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Capítulo IX
Las semanas posteriores Lily todavía se sentía avergonzada por lo que había pasado y le costaba ver a los ojos Hal, quien ahora portaba en su brazo una llamativa cicatriz que se aseguraba de mostrar conforme el verano avanzaba.
El calor de Godric no era tan intenso como en Teva así que aprovechó esa temporada para aventajar en su entrenamiento. Los escuderos y caballeros no tenían el mismo rendimiento a mediodía cuando el sol los bañaba directo, así que tomaban periodos de descanso mientras que Lily podía seguir entrenando sin ningún problema. Eso le permitió trabajar sus habilidades.
Su puntería había mejorado, pese a que no era de los mejores del grupo podía decir que con un poco más de práctica sus flechas podrían causar heridas mortales. Levantar una lanza ya no implicaba tanto esfuerzo como en un inicio y Sirius la hacía llevar la cota de malla durante gran parte del día para acostumbrarse al peso.
Las lecciones con James también habían sido redituables, lo veía solo una o dos veces por semana dependiendo las ocupaciones que tenía el Conde. Usualmente eran lecciones orales donde le explicaba la parte teórica del manejo del hema levitando objetos a su alrededor sin ningún esfuerzo, le hizo saber que cada hechicero concentraba la fuerza del hema en diferentes puntos del cuerpo dependiendo las habilidades del susodicho.
—Algunos hechiceros en el frente pueden manipularlo haciendo uso de sus manos, brazos, incluso un dedo en particular… mi padre lo concentraba en el pecho, algo un tanto extraño —expresó James dando vueltas por la sala seguido por un fila de velas detrás de él.
Lily recordó que Albus utilizaba los dedos, aunque a él solo lo había observado mover objetos pequeños.
—¿Tú dónde lo concentras? —preguntó con curiosidad.
La pregunta pareció tomar a James con la guardia baja, las velas volvieron a su lugar en el suelo e hizo un mohín demostrando incomodidad.
—En realidad en ningún lugar en especial. Hace tiempo un Sumo Sacerdote me dijo que estaba en mi cabeza pero puedo sentirlo en todo el cuerpo. Quizá aprendí a hacerlo de esa forma para mejorar mis habilidades en batalla —sonrió con tensión.
Si bien después de la pelea con Hal no habían vuelto a discutir, todavía no se agradaban del todo. James era arrogante, mezquino y hacía uso de su posición para ejercer su voluntad. Sin embargo, las lecciones eran ricas en información y no pensaba desaprovechar el tiempo debido a su desagrado por el maestro sabiendo cómo era la situación fuera de esas murallas, debía estar lista para luchar lo más pronto posible.
—Hay algo que no me queda claro —dijo más tarde, recordando dudas que habían rondado su cabeza los últimos días—, ¿el Rey es un hechicero? Es decir, ¿los Pendragon pertenecen a alguna casa?
James negó con la cabeza en cuclillas a su lado, tenía el hábito de ponerse a su altura cuando le daba lecciones, algo que resultaba muy útil cuando hablaba con niños, pero en su caso solo le incomodaba la cercanía del Conde. Podía sentir su hema cálido recorrerla entera y si él también lo sentía no lo mostraba
—De ninguna manera. Es un poco confuso pero los Pendragon son simples mortales, las casas solo fueron dispuestas para los favoritos de Arturo I. Sin embargo, obtienen sus poderes de otra forma. Esto es un secreto, no puedo compartirlo contigo, tal vez cuando seas una hechicera formada te vuelvas digna de confianza —agregó poniéndose de pie.
Por la expresión del Conde entendió que era información delicada, pero no pudo evitar preguntarse ¿qué pasaba si un secreto como ese llegaba a oídos equivocados? ¿y si alguien soltaba la lengua en presencia de alguien como Lord Voldemort? James había demostrado saber mantener algo tan importante en las sombras, ¿pero sería así para todos?
Trató de apartar los pensamientos de su cabeza con una sacudida, contemplando a James que también parecía pensativo.
—¿Es cierto que irás a Nodria? —preguntó recordando los rumores entre los escuderos.
James seguía distraído, aun así clavó los ojos marrones en ella y asintió con la cabeza.
—En unos días partiré a la capital. Tengo asuntos que atender con el Rey y el equipo de defensa del reino.
—¿Las cosas están bien en el frente? —cuestionó con preocupación.
—Nunca están bien, pero al parecer Glador está pasando por un periodo de recesión en donde no han intentado avanzar en el territorio —dijo con el dedo en la barbilla pensativo comenzando a formarse llamas doradas en sus pupilas—. No me da buena espina… deben estar planeando un nuevo ataque y tenemos que estar preparados. Así como tú —agregó después de unos segundos de silencio.
Lily extrañada alzó una ceja.
—¿A qué te refieres?
—No creas por un instante que por el hecho de que estaré fuera algunas semanas significa que te retrasarás en tu entrenamiento. Ven, tengo algo que mostrarte —espetó volviendo a la expresión seria y afilada de siempre.
Confundida lo imitó y siguió sus pasos a través del castillo.
Reconoció algunos pasillos que llevaban a los calabozos, antes de cruzar la reja custodiada por guardias giraron en sentido opuesto hasta un corredor más amplio. Una gran puerta de madera fue abierta llevando consigo un olor característico.
—Esta es la biblioteca de Godric —anunció James señalando los grandes estantes repletos de ejemplares.
Lily casi dejó caer la mandíbula de la impresión. El espacio era muy grande y había cientos de libros por todo el lugar, era un sitio descuidado con una vasta dosis de polvo.
El Conde la guió a través de los estantes hasta llegar a una sección un tanto escondida, también era el área que se veía más limpia. Había una gran mesa con libros a los lados, tinta, plumas y pergaminos organizados en un extremo, así como un asiento elegante en color rojo. Se notaba claramente que era el espacio que James ocupaba en la biblioteca.
—Durante mi ausencia quiero que leas esta sección —dijo.
—¿Estás loco? —exclamó enfadada observando las cuatro paredes de libros que se alzaban hasta el techo abovedado—. Es imposible que lea todo esto en tan poco tiempo.
James la miró visiblemente molesto.
—Inténtalo —expresó con sequedad y dio media vuelta para salir del recinto.
Dos días después James partió a Nodria con una comitiva de caballeros así que esa misma tarde, después del entrenamiento, regresó al pequeño lugar; se sentó en el mullido sofá y empezó con el primero de los libros.
Durante su infancia y adolescencia disfrutó leer, pero ahora en su adultez no lo hacía tan a menudo que le llevó tiempo tomar ritmo. Después fue sencillo y ella misma se descubrió pasando largas horas en la biblioteca sin chistar. Disfrutaba tanto las lecciones que al llegar el anochecer el bibliotecario acercaba una vela cuando la luz que se colaba por las ventanas era insuficiente.
Aprendió de historia, algo de lo que nunca había mostrado interés por lo que solo sabía lo que Mary, su institutriz, le había enseñado en su adolescencia. James le había hecho leer cómo surgió la guerra de los cien años y aunque entendía el trasfondo de ello, haciéndola que comprendiera su postura en la disputa, Lily no la compartía. Ahora entendía que los gladorianos tenían hechiceros debido a la Antigua Religión, sin embargo, estas habilidades eran otorgadas por medio de la brujería con el único fin de luchar en la guerra.
Esto a Lily le pareció muy similar a Uthor, pero conforme avanzaba en la lectura se percató que el hematismo era muy diferente. Los dragones legendarios habían llegado al reino otorgando el hema a cada uno de los seres de forma natural; contrario a la Antigua Religión que tomaba parte de costumbres que dictan contra la naturaleza.
A pesar de la nueva información, Lily llegó a la conclusión de que la forma en la que se manejaban las dos disputas era incorrecta. Podía verlo en los rostros de cada una de las personas de las islas que había visitado en los últimos cinco años, en el de Mary y la población de Teva con la que había crecido. Las Islas Colindantes eran su hogar y nunca podría estar de acuerdo con la posición del Rey.
El origen de Uthor también estaba dentro de las lecciones que debía aprender, así como la fundación de la Orden de Merlín y la historia completa de aquellas familias que fueron honradas con dones. Lily descubrió que la familia Peverell habían sido los favoritos del rey Arturo I, por lo que les otorgó el dominio sobre el hema como premio mayor así como un puñado de otras familias. Los descendientes Peverell poco a poco fueron desapareciendo para terminar con pocos miembros pertenecientes a la familia Potter, siendo James el último de ellos.
Era extraño considerar que no tenía más familia, pero no era así, ya que Fleamont Potter era el Conde de Godric y la cabeza principal de la casa Gryffindor, y su madre, Euphemia, la hermana mayor del actual Rey conocida como la Duquesa de Uthor. Al morir sus padres, James había sido bendecido con los dos títulos más importantes del reino, pero también con una gran responsabilidad.
El actual Rey Arturo VII no tenía hijos a pesar de estar próximo a los cincuenta años. Todos lo atribuían a que era estéril, ya que su esposa, la Reina consorte, gozaba de buena salud. Por lo tanto, a falta de un heredero, James era el siguiente en la línea de sucesión. Cuando llegó a esta parte Lily pudo entender mejor el aura que rodeaba al susodicho.
Recordó cómo Sirius le había exigido respeto hacia James y la forma en que se dirigían a él con el tratamiento «su gracia» eso debió darle señales desde el principio, pero consideró que todos exageraban. También le dio un sentido a la posición que tomaba en la defensa del reino, como heredero a la corona era natural que se involucrara activamente en el tema.
Eso la hizo enojar. Él era la persona que tenía el poder para hacer la diferencia, en cambio, se quedaba cruzado de brazos siguiendo las órdenes de un chiflado rey que había demostrado no tener el liderazgo suficiente para guiar a un reino en guerra. Analizándolo mejor, se daba cuenta que quizá James tampoco lo tenía. Cada vez llegaba a la terrible conclusión de que Lord James Potter era un hombre despiadado, el peor ser humano que hubiera pisado el reino de Uthor.
Para su molestia parecía ser la única que lo pensaba, los escuderos lo admiraban y los caballeros seguían sus órdenes con gusto.
—¿Por qué bufas? —preguntó Sirius el día siguiente después de recorrer los campos a trote.
—No entiendo por qué todos lo siguen —espetó con molestia sin necesidad de decir su nombre.
Sirius soltó una risita en burla antes de decir:
—Es un buen maestro.
—¿Buen maestro? ¿Llamas buen maestro a humillar a posta a sus caballeros en cada entrenamiento?
Sirius sonrió ligeramente.
—Eso lo hace para que aprendan. Es exigente, no lo voy a negar, pero es necesario para que no bajen la guardia. No lo hace por humillarlos sino para prepararlos para el frente.
Hizo un mohín y espetó con curiosidad:
—El frente. ¿Cómo es eso? Has estado ahí, ¿cierto?
El caballero asintió.
—Así es. Más veces de las que me gustaría —suspiró con pesar—. No es agradable. Podrías viajar o luchar por días. Duermes poco y comes menos. Ideas estrategias que la mayoría de las veces son un fracaso. Ves morir a tus aliados y asesinas a aquellos que no lo son. Por eso prefiero estar aquí, aportar en la formación de caballeros que lucharán por nuestro reino; aunque, honestamente, siempre estoy a la espera que un día su gracia me llame y diga que debo ir al frente, y por Uthor, debo estar preparado —exclamó resignado.
—¿Eso es lo que James espera? ¿Qué yo vaya al frente?
—Eres una médium —dijo como si fuera obvio—. Un hechicero puede pelear contra veinte hombres a la vez.
Lily se sacudió confundida.
—Sigo sin comprender cómo es que las artes hemásticas se usan en la guerra.
—Eso es fácil —sonrió Sirius más relajado, acercándose y quitándole la espada—. Recuerda la batalla con James en el campo. Él es ágil, rápido y letal. Utiliza su hema para ayudarlo a sostener la armadura y moverse con mayor agilidad, recibe golpes fuertes sin tambalearse porque usa el hema para mantener los pies sobre la tierra. Además él te engañó, utilizó las artes hemásticas para hacerte caer, ni siquiera te empujó con fuerza.
Frunció el ceño con molestia.
—Eso es trampa.
—Es luchar contra un hechicero —Amplió Sirius su sonrisa—. Por eso es importante que sigas tu entrenamiento, si logras dominar el hema podrás hacer las mismas cosas y podrás compensarlo.
Aquello solo la hizo tomarlo como un reto. Vencer a James en una batalla sería sumamente placentero y lo lograría aunque eso llevara tiempo.
Se esforzó como nunca lo había hecho ejercitando su cuerpo durante el día y su mente por las noches. Leía todo lo que podía casi como si fuera una adicción. Rupert, el bibliotecario, se había vuelto una persona con la que gustaba conversar, gozaba de muchos conocimientos y presumía haber leído la mayoría de los libros del lugar. En ocasiones, tenían largas conversaciones hasta que las velas se consumían por completo y ella debía volver a su habitación.
Para su deleite poco a poco se notaban sus avances, no solo en conocimientos sino también físicamente, su cuerpo comenzó a tomar musculatura. Dejó de ser la médium flaca para convertirse en una mujer fuerte que llamaba la atención. Aunque al principio la trataron con delicadeza, pudieron darse cuenta muy pronto que Lily quería ser tratada como una igual; le costó, pero se ganó el respeto de los escuderos mayores y caballeros recién graduados a base de entrenamiento y una lengua afilada.
Los siguientes días después de la partida del Duque pudo sentirse más relajada, alegre pensó que podría concentrarse en sus entrenamientos sin necesidad de su hema distractor fluctuando por todas partes. Sin embargo, las cosas no fueron como lo esperaba.
Conforme pasaban los días desde la ausencia de James la energía del pueblo decayó notablemente. Los rostros alegres no eran tan frecuentes y el entusiasmo por las actividades no estaba en su apogeo. Lily se preguntó cómo es que era posible, ella por el contrario pensaba que todos podrían estar mucho más relajados por la ausencia de la máxima autoridad en el pueblo.
Al poco tiempo ella misma lo sintió, la ausencia del hema de James se reflejaba en casi todo: la comida no sabía tan deliciosa, los entrenamientos eran tediosos y aburridos, y el tiempo de ocio inútil. No tardó mucho en darse cuenta que el poderoso hema de James influenciaba la actitud del pueblo.
—Todos parecen estar afectados porque James no esté aquí —le dijo a Sirius después de la cena.
Todavía estaban sentados en el salón disfrutando de la voz de los juglares. Contrario a otros días los caballeros parecían desanimados y solo se dedicaban a escuchar, mientras que normalmente cantaban en voz en cuello los cantos conocidos.
Sirius sonrió con picardía.
—No me digas, ¿ya lo extrañas? —Soltó una risita.
Lily entornó los ojos visiblemente molesta.
—Sabes de lo que estoy hablando y no, no lo extraño.
—En realidad no entiendo mucho del hematismo así que tendrás que esperar para preguntárselo a él.
Después de eso Sirius no emitió palabras y se fue a dormir sin haber resuelto sus dudas.
Trató de ignorarlo los días posteriores pero no podía, la forma en la que el pueblo había cambiado ante la falta de su energía era abrumadora, incluso algunos sirvientes se habían reportado enfermos. Los caballeros no parecían muy animados durante sus entrenamientos a pesar de que él no siempre los acompañaba. ¿Qué infiernos estaba pasando?
A los pocos días se dirigió a la biblioteca a buscar respuestas. Rupert no se sorprendió de verla y siguió sumergido en la lectura, mientras Lily fue a los estantes buscando algo que le explicara cómo era que el hema influenciaba en las personas. Lamentablemente la información no era útil, solo señalaba los tipos de manifestaciones del hema en hechiceros y descendientes de las casas de la Orden de Merlín.
—Necesito ayuda —espetó decidida dejando caer un gran libro sobre la mesa de Rupert.
El bibliotecario de cabello blanco alzó una ceja expectante.
—¿Qué se le ofrece, señorita Lily?
—Quiero saber si hay material de lectura sobre la forma en la que el hema influencia a las personas comunes. No hechiceros, no descendientes, no médiums, solo personas ordinarias.
Rupert se llevó una mano a la barbilla pensativo.
—Tal vez en El amor en forma de hema por Robert J. Anderson.
—¿El amor? —Frunció el ceño. — No creo que eso sea lo que esté buscando.
—No pierdes nada con echarle un vistazo. Lo encuentras en la sala dos.
Sin muchas expectativas Lily se dirigió al lugar donde le indicó el bibliotecario. Si había tantos libros en ese lugar ¿cómo es que él había llegado a esa conclusión? Ella solo quería saber cómo era posible que el hema de James influenciara en la vida del pueblo de Godric, no podía ser tan complicado.
Abrió el libro con tonalidad escarlata y se dispuso a leer. La letra era apretada y brusca pero aun así le sorprendió la sencillez de la redacción. Robert J. Anderson había estudiado la forma en que el hema se veía influenciado por el amor tomando como ejemplo el caso de Ignotus Peverell, uno de los primeros Gryffindor del reino.
Ignotus vivió en un pequeño pueblo desaparecido que solía ser atacado por hombres de Priuria debido a una antigua disputa civil, privilegiado con un poderoso don, marchó al campo de batalla. La lucha duró tres días y él fue el único sobreviviente, la leyenda decía que su hazaña se debía al poder del amor. Dicho en otras palabras, el amor de su pueblo había fortalecido el hema de Ignotus haciéndolo prácticamente invencible. En recompensa, el pueblo gozaba de bienestar y seguridad otorgado por el hema del hechicero. Según el análisis de Robert J. Anderson el hema se alimentaba con el amor recíproco y era la forma más natural de fortalecerlo.
Lily tuvo la idea en la cabeza por varios días dando vueltas por los rincones más oscuros de su mente. Sin planearlo pensó mucho en Killian, recordando cada uno de los momentos que había pasado a su lado y todas las dificultades que habían atravesado juntos. El amor por Killian explicaba por qué durante su tiempo en Tilliam parecía tan poderosa, curaba sus heridas y enfermedades, podía soportar las bajas temperaturas del invierno e incluso, durante su muerte, ella había provocado un temblor que hizo estremecer la isla. El amor de Killian la había hecho sobrevivir y su amor por él la habían hecho más poderosa.
Fue entonces cuando comprendió que el pueblo de Godric estaba firmemente influenciado por el hema de James. Ellos lo amaban mucho más que por ser el conde, duque y el futuro rey, lo admiraban y respetaban por lo que era; James como respuesta a ello, les brindaba el bienestar que necesitaban. Sin el hema de James el estado de ánimo bajaba.
Los siguientes días se dedicó a tratar de entender qué era lo que tanto amaban. James era el peor hombre que había conocido en su vida, era mezquino, cruel y egocéntrico, gustaba de humillar a la gente y ejercer su voluntad. Sin embargo, a su regreso inconscientemente comenzó a prestarle más atención. No compartían entrenamientos pero podía sentir su presencia donde estuviera debido al gorgoteo en el estómago.
—Presta atención —la reprendió Sirius molesto con una mueca.
No sabía cuánto tiempo había pasado mirando al Duque en compañía de un grupo de pequeños pajes a su alrededor.
—¡Otra vez, su gracia, otra vez! —exclamó divertido uno de los niños dando brincos.
James esbozó una sonrisa antes de que sus ojos se volvieran dorados y el pequeño se elevara un metro del suelo. Las risas infantiles no se hicieron esperar y muy pronto estuvo rodeado de más de diez niños, todos dando saltitos en los aires.
—Lo siento. Estoy distraída —Una sensación de bienestar la recorrió entera contagiada por la alegría de los pequeños.
Sin decir palabra el caballero se sentó a su lado, llevaba la armadura superior pero eso no evitó que se recostara en la hierba con los brazos bajo su cabeza.
—A James siempre le gustaron los niños —espetó relajado con los ojos cerrados.
Lo podía ver, él parecía morir de la risa con ellos dando vueltas a su alrededor.
—¿Cómo puede hacer eso?
Sirius miró el punto en que señalaba antes de echar la cabeza para atrás una vez más.
—Catorce años de entrenamiento y cuatro años de práctica.
Parecía mucho tiempo, hasta entonces no había pensado en que si cuando lo conoció ya habría completado su entrenamiento. En La flecha plateada no recordaba alguna manifestación salvo el brillo en los ojos, pero no podía ser, James era solo dos años mayor que ella, aunque estos parecían muchos más.
—Cinco años de entrenamiento y todavía no puedo levitar una pluma —se quejó.
—No puede faltar mucho tiempo, ya tienes seis meses en Godric tengo entendido que eso se logra con la meditación.
—¿Meditación?
—No sé más. Tendrás que preguntarle a él.
Y eso era exactamente lo que no quería hacer, preguntarle sobre sus dudas solo haría crecer más su ego.
—Concéntrate —pidió James unas semanas después—. Cierra los ojos y aparta cualquier pensamiento de tu cabeza. Concéntrate en el aire a tu alrededor, en tu respiración, en la sensación de peso sobre tu cuerpo…
Lily yacía recostada en una alfombra siguiendo las indicaciones de su maestro, quien por fin le enseñaba a meditar. Albus le había tratado de instruir en el pasado, pero ahora se daba cuenta que siempre lo había hecho de manera incorrecta.
La voz pausada y serena de James llenaba sus oídos embriagándola de las sensaciones cálidas que corrían a su alrededor, el olor a osage fresco era una experiencia completamente diferente a la hierba seca potencializando la sensación del hema. Trataba de concentrarse en lo que él decía pero su hema cálido reaccionando a su cercanía le hacía cosquillas en el rostro.
—Inhala… Exhala… Deja de pensar en todo lo que te preocupa, olvida la guerra, las personas que conociste, el lugar en el que estás. Olvida la persona que está recitando estas palabras, solo concéntrate en el sonido de mi voz —dijo llevándola a un nivel de relajación que nunca había experimentado.
Hizo una pausa en la que Lily por fin logró que su mente quedara en blanco, únicamente fue consciente de cada una de las extremidades de su cuerpo, de su piel cálida en contacto con el frío exterior.
—Repite después de mí: adimplebis me hema.
—Adimplebis me hema… —susurró con la boca pastosa.
—Una vez más.
—Adimplebis me hema…
Sin razón aparente una sensación de calor se concentró en el centro de su pecho y poco a poco se fue expandiendo por su cuerpo.
—De nuevo.
—Adimplebis me hema —dijeron al unísono.
Pudo sentirlo hacerle cosquillas en los dedos y por primera vez notó la diferencia entre su hema y el de James. El de ella era cálido e incorpóreo como si se tratara de una nube de humo, mientras que el de James definido y embriagador. Pudo percibir como el suyo se desprendía de su cuerpo rodeando al de James como si fuera una gran llamarada tratando de desestabilizarlo. Sin embargo él se mantenía estable y sereno, sin aparente afectación por la manera en que ella trataba de consumirlo inconscientemente.
—Podrás sentir tu hema. Sé consciente de él, conócelo, familiarízate con él. Si sientes que se disuelve repite la mantra cuantas veces creas necesario en voz alta o en tu cabeza.
—Adimplebis me hema —repitió decidida.
La sensación aumentó provocando que sintiera calor como nunca, se instaló en su estómago deslizándose hasta sus manos y cayendo finalmente en el frío hema del Duque. Lo escuchó jadear pero estaba demasiado concentrada, sus pensamientos se dirigieron a él rodeado por esa energía definida que poco a poco parecía desestabilizarlo. Destellos de hema comenzaron a escaparse de él, dando vueltas fuera de su cuerpo siendo rodeado por la calidez del suyo.
—Ya basta —lo escuchó lejano.
Pero no quería parar, la forma definida de James cada vez se volvía más inestable y más adictiva, el calor aumentaba poco a poco. Era completamente embriagador y excitante.
—Adimplebis me hema.
—¡Dije que basta! —exclamó James con fuerza y a continuación un ruido ensordecedor la hizo abrir los ojos de golpe.
Todos los objetos de la habitación habían colapsado y el Duque levitaba a unos centímetros del suelo. Sus ojos mostraban las llamas doradas más grandes que había visto hasta ahora mientras su cabello se balanceaba de un lado a otro como si un tornado estuviera dentro de la habitación.
—Te dije que pararas, ¿no entendiste? —exclamó enojado antes de aterrizar suavemente en el suelo.
—¿Qué pasó? —preguntó atónita, su cuerpo temblaba ligeramente.
—¡Pudiste provocar un accidente! ¡Nunca debes dejar que la meditación llegue a ese nivel si no estás en el campo de batalla!
—¿C-cómo?
—Sabes perfectamente de lo que estoy hablando. No debes dejar que las emociones te controlen, tienes que aprender a reprimirlas y dominarlas. ¿O qué crees? ¿Qué yo no siento nada?
El miedo que sintió por un momento se fue al percatarse de la manera agresiva en la que James le hablaba. De un salto se puso de pie furiosa para enfrentarlo.
—¡No es mi culpa que tú seas un puto tempano de hielo!
—¡No lo soy! ¡Siento igual que tú! Solamente que yo he aprendido a dominarlo y tú deberás hacer lo mismo.
James dio unos pasos más acercándose todavía con las llamas brillantes en sus ojos, tenía la frente cubierta de sudor y las mejillas sonrojadas por el enfado, pensó Lily.
—Practicarás sola tres veces al día hasta que puedas estabilizarte a ti misma y no tienes permitido volver a usar mi hema —ordenó antes de salir como alma que lleva el diablo.
Después de eso Lily tuvo que reajustar sus horarios para cumplir con la orden, meditaría al despertar, durante un descanso en la tarde y antes de dormir. Era necesario conocer su hema por encima de los demás y ayudaría a hacerla consciente de su existencia en cada momento aun fuera de la meditación, eso también ayudaría a estabilizarlo, una vez que lo lograra estaría lista para la siguiente lección.
Al principio le costó seguir la rutina, ya que ahora no solamente tenía su entrenamiento físico que la dejaba agotada, sino se agregaba a las lecciones escritas. En un principio se olvidaba de meditar por las mañanas, se despertaba tan apresurada por salir al trote matutino que no era consciente del mundo hasta un par de horas después. Encontrar un momento por la tarde también resultó complicado pues tenía lecciones por leer y luego por la noche llegaba tan agotada que se quedaba dormida al instante.
Después de comprender que nunca lograría avances si no seguía las indicaciones de su maestro, hizo un doble esfuerzo que resultó beneficioso. Sí que de vez en cuando se olvidaba al perderse en la rutina pero poco a poco con la constancia notó el progreso. Durante la meditación descubrió que su hema mayormente se concentraba en sus manos siendo el conducto para transmitir el calor de su interior, a veces dejaba los dedos marcados en superficies después de la rutina diaria y muy pronto descubrió que señalando las cosas podía enviar una ráfaga de hema provocando que estas se desplomaran.
Los avances más notorios se dieron cuando señalaba las hojas de los libros que estaba demasiado agotada por pasar y estas se daban vuelta. Le tomó varias semanas de práctica hasta que James la descubrió en la biblioteca haciéndolo:
—Creo que podemos ir con la siguiente lección —dijo
A los pocos días estaban en el salón usual con Lily cerrando los ojos para tratar de concentrarse en el hema del cachorro que James había traído. Este jugaba sobre la alfombra y de vez en cuando era acariciado en la cabeza por el Duque. Así descubrió que a James no solamente le gustaban los niños sino también los animales. Al parecer era un regalo del Marqués de Gilona como agradecimiento por enviar refuerzos para salvar la vida de su hijo en el frente.
Cuando Lily conoció la historia quedó conmovida, no podía creer que James era la misma persona de la cual Randall le relataba los eventos.
El susodicho había sido gravemente herido en una batalla, suficiente para impedir trasladarse, debido a esto el Duque había enviado una comitiva a buscarlo y de milagro lo habían encontrado con vida. El Marqués no sabía cómo agradecer el gesto, así que investigó los intereses de James y el cachorro había atravesado medio reino hasta llegar a Godric.
Le costaba creer que hubiera algo parecido a la compasión en James, pero conforme fueron pasando los días pudo notar como se aseguraba de no lastimar a nadie de gravedad en los entrenamientos. Era duro con los caballeros pero ahora sabía que era lo que necesitaban, mientras que con los pajes era demasiado gentil para ser su mentor, por eso era que Sirius se encargaba de los más jóvenes.
Lo asombroso era que eso no lo hacía parecer débil en lo absoluto, todo lo contrario, lo hacía lucir seguro y empático con los demás. Y solo entonces Lily entendió por qué el reino lo quería tanto: era justo, compasivo, valiente y generoso. Él se alimentaba de la devoción que Godric le profesaba y les correspondía con bienestar, seguridad y su poderoso hema fluctuando en cada rincón.
—¿El hema se magnifica cuando las personas comparten algún tipo de sentimiento? —preguntó un día en la biblioteca.
James que levitaba algunos libros hasta su lugar casi los dejó caer por la sorpresa.
—Usualmente sí. Al tener sentimientos por otra persona y estar juntos hace que el hema se vuelva más poderoso. En mi caso, me hace bien estar al lado de mis amigos en las batallas, puedo controlarlo mejor y sé que podría dar golpes más certeros.
—¿Con la familia es lo mismo? —preguntó sin entender las muestras de nerviosismo.
James cerró el libro que estaba en sus manos, apoyándose en una de las mesas.
—Todos, Lily, todos los sentimientos de hermandad, amistad, amor… cualquier lazo fuerte que te una a otra persona potenciará tus habilidades.
La afirmación de lo que ya había leído logró abrirle más los ojos al pueblo. Disfrutar de la alegría del lugar y la energía que rodeaba a cada uno de los ciudadanos. Estos eran felices, disfrutaban sus actividades diarias y parecían sumamente agradecidos con los caballeros regalándoles algunos de los productos que vendían.
Por primera vez Lily sintió que el pueblo la acogía, los lugareños ya la consideraban parte del grupo al recibir gran cantidad de vino de obsequio e incluso un escudo diseñado para su tamaño. Era increíble la energía que corría por todo el lugar, viéndose influenciada también por el hema de todos los habitantes de Godric.
El día de año nuevo se celebró con una justa. El frío era asfixiante, el hielo que se formaba en la plaza parecía que arruinaría las festividades, pero Lily no contó con que la gente de Godric estaba acostumbrada a esos inviernos. El norte era mucho más frío que otros puntos del reino, la pelirroja pensó que en Tilliam había tenido su peor invierno, aunque no era nada comparado con Godric.
Aquello le dio mayores motivos para controlar el hema a voluntad logrando grandes avances con la intención de calentar su cuerpo en todo momento. Los entrenamientos no se suspendían a pesar de la nieve y agradecía que fue el momento en que por fin aprendió a montar a caballo. La temperatura corporal del animal le daba alivio recostándose contra el lomo cuando tenía la oportunidad.
—No voy a participar —dijo James con vehemencia desde la tienda antes de la justa.
—¿Por qué no, su gracia? Todos esperan verlo en acción —respondió decepcionado uno de los caballeros que ya tenía su armadura puesta.
—Ganaría por ser un hechicero y si me dejara vencer no sería justo para los demás.
—Tiene razón, Sir Anthony, no insistas —secundó Sirius golpeando su hombro.
Lily ataviada en un abrigo con piel de zorro bufó con ironía.
—Yo puedo tomar el lugar de James.
Los ojos marrones con llamas doradas se clavaron en ella incrédulo.
—Los escuderos no participan en justas —dijo—, podrías salir lastimada.
Pudo sentir la sangre hervir de rabia, justo a tiempo captó la mirada de advertencia de Sirius que le señaló la salida de la carpa. Dio media vuelta resignada y se reunió con el resto de los escuderos para presenciar el evento.
Poco después en una tarima se encontraban dos sillas que sobresalían del resto, James y Sirius las ocuparon para ver la batalla. Era la primera vez que Lily asistía a una justa, los caballeros se golpeaban con lanzas haciendo caer a su oponente, el que lo lograra dos de tres veces era el vencedor. Había una pequeña tabla donde poco a poco iban avanzando en posición hasta llegar a la final que dio lugar cerca del atardecer. Sir Leon fue el ganador y obtuvo como premio una espada diseñada por uno de los mejores herreros del reino, James la entregó en medio de la multitud y el pueblo aplaudió con entusiasmo.
Recientemente Lily había recibido más atención de los caballeros que en el pasado, conforme iban pasando los meses los intentos de flirteo se habían convertido en declaraciones formales de matrimonio. Aunque se sentía honrada, había rechazado a cada uno pese a que algunos habían amenazado con suicidarse.
—Lo siento. No puedo corresponder a su afecto, Sir Henrick —espetó incómoda, poco antes de ingresar al salón donde se llevaría a cabo la cena.
El caballero bajó la cabeza decepcionado y dando media vuelta se apartó haciendo sonar su espada contra las paredes de piedra. Lily se sintió culpable pero ya se había acostumbrado, encontraba natural que ese pueblo donde había tan poca población femenina, los hombres que habían pasado más de catorce años en esas murallas se encontraran en búsqueda de una esposa.
Lamentablemente para ellos Lily no tenía planes de matrimonio, la única vez que cruzó por su mente fue hacerlo con Killian, pero ese pensamiento había muerto junto con él.
Ingresó al salón tomando lugar en una de las sillas vacías. La fiesta ya había iniciado, había bufones, juglares y damas de compañía amenizando la noche. La cantidad de velas que iluminaban el salón era mayor que otras festividades, algunos caballeros ebrios danzaban en el centro y las risas no se hacían esperar.
Todos parecían animados, el hema de James daba vueltas por todo el recinto contagiándolos de sentimientos positivos, incluso Lily había olvidado la escena de un par de horas antes y se pudo concentrar en el bufón que estaba frente a su mesa. Las carcajadas salían libres llenándole los ojos de lágrimas y dificultando el paso del vino por sus labios, de repente el hema perdió su estabilidad provocándole un gorgoteo conocido en el estómago.
Centró su atención en James descubriendo que sobre su regazo se encontraba sentada una dama de compañía con unas ropas que no parecían tener lugar para el decoro. Sorprendida notó como los ojos del Duque formaban llamas doradas mientras su mano sujetaba la pequeña cintura. El malestar se hizo presente haciéndola beber más vino de lo normal.
—¿Estás bien? —preguntó Sirius sentándose a su lado un rato después.
La pelirroja trató de tranquilizarse, concentrándose en el bufón pero siendo consciente del hema de James ampliarse cada vez más.
—Sí, ¿por qué no lo estaría? —respondió pese al malestar creciente en su estómago.
Sirius no respondió, pero lo que pensaba era obvio. Esbozó una sonrisa conciliadora después de darle un sorbo a su copa.
—Tienes casi una hora con esas bonitas llamas en tus ojos, y estoy seguro que puedo ver el reflejo de alguien ahí.
Lily gruñó indignada, sentándose desgarbadamente en la silla y la copa presionada contra su labio inferior.
—¿Siempre hace eso? —se atrevió a preguntar después de un rato.
—¿Qué cosa? —preguntó Sirius confundido.
—Aceptar mujeres frente a los caballeros.
El hombre soltó una risita antes de clavar la vista en James, que se ponía de pie para salir del recinto acompañado.
—Sí —dijo con desinterés—. Es el segundo hombre más importante del reino y está soltero, por supuesto que las mujeres se arrojan encima de él, sería un estúpido si no aprovechara —agregó estirando las piernas bajo la mesa para seguir riendo de las poses ridículas del bufón.
Estaba harta de la sensación que crecía en su estómago, quería irse pero sabía que al salir del salón se encontraría con James y la dama de compañía. Estaban tan cerca que podía sentir cómo el hema definido se volvía difuso poco a poco.
El día siguiente todavía estaba enojada sin entender por qué, solo podía recordar la imagen de James abandonando el salón con la dama de compañía; se temía que esa fuera una señal que comenzaba a perdonarlo por su abandono en Tilliam y los sentimientos que una vez creyó tener por él volvían.
Le costó concentrarse en los entrenamientos, la nieve dificultaba sus pasos y la espada se resbalaba de sus manos debido al sudor. Golpeaba un soldado de madera cuando sintió el hema de James acercarse. Furiosa por no poder apartarlo de su cabeza se encaminó hasta el lugar donde él conversaba con uno de los caballeros.
—Te reto a un combate —le dijo señalándolo con la espada.
Era la única forma que conocía de sacar su frustración, él le había dicho que no luchara con nadie más así que era el único individuo en Godric que podría retar.
—¿Estás segura que puedes hacerlo? Solo has estado en entrenamiento por ocho meses —respondió tranquilamente.
—Es suficiente —escupió harta.
Él la miró largamente antes de decir por fin:
—De acuerdo. Preparémonos.
Lily se dirigió a la bodega de armas donde uno de los escuderos más jóvenes le ayudó a ponerse la única armadura que se adecuaba a su tamaño. Podía soportar mucho mejor el peso y también descubrió que Phil en esa primera ocasión, había hecho una mala elección de armadura. Aunque solo usaba la parte superior debido a la saya, creía tener buenas posibilidades de defender sus piernas con un escudo. Había practicado por meses, esta vez tendría que salir mejor librada.
Cuando salió de la bodega James ya estaba en el campo con su armadura de los pies a la cabeza, el yelmo bajo el brazo solo le indicó que sería un combate en serio.
—¿Estás segura de esto? —preguntó cuándo estuvieron a unos pasos de distancia.
—Segura.
Pudo percibir una sonrisa que no supo cómo interpretar antes de que se colocara el yelmo, recibiera el escudo y espada que el escudero le ofrecía. Lily también se preparó sintiendo su cálida respiración golpear contra el metal frío del yelmo tratando de que no fuera un distractor.
James blandió la espada en unos movimientos presumidos solo para intimidarla, pero no lo hizo ya que Lily había estudiado su estilo de combate los últimos meses. Trató de atinar un golpe en el costado que James pudo evadir con el escudo.
—Tendrás que hacerlo mejor, señorita Lily —dijo con diversión.
El sonido de su voz podría distraerla pero eso no sucedió, su rostro estaba oculto tras el yelmo y apenas si podía ver sus ojos por la ranura, estos flameaban lo que indicaba que utilizaría su hema para vencerla. Lily no se lo permitiría, ella también había mejorado sus habilidades.
Corrió en su dirección para golpearlo de nuevo pero fue recibida por el escudo lanzándola hacia atrás. Lily hizo lo que pudo para no caer, fue muy tarde cuando aterrizó en el suelo de espaldas. Creyó que todo había terminado hasta que James se inclinó para embestirla, soltó el escudo y fue rápida para girar sobre sí misma saliendo de su alcance, la velocidad con que lo hizo pareció irreal, su hema se había potencializado por un momento debido a la furia del ataque cuando ella claramente estaba vulnerable.
James no lo vio venir cuando logró golpearlo en el costado descargando toda su rabia, sintió el bloqueo de la armadura detenerla pero estaba segura que sí le había atinado un buen golpe. El Duque gruñó lanzándola por los aires, esta vez alcanzó a ponerse de pie antes de que él se acercara.
La concentración de hema se había disipado por la sorpresa y nuevamente se encontraba frente a él en posición de ataque:
—¿Te dolió? —preguntó con burla formando un puchero aunque sabía que él no podía verla.
—Un golpe de suerte —espetó él que parecía incluso más molesto que ella.
Las dos espadas chocaron y Lily sintió el peso del cuerpo de James acometer contra ella. Así era cómo él sacaba ventaja de su musculatura, su peso lo hacía un contrincante digno de batalla, ya que no importaba el filo de la espada, lo importante era saber usarla y James sí que lo hacía.
Dio unos pasos para atrás sintiéndose intimidada. Podía sentir el cambio de ambiente, los escuderos y caballeros rodeaban el campo observando el combate en silencio. James parecía por primera vez estar luchando en serio, haciéndola sentir gratamente satisfecha.
—No soportarás mucho, ya estás cansada —señaló con agresividad mientras giraban en posición de defensa.
Lily titubeante se animó a tratar de embestir nuevamente pero James seguía siendo más rápido, utilizó el escudo para defenderse y antes de que se diera cuenta la espada había roto la parte baja de su saya. El escudo le dio de lleno en el cuerpo haciéndola caer por tercera vez.
En esta ocasión ya no tenía energías para defenderse y se proclamó perdedora cuando James ya no mostró interés, se quitó el yelmo con un gesto de dolor y le entregó las armas a Phil.
—¿Está herido, su gracia? —preguntó el escudero.
—Estoy bien —escupió molesto aunque se llevó la mano al punto donde Lily lo había alcanzado.
Ella se puso de pie con dificultad siendo ayudada por Randall.
—Has mejorado, señorita Lily —espetó pese al gesto de dolor—, pudiste tocarme y además duplicaste el tiempo en combate de algunos caballeros. Entrenarás con ellos, te lo has ganado.
Antes de que pudiera encontrarle sentido a sus palabras los escuderos vitorearon y la alzaron sobre sus hombros festejando. Si bien no había ganado el combate, por primera vez sintió que podría convertirse en una hechicera digna; James le había dado un nuevo lugar y aquello se sintió como una victoria.
¡Hola otra vez!
Estooy feliz de traer este nuevo capítulo, lo escribí desde hace una eternidad pero no estaba completamente listo. Ya saben que a esta historia le estoy poniendo más empeño que el resto. Me ausenté bastante tiempo y no puedo prometer que la espera será menor, solo que será de calidad. Como adivinarán estamos en la parte central de la historia, así que tengo que dejar claras muchas cosas para poderme en el camino como lo suelo hacer.
Tengo Luz de luna en pausa por quién sabe cuánto tiempo, no puedo prometer una fecha para actualizar, solo decirles que saben que aunque a veces me ausento siempre regreso. Por otro lado, hace unos días publiqué un oneshot Jily autoconclusivo (raro en mí ya que prefiero las historias largas), salió de la nada mientras escuchaba música y experimenté un tipo de escritura que no había tenido oportunidad de usar antes: narrador en segunda persona. Es cortito y me encantaría saber su opinión.
Debido a la extensión de los capítulos sé que es difícil señalar todos los puntos, así que les dejo una preguntitas que les pueden ayudar si no saben que decir de este cap:
1. ¿Qué piensan de la personalidad de James que Lily acaba de descubrir?
2. ¿Les tomó por sorpresa la relación de James a la corona, o Lily no fue la única distraída?
3. ¿Qué les parece la relación más allá de la comprensión que mantiene el pueblo de Godric con su Conde? ¿Será una bendición o una maldición?
4. ¿A qué conclusiones llegan con la escena de la meditación? ¿Creen que James exageró?
5. ¿Y el festejo de año nuevo y sus consecuencias? c:
Si no tienen tiempo para responder no se preocupen, pero sepan que los reviews es la única manera de motivar a un escritor de fanfiction.
¡Gracias por la paciencia! Nos leeremos pronto.
Besos, S.
