Los personajes de Sakura CardCaptor no me pertenecen son una idea original de Clamp


Volveremos a florecer

…el ataque de tos cedió, pero la manga del Maestro Kinomoto estaba totalmente impregnada de sangre, una sonrisa se asomó por sus labios y miró a Sakura con todo su amor, un mareo lo aquejó y se desmayó en brazos de Shaoran, bajo la atenta mirada de su hija…

Los dos médicos actuaron rápido, recostaron al maestro Fujitaka en su futón y revisaron sus signos vitales, el latido de su corazón se notaba tenue y muy despacio, aunque su expresión era tranquila y una sonrisa se dibujaba en su rostro.

Sakura estaba angustiada, pero tenía que concentrarse así que trató de tener mucha calma, se levantó y fue hasta un mueble donde se encontraban las agujas de acupuntura de su padre mientras Shaoran palpaba el cuerpo del maestro kinomoto, el médico chino fue hasta la consulta para traer lo necesario para preparar los remedios de su suegro.

Mientras Sakura comenzó a practicar acupuntura para que el corazón de Fujitaka regresara a su ritmo normal, los castaños administraron la medicina con cuidado y poco a poco los latidos del corazón del maestro Fujitaka se fueron intensificando hasta que finalmente abrió sus ojos.

—Papá, trata de no moverte, aquí estamos —explicó la castaña, mientras cubría a su padre con la manta de su futón.

—Maestro no haga esfuerzos —indicó el castaño observando que Fujitaka quería incorporarse, colocó una mano sobre el hombro de su suegro.

—Estoy bien, solo fue un mareo —aseguró regresando a recostarse en el futón, atendiendo a las indicaciones de sus médicos.

—No papá, te desmayaste, esta noche nos quedaremos contigo para asegurarnos que te encuentres bien —dijo imperativa la castaña mirando a Shaoran quien asintió con determinación.

—No es necesario hija, vayan a descansar, yo estaré bien —trató de tranquilizar Fujitaka, con una expresión amable.

—No papá, aquí nos quedaremos —aseveró Sakura con total determinación, estaba muy preocupada, pero tenía que mantenerse enfocada.

Una risa entrecortada brotó del maestro Fujitaka y dirigió su mirada hacia Shaoran.

—Es terca maestro, espero que esté al tanto de la situación.

—Lo estoy, es parte de lo que me gusta de ella —confesó Shaoran con una sonrisa, la castaña solo se sonrojó, la tranquilidad volvió a ella al ver a su papá más relajado, tomó nuevamente su pulso para encontrar que su corazón se seguía sintiendo débil.

—Me quedo tranquilo ante sus palabras —señaló Fujitaka cerrando sus ojos, al parecer iba a dormir un poco.

—Descansa papá, hasta mañana, te quiero mucho —confesó Sakura mientras le daba un beso en la frente a su padre, quien abrió sus ojos y regresó el beso ahora en la frente de la maestra Sakura.

—Te quiero, eres mi tesoro pequeña flor de cerezo, hasta pronto —expresó mientras cerraba sus ojos, su sonrisa era muy pacífica y su respiración era tranquila.

Los castaños se quedaron velando el sueño del maestro Kinomoto, tomaban sus signos vitales y se aseguraban de que estuviera bien, así pasaron toda la noche, el maestro dormía plácidamente, la expresión en su rostro mostraba profunda paz.

Entrada la madrugada Shaoran se apoyó en la pared y Sakura se acomodó en su pecho, estaban tranquilos porque los signos vitales del maestro permanecían estables, se relajaron un poco y el sueño acudió a ellos, así como estaban sentados uno al lado del otro, se quedaron dormidos, aunque continuamente despertaban para revisar nuevamente al padre de Sakura.

El alba comenzaba a hacer su aparición cuando Shaoran despertó porque le dolía el cuello debido a la posición que había adoptado, miró a la mujer acurrucada en su pecho, su respiración era tranquila y sonrió, después dirigió su mirada hacia el maestro Kinomoto, pero a simple vista no pudo notar su respiración.


Los funerales del Maestro Fujitaka Kinomoto se dieron en una cálida y apacible tarde, el ambiente era tal que reflejaba el carácter tranquilo y afable del que fuera el mejor médico que Edo había conocido, aquel que sirvió al pueblo japonés durante cuarenta años.

No hubo persona en el castillo que no asistiera a despedirse de aquel hombre de sonrisa amable y consejo oportuno, todos los que desfilaron por el salón de honor de la fortaleza lo hicieron con un corazón apesadumbrado por la pérdida.

El Shogun no abandonó la sala en ningún momento, debía estar cerca del cuerpo de su amigo, una mirada triste se reflejaba en sus ojos, su mejor amigo, su hermano, había trascendido, la muerte es una parte más de la vida, en un eterno fluir del universo, eso lo sabía y estaba preparado para enfrentarlo, pero las eternas tardes de juego, las conversaciones y los consejos de su castaño amigo serían algo que extrañaría en demasía. Dos personas sumamente importantes habían partido recientemente, primero su amado hijo, quien aún era joven y tenía una vida por delante se fue, sin siquiera despedirse dejando en él un profundo sentimiento de soledad y vacío; ahora su hermano aunque no de sangre, sus almas estaban unidas de alguna manera, también había partido, él era consciente que la enfermedad de Fujitaka era incurable, el mismo médico se lo había comunicado, el gobernante estaba agradecido porque en sus últimos días lo vio ser nuevamente él, el hombre relajado y sabio, de sonrisa amable, dejando atrás las huellas del dolor, regresando a ser el más valioso de sus consejeros, disfrutando de los jardines de palacio en compañía de sus seres queridos, regalándole justo hace dos días el juego de go más emocionante en muchos años, entre conversaciones amenas y bromas comunes, incluso compartieron un poco de sake, como en los viejos tiempos.

El joven Yue permaneció haciendo guardia a un lado de su padre, sus ojos siempre de hielo estaban tristes, Fujitaka era como su tío, siempre podía conversar con él, siempre tenía una palabra de aliento, cuando Touya murió lo consoló con mucho cariño, reconfortando el corazón del pequeño.

El maestro Tsukishiro tampoco se movió de su guardia cerca del cuerpo de quien fue como su padre, quien lo recibió sin inconveniente cuando aún era pequeño y estaba desamparado, lo llevó de la mano por el camino de la medicina, al igual que el Shogun, Yukito tampoco dejaba de pensar en Touya, ahora eran dos partidas de personas importantes. El medico había visto la evolución de la enfermedad y había tratado de luchar contra ella de la mano de Sakura y Yamazaki, incluso del mismo Fujitaka, pero habían fracasado, no fue hasta que el maestro Li apareció que la mejoría llegó, sin embargo, ya era tarde, la enfermedad se había extendido por todo su cuerpo sin piedad, de los ojos del joven medico de cabello plateado escapaban lagrimas silenciosas.

La nobleza acudió a despedirse con profundo dolor, las personas que habitaban cerca el palacio no lograban contener las lágrimas, el pueblo entero estaba de luto por la partida de una persona que siempre estuvo ahí para escucharlos, para atenderlos, para bromear con ellos. La sonrisa amable de Fujitaka Kinomoto brillaría en el recuerdo de todos por muchos años, estuvo con ellos en los momentos felices como el nacimiento de sus hijos, o luchando de la mano con la enfermedad de alguien de su familia, también ayudo a unos cuantos a morir tranquilos.

El maestro Yamazaki y las tres pequeñas aprendices también asistieron y derramaron lagrimas tristes, lágrimas de agradecimiento, revivieron los recuerdos de años pasados en compañía del médico que los acogió bajo su instrucción y bajo su protección, aquel que los esperaba sonriente todas las mañanas, que con paciencia los formaba, que les regalaba dulces hechos a mano, quien que se comportaba como un padre y siempre estaba dispuesto a escucharlos y brindarles el sabio consejo que necesitaban.

Toda la elite Samurái precedida por Eriol Hiragizawa y el general Daidouji, fue a rendirle homenaje y a prometer ante su yaciente cuerpo, que seguirían cuidando al pueblo de Edo así como el cuidó de cada uno de ellos en algún momento, las esposas de los samuráis derramaban lagrimas silenciosas al contemplar al hombre que ayudó a traer al mundo a varios de sus hijos, quien los ayudó cuando se enfermaban y que jugaba con ellos cuando los veía corretear por los jardines del palacio, ahora esos niños eran guerreros fuertes y valientes, los mismos que le prometían salvaguardar el pueblo al que él decidió dedicar su vida.

Los sirvientes desfilaron uno a uno por el salón de honor, haciendo profundas reverencias hacia el hombre que nunca hizo una diferencia con ellos, siempre los trató con el mismo respeto que a cualquier noble, el que agradecía sus atenciones con una enorme sonrisa y se preocupaba por sus problemas cuando los notaba decaídos o celebraba sus alegrías, el maestro Kinomoto a pesar de ser el mejor amigo del Shogun, era una persona sencilla a la que era un honor servir.

Sakura estaba presente con el corazón más roto que nunca, permanecía en una agonía silenciosa, estaba consciente de la gravedad de la enfermedad de su padre, hizo de todo para detenerla, su corazón estaba tranquilo a pesar de estar hecho añicos, no se quedó con nada pendiente, estuvo con el todos los días compartiendo momentos felices y sus últimos días habían sido los más tranquilos, casi sin dolor, con esa sonrisa transparente y amable, caminando juntos por el jardín rieron recordando el pasado y jugando go con Shaoran, incluso unos días antes volvió a pintar, un campo de cerezos, un lienzo que pintó para ella, con el que le aseguró que no se perdería nunca más de la floración de esos hermosos árboles, porque siempre estaría ahí presente.

En algún momento del funeral la castaña salió del salón de honor donde velaban el cuerpo de su padre, caminó sin dirección por uno de los pasillos de palacio mientras era seguida de cerca por Shaoran, quien no quería ser invasivo pero tampoco pretendía dejarla sola, ella se percató que el castaño la seguía así que dejó que se acercara, una vez juntos ella volteo en su dirección con lágrimas en los ojos y se derrumbó, pero Shaoran fue más rápido y no permitió que cayera al piso, la abrazó fuertemente quedando los dos poco a poco sentados en el suelo.

Él la acunó con fuerza entre sus brazos y ella lloró, sollozó con todo su corazón hecho añicos, entre suspiros murmuraba el nombre de su padre, mientras el castaño no podía hacer más que envolverla cada vez más hasta dejar que se apoyara en su pecho, quería que sintiera que estaba con ella compartiendo su dolor, porque el vacío que sentía Shaoran en el pecho también era muy grande, a pesar de haber estado poco tiempo con el maestro Kinomoto, llegó a ser muy cercano a él, incluso a veces lo sentía como un padre por las conversaciones que compartieron y los consejos que le daba o cuando lo reprendió por tomar el extracto de flores de cerezo.

Pequeñas lagrimas también comenzaron a recorrer las mejillas del castaño, los dos maestros dejaron que las emociones emergieran, no contuvieron absolutamente nada, Sakura temblaba y Shaoran la acunaba, le dolía su dolor, le dolía la partida de su suegro, le frustraba no poder haber hecho más, pero sabía perfectamente que contra la muerte nada se puede hacer.

Poco a poco los sollozos de Sakura se fueron haciendo más pequeños, las convulsiones de su cuerpo dejaron de aparecer, el castaño la mecía lentamente como si fuera una pequeña niña. Permanecieron abrazados en uno de los pasillos de palacio no sabían cuánto tiempo.

En silencio decidieron regresar hasta el salón donde se encontraban todos, ella se acercó al cuerpo de su padre y dejó un pequeño beso en su frente, mientras le murmuraba entre pequeños sollozos.

—Gracias…te amo por siempre

Volvió a tomar su lugar en una esquina alejada de todos donde el castaño también tomó un lugar y permaneció junto a ella.

Después del funeral, el cuerpo fue incinerado y el cortejo fúnebre regresó al salón de honor, para despedir por última vez al maestro Fujitaka Kinomoto.

Los monjes terminaron los rituales y los asistentes se acercaron uno a uno al altar donde se encontraba la tabilla funeraria de Fujitaka, se arrodillaron y prendieron una varita de incienso, posteriormente juntaban las manos y realizaban una profunda reverencia.

La primera en hacerlo fue Sakura quien era seguida por Shaoran y Tomoyo, del obi de su mofuku(1) saco un pequeño pergamino que dejó en la mesa en el que se podía leer.

"Como las flores de cerezo,

tu vida llenó de alegría a todos,

aunque el rocío no abandone mis ojos,

volveremos a florecer"

Tomoyo y Shaoran encendieron también su varita de incienso, juntaron las manos y realizaron una profunda y respetuosa reverencia.

Todos los asistentes podían leer el mensaje de Sakura para su padre en el que se reflejaba la profunda tristeza de su hija, pero también el amor y agradecimiento que le profesaba.

Al terminar los rezos y después de que todos los asistentes pasaron a brindar sus respetos a Fujitaka, se dieron por concluidos los funerales del maestro, los asistentes abandonaron la sala.

El Shogun se retiró dedicándole una triste sonrisa a Sakura, ella respondió con una reverencia en agradecimiento por la amistad que mantuvo con su padre.

Yukito, Takashi, Shaoran, Tomoyo, Naoko y Chiharu, realizaron una gran reverencia hasta el piso la misma que se realizaba ante el Shogun, para honrar la memoria de quien fue su maestro en muchos sentidos, ese acto provocó los sollozos de Sakura.

Sus colegas se despidieron de Sakura, Yukito le comunicó que no se preocupara entre todos se harían cargo de la consulta, ella debía guardar su luto sin presiones.

El señor Ryusei Ikeda, también se acercó a Sakura, pero Shaoran se colocó entre ambos, el consejero del Shogun le dedicó una mirada altiva al chino y realizó una reverencia hacia Sakura, la maestra la contestó sin prestar mucha atención, el castaño siguió con la mirada al hombre de ojos negros hasta que se retiró del salón.

Tomoyo abandonó su lugar junto a la familia Hiragizawa y se acercó hasta Shaoran, atrás de ella caminaba Eriol.

—Maestro Li, por favor no la deje sola —suplicó la pequeña aprendiz, con lágrimas en sus ojos.

—Nunca —contestó el castaño con determinación.

Eriol le dio una leve inclinación de cabeza y colocó una de sus manos en el hombro del ambarino en señal de apoyo, Shaoran contestó la leve reverencia, el matrimonio Hiragizawa fue el último en retirarse, no sin antes encender un incienso mas y realizar una respetuosa reverencia.

—Maestro Kinomoto, mi espada siempre velará por el pueblo que usted cuidó durante tantos años —prometió Eriol ante la tablilla funeraria del médico.

Sakura seguía aún mirando la tablilla funeraria de su padre, con ojos cristalinos, el ambarino se sentó en seiza junto a su prometida sin decir palabra, solo acompañándola, Shaoran volvió a encender una varilla de incienso y realizó una reverencia más, el movimiento regresó a la realidad a la castaña.

—¿Podrías traer mi Koto Shaoran? —preguntó Sakura con un hilo de voz.

El castaño asintió, dio un apretón en una de sus manos y abandonó el salón, nuevamente la maestra se quedó mirando la tablilla funeraria detallando los kanjis(2) del nombre de su padre.

Cuando el médico regresó, colocó el instrumento cuidadosamente, cerca de la maestra y ella comenzó a tocar, mientras le hablaba a su padre desde lo más profundo de su corazón

Lagrimas comenzaron a derramarse mientras Sakura tocaba y con voz triste expresaba…

—Papá… hoy quiero tocar una última vez para ti… te amo y siempre lo haré… gracias por cuidarme… por estar conmigo… por enseñarme tantas cosas... por ser ese hombre que siempre me esperaba con una sonrisa… por alentarme en todo momento… hoy me siento muy triste por tu partida… mi corazón está roto en mil pedazos… pero te prometo que no será para siempre… te prometo que volveré a sonreír… como a ti te gustaba que lo hiciera… siempre que te recuerde será con una gran sonrisa… porque fuiste una gran persona… pero hoy permíteme llorarte hasta que se me acaben las lágrimas… permíteme sacar este dolor que siento en el corazón…

» Estoy tranquila porque sé que no nos quedamos con nada pendiente… te ame y me amaste… estuvimos juntos y reímos… tuvimos una buena vida a pesar de los últimos tiempos de enfermedad… sin embargo… se que tus últimos días la pasaste bien… sé que la pasamos bien…

»Sabes… cuando te extrañe sé que te podre encontrar en la brisa matutina… en el trino de los pájaros… en la floración de los cerezos… pero sobre todo siempre estarás aquí… dentro de mi corazón… tu sonrisa siempre me acompañará… porque así fue Fujitaka un hombre alegre… justo así vivirás por siempre en mi corazón… gracias por todo papá… te extrañaré… y mucho… pero mi corazón estará tranquilo porque sé que vivimos bien… te amo por siempre Fujitaka Kinomoto… gracias por la vida tan bella que me ayudaste a construir… gracias por ser mi papá…

—No lo defraudare maestro, cumpliré mis promesas —aseguró Shaoran mientras realizaba otra reverencia y la melodía terminaba.

—Gracias Shaoran —dijo Sakura viendo al castaño, con una linda sonrisa, aunque sus ojos estaban llenos de lágrimas—. Papá recuperó la vitalidad en sus últimos días, gracias a tus cuidados y tu dedicación.

—Sakura… me hubiera gustado ser de más ayuda —aseguró apenado el castaño inclinando su cabeza y apretando sus puños con frustración, lamentando que tantos años de estudio hubieran sido insuficientes, Sakura negó con la cabeza.

La maestra dejó su lugar atrás del instrumento musical y se sentó junto al castaño, tomó sus mejillas y lo miró directo a los ojos.

—Fuiste de más ayuda de lo que crees, papá se fue en paz, su rostro era sereno y se notaba complacido, estaba muy feliz y nos lo demostró —afirmó la castaña en tono tranquilo—. Shaoran ¿me abrazas? quiero seguir llorando, te prometo que solo será hoy.

—El tiempo que necesites Sakura, recuerda que aquí estoy para ti.

El castaño se limitó a cumplir el deseo de Sakura, se quedó abrazándola mientras ella sollozaba, hasta que se quedó dormida en los brazos del médico.

Shaoran la levantó aún entre sus brazos y decidió llevarla a su habitación para que descansara, iba caminando con sumo cuidado, procurando no despertarla cuando se topó con el sirviente del Señor Ikeda.

—Buenas noches maestro Li —saludó haciendo una reverencia—. Lamento la pérdida del maestro Kinomoto, dígale a la maestra que si requiere algo con gusto estoy para servirle y a usted también maestro.

—Gracias Haku —se limitó a agradecer Shaoran, se despidió con una inclinación de cabeza y siguió su camino.

Shaoran iba llegando a sus habitaciones cuando vio salir de los aposentos de Sakura a otro de los sirvientes.

—¿Taki que haces aquí? —preguntó el medico en voz baja para no despertar a la castaña.

—Estaba acondicionando el futón de la maestra para que durmiera cómoda, le dejé un poco de té de jazmín en nombre de todos los sirvientes, sabemos que le gusta a la maestra —informó el muchacho, se veía realmente afligido, el maestro Kinomoto siempre fue muy amable con él, al igual que su hija—. Siento mucho la muerte del maestro Kinomoto —indicó con una gran reverencia.

—Gracias, le informaré a la maestra Sakura sobre sus atenciones —señaló Shaoran—. Un último favor Taki, el koto de la maestra Sakura se quedó en el salón de honor, ¿podrías traerlo y dejarlo en mi habitación?

—Claro maestro Li —contesto el muchacho.

Entraron en la habitación y todo estaba perfectamente ordenado, el futón estaba dispuesto para dormir como el sirviente lo indicó, la tetera estaba colocada en la mesita baja y el té de jazmín estaba en una pequeña bolsita, había una nota con una caligrafía desigual:

"De parte de los sirvientes de palacio, esperamos que la ayude a dormir, maestra Kinomoto, la queremos mucho"

Shaoran sonrió, no había manera de no querer a Sakura, sin duda ella sabía ganarse el corazón de todos, y cada uno hacía lo necesario para tratar de reconfortarla.

Shaoran recostó a Sakura dentro del futón con sumo cuidado, estaba a punto de cubrirla cuando la castaña abrió lentamente sus muy hinchados ojos y tomó a Shaoran por la manga de su kimono negro.

—No me dejes sola esta noche por favor —pidió en un susurro y con voz quebrada, el ambarino asintió.

—¿Quieres un poco de té de jazmín?, los sirvientes te dejaron un poco para que te ayude a descansar —preguntó Shaoran.

Sakura asintió y Shaoran le entregó el pergamino a Sakura mientras preparaba el té, la maestra dejó salir unas pequeñas lagrimitas cuando terminó de leerlo, tomó su té y se acostó nuevamente en su lecho.

Shaoran se recostó junto a ella quien inmediatamente lo abrazó, el castaño los cubrió con la manta y acarició la espalda de Sakura hasta que ella se quedó nuevamente dormida, pequeños sollozos la aquejaron durante la noche, pero Shaoran se aseguraba de resguardarla con cuidado entre sus brazos y Sakura calmaba un poco su pena.


La semana siguiente del funeral del maestro Kinomoto, Shaoran no se despegó de Sakura ni a sol ni a sombra asegurándose de que comiera y descansara apropiadamente, a menudo pasaba horas escuchándola, ella solía contarle anécdotas de cuando era pequeña, poco a poco la castaña iba recuperando su habitual sonrisa.

Tuvieron que desocupar la habitación del maestro Kinomoto, llevaron sus libros a la biblioteca de la consulta, así como su caja de medicamentos y agujas de acupuntura, donaron su ropa y algunas otras cosas.

La cajonera donde habían guardado el extracto de flores de cerezo la trasladaron a la habitación de Shaoran porque iba con la decoración del cuarto del castaño, Sakura quería guardar unas cosas en ella, ya que los accesorios de sus kimonos ya no cabían en sus cajones, así que, aunque la cajonera estuviera en la habitación del castaño terminó repleta de cosas de Sakura, en el cajón donde estaba el extracto, la esmeralda colocó la horquilla que le habían regalado los padres del ambarino. Shaoran la dejo que invadiera su habitación, ya había invadido su corazón y con tal de verla feliz, él la dejaba hacer y deshacer.

En todo ese tiempo el maestro Tsukishiro se hizo cargo de la consulta y de coordinar las actividades, habló con Shaoran para asegurarle que, entre él, el maestro Yamazaki y las tres aprendices llevarían a cabo todo el trabajo, la única responsabilidad del castaño era cuidar de la maestra Sakura.

Los cuarenta y nueve días de luto se cumplieron, sin embargo, Sakura había regresado a trabajar a la semana siguiente de la muerte de su padre, a pesar de las protestas de sus compañeros quienes insistían que debía estar tranquila y guardar su duelo, pero ella les comunicó que la única manera de estar en paz era seguir el ejemplo de su padre y trabajar con entusiasmo todos los días, aunque en varias ocasiones dejaba que Yukito organizara todo, ella solo supervisaba y autorizaba.

El lienzo que pintó su padre adornaba una de las paredes de la consulta, todo el que pasaba por ahí permanecía admirando la obra, sin duda un pedacito del alma de Fujitaka se había quedado atrapado en esa pieza de tela.

Shaoran entraba a la consulta cargando un envoltorio enorme, dispuesto a cubrir la guardia de la noche, cuando encontró a todos los médicos rememorando anécdotas del maestro Kinomoto, la sonrisa en los labios de todos era muy evidente.

—Buenas tardes, los veo muy alegres —saludó el castaño volviendo la mirada a hacia Sakura quien observaba el lienzo pintado por su padre con una gran sonrisa.

—Así es maestro Li, estábamos recordando a al maestro Kinomoto —explicó Yukito con su sonrisa amable.

Shaoran dejo el envoltorio a un lado, bajo la mirada desconcertada de Sakura y los ojos expectantes de Tomoyo.

Los médicos continuaron unos minutos conversando, recordando como el maestro Kinomoto le seguía el juego a Yamazaki con sus mentiras, pero siempre aportaba un dato que si era real, logrando confundir al médico pelinegro y haciéndolo prometer que estudiaría mas para decir información fiable y no solo mentiras.

Lo cierto era que el castaño extrañaba el tiempo que pasaba con su suegro jugando go, nunca pensó que ese juego se hubiera vuelto tan importante para él en poco tiempo, la próxima vez que viera a Hiragizawa lo invitaría a jugar, Sakura le había regalado el tablero de go que había pertenecido a su padre, ahora era una de las posesiones más valiosas del castaño.

Los médicos se retiraron de la consulta, solo quedaron la pareja de castaños, quienes cenaron juntos en el recinto, Sakura ya había vuelto a ser la misma, como ella bien lo dijo, dejó que el dolor saliera hasta que se le acabaron las lágrimas las cuales fueron remplazadas por su bella y radiante sonrisa, cada vez que rememoraba a su padre.

—¿Quieres que me quede contigo? —preguntó Sakura acercándose al castaño, quien dejaba a un lado las bandejas vacías.

—No cerezo, ve a descansar, ya trabajaste todo el día, es momento que me quede de guardia— trató de convencerla Shaoran.

—Está bien, pero te voy a extrañar esta noche —Sakura hizo un puchero, ya se les había hecho costumbre dormir juntos, ya sea en la habitación del castaño o en la de ella—. Así que dormiré en tu habitación, al menos al estar en tu futón sentiré que me abrazas.

Shaoran rio abiertamente por las ocurrencias de su prometida.

—Como quieras pequeña, solo asegúrate que si duermes en mi habitación ese gato loco no entre, odio que deje pelos por todas partes —pidió el castaño mientras le daba un beso en la coronilla.

—¿Y si sacudo el futón en la mañana?, no habrá pelos, lo prometo, no quiero estar sola ya me mal acostumbraste— solicitó Sakura con una mirada suplicante dirigida justo a los ojos ambarinos del médico.

—Si me miras de esa manera, no te puedo negar nada —señaló resignado Shaoran.

—Te prometo que no encontrarás ni un solo pelo de gato —se comprometió la maestra mientras se lanzaba hacia su prometido en un efusivo abrazo, quien la tomó por la cintura y ambos disfrutaron de la calidez del contacto.

Shaoran deshizo el abrazo y fue hasta el envoltorio gigante con el que llegó por la tarde y lo llevó hasta donde estaba Sakura.

—Hace algunos meses por seguir mi curiosidad se estropeo un kimono muy lindo —explicó Shaoran ante una Sakura que ni se acordaba de la mancha de tinta de su kimono, afortunadamente se la pudieron quitar y el atuendo estaba como nuevo.

—Ese día solo lo dije por molestarte Shaoran, estaba enojada, bueno enojada, feliz, angustiada eran muchas emociones —confesó la ojiverde.

—Aun así, tómalo como una disculpa y mi promesa de no volver a dejarme llevar por la curiosidad, sin pensar en las consecuencias, aquí tienes unos cuantos kimonos de seda traída exclusivamente para ti desde China, Tomoyo Hiragizawa supervisó cada detalle de la confección —dijo el ambarino entregando el envoltorio.

—Gracias Shaoran, no era necesario —comentó totalmente sonrojada—. ¿Puedo abrirlos? —preguntó la castaña.

—Claro, son tuyos —respondió Shaoran—. Están pesados, si quieres míralos y mañana los llevo a tu habitación.

Sakura abrió con sumo cuidado el envoltorio para encontrarse con cinco kimonos muy hermosos, el tacto de la seda era delicioso, demasiado suave, sonrió ampliamente.

—Son bellísimos —expresó asombrada, ella tenía kimonos lindos, pero esas cinco piezas eran absolutamente hermosas.

—Gracias Shaoran, los cuidaré mucho —dijo abrazando al ambarino quien solo se limitó a darle un beso en la coronilla, satisfecho de que le gustaran los atuendos.

La maestra Sakura estaba doblando con sumo cuidado las piezas de seda, para volverlas a colocar en el envoltorio cuando entró uno de los sirvientes de palacio.

—Buenas noches, maestros —saludó con una profunda reverencia

—Buenas noches —respondió Shaoran—¿Te puedo ayudar en algo?

—El Shogun le envía este mensaje maestro Li —explicó el sirviente mientras le entregaba un pergamino doblado en cuatro.

Shaoran lo recibió y el sirviente se despidió con otra profunda reverencia hacia los médicos, Sakura se acercó hasta el castaño quien desdoblaba en pergamino con cuidado

"Maestro Li,

Han concluido los cuarenta y nueve días de luto por el fallecimiento de mi hermano Fujitaka, quien la última vez que jugamos go, me comunicó sus habilidades en este juego, por lo que me gustaría compartir con usted una partida en día de mañana después de medio día, lo espero en la sala de té.

Clow Reed"

—¡Increíble! —expresó Sakura emocionada

—Pero ni siquiera soy bueno, ¿Qué le habrá dicho tu padre Sakura? —cuestionó con angustia Shaoran—. Perderé horriblemente ante el Shogun.

—Claro que no, la última vez le diste buena batalla a papá —expresó Sakura, tratando de calmar a un Shaoran incrédulo.

Sakura se retiró a descansar dejando un tierno beso en los labios del castaño y agradeciendo nuevamente por los atuendos tan hermosos, dejando en la consulta a un Shaoran que se notaba preocupado por la partida de go con el Shogun.

El médico chino trató de despejar su mente pensando en otra cosa, trataría de estar relajado y estudiar con cuidado las jugadas de Clow, para no quedar en ridículo.

La media noche estaba llegando, hasta el momento solo se había presentado la esposa de un samurái con su pequeño con un poco de fiebre, el castaño lo revisó, solo se trataba de un resfriado, bajaron la fiebre e indicó algunos medicamentos.


Sakura como lo prometió estaba dormida en la habitación del castaño ajena totalmente a que en su habitación una persona estaba rebuscando entre sus cosas, el tipo estaba convencido de que su objetivo había permanecido en la habitación del maestro Kinomoto, pero ahora que se encontraba vacía estaba seguro que encontraría la sustancia entre las pertenencias de los castaños, en ocasiones anteriores había buscado en sus habitaciones pero la fortuna no le había sonreído y su señor se estaba impacientando, aunque aun faltaban varias piezas en el plan, todo marchaba sobre ruedas, solo necesitaban encontrar el veneno.

Otra posibilidad era que la sustancia estuviera en la consulta, en ocasiones anteriores también la había buscado ahí, pero tenían tantos remedios y frascos que no lo sabía identificar, necesitaba los pergaminos, quizás sería bueno ir nuevamente a investigar en el área médica, aún el día no hacia su aparición.


No faltaba mucho para el amanecer Shaoran estaba ordenando algunos papeles que se encontraban en la mesa de Sakura, cuando llegó un sirviente a la consulta, lo reconoció como Haku, quien estaba al servicio del señor Ikeda.

—Maestro mi amo, se acaba de desmayar, por favor ayúdenos —pidió el sirviente dirigiéndose a Shaoran, quien tomó su caja de medicamentos, mientras salía rápidamente de la consulta.

Caminaron por los pasillos de palacio y subieron al cuarto piso donde se encontraban los aposentos del consejero de la corte, un par de sirvientas estaban alrededor del funcionario con caras de angustia.

Shaoran comenzó su minucioso examen bajo la atenta mirada de las mujeres, el sirviente que lo había llevado hasta ahí, no se encontraba más en la habitación, Shaoran no le dio importancia a ese hecho, el funcionario se veía en buenas condiciones, estaba consciente aunque muy débil, pero cuestionando a las mujeres no había comido en todo el día anterior por estar absorto en su trabajo, por lo que Shaoran intuyó que requería energía en su sistema, realizó una mezcla de agua con azúcar y solicitó a las mujeres que fueran a las cocinas de palacio por algunas frutas o alimentos dulces.

Le indicó a Ikeda que tomara el agua con azúcar y poco a poco se fue recuperando, comió un poco de fruta que le trajeron de las cocinas y ciertamente ya estaba mucho mejor.

—Le recomendaría que no deje pasar sus comidas, por mucho trabajo que tenga, su cuerpo requiere alimentarse para tener energía y también requiere tener un buen descanso —explicó Shaoran al funcionario quien lo miraba atentamente sin decir palabra.

Haku el sirviente entró a la habitación nuevamente haciendo una profunda reverencia hacia su señor.

—Qué alegría que se encuentre mejor amo —expresó el sirviente.

—Gracias maestro Li —dijo Ikeda con una sonrisa torcida, tratando de encubrir la mueca de desprecio que siempre mostraba a Shaoran.

—No tiene que agradecer es mi trabajo —esbozó el médico—. Me retiro, descanse apropiadamente y asegúrese de comer lo suficiente.

—Tenga por seguro que lo haré, Haku acompaña al maestro de regreso a la consulta—. Ordenó Ikeda.

Shaoran y el sirviente caminaron en dirección a la consulta, Haku le comentó al médico que su amo tenía problemas para conciliar el sueño, le solicitó recomendarle algo para que su señor descansara apropiadamente.

Cuando llegaron a la consulta Shaoran se dirigió a uno de los cajones y sacó unas hiervas, las cuales entregó al sirviente indicando que realizara infusiones con ellas para relajar a su amo y que se cerciorara que comiera en los horarios establecidos para que no volviera a tener una recaída, mientras estaba dando las indicaciones pertinentes, llegaron a la consulta, el maestro Yamazaki y el Maestro Tsukishiro, el sirviente se despidió agradeciendo la amabilidad del medico chino.

—¿Mucho trabajo Li? —preguntó Yamazaki

—En realidad no, solo un resfriado e Ikeda que no ha dormido ni comido bien sufrió un desmayo, pero nada grave —respondió Shaoran

—Se debió sentir muy mal —aseguró Yukito—. Ya que a ese hombre nunca le ha gustado nuestra presencia.

—Creo que fue iniciativa del sirviente el venirnos a buscar —comentó Shaoran—. Al parecer Sakura se quedó dormida —dijo el médico observando a las tres aprendices que hacían su aparición.

—Debería ir a despertarla maestro Li —expresó Tomoyo a modo de saludo, mientras Chiharu y Naoko asentían apoyando a la pelinegra.

—Tienes razón eso debería hacer —afirmó el castaño—. Que tengan buen día —se despidió Shaoran abandonando la consulta, llevando consigo el envoltorio con los kimonos de su prometida.

Dejó la pesada carga en la habitación de Sakura, entró sin reparo porque la maestra le había dicho que iba a dormir en la habitación de él.

Al llegar a su propia habitación encontró a su pequeña flor plácidamente dormida, la muy pilla no solo se había conformado con dormir en su futón, sino que se había puesto el nemaki(3) verde de Shaoran, que por cierto le quedaba enorme.

No había rastro del demonio amarillo de cuatro patas, al parecer no se había presentado a hacerle compañía a su yosei, quizás se había dormido muy tarde, por eso aún estaba en el país de los sueños.

Shaoran cambió su ropa a un nemaki para estar más cómodo, entró a su futón aun con la castaña dormida quien al sentirlo cerca se acurrucó entre sus brazos, sabía que tenía que despertarla para que fuera al trabajo, pero también quería descansar un poco de la noche en vela que tuvo, así que decidió ser un poco irresponsable, algo que jamás se le hubiera ocurrido, pero abrazar a su flor unos minutos no le iba a hacer daño a nadie.

Así que se acomodó y ella también y se quedaron profundamente dormidos, estar abrazados los relajaba mucho.

Minutos después Sakura comenzó a despertar aun con los ojos cerrados, respiró profundamente, la esencia varonil de su prometido golpeo su olfato, un aroma delicioso, recordó que se había dormido en la habitación del castaño y como travesura se había puesto el nemaki favorito del lobo, el cual estaba totalmente impregnado de la esencia del castaño, pero ahora el aroma era más intenso, quizás porque también estaba usando su almohada, una sonrisa se coló en sus labios, decidió abrir sus ojos, solo para encontrarse con el rostro pacíficamente dormido de Shaoran a solo pocos centímetros, la sonrisa enamorada no se hizo esperar y un pequeño suspiro salió de sus labios.

Observó su cabello castaño que caía sobre sus ojos cerrados, no pudo evitar detallar su rostro, esas cejas espesas, unas pequeñas arruguitas en su ceño, sus ojos cerrados que escondían dos joyas color ámbar, sus largas pestañas, una nariz perfectamente respingada, sus dulces labios, que se encontraban un poco abiertos y su naciente barba y bigote, de dos días, sus rasgos eran tan varoniles, pero al mismo tiempo tan perfilados, quizás por su ascendencia china.

Un pensamiento se coló en la mente de la castaña, ¿cómo serían sus hijos? un sonrojo enorme la invadió, pero se dejó llevar, le gustaría tener un pequeño Shaoran, igualito a su papá, se vería tan tierno, de solo imaginarlo sentía una emoción muy grande crecer en su vientre.

Pensó que como el pequeño sería igual a su papá también frunciría su ceño, la sonrisa no se hizo esperar en el rostro de la castaña, él le había dicho en alguna ocasión que estaría bien que su decendencia tuviera los ojos verdes, pero a ella le fascinaba el color ámbar de los ojos de su prometido, cualquier color estaría bien, y si tuvieran una niña ¿Shaoran sería celoso con ella? una risita nació, pero Sakura se tapó la boca para no despertar al castaño, sin duda sería un papá muy celoso y sobreprotector.

¿Cómo sería China?, tendría que aprender el idioma, aunque compartían algunos caracteres, sabía que la pronunciación de estos era diferente, se tenía que poner a estudiar, le diría a Shaoran que le comenzara a enseñar su idioma natal, una vez más se estaba apresurando, como siempre le decía el castaño, pero es que era inevitable dejar volar su imaginación teniéndolo así de cerca.

Un momento de lucidez llegó hasta Sakura, el día estaba en todo su esplendor y ella seguía cómodamente recostada en el futón imaginando fantasías junto a su amado, quien ya había regresado de trabajar ¿por qué no la despertó?

Salió apresurada del futón y trató de incorporarse, pero el nemaki de Shaoran le quedaba demasiado grande, se le enredó entre las piernas y cayó nuevamente en el futón, despertando al castaño, ya que la cabeza de Sakura quedó encima del abdomen de Shaoran.

—¿Qué pasa? —preguntó un adormilado Shaoran despertando y tratando de incorporarse, cuando vio una pequeña mujer castaña enredada en el kimono, no pudo más que reír.

—No te rías de mi ¿por qué no me despertaste? ya voy tarde —dijo la esmeralda haciendo un mohín infantil.

—Eres la jefa, ¿quién podría decirte algo? —explicó el lobo entre carcajadas.

Su nemaki estaba todo enredado en el cuerpo de su prometida y ella luchaba contra la prenda, ayudó a Sakura a desenredar sus piernas del kimono, pero al quedarle tan grande una parte de la tela se dejó caer mostrando por completo una de sus bien torneadas piernas, Shaoran no pudo apartar la vista, al detallarla mejor se dio cuenta de que uno de sus hombros también estaba descubierto dejando a la vista desde su cuello hasta el nacimiento de sus pechos, su piel blanca se veía tan suave, la visión hizo que Shaoran tragara pesado y el sonrojo lo invadiera.

Sakura también tenía una imagen difícil de ignorar ante sus ojos, al parecer el castaño al llegar a dormir tampoco había puesto especial cuidado en colocar su kimono, por lo que la parte de arriba estaba abierta permitiéndole observar su bien formado torso, sus pectorales definidos y ese abdomen marcado resultado de ejercitarse todos los días, la castaña solo pudo morder su labio inferior mientras sus ojos detallaban con cuidado a su prometido.

Sakura no tenía idea de lo que ese pequeño gesto y la imagen ante los ojos del castaño provocaba, Shaoran en un movimiento ágil tomó de la cintura a la pequeña mujer que se encontraba también sonrojada y la obligó a regresar al futón, posicionándose encima de ella, la miro a los ojos y comenzó a besarla con ímpetu…

Continuará…


Notas de la autora:

1 Mofuku. Es un tipo de kimono que es en principio es totalmente de color negro y se usa para asistir a funerales y vestir de luto

2 Kanji. Son los sinogramas utilizados en la escritura del idioma japonés

3 Nemaki. Kimono para dormir

Se nos fue el maestro Kinomoto, dejando un gran vacío, este capítulo es muy triste, escribirlo me costó muchísimas lágrimas, pero creo que fue sanador, hice un poco de catarsis, a veces a si es la vida, tenemos un gran momento de felicidad y uno de inmensa tristeza, lidiar con las emociones parece fácil, sin embargo, no lo es, simplemente creo que debemos dejarlas surgir y manifestarse, permitir al corazón hablar… permitirnos caer en el invierno para que llegue la primavera y volver a florecer…

Prometo no volverlos a hacer sufrir así, como dice Sakura "pase lo que pase, todo saldrá bien"

Gracias por seguir aquí, por brindarme su valioso tiempo leyendo esta historia, los quiero mucho, hoy ando sentimental.

Gracias a Kirara96, eres genial nenita, lo siento sé que te hice sufrir, pero volveremos a florecer 😊

Como siempre les deseo un sábado precioso, cuídense mucho y mucho éxito, nos leemos pronto…