Disclaimer: Los personajes de Twilight pertenecen a Stephenie Meyer y esta trama a content1. Yo solo traduzco con su autorización.


Capítulo veinticinco

BPOV

El Hotel Mónaco era un hotel de lujo pequeño, el ambiente del área de la recepción era relajado, pero elegante. Era lo suficientemente pretencioso que noté que, al menos, uno de los botones miraba escépticamente a los bolsos verde militar míos y de Edward, o de Nathan según la identificación falsa, pero estaban demasiado bien entrenados como para decir algo. Jacob había dicho que nos quedaríamos en la suite nupcial, pero a lo que realmente se refería era a una suite de muy buen tamaño, con una pesada cortina de privacidad entre la sala de estar y el dormitorio. Los muebles y la colcha de colores neutros contrastaban muy bien con los muebles negros modernos y las paredes de color burdeos intenso. Una botella de champán descansaba en una cubeta con hielo junto a un recipiente con fresas frescas.

Parecía el paraíso en comparación con nuestro último tocador de rocas, colchones delgados y mantas militares.

Edward le dio una propina al tipo que había cargado nuestras cosas, agradeciéndole mientras cerraba la puerta entre ellos.

—Un minuto.

—¿Un minuto? —pregunté, insegura de lo que quería decir. Quitándome la peluca rubia, comencé a quitarme los nudos del cabello, suspirando cuando Edward me ayudó. Inclinándome hacia él, me relajé mientras él masajeaba con ternura.

—Ese es el tiempo que me tomará preparar la ducha caliente.

Me reí ante el codicioso sonido de su voz.

—¡Ve! —Me eché un poco hacia atrás para apartarlo con mis manos, instándolo a que fuera primero.

—¿No quieres unirte a mí? —preguntó, haciendo un puchero.

—Oh, sí, pero no he visto una ducha real en mucho tiempo. Quiero afeitarme las piernas y todas las otras partes pertinentes. —Sus ojos se oscurecieron ante mis palabras—. Así que, aunque me encantaría meterme en la ducha contigo, creo que podrías disfrutar los frutos de mi trabajo más tarde.

Apretó su mano alrededor de la parte de atrás de mi cabeza y me llevó hacia sus labios. Estaba mareada cuando nos separamos.

Pasando su palma por sus mejillas y a lo largo de su cuello, hizo una mueca.

—Voy a robar una de las desechables que compramos.

Apenas había desempacado nuestra ropa en los cajones cuando salió del baño humeante, la toalla blanca envuelta alrededor de sus caderas amenazaba con caerse en cualquier momento. Con la mandíbula limpia y su cabello erizado en las puntas, me alentaba a agarrarlo y tirarlo hacia mí. No pude evitar lamer mis labios, ganándome una risa.

—Tu turno, princesa —dijo, arqueando una ceja hacia mí.

En efecto.

Recogí los artículos de tocador que había comprado en la tienda y entré a la felicidad. El vapor que aún salía de su ducha se sentía celestial, y aunque sabía que Edward me esperaba afuera, al momento en que el agua caliente cayó sobre mí, la prisa por irme desapareció.

Piernas, línea del bikini y axilas sedosas como la seda, el cabello lavado dos veces y acondicionado en exceso, me sentí limpia por primera vez en una eternidad antes de salir de la gran ducha. Humecté cada centímetro de piel y me limpié la cara con tónico antes de aplicar la crema. Hacía demasiado calor para secarme el cabello, así que, envolviéndome con una toalla, abrí la puerta y vi cómo una nube de niebla caliente entraba en la habitación.

Se me escapó una risa del pecho cuando vi a Edward desmayado en la cama, con la sábana hasta la cintura. Su cabello en puntas rebeldes alrededor de su rostro, el color cobrizo del mismo sobre la almohada blanca. Sus pestañas castañas resaltaban su piel pálida y combinaban con los círculos oscuros debajo de sus ojos. Mientras observaba, se giró sobre su costado, tomó una almohada y la envolvió en sus brazos, como lo hacía conmigo.

Estaba exhausto. Yo también lo estaba. Adiós al champán y las fresas.

A pesar de que era solo al final de la tarde, nuestro día había sido todo menos ordinario: nadamos desde la cueva a través del océano oscuro, luego estuvimos en el bote con Jacob durante horas antes de transferirnos al vehículo. Después de eso estaba la tienda, el viaje al hotel y el check-in, sin mencionar que la cama parecía un millón de veces más cómoda que cualquier cosa que hubiéramos tenido en mucho tiempo. Miré el sol poniente que entraba por las altas ventanas y me di cuenta de que una siesta era definitivamente una buena idea.

Sin embargo, primero necesitaba saber que estaríamos a salvo.

Sonreí cuando vi que Edward ya se había ocupado de eso. La puerta estaba cerrada con pestillo y cerrojo, con una silla apoyada contra el pomo. Alguien que intentara entrar en la habitación tendría que despertar a los muertos.

Regresando al baño para cepillarme los dientes, me tomé el tiempo para secarme el cabello con el secador de pelo que encontré en el armario, luego me arrastré al lado de Edward, sonriendo cuando me sustituyó por la almohada, envolviéndome en sus brazos. Limpia, cálida y extremadamente cómoda, cerré los ojos, acurrucándome contra él, piel con piel.

~MF~

El fuego corría por mi piel mientras los labios de Edward se arrastraban por mi pecho. Mi sueño había estado lleno de gemidos y palabras susurradas de aliento mientras me tocaba como un maestro toca el violín. Me retorcía de placer bajo las caricias de mi amante de ensueño, hasta que un mordisco envió un estallido de dolor y placer que se apoderó de mis nervios. Jadeando, me desperté justo a tiempo para que Edward me guiñara un ojo en la suave luz antes envolver mis piernas alrededor de su cintura y llenarme. Estallé en segundos, confirmando que la realidad era incluso más caliente que el sueño que había pensado que estaba teniendo. Él gritó mi nombre mientras aferraba sus manos alrededor de mis caderas, abrazándome mientras se estremecía de placer momentos después.

Era una buena forma de despertar, y cuando se derrumbó encima de mí, no pude evitar pasar las yemas de mis dedos por su espalda mientras ambos recuperábamos el aliento.

—Bueno, buenas noches para mí. —Me reí entre dientes y sentí su pecho temblar con una risa silenciosa.

—Buenos días, de hecho —dijo, dejando un suave beso en mi hombro antes de alejarse. Un corto viaje al baño para encargarse del condón y estuvo de regreso, acomodándose a mi lado antes de acercarme a su lado. Me pregunté por qué también se había tomado el tiempo de ponerse los lentes de contacto marrones, pero asumí que estaba siendo cuidadoso—. Dormimos toda la noche.

—¿En serio? —La tenue luz que se filtraba a través de las cortinas no delataba sus secretos. Ya sea la mañana o la noche, los rayos jugaban a nuestro alrededor sobre la almohada creando ráfagas de sombras y luz. La forma en que hacía que su cabello se volviera más rojo me fascinaba.

—Jake llamó al teléfono desechable que nos dio, que fue lo que me despertó. Quería asegurarse de que habíamos llegado a salvo.

—Mmm... —La cama era tan suave y cálida que era difícil encontrar la energía para hacer mucho más que estar en los brazos de Edward.

—Pedí el desayuno, así que debería estar aquí pronto. No sé tú, pero esas hamburguesas que compramos en el camino anoche hace tiempo que me abandonaron.

Estaba hambrienta. Sus palabras también explicaban las lentillas. O él o yo tendríamos que abrir la puerta, y considerando lo protector que era, iba a ser él.

—No pensaba despertarte hasta que llegara, pero después de que vi lo inocente que te veías acurrucada contra mi almohada, y no pude evitarlo. —Soltó una risita cuando me aparté de él y comenzó a reír cuando agarré una almohada, golpeándolo varias veces.

—Está bien, está bien. Me rindo —soltó después de recibir otro golpe.

Satisfecha por cómo le había ganado, no pude controlar mi grito cuando hábilmente me capturó y me hizo rodar debajo de él con demasiada facilidad.

—Me estabas dejando ganar —acusé.

Sus ojos se entrecerraron por solo un segundo antes de sonreír y darme un beso rápido.

—No, yo llamo a esto una situación donde ganamos todos.

Me di cuenta de lo que quería decir cuando se movió y todas las partes pertinentes de nuestros cuerpos se alinearon.

El sonido de un golpe en la puerta hizo que Edward gruñera. Se movió rápidamente para ponerse un par de jeans y el gorro que estaban al final de la cama. Me estremecí cuando colocó una pistola en la parte baja de la espalda y se puso una camiseta.

Cerrando parcialmente las cortinas, me mantuvo fuera de la vista mientras abría la puerta y hablaba con la mujer que había traído la comida. Mi estómago gruñó cuando el olor a huevos y tocino llenó la habitación. Edward le habló en voz baja a la mujer y en unos segundos, escuché la puerta de la habitación cerrarse.

—Está todo bien, Bella —dijo—. Prepararé todo si quieres vestirte.

Hambrienta, no me tomó más que unos minutos vestirme y cepillarme el pelo y los dientes. Había comprado algunos cosméticos ligeros en la tienda, pero quería comer primero antes de intentar ponerme presentable. Edward prácticamente me había visto en mi peor momento durante las últimas semanas, pero eso no significaba que no pudiera intentar estar un poco más a la moda ahora con la comodidad del agua caliente. Riéndome por lo mucho que habían llegado a significar para mí las cosas simples, me senté a su lado en el sofá, admirando los platos que había tomado de las bandejas del carrito rodante. Acercó la mesa ratona de cristal a nosotros antes de tomar un control remoto.

—¿Te importa si veo las noticias? No creo que lo que está sucediendo en la isla aparezca en las noticias, pero tengo curiosidad.

Sacudiendo mi cabeza en su dirección, tomé un sorbo de café, gimiendo en aprecio por la sustancia amarga que fluía por mi garganta. Dios, era bueno.

Una rubia alegre y su coanfitrión masculino resplandecían en la pantalla. Hablaban de un evento cultural local en Seattle.

—Este es nuestro programa local, pero el sindicato nacional irrumpe de vez en cuando para ofrecer noticias nacionales. Al menos, es ruido de fondo para el desayuno. —Se encogió de hombros mientras me entregaba un panecillo que había untado con mantequilla.

No estaba segura de que me gustara como ruido de fondo después de haberme acostumbrado a la tranquilidad de la cueva, pero mi atención se encontraba más en la comida que teníamos en frente. Una hora más tarde, el programa salió del aire por el día, sin nada importante sobre nuestra situación. El día pasó fácilmente, Edward y yo encontramos un maratón de La Ley y el Orden en uno de los canales disponibles. Frotó mis pies; froté los suyos. Eso llevó a cosas más placenteras... varias veces. Nos acurrucamos y él me contó sobre su amiga Kate y su prometida, Tanya, cuando uno de los episodios trataba sobre una pareja de lesbianas. Me reí cuando me habló de su deseo de que él fuera el padre de su bebé.

—Son buenas amigas. —Se encogió de hombros, con un rubor brillante en sus mejillas.

El día fue simplemente relajante para mí considerando el peligro en el que estábamos, pero no me engañaba al creer que Edward había bajado la guardia. Se había tensado varias veces durante el día cuando los ruidos del pasillo fueron particularmente fuertes. Habiendo vuelto a colocar la silla en su posición contra la puerta principal, pensé que se relajaría. Con el arma a su alcance, aún mantenía un nivel de vigilia.

La noche terminó conmigo quedándome dormida en los brazos de Edward, pero solo después de haberlo atacado, usando mis labios para hacerle maldecir y perder el control. Aprendí rápidamente que los hombres de veintiocho años podían tener un tiempo de recuperación rápido cuando el incentivo era correcto.

A la mañana siguiente, llegó el desayuno mientras todavía estaba en la ducha. Jacob había llamado de nuevo y nos había despertado, así que Edward estaba en alerta máxima por cualquier cobertura de noticias. Jake le había hecho saber que nos habían "encontrado" al anochecer de la noche anterior.

Los pensamientos de cómo se deberían sentir Charlie y los padres de Edward pasaron por mi mente mientras disfrutaba del agua caliente. Para ambos, la actuación debió haber jugado con su antiguo dolor, Charlie por perderme, y Carlisle y Esme por perder a Emmett y Rosalie. Me vestí rápidamente, me apliqué un poco de maquillaje y me cepillé el cabello.

El sonido de las noticias llenó la habitación, y Edward apenas me miró mientras me entregaba el café. Su atención estaba en lo que pasaba en la pantalla.

—¿Es sobre nosotros? —pregunté antes de tomar el recipiente de fruta que me había dejado.

—No, aún no. —Me miró y me dio una suave sonrisa—. Los candidatos presidenciales tuvieron un debate anoche, así que están pasando los momentos importantes... —Se rio entre dientes— ...y los no tan importantes de la noche.

La pantalla mostró a un hombre calvo. Tenía su mano levantada en el aire, su dedo señalando a alguien.

—¿Te gusta mucho la política? —pregunté, bajando la mirada para cortar una fresa fresca.

—Sí y no. Me mantengo informado, porque me tomo en serio mi derecho al voto, pero no participo activamente en la política de un candidato. Para gran pesar de uno de mis compañeros de trabajo.

Curioso por su declaración, levanté las cejas.

—¿Recuerdas que Jake mencionó a Mike Newton, nuestro contacto?

Asintiendo, mordí la jugosa fruta roja.

—Recuerdo el nombre, pero nada más.

—Su tío es senador, y a Mike le gusta recordarnos ese hecho a menudo. Es un buen agente, pero definitivamente un dolor en el trasero. Su padre es el gemelo del senador y es muy rico. Todos nos hemos preguntado por qué Mike se queda en el FBI cuando podría trabajar para el negocio familiar y ganar millones. Quién sabe, tal vez todo se trate de que él se defienda por sí mismo. —Él se encogió de hombros—. Desafortunadamente, parece que su ego solo se hará más grande porque su tío es uno de los favoritos para la nominación demócrata. Se rumorea que obtendrá el visto bueno.

Estaba tomando un bocado de los wafles que Edward me había pedido cuando dijo:

—El del traje azul es el senador Newton.

Mirando hacia arriba, vi el cuadro donde el equipo de televisión había captado al hombre en una respuesta apasionada. Se inclinaba hacia adelante en el podio mientras respondía una pregunta. Era guapo, su cabello rubio claro estaba cortado de una manera perfectamente conservadora, sus ojos azules brillaban con indignación. Se me erizó el vello de la nuca.

Ahogándome con el trozo de wafle que había intentado tragar, agarré el brazo de Edward. No pude hablar hasta que me golpeó con fuerza en la espalda varias veces, desalojando la comida.

—Edward —dije con voz ronca mientras él me tendía un vaso de agua—. Ed... —Tosiendo, mis ojos nunca dejaron la pantalla.

—Bella, tómate un momento y bebe esto por mí —ordenó.

—Ese hombre, ¿cuál es su trabajo de nuevo? —le pregunté sobre el tío de Mike Newton tan pronto como pude.

—Es un senador de los Estados Unidos. Representa a las personas de su distrito en el estado de Nueva York, de donde es Mike.

La duda de lo que estaba pensando me llenó. Ciertamente tenía que estar equivocada.

—¡Bella, háblame! —demandó Edward mientras mi silencio se alargaba.

—Parece familiar.

Un silencio mortal llenó la habitación.

Miré la pantalla, determinando que estaba loca, hasta que las cámaras se enfocaron en la audiencia para captar a uno de los reporteros haciendo una pregunta. En la primera fila estaba un hombre que solo podría haber sido el gemelo del senador Newton. No eran idénticos, pero bastante cerca. Y lo suficiente fue suficiente para marearme.

El plato en mi regazo cayó al suelo y se hizo añicos. Jadeé al ver la cara que sonreía a la cámara.

—¡Bella! —La voz de Edward sonaba tenue, como si viniera de un largo túnel.

Era porque una neblina roja había llenado mi visión mientras el rugido de ira llenaba mis oídos.

—¡Ha estado en mi casa!