Lo sé, lo sé. No creo que ya nadie lea algo por aquí, pero por una vez sólo quiero acabar lo que un día empecé.
-¡Maldita cuesta! ¿No es más fácil que baje ella al pueblo? – se quejaba Jake entre jadeos.
-Si no comieras tanta comida basura, no te cansarías tanto al subir – le reprochó Lady.
-¡Eh! Para que lo sepas llevo una dieta bastante sana.
-Jake, la dieta basada en "baconpancakes" no es para nada sana. De hecho, es hipercalórica y repleta de grasa – apuntó Bonnibel.
-Os aprovecháis de que la falta de oxígeno por la altitud no me deja rebatiros bien – dijo pesadamente entre suspiros.
-Ya, más bien dirás la falta de oxígeno por viejo – dijo Finn burlándose de su hermano.
-Así que otra fiesta, ¿eh? – comenzó a decir Lady ignorando cómo los chicos se fastidiaban entre ellos – No pensé que lo dijera en serio, aunque lo que más me sorprende es que hayas accedido a venir.
-¿Qué quieres decir? – preguntó extrañada.
-Bueno, pensaba que este verano apenas te veríamos el pelo y menos en fiestas, casi siempre las evitas a toda costa.
-Eso no es del todo cierto… - dejó la frase a medias mientras se sumía en sus pensamientos.
En el fondo no podía negar que algo de razón llevaba. Todo lo que había planeado para esos meses se iba desmoronando poco a poco. El verano se iba esfumando silenciosamente mientras ella lo desaprovechaba de maneras que nunca habría imaginado. Le costaba mucho concentrarse ya que se pasaba muchas horas pensando en lo que ella consideraba tonterías y si algo tenían esas tonterías en común es que todas las provocaba la misma chica. Desperdiciaba demasiado el tiempo pensando en ella, analizando al detalle todo lo que hacía y decía. ¡Y lo peor es que nada tenía sentido ni respondía a algo lógico! En un principio pensó que ahora que Marceline había dejado de molestarla tanto podría tener un respiro, pero su reacción fue totalmente opuesta. De repente se sorprendió ideando estúpidas estrategias para captar la atención de la morena. Se sentía tremendamente absurda al darse cuenta de que temía que se hubiera aburrido de ella. Ese sentimiento crecía cuando comprobaba que sus esfuerzos eran en vano. Justo cuando se convencía – o más bien se prometía a sí misma – dejar esas patéticas llamadas de atención de lado y conseguía retomar el control, Marceline destruía toda esa voluntad con un simple gesto. Odiaba haberse dado cuenta de la peor manera de lo infantil y egoísta que era. "Mira que querer acaparar a alguien… Ya no tienes 10 años, contrólate. Esta especie de celos por una amistad es algo completamente abusurdo." Pero esa noche todo iba a cambiar. En cuanto Bonnibel se demostrara a sí misma que estaba sobre esta situación todo volvería a ser como antes.
-Hey, no pasa nada. Es mejor, así te veo más – sonrió y abrazó a su amiga. A Bonnibel siempre le había esa calidez y el optimismo que caracterizaba a Lady. Eran rasgos de su amiga que en muchas ocasiones la sacaban de esos estados de preocupación, aunque en las últimas semanas ni siquiera ella había podido. Podría ser porque Bonnie no le había comentado nada de lo que últimamente le pasaba o pensaba. El estar siendo tan hermética con su mejor amiga la hacía sentir mal de algún modo.
Al llegar a la casa de Marceline, los comentarios de sus amigos sólo hacían referencia a lo alucinante que era aquello.
-Chicos, por fin habéis llegado. ¿Es que os habéis perdido por el camino? – les saludó una sonriente Marceline al abrir la puerta.
En ese momento Bonnibel sintió como si alguien le hubiera dado un puñetazo en la boca dl estómago y le preocupaba que esa sensación le agradara y le disgustara a la vez.
-¿Qué es todo eso que traéis? – dijo señalando los bultos que llevaban – Ya os dije que no hacía falta que trajerais nada.
-Son bebidas y sacos de dormir. Pensamos que sería más divertido volver a acampar todos juntos en alguna habitación – contestó Finn.
-Buena idea, porque esta noche dudo que podáis dormir solos…
-¿A qué te refieres? – preguntó cauteloso Jake.
-Ah, que no lo sabes… Veréis, esta casa fue construida hace muchos años y mucha gente ha vivido aquí – dijo lentamente, disfrutando de las caras aterradas de Jake y Finn – Gente que también ha muerto aquí.
Ambos se miraron. Finn tragó salivo sonoramente.
-Algunos de ellos fueron asesinados.
-¿Y qué? ¿Me vas a decir que hay f-f-fantasmas? – balbuceó el más joven intentando quitarle peso a lo que escuchaba.
-Puedes llamarlo así si quieres. A veces, sobre todo de noche, se oyen ruidos y pasos.
En ese momento se empezaron a escuchar sonidos que venían detrás de una de las puertas cercanas.
-¡Vaya! Hoy han empezado antes de lo normal - susurró poniendo voz tenebrosa.
Todos se callaron al ver cómo el pomo de la puerta giraba lentamente.
-Ya era hora.
Finn y Jake se abrazaron gritando mientras los demás estallaban en carcajadas al ver a LSP y a Melissa detrás de ella.
-Tenías que hacerlo, ¿verdad? – preguntó con tono cansado Bonnibel mientras se mordía el labio y negaba con la cabeza.
Marceline se limitó a reírse entre dientes mientras se encogía de hombros y seguía a los demás hacia el salón.
Después del atracón de comida que tenían preparado en el salón, sacaron las bebidas y comenzaron con los juegos de siempre. Bonnie observó cómo todos se divertían y cómo poco a poco habían desarrollado una complicidad con Marceline.
-Chicos, ¿quién quiere jugar unas partiditas al Mario Kart? – dijo LSP mientras sostenía en sus manos una Nintendo Switch.
Al ser demasiados comenzaron a organizar un torneo por turnos. Marceline se levantó, anunciando que iba a tomar un poco el aire y que no iba a participar, dejando así a Bonnibel decepcionada.
-¿Tanto te ha afectado el alcohol?
La pregunta sobresaltó a Marceline, que se limitó a levantar una botella como respuesta.
-¿En serio vas a seguir?
-Si no vas a beber, princesa, vuelve con los otros – contestó de forma fría.
Tal vez fue la rabia del momento o el hastío de años aguantando la pregunta de "¿No bebes?" muchas veces seguida por una mirada que delataba que pensaban lo rara que era o directamente la insistencia de algunos a que lo hiciera. No sabía bien, pero ante la sorpresa de Marceline le arrebató la botella con facilidad y le dio un trago.
-Bonnie, no hacía falta. No lo decía en serio – comenzó a casi balbucear mientras a sus ojos asomaba la culpa.
-¿Vas a contestarme ahora? – preguntó bruscamente.
Marceline sonrió y dio dos palmaditas sobre el césped, invitándola así a que se sentara a su lado.
-No me encuentro mal, si es lo que piensas. Es sólo que sé por experiencia que la mezcla de videojuegos y alcohol no es muy buena que digamos. Además, les daría una paliza, no quiero verlos lloriquear. ¿Aún siguen con el torneo o es que te han quitado el personaje de la princesa Peach y te has enfadado?
-Si no vas a beber, Marceline, vuelve con los otros – contestó imitando el tono que ella usó antes.
-¿Es que ahora si no bebemos no podemos hablar? – preguntó entre sorprendida y divertida.
Ante el silencio de Bonnibel frunció el ceño, determinada a aceptar el reto y le quitó la botella de las manos.
-Muy bien, vamos a jugar entonces. Un trago por cada pregunta. Sin excepciones, ¿de acuerdo?
Estrechó su mano, dresprevenida antes la presión que Marceline ejercía y ante la baja temperatura de su piel. Tomó el primer trago.
-Vale. ¿Cómo es que has vendio hasta quí?
-¿Esa es tu pregunta? Creía que ibas a repetir la de antes.
-Oye, no se puede contestar a una pregunta con otra.
-Pero eso no estaba en las normas.
Marceline dudó por un segundo.
-Listilla… - rió entre dientes de manera resignada. Está bien, sí, esa es mi pregunta. Te toca.
-He venido hasta aquí porque me estaba aburriendo – se encogió de hombros – Siguen con el torneo y yo ya perdí hace un rato. ¿Qué es eso que tienes ahí?
Le volvió a quitar la botella y dio, esta vez, un sorbo más largo.
-Una libreta – le enseñó la portada roja. Por la poca luz le costó ver que en letras mayúsculas había algo escrito. "Marceline the vampire queen", consiguió leer al fin.
-Eso ya lo veo – puso los ojos en blanco.
-Es mi libreta de ideas para canciones – contestó en tono apresurado – Bonnie, no quiero obligarte a hacer nada ni quiero darle la razón a los que piensan que soy una mala influencia. Vamos a dejar este juego, ¿sí?
Por un momento sopesó la propuesta. Entonces cayó en la cuenta de que era la primera vez en días que pasar el rato con ella. Sí, era cierto que ya la había visto estos días en la playa o en el café, pero era la única oportunidad que se le había presentado para disfrutar el estar con ella a solas. "¿Disfrutar?" pensó confundida. Tal vez era el alcohol que empezaba a hacerle efecto, auqnue no estaba segura de hasta qué punto podía notarlo de verdad si no habían pasado ni 10 minutos desde que tomara el primer trago.
-No – dijo tajantemente - esto es decisión mía. Quiero hacerlo. Además no está tan mal – reconoció casi con vergüenza mientras daba vueltas a un mechó de su pelo con un dedo – sabe dulce.
La morena suspiró complacida y continuó su juego. Siguieron haciéndose preguntas hasta que el ambiente se relajó bastante. Pensó que aquel momento sería el adecuado para preguntarle todas las dudas que no la dejaban tranquila. Hasta ese momento había concluido que todo lo que había vivido con ella no era normal. Las situaciones y los planes eran los típicos de un verano con amigos. Pero a veces sucedían estos pequeños encuentros, esas miradas y frases que la hacían dudar. Y lo peor era que ese comportamiento se vio truncado después del viaje a Lumpshire. Las preguntas se asomaban cada poco e inevitablemente a su mente. "¿Qué piensas de mí?" "¿Por qué parece que me tratas mal y luego tu comportamiento cambia de repente?" "¿Por qué me haces dudar?" "¿Por qué tengo la sensación de que me has estado evitando estos días?" "¿Por qué me besaste?" Ella sabía que había preguntas que ya había respondido y otras que no sabría cómo defender una vez que hubiera usado todo su valor para formularlas. De todas formas no había nada que le asegurara que la respuesta sería completamente sincera. No estaba en las normas y no podía exigirlo, al fin y al cabo ella no lo era del todo, había aprendido que con Marceline era mejor ser sincera a medias.
-Vale, me toca, me toca – dijo una achispada Bonnie - ¿Por qué esa obsesión con los vampiros?
-No estoy obsesionada con los vampiros – contestó casi ofendida – a diferencia de alguien que sí que está obsesionada con el color rosa – la miró de forma burlona.
-No estamos hablando de mí – rió – Dime, ¿qué es eso que pone ahí? – señaló la libreta.
-Está bien – resopló - ¿Ves esto de aquí? – dijo apartándose el pelo y señalando su oreja derecha - Nací con la oreja un poco deforme, si quieres llamarlo así. En el colegio los niños se metían conmigo porque terminan un poco en punta. Un día mi madre me regaló un libro sobre vampiros y adivina: tenían las orejas de esta forma – sonrió de forma nostálgica – Así que digamos que lo acepté, si se puede decir así, porque además resulta que era algo muy guay. Quizás sí que llegué a estar un poco obsesionada por aquella época – su voz sonaba un poco avergonzada y risueña – porque llegué a exigir llevar una dieta de sólo alimentos rojos.
Bonnie no pudo evitar sonreír como una boba ante la ternura que le provocaba lo que acababa de oír.
-¿Sabes que eso tiene nombre? Se llama tubérculo de Darwin. Es sólo un vestigio de la evolución. Además, ahora hay gente que se opera las orejas para tenerlas así. Supongo que está de moda.
-Vamos, que es algo muy guay.
-Si quieres verlo así… - admitió mientras se esforzaba por contener una sonrisa - ¿Qué hay de los piercings?
Alargó la mano y pasó los dedos sobre los pendientes que llevaba en el hélix.
-Es mi turno – contestó mientras le tomaba a mano y la bajaba hasta apoyarla en el césped, dejando la suya al lado, casi rozándola.
Este gesto la desanimó. Quizás se había excedido. "Aunque bien pensado, normalmente es Marceline la que se excede a veces con el contacto. O más bien era." Se limitó a llevarse de nuevo la botella a los labios para alejar el pensamiento. Llevaba ya un rato que se sentía algo mareada, la cabeza le pesaba un poco y estaba más relajada de lo normal, así que decidió que era mejor sólo mojarse los labios con el líquido.
-Bien, mi turno – repitió poniendo mirada traviesa y la rubia supo de sobra que se había acabado el rato de tregua en el que se hacían preguntas inocentes – Si tuvieras que besar a alguien de los que están en la fiesta, ¿a quién elegirías?
-Creo que eso ya pasó hace no mucho.
-No, no, no es algo que la botella elija por ti, tienes que hacerlo tú.
Se acarició la frente con dos dedos, como si de repente le picara de tanto pensar. Intentó disimular el mareo y el nerviosismo lo mejor que pudo.
-A nadie – concluyó lo mejor que pudo.
-No vale, tienes que elegir a alguien.
-Eso no estaba en las normas.
-Vamos, Bonnie. No seas aburrida – se acercó un poco hasta que sus hombros chocaran y le echó una mirada suplicante.
Se dio un momento para pensar.
-Mmm… creo que besaría a Finn.
Marceline rió como si no se lo creyera.
-Eres diabólica. ¿No le haces caso al pobre niño y vas a hacer que se ilusione? – se burló.
-No sería un beso como el que te imaginas – intentó defenderse.
-Bonnie la rompecorazones – canturreó – Sabes de sobra a qué tipo de beso me refería.
Se quedó pensativa mirando al suelo mientras la morena bebía.
-Está bien. Te devuelvo la pregunta entonces ¿A quién besarías de los que estamos aquí?
-Está claro que a nadie – contestó sin dudar y con tono indiferente.
-¿Ahora quién está siendo la aburrida?
-Tú por haber elegido a Finn - rió.
-Vamos, Marceline.
-A nadie.
-Ya sé. A nadie porque no ha venido Ricardio.
-No-
-Marcy – insistió.
-No – reiteró.
-Eres injusta… - dijo dándose por vencida más tarde de lo que habría hecho en otras circunstancias.
Estiró los brazos y los apoyó sobre sus rodillas. Había bebido demasiado. Giró la cabeza para mirarla. Sobre la mitad de su rostro se reflejaba la tenue luz que provenía de los focos del fondo y de las paredes de la piscina. Era un reflejo azul claro, que por algún motivo que no sabía bien la hacía ver especialmente hermosa. Quizás sería porque la penumbra del resto del jardín contrastaba con esa tenue claridad y acentuaba ese aire misterioso que era ya tan natural en ella. No pudo evitar sentirse especialmente atraída y sólo dejó que su cuerpo se moviera sin ella querer ni poder evitarlo. Presionó sus labios sobre los de Marceline con más fuerza de a que ella pretendía poner y sintió sus labios temblar por los nervios. No sabía con exactitud qué estaba haciendo. Sólo esperaba que Marceline no se percatara de ello. Cerró los ojos, no quería ver la reacción que esto provocaría ni quería pensar en las consecuencias de esto. Se separó y fijó la vista en el poco espacio de césped que las separaba.
-Lo siento – consiguió decir débilmente.
-Bonnie, esto no es lo que me habías dicho antes.
Esperaba cualquier cosa excepto oír esas palabras dichas con ese tono tan alegre y sorprendido, como si aquello hubiera sido una travesura divertida. En cuanto levantó la vista Marceline la tomó de la cintura y la besó de nuevo. No pudo evitar sonreír contra su boca y la empujó suavemente para que se separaran. Ante la mirada confusa de Marceline dijo:
-Creo que no he sido la única que no ha dicho la verdad.
-Calla – dijo sonriendo y poniendo los ojos en blanco.
Bonnie quiso decir algo pero volvió a notar los labios de la morena sobre ella, tomando el control con un beso lento y cálido. Pensó en la diferencia tan enorme que había entre este beso y aquel que le dio Ricardio. La urgencia que había en este era totalmente distinta porque la compartían las dos y no la hacía sentir acorralada. Cuanto más se besaban más parecía que quería devorarla con esos labios tan suaves. Suspiró al separarse levemente para tomar aire, inhalando el olor intoxicante del alcohol. Juntó su frente con la de su amiga y pellizcó el cuello de su camiseta para atraerla más – si es que eso era posible. En un momento dado se dio cuenta de que estaba totalmente tumbada con Marceline sobre ella, cargando su peso en un brazo mientras que con la otra mano le acariciaba la cara suavemente hasta recorrer su cuello. Allá por donde pasaban esos finos y largos dedos – algo callosos y ásperos por la punta de las yemas – se le erizaba la piel, sintiendo un escalofrío que le recorría el cuerpo entero. Le mordió el labio inferior. Haciendo que la morena respirara entrecortadamente y provocando en ella una inquietud que no había visto antes. Acabó por entrelazar sus dedos con los de Bonnie y puso especial atención en su cuello, al que dedicó toda suerte de besos que poco a poco se fueron convirtiendo en pequeños mordiscos. De repente, y más pronto de lo que habría querido, Marceline se incorporó.
-¿Qué pasa? – preguntó un tanto desorientada.
-¿Has oído eso?
No le dio tiempo a responder cuando una ráfaga de agua empezó a mojarlas.
-Olvidé desconectar el sistema de riego – dijo mientras se levantaban y comenzaban a andar apresuradamente hacia la casa - ¡Mierda! Mi libreta.
Marceline volvió corriendo a por ella y cuando estaba a la altura de Bonnie la tomó de la mano y corrieron entre risas. Entraron por la puerta trasera un tanto empapadas. Bonnibel seguía riendo.
-Shh – la calló Marceline.
-Nadie nos va a oír – dijo poniendo atención al ruido y las voces que provenían del salón.
Marceline volvió a callarla esta vez con un beso. Volvió a tomarla de la mano y le indicó que la siguiera en silencio. Iban subiendo las escaleras cuando Bonnie se tropezó y cayó de rodillas. Ambas se aguantaron la risa como pudieron.
-¡Sshhh! – volvió a regañarla.
-No, tú shh – susurró entre risas mientras se llevaba el índice a los labios.
Subieron rápidamente y al entrar al pasillo la morena se giró para seguir besándola con prisas. Mientras avanzaban a trompicones, Bonnibel hundió ambas manos en el abundante y largo pelo de Marceline, algo que llevaba semanas queriendo hacer. Finalmente se pararon frente su cuarto.
-¿Quieres pasar? – preguntó en un susurro.
Se inclinó levemente de nuevo para besarla cuando vio que asintió sin decir nada más. Abrió la puerta tras varios intentos. Se separaron cuando empezaron a oír voces que venían desde la escalera.
-¡Bonnie! – se oía insistentemente.
-Tengo que irme – dijo con dificultad mientras se giraba para irse.
La atrapó por la muñeca y tiró de ella, atrayéndola bruscamente para besarla de nuevo.
-¡Marceline! – susurró con tono de reproche.
-Vale, vale. Lo siento – sonrió mientras la dejaba ir.
