Drip : velas, cera

Ron/Hermione


La habitación estaba casi a oscuras, levemente iluminada por las llamas de pequeñas velas a su alrededor.

Ron respiraba agitadamente, no sabía bien cómo sentirse, una nueva gota de cera cayó por su abdomen. Era demasiado caliente sobre la piel, pero a la vez muy excitante haciendo que ese contraste pusiera todos sus vellos de punta.

Sobre él, Hermione sostenía una vela roja goteante. Un pequeño camisón del mismo color, y completamente transparente tapaba demasiado menos de lo que dejaba ver.

Quería lamerla entera, en especial sus pezones que se trasparentaban duros tras las el leve tejido de encaje.

La idea había sido de ella, su mujer había comenzado a soltarle indirectas sobre probar nuevas cosas, y en un primer momento Ron se había negado.

Para él, su vida sexual era totalmente satisfactoria, no necesitaba nada más que a Hermione desnuda y mojada bajo o sobre él, no necesitaban jueguitos raros para ponerle chispa a su relación.

Al menos, eso fue lo que pensó antes. Llevaba tantos años con ella que también sabía cuando no iba a dar su brazo a torcer. Era cabezona y siempre pensaba que llevaba la razón, cierto era que solía ser verdad, pero en esto Ron estaba seguro, él era capaz de hacerla disfrutar sin accesorios y cosas raras de esas que vendían los gemelos en su tienda, gracias.

Otra gota caliente cayó un poco más abajo, Hermione le había asegurado que no sufriría quemaduras ni tirones al apartarla, y ella siempre, siempre, confirmaba todas las cosas. El camino era evidente sobre su cuerpo lleno de pecas.

Totalmente desnudo no podía ocultar la dura erección que su esposa, y sus ideas, le estaban provocando. Dura y húmeda.

Y sus manos recorrieron uno de los muslos de Hermione ascendiendo hasta su culo, pero ella se la quito.

—Aún no.—Ron bufó, la deseaba, y quería tocarla, si por él fuera la tocaría a todas horas.

—Déjame tocártelo—pidió haciendo un puchero. Ella sonrió pero negó con la cabeza haciendo que sus generosos pechos se movieran.

Se moría por chupárselos. Pero lo que sintió fue un par de gotas demasiado cerca de su erección y siseó.

Ella se mordió el labio, no era el único excitado, y Ron movió su pene ganándose otro mordisquito en sus labios.

Aquello fue una invitación y notó la gota ardiente sobre el tronco de su pene, eso sí le arrancó una exclamación entre sorprendida, dolorida y excitada.

—¿Te duele?

Ron lo pensó, y no, no le dolía, era extraño, muy caliente pero no al punto de no ser soportable.

Meneó su pene en señal de que todo estaba bien.

Y Hermione se mordió de nuevo el labio, realmente aquello la estaba excitando y se dio cuenta de que a él le excitaba excitarla.

Bajaron otras gotas y Ron jadeó cada vez que alguna lo tocaba.

Volvió a acercar su mano, quería tocarla, quería comprobar que bajo todo ese bonito encaje su mujer tenía el coño mojado.

Para su completo disfrute, Hermione abrió levemente las piernas, y Ron no desaprovechó la oportunidad. Apretó sus nalgas para luego llevar sus dedos hasta el centro, caliente, y húmedo, como él tanto había deseado.

Lo acarició sobre el tejido, pero notaba como sus dedos se empapaban con facilidad.

Sobre él, Hermione no había parado de dejar caer cera por su cuerpo. Y la combinación de ambas cosas le estaban gustando muchísimo, muchísimo más de lo que él podría haber imaginado.

Trató de apartar las braguitas pero con una sola mano no podía.

—Herms, necesito más—dijo de un modo realmente suplicante.

Ella sonrió, de ese modo que le hacía cosquillear hasta detrás de las orejas. Le gustaban todas las versiones que conocía de su mujer; una fiera en el Ministerio, una madre cariñosa, una esposa firme, y una mujer deshinibida en la cama.

Bajó sus braguitas haciendo que Ron se moviera en la cama para acercarse más, pero con la mano en la que no llevaba la vela, le empujó contra la cama.

—Tú te quedas quieto, la que se mueve soy yo.

Solo con esa frase, Ron se emocionó, no iba a negar que no le excitara lo mandona que era Hermione, sino difícilmente hubieran prosperado como pareja.

Lo que hizo después, Merlín, Morgana y todos los magos y brujas ilustres, lo que hizo después le hizo casi correrse.

Hermione se subió a la cama, pero no sobre el pene de Ron, no, su cuerpo estaba lleno de cera endurecida, su pecho, su abdomen, su pene, sus testículos eran de un rosa ñoño que enrojecía su piel debajo.

Hermione colocó una pierna a cada lado de la cabeza de Ron mientras ella tenía plena visión de todo su cuerpo, vela en mano, solo dejó que Ron hiciera lo que él quisiera debajo suya.

Y lo hizo, la agarró por los muslos bajándola un poco más para tenerla sobre su boca.

Ahora no era él el único que gemía, si no tuviera la boca tan ocupada sonreiría, pero una gruesa gota de cera salpicó un trozo de piel virgen y sensible.

Esa mujer suya iba a matarle, pero de un modo delicioso.

Quizás incorporar cosas nuevas no fuera tan malo.


Sabes que algo está pasando en tu cabeza cuando te das cuenta de que hay 6 días en los que sale Ron, junto con Harry es el personaje que más se repite en este kinktober.

¿Casualidad?

¿Obsesión?

Mis dos, o tres, según se mire, parejitas heteros son canon, anda que... pero bueno, me gustan, creo que entré a la fanfiction buscando romione, y acabé en el más sucio antro de perversión.

Ya nos va quedando menos para acabar el mes y el kink ¿qué tal estáis llevando este octubre?

Hasta mañana.

Besitos.

Shimi.