Capítulo 12
Fate hizo lo que le dijo Nanoha y fue a tomarse una ducha mientras ella le preparaba algo de cenar. Había estado tan ocupada que ni tiempo se dio de llevarse algo a su estómago. Estuvo un rato bajo la ducha hasta que sintió que ya se había relajado lo suficiente. Se puso ropa cómoda y salió a la sala donde se encontraba Nanoha ya sentada en el sofá. La cobriza quiso levantarse para servirle la cena a su amada, pero la oji borgoña no se lo permitió. Le pidió que se quedara en el sofá mientras ella se servía la cena. Mientras cenaba se encargó de hacerle saber lo delicioso que estaba haciendo sonrojar a la oji lavanda. Cuando terminó, recogió su plato y se colocó su pijama.
- ¿Quieres irte a dormir? –le preguntó la oji borgoña sentándose a su lado– Debes de estar cansada del largo viaje.
- ¿A qué hora tienes que regresar al hotel?
- Pronto. –miró el reloj de pared– En unas horas. No sé cuándo aparecerá Scaglietti y no quiero que Ginga esté sola. No me fío de él. –dijo preocupada.
- Entonces es mejor que vayas a dormir. Necesitas descansar un poco antes de irte. –le dijo tomándola de la mano– Vamos. –la guio hasta su habitación– Descansa, Fate-chan. –se puso de puntitas y le dio un tierno beso antes de voltearse para alejarse.
- ¿Nanoha? ¿A dónde vas? ¿No vas a dormir conmigo? –preguntó confusa.
- Necesitas descansar, Fate-chan. Yo aún no tengo sueño. Aún tengo el trastorno de jet lag y mi cuerpo no se hizo a este cambio horario. Cuando tenga sueño, dormiré en la habitación de invitados.
- Entonces me quedaré contigo. Quiero estar contigo, Nanoha. –le dijo con un leve rubor en sus mejillas.
- No, Fate-chan. –negó con su cabeza– Tienes que dormir. Te esperan unos días intensos. Necesitas estar en pleno rendimiento.
- Pero Nanoha… Por favor. –le suplicó con mirada de cachorrito– Déjame quedarme contigo. No nos hemos visto en todo el día. –la cobriza no tuvo más remedio que asentir.
- Está bien, vamos a tu habitación. Vamos a dormir. –la tomó de la mano y la guio a su habitación– Sólo por hoy dormiré contigo, Fate-chan. –le dijo una vez que se tumbaron en la cama– A partir de mañana me quedaré en la habitación de invitados…
- ¿Nanoha? ¿No quieres dormir conmigo? –dijo triste.
- Me quedaré allí hasta que arregles el asunto que te preocupa. Tengo que adaptarme a este cambio horario, Fate-chan. Probablemente no durmamos a la misma hora y no quiero molestarte cuando estés descansando.
- Nanoha… –se incorporó para ver mejor a la cobriza– Quiero que duermas conmigo. No tengo ningún problema con que duermas a una hora diferente mientras te adaptas a este cambio. –acarició su mejilla– Quiero estar contigo el mayor tiempo posible. Me encanta dormir abrazándote. Tu cuerpo es el más cómodo y cálido lugar para dormir y sentirte en paz. –la cobriza sonrió– Nunca te lo he dicho, Nanoha, pero lo cierto es que siempre me hacías sentir muy bien cuando me abrazabas. Me siento tranquila. –confesó ruborizada– Cuando estoy contigo siento calidez aquí. –tomó una mano de la cobriza y la colocó en su pecho, a la altura del corazón.
- Fate-chan… –la llamó con un brillo especial en los ojos y con un leve rubor– Gracias por decírmelo. Prometo abrazarte mucho más de ahora en adelante. –le sonrió con cariño– Ya que estamos haciendo una especie de confesión, yo tengo que decir que siempre me sentí protegida y amada cuando me abrazabas. –la oji borgoña sonrió con ternura– Y me encanta escuchar mi nombre saliendo de tus labios, haces que suene especial.
- Nanoha… –la llamó en un susurro para después sonreír junto a la cobriza– Tú y yo tenemos mucho de lo que hablar, pero tendrá que esperar hasta que solucione el asunto de Scaglietti. Quiero hablar contigo larga y tendidamente, sin prisa. Quiero hablar sobre qué pasará ahora. Qué haremos a partir de ahora. Qué es lo que queremos para nuestro futuro, juntas. Espero que no te moleste esperar hasta que esto termine.
- No te preocupes, Fate-chan. Sé que hay mucho en juego, y lo cierto es que yo tampoco quiero que despidan a Ginga-san. –suspiró– Y, tranquila, esperaré el tiempo que haga falta. Sé que tenemos mucho de lo que hablar, pero no tenemos prisa. –le sonrió.
- Gracias por entenderlo, Nanoha. –le dio un suave y lento beso– Lo que sí quiero que sepas es que te amo. –la envolvió en un abrazo hundiendo su rostro en el cuello de la oji lavanda– Fui una completa cobarde. Huí en vez de enfrentar mis sentimientos. He huido por dos veces. He sido una completa idiota. Te prometo que no huiré nunca más. Pase lo que pase, permaneceré a tu lado. –la cobriza se separó un poco de ella y le colocó un dedo sobre sus labios.
- No digas nada más, Fate-chan. –dijo un poco triste recordando todo lo que había pasado hasta llegar a ese momento– Hablaremos cuando todo esto termine, ¿de acuerdo? –la rubia asintió– Y yo también te amo, Fate-chan. –la besó.
Tras unos cuantos besos cargados de amor y anhelo, la pasión crepitó en ellas y acabaron desnudas una sobre la otra. Esta vez fue diferente, hicieron el amor lentamente, sin prisas. No era solo pasión, era amor. Tras esa muestra de afecto, Fate se levantó y se duchó nuevamente para alistarse e irse al hotel. Nanoha se preocupó porque al final no había dormido como era el plan. Fate iba a tener jornadas bastante complicadas y necesitaba descansar, pero no salió como ella esperaba. No podía evitar que su cuerpo reaccionara de esa manera cada vez que la oji borgoña la besaba o acariciaba. Siempre quería más. La rubia le pidió que no se levantara de la cama y que durmiera. Cuando salió de la ducha, se dirigió al armario y se vistió con su pantalón vaquero, camisa, chaqueta y zapatos de tacón. Antes de salir hacia la sala, se sentó en la orilla de la cama, junto a la oji lavanda, le dio un beso en los labios y le susurró "Te quiero, Nanoha. Descansa. Te veo luego, mi amor", recibiendo como respuesta un sonrojo y un "Yo también te quiero, Fate-chan. Por favor, no hagas locuras y sal ya de la habitación. Estás demasiado sexy con esa ropa y no sé si resistiré mucho más". Fate se sonrojó ferozmente y salió rápidamente de la habitación antes de que acabara desnuda nuevamente bajo el cuerpo de Nanoha. Tomó su bolso, llaves del auto y se marchó.
…
- ¿Qué es lo que quiere de mí? ¿Por qué ha venido a esta hora? –preguntaba la pelimorada.
- Quería hablar con usted antes de que llegase Fate. –explicó mostrándole una carpeta mientras se apoyaba en el mostrador de recepción junto a ella– Señorita Nakajima, usted es más sensata y sé que me escuchará mejor que su amante. –le puso una mano en el hombro y la oji esmeralda sintió un escalofrío– Vayamos al despacho y hablemos tranquilamente. Desvíe las llamadas a la oficina. –se puso en pie.
- ¿No podemos hablar aquí? La noche está siendo tranquila y no creo que nos interrumpa alguien. –le propuso ella mientras tomaba su móvil y se lo guardaba en el bolsillo sin que él se diese cuenta.
- Hay algo que quiero mostrarle, señorita Nakajima. Por favor, acompáñeme. –pidió amablemente.
Ginga asintió e hizo lo que Jail le había pedido. Desvió las llamadas a la oficina de Fate y lo siguió nerviosa. Abrió una aplicación del móvil y lo volvió a guardar en su bolsillo. ¿Qué sería lo que quería proponerle antes de que llegara Fate? ¿Y si quería deshacerse de su amiga también? No podía permitir eso. Tenía que protegerla. Fuese como fuese. Suspiró una vez que entró y éste cerró la puerta tras ellos.
- Siéntese, señorita Nakajima. –le pidió mientras dejaba la carpeta en la mesa de la rubia.
- ¿Qué es lo que quiere, Scaglietti-san? –le preguntó una vez que tomó asiento.
- Vaya, directa al grano. –rió burlesco– Verá, señorita Nakajima. Ya les expliqué ayer que no pueden quedarse las dos. Una de las dos tiene que irse. Debo ser sincero y reconocer que la señorita Fate ha hecho un gran trabajo aquí.
- Fate lo ha dado todo por este hotel.
- Por ese motivo le dije que usted estaba despedida, pero se opuso, por obvias razones.
- … –la oji esmeralda no dijo nada.
- Tenía un expediente impecable. Ni una sola reclamación, ni una queja. Nunca. Admiraba su capacidad para gestionar todas las situaciones que se le presentaban, pero ayer, todo eso terminó. –empujó la carpeta hacia la pelimorada– Ayer, cuando se lanzó sobre mí para golpearme, cavó su propia tumba. –la oji esmeralda abrió los ojos en sorpresa y tomó rápidamente la carpeta para abrirla encontrándose con el expediente de su rubia amiga– Como ves, hay una denuncia adjuntada a su expediente. –la pelimorada lo miró– ¿Pensabas que esto quedaría aquí? –rió maliciosamente– Por querer defender a su amante, ha perdido también su puesto de trabajo, ese por el que ha trabajado tan duro.
- ¿Qué? –preguntó en un susurro– ¡No! Por favor, no la despidas. –le suplicó– Fate es la mejor directora que existe. No vas a encontrar a nadie que le dedique tanto tiempo a su trabajo. No vas a encontrar a nadie que gestione mejor un hotel. No puedes despedirla.
- Sí que puedo. De hecho, ya lo he hecho. Ella tenía su puesto asegurado hasta que decidió golpearme. –le dijo fríamente.
- Haré lo que sea… –dijo decidida– Haré lo que sea si le permites quedarse.
- ¿Por qué debería de hacer eso?
- Porque Fate es la mejor. Lo sabe. Y porque sabe que yo haría cualquier cosa por ella. Si quiere que me vaya, me iré.
- Hablas como cualquier amante lo haría… Bien, hablemos… Parece que tú y yo nos vamos a entender. –rió maquiavélicamente haciendo que la pelimorada sintiera un escalofrío recorrer todo su cuerpo.
…
Fate estaba cansada. No había logrado dormir una noche entera desde hacía semanas. Cada vez que trataba de dormir, acababa despertándose en mitad de la noche pensando en todo y nada. Cualquier preocupación que tuviese se veía reflejado en sus horas de sueño. Dejó salir un bostezo tras aparcar. Se frotó la cara con sus manos. Estaba cansada de esta situación. ¿Por qué no simplemente Jail Scaglietti se perdía y no volvía? Suspiró. ¿Cómo ayudaría a su amiga? Tanto ella como Leti no encontraron ninguna respuesta ni lógica a lo que él estaba tratando y qué era lo que quería conseguir. Tampoco entendían cómo había conseguido tomar esas fotos sin que ellas lo notasen ni mucho menos cómo supo que estaba ayudando a Griffith. Volvió a suspirar y bajó del auto para dirigirse al interior de su hotel cuando una figura conocida apareció junto a ella.
- Buenas noches, Testarossa-san. –la oji borgoña se sobresaltó– Perdón, no quise asustarla. –dijo en modo de disculpa.
- Pero… ¿qué? ¿Cómo? ¿Cuándo? –decía estupefacta– ¿Qué haces aquí? –preguntaba sin dejar de parpadear haciendo reír levemente a la otra persona.
- Vine a buscar a Ginga. –le dijo con una sonrisa.
- Cinque… –le devolvió la sonrisa– ¿Ella lo sabe? –la peligris negó– ¡Menuda sorpresa! ¿Podrías esperar aquí un momento? Déjame comprobar que Scaglietti no está aquí. –la de ojos color miel se tensó– Si no está, saldré a por ti y le darás la sorpresa. –hizo el intento de entrar, pero la peligris la detuvo.
- Fate-san… –la rubia se sorprendió al escuchar que la llamó por su nombre de pila– Antes de que entres, tenemos que hablar sobre… sobre mi… mi padre… Jail Scaglietti. –la rubia se tensó y abrió los ojos en sorpresa.
- ¿Qué has dicho? –la peligris la jaló hacia un sitio donde no hubiese cámaras.
- Hace unos días estuve hablando con mi hermana, Dieci, y me contó que, tanto ella como mi padre, estaban en este hotel. Quise saber qué es lo que estaban tramando, pero mi hermana no sabe nada. Lo único que sé es que ella y tu otra recepcionista tienen una relación desde hace unos años. –la oji borgoña no daba crédito a lo que oía– Mi padre se dio cuenta de ello y hará lo posible para que estén juntas. No sé qué ha pasado aquí, pero no voy a permitir que mi padre os perjudique ni a ti ni a Ginga en lo más mínimo. –dijo con convicción.
- No puedo creerlo. –dijo la rubia dando vueltas de un lado para otro– ¿Todo esto es por Wendy y Dieci? –gritó enfurecida– ¿Por eso sabía que las dos estábamos en Uminari? ¿Se lo dijiste tú?
- ¿Qué? ¡Claro que no! Yo no suelo hablar con ninguno de los dos. Son mi familia, pero yo siempre me mantengo al margen de todo. No quiero ser como ellos. No soy ni quiero ser como mi padre. No tengo nada que ver con lo que sea que ha tramado y haya hecho. Te lo prometo, Fate-san. –dijo mirándola a los ojos fijamente.
- Te creo, Cinque. –suspiró– Entremos entonces. Tenemos mucho de lo que hablar y pensar. Tenemos que ponerte al día de todo lo ocurrido. –la peligris asintió– Pero antes, démosle una sorpresa a Ginga. –sonrieron a la vez mientras entraban, por fin, al hotel– Qué extraño que Ginga no esté en su sitio. –miró el mostrador de recepción y se dio cuenta de que las llamadas estaban desviadas– Ha desviado las llamadas a mi oficina. –dijo tensándose– Algo no va bien.
Fate y Cinque corrieron hacia la oficina de la primera. Ambas estaban muy nerviosas. Ginga nunca deja su puesto de trabajo a no ser que se lo ordenen o porque algún huésped tenga algún problema y haya ido a solucionarlo. Y mucho menos había desviado alguna vez las llamadas a su oficina. Jamás. Fate sintió un escalofrío recorrer todo su cuerpo cuando abrió la puerta y se encontró con Jail y Ginga. Abrió los ojos como platos y enfureció. Dejó salir toda su rabia y corrió hacia el pelimorado para tomarlo por el cuello y sacarlo de la oficina. Cinque corrió hacia la pelimorada.
- Ginga, mi amor. ¿Estás bien? –la observó en busca de algún daño– ¿Qué te ha hecho ese desgraciado? –dijo enfurecida mientras lágrimas caían por su rostro– Ginga… Mírame… –la pelimorada se encontraba en shock– Ginga… –la sujetó de la barbilla para hacer que la mirase.
- Fate… –susurró– ¡Fate! –gritó al reaccionar y salió corriendo hacia afuera de la oficina– ¡Fate, no! ¡Detente! –gritaba mientras veía como su amiga golpeaba violentamente una y otra vez al hombre tumbado en el suelo– ¡Fate! –intentó detenerla, pero la rubia la empujó con suavidad– ¡Fate, para!
- ¿Qué has hecho? ¿Qué has hecho? –le preguntaba sin dejar de golpearlo hasta que la peligris la quitó de encima del pelimorado.
- ¡Basta, Testarossa-san! –forcejeaba para soltarse– Está inconsciente. Detente. –la rubia se soltó de la chica y fue hasta donde estaba su amiga llorando.
- Ginga… –la llamó con lágrimas resbalando por sus mejillas– Lo siento, lo siento, lo siento… –repetía una y otra vez mientras la abrazaba con fuerza– No tendría que haberte dejado sola en ningún momento. Todo es culpa mía. Lo siento mucho.
- Fate… –le devolvió el abrazo con la misma intensidad– No es culpa tuya…
- Sí que lo es, Ginga. Yo debí de protegerte mejor.
- Fate… Estoy bien. No fue culpa tuya. Fue mi decisión la que causó todo esto. Una decisión que volvería a tomar para protegerte.
- ¿Qué? –se separó del abrazo y la miró a los ojos incrédula.
- Ya hablaremos, Fate. Llama a Leti Lowran. Aquí tengo todas las pruebas de lo que quería Jail Scaglietti. –le entregó su móvil– Con esto, lo detendrán por una larga temporada.
- Ya he llamado a la policía y la ambulancia. Llegarán en breve. Os harán muchas preguntas. –dijo mirando a ambas– Todo saldrá bien. No se saldrá con la suya.
- Cinque… Gracias. –estrechó la rubia su mano con la de ella.
- De nada, Testarossa-san.
- Fate. Llámame Fate. –la peligris asintió– Por favor, quédate con Ginga. Saldré al exterior a llamar a Leti. –suspiró y salió del hotel.
- ¿Te encuentras bien? –preguntó la peligris acariciando la mejilla de la pelimorada.
- ¿Qué haces aquí?
- He venido por ti. He renunciado a mi puesto de Uminari para venir hasta aquí. Te quiero. No quiero estar sin ti. No quiero estar lejos de ti. ¿Me permitirás estar a tu lado a partir de ahora, Ginga? ¿Puedo conquistar tu corazón?
- Cinque… –la llamó en un susurro– Tú ya has conquistado mi corazón, tonta. –dijo y se lanzó a sus brazos.
Minutos más tarde, llegó la policía y ambulancia para atender a Scaglietti, quien ya estaba recuperando el conocimiento y confesó que la oji borgoña había sido quien lo había agredido. Rápidamente, los agentes se dirigieron a la rubia para detenerla y llevarla a comisaría.
- ¡Fate! –gritó la pelimorada– Tranquila, te sacaré de allí. –le dijo mientras recibía una sonrisa tranquilizadora antes de entrar en el auto policial– Cinque, tienes que ir al hospital. Necesitamos tener controlado a Scaglietti, y ya me dijiste que es tu padre, así que no habrá problema.
- Pero… –la pelimorada la detuvo.
- Por favor. No podemos permitir que vaya a por Fate de nuevo. Hazte cargo de él. –le suplicó– Yo iré a recoger a Nanoha-san e iremos a comisaría para sacar a Fate de allí. De todas formas, tengo que declarar. Por el camino volveré a llamar a Lowran-san, alguien tiene que hacerse cargo del hotel mientras tanto. Tenemos huéspedes.
- De acuerdo. Vigilaré a Jail. Por favor, después de prestar declaración, ve al hospital a que te hagan un chequeo. Necesito saber que estás bien. –le acarició la mejilla– Yo… –bajó la cabeza mientras lágrimas amenazaban por salir.
- Cinque, no llegó a hacerme nada… Tranquila. –le susurró– Te veo después. –le dio un corto beso y se marchó a buscar a la cobriza.
Y hasta aquí el capítulo 12. Es cortito, pero he preferido dejarlo aquí porque el 13 será un capítulo especial.
Por cierto, ya me dieron el resultado del test y dio negativo. Estoy muy feliz!
Nos leemos pronto. Como siempre, GRACIAS.
*Saizoh: Jail quería hacer daño a Fate aprovechándose de la bondad de Ginga. Para Fate, Ginga es muy importante, y si le hacía daño a la pelimorada, le haría daño también a la rubia.
En el próximo capítulo, tendré una sorpresa especial para ti que espero que te guste. Solo diré que será CinqueXGinga xD
