Hola, al fin nos vemos por aquí, jajaja. Creo que este capítulo me quedó súper largo, pero en fin, todo lo que quería que pasara, pasó aquí.
Canción al final: Life (versión acústica) - Yui (ending de Bleach)
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"Se dice que un hechizo es un maleficio provocado con magia, para obligar a alguien a hacer tu voluntad, dime, ¿qué clase de encantamiento has puesto tú sobre mí?"
Capítulo 13: Cantemos juntos
El sábado por la noche, la fiesta de apertura para el concierto en conjunto más grande del año estaba dando inicio. Un montón de sellos discográficos se habían unido para apoyar algunas causas benéficas, por lo tanto, quienes participaban, no ganarían dinero con esto, pero lo hacían para el bien de los que tenían menos.
Naruto y el grupo estaban en la fiesta, habían sido incluidos a último minuto por su nueva representante, Kurenai Yuuhi, la mujer cuya visión planeaba ponerlos en la pista a través de esta plataforma. El rubio estaba luciendo un conjunto un poco estrafalario para su gusto, odiaba vestir camisas, excepto por la de la escuela -que también la odiaba- nunca las usaba, pero le habían dicho que ese era el código de vestimenta, así que no se dejaba de acomodar el cuello, le molestaba un montón.
—Deja de hacer eso, me estás poniendo de los nervios —dijo Sasuke, frunciendo el ceño al ver que su amigo rubio nuevamente se arreglaba la ropa—. Parece que tuvieras algún problema mental —añadió, provocando que una venita saltara en la frente del contrario.
—¡Sasuke! —exclamó, apretando sus puños.
—No grites —lo interrumpió Gaara, que igualmente se sentía un poco incómodo con lo que llevaba puesto, una camisa de tela roja y pantalón de vestir negro, él prefería que toda su ropa fuese negra—. Oye —volvió a hablar, frunciendo levemente el ceño—. ¿En serio no haremos nada respecto a nuestro nuevo nombre?
Sasuke suspiró.
—No suena tan mal, pero no sé.
Sai, el cual siempre hablaba solamente lo necesario, decidió inmiscuirse en la conversación, a fin de cuentas, también era parte importante del grupo.
—A mí me parece un buen nombre, creo que el de antes era un poco infantil.
—¡Oye! —se quejó Naruto—. Yo lo escogí, ¿de acuerdo?
Sai se encogió de hombros, esbozando una sonrisa burlona.
—Justamente es lo que estaba diciendo.
—Ya no grites —volvió a callarlo Gaara—. Todos nos quedan viendo cada vez que lo haces, compórtate.
—Perdón —respondió el rubio, cruzándose de brazos—. Esta fiesta es súper aburrida, se supone que estamos rodeados de estrellas famosas y productores musicales, pero todos están en lo suyo, ni siquiera bailan —se quejó, mirando a su alrededor; era cierto, la mayoría sólo hablaban entre ellos y bebían un trago, era como una de esas fiestas de etiqueta de las películas de Hollywood.
—Es verdad —lo secundó Sasuke, quien agarró un bocadillo de la mesa—. Iré a dar una vuelta, a ver si veo algo interesante —avisó antes de alejarse.
—Haré lo mismo —dijo Gaara, que también se perdió entre la gente y, antes de que Naruto se diera cuenta, Sai ya ni siquiera estaba.
—Genial —masculló.
La chica ingresó al lugar de la fiesta y sus enormes ojos negros observaron con sorpresa el gigantesco salón, todo lleno de luces, adornado muy elegantemente, así que se sintió sorprendida.
—Todo es muy bonito… —murmuró Matsuri, que llevaba puesto un vestido de color lila claro, una de las cuantas prendas que le había regalado Hinata. Lucía muy jovial en aquel atuendo, tanto, que recibió algunas miradas masculinas apenas se presentó en el recinto.
—Matsuri-chan, qué bueno que hayas venido —escuchó que alguien hablaba a su lado, así que cuando Matsuri se volteó, vio a Hinata sonriéndole dulcemente—. Ese vestido te queda muy bonito.
La castaña se sonrojó ante el halago, pero, también, se deslumbró frente a la belleza majestuosa de su amiga, Hinata iba vestida de blanco, su vestido, sus zapatos, incluso llevaba un lazo en el cabello, parecía una princesa de los cuentos de hadas, ¿cómo podía existir alguien tan hermosa? La chica no dejaba de preguntárselo.
—G-gracias, Hinata-chan —respondió, bajando la mirada—. Y gracias por invitarme, no sabes lo feliz que me hace estar aquí.
—Ven, vamos a comer algo, me estaba aburriendo demasiado —la ojiperla tomó su mano y la jaló hacia el interior de lugar, directo hacia una mesa de bocadillos—. Toma lo que quieras, es todo gratis.
—Oh, bueno… —Matsuri estiró su mano para coger un pequeño snack, pero se quedó paralizada cuando vio que unos metros más allá, Gaara estaba bebiendo un trago y conversaba -o eso parecía que hacía- con un par de chicas muy bonitas—. ¿Gaara-kun…? —murmuró, bajando la mirada.
Hinata, que había notado su extraño comportamiento, miró al pelirrojo y luego a su amiga.
—¿Pasó algo entre ustedes? Te ves triste —cuestionó la chica, obteniendo una expresión aun más acongojada de parte de su acompañante—. Ya veo… ¿acaso discutieron?
La castaña negó con la cabeza.
—Gaara-kun dijo que no podía estar conmigo, sólo eso —contestó, todavía sentía que le dolía el corazón al recordarlo, porque continuaba anhelando esos besos que ambos habían compartido—. Y-yo le dije que estaba bien, así que…
—Kurenai-sensei les dijo que ninguno puede salir con nadie en al menos un año —explicó Hinata, apoyando una de sus manos sobre el hombro de Matsuri, en un intento por darle un poco de ánimos—. Es bastante obvio que tú le gustas mucho, pero entiendo por qué te dijo que no pueden salir.
Matsuri no le respondió, era evidente que Gaara estaba haciendo las cosas por su propio bien, ella no podía arruinarle eso, era su sueño, a fin de cuentas, no podía comportarse como una persona egoísta y exigir algo que ni siquiera era suyo.
—Entiendo…
Hinata no sabía qué decirle, ella también se sentía -de algún modo- en una situación parecida a la de su amiga, estaba enamorada de Naruto, pero no sólo no podía decírselo por las carreras de ambos, sino que, también debía respetar la relación de él.
—Hey, Matsuri-chan, ¿qué te parece si bailamos? —invitó la joven idol, ganándose una mirada de sorpresa de parte de la otra joven.
—¿Eh? —cuestionó—. P-pero si no hay nadie bailando.
—¡Vamos! —insistió Hinata, halándola del brazo para llevarla hacia la pista. Antiguamente, Hinata jamás habría sido capaz de hacer algo así, era tan tímida, que el solo hecho de hablar ante la gente la llenaba de pánico, pero las cosas habían cambiado gracias a su dedicación y su esfuerzo, ahora ella estaba acostumbrada a ser el centro de atención.
La ojiperla comenzó a bailar al ritmo de la música, su animada sonrisa no tardó en contagiar a Matsuri que, aunque se sentía avergonzada, no fue capaz de dejarla sola y comenzó a bailar tímidamente a su lado para acompañarla. Las dos comenzaron a moverse y a perder noción del espacio que las rodeaba, por eso, ni siquiera se dieron cuenta cuando un montón de los asistentes de la fiesta se les habían unido.
Gaara había ido a ver si encontraba algo interesante que hacer en esa aburrida reunión. Cuando pasó una mesera a su lado, cogió un trago de cócktail y se bebió un poco del mismo, pero un par de chicas se le acercaron y comenzaron a importunarlo, preguntándole quién era, diciéndole que estaba muy guapo, aunque él trataba de ignorarlas, ambas eran muy pesadas. Mientras trataba de deshacerse de ellas, a un costado suyo se pusieron de pie dos sujetos, ambos lucían sumamente producidos, se notaba que pertenecían a una banda, aunque Gaara no estaba seguro de ello.
—¿Ya viste quién está bailando? Es mi bello ángel —dijo uno de ellos, el cual tenía el cabello de color azul claro, casi pasando a gris, cuyos ojos eran de un celeste profundo. Dibujó una sonrisa ladina en su rostro y se llevó una copa de algún líquido transparente a los labios—. No cabe duda de que está cada día más hermosa, me pregunto cuándo aceptará salir conmigo.
El sujeto que estaba a su lado, un joven de apariencia seductora, ojos color miel y cabellera negra, ligeramente ondulada, se carcajeó disimuladamente al oírlo.
—Acéptalo, Toneri —dijo entre risas—. A Hinata no le interesas, te ha rechazado de todas las maneras posibles.
Toneri, el de cabello claro, bufó.
—¿Tú qué sabes, Hideki? Ella sólo es tímida —aseguró, sin apartar sus ojos de Hinata, la cual captaba por completo su atención—. Ella terminará por ser mía, lo vas a ver, seremos la mejor pareja de idols del país.
—Sigue soñando —su compañero de grupo se encogió de hombros, ambos eran integrantes de Strikes y Toneri era el chico con el que la prensa solía vincular a Hinata, lo cual la irritaba, pues todas eran tácticas baratas de él para llamar la atención—. Por otro lado… —siguió hablando el pelinegro—. La amiga de tu adorado tormento está preciosa, ¿crees que quiera pasar la noche conmigo?
Gaara, que había estado escuchando sin darle importancia al asunto, inmediatamente se alertó cuando oyó lo último, pues ya había divisado a Matsuri junto a Hinata, era de esperarse, ya que ambas eran amigas, lo que no esperaba, era que Matsuri luciría tan arrebatadoramente hermosa aquella noche, tanto como para llamar la atención de ese estúpido.
—Disculpen, tengo que hacer algo —dijo el pelirrojo, intentando alejarse de aquellas chicas con desesperación, sobre todo al ver que esos tipejos se dirigían hacia Matsuri y Hinata.
Tenten había entrado a ese lugar acompañada de "su pareja" de la noche y de -últimamente- su día a día; Neji Hyûga. Él era serio y reservado, eso podía notarse en su cara inexpresiva y aburrida, cosa que exasperaba a la pobre castaña. Estaba usando el vestido que le regaló Neji, también llevaba tacones, el cabello suelto e incluso maquillaje, realmente se veía hermosa, pero, como era de esperarse, su acompañante no le hizo ni un solo halago.
—No te separes de mí, debemos dar buena impresión —ordenó Neji, a lo que Tenten simplemente suspiró. Ella estaba tomando del brazo al más alto, por eso pudo sentir cuando él se tensó y apretó un poco su agarre, fue entonces que notó que la ex novia del susodicho se acercaba a ellos, estaba usando un vestido sumamente revelador y sexy, aunque, para Tenten, podría decir que era hasta un poco vulgar, se notaba que su único objetivo era llamar la atención.
—Lo peor de todo es que se le cae la baba —pensó la castaña con fastidio, pues, a pesar de que Neji lucía imperturbable, su pulso se había acelerado, al igual que su respiración, eran cosas que no pasaban desapercibidas para alguien como Tenten.
—Hola, así que vinieron —dijo Eri, sonriendo ampliamente a la pareja—. Ya se hacía tarde, pensé que no los vería.
Neji frunció ligeramente el ceño.
—No es de tu incumbencia —dijo groseramente, aunque por dentro se estuviera muriendo por arrancar el vestido de aquella mujer—. ¿Por qué nos hablas? Creí que las cosas quedaron claras el otro día.
—Oh, Neji —Eri hizo una falsa expresión de tristeza—. No me hables de ese modo, la verdad es que yo sólo quería disculparme con tu novia, he sido realmente grosera con ella.
—Entonces debería decírmelo a mí y no a él, señorita —interrumpió Tenten, ganándose una mirada de odio de parte de Eri—. Estoy aquí mismo, después de todo.
El joven Hyûga no pudo evitar dibujar una suave sonrisa de orgullo en sus labios, a pesar de que Tenten no le agradaba y le parecía salvaje y caprichosa, era el tipo de chica que no se dejaba pisotear por nadie, ni siquiera por él mismo.
—Claro —dijo Eri, sonriendo con sarcasmo—. Lo siento mucho por cómo te he tratado, Luten.
—Mi nombre es Tenten —corrigió con el ceño fruncido.
Eri se encogió de hombros.
—Tenten, Luten, da igual, todos los nombres chinos se parecen —dijo con gracia, como si su comentario fuera un chiste, provocando la ira de la extranjera, que apretó el puño de su mano libre.
Neji, notando la tensión del ambiente, rápidamente volvió a tomar la palabra.
—No deberías ser tan grosera cuando te disculpas con alguien, Eri —comentó en tono de reproche—. Pero, en fin, mi novia y yo iremos a disfrutar de la fiesta.
Antes de que Tenten pudiera decir algo, Neji la jaló consigo, mientras Eri sólo les seguía con la mirada, hasta que ambos se perdieron entre la gente.
—Su ex es una estúpida —masculló la castaña, agarrando el trago de la bandeja de uno de los mozos y bebiéndolo de un solo golpe, a lo que Neji no pudo evitar reír, un tanto divertido.
—No deberías permitir que te afecte, Eri tiene una lengua venenosa, pero tú eres bastante buena defendiéndote.
Tenten dejó el vasito vacío sobre una mesa y miró al apuesto hombre frente a ella, Neji llevaba el cabello amarrado ese día, se veía tan varonil y guapo, que la chica apenas y podía verlo sin sentirse mareada; era eso o había bebido muy rápido el contenido de esa cosa que ni siquiera sabía lo que era.
—¿Me puede decir qué le vio? —cuestionó entonces—. Digo, es bonita, pero claramente no tiene cerebro, y si le jugó chueco, apuesto a que tampoco tiene moral.
El hombre desvió la mirada, era difícil dar una buena razón para decir por qué se fijó en Eri, todos podían decir que sólo lo había hecho porque era bonita y, quizás esa era la cuestión, porque ahora mismo no encontraba una buena respuesta.
—Supongo que el gusto entra por los ojos, no tengo mucho más que agregar a eso —dijo encogiéndose de hombros.
—Y también debe haberle dado muy buen sexo —comentó la joven china, bebiendo otro trago que sabrá dios de dónde lo obtuvo, porque Neji ni siquiera lo notó, sólo pudo arquear una ceja ante sus palabras—. Las mujeres como ella saben hacer eso y los hombres caen redonditos, son todos iguales, lo único que les importa es coger.
—¿Quieres hablar de sexo en una fiesta? —cuestionó el de ojos blancos—. ¿Acaso estás ebria con sólo dos tragos?
—¡Já! —exclamó Tenten, apoyando su índice sobre el pecho del hombre—. Claro que no, yo soy excelente tolerando el alcohol —apenas dijo eso, sus mejillas se tiñeron levemente de rojo, cosa que la hacía lucir bastante adorable.
—Sí, cómo no.
—Ya cállese, míster gruñón, gruño, gruño, gruño —tras decir esas palabras, la chica se dio la media vuelta y se fue detrás de un mesero para sacarle un trago
Neji solamente suspiró.
—No debí traerla —murmuró para sí mismo, antes de seguiría para mantenerla vigilada, era evidente que Tenten no sabía beber.
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Dado que Sakura no se encontraba bien de salud y para ponerla al día con las materias, Karin e Ino habían decidido ir a pasar la noche a su casa, lo cual culminó en una pijamada bastante improvisada. Las tres chicas estaban charlando muy animadas, sentadas sobre la cama de la peli rosa, mientras comían un montón de chatarra.
—Entonces, ¿ya tienes novio, Karin? Eres la única soltera aquí —dijo Ino, mientras se llevaba un par de patatas fritas a la boca.
La pelirroja se ajustó los anteojos antes de responder, no había mucho que decir por su parte, siempre había sido una chica reservada en cuanto a temas sentimentales.
—No, sabes que no me interesa —respondió sin darle la menor importancia al asunto.
Sakura tomó rápidamente la palabra —¿Y qué hay de Suigetsu? Siempre los veo juntos —cuestionó, con expresión pícara, provocando que el rostro de Karin se pusiera tan rojo como su cabello.
—C-claro que no, esa lagartija de coladera no me interesa —respondió avergonzada, aunque sus amigas notaron su nerviosismo y no pudieron evitar soltar una carcajada.
—Pero qué dulce, Karin, te pusiste roja —la molestaba Ino, agarrando un trozo de piza de una caja que tenían sobre la cama.
La peli rosa la miró arqueando una ceja, era el segundo trozo de pizza que agarraba su amiga en la noche, cuando Ino siempre había sido muy moderada a la hora de comer, esto no era usual en ella.
—¿Está todo bien, Ino? ¿Desde cuándo comes tanto? —interrogó, en lo que Ino, con un bocado a medias, la quedó mirando sorprendida—. ¿Y bien?
Karin también miró a Ino, interesada en el asunto, ella también había notado la inquietud de su rubia amiga, pero no quiso comentarlo, Sakura, por su parte, no se cortaba para nada a la hora de querer averiguar qué estaba mal con sus amigas.
—Bueno… —la Yamanaka frunció los labios, dejando el trozo de pizza sobre la caja nuevamente. Soltó un suspiro y miró a sus amigas—. Estoy algo molesta con Kiba, ¿saben? El otro día pasé un momento muy vergonzoso por su culpa y, ahh —se revolvió el cabello, frustrada—. No sé, últimamente las cosas se sienten un poco extrañas.
—¿A qué te refieres con que se sienten extrañas? —la que preguntó había sido Karin, acomodándose los anteojos, se sentía muy curiosa al ver la reacción tan acomplejada de Ino.
—¿Y qué cosa vergonzosa te hizo hacer? —cuestionó Sakura, entrecerrando la mirada.
La cara de Ino se puso roja, había recordado lo sucedido en la farmacia, el encuentro con Sai. Lo que más le molestaba y, de paso ni siquiera entendía por qué, era que Sai pensara cosas de ella que no eran ciertas.
—Me pidió que comprara condones y uno de nuestros compañeros de clase me vio —relató, aunque omitiendo la identidad de aquel compañero, no quería hablar de Sai, porque sabía que eso acarrearía otro tipo de complicaciones que no estaba dispuesta a enfrentar en estos momentos.
Sus dos amigas, por su parte, la miraron sorprendidas.
—¿Acaso Kiba y tú ya…?
—¡No! —la rubia interrumpió la pregunta de Sakura, la cual suspiró aliviada, le preocupaba que su amiga hiciera algo de lo cual pudiera arrepentirse luego—. No lo hice, bueno… —intentó explicar Ino—. Quedamos de acuerdo en que lo haríamos, pero debido a ese incidente, me arrepentí y no lo hicimos, me moría de vergüenza frente a… —se interrumpió a sí misma, mordiéndose el labio inferior.
—¿Frente a quién? —Sakura frunció el ceño, mirando a Karin, la cual asintió con la cabeza y también dirigió su mirada hacia la rubia.
—Ya dinos quién te vio, Ino.
La Yamanaka negó con la cabeza, cogiendo nuevamente el trozo de pizza de antes, para tragárselo de un solo bocado. Sus amigas la miraron con una gotita de sudor frío recorriendo sus frentes, quizá era mejor que no siguieran insistiendo, parecía que el tema era difícil para Ino.
—Bueno… —Karin se cruzó de brazos y soltó un suspiro—. ¿Qué les parece si mejor vemos una película? Digo, ninguna tiene nada interesante que contar, ¿no?
Cuando Ino terminó de tragarse el bocado de comida, se dio unos cuantos golpes en el pecho y miró a Sakura —¿Tú no tienes nada que contarnos sobre Naruto?
—Eh, bueno… —la Haruno hizo una mueca de disgusto, recordando la conversación telefónica que había tenido esa misma tarde con su novio, la cual no había sido del todo agradable.
—¿A qué te refieres con que debemos mantener nuestro noviazgo en secreto, Naruto? —cuestionó al aparato que sostenía cerca de su oído, frunciendo el ceño. Esta era la primera vez que ella tenía un novio y éste le pedía que se escondiera después del poco tiempo que llevaban juntos.
—Bueno, Sakura-chan —se escuchó la voz nerviosa de Naruto del otro lado—. Yo quería decírtelo en persona, pero como has estado enferma… —él suspiró—. En fin, es una exigencia de mi contrato, en serio no quiero que te sientas mal u ofendida, lo lamento.
La peli rosa, que se encontraba sentada sobre su cama, usando solo su pijama, se alejó el teléfono de la cara y lo miró con el ceño fruncido.
—¿Sakura-chan? ¡¿Sakura-chan?! —oía que Naruto la llamaba, pero ella no respondía.
A su mente se vinieron los pequeños momentos que recientemente había pasado con Sasuke, cuando él la abrazó, cuando se preocupó por ella, se preguntaba si algún día podría llegar a sentirse así con Naruto, o siquiera si valía la pena intentarlo.
—¡Sakura-chan, por favor, responde!
Ella volvió a tomar su celular y soltó un suspiro.
—Sigo aquí, Naruto —dijo con desánimo—. Está bien, yo entiendo que se trata de tu contrato, no estoy enfadada —aseguró, aunque, a decir verdad, sí que se sentía un poco herida—. Hablaremos el lunes en la escuela, ¿sí?
—Está bien, que descanses —contestó el rubio—. Te quiero mucho, Sakura-chan.
Sakura sintió que su pecho se apretaba con esas palabras, porque ella no sabía qué contestar.
—Y yo a ti, nos vemos —dijo, aunque sabía que no era cierto, porque sí quería a Naruto, pero no del mismo modo en el que él lo hacía con ella.
—¿En serio te pidió mantener su relación secreta? —Ino la miró sorprendida, eso era mucho peor que el bochorno que había pasado por culpa de Kiba—. Pero qué feo, en serio.
—Bueno, pero no es su culpa —la rosada intentó justificar el hecho, incluso si le parecía algo exagerado y desconsiderado.
Por su parte, la pelirroja las miró severamente a ambas, con el ceño fruncido.
—¿Lo ven? Por eso no tengo novio, los hombres son idiotas —aseguró. Las otras dos no pudieron más que darle la razón.
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—Buenas noches, preciosa —escuchó Hinata junto a su oído, aquella voz en tono seductor le hizo dar un salto por la sorpresa, pero más que nada, por el fastidio que le causaba ese tipo—. Oh, pero qué bonita te ves cuando estás enojada —dijo Toneri al ver la expresión de enfado de la preciosa joven frente a él.
—Qué placer verte —Hinata habló con evidente sarcasmo—. Por casualidad, ¿no tienes otra chica a la cual incomodar?
El vocalista de Strikes dibujó una sonrisa en sus labios, aunque le parecía molesto que Hinata lo rechazara, al mismo tiempo, le fascinaba cada vez más, ella lo traía loco, no podía siquiera ocultarlo.
—No seas tan agresiva, mira que he venido con todo el gusto del mundo a saludar —dijo él, sin apartar sus ojos del bello rostro de la idol, que continuaba viéndolo con el ceño fruncido.
—No te hubieras molestado —fue la respuesta de ella, la cual se cruzó de brazos y le hizo un desprecio.
El amigo y compañero de banda de Toneri, Hideki, no dejaba de ver a Matsuri, la chica había estado en silencio en todo momento, viendo discutir a su amiga y a al peli celeste, pero él no dejaba de pensar en lo hermosa que era, aunque lucía un poco tímida.
—Mientras este par discuten, ¿gustas bailar? —dijo el pelinegro, ignorando por completo a los otros dos, quienes lo miraron con sorpresa por su atrevimiento—. Mi nombre es Hideki, por cierto, soy el baterista de Strikes.
Matsuri lo miró con sorpresa, ella no esperaba que alguien la invitaría a bailar, mucho menos, una personalidad tan famosa como Hideki Kano, porque claro que ella lo conocía, era su favorito de la banda, a ella siempre le había parecido el más apuesto de todos.
—Y-yo, no soy muy buena bailando —respondió apenada, aunque eso no detuvo al chico de tomar delicadamente su mano.
—Descuida, puedo enseñarte, bonita —dijo guiñándole un ojo, antes de jalarla hacia un costado de la pista, dejando a Hinata y a Toneri a solas, la primera, con la boca abierta al haberle sido arrebatada su amiga.
Toneri entrecerró la mirada, observando cómo Hideki y Matsuri empezaban a bailar al ritmo de la música, aunque ella se movía con mucha cautela.
—Ese idiota casanova… —murmuró.
Hinata –todavía cruzada de brazos– volvió a mirarlo enfadada y, dándole la espalda, se alejó de él, no quería permanecer cerca de ese sujeto, mucho menos si no había nadie a su lado que le diera su apoyo.
—¿Qué carajo? —exclamó Gaara cuando, luego de buscar por un rato a Matsuri entre todas esas personas, la encontró bailando con el estúpido que había estado hablando de ella. Hasta ese momento, jamás en su vida había sentido que su sangre hirviera como lo estaba haciendo ahora; estaba cocinándose de celos, no podía creerlo, pero era cierto, estaba muy celoso de lo que estaban presenciando sus ojos.
Apretó sus puños con rabia, ¿acaso se iba a quedar ahí sin hacer nada? No podía, no debía permitir que ese tipejo se aprovechara de su Matsuri.
—¿Cómo te llamas, princesa? —le preguntó en un susurro el pelinegro, poniéndola ligeramente nerviosa, pues era totalmente sorprendente que alguien tan famoso como él –que además era su crush– estuviera frente a ella, bailando con ella.
—M-Matsuri —respondió ella, sintiéndose como una idiota, porque no podía dejar de tartamudear, su pulso estaba acelerado y, producto del nerviosismo, pisó a Hideki, quien se quejó un poco—. ¡L-lo lamento!
El pelinegro dejó escapar una ligera carcajada, no podía evitar pensar en que esa chica se le hacía adorable, quizá había hecho mal en tener segundas intenciones con ella en el momento en que la vio por primera vez.
—No te preocupes —dijo para tranquilizarla—. No me dolió, solamente me sorprendiste —aseguró con una sonrisa seductora, mientras sus ojos se clavaban en los ojos negros de la castaña—. Mucho gusto de conocerte, Matsuri, eres muy linda, ¿sabías?
La chica no le contestó, se sentía muy avergonzada, pero también estaba feliz, no era cosa de todos los días que alguien la halagara de ese modo. Pero entonces recordó a Gaara, haciendo que su expresión se volviera un poco triste, porque casi podía sentir sus besos cada vez que pensaba en ello.
—¿Pasa algo? Tu expresión cambió —le dijo el baterista, tomando delicadamente su mentón, para obligarla a levantar la cabeza que ella instintivamente había bajado.
Justo cuando Matsuri le iba a responder, una de las camareras chocó contra él, arrojándole el contenido de los vasos que llevaba sobre su bandeja, los cuales le mancharon la camisa y el pantalón.
—¡Cuánto lo siento, señor! —exclamó la mujer, sintiéndose muy apenada por lo que había hecho, más, porque se trataba de una reconocida estrella.
—No es nada —dijo Hideki, sonriendo, él era conocido por su amabilidad y buen sentido del humor, así que no se molestó, comprendía que el asunto había sido un accidente—. Matsuri, iré al baño, ¿me esperas?
—Sí, aquí estaré —contestó la castaña, sorprendida por lo bien que él había tomado el incidente, mientras que la camarera no se cansaba de pedir disculpas.
En cuanto Hideki se alejó, igual que la mujer, Gaara le entregó un billete a la misma —Bien hecho —le dijo con una sonrisa, cosa que derritió por completo a la pobre, había sido capaz de cometer dicho atropello contra el baterista de Strikes solamente porque ese pelirrojo apuesto se lo había pedido. Después de dejar a la camarera, él caminó hasta Matsuri, tomó su mano, agarrándola por sorpresa y la jaló lejos de la multitud—. Vamos —le dijo.
La chica estaba tan sorprendida, que no pudo decirle nada, simplemente se dejó "secuestrar".
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Kakashi golpeó la puerta que estaba frente a él tres veces, a pesar de que ya era entrada la noche, apenas había conseguido un tiempo para presentarse con la vecina a la cual le había roto el marco de fotos. En su mano, llevaba un marco nuevo, pues pensaba compensar el que había destruido.
—¡Enseguida! —se escuchó desde el interior una melodiosa y dulce voz femenina.
La puerta se abrió después de unos segundos, dejando ver a la joven mujer de largo cabello verdoso, la cual miró sorprendida al hombre que se encontraba en su puerta.
—¿Sí? —cuestionó ella, parpadeando varias veces, en lo que el peli plata solamente la miraba fijamente.
—Ah, sí —él finalmente reaccionó, mostrándole el marco que sostenía en su mano—. Soy tu vecino de junto, creo que lo sabes —comentó—. Me llamo Kakashi, venía a darte esto, es por el que rompí.
Ella sonrió amablemente, aquel gesto le parecía muy dulce de parte de su vecino, aunque ella no estaba molesta para nada por el pequeño incidente.
—No era necesario —respondió, tomando el ofrecimiento del más alto—. Pero lo agradezco mucho, de verdad —dijo mirándolo con curiosidad; a pesar de que él ocultaba gran parte de su rostro bajo una mascarilla –cosa que también la intrigaba mucho–, se podía notar que era muy apuesto, incluso su voz sonaba bastante seductora—. Me llamo Hanare, es un gusto, Kakashi.
Él sonrió bajo su mascarilla, había pasado mucho tiempo desde que una mujer le había sacado una sonrisa sincera y espontánea, era extraño, pero su nueva vecina tenía esa clase de superpoder.
—Igualmente es un gusto, Hanare —contestó el profesor, antes de hacer una reverencia a modo de despedida, para regresar a su departamento.
Parecía que iba a llevarse muy bien con su nueva vecina.
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La mansión Uchiha, en donde vivía su primo, era bastante diferente del departamento que él ocupaba, aunque se trataba de un pent-house, aun así, era mucho más modesto. Toda su familia tenía dinero, por supuesto, aunque los hombres de negocios como ellos no podían evitar querer amasar más fortuna todavía.
—Tío Obito —dijo Itachi, el hijo de su primo Fugaku, con quien él había venido a hablar—. Mi padre ya viene a atenderte, ¿te gustaría esperar en su despacho? —le ofreció, indicándole el camino con un gesto de mano.
—Claro —respondió el mayor, sintiéndose un poco incómodo cuando notó que Itachi miraba de reojo la cicatriz de su rostro, la gente solía verla siempre con curiosidad, quizás, preguntándose qué le había sucedido—. ¿Tu hermano no está? —preguntó, intentando hacer conversación y, así, desviar la atención del joven de su cicatriz.
—Sasuke fue a una fiesta con sus amigos —fue la respuesta de Itachi, cuyos pasos se detuvieron frente a una puerta cerrada. Abrió la misma e invitó a Obito a pasar—. Iré a decirle a papá que se dé prisa —avisó antes de marcharse.
Obito se sentó en el sofá del despacho, era una habitación agradable, llena de libros y documentos, con algunos cuadros adornando las paredes. Uno de ellos llamó su atención, había una hermosa mujer de cabellera negra y larga, sonriendo; era la fallecida esposa de Fugaku.
—Rin… —no pudo evitar recordarla a ella en cuanto pensó en la esposa de su primo, ya que Rin también había fallecido, dejándole un vacío imposible de llenar en su pecho, la única diferencia, era que Rin fue la esposa de alguien más.
—¡Obito! —escuchó la dulce voz de su mejor amiga, la mujer que había amado desde que tenía memoria, ella lo estaba llamando, su tono era inusualmente alegre—. ¡Obito, tengo que decirte algo! —insistió la joven.
Él terminó de guardar sus libros y cerró su casillero, estaban en receso de clases, ambos estudiaban en la misma universidad, junto a su otro mejor amigo, Kakashi.
—¿Qué sucede, Rin? —cuestionó avergonzado al verla llegar junto a él, ella siempre era tan risueña y bonita, su sonrisa lo volvía loco—. ¿Pasó algo bueno? Te ves demasiado feliz.
La chica tomó sus manos con entusiasmo, provocando que sus mejillas se tiñeran más de rojo. En ese tiempo, Obito no tenía ninguna cicatriz.
—No vas a creerlo… —mientras ella hablaba, soltó su mano y extendió la misma, mostrándole que llevaba un precioso anillo en su dedo anular—. ¡Kakashi me pidió que sea su esposa! —comunicó con tanta emoción, que ni siquiera podía contenerla.
Pero, sin saberlo, también estaba rompiendo el corazón de ese hombre que tanto la amaba, pero que jamás había sido capaz de confesar lo que sentía, ¿en qué momento Kakashi se le había adelantado?
—E-eso es… —el pelinegro tuvo que tragarse todo su dolor, esbozando una sonrisa clara en su rostro, aunque fuese falsa—. Eso es grandioso, Rin, felicidades.
Cerró los ojos para disipar aquel recuerdo nada grato, apretando sus puños con rabia, estaba cansado de quedarse con ese enojo contenido, necesitaba hacer pagar a Kakashi por no haber protegido a Rin.
—Me las vas a pagar, Kakashi… —murmuró en un hilo de voz, uno que solamente él escuchó, pues a los segundos, su primo mayor, Fugaku Uchiha, ingresó al despacho.
—Lamento la demora, estaba atendiendo una llamada —dijo el hombre castaño, estrechando la mano del director de las industrias Uchiha—. ¿Vienes hablar sobre la propuesta del otro día?
Obito asintió —¿Vas a aceptar? Ya sabes, es una gran oportunidad, Fugaku-san.
Antes de contestar, el padre de los hermanos Uchiha se sentó en el asiento de su escritorio, había estado meditando hondamente la invitación de su primo para dirigir el nuevo departamento de las industrias, el cual se abriría en Estados Unidos en cosa de nada, era una propuesta demasiado buena y, aun si iba contra los deseos de sus hijos, no podía rechazarla.
—Aceptaré —respondió sin más—. Me iré a Estados Unidos, pero mis hijos se van a quedar aquí, por lo que debo pedirte que cuides de ellos por un tiempo.
—¿Y eso? —cuestionó el más joven—. Pensaba que te irías con ellos en caso de aceptar.
Fugaku cerró sus ojos y suspiró.
—Era mi plan original, pero no puedo interrumpir sus estudios, no es conveniente para ninguno de los dos —explicó, volviendo a mirar a su primo, quien asintió con la cabeza—. No me agrada la idea de dejarlos solos, pero no puedo rechazar la oferta, a fin de cuentas, es por el bien de mi familia.
—No te preocupes por nada —dijo Obito Uchiha, poniéndose de pie y mostrando una sonrisa—. Yo cuidaré de ellos mientras estás fuera, te informaré de todo, tus hijos no podrían estar en mejores manos.
Su primo asintió con la cabeza, también sonriendo, sabía que así sería, que él mantendría a raya a sus hijos y cuidaría de ambos como si se tratara de él mismo.
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Neji había seguido a Tenten durante toda la noche, la chica estaba totalmente ebria y él no podía hacer más que vigilarla, nunca pensó que aquella noche terminaría haciéndola de niñero, pero tampoco podía permitir que algo malo le fuese a suceder, además, debía admitir que era un poco gracioso verla quitarles los tragos a los camareros y reírse de cualquier estupidez, parecía que el trago la volvía mucho más abierta de lo que era comúnmente.
De pronto, la vio tropezarse con sus propios pies y se apresuró a sostenerla para que no fuera a caer al suelo, sería muy vergonzoso que se diera de bruces en frente de todas esas personas.
—Ya deberías dejar de beber, se nota que no eres buena —le dijo, frunciendo el ceño, pero Tenten simplemente se soltó de su agarre y lo ignoró.
—¿En dónde está el baño? —preguntó, caminando a zancadas hacia donde ella pensaba que el lugar se encontraba.
El Hyûga suspiró, siguiéndola.
Tenten se tambaleaba entre la gente, hasta que se alejó por un pasillo más solitario, en donde había un par de letreros que indicaban la ubicación de los baños, tanto para damas, como para varones.
—¡Es aquí! —dijo graciosamente, soltando una carcajada sonora, quién sabe por qué. Cuando dio un paso hacia la puerta de entrada, Neji la jaló del brazo y la detuvo, así que ella le miró de mala gana—. ¿Qué? Solamente voy al baño.
—Ese es el baño de hombres —le dijo, señalándole el cartel que lo comprobaba. La mirada de la castaña siguió el camino por el cual él apuntaba y asintió con la cabeza, tenía las mejillas rojas y la mirada entrecerrada, ya ni siquiera podía reconocer bien las cosas a su alrededor.
—Ah, sí, es verdad…
Neji la soltó cuidadosamente para dejarla entrar al baño de chicas, pero en lugar de dirigir sus pasos hacia allí, Tenten se le acercó, agarrándolo por el cuello de la camisa, gesto que lo sorprendió bastante.
—¿Sabe algo? Usted es un idiota —le dijo sin pudor, logrando enfadarlo, ¿qué le pasaba a esa chica? ¿Ahora por qué lo insultaba de la nada? Además, tenía bastante fuerza para ser una mujer—. Me irrita que sea tan estúpidamente guapo, ¿no le da vergüenza?
Cuando él escuchó esas palabras, sus ojos se abrieron aún más sorprendidos que antes, aunque una arrogante sonrisa se le estampó en el rostro, pues de una cosa estaba muy seguro; los niños y los borrachos siempre dicen la verdad, ¿así que a Tenten le parecía guapo?
—Sólo ve al baño y nos iremos, estás realmente fuera de ti —comentó, intentando mantener la compostura ante ella, la cual continuaba mirándolo como si estuviera viendo a un príncipe mitad sapo, una combinación bastante curiosa, porque por segundos parecía que él le gustaba, pero luego era como si lo odiara.
—Usted me robó un beso y luego hizo como si nada —dijo la castaña, frunciendo el ceño—. ¡Ja! Es un total descarado, señor Hyûga, todavía que anda diciendo por ahí que soy su novia, ¿qué se cree? —le cuestionó, agarrándolo más firmemente del cuello de la camisa, cosa que inevitablemente los acercó más.
El genio Hyûga la miró arqueando una ceja —¿Acaso ese fue tu primer beso? —cuestionó en tono de gracia, pero el sonrojo que apareció en las mejillas de la castaña ante su pregunta, le hizo dudar si acaso eso era cierto o no.
—Cállese, tarado —le reclamó, mordiéndose el labio inferior. Tenía tan cerca de sí a Neji Hyûga, que podía sentir su aliento, el aroma de su perfume, incluso la calidez de su cuerpo, ¿sería acaso por el alcohol en su sangre que su corazón estaba latiendo tan rápido?
Con tantos insultos hacia su persona, Neji se sentía bastante desafiado, no le gustaba que la gente le faltara al respeto, ya que él era alguien sobrio y cuadrado, además, incluso si Tenten estaba borracha, se estaba pasando.
—Cállame —dijo entonces. Error.
Ante su respuesta, y llevada por la borrachera que inhibía sus sentidos, a Tenten no le quedó otra opción que hacer lo que él le decía, lo calló, sí, pero con un beso que lo agarró con la guardia baja. Sus ojos blancos se abrieron como platos cuando sintió los labios de la castaña sobre los suyos, el beso era torpe, pues ella estaba ebria, pero fue él mismo quien poco a poco impuso un ritmo suave y lento, besándola con intensidad, pero con delicadeza al mismo tiempo. No sabía por qué lo hacía, sabía que esto estaba mal, que ella estaba ebria, pero no pudo resistirse,
Lentamente se fueron separando, Tenten abrió sus ojos y lo miró fijamente, él también la miraba a ella del mismo modo.
—Oye… —comenzó a decir él, pero, repentinamente, la chica lo soltó y se llevó una mano a la boca, aguantando una arcada. El ceño de Neji se frunció.
—V-voy a vomitar —avisó Tenten, corriendo hacia el baño para dejar salir todo lo que el alcohol le había provocado soltar.
—Que ese es el baño de hombres… —dijo Neji, aunque ella no había podido oírlo, porque ya se escuchaban los sonidos que producía al vomitar desde el interior de la habitación. Él se llevó una mano a los labios, tocando éstos con la yema de sus dedos, la sensación de ese beso todavía los hacía cosquillear.
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En la fiesta, Hinata estaba haciendo lo posible por no toparse nuevamente con Toneri, no soportaba a ese tipo arrogante y engreído, que juraba con todas sus fuerzas que ella un día le haría caso, solamente porque se había propuesto conquistarla. Tampoco veía a Matsuri por ninguna parte, honestamente, estaba un poco preocupada, solamente esperaba que ese idiota de Hideki no se aprovechara de ella, aunque no lo conocía tanto como a Toneri, si era su amigo, seguramente eran de la misma calaña.
—Ni siquiera veo a Neji nii-san —murmuró frustrada, odiaba estar sola en lugares como ese, lo bueno es que nadie se le acercaba a molestarla, la mayoría eran personalidades como ella, así que cada uno se ocupaba de su propia vida.
Para distraerse mientras veía una cara conocida, Hinata tomó un trago de la bandeja de una de las camareras que pasó a su lado, mostrándole una amable sonrisa a la mujer. Bebió el pequeño trago de un sorbo, no estaba acostumbrada a las bebidas alcohólicas, pero en ocasiones como estas, tomaba uno o dos vasitos.
—Qué aguante tienes, yo bebí uno de esos y me mareé —escuchó que le hablaban. Esa voz la conocía y la agarró por sorpresa, por lo que se atragantó con el líquido que aún bajaba por su garganta, tosiendo escandalosamente—. H-Hinata, ¿estás bien? —preguntó Naruto, dándole leves golpecitos en la espalda para ayudarla.
—S-sí —respondió la ojiperla, ella sabía que Naruto y los chicos estarían en la fiesta, pero entre tanta gente, tenía la leve esperanza de no topárselo—. Solamente me sorprendiste, Naruto-kun —dijo más repuesta, mirando al rubio que estaba frente a ella, el cual se veía muy preocupado. Naruto iba vestido de traje esa noche, era simple, pero se veía muy guapo, más de lo que Hinata alguna vez pensó que luciría, así que no pudo evitar sonrojarse como un tomate.
—Lo lamento —él se llevó una mano a la nuca, sonriendo apenado—. Es que te vi sola y pensé en acercarme, los chicos me dejaron solo y me estaba aburriendo mucho —confesó, echándole una disimulada mirada de pies a cabeza a la hermosa joven que tenía frente a él. Hinata era preciosa, por eso, Naruto se preguntó si acaso antes había estado ciego como para opinar las tonterías que opinaba de ella, aunque eso había sido antes de conocerla, claro.
—Entiendo —dijo Hinata, esbozando una suave y dulce sonrisa, una que desarmó por completo a Naruto en un solo instante—. Yo estaba con Matsuri-chan, pero se me perdió, la he estado buscando, aunque no la encuentro.
Naruto recordó una pequeña escena que había visto hace un rato, así que se encogió de hombros.
—No te preocupes, hace rato estaba con Gaara, seguro que esos dos tienen muchas cosas que aclarar.
—¿Con Gaara-san? —Hinata se sorprendió, ella pensó que Matsuri continuaría hablando con Hideki Kano, pero le alegraba saber que no, el hecho de que estuviera junto a Gaara era, de algún modo, mucho más seguro, ese chico hasta se había peleado con alguien para defenderla—. Oh, bueno, entonces creo que no debo preocuparme.
—Hinata —el rubio la llamó, frunciendo ligeramente el ceño—. Esta fiesta es muy aburrida, ¿sabes? No creí que los eventos de la empresa fuesen así —tras decir eso, soltó un suspiro, metiéndose las manos a los bolsillos del pantalón—. Al menos podrían haber traído un poco de música en vivo.
—¿Verdad? —lo secundó la ojiperla, dejando el vasito que aun tenía en su mano, sobre la mesa que se encontraba detrás de ella—. Oye, Naruto-kun, ¿por qué no subimos al estudio? A esta hora no hay nadie…
Naruto la miró con sorpresa, Hinata estaba un poco sonrojada, pero seguramente era por el alcohol, aunque su propuesta no le parecía mal, quizá fuera más divertido ir al estudio en lugar de permanecer en ese aburrido sitio, rodeados de personas desconocidas y que sólo les importaba aparentar.
—Claro —respondió, esbozando una amplia sonrisa.
Toneri ya llevaba rato buscando a Hinata, la había perdido de vista cuando ésta se escabulló de su lado. Era muy frustrante, en serio le gustaba esa chica, pero ella no hacía más que rechazarlo, ¿qué podía hacer para obtener su atención?
—Mira nada más, pero si es el famoso Toneri Osotsuki —dijo una voz femenina a su lado, así que se volteó, encontrándose con un hermoso par de ojos violetas, los cuales lo miraban atentamente. Su largo cabello rubio, esos ojos claros y la sonrisa dulce en el rostro le hacían recordar mucho a Hinata, aunque Shion era una persona totalmente diferente.
—Shion, hola —la saludó con una sonrisa seductora, después de todo, él era así, un casanova—. Qué linda te ves esta noche, ¿te han dicho que es ilegal lucir tan hermosa?
La rubia soltó una carcajada al escucharlo.
—Sabes que esas frases de ligue no funcionan conmigo —le recordó, porque él ya había intentado antes seducirla, sin ningún éxito, como le sucedía con Hinata—. Qué raro es verte sin tu banda, ¿no vinieron?
—Sólo Hideki vino, los demás estaban ocupados, pero él me cambió por una chica —explicó, encogiéndose de hombros—. ¿Y tú? ¿El pesado de tu representante no te está vigilando como siempre hace?
—Sasori-san está por ahí —respondió la idol, sin darle demasiada importancia al asunto—. Dime algo, Toneri, ¿sigues colado como idiota por mi querida rival? —cuestionó, frunciendo levemente su ceño, porque hasta en eso Hinata tenía más suerte, aunque Toneri coqueteaba con ella, sabía bien que la Hyûga era la única que realmente le interesaba.
—Por supuesto —él respondió sin vergüenza—. Aunque sabes cómo es, le gusta hacerse la difícil.
—Claro —Shion rio ligeramente, aunque una imagen le llamó bastante la atención, a espaldas de Toneri, pudo ver a Hinata, la cual caminaba junto a nada más y nada menos que Naruto, que estaba ahí por algún motivo desconocido para ella, ambos parecían sonreírse muy animados, casi como si fueran una parejita de novios—. Oye, Toneri… —lo llamó, evitando que éste se volteara y viera aquello—. ¿No quieres bailar?
El hombre le sonrió nuevamente.
—Estaba esperando que me lo pidieras —contestó, tomando delicadamente su mano. Si no podía encontrar a Hinata, al menos pasaría un agradable momento junto a Shion.
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Temari miró nuevamente la hora en su celular, eran pasadas las doce de la noche y Gaara no la había llamado siquiera, sabía bien a dónde había ido su hermano menor, pero estaba preocupada, pues éste le juró que volvería temprano, para que su padre no se diera cuenta; evidentemente, se le olvidó su promesa.
—Gaara, Gaara… —repetía con preocupación y espanto, estaba muy asustada de que Rasa notara la ausencia del menor, sabía que eso le traería problemas a Gaara con su padre, de nuevo.
—Temari.
La voz de su padre le hizo dar un salto, como cuando un gato recibe un susto, así mismo se había sentido Temari.
—P-padre… —dijo con una sonrisa forzada. Su padre había estado hasta tarde trabajando, esperaba que cuando terminara, se fuera a dormir sin más, pero sus planes no habían salido como los quería—. ¿Pasa algo? Es tarde, deberías ir a descansar —intentó convencerlo, pero el hombre castaño solamente frunció el ceño.
—¿En dónde está Gaara?
Directo al grano, pensó Temari.
—Gaara… —ella lo nombró con nerviosismo—. Sí, Gaara salió con sus amigos Sasuke y Naruto, volverá más tarde —aseguró, intentando parecer convencida de sus palabras, que, a fin de cuentas, eran ciertas, hasta cierto punto.
—Ni siquiera me avisó que saldría —la expresión dura en el rostro se Rasa se suavizó un poco, dejando salir un suspiro—. Tu hermano no conoce para nada lo que es el respeto, ¿no? Tendré que hablar seriamente con él cuando regrese.
—No seas tan duro con él, papá —pidió Temari, bajando la mirada—. Sabes bien por qué Gaara es así, para él fue difícil crecer sin mamá a su lado…
Su padre se cruzó de brazos, claro que estaba molesto, pero comprendía bien las circunstancias, aunque no justificaba para nada el actuar del menor de sus hijos, Gaara era un completo rebelde, no importaba que fuese un prodigio para los estudios, él parecía querer desperdiciar todo su intelecto en algo tan estúpido como la música, cosa que no lo llevaría a nada.
—Tú siempre solapas a tu hermano, Temari —dijo con amargura, provocando que su hija bajara la mirada—. Pero tienes razón, a diferencia de ti y de Kankuro, Gaara jamás ha sabido lo que es una madre… —por un momento, su mirada se ensombreció, lamentaba aquello, cada vez que recordaba a Karura, su corazón –que parecía estar hecho de piedra– le dolía—. Pero pronto lo entenderá.
Esta vez, quien se sintió molesta fue Temari, estaba segura de que su padre se estaba refiriendo a esa mujer con la cual pretendía casarse, ¿cómo podía decir una cosa así frente a ella?
—Iré a mi habitación, es tarde y mañana debo estudiar —avisó, subiendo las escaleras con rapidez, pero la vos de Rasa la detuvo a mitad de camino.
—Temari —dijo su padre—. Mi prometida vendrá a cenar en unos días, quiero que la conozcan, a ella y a su hija.
La rubia apretó los puños, quería gritarle a su padre que no se atreviera a traer a esa tipa, mucho menos a su hija, pero sabía que nunca se atrevería a contradecirlo, ella no era sí.
—Claro —fue su respuesta, antes de continuar su camino hacia su cuarto.
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Si había persona menos amistosa y empática en el mundo, ese era Sai. Era tan asocial, que ni siquiera le molestaba haberse pasado toda la noche rezagado en una esquina de la fiesta, bebiendo lentamente, que, a fin de cuentas, sólo para eso había venido. Aunque él no sabía que llevaba rato siendo observado por una chica, la cual, después de mucho pensarlo, se decidió a acercarse a él.
—Hola —dijo la joven, la cual poseía una larga y hermosa cabellera roja como el fuego. Sai alzó la vista y la miró, sus ojos grises no dejaban de verlo fijamente, ella era muy bonita, más que la mayoría de las asistentes de esa aburrida reunión de celebridades. Antes de que él contestara a su saludo, ella siguió hablando—. Perdona, la verdad es que llevo rato mirándote y me llamó mucho la atención verte tan solo, soy Sara, ¿cómo te llamas?
Sai se sorprendió un poco, aquella jovencita era casi tan habladora como Ino, así que no pudo evitar que la imagen de la rubia se le viniera a la mente, aunque eso no tenía ningún sentido en este momento.
—Soy Sai —se presentó el pelinegro, poniéndose de pie para sonreírle a esa bella chica, la cual correspondió a su gesto con otra sonrisa—. ¿Acostumbras saludar a todos los desconocidos que te llaman la atención? —preguntó, entonces la sonrisa de ella se acrecentó aún más.
—Sólo si son muy guapos —contestó sin pudor alguno, halagando la apariencia de Sai, el cual se sintió ligeramente avergonzado por lo directa que era ella—. Si no te molesta, ¿podría acompañarte y beber contigo? Digo, al menos así no estarás solo.
Él lo meditó durante unos segundos, en realidad, le gustaba la soledad, pero no estaba mal compartir con alguien de vez en cuando, ¿no?
—Eres bienvenida, Sara —dijo, volviendo a sonreír.
Sasuke había estado toda la noche dando vueltas por ahí, a diferencia de los tontos de sus amigos, él se había preocupado de conocer a la gente, sobre todo a los que eran productores musicales, sabía que podía serle útil presentarse con ellos. Una vez que se aburrió, se encaminó hacia una esquina, apoyándose contra la pared. Los chicos en serio se habían esfumado, ¿en dónde estarían todos?
—Como sea… —murmuró, sacando su celular del bolsillo. Tenía varias notificaciones de redes sociales, aunque no las usaba tan seguido, de vez en cuando subía fotos a Instagram o charlaba con los chicos por WhatsApp, pero nada más.
Ingresó a Instagram, había un par de fotos recientes de sus contactos, pero solamente una le llamó la atención, era una fotografía que Sakura había subido hace un par de minutos, ella estaba con Ino y Karin, las tres sonreían a la cámara y llevaban puesta la pijama.
"Noche de chicas. #NoVamosADormir"
Sonrió ligeramente, le alegraba que ella estuviera mucho mejor de salud. Tocó la fotografía y la expandió, la peli rosa se veía mucho más sana y feliz, también lucía muy bonita, no pudo evitar pensar en ello. Cuando fue a quitar la foto, sin querer, le puso un corazón, así que abrió los ojos con sorpresa.
—Mierda —masculló, quitándole rápidamente la reacción a la foto, solamente esperaba que ella no lo viera, se moriría de la vergüenza.
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Gaara llevó a Matsuri hasta la azotea del edificio, ahí no había nadie y dudaba que alguien los fuese a molestar, necesitaba hablar con ella a solas, porque estaba que explotaba de los celos por haberla visto bailar con ese estúpido. Una vez que estuvieron arriba, la soltó, entonces ella lo miró con sus enormes ojos negros, los cuales reflejaban el brillo de las luces de la ciudad.
—¿Qué sucede, Gaara-kun? —preguntó confundida, él estaba muy enojado, a pesar de que parecía tan tranquilo e inexpresivo como siempre, ella podía notarlo, no por nada, llevaba tanto tiempo enamorada de ese chico.
—¿Por qué estabas…? —el pelirrojo se interrumpió a sí mismo, ¿qué le iba a preguntar? ¿Por qué estaba bailando con ese tipo? Eso era tan estúpido, Matsuri tenía el derecho de bailar y pasar el rato con quien a ella se le diera la gana, ¿no? Pero de sólo pensar en eso, a él le hervía la sangre—. ¿Qué estás haciendo aquí? —cambió su pregunta, desviando la mirada.
Matsuri lo miró sin comprender, bajó su cabeza y sintió que sus mejillas le ardían, no podía evitar pensar en lo guapo que era Gaara, ese traje lo hacía ver aún más apuesto, y el viento frío de la noche revoloteaba sus cabellos rojizos.
—Hinata-chan me pidió que la acompañara —respondió, agarrándose la falda del vestido con sus dos manos—. N-no sabía si venir, pero ella me convenció.
Él la observó nuevamente, sus ojos verdes no se apartaban de ella y, aunque Matsuri evitara mirarlo, él persistía en mantenerse fijo. ¿Por qué su corazón latía tan rápido cuando estaba cerca de ella? ¿Qué clase de hechizo le había practicado esa dulce chica?
—¿Te gustó bailar con ese tipo? —cuestionó, arrepintiéndose al instante de lo dicho, porque Matsuri lo miró sorprendida.
—¿Me viste bailar con Hideki-san? —preguntó la castaña, dándose cuenta de que los ojos de Gaara parecían soltar llamas de rabia, ¿acaso estaba celoso?
—Matsuri… —Gaara apoyó ambas manos sobre los hombros de la joven, su cuerpo era pequeño y delgado, ella era tan frágil, pero aún así lo enloquecía—. ¿Te gusta ese idiota? —exigió saber, casi con desespero, pero le asombró notar que la castaña sonreía bobamente, era tan hermosa para él.
—Acabo de conocerlo, claro que no —respondió con seguridad. Incluso si sus piernas temblaban y amenazaban con dejarla caer, ella seguía viéndolo a los ojos—. A mí… la única persona que me gusta eres tú, Gaara-kun.
Esas palabras fueron el acabose para Gaara, si en algún momento de su vida pensó que podía estar sin ella, ahora estaba convencido de que no, no era capaz, simplemente no podía continuar negando que estaba completamente hipnotizado por esa chica, que se estaba enamorando de ella.
—¿Qué me has hecho, Matsuri? —interrogó, justo antes de besarla. La castaña recibió el beso con sorpresa, el corazón se le iba a salir por la boca, pero al igual que Gaara, ella no podía continuar sin él, lo necesitaba como al aire que respiraba, por eso correspondió a ese suave roce, que poco a poco iba tomando mayor intensidad.
Ambos anhelaban que esto pasara, ninguno podía huir del amor que nacía entre ellos.
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Naruto y Hinata habían huido de la tonta fiesta, era aburrida, eso era cierto, además, la ojiperla no planeaba volver a dejarse ver por el loco de Toneri, era mejor compartir un momento a solas con el rubio, ese que hacía latir su corazón.
—El estudio se ve diferente cuando es de noche, es un poco tétrico —dijo Naruto, que alumbraba el interior con la linterna de su celular, pues sabían que no podían encender la luz, ya que nadie debía darse cuenta de que estaban ahí a esas horas.
—No es tan tétrico si te acostumbras —le respondió la ojiperla, cerrando la puerta—. He estado aquí otras veces por la noche, me gusta venir a cantar —comentó, caminando hacia la consola mezcladora, que en ese momento se encontraba apagada, pero ella la encendió fácilmente al subir un pequeño interruptor—. ¿Vamos adentro? Podemos tocar la guitarra y cantar sin que nadie sepa.
—¡Claro! —exclamó Naruto, pero enseguida Hinata le hizo un gesto para que bajara la voz—. P-perdón, olvidé que no nos deben encontrar —susurró lo último, siguiendo a la ojiperla, que sin querer presionó el botón de grabar.
Ambos entraron al cuarto sin sonido, procurando cerrar la puerta, aunque seguía estando oscuro ahí dentro, el rubio colocó su celular boca abajo sobre el piso, para que la linterna iluminara el cuarto, así que Hinata lo imitó.
—¿Te gustaría que toque algo para ti? —preguntó él, tomando la guitarra que descansaba en una esquina de la habitación.
Ella podía verlo a través de las sombras que producía la escasa iluminación, notó cuando Naruto se sentó con la guitarra en mano y se preguntó si algún día, ella podría estar entre sus brazos de ese modo, sonrojándose al instante ante sus propios pensamientos.
—¿Recuerdas la canción que dijiste que me escribiste? —dijo ella, sentándose frente a él, ambos sobre el piso frío y duro—. ¿Por qué no me la enseñas?
El ceño de Naruto se frunció ligeramente con la petición.
—Iba a ser un regalo de cumpleaños —confesó, un poco apenado por su pretensión—. Pero si la quieres oír ahora, está bien.
La idol asintió con la cabeza, llena de entusiasmo, entonces notó a Naruto tomar su teléfono para buscar algo en él. Al cabo de unos segundos, el de ella sonó.
—Te he enviado la letra, me gustaría que la cantaras, Hinata —dijo sonriendo, aunque ella podía verlo mucho menos, ahora que él había levantado su teléfono. Ella revisó la letra cuidadosamente, Naruto no sólo se la había enviado, también le mandó la guía para cantarla, así que ella practicó mentalmente—. ¿Crees que puedas aprenderla?
—Claro —contestó, emocionada. No podía creer que estaba por cantar la canción que Naruto había escrito pensando en ella.
El rubio comenzó a tocar la guitarra, más o menos para enseñarle cómo iba la melodía, también cantó un par de líneas, en lo que Hinata memorizaba el ritmo. Cuando estuvieron listos, él volvió a tomar su celular, colocando una base que él mismo había grabado para esa canción. Empezó a tocar la guitarra, acompañando la base, entonces, la voz dulce de Hinata empezó a escucharse.
Doro darake yo najime nai tokai de
Onaji you ni warae nai utsumuite aruita no
Naruto miró a Hinata cuando ella comenzó a cantar, su voz era hermosa, le quedaba perfecta a la canción, era una tonada alegre, que hacía resaltar su maravilloso talento.
Isogi ashi de surechigau hito-tachi
"Yume wa kanai mashita ka?"
ATASHI mada MOGAite iru
La ojiperla también lo miró a él, los dedos de Naruto se movían con total seguridad sobre las cuerdas de la guitarra, a pesar de que estaba oscuro, él conocía tan bien las notas y el instrumento, que podría haberlo hecho con los ojos cerrados. Aquello siempre había llamado su atención, la pasión que Naruto sentía por la música, se preguntaba si algún día ella podría estar a su altura.
Kodomo no goro ni modoru yori mo
Ima wo umaku ikite mitai yo
Kowagari wa umare Tsuki
Justo antes de que llegaran al coro de la canción, ambos se miraron a los ojos, podían sentir que sus corazones latían al unísono, era una sensación bastante inexplicable, pero muy agradable. Naruto hizo de segunda voz para Hinata apenas ella entró en la siguiente parte, haciendo que sonaran realmente bien.
Hi no atari basho ni dete
Ryoute wo hirogete mita nara
Ano sora koete yukeru ka na?
Nante omottanda
Tobitatsu tame no tsubasa
Sore wa mada mie nai
KANTAN ni ika nai kara ikite yukeru
Ella dejó de cantar cuando terminó el coro y él dejó de tocar la guitarra, ambos solamente se sonreían, como si no existiera nada ni nadie más. De un momento a otro, Naruto dejó a un lado la guitarra y se inclinó hacia Hinata, la cual ni siquiera se apartó.
—¿Te habían dicho lo linda que te ves a poca luz? —murmuró cerca de sus labios, sintiéndose completamente hechizado por esos ojos pelados y esa sonrisa inocente. Su mano derecha acarició la mejilla de Hinata y ésta cerró sus ojos.
De repente, la luz de la linterna del teléfono se apagó, pero ellos siguieron desapareciendo la distancia entre sus bocas, sin importarles nada.
Estaban a punto de besarse.
Continuará…
