Derechos reservados a los personajes de Naruto, la obra del japonés Masashi Kishimoto.

¡Evannesen2511, gracias por comentar! En realidad respondí tu comentario por correo xD, pero con respecto a lo que dijiste, quisiera aprovechar para decirles a las personas que por casualidad lean esta nota que ¡quedan unos dos o máximo tres capítulos para el final! Así que no se preocupen, no lo voy a abandonar :)

Además la semana de estrés ya pasó, ¡yupi! Pronto viene otra jaja, pero lo importante es el presente, ¿cierto?

Sé que no actualizo tan seguido, así que de ahora en adelante dejaré el final del capítulo anterior para que puedan recordar en qué quedamos.


—Eso es cierto —asintió Kisame con la cabeza—. ¿Entonces, Itachi-san? ¿Qué es lo que Hinata busca conseguir?

—No lo sé —admitió Itachi.

—¿No sabes? —Kisame lo contempló incrédulo.

—No puedo comprender completamente las intenciones de otro personaje si el propio autor no las tiene claras. Se crean neblinas en mi razonamiento —contestó Itachi.

—¡¿Qué?! ¿Ni siquiera el propio autor sabe por qué Hinata quiere destruir el mundo? —se exaltó Pain.

—No dije eso. —Itachi negó con la cabeza—. Sí tiene algunas ideas, simplemente no las ha concretado. No tiene lógica que yo sepa lo que ni el propio autor sabe.

—Qué enredo —comentó Kisame.

Itachi se puso la mano en el oído.

—El autor me acaba de comunicar que lo disculpen, que ha estado muy estresado últimamente.

—… —Kisame y Pain lo contemplaron con una expresión en blanco. Malditos Uchiha... Incluso en los fics eran los favoritos.


Batalla final II

—¡MALDITO SEAS, SASORI! ¡¿Por qué demonios me pusiste sellos explosivos?! —vociferó furiosa la cabeza parlante de Hidan. Todas sus extremidades estaban desperdigadas por el suelo.

Sasori no se dignó a contestarle. Él no perdía el tiempo explicando cosas obvias. En cambio, dirigió sus ojos a su enemiga, Hinata. De sus amplias mangas se deslizó un pergamino.

Hinata se acercó a la cabeza de Hidan.

—¿Qué me ves, perra? ¿Acaso quieres acabarme? —le preguntó Hidan con un tono despectivo. Hinata no tenía idea de cómo podía hablar con solo su cabeza.

Ella meneó su barbilla de un lado para otro.

—Eso sería deshonroso —contestó Hinata con seriedad.

Tobi, desde un rincón, se carcajeó por dentro. ¿Deshonroso?

Aquellas palabras detuvieron los movimientos de Sasori y los demás.

—¿Deshonroso? —Pero el más sorprendido de todos los Akatsuki era el mismo Hidan. Él resopló con fuerza—: ¡Déjate de pendejadas!

Hinata sacó un pañuelo de su ropa y con él comenzó a recoger cada parte del cuerpo del inmortal. Luego los apiló junto con su cabeza. Una vez las tuvo a todas a la mano, juntó cada extremidad con su complemento con el simple toque de sus manos.

—¿Qué demonios...? —dijo Deidara con los ojos bien abiertos.

—Ese es el elemento Yin-Yang. —Para la sorpresa de todos, no fue Itachi quien explicó la situación, sino Tobi, quien otra vez volvía a usar esa voz ronca suya—. Además de proveer efectos milagrosos de recuperación, también permite anular cualquier tipo de ninjutsu. Eso quiere decir, Deidara, que si usas tus técnicas avanzadas directamente en Hinata, simplemente puede anularlas.

—Veo que tu arte es inútil como siempre, Deidara —se burló Sasori.

Molesto por la mofa de Sasori, Deidara refunfuñó:

—Hm, ¡eso no tiene sentido! ¿Qué clase de poder trampa es ese?

Hinata hizo un sello con las manos y las ramas del árbol sagrado, a sus espaldas, salieron como serpientes escurridizas a atrapar a Hidan. El inmortal no pudo quitárselas de encima, así que lo terminaron encerrando en una de sus cápsulas para muertos.

—Ese es el poder que puede obtener el heredero del Clan Hyūga si ofrece su vida a cambio —explicó Itachi—. Hagoromo sabía que sus hijos eran demasiado problemáticos y probablemente destruirían el mundo, así que quiso que solo los descendientes de Hamura, su hermano, pudieran acceder a su poder. Sabía que ellos no harían mal uso de él, porque su hermano, aunque débil, era un hombre muy correcto.

—Un tipo inteligente, sin duda —dijo Kakuzu con sarcasmo.

—Akatsuki, podemos evitarnos una pelea sin sentido si simplemente se rinden ahora —les propuso Hinata sin la arrogancia de antes—. Necesito que sean sacrificios del Dios Árbol.

—Qué desagradable —dijo Deidara, frunciendo el ceño—. ¡Por supuesto que no! Jamás moriría como fertilizante para un estúpido árbol. ¡Eso es tan poco artístico!

—En ese caso, no tendré piedad con ustedes —dijo Hinata, y sus ojos celestes brillaron. Había algo amenazante y oscuro en esa mirada.

El árbol sagrado empezó a mover sus ramas mortíferas de una forma tan errática y demente como estadounidenses en pleno Black Friday. Como si los Akatsuki fuesen las mercancías, el árbol los atacó a todos por igual. Millones de ramas salieron otra vez disparadas contra ellos, pero ahora sus movimientos eran inteligentes.

Los Akatsuki sabían que ese árbol absorbía chakra, así que esta vez no bastaba con simplemente evadirlo. Sasori continuó con lo que hacía. Desenrolló el pergamino y lo infundió con su chakra. El Tercer Kazekage se manifestó.

—Em, ¿no se supone que no estamos en Naruto? —se preguntó Tobi en voz alta, rascándose con el dedo índice donde debería estar su sien—. ¿Cómo consiguió esa marioneta, Sasori-senpai?

Sasori lo ignoró olímpicamente.

En medio del caos, Hinata desapareció misteriosamente del lugar donde se encontraba.

Deidara, apretando los dientes, invocó otro pájaro que le permitiera desplazarse ágil y velozmente por el recinto. Utilizó el dragón C2 para destruir las incontables ramas que lo perseguían, pero no sirvió para nada más que frenar por poco tiempo sus movimientos.

—¡Deidara-senpai, detrás de ti! —le advirtió Tobi con un grito chillón.

Hakke Kūshō —murmuró Hinata, y Deidara fue despedido de su propia creación por una corriente inesperada de aire, que impactó los puntos del sistema de chakra de su cuerpo y finalmente lo llevó a ser arrastrado, bajo la fuerza de gravedad, hasta el suelo. En medio del aire Deidara comprobó que ya no le quedaba suficiente arcilla para ejecutar otra técnica.

El artista arrugó el entrecejo. Como su bolso de cintura era un simple bolso de reserva, tenía menos arcilla de la que regularmente usaba.

En esos microsegundos de abstracción, Hinata lo interceptó en el aire con el Jūho Sōshiken, una técnica especial donde sus puños se convertían en dos dragones gemelos. El ataque ofensivo, potenciado por el chakra obtenido por la fruta de Shinju, prácticamente destruyó la mayoría de órganos internos en el centro de su cuerpo. Los ojos azules de Deidara se pusieron en blanco y él cayó inconsciente.

De manera inmediata, Hinata desactivó su técnica, lo cargó en brazos con cuidado, se estabilizó en el aire y puso su mano encima de la parte dañada, regenerando sus órganos y tejidos a una velocidad asombrosa.

Una vez curado, Hinata dejó que las ramas del Dios Árbol rodearan el cuerpo de Deidara, atrapándolo en uno de sus capullos, y entonces fue por los otros.

«Esto es tan molesto», pensó Sasori, quien utilizaba su marioneta del Tercer Kazekage para cortar con sierras circulares las incontables ramas que no dejaban de perseguirlo. Como su marioneta no estaba usando chakra, sus ataques podían penetrar la naturaleza orgánica de las ramas del Dios Árbol. Al darse cuenta de esto, los ojos de Sasori reflejaron un brillo astuto.

«Parece ser que ya se dio cuenta», pensó Tobi, divertido.

Sasori tomó otro pergamino y lo desenrolló.

Aka Higi: Hyakki no Sōen. —Aproximadamente cien marionetas se manifestaron en el aire.

Hinata miró en su dirección con un rostro que mostraba su sorpresa.

El marionetista se quitó con rapidez la capa de Akatsuki, dejando así el pecho al descubierto. Cuando intentó abrirse el compartimento que daba directamente a las redes de chakra de su corazón, descubrió que sus uñas solo terminaban arañando su piel. Sasori frunció el ceño y se palpó con ambas manos la piel de su pecho, de su estómago… Miró hacia abajo y con el pulgar derecho tiró de su pantalón y su ropa interior hacia adelante, lo suficiente para echar un vistazo.

Sasori abrió los ojos de par en par. ¡Cómo pudo olvidarlo! Como era un vampiro, por mucho que cortara su piel o sus mismas extremidades, paulatinamente iban a regenerarse. Por eso nunca pudo convertirse a sí mismo en una marioneta viviente.

Con razón había podido meterse en las aguas termales.

Las cien marionetas cayeron a sus espaldas con un golpe seco.

—A-ano… Sasori-san.

Él alzó la mirada hacia arriba y se encontró con los ojos celestes de Hinata. Ella fingía mirarlo con una expresión grave, pero su rostro estaba tan rojo como una amapola. La marioneta del Tercer Kazekage yacía destruida en el suelo.

Hakke Rokujūyon Shō. —Con una serie de combos de alta velocidad, Hinata cerró el flujo de chakra de los sesenta y cuatro puntos de chakra del sistema circulatorio de Sasori. Con el último golpe, Sasori salió volando y aterrizó contra el suelo. Él intentó mover el cuerpo, solo para darse cuenta que no podía hacerlo. Tampoco podía usar chakra.

Sasori sonrió sin alegría. Qué final patético. Terminar como el abono de un árbol.

Hinata se acercó a él y, como a los otros, lo empezó a curar con el poder mágico de su palma. Después de todo, los muertos no podían brindar continuamente chakra al Dios Árbol.

El marionetista sintió como todos los puntos de chakra de su cuerpo volvían a abrirse sin dolor, pero sus extremidades seguían tan enmudecidas que le costaba mucho trabajo mover un solo músculo. Él miró brevemente a la heredera del Clan Hyūga.

—¿Qué es lo que realmente pretendes? —inquirió Sasori—. Si necesitabas vampiros para alimentar a este árbol, ¿por qué tomarte tantas molestias en atraparnos justamente a nosotros?

Hinata no contestó, concentrada en la tarea de curarlo. Sin embargo, por la manera en que se mordía el labio inferior, definitivamente lo había escuchado.

Sasori entornó la mirada y con un hilo invisible que no era de chakra, tiró de manera imperceptible una de las armas más finas de la marioneta del Tercer Kazekage, unas agujas gruesas que contenían un veneno cien veces peor que el cianuro.

Ella aún no se había dado cuenta. Lo único que necesitaba era distraerla para atacarla.

—Escucha, Hinata. Si me dejas ir ahora no le diré a nadie que entraste a espiarnos mientras nos bañábamos —le propuso Sasori.

—¿E-eh? —dijo Hinata, mirándolo a los ojos con una expresión alarmada—. ¡Y-yo no entré a espiarlos! ¡Es un malentendido!

—¿Qué dirán todos cuando sepan que Hinata Hyūga es una pervertida? —continuó Sasori con un tono de burla—. ¡Realmente despreciable!

—N-no, Sasori-san. ¡Esa no era mi intención! —Hinata negó de forma frenética con las manos, luciendo verdaderamente aterrada.

«Perfecto». Sasori tiró de la aguja y ésta salió disparada hacia Hinata. Sin embargo, antes de que pudiera enterrarse en la piel de la heredera del Clan Hyūga, la aguja se desvaneció misteriosamente en el aire.

Sasori miró más allá de Hinata, hacia donde se encontraba Tobi. Arrugó el entrecejo. Esa técnica…

¿Qué demonios pretendía el enmascarado, ayudándola?

Las ramas del Dios Árbol lo atraparon en un capullo antes de que pudiera formular otros pensamientos al respecto.

«Faltan cinco», se dijo Hinata, echando un vistazo a los Akatsuki que faltaban.

Pain frunció el ceño y comenzó a caminar hacia Hinata con paso arrogante.

—¿Acaso crees que puedes derrotarme? —dijo Pain con una media sonrisa—. Yo no soy como los otros.

Cinco minutos después…

—¡Ayayayayayay! —Kisame e Itachi contemplaron de forma incrédula como Hinata rudamente arrastraba a Pain por el suelo agarrándolo del pelo—. ¡¿Es necesario que seas tan brutal?!

—Pensé que te gustaba el dolor —dijo ella con calma.

—Tengo la impresión de que se está vengando —comentó Kisame, refiriéndose al manga. Itachi solo asintió con la cabeza despacio.

Una vez Pain fue momificado por las ramas del Shinju, Hinata se fue a cazar a los demás Akatsuki.

A Kakuzu lo abrumó con poderosos ataques a distancia y le destruyó sus cinco corazones uno después de otro, sin darle tiempo para contraatacar. Luego se enfrascó en una larga batalla con Kisame, quien no tenía a Samehada, y finalmente también lo derrotó.

Hinata aterrizó en frente de Itachi, aún en el modo chakra del Tenseigan, y él la miró con ojos imperturbables.

—Itachi Uchiha… —empezó a decir Hinata con seriedad, esperando una conversación significativa entre ambos.

—Me rindo —dijo Itachi simplemente.

La repentina afirmación la dejó perpleja.

—¿Q-qué? —dijo Hinata.

—Me rindo —repitió Itachi.

—¿Pero por qué? —preguntó Hinata confundida.

Él se encogió de hombros.

Hubo un silencio incómodo.

Hinata pensó que este acabaría pronto, pero el silencio incómodo duró un poco más. Y un poco más todavía.

—Está bien… —Finalmente, Hinata se atrevió a decir algo. Itachi hizo un gesto de «¡ay, pobre de mí!», y se desplomó en el suelo con los ojos apaciblemente cerrados.

Hinata solo pudo mirar el numerito que estaba montando Itachi con una expresión en blanco.

Las ramas del árbol, de forma casi tímida, se arrastraron por el suelo hasta llegar donde él y devorarlo por completo.

Hinata utilizó su visión privilegiada para saber dónde se encontraba Tobi. Él era el más escurridizo entre tod-…

—¡Hinata-chan! ¡Aquí, aquí!

Tobi movió la mano de un lado para el otro, animado. Hinata miró en su dirección, estupefacta.

—Tobi-san, creo que deberías ser más prudente —le recomendó Hinata amablemente.

—¿A qué te refieres con eso, Hinata-chan? —dijo Tobi con inocencia.

—A que tienes que cuidarte de mí, porque en este momento soy tu enemiga —sentenció Hinata con solemnidad.

Tobi se levantó de la roca en la que estaba sentado.

—¿Lo eres? —dijo él.

—Lo soy —certificó Hinata con frialdad.

Tobi soltó una risilla boba.

—En ese caso, atácame.

Los ojos de Hinata se entrecerraron ante sus audaces palabras. En el tiempo que duraba un parpadeo, Hinata corrió hacia él con la palma abierta e intentó impactarla contra su corazón. Tobi no intentó evadirla. Simplemente dejó que la mano de ella traspasara su cuerpo sin provocarle ningún daño.

Tobi, quien era un hombre alto, subió una de sus manos enguantadas y dulcemente acarició su cabeza. Como cuando era pequeña, las suaves hebras de cabello se deslizaron entre sus dedos.

Hinata se tensó bajo la inesperada caricia.

En ese instante, fue como si su ser fuese avasallado por un sentimiento inexplicable, y Hinata lo miró fijamente. Pero su vacilación duró poco.

Hinata volvió a atacarlo, en vano. Tobi no hacía esfuerzos para defenderse a sabiendas de que sus ataques no podían tocarlo. Sin embargo, tampoco hacía ningún esfuerzo por atacarla.

Como ella lo había previsto desde antes, una batalla de taijutsu contra Tobi probaba ser inútil. De modo que decidió usar técnicas más avanzadas, pero él, aún sin intentar contratacar, se desmaterializaba ante cualquier intento de ataque, no importaba qué tan poderoso o recursivo fuera.

Tobi parecía decidido en mantener la pelea en un estado de estancamiento.

Hinata miró a Tobi con una frustración apenas perceptible en sus ojos.

—¿Por qué no me atacas? —preguntó Hinata finalmente.

—Tobi no quiere pelear contra Hinata-chan —afirmó él—. No quiero hacerte daño.

Los labios de Hinata temblaron y el corazón empezó a palpitarle con fuerza en el pecho. Eso era tan tierno… e inconveniente.

—En ese caso, Tobi-san, no me dejas otra alternativa.

—¿Y qué piensas hacer, si no puedes atacarme? —se burló Tobi con las manos en la nuca.

Hinata frunció el ceño.

—Realmente no quería recurrir a esta técnica… —dijo Hinata con una voz mortalmente seria.

Al ver la actitud de Hinata, Tobi dejó caer los brazos y también se puso serio.

Hinata se acercó a Tobi con pasos tranquilos y se plantó frente a él a una corta distancia. Tobi la miró con cautela.

«¿Qué piensa hacer?», pensó la persona tras la máscara.

¡Jutsu sexy!

Cuando la cortina de humo se dispersó, el único ojo visible de Tobi se abrió en proporciones astronómicas.

Hinata estaba frente a él, pero ahora no estaba vestida con la misma ropa recatada de siempre. Con su largo cabello níveo recogido en una coleta en lo alto de su cabeza, tenía puesto un bustier negro con los costados translúcidos que hacía que sus curvas voluptuosas se realzaran aún más de lo normal. En aquel hermoso rostro, sus ojos celestes emitían un brillo surreal que arrebataba la respiración.

La línea del centro de la parte superior de su cuerpo era una malla que le llegaba hasta el ombligo, insinuando la curvatura de sus senos y la blanca piel detrás de ella. La falda, considerablemente corta, flotaba alrededor de su cintura a un nivel que solo podía apreciarse como pecaminoso.

Expuesta en una pose sugerente, se veía más sensual que si hubiese estado desnuda.

Tobi tragó grueso y cerró los ojos. Él sentía que se iba a volver loco si se la quedaba mirando.

Hinata lo vio cerrar los ojos y se deprimió pensando que Tobi la consideraba tan poco atractiva que prefería no verla; aun así, no se detuvo a pensar mucho en ello. Aprovechando que tenía los ojos cerrados y no podía usar el Kamui, lo atacó con el Hakke Rokujūyon Shō. Tobi fue derrotado al instante.

Hinata curó su cuerpo como a los otros, y dejó que el árbol lo devorara. Luego sacó un celular del bolsillo y marcó un número.

—¿Aló? —contestó una voz del otro lado.

—Necesito que vengas, Konan-san —dijo Hinata.

Konan, del otro lado de la línea, sonó ligeramente curiosa.

—Ya está bastante tarde. ¿Parece ser que los Akatsuki te dieron problemas?

—Un poco —admitió Hinata, y luego añadió con solemnidad—: Ya es hora de que empecemos el verdadero plan. ¿Terminaste tu parte?

—Sí, Hinata-san.

Konan y Hinata discutieron un poco más, y luego ella colgó.

Hinata miró su ropa llena de polvo, sudor y manchas de sangre, y arrugó levemente la nariz.

—Tengo que estar presentable para hablar con mi padre y Madara.

Pero antes de ejecutar cualquier otra acción, Hinata empezó a toser de manera incontrolable. Ella se tomó la garganta, sintiendo que se ahogaba. Entonces se percató que una brillante sangre escarlata había salido a borbotones de su boca.

«Estoy muriendo», pensó Hinata. Apretó los labios, sacó un pañuelo y rápidamente se limpió con él.

Hinata continuó sin más dilatación. Utilizó un henge para cambiar su aspecto al que tenía habitualmente e hizo unos sellos con las manos para abrir la entrada del recinto del Dios Árbol, que una vez empezó la pelea había sido sellada para que los Akatsuki no pudieran escapar. Caminó a través de ella, y luego se adentró en el largo y sombrío túnel consecuente.

En el momento en que no sintió más su firma de chakra, Itachi Uchiha salió de su escondite.

Desde antes de que el autor supiera qué hacer con él, Itachi había decidido que iba a hacer lo que se le daba la gana.

—Así que Konan está involucrada en esto —reflexionó Itachi—. Entonces que Kakuzu encontrara un bus tan barato no fue casualidad… Konan definitivamente tuvo algo que ver.

Tenía la corazonada de que Hinata volvería, así que Itachi prefirió quedarse y no arriesgarse a ser detectado por un Hyūga en el exterior.