que nunca más lo haré" Ahogo un gran bostezo con su mano y se apuró en subir las escaleras "Ahora iré a dormir y no te molestaré más".

"¡Luz, regresa acá, esta conversación no ha terminado!

Cerro la puerta de su habitación de un golpe y se tiró en su cama sin ganas, golpeándose sin querer con el libro de Azura en la cintura.

"¡Auch, estúpida versión de tapa dura!"

Tomo el libro y lo tiro al piso, era tan pesado que retumbo al tocar el suelo. Quedo abierto en ambas caras, mostrando la primera página, la cual estaba totalmente rasgada de una orilla. ¿Cómo había ocurrido eso?

Bajó de su cama y lo recogió, tomo la página entre sus manos, examinando cuidadosamente el rasgado. Era irregular y atravesaba toda la página. Era imposible que ella lo hubiese hecho, siempre trataba con cuidado sus libros... Bueno a excepción de ahora que lo había tirado al piso.

Pensándolo detenidamente la gatita era la única aparte de ella, que había estado en su cuarto, y también, ella era la única que tenía garras capaces de destrozar una hoja ¿Pero por qué un gato estaría interesado en romper un libro? También había visto a la gata robar la carta de Eda, y eso era incluso más extraño.

Ella había escuchado a Owlbert entrar a su cuarto, siempre lo hacía. Así que en ese momento estaba despierta y había visto toda la escena mientras se hacía la dormida. Quería ver cuál era la reacción de la gata al ver a un búho, pero al parecer le intereso más la carta ¿Pero, por qué?

Dejo el libro en su escritorio y se regresó a la cama. Ahora tenía demasiadas cosas en la cabeza y toda la idea de dormir se había desvanecido por completo. Miro al techo durante unos minutos, imaginando teorías locas y fantasías extrañas dignas de un fanfiction.

Quizá la falta de sueño me hace pensar estupideces.

Saco de vuelta la carta de Eda. La leyó otra vez, y estaba demasiado segura de que Eda no escribiría algo así de sentimental, así de la nada. En su última carta habían conversado sobre recetas de cocina, era algo que acostumbraban hacer. Luego Eda respondía la carta cambiando la receta con ingredientes extraños y agregando una buena cantidad de insectos asquerosos, argumentado que aparte de ser deliciosos eran fantásticos para el cutis.

¿Quizá Eda había encontrado la forma de ayudarla a regresar? ¿O simplemente tuvo un momento sentimental y recordó que la extrañaba?

Analizo la carta durante unos segundos más, no entendía si la parte de que Owlbert la espiaba, era solo una broma o era real. En todo caso ella no estaba haciendo nada raro, su vida era de lo más normal y aburrida. Aunque que podría jurar que esa parte se veía un poco extraña.

Recordó las cartas de King, quien usualmente escribía acertijos y escondía palabras secretas solo para molestarla. Luego de un tiempo ella comenzó a hacer lo mismo y pronto sé convirtió en tipo de juego entre los dos. Eda al parecer no tenía idea sobre eso, por lo que sería raro que comenzara a hacerlo de la nada.

Miro la carta por última vez, buscando alguna cosa oculta. Comenzó uniendo las mayúsculas, esa era la forma más simple y perezosa de ocultar palabras. Ahogó un grito al descubrir lo que decía.

¿LA GATA?

¿Qué quería decir con la gata? ¡Espera! ¿Cómo Eda sabía que había una gata?

TE ESPÍA

Se levantó de un golpe de la cama, no sabía que pensar ahora mismo.

¿Entonces sus sospechas y fantasías locas eran ciertas?

¿Pero...?

No podía ser cierto

No tenía sentido

No después de tanto tiempo...