¡Hola! Sé que ha pasado un tiempo desde la última vez que actualicé así que les daré un pequeño resumen de lo que ha pasado en lo capítulos anteriores para que no estén tan perdidos.

En una misión, el equipo encontró un maletín con una gema en él, que los llevó aproximadamente diez años en el futuro. Se encontraron con sus versiones adultas y estas por su puesto evitan a toda costa darles detalles de su futuro, pero los chicos, al enterarse de que Monte Justicia explotó, deciden ir a verlo con sus propios ojos. Una vez que confirman que esto es verdad, al intentar regresar a la Atalaya, por accidente al tomar una caja madre, terminan en la baticueva y conocen a Tim, a Jason, a Damian y a Barbara. Sin querer, Jason, Tim y Damian, hablan de lo que pasó en Invasión y los chicos los escuchan, enterándose de las cosas que harían durante ese año. Ahora el equipo sólo quiere una explicación de lo que escucharon y de los desconocidos en la baticueva.

Ahora sí, disfruten el capitulo!


Atalaya,

Enero 11 2022

07:47 pm

Todos habían sido reunidos en la sala de juntas del satélite. Sus versiones adultas los estaban esperando con diferentes expresiones en sus rostros: alivio, preocupación, molestia e incluso comprensión, pues sería muy hipócrita de su parte sentirse indignados por su comportamiento. Todos estaban de pie alrededor de la mesa.

Los chicos por su parte no dijeron ni una palabra mientras se acomodaban en los asientos alrededor de la mesa, pero parecían estar sumamente distraídos en sus pensamientos.

Barbara se dirigió directamente hacia a Dick y lo apartó a un costado de los demás para explicarle lo que había pasado y todo lo que posiblemente habían escuchado los chicos. Después de la explicación, saber dónde habían estado, a quiénes había visto y tener una idea de lo que habían escuchado, Dick pudo entender el porqué de las expresiones agrias y confusas en el rostro de los chicos.

Chico Flash le devolvió la caja madre a Conner sin ninguna explicación de cómo la habían encontrado y sin disculpa alguna. Simplemente procedió a sentarse en una de las sillas, como los demás.

Kaldur miró en silencio a los chicos en el espacio vacío de la mesa en forma de U. Un maletín gris destacaba sobre dicha mesa, pero ninguno de los chicos le prestó la suficiente atención como para preguntar por él.

—Ya regáñanos, ¿quieres? —Chico Flash soltó de repente.

Kaldur abrió los ojos, sorprendido por esa demanda.

—¿Por qué quieres que los regañe?

—No somos tontos. Sabemos que están molestos porque salimos a escondidas. Además, creo que prácticamente los dejamos encerrados aquí —Artemisa le respondió pretendiendo parecer desinteresada.

Kaldur asintió. Era verdad, en teoría, los habían dejado encerrados en el satélite ya que no podían salir sin que el sistema los identificara como intrusos y activara un protocolo de aislamiento total.

—Entonces, por lo que veo, ya saben que lo que hicieron estuvo mal ¿Realmente necesitan un llamado de atención?

—¿Realmente esperas una respuesta? —Superboy lo miró a los ojos.

Kaldur le sostuvo la mirada.

—No somos sus enemigos, tampoco sus carceleros.

El clon del pasado chasqueó la lengua.

—Estamos aquí para ayudarlos —Megan se colocó al lado de Kaldur —. No nos conviertan en los malos de la película.

Se quedaron en silencio varios segundos antes de que Kaldur retomara la palabra.

—¿A dónde fueron?

—Monte Justicia —Aqualad respondió a su homólogo mayor.

Chico Flash se aclaró la garganta.

—Queríamos saber si de verdad... ya saben, había explotado.

Kaldur suspiró.

—Entiendo. Supongo que después de verlo, regresaron al tubo zeta en el garaje de Conner y Megan.

—¿Ustedes son los que viven allí? —Raquel preguntó.

—Sí. —Conner respondió —. Fue muy peligroso lo que hicieron.

—No estaba entre nuestros planes tomar la caja madre... —Artemisa intentó defenderse.

—No hablo de la caja madre, eso los salvó de que algo peor pasara. —Conner la interrumpió.

Los chicos parpadearon, confundidos ante eso.

—Da la casualidad que cuando ustedes estaban en el garaje, Conner recibió una visita de Jason —Wally empezó a explicarles.

—¿Jason? —Artemisa preguntó. Su mente le trajo automáticamente la imagen del hombre que habían conocido en la baticueva hace unos minutos.

—Lo conocieron hoy en la baticueva. — Barbara les recordó.

Los chicos voltearon a verla.

—¿El de los ojos bonitos? —Raquel dijo.

Dick alzó una ceja por la descripción y compartió una mirada con Barbara, ella sólo se encogió de hombros.

—Sí, supongo —sonrió divertido.

Raquel se sonrojó y se rascó el cuello distraídamente.

—Supongo que no se vió bien que un grupo de chicos desconocidos estuvieran en el garaje de una casa... ¿Iba a llamar a la policía? —preguntó.

Conner negó con la cabeza.

—Él no iba a llamar a la policía.

—¿Entonces por qué podía pasar "algo peor"? —Zatanna preguntó sin terminar de entender el punto.

Wally hizo una mueca.

—Solo diré que... Jason tiene muy buena puntería.

Los chicos se vieron entre sí al entender la implicación de eso, y al recordar el arma que le habían visto cuando estaban en la baticueva. Tragaron saliva.

—Afortunadamente la caja madre los llevó a la baticueva antes de que Jason los interceptara —Wally continuó —. No quiero imaginar lo que hubiese ocurrido de lo contrario.

Los chicos recordaron que después de eso, en realidad, Bane y Deathstroke casi los habían terminado de convertir en coladores. Bajaron la cabeza, incómodos.

Robin murmuró algo intelegible entre dientes.

—¿Dijiste algo? —Kaldur alzó una ceja, mirándolo.

El pelinegro apretó los labios y levantó la mirada antes de repetir lo que había dicho.

—La caja madre no nos llevó a la baticueva. Nos llevó a Santa Prisca.

Los mayores en la sala se tensaron.

—No bromeen —la Artemisa mayor echo la cabeza para atrás.

Aqualad prosiguió a explicar lo que había pasado en realidad: su pequeño encuentro con el mercenario y Bane.

Sus contrapartes mayores suspiraron resignados al escuchar la breve historia. Sabían que eran propensos a las situaciones suicidas y cualquier cosa que amenazara su integridad física, así que optaron por reservarse sus quejas y señalizaciones con respecto a ese accidente.

¿Quién mejor, sino ellos mismos, para entenderse?

—Bueno, lo importante es que están vivos. —la Zatanna adulta comentó, resignada.

Los demás estuvieron de acauerdo con esa declaración en silencio.

—¿Deberíamos preocuparnos por Deathstroke y Bane ahora? —Artemisa adulta preguntó.

—Esperemos que no —Dick arrastró el maletín cerca de él en la mesa. Era el pedido que le había hecho al Dr. Strange —, porque no van a volver a salir a escondidas —Dick continuó.

—¿Qué es eso? —Chico Flash le preguntó señalando el maletín.

—Un regalo. —recibió como respuesta.

—¿Más sorpresas? —Robin lo miró fijamente.

Dick correspondió la mirada, entendiendo la actitud hostil que estaba irradiando el muchacho hacia él. No era estúpido, sabía que quería una explicación de lo que acababa de ver en la baticueva.

Megan se aclaró la garganta.

—Sus comunicadores no funcionan en ésta época porque las radiofrecuencias son diferentes —Megan les explicó —. Y por esa misma razón no tuvimos la forma de poder saber dónde se encontraban después de que se fueron de Happy Harbor.

Dick asintió de acuerdo.

—Así es, y con eso tiene que ver el "regalo" que les traje —abrió el maletín para revelar lo que había dentro de él: estuches con radio comunicadores —. Todos tomen un estuche.

Los chicos no dudaron en levantarse de sus asientos y tomar uno cada uno. Robin se quedó en unas de las sillas cerca de su homólogo mayor.

—Cómo dijo Megan, después de que se fueron nos dimos cuenta de que no había forma de comunicarnos con ustedes, así que tuve que solicitar éstos —Dick empezó a explicar —. Desde luego esperamos saber en dónde están en cada momento y en dado caso de que pase algo parecido a lo de Santa Prisca, sabremos como contactarlos y ustedes sabrán cómo contactarnos. Las únicas radiofrecuencias que están disponibles son las de todos nosotros por supuesto, Superman, Flash, Canario Negro y Batman.

Mientras los chicos se colocaban los comunicadores, Dick miró a Robin y se sentó junto a él. Robin se quitó los guanteletes, se sacó su viejo comunicador y se colocó el nuevo.

—Necesito que me des tus guantes.

Todos parecieron escuchar la demanda de Dick porque éste percibió las miradas poco disimuladas de éstos.

Robin asintió con la mirada fija en sus guantes.

—Me sorprende que me pidas permiso para tomarlos.

—Ya no son míos. —Dick le respondió con simpleza.

—Supongo que se están se asegurando de que no salgamos a escondidas de nuevo, ¿cierto? —Zatanna adolescente señaló lo que parecía obvio para el resto.

—La dirección de un tubo zeta no es lo único que pueden averiguar ingresando al sistema —Barbara comentó, respondiendo la inquietud de Zatanna.

—No, no es lo único —Dick concordó antes de mirar a su pequeño yo —. No lo hiciste, ¿cierto?

Robin levantó la cabeza y lo miró a los ojos.

—No. —Dick le sostuvo la mirada —. Pero no necesité hacerlo para enterarme de una o dos cosas... O personas.

Silencio.

Todos se quedaron quietos viendo a ambos Grayson en lo que parecía una batalla de miradas.

—¿No me vas a dar una explicación? —la voz de Robin sonó esperanzada. No creía que era necesario explicar a qué o más bien a quiénes se refería.

—No creo que sea el momento ni el lugar —Dick intentó desviar el tema. De llegar a explicarle sobre Jason, Tim y Damian, pensó que era mejor si lo hacía a solas.

El muchacho más joven apretó los labios sin apartar la mirada. Le estaba dando una segunda oportunidad para que empezara a hablar. No lo hizo.

Al no recibir una respuesta, asintió, tomó sus guantes y se levantó del asiento dirigiéndose hacia la salida.

Todos se tensaron ante la acción repentina.

Dick no tardó en perseguirlo.

—¡Richard, detente!

Al ser más alto y obviamente más rápido que el niño, no tardó en alcanzarlo. Lo tomó del brazo haciendo que se girará hacia él con brusquedad.

Una mirada helada lo saludó.

—Si tú no me dices quiénes son, voy a averiguarlo por mi propia cuenta y sabes muy bien que puedo hacerlo.

Dick no le soltó el brazo.

—Sabes muy bien que no debes hacerlo.

La temperatura del lugar se redujo varios grados.

Dick era muy consciente del nivel de su temperamento y de lo que podía hacer o decir cuando lograban llevarlo a su límite -cosa que muy rara vez sucedía-. Inocentemente, pensó que su yo de catorce era más maleable.

Aqualad se levantó de su asiento.

—Robin, esta no es la forma de pedir explicaciones. Tú no eres así...

Se calló de pronto cuando Robin giró su cabeza enviándole una mirada que lo dejó congelado. Nunca había visto el enojo reflejado en ojos de Robin porque en realidad nunca había visto sus ojos.

—No tienes ni idea de lo que soy capaz de hacer, Kaldur'ahm.

Aqualad se quedó callado sin saber cómo reaccionar.

Dick creyó escuchar a alguien jadeando ante la respuesta inesperada, posiblemente Megan. También escuchó un par de sillas siendo arrastradas y pasos de tacón casi silenciosos detrás de él, pero no volteó para ver quiénes habían sido.

Sabía que los chicos nunca lo habían visto enojado, a excepción de Wally. Definitivamente fue muy inocente al creer que podía controlar su propio enojo en su versión más joven.

Robin lo miró a los ojos de nuevo y se soltó del agarre que tenía en su brazo.

—Hay una razón por la que en el gimnasio estabas usando tu propia computadora: bloqueaste las computadoras holográficas para nosotros, pero ustedes tampoco podían utilizarlas y no pueden estar bloqueadas para siempre. Eso lo noté cuando enlacé mi computadora al sistema de la Atalaya.

Dick lo miró en silencio y maldijo mentalmente su ingenio para notar esas cosas.

—No pretendía husmear ni intentar averiguar nada que no nos quisieran decir porque no quería hacerlo, e intenté respetar su decisión —Robin continuó —, pero después de lo que pasó en la baticueva no estoy dispuesto a quedarme sin una explicación. —apretó los guantes en sus manos —. Pensé que me lo dirías inmediatamente después de enterarte de lo que pasó, pero veo que no es así. Así que, o me dices quiénes eran esos chicos o encuentro la información por mí mismo. Y no hablo sólo de sus nombres.

Dick apretó los labios. Bueno, ya no tenía de otra realmente. Tenía que hacerlo. Miró el público detrás de él. Los chicos tenían los ojos y la boca abierta. Superboy parecía desubicado, la Señorita M tenía las manos en su boca y Rocket y Artemisa parecían sinceramente preocupadas.

Aqualad se había mantenido sobre sus pies, congelado. Zatanna y Chico Flash habían sido los otros dos que arrastraron sus sillas al levantarse, y la maga tenía la boca entreabierta y el velocista parecía a punto de abalanzarse sobre su amigo de ser necesario.

Los mayores parecían más relajados, pero no dejaban de lanzarle miradas de preocupación y entendimiento. Él les sonrió para su propia tranquilidad.

Luego miró a Barbara, era quien se había acercado a unos metros detrás de ellos. Ella le pidió intervenir, en silencio, pero él negó con la cabeza: yo me encargo.

Regresó la mirada a su pequeño yo.

—Te lo diré todo, pero antes...

—Alto, Dick. —Wally lo interrumpió y todos voltearon a verlo —. Por lo que escuché, sé quiénes también estaban en la baticueva con Barb, pero si les hablas de ellos, vas a tener que explicarles más de una cosa.

Dick se encogió de hombros y suspiró.

—O se lo digo, o él lo averigua.

Kaldur le puso una mano sobre el hombro a Wally y asintió hacia a Dick para que continuara.

Kaldur había aprendido a entender la lógica de Dick a lo largo de los años, él sabía que sí les explicaba las cosas con sus propias palabras, podía manejar la información que les daría, cosa que obviamente no podría controlar si dejaba que ellos consiguieran la información por sus mismos medios.

Dick regresó la mirada hacia su otro yo.

—Como te decía, antes de hablar, debes disculparte por cómo le hablaste a Kaldur. Fuiste muy grosero.

Para otros posiblemente era algo minúsculo, pero los buenos modales y cortesías eran algo muy característico de él así que sabía que su pequeño yo no se sentía del todo cómodo después de hablarle así a su amigo y líder.

Robin suspiró relajando sus hombros visiblemente, y miró a Aqualad con la culpa reflejada en sus ojos.

—Lo siento, Kal. No debí hablarte así.

Aqualad le sonrió y asintió.

—Disculpas aceptadas.

Los chicos se relajaron después de escuchar eso.

—Qué bonito.

El comentario de la Artemisa adolescente provocó risas en los demás y la tensión en el ambiente se redujo.

Robin regresó su mirada a Dick, en espera de su tan ansiada explicación. Este guardó silencio un par de segundos antes empezar. No podía seguir dilatando el tema.

—Jason... Jason Todd, Tim Drake y, Damian... Wayne. Esos son los nombres de los chicos que viste hoy... —volteó a ver a los demás —, que todos vieron hoy.

Sabía que ya habían escuchado los nombres gracias a la explicación de Barbara, pero también sabía que no conocían sus nombres completos. Así que esperó a que lo procesaran, más que todo el ultimo apellido.

Las reacciones no lo decepcionaron, al menos de parte de Artemisa y Chico Flash, los otros aún parecían ajenos al famoso apellido.

—¿Wayne? ¿Uno de ellos es hijo de...? —Artemisa no terminó su oración.

Dick asintió.

—El más joven es el hijo biológico de Bruce. —Wally le respondió.

—¿Quién es la madre? —Todos giraron su cabeza hacia Chico Flash —. ¿Qué? Sé que no soy el único que quiere saber. —el pelirrojo se encogió de hombros.

Dick abrió la boca sin emitir palabra alguna. ¿Cómo les explicaba que la madre era una asesina experta? ¿Y por qué no se le cruzó por la cabeza que le podían hacer esa pregunta?

—Tienes que decirles —Wally lo miró con simpatía —. Ya vimos que no es buena idea que ellos se enteren de las cosas por sí mismos. Eso y, con todo el dolor del mundo, te dije que tendrías que explicar otras cosas con decirles...

—Ya, gracias por tu ayuda, Wally —Dick lo cortó y Wally sólo levantó sus manos en señal de paz, ligeramente divertido.

Dick cerró los ojos y echó la cabeza hacia atrás.

—Talhia Al Ghul —soltó sin querer verle la cara a nadie.

Silencio fue lo único que percibió por un largo rato, hasta que...

—Bruce es un imbécil.

Todos giraron la cabeza en dirección a Robin. Hubo silencio por un par de segundos más hasta que Conner no pudo resistir más y estalló en carcajadas, el resto de las versiones adultas no tardaron en unirse a él, a excepción de Dick, que miraba con cierto horror al niño sin esperar esa reacción... Aunque debió haber sido obvio para él, es decir, él no le dió una tarjeta de felicitaciones a Bruce cuando se enteró.

Los chicos por su parte aún estaban procesando el nombre de la mujer que supone enamoraría a Batman.

—Nunca creí vivir lo suficiente como para escucharte insultar a Bruce. —Conner dijo después de reponerse de ataque de risa mirando al que él consideraba el niño más dulce que había conocido en su momento, aunque en ese momento lo conocía mejor como para saber que en realidad no era tan inocente.

—Siento decepcionarte, pero no soy un santo. —Robin le dice, serio —. ¿Cómo rayos a Bruce se le ocurre meterse con Thalia de todas las mujeres que lo persiguen? ¡Hasta Selina me cae mejor!

Dick resopló un intento de risa compartiendo el sentimiento de su versión más joven. El resto de los mayores se terminaban de recomponer de las risas.

Robin parecía relajado, pero en realidad tenía unas ganas enormes de gritar insultos dedicados a su querido mentor y figura paterna.

—Estoy de acuerdo en que Thalia Al Ghul es una arpía, no quiero ni imaginármela como madre —Artemisa adolescente empezó después de haber asimilado la información.

Si había alguien que conocía los alcances que podía tener la Liga de las Sombras, esa era ella. De repente recordó la forma en la que había peleado el niño en cuestión en medio de todo el desastre que habían causado y supo por qué le parecía tan familiar su estilo de combate.

—¿Ese niño está bien? Es decir, ¿es un chico normal o es una especie de asesino en entrenamiento? —suena sinceramente preocupada.

Barbara la volteó a ver de inmediato.

—Las cosas no son tan así, Artemisa. Damian tiene su pasado, igual que tú, pero es un buen niño.

—Exacto —Dick estuvo de acuerdo —, y sinceramente no quiero discutir si Thalia es una buena madre o no...

—A ver, esperen un momento —Chico Flash lo interrumpió —. ¿Estamos hablando de Thalia Al Ghul? ¿La hija de Ra's Al Ghul, el líder de la Liga de las Sombras?

—¿Cuántos Al Ghul conoces, Wally? —Robin se burla.

Chico Flash silbó por lo bajo, sorprendido.

—Sinceramente no culpo al hombre.

—¿Qué quieres decir? —Robin alzó una ceja, escudriñándolo con la mirada.

—Amigo, ¿no has visto a esa mujer?

Dick se aclaró la garganta al ver el sonrojo en las mejillas de su pequeño yo.

—Está bien, bájenle a sus hormonas. No estamos discutiendo eso, es más, no vamos a discutir nada sobre el tema de Thalia y Bruce. Es su vida privada y nosotros no cabemos en eso, ¿estamos claros?

Los chicos se vieron entre sí antes de asentir. Decidieron hacer caso al notar el semblante de pánico de Dick al decir eso.

Los mayores por su parte no pudieron reprimir un par de risitas con el tema en cuestión, pero no comentaron nada al respecto sólo para guardar un poco el pudor de la situación.

—Está bien, dejemos de lado el tema de Thalia —Robin retomó la palabra —. ¿Qué hay de los otros tipos? Json y Tim, ¿de dónde salieron?

—Tim es el hijo de los Drake, el hijo de los vecinos —Dick empezó —. Jason es... Fue un chico con problemas que vivía en la calle, Bruce intentó ayudarlo a su manera y de alguna forma acabó viviendo con nosotros en la mansión. Fue cuestión de tiempo para que se diera cuenta de... todo lo demás.

—¿Y esos chicos son alumnos de Batman? —la voz de la Señorita M lo hizo girar —. ¿Cómo Robin?

Dick suspiró y se rascó el cuello.

—Sí. Tim es Red Robin, Jason es Red Hood y el más joven, Damian, es... Robin actualmente —miró a su versión más joven —. Y, en su momento, Jason y Tim también fueron Robin.

Eso último no se lo preguntaron, pero no quería que otro episodio de "si quiero puedo averiguarlo" se repitiera.

—¿Más Robins? —la maga más joven parpadeó.

—¿Estarán en el equipo? —Aqualad preguntó, curioso.

—Sí, en su momento todos formaron parte del equipo, a excepción de Damian. Aún no logramos convencer a Batman de que lo deje unirse. —Kaldur comentó con diversión.

—Pero lo esperamos con los brazos abiertos —Megan agregó.

—Y una soga —todos voltearon a ver a Conner. Éste se encogió de hombros —. Por si acaso.

Dick negó con la cabeza y notó por el rabillo del ojo a Barbara reprimiendo una risita.

—Cuando esté listo, podrá unirse al equipo. Por ahora aún tiene mucho que aprender sobre compañerismo. —Dick miró a su versión menor en espera de una reacción.

Robin tenía su cerebro corriendo a mil, procesando todo lo que acababa de escuchar. Un sentimiento ajeno para él se instaló en su pecho, pero trató de mantener su serenidad a flote. Tres chicos desconocidos para él vivirían en su casa, serían alumnos de su mentor y lo que más lo descolocó: usarían su nombre. Además de que uno de ellos era el hijo biológico de Bruce. ¿Cómo se suponía que tenía que reaccionar a eso? Miró a sus amigos que lo observaban con curiosidad y decidió que ese definitivamente no era el lugar para una escena, al menos no el tipo de escena que sus emociones querían protagonizar.

Asintió en silencio y miró a su versión adulta.

—Sólo quiero que me respondas algo más.

—Dime.

—¿Tú lo decidiste? Que usaran el nombre de 'Robin'.

Dick entendió su preocupación. El chico en ese momento ni siquiera estaba pensado en dejar de ser Robin, supuso que era lógico que supusiera que alguien más lo iba a obligar a dejar el nombre, que lo iban a reemplazar.

Sonrió antes de responderle.

—Sí. No fue una decisión fácil, y tal vez me llegué a arrepentir, pero ahora mismo sé que tomé la decisión correcta para ellos. Lo necesitaban, sabes a lo que me refiero.

Robin sonrió, entendiendo. 'Robin' era, de cierta forma, su armadura, y al parecer otras tres personas la utilizarían como tal también.

—Entiendo...

—Sé lo que estás pensando. —Dick lo cortó. No había manera que no estuviera sintiendo lo que él mismo había sufrido cuando conoció a Jason.

Robin alzó una ceja.

—¿Desarrollaré telepatía?

—Sé lo que estás pensando porque yo también lo pensé cuando conocí a Jay —le sonrió —. No es así. Ninguno de ellos es tu reemplazo, son tu familia. Una familia muy rara, pero familia al fin. Es decir, ahora mismo quiero matarlos por hablar de más, pero aun así en el fondo, ya los perdoné.

Robin abrió los ojos al no esperarse esa confesión. Se rió y negó con la cabeza antes de mirar detrás de Dick, hacia Barbara.

—Entonces, ¿qué hay de ti?

El resto de los chicos también voltearon a verla, casi habían olvidado a la pelirroja.

Ella no parecía esperarse esa pregunta, pero pensó que era más que obvio. No le había preguntado quién era porque ya la conocía en su época, ahora sólo le faltaba saber cómo había terminado en el mundo de los superhéroes.

—¿Yo? —Barbara se hizo la inocente.

—Sí, ¿cómo acabaste aquí? —Robin alzó una ceja.

—Me había olvidado de ti por completo. ¿Quién eres en primer lugar? —Artemisa adolescente la miró con curiosidad. Tenía una ligera idea de quién podría ser, pero su parte lógica se negaba a aceptarlo.

Barbara se rió nerviosamente.

—Ahm, mi nombre es Barbara Gordon —miró a los chicos —. Mucho gusto.

Y Artemisa confirmó sus sospechas.

—¿Barbara Gordon? ¿La hija del comisionado? —Artemisa miró a Robin —. ¿La chica que siempre está contigo en la escuela?

Robin abrió la boca ante eso, pero no salió nada de sus labios porque de repente sintió la mirada de Zatanna sobre él.

Dick se tentó a golpearse la cabeza contra la pared y Barbara quería salir de allí.

Artemisa pareció notar lo que había dicho y volteó a ver a Zatanna con brusquedad, abrió los ojos y buscó la forma de justificar su comentario anterior sin hacer que mandaran al pobre Robin por la bahía de escape del satélite.

—No es que literalmente pasan todo el tiempo juntos, es decir, la mayor parte del tiempo están juntos, pero estoy segura de que sólo son amigos y...

—Artemisa, tranquila —Zatanna la interrumpe con una sonrisa divertida —, no estoy pidiendo explicaciones.

—Sí, Artemisa, no están pidiendo explicaciones. —Robin también le reprocha, sólo a diferencia de Zatanna, él no está sonriendo.

Artemisa, impulsiva como siempre, no puede retener el siguiente comentario:

—Perdón por intentar salvarte el pellejo.

—¿Salvarme de qué? ¡No he hecho nada malo! —Robin siente como su cuello y rostro se calienta de la vergüenza.

Zatanna alza una ceja ante su reacción.

—¿Seguro? Pareces algo culpable...

Chico Flash se ríe nerviosamente llamando la atención sobre él.

—Ya, tranquilicemonos, ¿sí? Miren la cantidad de gente que hay aquí —les recuerda, antes de mirar directamente a Robin, advirtiéndole que tendrían que hablar más tarde del tema.

Robin abre la boca, indignado por la insinuación de su mejor amigo. ¿En qué momento su vida amorosa se había convertido en un tema de conversación?

Los adultos por su parte parecían estar a punto de ir a conseguir un bol con palomitas de maíz para seguir viendo la escena frente a ellos.

La Zatanna adulta masajeó su entrecejo tratando de no intervenir y aclarar la situación. Y Dick, si seguían con el tema, estaba considerando encerrarlos hasta que supiera como regresarlos a su época. Barbara estaba suplicando en su cabeza que por favor se callaran.

—Está bien, basta —Robin retomó la palabra, pero Dick notó el sonrojo en sus mejillas. En el fondo se alegró de que en ese entonces sus sentimientos por la pelirroja no iban dirigidos al ámbito romántico... al menos no de una forma seria.

—Es tema aquí es —Robin continuó mirando a Barbara —. ¿Cómo es que terminaste en esto? ¿Cómo es que te enteraste de...? —se rasco la cabeza sin saber cómo concluir la pregunta —. ¿Cómo es que no me mataste después de saber que era Robin? —se decide al final.

Dick resopló un intento de risa, pero se tapó la boca antes de hacer un escándalo. La verdad es que sí había intentado matarlo... a su manera. No pudo evitar notar las sonrisas burlonas de sus amigos al margen de la conversación.

—Bueno —Barbara empezó antes de sonreír —. Ganas de matarte no me faltaron, de hecho, dejé de hablarte por un buen tiempo antes de que quisiera unirme al juego de saltar por los edificios por mi propia cuenta. Me patearon el trasero y posteriormente te convencí para que me enseñaras a hacerlo de la forma correcta; ya sabes, para no morir en el intento. —se encogió de hombros.

Dick no pudo reprimir una sonrisa y miró a su pequeño yo para ver su reacción. Tenía la boca abierta.

—¿Yo te enseñé?

—Sí. —Barbara sonreía ampliamente. Estaba disfrutando de su reacción.

Robin le dedicó una mirada a su mayor que decía claramente: te volviste loco.

Dick levantó sus manos frente a él en señal de paz.

—Oye, no me juzgues que es algo que tú también hubieses hecho... Oh sorpresa, lo vas hacer. —tenía que admitir que era algo divertido la ironía en sus propias palabras.

—¿Cómo vas a dejar que ella...? —alternó miradas entre los dos para detenerse en Dick —. ¡Es peligroso!

—Lo sé, lo que estás pensando ahora yo ya lo pensé, literalmente. Así que sólo dejaré que proceses todo. —no había nadie más que entendiera lo preocupado que estaba el chico.

—Pero sí te hace sentir mejor —Barbara se terminó de acercar a ellos hasta llegar al lado de Dick —, no aceptaste tan fácilmente y te encargaste de asustarme las primeras semanas.

Dick alzó una ceja.

—No te estaba asustando. Te estaba enseñando la realidad. Además, Bruce fue incluso peor que yo cuando empezó a entrenarte. —le recordó.

—Y me dolió cada músculo —le sonrió antes de ver a Robin —. Y no es importante, pero actualmente no hago mucho trabajo de campo, así que no te preocupes. Ahora, —le extendió la mano, mirando los guantes que él aún no soltaba —, yo los guardo. Cuando regreses a tu época te los devolveré. —le sonrió con dulzura.

Robin no esperaba el cambio de tema, pero su mente se enfocó en que la mujer que tenía enfrente era su mejor amiga. No está seguro de que pudiera acostumbrarse a la imagen de la chica con la que hacía travesuras, siendo una mujer adulta, y menos aún sabiendo que terminaría entrenándola para que estuviera donde estaba ahora. Solo atinó a asentir y dedicarle una sonrisa tímida mientras le entregaba sus guanteletes.

Dick miró al resto de los chicos. Habían permanecido en silencio y en algún momento, los que habían estado de pie, retomaron sus asientos.

Miró a Wally que le hizo la seña de "estás muerto" fingiendo cortarse el cuello con su mano; y le señaló con los ojos hacia los chicos, específicamente a Zatanna. Siguió la seña. La niña estaba viendo a Robin con una ceja levantada, parecía... Oh oh.

Regresó su mirada a Wally y este se tapaba la boca para ocultar una risa.

Bueno, por lo menos él no era el que se iba a tener que enfrentar a una escena de celos. Miró a Robin y se tranquilizó al notar que el chico estaba notablemente más relajado, aunque pensativo.

Chico Flash se aclaró la garganta llamando la atención sobre él.

—Con el tema de... La batifamilia aclarado —todos sonrieron ante el apodo —, aún hay cosas que todavía tienen que explicar.

Robin miró a su amigo.

—Es verdad. Ellos mencionaron un montón de cosas que realmente no tenían mucho sentido.

—Sí, por ejemplo, ¿cómo está eso de que me voy a perder en la Antártida? —Chico Flash miró a su homólogo mayor a la expectativa de una respuesta.

Wally miró a Barbara en busca de una explicación.

—Por favor no me digas que esos tres abrieron la boca hasta ese punto.

Barbara le sonrió, disculpándose.

—Lo siento, llegué demasiado tarde.

"Demasiado", era poco.


Hasta la próxima! Trataré de actualizar más seguido mientras mis clases me lo permitan. De verdad, perdón por la tardanza y muchas gracias por seguir esta historia!