BONUS WEEK -

Día 29 / festival

Se acerca el festival de tanabata, Ichigo y Rukia asisten juntos y terminan su velada de manera muy especial (Lemon)


La tarde era cálida y el que casi todos los presentes vistieran con sus coloridas yukatas, en especial de las chicas.

— No me has dicho que me veo linda, Kurosaki-kun— Le dijo en tono meloso su amiga de cabello azabache, mientras le picaba las costillas con su codo a manera de broma.

Ichigo, rojo al ver que la yukata rosa de conejos y lunas y con un obi azul marino de Rukia le acentuaba su trasero, le evitaba la mirada apenado de que le gustara la vista.

— T-te ves muy l-linda, Rukia— Lo admitió porque sabía que si no lo hacía ella no lo dejaría en paz hasta que lo hiciera.

Pero no se esperó que ella lo bajara hasta que su oido quedara a la altura de su boca.

— Aww, Kuroraki-kun, tú también te ves muy guapo con tu yukata azul marino— No utilizó su tono travieso, o, tal vez, sí lo era, pero lo dijo con un tono diferente de travesura.

Ichigo sintió una corriente eléctrica recorrer su espalda por un momento por lo que se enderezó rápidamente. Aún no se acostumbraba a la nueva naturaleza de su relación, aunque le encantaba esa incertidumbre.

— V-vamos a comprar unos takoyakis.

— También quiero jugar a atrapar ese peces dorados que mencionaste.

La familia Kurosaki había invitado a Rukia a divertirse en el festival del templo por alguna festividad local que no entendió bien de qué trataba, lo que importaba era que sería la primera vez que participaría en un Matsuri, así que estaba muy emocionada de pasar un rato tranquilo con su no-novio. Porque aunque la había invitado la familia de Ichigo, por alguna razón, ninguno pudo acompañarlos alegando emergencias que ella no entendió.

Rukia, contenta de tener una noche completa con Ichigo para ella sola por las conflictivas agendas de ambos, le dió apretó entre sus brazos el brazo derecho de Ichigo, lo que hizo él sintiera las curvas de los senos de la teniente.

— R-rukia, aquí no— Ichigo estaba nervioso, el estudiante de medicina aún no se acostumbraba a los aspectos más carnales de su relación con ella, y todo, por más inocuo que fuera, lo hacía pensar en ello y a veces pensaba que Rukia quería recuperar el tiempo perdido.

— ¿Aquí no qué, Ichigo?— Ella sonaba inocente.

— Nada, ¿qué te gustaría hacer primero?

— Mmm, ¿qué tal si jugamos al tiro al blanco?

— Suena divertido.

— ¡Perfecto, te conseguiré un premio para que me presumas como novia!

— Se supone que eso lo debo de hacer yo.

Aunque aún no te pido ser mi novia— Pensó Ichigo, recordando su cobardía de formalizar con ella, no porque no quisiera, sino porque no le salían las palabras de la boca cuando lo intentaba.

— Por eso, vas a presumir el premio que te conseguí.

— No, yo te debo de conseguir el premio— Él trató de alegar que ese era su deber.

Ella hizo un mohín en la cara, claramente no entendiendo a lo que Ichigo se refería.

— ¿Y si mejor no juegan los dos?

Dieron un pequeño brinco al darse cuenta de que habían llegado al puesto de juegos y tenían un rato discutiendo. La pena los hizo aceptar el reto del tendero. Tomaron los rifles de aire, apuntaron y dispararon.

— Fue divertido, hagámoslo otra vez— Dijo Ichigo, listo para darle a los blancos que valen más puntos ahora que ya entendió la dinámica del juego.

— ¡Sí, es divertido!

Minutos después tenían al tendero rogandoles que fueran o arruinarían su negocio, incluso les dió unos premios que estaban ocultos con tal de que se fueran: una kanzashi y un chal barato que se notaba se le habían quedado de algún evento de invierno y que no pudo vender, porque muchos de los premios también se podían comprar, siempre y cuando ya hubieras perdido muchas veces en el puesto.

Ichigo, por un momento, pensó en alegar, pero al ver que a Rukia le había encantado la kanzashi, que estaba decorado con una luna y un conejo, lo dejó pasar.

— ¿Ichigo, puedes ayudarme?— Rukia estaba torcida hacia él, sujetando su cabello con una mano y la kanzashi con la otra.

— ¡Claro!— Con cuidado, la ayudó a sujetarse el cabello que ya le había crecido bastante.

— Ah— Rukia soltó un pequeño gemido cuando Ichigo, por accidente, rozó su cuello con sus dedos, eso trajo recuerdos de noches pasadas en las que descubrieron que el cuello de ella era muy sensible.

Se voltearon a ver con ojos brillosos, con hermosos sonrojos en las mejillas de ambos, visibles por las luces que se encargaban de iluminar todo el lugar.

— No hemos comprado takoyaki.

— Ni hemos jugado a atrapar peces dorados.

Se tomaron de las manos y se dirigieron a los otros puestos que ofrecía el festival, un tanto robóticamente porque no se quitaban los ojos de encima el uno al otro. Era un milagro, que sólo podía ser explicado por su habilidad de percibir reiatsu, de que no chocaran con nadie durante el trayecto.

Comieron y jugaron en los otros puestos, aunque parecían haber perdido la concentración porque ya no ganaron, o les hicieron trampa, en ningún otro puesto.

— Ichigo, ¿ya van a empezar los fuegos artificiales?

Él muchacho volteó a ver su reloj para ver la hora.

— En unos veinte minutos, ¿quieres verlos?

— Me gustaría, tus hermanas me los recomendaron mucho.

— Tal vez ya no encontremos lugar, hay quienes apartan lugar desde temprano.

Rukia hizo una cara de decepción que Ichigo no pudo soportar, porque si bien era cierto que en la explanada principal y sus costados ya no habría ni un sólo espacio para ellos, tal vez podrían ir a un lugar al que había escuchado varios adolescentes iban a ver el espectáculo de luces, no que él hubiera ido antes con alguna de sus compañeras de universidad antes de ser-lo-que-sea-que-sea de Rukia, pero si había escuchado a Ishida decir que él sí lo había hecho con su actual novia, una tal Naomi.

— Ven conmigo, sé de un lugar donde podremos ver el espectáculo.

La tomó de la mano, tiraron los trastos en el bote de basura más cercano y siguieron su camino en dirección contraria a dónde se dirigía la gente, que ya sabía que pronto empezaría el espectáculo. Cuando parecía que iban a dejar las inmediaciones del festival, Ichigo la hizo brincar una sencilla valla y la hizo internarse por el área boscosa que rodeaba el templo. El camino, al no ser parte del área permitida, se encontraba a oscuras y tuvieron que sacar sus celulares para darse algo de iluminación.

Rukia siguió a Ichigo hasta que llegaron a un pequeño claro desde el cual podían ver a la multitud reunida para observar el espectáculo.

— ¡Llegamos!— Exclamó en voz baja Ichigo

— Es impresionante, Ichigo— Rukia no dejaba de admirar la osadía de Ichigo.

— Shh, debemos mantener bajas nuestras voces o nos podrían descubrir.

Ichigo, aprovechando el horripilante chal, lo puso en el suelo para darles algo de protección contra el césped y para tener algún lugar en el que sentarse.

No tardó mucho en que se apagaran las luces de todo el festival, los fuegos artificiales le siguieron no mucho después.

Rukia hacía queditos ruidos de admiración y encanto, era la primera vez que veía flores en el cielo y de diferentes colores, las había rojas, azules, amarillas, las que combinaban colores y formas. El espectáculo duró minutos, lo sintieron muy corto, pero lo entendían. No tardaron las luces del festival en regresar, pero la pareja seguía sentada en su lugar, tomados de las manos y con Rukia apoyando su cabeza en el hombro de Ichigo.

— Fue hermoso...— Dijo Rukia con un suspiro.

— Me alegra que te haya gustado— Ichigo la volteó a ver, ella seguía con una mirada de ensoñación.

Le encantaba cuando él podía ofrecerle semejantes experiencias, en muchos sentidos la sentía como una niña que estaba conociendo el mundo por primera vez.

— ¿Ichigo?— Ella lo miró con sus ojos brillantes.

— ¿Sí?— Empezó a acercar su rostro al de ella.

— Te había extrañado— Él también, sus ocupaciones hacían que muchas veces no pudieran tener citas, por lo que cerró la escasa distancia que separaba sus bocas y aprovechó el momento para besar profundamente a su todavía no-novia.

Rukia pasó su brazos detrás del cuello de Ichigo y él la recostó sobre la tela restante del chal para poder besarla con mayor facilidad. Ella comenzó a soltar suspiros cuando Ichigo dejó su boca y pasó a su cuello, al que le comenzó a dar mordidas y a abrir el cuello de la yukata para alcanzar más de la lechosa piel. Por su parte, Rukia, que adoraba cuando Ichigo jugaba con su cuello, frotaba sus piernas al sentir conocidos estremecimientos sensuales.

— Ah, Ichigo...

Escuchar la voz sensual de Rukia hizo que Ichigo dejara el delicioso cuello de la mujer para verla. El rostro de ella estaba lleno de deseo, con marcas por los besos y las mordidas en su cuello, su esternón y el nacimiento de sus senos al descubierto. Esa vista provocó que la sangre de Ichigo bajara a su vientre bajo y endureciera su anatomía.

— Ichigo...— El suspiro de Rukia lo obligó a pasar saliva.

Ese momento ella lo aprovechó para abrir el frente de la yukata de Ichigo y sentir sus definidos pectorales un momento y luego dirigir sus manos por debajo del cinturón, sin abrirlo, hasta alcanzar su pene a medio endurecer, lo apretó firmemente, lo cual provocó un sonoro gemido que Ichigo trató de contener para que no los descubrieran, pero el tacto diestro que ella ejercía sobre su falo se lo dificultaba.

Sin impedirle seguir masturbandolo, Ichigo abrió por completo la parte superior de la yukata y descubrió las tetas desnudas de Rukia a las que comenzó a besar inmediatamente. Extasiado por tenerlas tan fácilmente a su alcance, no lo pensó dos veces y metió la mano entre la tela para alcanzar su entrepierna. Tampoco lo esperaba, pero no encontró barrera entre sus dedos y el ya muy mojado coño de Rukia, ¡ella no llevaba ropa interior!

Empezó a estimular en círculos su clítoris y a penetrarla con sus dedos, lo que provocó que la respiración de Rukia se volviera errática.

— I-ichi-chi-go... ah... hazlo... follame...

Apenas y podía hablar, siempre que tenía la oportunidad de que Ichigo la masturbara, ella perdía el control y le pedía que la follara con fuerza, no que le hiciera el amor, quería que la tomara sin contemplaciones.

— Shh, aún no— Ichigo se vio obligado a dejar la deliciosa mama de Rukia para hablarle y empezar un camino de mordidas y saliva hacía su cuello mientras seguían masturbandose mutuamente— , chupa— Ichigo sacó sus dedos del coño de Rukia, que soltó un pequeño llanto al sentir la falta de los diestros dedos, que la dejaron rozando las puertas del cielo, pero lo acalló en cuanto Ichigo metió sus dedos en su boca y pudo saborearse a sí misma.

Comenzó a meter y sacar los largos dedos de Ichigo de su boca, imitando el acto que estaban a punto de realizar. Ichigo se separó de ella y le terminó de abrir la parte baja de la yukata, dejándola hecha toda una maraña, principalmente porque aún tenía la cintura anudada por el obi azul. Ya se podía imaginar cómo lucía él al estar en las mismas condiciones.

— Ahora... Ichigo...— Ella no había dejado de chupar los dedos hasta que ya no podía resistir más el entumecimiento en su coño que deseaba ser llenado.

Él le dedicó un momento a contemplar a la revuelta mujer, tenía los cabellos revueltos, los pezones duros y enrojecidos, los labios hinchados y el coño tan brillante de lo mojado que estaba que era capaz de verla a pesar de la poca iluminación que tenían.

Bruscamente, le separó las piernas y, sin pedir un permiso que ya tenía, acomodó la cabeza de su pene en la entrada de Rukia y, aprovechando los jugos, entró con suavidad en ella hasta enterrarse por completo.

Ahhh...

Ambos gimieron al mismo tiempo al sentirse completos después de un periodo considerable de impuesto celibato por sus deberes personales. Despacio, Ichigo comenzó a entrar y salir de Rukia y a disfrutar del rebote de las modestas tetas de su amante. Apretó la sujeción que ejercía en las caderas de Rukia para poder acelerar el ritmo del martilleo que ejercía en el apretado y mojado coño al punto que ninguno de los dos sabía con precisión si los gemidos que salían de la boca de la chica eran de placer o de dolor.

Con la mente nublada, Rukia bajó una de sus manos hasta su clítoris y comenzó a jugar con él para facilitarse un orgasmo atronador que chupara toda la corrida que pronto saldría de la verga de Ichigo.

No pasó mucho tiempo, tal vez por el lugar o la falta de sexo, que las paredes del coño de Rukia comenzaron a estrecharse en torno la verga de Ichigo con tanta fuerza que tuvo que desacelerar un poco el tirmo de sus estocadas.

— Sigue así, Ichigo— Rukia cerró sus piernas en torno a la cadera de Ichigo para instalarlo a seguir penetrandola aún después de haberse corrido en ella y él, considerándose su fiel esclavo y agradecido por tal honor, hizo lo que ella quería hasta que su verga se volvió flácida por haber liberado su carga y cayó cansado sobre en ella.

Ichigo podía sentir como era su cabello era acariciado suavemente por una de las manos de Rukia y abrazado por la otra. Cómo disfrutaba de estar así, de que ella, su adorada, lo abrazara de tantas formas al mismo tiempo: con su corazón, con sus brazos, con sus piernas y con la calidez y suavidad de su coño.

¡Esa era la forma de alcanzar el verdadero paraíso!

En esa posición dejaron pasar unos minutos para acompasar su respiración y calmar sus desbocados corazones. Pero no dejaron pasar mucho tiempo, cuando Ichigo, sin salir de Rukia, volvió a besarla, reiniciando la pasión entre los dos.

Aun no estando listo para follarla, Ichigo salió de ella y contempló, con las piernas de Rukia muy abiertas para exponerla a él, cómo la mezcla de su semen y sus jugos salían de ella. Encantado con la vista, y deseoso de probar el néctar de su centro, tomó la pierna derecha, la puso sobre su hombro y con su lengua empezó un recorrido lento y tortuoso, que a veces retrocedía para poder dejar marcas de mordidas y besos en el blanco muslo.

Rukia sólo veía delirante de placer como Ichigo estaba a punto de llegar a su ansiada meta y de degustar su habilidosa lengua en su, cada vez más ansioso, centro, podía sentir el calor de su lengua entorno a su coño...

Se escucharon acercarse pasos a la distancia, venían por una zona de pasto alto por lo ruidosos que eran y las luces de las linternas que traían.

— ¡Ichigo!— Rukia sonaba alarmada, aunque mantenía bajo el volumen de su voz, no se perdía la zozobra de ser encontrados en ese estado.

Ichigo, entendiendo sin palabras, cerró como pudo las yukatas de ambos, tomó su cosas y la cargó para salir lo más rápido que pudo del pedacito de cielo que se habían creado para los dos.

El camino de regreso fue tan sigiloso y veloz que Rukia creyó que Ichigo había logrado utilizar shunpo en su cuerpo humano. Tampoco la bajó hasta que consideró que estaban a una distancia segura que les permitiera acomodar sus yukatas debidamente, cerca de una de las alas del templo, aunque se encontraban lejos del festival.

— No traes tu kanzashi— Notó Ichigo, sin permitirle a la chica dejar sus protectores brazos, cuando ya no pudo ver el cremoso cuello reflejado por la luna.

— También se quedaron el chal y mis getas— Lamentó la chica, sosteniendo el frente de la yukata para darse un poco de decoro.

— Bueno, puedo...— No tuvo tiempo de decir más porque escuchó las voces de los encargados de buscar a los intrusos así que corrió a esconderse en un pasillo que tenía unas cajas con las que podían esconderse.

Los hombres que fueron a buscarlos regresaban enojados de no haber logrado su cometido, aunque, desde su escondite, podían verlos con el chal que habían utilizado de cobija. No tardaron mucho en irse, alegando de que querían ir por un poco de sake a uno de los puestos.

Rukia, que estaba parada sobre una de madera, podía sentir una dureza venir de Ichigo, que estaba exactamente detrás de ella. Se recargó un poco en el pecho de él, mientras que el frotaba su creciente erección en los glúteos de ella. Eso, más la adrenalina de casi haber sido descubiertos, le aceleraba el corazón y la mojaba de nueva cuenta.

— Rukia...— Ichigo metió una de sus manos en el frente de la yukata de ella y comenzó a jugar con la teta que tenía más cercana hasta dejar el pezón duro y sensible a su tacto.

En respuesta ella se dejó hacer y gimió ante sus inapropiadas caricias.

Esos hombres podrían volver en cualquier momento.

¡Pero se sentía tan bien!

Así que, aprovechando la caja de madera grande que le daba algo de altura, recostó su pecho y levantó, como pudo, la parte inferior de la yukata para que Ichigo tuviera acceso a ella. Verla así hizo que la respiración de Ichigo se volviera errática, podía ver la humedad de Rukia escurrirse entre sus piernas.

Esta era una oportunidad única.

Lentamente levantó un poco más la yukata para poder ver los hermosos glúteos de Rukia, a los cuales les dio una caricia y una nalgada ligera.

— Ichigo... por favor...— La voz de Rukia era suplicante, la nalgada sólo la excitó más.

— Cómo digas— Y la penetró suavemente, disfrutando la entrada en la húmeda y estrecha caverna que era el coño de Rukia. Tan deliciosa y absurda era la situación que no dudó en empezar a penetrarla apenas y quedó completamente enfundado en ella.

— M-más duro... Ic-chig-go..

Aceleró sus penetraciones sin llegar a la violencia, aunque si ella se lo pedía, lo haría.

— Ah, a-a-assí, damme duro...

— Rukia, estás tan estrecha...— Ichigo comenzó a ver blanco de tanto placer y, por los gemidos que salían de Rukia y por la forma en que apretaba su pene de manera que rozaba el dolor, ella sentía lo mismo.

El placer era tanto que Ichigo tuvo que morderse el labio para no gritar cuando ella se volvió tan estrecha que le impidió dejar su interior, cuando ambos alcanzaron sus orgasmos al mismo tiempo.

Con trabajo, Ichigo no le cayó encima, gracias a que puso sus brazos en los costados de ella. Lenta y tristemente, él abandonó el interior de Rukia, ambos estaban agotados y tenían que irse. Tendrían que darse un baño en la casa del Kurosaki de tan pegajosos que estaban, momento que podrían aprovechar para disfrutar de otro momento, erótico o no, a solas, porque al día siguiente Rukia tendría que regresar al Seireitei y no estaban seguros cuando podrían volver a verse.

Cuando se reincorporaron, se acomodaron, lo más despacio que pudieron, sus yukatas y obis, robandose mutuamente miradas y besos esporádicos antes de que Ichigo cargara a Rukia en su espalda y emprendiera el camino de regreso.

— ¿Ichigo?

Rukia rompió el agradable silencio entre ellos cuando ya se encontraban a medio camino de regreso casa.

— ¿Sí?

— Hay algo que he querido preguntarte.

— ¿Rukia...?— Las mejillas de Ichigo se pusieron rojas imaginando lo que diría Rukia.

— ¿Te gustaría...ah, um...?

— ¿Quieres... ser... mi...?— Pero él también quería hacerle una pregunta.

Guardaron silencio esperando a escuchar lo que el otro quería preguntar.

¡Seamos novios oficialmente!— Gritaron los al mismo tiempo.

Se sorprendieron a sí mismos y luego rieron hasta llegar a casa.

Ambos querían lo mismo y, con el tiempo, tal vez llegarían a ser mucho más que novios, pero eso lo descubrirían en el futuro que, sin importar que, lo enfrentarían juntos.

Como almas gemelas.