Harry Potter no imaginaba lo supersticioso que podía llegar a ser Draco Malfoy.
Ese 31 de diciembre, la fiesta de fin de año del ministerio se celebraría en Mansión Malfoy. Todos los funcionarios estaban invitados, incluso los que llevaban un par de días de trabajo, y el Ministerio no tendría que preocuparse absolutamente de nada, ni siquiera de la parte económica, puesto que habría comida y bebida de sobra, habrían fotógrafos, periodistas, mesa de conferencia para el discurso de final de año y dos bandas de música para que tuviesen animada la fiesta. En palabras de Lucius Malfoy, todo era una pequeña muestra de gratitud por los trámites que estaba haciendo el departamento de intercambio comercial para rebajarle los impuestos a cuatros de sus empresas importadoras.
Harry, como el jefe de seguridad mágica más joven que haya tenido el departamento, tenía que estar ahí por obligación, por más que prefiriese quedarse en casa de los Weasley. Para su suerte, Hermione y Ron tampoco podían negarse a estar presentes en dicha fiesta. Hermione, porque quería ascender a ministra de magia, y Ron, porque era jefe de aurores.
Eran las nueve con treinta minutos cuando finalmente se apareció por Mansión Malfoy.
—Buenas noches, señor Potter -lo saluda un chico que parecía recién salido de Hogwarts. Le dedica una sonrisa y Harry la corresponde —Bienvenido al hogar de los Malfoy. ¿Me permite, por favor, su abrigo?
—Buenas noches, y muchas gracias.
—La mayor parte de la Mansión está a disposición de la fiesta, señor Potter. -le dice recibiendo su abrigo mientras le tendía un pequeño tríptico. Cuando Harry lee el título "Fiesta de fin de año del Ministerio en Malfoy Manor" reprime las ganas de bufar. —Aquí tiene toda la información. En el salón principal está la mesa de conferencias, pero si gusta, puede dirigirse a los jardines que están protegidos contra el frío, o al salón que guste según la música de su preferencia. En media hora más, un elfo irá a su encuentro para guiarlo a la mesa que se le ha asignado para la cena.
—¿Esa mesa puede ser la de mi casa? -resopla, y luego de un último gracias se adentra en Malfoy Manor.
Recorre los innumerables espacios destinados a la fiesta, los que ostentaban los lujos que ya toda la comunidad mágica sabía que tenían, en busca de Hermione y Ron. Pero no daba con ninguno de los dos y ya se estaba desesperando un poco, porque no se encontraba con nadie conocido tampoco. Nadie con quien quisiera mantener una conversación al menos, y es que, a quien se topaba en cada esquina, era a la pesada de Rita Skeeter.
Harry no solo no quería estar en ese lugar por la enemistad que en algún momento él y Malfoy habían tenido, sino que se sentía sumamente incómodo por algo que él mismo se había buscado.
Harry pocas veces se había topado a Malfoy después de la guerra. Él había entrado directo a la academia de aurores sin terminar el colegio, y sabía que, después de que los Malfoy se habían librado de Azkaban, habían mantenido un bajo perfil por un par de años.
Luego, Draco Malfoy se había encargado de una buena porción de las empresas de su padre, y no solo resultó ser bueno en los negocios, sino que tenía tanto talento y buen ojo para ello, que pronto ocupaba todas las columnas de la sección económica de El Profeta.
Las pocas veces que se lo había encontrado había sido en lugares público, con demasiada gente para intercambiar nada más que un asentimiento de cabeza a modo de saludo. Malfoy se lo pasaba metido en el Ministerio para firmar una cantidad enorme de papeles correspondiente a sus negocios, pero para ello tenía que acudir a un departamento que estaba, afortunadamente, lejos del suyo.
Sin embargo, hace unos cuantos días atrás, él iba tranquilamente por uno de los estrechos pasillos del Ministerio de Magia luego de volver de su almuerzo, cuando frente a frente se topa al antiguo Slytherin. Puede ser, se decía a sí mismo, que sin querer había evocado lo muchos recuerdos que tenía de esa misma situación, pero cuando ambos vestían el uniforme de Slytherin, y es que solo así se podía explicar la reacción que tuvo.
Cuando ya estaba lo suficientemente cerca como para saludarse, en lugar de decir "Buenas tardes, Malfoy" y continuar con su camino, a último momento desvía la vista y finge que no lo ha visto, para luego apurar el paso y meterse rápidamente al ascensor.
Se sintió estúpido. Lo fue, por no decir que sumamente descortés. Se decía que tenía que olvidarlo, y dejar de atormentarse con el asunto pues Malfoy puede que ni siquiera lo recordara. Pero siempre volvía a su memoria la sonrisa y el ademán que hizo el rubio de hablar, el que vio por el rabillo del ojo cuando desviaba la vista.
Sí. Definitivamente había sido un tonto.
La voz amplificada de una mujer lo saca de sus pensamientos.
—…familia Malfoy han recorrido los salones intentando saludar a todos los invitados, pero son bastantes y se disculpan si no les han dado la bienvenida personalmente. De todos modos, aquí el señor Draco Malfoy les dedicará unas palabras de bienvenida.
Harry mira hacia donde la mujer apuntaba, y ve a Malfoy subiendo a un estrado para hablar.
Su antiguo compañero de colegio iba perfectamente peinado y vestía impecable una lujosa túnica de un azul tan oscuro que parecía negro. Se movía con tal gracilidad que acentuaba la elegancia con la que se desenvolvía.
Malfoy dirige esos grises ojos al público y Harry siente que sus mejillas se enrojecen, recordando nuevamente la situación del pasillo.
Cuando el discurso de Malfoy acaba, encuentra finalmente a sus amigos, y casi al instante un elfo se aparece junto a ellos para llevarlos a la mesa donde cenarían.
—Los invito a todos a tomar una copa de champagne y salir a los jardines a esperar el nuevo año. -dice el mismo chico que lo recibió, cuando todos hubieron acabado la cena —Ahí tendremos un espectáculo de fuegos artificiales. Son insonoros pues la familia posee animales y no quieren asustarlos.
Todos los invitados comienzan a hacer lo que se les indicó. Harry, Ron y Hermione también toman una copa cada uno y salen hacia el cálido jardín del Slytherin.
Los tres se ubican junto a una fuente de mármol y una mesa con bocadillos. Harry se percata que de pronto todos están en pareja, pero no le importa demasiado hasta que Ron lo mira como si no hubiese nada más extraño en el mundo.
—Harry, tienes diez minutos para encontrar pareja, Apresúrate.
—¿Qué?
—Es de muy mala suerte no besar a alguien en año nuevo. Aunque sea a un amigo o lo que sea. -le explica.
—Ron, ¿no creerás esas tonterías? -se ríe Hermione, bajo el abrazo del pelirrojo.
—Charlie un año no besó a nadie y ¿Conoces alguna pareja de él? Ha estado años solo. -le dice, seguro de su sólido argumento.
—¿No has pensado que no le interesa estar con nadie? -opina la chica.
—Tranquilo, Ron, de todas formas, me tiene sin cuidado.
—Yo ya te lo he advertido, amigo -replica mientras estrecha todavía más a Hermione entre sus brazos.
—Voy al baño, chicos.
—Harry, apresúrate, te vas a perder la cuenta regresiva -le dice Hermione. Harry asiente.
Cuando vuelve del baño, camino hacia el lugar donde estaban sus amigos, pero choca con un chico sin querer.
—Oh, disculpa.
El chico se voltea y a quien se encuentra cara a cara es a Malfoy.
—No te pre… Ah, Potter. -dice, Luego sube una fina ceja —El héroe del mundo mágico, El Elegido, San Potter ¿Estará de humor para saludar esta noche? ¿O tienes el ego demasiado grande como para ello?
Harry se ve obligado a sonreír. Siendo sinceros, la reacción de Malfoy no era de las peores.
—Malfoy, sobre eso… fui un
—Idiota -se adelanta. Harry tiene el impulso de chasquear la lengua, pero finalmente asiente.
—Sí. No se por qué lo hice, pero no debí ignorarte. Lo siento. -le dice sincero. Malfoy mantiene una ceja en alto y luego hace una mueca desinteresada.
—Bah, no te pongas dramático. No es como que me hayas quitado el sueño ni mucho menos.
—Um, gracias.
—Pero eres el único invitado en que tendrá que pagar por todo. Te adjunto la cuenta cuando te vayas. -le dice.
—Que gracioso -Harry rueda los ojos, aliviado del buen humor que el antiguo Slytherin mostraba. —Que buena fiesta han dado.
—Los Malfoy nunca damos malas fiestas.
—Tampoco conocen lo que es la modestia -bromea.
Malfoy resopla y va a replicar cuando comienza la cuenta regresiva en algún lugar de los jardines para recibir al nuevo año.
—Deberías ir por una pareja, o te pasarás el resto de la vida solo -le sugiere Malfoy con sorna, y luego se gira hacia el chico con el que hablaba.
Su rostro empalidece cuando se percata de que el chico ahora tenía a una chica entre los brazos.
"Cinco, cuatro" decía la multitud.
Malfoy se da una vuelta completa y sus ojos se abren de par en par cuando se da cuenta de que todos ya tiene a alguien entre sus brazos.
"Tres, dos"
Harry a penas da un par de pasos para continuar con su camino cuando el rubio lo toma de los hombros.
"Uno"
Los labios de Malfoy se encuentran con los suyos, y se mueven suavemente, abriéndose paso para intensificar el beso.
Harry, perplejo, continúa besando los suaves y cálidos labios de Malfoy, hasta que éste se aleja de él.
Los orbes grises se fijan en él, como si no se creyese lo que acaba de hacer.
—Ni una palabra de esto a nadie, Potter -le dice, con las mejillas rojas, reprimiendo una sonrisa que hace que él sonría de vuelta.
—A nadie. -concuerda.
Malfoy da dos pasos hacia atrás mientras se alisa la túnica.
—Bien, adiós, Potter. No te vayas sin pagar.
—No lo haré, Malfoy. Adiós -responde aturdido, dando un par de trompicones torpemente cuando se aleja, los que espera que el rubio no haya notado.
Cuando llega donde sus amigos, Hermione salta a sus brazos.
—Feliz año nuevo, Harry -le dice la chica —Te perdiste la cuenta.
—Feliz año, amigo -le dice Ron abrazándolo luego de que Hermione lo soltase.
—Feliz año a ambos. -sonríe.
—¿Y? ¿Besaste a alguien? -pregunta Ron, luego de que los tres brindan con sus copas de champagne.
—A un chico por ahí.
—Bien, eso es lo importante.
Diez horas después, Harry se deja cae perplejo en su sofá. En sus manos estaba la edición matutina de El Profeta que recibía a diario. Que llegase más temprano de lo normal, y cuando tenía resaca, no era nada comparado a lo que siente cuando se percata que quienes ocupaban la portada eran él y Malfoy, besándose apasionadamente en una fotografía que se repetía infinitas veces.
Suspira.
Odiaba a Rita Skeeter.
