Capítulo 25

Montones de charla aquí y mucho sobre lo que pensar. Realmente disfruté de escribir éste. (Bueno, disfruto escribiéndolos todos, pero… ¡ya sabéis a qué me refiero!) Estos personajes se meten en mi cabeza, y esencialmente me llevan adónde quieren. Así que, cualquier queja - ¡a Hermione y Severus!

. . . . . . . . .

Durmieron más pacíficamente de lo que ninguno podía recordar. Hermione y Severus se habían vuelto el uno hacia el otro durante la noche e hicieron el amor dulce y tiernamente, pero aunque les trajo una profunda satisfacción y placer, apenas perturbó el descanso que ambos encontraron en los brazos del otro. Era simplemente una parte de su vida y respiración, completamente natural.

Ella despertó al día siguiente con la cabeza sobre su pecho, su aroma despertándola. Inhaló profundamente, y lentamente levantó la cabeza para mirarlo. Sus ojos estaban muy abiertos y estaba mirándola con una leve sonrisa maravillada en el rostro. Ella se la devolvió.

"Sí," le dijo ella finalmente.

Él frunció el ceño confundido.

"Todavía te amo."

Ella se alzó para besarlo. Fue el beso más dulce y sanador que hubo.

Ella volvió a recostarse. "¿Qué vas a hacer hoy?" dijo él, acariciando su brazo despacio.

Ella suspiró. "Aritmancia, Transfiguración y luego alguna otra clase por la tarde… lo que es otra vez… oh sí, Pociones o algo así."

Él le dio golpecitos amonestadores en el brazo. Ella rio contra él y luego se acomodó. "¿Qué hay de ti?"

"Estaré de vuelta por la tarde, pero tengo que hacer una incursión en una ciudad Muggle para conseguir algunos suministros para McGonagall. Lo creas o no, ella me considera el miembro del personal mejor equipado para comprender a los Muggles, sus ciudades y ambientes." Puso los ojos en blanco.

"¿Ambientes?" rio ella con disimulo.

"Sí," dijo él secamente ante su burla. "¿Qué hay de malo en eso?"

"Nada – es muy tú. Es sólo un poco arcaico."

"¿Estás llamándome arcaico?" Era él quien bromeaba ahora, pero ella detectó la persistente inseguridad.

Ella le sonrió. "¿Realmente necesitas que te tranquilice constantemente?"

Su sonrisa se desvaneció y la miró seriamente. "Sí."

"Bueno, entonces es mejor que lo haga." Se alzó y volvió a besarlo profundamente.

Cuando se separaron, ella preguntó. "¿A dónde tienes que ir?"

"A Edimburgo. Se encuentra a poca distancia de transporte y es una ciudad tolerablemente agradable."

Ella resopló. "¡¿Tolerablemente agradable?! ¡Es una ciudad estupenda! ¡No seas tan snob!"

Él estaba sonriendo ampliamente.

"Por transporte, ¿supongo que te refieres a esa aparición que haces?"

"Es muy superior a la aparición."

"Naturalmente." Él no pudo ver su sonrisa burlona. "¿Cuándo te marchas?"

"Pronto – antes de una hora."

Ella saltó de la cama de repente. "Será mejor que vayamos a desayunar entonces."

Él alzó las cejas con curiosidad ante su repentina prisa. Ella lo miró como si fuera obvio. "Voy contigo."

"Seguramente debes asistir a tus clases."

Ella le lanzó una mirada fulminante. Él sonrió burlón pero arrastró hacia ella. "Señorita Granger, el absentismo escolar está estrictamente contra las normas del colegio. Tendré que ponerla en una detención muy larga y exigente."

Ella se detuvo, cruzó despacio hacia la cama y se arrastró hasta que estuvo sobre él a cuatro patas. Inclinándose hasta que estuvo a sólo un aliento, susurró con su voz más sensual, "¿Prometido?"

Sus ojos ardieron y enseguida su cabeza se alzó y capturó su boca con desesperación. Ella respondió por igual y pronto sus lenguas estuvieron danzando y lanzándose juntas, casi como si intentaran fundirse. Moviéndose sobre él, se encontró con su miembro, vibrante y rígido, clamando por ella.

Todavía sin separar su boca de él, se movió sobre la punta y lentamente descendió sobre ella. Él se apartó, claramente tan cautivado por el beso que no lo había esperado. Después de que un gemido de rapto surgiera de ella, dejó escapar una risa de deleite y le sonrió ampliamente. Él siseó, agarrando sus caderas y guiándola firmemente arriba y abajo, sin apartar los ojos de la visión de ella revelando y luego envainando su polla una y otra vez.

Después de un rato, cuando se establecieron en un ritmo de creciente placer, levantó la vista hacia ella, sus pechos balanceándose sobre él, su rostro ruborizado por la concentración y satisfacción.

"¿Qué he hecho para merecerte?"

Ella miró hacia abajo y sonrió cálidamente. Luego, sin ralentizar sus golpes, su rostro cambió a una expresión de concentración, como si estuviera recapitulando algo.

"Bueno… has ayudado y protegido a mis amigos y a mí una y otra vez, tienes unas piernas estupendas, me has enseñado con brillantez durante años, hueles realmente bien, fuiste increíblemente leal al hombre que más dependía de tu lealtad, tienes la voz más sexy en la historia de la humanidad, salvaste mi vida y las vidas de mis amigos varias veces, tienes unos ojos extraordinarios, eres enormemente inteligente y articulado, me criticas mucho, tienes una letra realmente bonita, te pusiste en grave peligro hasta el punto de que más bien estabas muerto, e hiciste esto por razones completamente desinteresadas y nobles, haces que me corra increíblemente fuerte y a menudo, eres sumamente conocedor de todos los aspectos de la historia y práctica de la magia, tienes una polla enorme… y me gustan todos los bonitos botones de tu levita."

Ella sonrió con falsa inocencia como si dijera, "¿Eso servirá?"

Él trató de sonreír, pero todo el tiempo ella había estado moviéndose lánguidamente arriba y abajo de su eje de hierro, elevándose hasta que la punta estaba casi completamente fuera antes de volver a hundirse lenta pero deliciosamente hacia abajo. Sólo pudo lograr un gemido gutural.

Severus sostuvo su mirada con un asombro tan maravillado que aumentó su placer todavía más. Sus músculos estaban preparados, pero justo en el momento crucial, él llevó los dedos a su clítoris y lo frotó. El hinchado nudo de carne se deleitó con la repentina atención que tan expertamente estaba recibiendo.

Ella jadeó, su cuerpo rígido en anticipación. Lanzó sus ojos a los de él.

"Córrete para mí… córrete para mí, Hermione…" Exhaló él su verdad.

Empujó con fuerza dentro de ella y ella se disolvió. El placer se abrió paso a través de su cuerpo acompañado por sus incesantes gemidos de rapto.

Con eso él se deshizo. Su polla se hinchó y estalló, enviando disparos calientes dentro de ella. Aferró sus caderas con fuerza y se concentró en las sensaciones que desgarraban su camino a través de su cuerpo mientras esta mujer se desmoronaba a su alrededor.

Cuando ella se hubo recuperado, se inclinó para un último beso, y luego se separó con elegancia de él. Él gimió de agonía cuando sus cálidas profundidades se apartaron de él y el aire frío rodeó su miembro que se ablandaba.

"Vamos, entonces. En realidad deberíamos ir a desayunar pronto."

Debido a su prisa, ella se limpió por completo con magia, algo que normalmente se negaba a hacer, y comenzó a vestirse. Estaba poniéndose el uniforme para ir a desayunar, pero sacó algunas prendas Muggles para más tarde.

Él la miró. "En un serio apunte, no quiero que pierdas clases si necesitas asistir a ellas."

Ella volvió a mirarlo con incredulidad. "¡Por el amor de dios! He superado a Vector en Aritmancia y en cuanto a Transfiguración…" Simplemente puso los ojos en blanco.

Él sonrió burlón, deleitándose con su confianza académica. Salió de la cama y también se limpió con magia. "Muy bien." Sus ojos estaban bajos, pero estaba sonriendo.

"¿Qué tienes que conseguir?"

"He de verificar un encargo de algunas… bebidas alcohólicas para este… baile."

Ella enseguida intentó concentrarse en el aspecto del alcohol de su respuesta, en lugar de la razón de su necesidad. "¿Vas a unos comerciantes de vino?" Él asintió. "Habría pensado que Hogwarts ya tiene una gran bodega."

"Hmm… claramente no es lo suficientemente grande."

"¿Cómo pretendes transportarlo?"

"Dejaré eso a los Muggles. Pueden entregarlo en un punto más allá del castillo y puede recogerse allí."

Ella estaba lista. "Iré a desayunar. ¿Dónde te encontraré?"

"Tendrás que cambiarte de ropa. Regresaré aquí. ¿Media hora?"

Ella no pudo resistirse a correr de vuelta y besarlo profundamente. Luego se giró y salió, dejándolo sin aliento de felicidad.

Hermione charló con libertad y alegría en el desayuno. Cuando surgió una oportunidad, Ginny se inclinó y le susurró, "¿Qué ha pasado? Lo último que supe fue que había reaccionado de forma exagerada y estabas desesperada."

Hermione le sonrió. "Se disculpó y… nosotros… lo arreglamos."

Ginny exhaló hondamente. "Dios, 'Mione. Estoy muy contenta de que entrara en razón, pero… ¿cómo tienes el aguante?" Sonrió burlonamente a su amiga.

Hermione simplemente rio en respuesta, comiendo su desayuno velozmente. Snape entró poco después y se sentó y comió con la misma rapidez. Estaba sonriendo mucho, una vista tan inusual de él en la mesa alta, y charlando abiertamente con el profesorado sentado a su lado. Parecían estar conmocionados por su verbosidad y buen humor. Hermione sonrió para sí misma.

Al salir, le susurró a Ginny. "No voy a estar en clases esta mañana. Me voy… uh… fuera un rato."

Ginny levantó la vista sorprendida. "¿Te vas – fuera?"

"¡Sip!" Hermione sonrió, robando una tostada de su plato y prácticamente volando fuera del comedor.

Regresó a su habitación y se vistió con vaqueros y una blusa roja, envolviéndose una bufanda ligera alrededor del cuello y poniéndose una chaqueta informal. Se recogió el pelo en una coleta alta pero suelta, dejando muchos rizos flotando sobre su rostro. Poniéndose unas botas de cuero con bastante tacón, se miró al espejo. Era agradable llevar un poco de tacón – estaba estrictamente prohibido en el colegio, aunque probablemente podría haberse salido con la suya.

Terminó aplicándose un poco de maquillaje. Ciertamente no se veía ni se sentía como una colegiala ahora.

Hubo un golpe en la puerta. Con una última respiración profunda y mirada al espejo, se giró y la abrió. Se movió dentro, todavía incapaz de mirarlo en su estado transformado, pero ya podía sentir sus ojos sobre ella. Esperó hasta que estuvo segura de que había cambiado y entonces alzó la cabeza. Él estaba mirándola como si fuera la primera vez, claramente cautivado por lo que veía.

Ella se sonrojó bajo su intenso escrutinio. "¿Me veo bien?"

Al principio él sólo pudo asentir, pero luego habló con asombro silencioso. "Te ves… exquisita."

Ella sonrió, sonrojándose aún más. "¿Vamos entonces?" Casi quería escapar de la intensidad de su mirada.

Con una honda respiración, él al fin pareció despertar de su ensueño y se acercó a ella, asintiendo. "¿Preparada?"

Ella asintió y él le tendió los brazos. Cuando ella entró en ellos, él enseguida los cerró a su alrededor. Luego sacó su varita y murmuró unas palabras. Hermione sintió que la habitación desaparecía a su alrededor, pero sólo un momento después se descubrió en pie sobre adoquines firmes en una tranquila calle lateral, con altos edificios de granito rodeándola. A diferencia de la aparición, sintió poco o ningún mareo. Severus estaba mirándola con calidez. "¿Bien?" cuestionó.

Ella asintió. "Notablemente bien. Tienes razón. Es mucho mejor que la aparición."

Él simplemente sonrió burlón y se giró para salir a la calle más ancha que tenían delante. Ella lo siguió. Él se había adelantado y ella tuvo que apresurarse para alcanzarlo. Cuando lo hizo, deslizó los dedos a través de los de él y sostuvo su mano con ternura. Él se detuvo abruptamente y volvió la cabeza para mirar sus dedos entrelazados con claro desconcierto. Finalmente, sus ojos se alzaron a los de ella y pensó que pudo detectar que estaban levemente empañados. Ella se alzó y lo besó, luego, retrocediendo despacio, se volvió y esta vez lo condujo, con las manos todavía unidas, calle arriba.

Era un día de noviembre relativamente tranquilo en Edimburgo. Caminaron por la calle Prince, atrayendo miradas frecuentes pero discretas. Severus seguía vestido con su levita y pantalones negros, pero eso no era lo que estaba llamando la atención. Hermione sonrió para sí misma, incapaz de reprimir una risita. Él se volvió hacia ella y alzó una ceja. "¿Qué?" murmuró.

"Nada. Es sólo que – para los Muggles, debemos parecer una… pareja bastante interesante."

Él se burló un poco. Ella continuó.

"Quiero decir. Deben estar pensando, '¿Todavía no ha salido ese tipo del rollo gótico? ¿Y qué demonios está haciendo con una chica que parece tener la mitad de su edad?'"

"¿Gótico?" Él claramente no tenía ni idea.

Ella sonrió. "No importa. Digamos que tu apariencia es… distintiva. Pero ya sabes, esto es Edimburgo. Pueden tolerarlo."

"Sí," se burló él cínicamente. "Estoy acostumbrado a ser tolerado."

Ella apretó sus dedos. "Oye, hoy prohíbo el auto-desprecio sarcástico."

Él la miró y luego se permitió una pequeña sonrisa. Continuaron calle arriba, mirando los escaparates. En un punto llegaron a unos grandes almacenes.

"Dios, no he ido de compras en mucho tiempo. Me encantaría entrar y echar un vistazo."

"Vamos entonces."

Ella lo miró con deleite. "¿De verdad?"

"Tenemos tiempo."

Sonriendo ampliamente, lo llevó tras ella. Deambularon por ahí, mirando en varios departamentos. Snape despreciaba el equipamiento eléctrico, a pesar de la última tecnología Muggle en exhibición. "Su ineptitud y falta de visión nunca dejan de sorprenderme."

Ella resopló un poco. "La televisión y cosas por el estilo pueden ser bastante divertidas, ya sabes, y educativas. Estoy segura de que podría encontrar algunos programas que incluso a ti te gustarían."

Él alzó una ceja cínica, pero no pudo ocultar por completo su leve sonrisa.

Finalmente se encontraron en la sección de joyería. Hermione miró algunas de las piezas en silencio y luego siguió adelante. Se detuvo frente a un collar. No era terriblemente caro como lo eran los collares, pero tampoco insignificantemente barato. Colgaba con una miríada de cuentas de vidrio de diferentes colores en muchas cadenas, y caía en una cascada aparentemente interminable de luz tornasolada. Había sido diseñado por un renombrado diseñador, lo que había elevado el precio.

"¿Te gusta?"

Ella saltó. No se había percatado de que él todavía estaba a su lado.

"Es hermoso. Conozco el trabajo de este diseñador. Lo he admirado durante años." Con una sonrisa final, se volvió para marcharse. Él no la siguió. Ella miró hacia atrás. Él estaba metiéndose la mano en el bolsillo y sacando dinero Muggle. Ella no podía hablar, pero antes de que se diera cuenta por completo de lo que estaba sucediendo, él había llamado a la dependienta y estaba señalando el collar.

"¿Qué estás haciendo?"

Él se volvió hacia ella, con toda naturalidad. "Dijiste que te gustaba."

"Sí, pero… no quise decir… Cuesta más de 200 libras, Severus."

Él la ignoró y continuó con la transacción.

"Severus… no tienes que…"

Él no habló hasta que hubo entregado el dinero. Luego la fijó con los ojos. "No… pero quiero hacerlo."

Ella sólo pudo mirar en humilde silencio.

La dependienta lo envolvió hermosamente y se lo entregó. Hermione notó los ojos de la mujer deslizándose sobre el largo y elegante torso de Severus. Ella le sonrió ampliamente. A Hermione la divirtió. Entonces, ¿no era sólo ella? Severus no se había percatado de nada. Tomó el paquete con un asentimiento cortés y se volvió hacia Hermione. "Ven. Quiero que te lo pongas."

Fueron hasta una zona tranquila de la tienda. Severus metió la mano en el paquete y sacó el collar. Hermione se giró y lenta, meticulosamente, él lo puso alrededor de su cuello. Lo sintió exhalar un largo suspiro de placer cuando lo colocó sobre ella. Caía sensualmente de su clavícula. Ella apenas podía respirar. Ron nunca le había regalado algo así.

Severus cerró el broche y luego la rodeó para mirarla. Se quedó mirando en silencio durante largo rato. Hermione sintió que le picaban los ojos pero evitó que las lágrimas cayeran.

Apenas podía hablar, pero logró exhalar, "Gracias."

Él sonrió y la miró. "No he comprado nada para nadie desde…" No terminó la frase.

Ella se acercó y lo besó. "Me encanta… te amo."

Él retiró la mirada, pero su expresión se profundizó sin medida.

Esta vez él la tomó de la mano y salieron de la tienda.

Mientras caminaban, charlaban cálidamente, sus manos nunca se separaron. Estaban completamente relajados y a gusto el uno con el otro en un entorno lo más alejado posible de Hogwarts. Hermione de repente tuvo una fugaz visión de lo que podría ser. Y funcionaba. Se sentía bien. Se sentía correcto. Levantó la mirada hacia él. Su rostro estaba más relajado de lo que nunca lo había visto. Parecía más joven. Apretó su mano y él bajó la vista hacia ella y sonrió.

Se dieron cuenta de que pronto tendrían que encaminarse a los comerciantes de vino. Lo encontraron en una tranquila calle lateral de la Royal Mile. Era un lugar tan oscuro y singular que Hermione instintivamente sintió que era una tienda mágica, y tuvo que recordarse que estaban en el Edimburgo Muggle.

Severus entró y se acercó al mostrador, hablando con notable porte y confianza. Ciertamente podía ordenar las cosas cuando lo tenía que hacerlo. "Buenos días. He venido para confirmar un encargo para la Profesora McGonagall. Si es necesario, si el encargo se considera inadecuado, debo complementarlo con cajas adicionales."

"Ciertamente, señor."

El hombre los condujo por una gran bodega, donde indicó una gran sección que se había reservado para el baile de Hogwarts. Consistía principalmente en champán. Hermione no pudo reprimir un jadeo de asombro. Debía haber costado una pequeña fortuna.

Severus caminó a lo largo de las cajas, inspeccionándolas. "Esto parece suficiente." Se dio la vuelta. "No será necesario aumentar el encargo. Creo que tiene las instrucciones de entrega."

Los ojos del comerciante de vino se entrecerraron. Sentía que había algo inusual. El hombre que estaba parado frente a él era bastante inusual.

"Sí. Hemos recibido toda la información. Mi ayudante se ha asegurado de que la dirección de entrega es una pequeña cabaña en una ubicación remota en las Highlands. El único edificio cerca de allí es un castillo en ruinas."

"¿Sí?" La voz de Snape fue siseante y abrupta. Miró fijamente al hombre que le servía.

El comerciante guardó silencio y bajó la cabeza. "Nada. Se entregará a principios de la próxima semana."

"Bien. Confío en que el pago esté en orden."

"Sí. Todo ha pasado con éxito."

"En ese caso, esperamos recibir los productos el lunes de la próxima semana. Habrá alguien en el lugar designado en ese momento."

El comerciante estaba claramente nervioso a causa del hombre oscuro con la voz suave ante él. Echó un vistazo a Hermione, en parte por curiosidad sobre lo que estaba haciendo con él, en parte para tranquilizarse.

Hermione le sonrió gentilmente, nunca disfrutando de la incomodidad de alguien, pero cuando Severus se acercó a ella e inhaló su aroma, su vientre se retorció de anhelo. Su habilidad para intimidar a este hombre de algún modo encendió su deseo, y en un movimiento que la sorprendió incluso a ella, atrapó su mano, atrayéndolo hacia ella, y se alzó para besarlo con fuerza. Lo sintió tensarse en interrogación por un momento, pero luego se suavizó y le devolvió el beso con ardor. Ella era vagamente consciente de que el comerciante se encontraba incómodamente separado de ellos.

Finalmente, ella se separó y le sonrió. Se volvió hacia el comerciante, que estaba parado con una clara mirada de incomodidad en el rostro. Luciendo su sonrisa más dulce, ella dijo, "Gracias," luego, tomando la mano de Severus, lo llevó a la calle de arriba.

Ella lo arrastró, comenzando casi a correr una vez estuvieron afuera. Riendo a carcajadas, se giró hacia él, alcanzándolo de nuevo para un beso.

"Eres una mujer cruel," dijo él contra sus labios con un sedoso arrastre. "No deberías atormentar a los hombres así."

"¿No puedo atormentarte?"

"Sólo cuando te dé permiso." Él la besó tan profundamente, que pensó que podría correrse allí mismo.

Luego fue su turno de arrastrarla. Tomó su mano y la condujo unas puertas más abajo, deteniéndose fuera de un pequeño café. Entraron.

Se sentaron y pidieron café y pastel. Le recordó a Hermione su viaje a Grasmere. Le sonrió. Él no podía quitarle los ojos de encima. Ella miró hacia abajo y se pasó la mano por el cuello. "Gracias por mi collar."

"Ya has dicho eso."

"Me gusta repetirme."

Él sonrió.

"Dijiste que no habías comprado nada para nadie en mucho tiempo."

"No." Ella no pensaba que él continuaría, y temió haber ido demasiado lejos, pero entonces él volvió a hablar. "Compré varias cosas para ella cuando éramos niños. Nunca caras – no tenía dinero. Me di por vencido después de un tiempo."

"Estoy segura de que ella las apreciaba."

"Quizá. Me escribía estas pequeñas notas de agradecimiento." Sus ojos estaban vidriosos. "Todavía las tengo."

Hermione se sintió extraña. Era conmovedor escuchar su amabilidad y profundidad de sentimientos, pero la enervó un poco cuando pensó en la intensidad de su emoción por Lily. No era algo que realmente hubiera entrado en su relación antes. Se había mencionado en su conversación en las murallas, pero él estaba tan agraviado, tan cerrado y amargo por entonces, que a ella no le había parecido una amenaza. Ahora, Hermione casi se sintió celosa. Bajó la cabeza.

Él sintió su inquietud y tomó su mano. "Ella no me amaba."

"Pero tú la amabas a ella."

"Ya sabías eso."

Hubo silencio.

"Pero no era recíproco. No es suficiente. No está completo. Nunca estuve completo."

Hermione no podía mirarlo, pero continuó hablando. "No tienes que menospreciar tus sentimientos, Severus. Aun así la amabas. Las personas descartan demasiado rápidamente el amor no correspondido como amor ciego, obsesión, un enamoramiento tonto, pero, ¿por qué la emoción debería ser menos significativa, sólo porque no es recíproca? La gente se ríe de los enamoramientos de los adolescentes, pero son algunas de las emociones más poderosas y crudas que jamás experimentaremos. Los padres las desprecian porque tienen miedo de enfrentarse a sus hijos que crecen, al dolor de sus sentimientos. Pero esos enamoramientos son tan reales, tan vívidos, tan consumidores. Es un insulto para una persona decir, "Oh, sólo es un flechazo" – ésa es la emoción más cruda que existe – tanto más intensa si no es correspondida y no hay salida para ella. Eso no significa que sea menos real. Yo los he tenido. Aunque ninguno de los míos fue tan profundo como los de algunas personas, y de ninguna manera tan intenso como tus sentimientos por Lily."

Su cabeza se lanzó hacia ella al escuchar el nombre en sus labios. Hermione temió haber dicho demasiado. Hubo una pausa momentánea, pero su rostro de repente se relajó.

"¿Quiénes fueron sus enamoramientos entonces, señorita Granger?"

Ella rio un poco. "Habiendo dicho todo eso, los míos realmente no fueron nada. Siempre fui demasiado sensible."

"Compláceme."

Ella sonrió. "Bueno, hace mucho tiempo… todas estábamos enamoradas de Lockhart para empezar."

Snape resopló burlonamente. Hermione se sonrojó de color escarlata. "Bueno, claramente, aquél fue de muy corta duración. Y… supongo que Cedric Diggory era bastante agradable. Recuerdo que pasé mucho tiempo mirando su póster durante los preparativos del Torneo de los Tres Magos." Su voz se interrumpió. "Pobre muchacho."

"Pero pensaba que tus atenciones se centraban en el señor Krum en aquel momento."

Ella lanzó su cabeza hacia él. "¿Sabías eso?"

Él sonrió burlonamente. "Oh, sí."

Ella rio y bajó la cabeza avergonzada. "Para ser honesta, no era mi tipo en absoluto. Él me perseguía. Todo fue un poco extraño en realidad, y entonces Ron comenzó a verme de manera diferente, lo que hizo las cosas todavía más confusas. Dios, fue una época difícil."

"¿Alguien más?"

Hubo alguien más, pero ella se dio cuenta con repentina alarma de que realmente no quería hablarle a Severus de esa persona en particular.

"No… no… eso es todo."

"No te creo."

"Bueno, deberías."

Él insistió. "¿Quién?"

Hermione suspiró, pero no pudo ocultar por completo la verdad. "Fue hace mucho tiempo. Yo era muy joven. Sólo lo conocí durante dos o tres años."

Los ojos de Snape se entrecerraron y endurecieron. Hermione ya había revelado demasiado. Ella comenzó a respirar pesadamente. No se atrevía a decirlo, a pesar de que esta persona había sido la más difícil de olvidar, la que más se había grabado en ella.

"¿Quién?"

"No, de verdad, no fue nada… de todos modos, es irrelevante ahora…"

"¿Por qué?" Era fríamente insistente.

Hermione se escuchó respondiendo por instinto. "Porque está muerto." Hubo silencio entre ellos. "Yo era muy joven," murmuró por lo bajo de nuevo.

"¿Estaba interesado en ti?"

Ella rio a carcajadas. "¡Dios, no! Yo sólo tenía catorce – dieciséis cuando murió. Y era mucho mayor que yo…" Levantó la mirada, percatándose de repente de que había dado demasiada información. Era obvio de quién estaba hablando.

"Black." Su valoración fue correcta. Habló con frialdad, pero no sin previsibilidad, notó ella.

Ella sonrió un poco para intentar ocultar la significancia de la revelación. "Era muy joven y realmente fue un enamoramiento tonto. Nunca lo sentí demasiado profundamente." Ella se dio cuenta de que eso lo había picado. "Severus… sólo fue una tontería…"

"Dijiste que estos sentimientos eran los más crudos y poderosos." A pesar de su clara incomodidad, él logró mantenerse notablemente tranquilo.

"Sí, pero no en todos los casos. ¡También dije que estuve enamorada de Gilderoy Lockhardt! Ése difícilmente se quedará conmigo, ¿verdad? Casi nunca veía a Sirius; en realidad no fue mucho. Pero, era previsible que una adolescente sintiera algo por él. Era emocionante, heroico… peligroso…"

Hubo silencio por un largo tiempo, pero luego su voz llegó, un bajo arrastre, todavía frío. "¿Y te atrae el peligro?"

Ella alzó la cabeza hacia la de él. Él casi estaba evaluándola. Ella rio por lo bajo y volvió a bajar la mirada. "No lo sé. Supongo que añade chispa a una atracción. Nuestra relación es difícilmente sin peligro, ¿verdad?"

"¿Y si no hubiera peligro?"

"¿Qué quieres decir?"

Él hizo una pausa antes de responder, luego habló con esfuerzo controlado. "¿Se mantendría la atracción?"

De nuevo, él había revelado sus inseguridades. Ella sostuvo su mirada y extendió la mano para tomar la de él. "No hay peligro ahora… aquí… ¿verdad?"

"No."

Ella hizo una pausa, asegurándose de que él estuviera mirándola completamente. "Y esto es lo más feliz que he estado nunca contigo."

Él simplemente la miró, sus ojos danzando. "Dilo otra vez."

Ella no pudo evitar que su sonrisa se ensanchara. "Te amo."

Continuaron comiendo y bebiendo en silencio, cualquier tensión que hubiera surgido ahora se había disipado. Hermione se encontró sintiendo que era el momento adecuado para plantear la cuestión del futuro.

"¿Severus?"

"¿Hmm?"

"Me marcho de Hogwarts en unas semanas."

Él no respondió. Ella lo dijo en voz alta. "¿Qué pasará con nosotros entonces?"

Silencio. Él bajó su tenedor y miró fijamente su plato. Luego, con un hondo suspiro, se limpió la boca con la servilleta y habló.

"No es algo en lo que haya sido capaz de pensar demasiado."

"¿Por qué no?"

Otra pausa.

"Porque duele."

Sus palabras calentaron su corazón, pero no hicieron nada por proporcionar respuestas. "Quiero seguir contigo." De nuevo, ella habló con valentía. No tenía razón para no decir la verdad.

Una vez más, él no respondió. Ella lo presionó. "¿Qué quieres, Severus?"

Él levantó la mirada hacia ella bruscamente. "Ya sabes lo que quiero."

"¿Lo sé?"

"Sí."

"Dilo." Era su momento de exigir palabras.

Él hizo una pausa y luego habló. "Te quiero a ti."

Se miraron el uno al otro durante un rato.

"Me han ofrecido puestos en el Ministerio. Están esperando una respuesta. Supongo que debería darles una muy pronto. Comenzaría después de Navidad. Hay una en el departamento de Aplicación de la Ley Mágica que parece adecuada para mí. Creo que voy a aceptarla."

"Londres está muy lejos del colegio."

"Sí. Pero tengo que ganarme la vida."

"Podrías enseñar."

"No quiero enseñar."

Más silencio. Él volvió a levantar el tenedor y comenzó a picar su comida. Entonces, de repente, lo dejó caer al plato con un ruido.

"No puedo imaginar Hogwarts sin ti."

Ella lo miró. Su rostro estaba cargado de tensión. A ella no se le ocurría nada que decir en ese momento.

Con toda honestidad, le resultaba difícil imaginarlo abandonando Hogwarts. Puede que no disfrutara de su trabajo, pero había sido su vida durante tanto tiempo, que le proporcionaba una extraña comodidad y seguridad. Sabía que encontraría un cambio al mundo exterior profundamente difícil. Pero entonces su voz volvió a hablar. "Sólo regresé por ti."

Los ojos de ella se ensancharon con sorpresa. "¿Qué?" susurró incrédula.

"Después de la guerra, no quería regresar. Pero cuando oí que volvías para tus EXTASIS, acepté la oferta de restablecerme en mi puesto. No admití para mí mismo en ese momento que era ésa la razón… pero puedo hacerlo ahora."

Ella estaba alucinada. Lo miró durante una eternidad, antes de que su mente de repente se aclarara.

"Pero… entonces, seguramente… si consideraste marcharte antes… puedes volver a hacerlo."

Él suspiró. "Eso es cierto." Ella no puso evitar que apareciera una sonrisa. Él levantó la mirada hacia ella. "Pero a diferencia de ti… no tengo otro trabajo al que acceder."

Ella casi rio a carcajadas. "¡Eso no importa en este momento! Este trabajo que me han prometido está bien pagado. No necesitamos mucho de todos modos. Te apoyaré hasta que encuentres algo. Severus, eres un mago brillante. ¡La gente se peleará por contratarte!"

Él se burló. "No comparto tu optimismo. Recuerda, tengo cierta… reputación. Y de todos modos…"

"¿Qué?"

"No estaré en deuda contigo."

"La necesidad obliga, Severus."

Sus ojos se lanzaron hacia ella. "¡No me mantendrá una chica de diecinueve años!" Había clara ira en su voz.

Sus palabras la hirieron y dejó caer la cabeza. "Entonces, ¿qué? ¿Volvemos al punto de partida?"

Él volvió a suspirar. "Hay otras complicaciones. No he dado mi aviso. Necesito dar un aviso de medio trimestre."

"Severus. Éstas son trivialidades. Puedo sobrevivir sin ti por un tiempo, puedes quedarte en Hogwarts hasta que lo necesites, buscar otro trabajo mientras tanto y entonces trasladarte cuando sea el momento adecuado."

Él continuó picoteando su comida.

"Y… mientras estemos esperando que sea el momento adecuado…"

"¿Qué?"

"Puedes conocer a alguien más… alguien joven, guapo…"

"¡Oh, por el amor de dios! No seas estúpido. Severus, me estoy hartando de tener que justificarme ante ti. ¿Cómo puedes dudar de mis sentimientos por ti después de los últimos días? ¡Venga! Se supone que soy yo quien tiene diecinueve años, no tú."

Sus ojos se lanzaron hacia ella. Su ceño estaba fruncido y sus brazos cruzados. Él bajó la mirada con clara vergüenza.

"Supongo… que sería posible… trasportarme hasta ti con bastante frecuencia."

"Sí, maldita sea. Todas las noches si quisieras. Yo querría. ¡Dios! Por fin estás pensando positivamente." Ella habló rotundamente.

Hubo más silencio.

Él parecía incómodo. "He estado allí por mucho tiempo."

Ella adivinó cómo se estaba sintiendo.

"¿De qué tienes miedo, Severus?"

"Sólo te he conocido en Hogwarts. Sólo he trabajado en Hogwarts. No puedo imaginar…" Su voz bajó.

Ella extendió la mano y tomó la de él, conmovida por su vulnerabilidad.

"Severus. No hay nada que debas temer. Hoy ha estado bien, ¿no? Maravilloso. Esto está fuera de Hogwarts. Me ha mostrado lo que puede ser. Y me gusta. Me gusta tanto que no quiero que acabe."

"Tiene que hacerlo. Tiene una clase conmigo esta tarde, señorita Granger." Él sonrió burlonamente a su manera habitual, pero por una vez la molestó más de lo que la divirtió. Era demasiado fácil para él retirarse a la familiaridad académica.

"Es viernes. ¿No sería maravilloso quedarnos aquí e ir a un hotel? Tengo algún dinero de entrevistas y artículos que escribí después de la guerra. Podríamos ir a un lugar realmente agradable y pasar el fin de semana allí."

Él parecía confuso, casi asustado.

"Tengo que regresar para impartir clase."

Ella suspiró y bajó la cabeza. "Muy bien," dijo con sequedad.

Terminaron su café y abandonaron la cafetería en silencio, caminando calle arriba. Hermione estaba confusa. Desesperadamente no quería arruinar el maravilloso rato que habían pasado en Edimburgo, pero tampoco podía evitar sentirse decepcionada por su incapacidad para dejar atrás su pasado familiar. Al menos lo habían expresado; la posibilidad de un futuro juntos más allá de Hogwarts. Y se recordó a sí misma, él inicialmente se lo había tomado bastante bien.

Pero su inseguridad la preocupaba. Era casi una carga; como si ella estuviera soportando sobre sus hombros el peso emocional, no sólo de sí misma, sino también de un hombre veinte años mayor que ella. Levantó la mirada hacia él. ¿Estaba realmente preocupado por dejarla? Supuso que era uno de sus mayores temores acerca de estar fuera del colegio. Él sabía dónde estaba con ella en Hogwarts. Sabía que dentro de la comunidad escolar, a sus ojos, él era excitante, inteligente, carismático… peligroso. ¿Pero afuera? ¿Tenía tan poca confianza como para pensar que parecería tan diferente? Parecía que sí.

A pesar de su incapacidad para tomar una decisión sensata sobre su futuro, ella lo adoraba tanto que sólo quería tranquilizarlo. Su fragilidad era tan conmovedora; sacaba un sentimiento de ella que no podía identificar del todo. Deslizó su mano en la de él, levantando la otra para sentir el collar que colgaba a su alrededor, y le sonrió.

Él se detuvo y la miró, su rostro todavía incierto.

Se detuvieron en medio de la calle. Hermione levantó la mano y sostuvo su rostro. Era comprensible que necesitara tiempo. Se lo concedería.

"No te preocupes por nada, Severus. Me tienes. Me tienes."

Atrajo su cabeza y lo besó larga y tiernamente mientras la gente de Edimburgo pasaba a su alrededor.