POV HIPO
Han pasado 3 días desde que Astrid no está, no puedo comprenderlo, durante estos tres días he volado a los alrededores, incluso fui a los Mercados del Norte buscando información, no hay señales de ella.
El ambiente sin ella no es agradable, aunque todos tratan de ser positivos, sé que se sienten de la misma manera, están angustiados por ella, Astrid no desaparece así como si nada, decidí suspender los entrenamientos, no tenía las ganas de soportarlos, y ninguno de ellos tampoco estaba interesado en entrenar.
En la tarde del tercer día, entré a la Casa Club a comer con el resto, el silencio era perturbador.
-¿Nada?- me preguntó Heather al verme llegar.
Yo simplemente negué, tomé mi plato y me dispuse a comer algo hasta que noté que Chimuelo levantaba la cabeza y sus orejas, unos segundos después sin alerta salió corriendo emocionado, corrí detrás de él y el resto también.
Sentí mi alma regresar al cuerpo, finalmente vi volando hacia nosotros al nadder que tanto esperaba ver con la jinete que tanto amaba.
-¡Astrid!- gritó Heather cuando notó quien era nuestro intruso.
-Aaaaaa Astriiid- gritaron los gemelos
Cuando Astrid aterrizó y bajó fue recibida por un puñado de abrazos de todos los chicos. Yo personalmente me quede rezagado...
-Jajaja... no creí que me extrañaran tanto- bromeó claramente abrumada por todos los chicos, cuando se separó de ellos, no tuvimos más opción que mirarnos el uno al otro...
-Bienvenida de regreso- me limité a decirle puedo jurar que mis palabras sonaron más frías que un tempano de hielo quebrándose en la soledad del mar.
Respiré profundo y designé que lo mejor era ir a descansar, sin despedirme, me dirigí a mi cabaña.
POV NARRADOR
-Estuvo muy afectado desde que te fuiste...- murmuró Heather cuando notó que Hipo se había ido -¿Por qué hiciste eso?- le reclamó a Astrid
-Tenía que hacer algo... solo me preguntes ¿bien?- respondió la ojiazul, Heather asintió, y sin más dilación Astrid tomó rumbo hacia el castaño, le debía si no una explicación, al menos una disculpa por irse así.
Hipo no hacía ni un minuto que había llegado a su hogar, ni siquiera notó que una rubia iba detrás de él, quien al llegar se recargó en el marco de la puerta y respiró profundo.
-Hola- lo saludó tímida -lamento haberme ido así-
-¿Qué paso contigo?- preguntó el ojiverde manteniendo su distancia.
-Salí a volar con Tormenta, y bueno el día se nos fue, cuando cayó la noche preferí acampar y ya sabes tomar un tiempo para mí, necesitaba aire, necesitaba estar un poco sola... tu entiendes de la soledad mejor que nadie, sabes lo beneficiosa que puede ser... solo se extendió más de lo debido- mintió Astrid
-Pudiste avisarme- le recriminó Hipo
-Vamos no es para tanto- respondió Astrid entrando a la cabaña, acercándose esta vez ella.
-No, si lo es- le contestó alterado Hipo -pudo pasarte algo, pudiste caer al mar, estar en peligro, alguien pudo secuestrarte o herirte... pudiste decidir alejarte de mí, pudiero...-
-¿Espera que?- lo interrumpió la ojiazul - ¿decidir alejarme?... bien eso ya es patético...- le recriminó caminando hacia él un poco más -tú lo dijiste, este es mi hogar, junto a ellos...- dijo señalando hacia la salida y finalmente la distancia que los separaban se redujo a unos pocos centímetros -junto a ti- murmuró
Ya no había más espacio entre ellos, ya no había más conciencia en Hipo, ya no había más autocontrol en Astrid.
Hipo respiró profundo tres veces, pero no pudo más, y de un fuerte movimiento atrapó su cintura y cuello acabando con cualquier milímetro que tuviera el atrevimiento de sepárarlos.
Sus alientos inevitablemente se cruzaron, estaban demasiado exaltados para respirar calmadamente, Hipo se detuvo y secuestró su mirada con la suya, Astrid sujetó la muñeca de su captor, trago saliva y respiró -hazlo-
Sin esperar un segundo, fundió sus labios con los de ella, en un desesperado beso, un beso que resguardaba los más de 15 años que Hipo la había amado, un beso que refugiaba en lo más profundo cada sentimiento que tenía por ella desde que era un niño.
Ella ya no era ella, aquel jinete se había apoderado completamente de su mente, y ahora de su cuerpo también, se había apropiado de cada centímetro de su alma en ese solo beso, soltó su muñeca y con un roce inquieto entrelazo sus manos detrás del cuello del chico, sus manos, su cuerpo, su aliento le suplicaban que no lo dejara ir nunca.
No hubo secretos o remordimientos que pudieran detenerlos, robaban el aliento del otro a volutad y sin control y el único enemigo con el valor de acabar aquel toque fue el aire cuando los abandonó por completo.
Pero ni siquiera entonces pudieron separarse, Hipo no destensó ningún musculo, Astrid no lo soltó ni un momento, el castaño recorrió lentamente el camino de su cuello a su labio inferior y se dio el lujo de acariciarlo un par de veces.
-Ya no puedo imaginarme un mundo sin ti- le murmuró aun compartiendo su aliento con ella
-Yo...- respondió Astrid aun agitada, trataba de regular su respiración, pero su cuerpo se negaba a moverse, hasta que un choque eléctrico se encargó de regresarla a su realidad -yo...no puedo hacerle esto- murmuró forzándose a separarse de él -lo lamento- se disculpó corriendo a la salida de la cabaña.
Hipo se quedó inerte con sus palabras, pero después de aquello, no sabía ni siquiera si podría respirar con calma nuevamente.
De la nada sonó un golpe discreto en la pared causado por el mismo frustrado castaño.
-¿Qué estoy haciendo?- se volvió a preguntar cuando por fin cayó en cuenta... después de esto, decirle la verdad será peor.
Lo había arruinado.
Astrid salió corriendo de ahí, necesitaba aire, espacio y quizá un nuevo corazón porque el que tenía estaba destrozado, se internó en el bosque completamente sola, necesitaba gritar, despojarse de tantas emociones, deshacerse de todos sus sentimientos.
Incluso caminar entre los árboles se habían convertido en una tarea imposible para ella, la misma luz del atardecer parecía ahogarla, se estaba quedando sin aire, no tenía control de ella misma, su cuerpo temblaba a voluntad, cuando pocos metros que le habían parecido kilómetros al fin la rindieron se dejó caer en cuclillas y abrazó sus rodillas, ya no tenía equilibrio, ni siquiera un verdadero precepto de su realidad.
-¿Astrid?- preguntó Heather cuando encontró a su amiga agachada entre sus rodillas temblando
-No puedo con esto- murmuró con la voz rota la chica, en un ataque de hartazgo se puso de pie y miró fijamente a Heather, quien se topó con unos heridos y llorosos ojos azules
-¿Qué es lo que paso?- cuestionó preocupada acercándose a ella
-¿Cómo le digo a Hipo que se salga de aquí?- le preguntó con voz llorosa señalando su corazón -¿Cómo le digo a mi corazón que deje de latir por Axe?- continuó con el cuestionamiento con voz aún más desesperada -Heather ¿Cómo detengo esto?-
-Astrid... escucha- trató de calmarl, ni siquiera ella sabía cómo actuar al ver a la gran Astrid Hofferson rota
-No puedo ni siquiera respirar sin sentirme culpable- confesó la ojiazul mientras una lagrima mojaba la tierra sobre la que estaba parada
-As...- murmuró Heather pensando sus palabras -Hipo te ama..ba... ¿lo sabes verdad?- preguntó dudosa sobre lo que diría a continuación, pero no era su trabajo decírselo a Astrid, no era su derecho -creo que lo único que a él le importaba era que tú fueras feliz-
-¿Por qué se fue?... ¿por qué me dejo sola?- preguntó sin poder dejar de llorar - ¿por qué los dioses me lo quitaron?... ¿en qué momento ellos pensaron que yo podría seguir sin él?- eso partió en pedazos el alma de su amiga
-Astrid...- no sabía que más decir
-Y luego llega este tipo- se quejó caminando de un lado a otro -un maldito tío sarcástico, sin animas de ser héroe, listo, ingenioso, de ojos verdes, llamándome M'Lady, haciéndome sentir segura... Heather ¿cómo demonios le explico a mi corazón que él no es Hipo?... que deje de vivir a través de él lo que la vida me arrebató hace 10 años- suspiró agotada y se sentó murmurando -siento que los traiciono a ambos-
-¿Por qué lo dices?- preguntó Heather sentándose a su lado poniendo una mano en su espalda y acariciándola lentamente tratando de darle un poco de consuelo
-Le prometí que no me enamoraría nunca más... y no dejo de pensar en Axe, pero no puedo estar con Axe sin compararlo con él - señaló Astrid con una voz ahogada sin dejar de mirar al suelo
-Astrid, creo que debes seguir adelante- le contestó levantando su rostro haciéndola mirarla -por Hipo... él quería verte feliz, y sé que Axe lo logra, no te había visto sonreír tanto en los años llevo conociéndote, ni siquiera sabía que tus ojos brillaran así- la rubia soltó una sincera aunque cansada sonrisa, ni siquiera era recordaba lo que era sentirse bien hasta que conoció al Maestro Dragón.
-... tengo miedo de olvidar a Hipo- confesó Astrid en un murmullo casi para ella.
Heather moría por dentro cuando lo escuchó -sé que no lo harás- respondió forzando su voz a salir.
El desgaste emocional puede tumbar más rápido a la rubia que el físico, su cuerpo y su alma estaban demasiado agotados -Necesito dormir un poco- confesó Astrid.
Heather asintió en aprobación y ambas subieron a Cizalladura, fueron a la cabaña de Astrid y se quedó con su amiga mientras se quedaba dormida, cuando al fin el sueño había vencido a la indomable vikinga, Heather se levantó y salió de ahí, ella tenía una visita por hacer.
POV HEATHER
-¡Heather!- gritó Patapez al verme entrar en la Casa Club
-Ahora no... Hipo... ¿Dónde está?...- pregunté seria casi interrogándolo
-En la armería... creo...- respondió titubeando y nervioso.
Me limite a salir e ir directamente ahí. Sin tocar, ni esperar respuesta, abrí de golpe.
-Heather... Hola- saludó sorprendido por mi entrada el tipo de una pierna
-Ahora tu... escúchame bien- le dije apuntándole con mi hacha doble... maña cortesía de Astrid -estas destruyendo a mi amiga y eso no lo voy a permitir-
-¿De que estas hablando?... ¿Astrid?... ¿está bien?- me preguntó preocupado pero sin bajar las manos en posición de defensa -atrás amigo, está bien- le dijo a Chimuelo cuando comenzó a tensarse tratando de protegerlo.
-Lo está, pero escucha- me relajé un poco -te quiero, y estaré eternamente agradecida por todo lo que has hecho por nosotros... pero esa mujer de ahí, es mi hermana, mi confidente, mi mejor amiga... no seguiré permitiendo que le hagas esto- bajé mi hacha y me acerqué a él -tienes 24 horas para decirle la verdad a Astrid... o se la diré yo- y sin darle tiempo a una respuesta, salí de ahí.
El tiempo corría, mañana a esta hora Astrid ya sabrá la verdad, por él... o por mí.
