Harry
La primera vez que lo sostuvo en sus brazos Sirius sintió que eso era la felicidad absoluta. Era tan pequeño y perfecto. Dormía tranquilo con sus manitas regordetas apretadas en diminutos puñitos. Cómo se conmueve. Algunas lagrimas se le escaparon de los ojos pero James estaba igual, o peor así que no sintió vergüenza.
—Se parece a ti, pero no es feo —bromeó, una vez que encontró palabras entre toda la emoción que lo embargaba.
James río entre sollozos conmovidos.
—Tiene la naricita de Lily.
—Es perfecto.
—Lo es.
Ahora que Lily y James tenían un bebé, era mucho menos frecuente que James fuera de misiones, mientras que Lily había dejado de hacerlo por completo. Pero pese a eso ahora los veía con mayor frecuencia. Trataba de ir al menos una vez a la semana.
Remus se la pasaba en misiones, y cuando volvía era sólo por uno o dos días. Así que apenas había podido visitarlos, pero había llorado también y se había negado a cargarlo por miedo a lastimarlo. Y ni el que Sirius le insistiera que si él lo había cargado significaba que Remus también lo haría bien lo convenció.
Le sorprendía lo rápido que crecía el bebé, un día era una bolita inmovil y de pronto ya era un bebito regordete que extendía sus manitas y tocaba todo lo que encontraba. Y en un parpadeo ya estaba babeando el cabello de Sirius y balbuceando.
En navidad no estuvieron todos, Remus pudo quedarse apenas unas horas, en las que por fin cargó a Harry y volvió a llorar. Peter no pudo ir porque su madre le pidió que pasara las fiestas con ella y su familia que vivía en quién sabe dónde. Pero aún así, estuvo llena de felicidad con el bebé jugando con los papeles de colores.
No pudo estar en su primer año. Estaba de misión tratando de encontrar la base de operaciones de Voldemort y de paso tratando de vengar —aunque esto era algo más bien personal— la muerte de los McKinnon. Pero le envío una escoba de juguete y la foto que le mandó Lily fue su totem de buena suerte, pues aunque no encontraron la base, lograron capturar un par de mortífagos e interrogarlos sobre los siguientes ataques.
Y entonces llegó la noticia como un baldazo de agua fría. Voldemort quería matar a Harry. Sirius no iba a permitirlo, antes se moría que dejar que lastimaran a su familia.
El plan para protegerlos de Dumbledore era un buen plan, pero tenía una falla. Todos esperarían que Sirius fuera el guardián del secreto. Proponer a Remus sería lo lógico también. Pero ya casi no lo veía, y una sospecha desagradable se había instalado en su mente. Así que sugirió a Peter, nadie se lo esperaría, y así, James, Lily y Harry estarían más seguros.
Eso creía.
Notas:
-Lloré escribiendo todo este capítulo.
