Disclaimer: The story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the plot belongs to Simaril. I just translate with her permission.
Disclaimer: La historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la trama de Simaril, solo me adjudico la traducción.
Este capítulo lo betearon mis amadas Yani y Meli, betas de Élite Fanfiction ( www facebook com / groups / elite . fanfiction / )
Capítulo doce: Ausencia
POV Bella
Extrañaba a Edward. Solo se había ido por dos días, pero ya lo añoraba.
Parecía ridículo que ya estuviera tan unida a él, estaba segura de que si él fuese cualquier otro estudiante universitario estaría asustado por mi apego. Incluso después de pasar todo el día juntos, se sentía como una pérdida física cada vez que él dejaba mi casa por la noche.
Había tenido una visión idealizada del amor antes de conocerlo. Había pensado que el amor debería hacerte perder la cabeza y consumir todos tus pensamientos. No fue así al principio con él, pero cuando me encontré a mí misma defendiéndolo de su hermano, sentí los primeros tirones de la atracción. Esa noche el sueño del bosque volvió y cuando me desperté con Quil a mi lado, sentí una punzada irracional de tristeza de que no fuera Edward quien me estuviese consolando.
Cuando me dormí otra vez, soñé con él. Estábamos juntos en un jardín, él estaba rodeado de flores y yo sentada a su lado. Sus ojos cerrados y su expresión serena lo hacían parecer inocente y vulnerable, y no quería nada más que protegerlo.
Estaba muy segura de que él era todo menos físicamente vulnerable, pero definitivamente lo era emocionalmente. A veces había cierta tristeza en sus ojos que lo hacía lucir como si hubiese sufrido demasiado para su relativamente corta vida. Alguien, o algo, lo había lastimado, tal vez la pérdida de sus padres, él dijo que había pasado hacía mucho tiempo. Lo que sea que fuera, todavía pesaba sobre él.
Normalmente, me habría resentido por la manipulación poco sutil de Alice para acercarnos a Edward y a mí, pero cuando él envolvió su brazo a mi alrededor —siempre tan cauteloso— algo cambió. No podía explicármelo ni a mí misma, pero había algo reconfortante y familiar en su toque. Se sentía como volver a casa. Ahora que él se había ido, yo era un patético desastre.
Cualquier cosa que estuviera pasando, estaba segura de que no tenía nada que ver con la herencia de sus padres. Su tensión y las miradas significativas que intercambió con Alice gritaban diferencias. Y como le había dicho que no quería saber lo que eran esas diferencias, no podía preguntar qué estaba pasando realmente.
Cuando llegué a la universidad por la mañana, me sorprendió que Rosalie llegara sola. Edward no había mencionado que los demás también se irían. Por el contrario, había resaltado que Alice estaría alrededor para mantener un ojo en mí. Estaba muy segura de que había un doble significado en eso, pero firme ante mi política no saber, no pregunté.
—Alice, Jasper y Emmett salieron de la ciudad por un par de días —explicó, al ver mi confusión.
—¿Todo está bien?
La tensión alrededor de sus ojos contradijo su respuesta relajada.
—Sí, solo tenían un par de clases hoy, así que fueron a visitar a un amigo de la familia el fin de semana.
No presioné, por alguna razón no quería decirme la verdadera razón por la que se habían ido y respeté eso.
—Tengo que llegar a una clase —dijo torpemente—. ¿Te veo en el almuerzo?
No esperaba eso. Rosalie era casi tan callada como Jasper cuando estábamos juntos como grupo, siempre absorbida por un libro o una revista. No tenía nada que perder al encontrarme con ella y posiblemente algo que ganar. Edward estaba mucho más relajado la primera vez que almorzamos solos, tal vez con Rosalie sería igual.
Traté de esconder mi sorpresa cuando respondí:
—Seguro, te veo ahí.
Nos separamos, cada una dirigiéndose a clases diferentes, y me sentí cautelosamente esperanzada de que ese fuera el primer paso para empezar a conocerla un poco mejor.
Tenía un período de estudio antes de nuestra hora habitual para almorzar. Normalmente, Edward y yo solíamos repasar nuestras notas de las clases de la mañana, pero hoy lo pasé tratando de pensar temas de conversación para mi tiempo con Rosalie. Por alguna razón que no entendía, se sentía importante que saliera bien.
Había salido el sol, así que salí temprano al patio, ansiosa por disfrutar el buen tiempo mientras pudiera. Perdí la noción del tiempo y no fue hasta que oí el sonido de otras personas saliendo que noté lo tarde que era. Había pasado una media hora de nuestro horario habitual y Rosalie no había llegado. Me sentí un poco resentida porque no me avisó que iba a cancelar, después de todo fue ella la que me había preguntado.
No sabía su horario, así que no podía verificar si su clase se había retrasado, así que revisé el estacionamiento. Su M3 había estado estacionado en el lugar habitual del Volvo, junto a mi moto, pero ahora el lugar estaba vacío.
—Bueno, mierda —murmuré para mí misma, mi molestia creciendo. Al menos podría haberme dejado un mensaje diciéndome que no iría.
Había perdido tanto tiempo buscándola que ya no tenía tiempo para comer el almuerzo que había traído. Entré, hambrienta e irritable, el comienzo de un dolor de cabeza formándose en mi sien. Consideré acortar el día e irme a casa, pero mi parte sensata se hizo cargo. Había trabajado mucho para llegar ahí y no desperdiciaría la oportunidad salteándome clases.
Cuando volví a casa esa tarde, mi contestadora estaba parpadeando con un mensaje nuevo. Lo reproduje, esperando que fuera mi madre y deseando escuchar su voz reconfortante. Aunque no fue la voz familiar de Renée la que habló, fue la de Rosalie.
—Bella, lamento haberme perdido el almuerzo, algo surgió en casa y tuve que irme rápidamente. No tengo tu número de celular, así que no pude avisarte. Estaba deseando hablar contigo, así que espero poder ir a tu casa más tarde. Llámame y dime. —Ella dictó el número de teléfono de los Cullen y colgó.
Mi primer instinto fue borrar el mensaje y olvidarme de eso, pero ella parecía lamentarlo. Podría haber sido una emergencia real por la que se había ido a casa, algo podría haberle pasado a Edward. El pánico se apoderó de mí y con manos temblorosas levanté el teléfono y marqué.
—Residencia Cullen —respondió una voz melodiosa.
—¿Rosalie?
—Oh, Bella, estoy feliz de que llamaras. Lamento lo del almuerzo. ¿Te llegó mi mensaje?
—Sí, ¿qué pasó? ¿Edward está bien?
—¿Qué? Oh, sí, él está bien, fue mi madre. Tuvimos un problema con la energía y ella exageró. Recibí una llamada de pánico. Todo está bien ahora.
Suspiré aliviada. Podía entender la situación de una madre exagerada. Renée siempre había sido un poco dramática, pero estaba mucho peor desde el accidente. Estaba un poco avergonzada por mi exageración.
—¿Todavía estás ahí? —Escuché una voz susurrando en el fondo y me pregunté quién estaba hablando.
—Estoy aquí. Así que, ¿quieres venir esta noche? Podemos pedir pizza, no tienes que comerla, y ver una película.
—Me gustaría eso. ¿A qué hora debería ir?
—Tengo un par de cosas que necesito hacer, así que ¿alrededor de las siete?
—Suena bien. Te veré entonces.
Intercambiamos saludos y corté. Estaba aliviada de que Edward estuviese bien y deseando ver a Rosalie, pero algo todavía se sentía mal. No había una causa racional detrás, pero no podía quitarme la sensación.
Todavía tenía un par de horas antes de que ella llegara, así que hice café y me senté en la mesa de la cocina a revisar mis notas de las clases y comenzar una lectura asignada.
No era tan divertido trabajar sin Edward, ya me había acostumbrado a su compañía, y mis pensamientos iban a él y lo que fuera que estuviera haciendo, en lugar de a las notas que se suponía estaba estudiando. Después de una hora, lo dejé porque estaba haciendo un mal trabajo y guardé mis libros. Era viernes, así que tenía el fin de semana para compensar mi sesión fallida y, con suerte, Edward estaría de regreso.
Todavía ansiosa por la energía nerviosa, me puse unos pantalones deportivos y salí a correr. Evité mi circuito habitual entre mi casa y el campus y me dirigí el parque. Quería algo para desafiarme e ir por el camino difícil requeriría toda mi concentración. Era exactamente lo que necesitaba para despejar mi mente de los miedos irracionales por Edward.
Me sumergí en la carrera. El golpeteo rítmico de mis pies contra el suelo frondoso era reconfortante y familiar. Había dependido de otros durante tanto tiempo después del accidente, que por momentos correr se sentía como la única cosa que podía hacer por mí misma. Aunque a menudo tenía compañía, podía decidir mi camino y velocidad. En esos primeros días era todo lo que tenía para aferrarme.
Estaba casi en la cima cuando mis pasos vacilaron. Sentí una ola de mareo que se apoderó de mí, haciendo que mi visión se nublara. Apoyé mis manos contra mis rodillas y tomé respiraciones profundas, esperando que pasara. No lo hizo.
Con una velocidad sorprendente, vi el suelo ir a mi encuentro.
xXx
POV Rosalie
Sonreí mientras cortaba el teléfono. Tendría mi tiempo con Bella y, lo mejor de todo, Edward no estaba aquí para oír mis pensamientos sobre eso.
Sabía que me estaba abriendo a sus preguntas —sin mencionar la alegría de Emmett— cuando arreglé una reunión con ella, pero por una vez no me importó. La nueva Bella era interesante y también quería mi oportunidad de conocerla.
Ella ya no era la adolescente ingenua que estaba deslumbrada por la idea de la inmortalidad, era una mujer que conocía su propia mente. Su elección de permanecer inocente a nuestra verdadera naturaleza era una evidencia de esa madurez. Todas mis razones para odiarla antes eran redundantes; ya no era una amenaza para nosotros y, por su propia elección en lugar de la nuestra, iba a permanecer de esa forma.
Me vi forzada a dejar el campus cuando salió el sol esa mañana. Apenas llegué a mi auto sin brillos cuando salió de detrás de una nube. Estaba un poco molesta con Alice por no pensar en comprobar antes de irse. Podría haberme quedado atrapada adentro todo el día o, peor, nos podría haber expuesto.
Esme se había parado a mi lado cuando hablé con Bella y cuando terminé la llamada me dirigió una mirada suplicante.
Crucé mis brazos sobre mi pecho, dándole una mirada severa.
—No, Esme.
—Ni siquiera pregunté —dijo, con una mirada inocente.
—No necesitas hacerlo, tu expresión lo dice todo. No puedes venir conmigo. Las estudiantes universitarias no llevan a sus madres cuando visitan a sus amigas. Después de todo, tenemos una farsa que mantener.
Ella frunció el ceño.
—No quiero ir contigo, solo iba a ofrecerme a llevarte.
Me sentía mal por ella, pero no lo suficientemente mal como para permitirle jugar a ser una mamá de fútbol. Ella y Carlisle estaban en desventaja, teniendo que mantener el rol de padres, no podían ver a Bella tanto como el resto de nosotros. Esme lo tenía peor que todos, porque no podía ver a Bella en el campus como Carlisle. Estaba limitada a vivirlo a través de los demás, cuestionándonos sobre todo lo que habíamos hablado mientras estábamos con ella y qué habíamos hecho. Aunque nunca se lo diríamos, ahora Esme competía con Edward en el rol del acosador de la familia.
—Bella sabe que tengo auto y le resultaría extraño que me llevaras. Estoy segura de que vendrá a la casa tarde o temprano.
Se veía decidida.
—Pero ella ya sabe que hay algo diferente en nosotros. ¿Qué daño podría hacer?
—Sabe que somos diferentes, pero no sabe los detalles, y estoy muy segura de que Edward quiere que se mantenga de esa forma. Tenemos que comportarnos tan humanos como sea posible si no queremos terminar nuestra farsa completamente.
Era un poco deshonesto de mi parte jugar la carta de Edward, pero funcionó. Suspirando pesadamente, ella volvió a su dibujo.
No era solo que yo quería evitar que Bella descubriera nuestra verdadera naturaleza, aunque estaba segura de eso, sino que también quería mi tiempo con ella. Si aún quedaba algún vestigio de la "antigua Bella", ella invitaría a Esme a entrar y antes de que lo supiera estarían charlando felizmente y yo sería ignorada en un rincón. Otra vez.
Me despedí de una gruñona Esme y me dirigí al auto.
Sabía que su estado de ánimo se agravaba por la falta de noticias de Carlisle y los demás. Alice había mandado un mensaje el día anterior diciendo que estaban todos bien, pero eso no nos decía mucho. ¿Ya habían lidiado con Victoria? ¿Irina había cumplido su parte del trato?
Iba a tener una charla muy seria con Emmett cuando volviera a casa. Probablemente estaba demasiado atrapado en la emoción por la pelea que se aproximaba como para llamarme. Me aseguraría que no lo olvidara otra vez.
Cuando llegué a la casa de Bella, me sorprendí de encontrarla en la oscuridad. Su moto estaba en su lugar, pero no había signo de vida dentro de la casa. Me pregunté si ella olvidó nuestros planes. No era inconcebible, todos la habíamos visto hacer notas a escondidas en su teléfono o en notas adhesivas cuando había algo que necesitaba hacer. Tal vez se olvidó hoy.
Su olor estaba alrededor de su casa, ramificándose en varias direcciones. El más fresco se dirigía hacia el parque arbolado detrás de su casa, así que lo seguí.
Una vez que llegué a los árboles, pude moverme un poco más rápido. Su olor era fresco a lo largo del camino y me di cuenta de que fue a correr. No podía permitir que me viera, sería difícil explicarle cómo sabía dónde estaba sin darle demasiada información. Aunque esta era Bella, tal vez había mejorado un poco, pero estaba dispuesta a apostar que seguía siendo un imán para el peligro.
Me estaba acercando a la cima con vistas a la ciudad cuando el latido de su corazón se unió a los sonidos del bosque. Me apresuré hacia el sonido y la vi tirada inconsciente en el suelo. Maldije bajo mi aliento y corrí a su lado.
Ella respiraba y sus latidos eran fuertes, pero no se movió cuando dije su nombre. La levanté y corrí con ella por el camino. Si podía acercarme lo suficiente a la carretera principal sin ser vista, podría llamar a Esme para pedirle ayuda y podríamos llevarla al hospital. Llamaría demasiado la atención cargándola sola en mi auto, no habría forma de que fuera capaz de hacerlo si fuera humana.
No había tenido un contacto tan cercano con un humano en décadas, no desde que me había vengado de Royce y sus amigos. Su peso cálido en mis brazos era extrañamente placentero.
Estábamos otra vez en el camino cuando empezó a moverse. Sus ojos se abrieron lentamente y los cerró otra vez.
Ella gimió.
—Edward.
—No, soy Rosalie.
Parpadeó rápidamente y me miró, sus ojos ahora enfocados.
—¿Puedes bajarme por favor? Creo que voy a vomitar.
Ella lucía un poco verde. La puse sobre sus pies y mantuve un brazo alrededor de su cintura, lista para estabilizarla si mostraba signos de caer. Tomó varias respiraciones profundas y el color volvió a su palidez habitual.
—¿Qué pasó? —pregunté. Mi voz un poco más aguda de lo que pretendía, pero estaba pensando en todas las posibles razones por la que podría haber perdido la consciencia y eran desconcertantes.
—Estoy bastante segura de que me desmayé —dijo. Para alguien que había estado inconsciente en el suelo hacía unos minutos, sonaba notablemente compuesta—. No almorcé y después salí a correr. Estaré bien una vez que haya comido.
Oh, mierda. Hice que se perdiera su almuerzo. Edward estaría insufrible por eso. Siempre había sido sobreprotector, pero desde que ella regresó a nuestras vidas, con un cerebro dañado, era incluso peor.
—Creo que deberías ir a emergencias a que te revisaran. Podría ser algo serio.
—Estaré bien, solo necesito comer. Puedes soltarme ahora. —Miró fijamente el brazo que todavía estaba alrededor de su cintura.
Realmente pensaba que debía ver un doctor, pero no sabía cómo sacar el tema sin revelarle el hecho de que sabíamos sobre su accidente. Decidiendo que mis conocimientos médicos serían suficientes, saqué el brazo de su cintura y empecé a caminar hacia su casa. Mantuve mi paso intencionalmente lento para darle tiempo para recuperar su equilibrio.
Cuando regresamos a su calle, vio mi auto estacionado afuera de su casa.
—¿Cómo me encontraste? —preguntó.
—Cuando llegué acá, no estabas en casa. Me preocupé, así que fui a buscarte.
—Pero ¿cómo sabías dónde estaba? —preguntó.
Fruncí el ceño. No estaba exactamente segura de cuánto sabía sobre nuestras habilidades mejoradas y no quería revelar demasiado diciéndole que seguí su olor.
Ella captó mi expresión afligida y sacudió su cabeza con decisión.
—Olvida que pregunté.
Mejor para mí.
—Si insistes. —Mi tono era ligero, pero no escondió por completo mi alivio—. Así que… antes del desafortunado asunto del desmayo, ¿estabas disfrutando tu carrera? —pregunté rompiendo el momento incómodo.
Ella asintió con entusiasmo.
—Sí, fue genial, me gusta el sendero del parque. No es tan bueno como Finger Lakes, pero nada lo es.
No por primera vez, me encontré considerando a esta nueva Bella comparada con la chica insegura y torpe que había sido antes. No era tan diferente ahora. Me preguntaba si el nuevo yo más fuerte siempre había estado ahí, pero oculto por sus inseguridades. Debía admitir que no le había prestado mucha atención antes, aparte de considerar la amenaza que representaba para nuestra familia.
Abrió la puerta de su casa y me hizo un gesto para que entrara. Iba a sugerirle algo para comer para aumentar su azúcar en sangre, pero ella ya estaba tomando un refresco del refrigerador y tomando un trago.
—¿Te importaría entretenerte mientras tomo una ducha rápida? —preguntó—. Siéntete libre de echar un vistazo. Hay muchos DVD en los estantes si quieres elegir alguno.
Me dirigí a las estanterías, mirando por mi visión periférica mientras ella tomaba el teléfono del pasillo y subía las escaleras.
Ella tenía una colección de libros variada, no solo los clásicos que le gustaban tanto cuando estaba en Forks. Escaneé los títulos, buscando nombres familiares que podría usar para mantener una conversación, cuando vi un cuaderno de colores brillantes.
Me detuve, mi mano sobre él, con curiosidad, pero sin querer invadir su privacidad. Mi curiosidad ganó y saqué el cuaderno y hojeé las páginas. Parecía un libro de recortes, cada página con un número y un título aleatorio. Una página se titulaba "escalar el Everest" y debajo había imágenes pegadas de la montaña.
Mi atención se alejó del cuaderno y regresó a Bella, mientras la escuchaba marcar rápidamente el teléfono. Pensé que estaba llamando a su madre o a Charlie, y fue una sorpresa cuando escuché el mensaje de la contestadora de un doctor.
—Hola, doctora Ribot. Soy Bella Swan. Solo llamo para una actualización. Tuve un desmayo hoy. Estoy muy segura de que fue solo porque me salteé el almuerzo e hice ejercicio, pero me imaginé que querría saberlo. No hay otros cambios. Hablamos pronto. Adiós.
Consideré lo que había escuchado. Aparentemente todavía estaba bajo el cuidado de la doctora del centro de rehabilitación y la mantenía actualizada. ¿Eso quería decir que había consecuencias de su lesión que no sabíamos o su médico estaba siendo cauteloso?
Edward estaría frenético, especialmente porque ni siquiera podía cuestionarla sobre eso. Tampoco había forma de que escondiera esto de él, estaría buscando en mis pensamientos para ver qué pasó tan pronto como escuchara que Bella se había desmayado. Si podía persuadirla para que le contara sobre la amnesia, eso haría las cosas mucho más simples. Aunque no sabía cómo hacer eso sin dejarnos expuestos a sus preguntas.
Todavía estaba tratando de encontrar una solución cuando ella bajó las escaleras, secándose el cabello con una toalla. Estaba sorprendida por cuán relajada estaba. Nadie, salvo Emmett, me había visto menos que impecable, incluso cuando estaba cazando.
—Voy a ordenar pizza para cenar. Sé que no comes, pero ¿hay algo que pueda traerte? ¿Tienes sed?
La inocencia de su pregunta me hizo sonreír.
—No, gracias, no tengo sed.
Ella hizo su pedido, después se sentó a mi lado en el sofá y peinó su cabello húmedo. Estaba luchando por encontrar algo sobre qué hablar, pero ella parecía perfectamente a gusto con el silencio. Me di cuenta de la ironía de la situación. Yo, la vampira, estaba nerviosa; mientras que la débil humana estaba perfectamente a gusto.
Ella definitivamente tenía la mejor parte del trato. Desde su punto de vista estábamos tratando de crear una amistad después de un mes de conocernos en el que, para ella, solo fui inusualmente callada. Mientras que yo estaba tratando de crear una amistad después de tres años de resentimientos. Primero por su presencia en mi (hasta entonces) perfecta familia, después porque alejó a Edward de nosotros por un año y regresó siendo un hombre diferente. Ahora ella estaba de regreso y estaba agradecida. Había traído al Edward real de regreso y lo hizo más feliz que nunca.
Me di cuenta de que la estaba observando demasiado intensamente. Ella captó mi mirada y me vio un poco confundida.
—¿Todo bien?
Me salvé de responder por la llegada de su cena. Ella habló con el chico del delivery por un momento, solo una charla amistosa, pero escuché el corazón de él acelerarse mientras ella se reía de una broma particularmente mala. Él tenía un pequeño enamoramiento.
Edward siempre decía que Bella era ajena a su habilidad para atraer a los chicos de la secundaria de Forks, aparentemente eso era algo más que había llevado a su nueva personalidad.
El repartidor un poco deslumbrado se fue y ella regresó con una caja de pizza que olía repugnante. Parecía inmune al olor y comenzó a comerla con gusto. Después de unos minutos de comer feliz —para ella— y tratar de controlar las arcadas —para mí—, levantó la mirada y frunció el ceño.
—Sé que no comes, pero ¿es realmente tan repulsivo verme hacerlo? —Definitivamente había irritación en su tono.
—Lo siento, no. Verte no es el problema, es el olor. Esa cosa roja es muy fuerte.
—Pepperoni —dijo ella feliz—. Huele bastante asqueroso para todos, pero sabe bien.
Ella bajó su plato y se levantó para abrir una ventana.
—Podrías habérmelo dicho. No tenías que sentirte incómoda. No es como si fueras muy buena escondiéndolo de todos modos.
Lo estaba escondiendo muy bien, ella solo lo notó por sus escalofriantes habilidades de percepción. Lástima que no dejó atrás su torpeza.
Levantó su trozo de pizza otra vez y lo mordisqueó sin entusiasmo, eventualmente lo puso otra vez en la caja y se lo llevó hacia la cocina.
—¿Toda la comida huele mal para ustedes? —preguntó con curiosidad.
—Sí. Algunas más que otras, pero todo en diferentes grados de horrible. ¿Por qué preguntas?
—Porque aparentemente he estado torturando al pobre Edward con mi comida durante semanas y me preguntaba qué tan malo era. Ahora que lo sé puedo hacer algo sobre eso.
—No deberías cambiar tu dieta solo por hacer las cosas más fáciles para él —dije un poco más enfáticamente de lo que pretendía. Edward podía sufrir, ella no debería dejar que la comodidad de él dictara sus necesidades humanas.
—No planeo hacerlo —dijo con una risa—. Lo echaré durante la hora de comer. Solo desearía que el idiota me lo hubiese dicho él mismo. No es como si no supiera que ustedes son diferentes, ¿por qué siente la necesidad de sufrir?
La forma relajada en que mencionó nuestras diferencias me hizo sentir curiosidad. Ella parecía aceptarlas tan fácilmente como lo había hecho cuando conocía todos los hechos. ¿Cómo podía aceptarlo tan inmediatamente?
Ella captó mi mirada.
—Cualquier cosa que quieras saber, solo pregunta.
—Tú sabes que somos diferentes, pero no quieres saber más —dije—. ¿Por qué?
—¿Por qué qué? ¿Por qué sé que son diferentes? Eso es fácil, porque todos ustedes son pésimos actores. ¿Por qué no quiero saber más? Eso es un poco más complicado. ¿Preferirías que hiciera un montón de preguntas?
—Definitivamente no —dije con firmeza. Estaba un poco preocupada de que empezara a interrogarme—. Solo estoy tratando de entender.
Se sentó otra vez en la silla, abrazando un almohadón decorado de forma brillante contra su pecho. Después de un momento de pensar, ella habló:
—Sentía curiosidad al principio. Me había preguntado por ustedes por un tiempo, pero sé cómo se siente ser vista como diferente y pensé que tu familia no disfrutaría la sensación más que yo.
Me pregunté cuánto escrutinio se había visto forzada a sufrir por las personas de Forks. Nunca fueron las personas con la mente más abierta, agrégale a eso la escasez de buenos chismes, ella debió ser el centro de sus conversaciones durante meses.
—Cuando me enamoré de Edward. —Una pequeña sonrisa apareció en sus labios cuando dijo su nombre—. Dejó de importar qué eran, era muy tarde como para que me alejara. Hice mis preguntas, diciéndome a mí misma que si él me decía que no era seguro para mí, lo dejaría ir, pero no creo que realmente hubiese podido. Él me prometió que no me lastimaría y entonces no quise saber más. Tengo mis propios secretos y me gustaría permitirme mantenerlos. Solo parece justo que ustedes también puedan mantener los suyos.
—¿Así que la única razón por la que no quieres saber nuestro secreto es porque quieres ser capaz de mantener el tuyo? —pregunté.
Sabía que Edward se sentiría terriblemente culpable por eso. Ni siquiera nos habíamos cuestionado la decisión de meternos en su vida. Como siempre, queríamos saber algo y habíamos buscado en registros privados para descubrirlo.
Ella frunció el ceño.
—Esa no es la única razón. Probablemente esto suene loco, pero creo que estoy más segura sin saber. Debe haber una razón por la que ocultan sus diferencias, o intentan hacerlo.
—Eso no es loco para nada. Tienes razón, realmente es más seguro que no lo sepas.
Ella asintió.
—Eso es lo que pensé. Solo porque Edward dijo que él no me lastimaría, no quiere decir que otros no lo harían.
La observé con evidente admiración. Ella conocía los riesgos. Si alguna vez había dudado de su convicción al elegir mantenerse inconsciente de nuestra naturaleza, eso me probó que estaba equivocada.
Ella se sonrojó un poco bajo mi mirada intensa.
—¿Terminamos con los temas profundos? —preguntó—. ¿Quieres ver una película ahora o solo hablar?
Me reí.
—No más temas profundos. Podemos mirar una película si quieres, pero hay algo más que quiero preguntar. Cuando estabas en la ducha, miré un poco alrededor y encontré algo.
Ella lucía un poco nerviosa y estaba segura de que estaba pensando sobre todas las cosas que tenía en su casa que revelarían la naturaleza de su discapacidad. Me apresuré a tranquilizarla.
—Bueno, es esto —dije sosteniendo el álbum de recortes—. No quería ser entrometida, pero estaba en la estantería y tenía curiosidad.
Ella se relajó visiblemente.
—Es mi lista de deseos.
—¿Lista de deseos?
—¿Una lista de cosas que hacer antes de morir? —dijo, tomando el libro de mis manos.
—¿Eso no es un poco morboso? —pregunté. Pensaba que los humanos hacían todo lo posible para ignorar la realidad de su limitada vida.
—No lo creo. Nadie vive para siempre y hay un montón de cosas que quiero hacer con mi vida. Si no tengo un plan, nunca voy a hacerlas.
Ella pasó las hojas.
—Aquí, quiero correr un maratón. Esa es una simple, totalmente alcanzable. Mientras que escalar el monte Everest es más una fantasía. Aunque no quiere decir que no pueda intentarlo.
—Nadie vive para siempre —murmuré, pensativa.
Tenía una eternidad para vivir, pero ¿qué estaba haciendo con ella? Iba a la escuela secundaria y a la universidad, después nos mudábamos de ciudad y empezábamos el proceso de nuevo. Todas las oportunidades que tuve para hacer más se vieron obstaculizadas por la creencia de que tenía todo el tiempo del mundo para hacerlas.
La emoción corrió a través de mí.
—¿Puedes ayudarme a hacer uno?
—Absolutamente —dijo feliz—. Espera. —Buscó en las estanterías y sacó un cuaderno cubierto de lentejuelas. Era un poco llamativo, a Alice le encantaría.
—Lo encontré en una tienda durante el fin de semana —explicó, viendo mi mirada divertida—. Vi la cubierta de lentejuelas y tuve que comprarlo. Cuando le da el sol, brilla.
Brilla. Eso explicaba la atracción, había encontrado en la cubierta el equivalente a nuestra piel.
Ella se inclinó hacia adelante, sonriendo ampliamente.
—Bueno, Rosalie, ¿qué quieres hacer con tu tiempo en la Tierra?
Gracias por los comentarios en el capítulo anterior a: Tata XOXO, Isis Janet, Kriss21, tulgarita, Liz Vidal, martuu341, Fallen Dark Angel 07, Adriu, bbluelilas, Andy55TwilightOverTheMoon, mapi, Car Cullen Stewart Pattinson, jupy, somas, Yani B, Mel. ACS y los Guest (dejen sus nombres para poder agradecerles).
¿Me cuentan en los comentarios qué les pareció este capítulo?
¡Gracias por leer!
