Disclaimers: Los personajes de Harry Potter pertenece a J.K. Rowling y a los que han comprado parte de los derechos de autor, lo cual NO es mi caso, y sólo los utilizo sin intención de lucro alguno, la trama me pertenece, al igual que algunos personajes.

Hola de nuevo, es miércoles otra vez, así que aquí estoy, subiendo otro capítulo nuevo, y esperando que la historia les siga gustando tanto como a mí me está gustando escribirla, bueno, gracias por el apoyo.

Gracias por todo, nos leeremos pronto, cualquier cosa, no duden en decirme 💖


La espalda de James golpeó el suelo de forma violenta, habían pasado unos días difíciles, y no sabía cómo sentirse exactamente al respecto, pero desde hace unos días, Violet había estado buscándolo mientras él entrenaba en el campo de quidditch, eso había hecho que Alex se enfadara con él, ya que al parecer, a Scorpius Malfoy se le había escapado el detalle que lo había visto golpeado, y como no quiso darle explicaciones, se había enfadado.

Salvo que esa vez, tuvo el bonito detalle de decirle la razón, y le informó que en esa ocasión, los panqués de su abuela no serían suficientes para que lo perdonara.

—Eres demasiado lento, muy pesado –la voz de su profesor regresó hasta él.

—Si dejo de comer eso no ayudará –comentó lógicamente –me ayudaría a bajar masa corporal, sin duda, pero la mala nutrición…

—No estoy hablando de eso ¿en serio eres estúpido, chico? –Bramó Smith.

—No sé a qué se refiere, en ese caso –se puso de pie.

—Eres demasiado tieso, frío –levantó la varita y lo lanzó al otro muro –ya pudiste notarlo ¿cierto? –gruñó –no sirves para esto, tú jamás podrás ser un buen auror, ni siquiera podrás ser uno, a menos que el propósito de tu padre sea tenerte haciendo reportes en el ministerio, sin que salgas de ese lugar, podrás hacer algo de provecho, pero escúchame bien, tú no sirves para nada –le dio la espalda –vamos, te estoy dando una ventaja, atácame.

—Mi entrenamiento no es para atacarlo –informó James –sino para aprender a defenderme, profesor, eso fue lo que me indicó mi padre.

Smith se giró hasta James de nuevo, inclinando la cabeza y frunciendo un poco los ojos, haciendo que James recordara al Golden retriever que su tío Dudley tenía, así que hizo una mueca, que pretendía ser una sonrisa.

—Largo de mi despacho, ahora mismo –soltó en un tono enfadado.

—Con su permiso –asintió, sin darle mucha importancia.

Avanzó adolorido por los pasillos del colegio, se sujetó el hombro, el dolor era intenso, pero no era para tanto, aquel malestar no le ocasionaría la muerte ni nada parecido, así que no encontraba una fuerte necesidad de ir a la enfermería y molestar a Madam Pomfrey.

Entró a la sala común de Gryffindor, Alex estaba sentado en una mullida butaca cerca de la chimenea, y aunque notó que lo observó, subió rumbo a su habitación, aún tenía un montón de tareas para hacer, y no quería atrasarse en nada.

Abrió los ojos a las cinco de la mañana, intentó estirarse para desperezarse, pero no pudo hacerlo, su hombro estaba demasiado inflamado, los moretones que había estado acumulando le habían cobrado la factura, suspiró negando, avanzó hasta el baño para observar si el daño era suficientemente grande como para ir a la enfermería o simplemente dejar a que solo se solucionara.

—No es tan grave –murmuró, le dolía moverlo, pero aun podía hacerlo, así que no le dio más importancia, a pesar de que los moretones hacían que se viera muy inflamado y de un color negro.

Se duchó lo más rápido que el malestar lo dejó, se arregló y comenzó a ordenar sus cosas para sus clases, a pesar de que lo había hecho antes de dormirse, bajó tranquilo, eran las seis de la mañana con cuatro minutos, las clases empezaban a las ocho, los elfos desaparecieron en cuanto notaron su presencia.

El día fue bastante normal, y aunque le estresaba tener que llevar la mochila del lado equivocado, no dijo nada, fue interceptado por algunos alumnos para darle chocolates, y dulces que él aceptaba por cortesía, pero que jamás comería.

—Señor Potter, lo requieren en la oficina del profesor Smith –informó la profesora Vector.

—Gracias, profesora, iré enseguida.

Toda la clase comenzó a cuchichear al respecto, pero él no le dio mucha importancia, avanzó tan rápido como el reglamento del colegio lo permitía, tomó un par de atajos y en unos minutos, estaba tocando la puerta del profesor Smith.

—Adelante –ordenó.

—Lamento la tardanza, profesor, me dijo la profesora Vector que quería verme.

—Así es.

La vista del chico se dirigió a donde su profesor observaba, los ojos verde esmeralda de su padre se posaron en él, y por su semblante, no estaba para nada contento con lo que le había dicho el profesor.

— ¿Puedes dejarnos solos, Drake? –Pidió Harry Potter.

—Sí, y piensa bien lo que te dije.

—Lo haré, gracias –asintió fingiendo tranquilidad.

La puerta se cerró suavemente, pero la tensión en el lugar seguía siendo demasiada, James levantó la mirada hasta su padre de nueva cuenta, ya que comenzó a pasearse de un lado a otro, exasperado.

—Cuando te eligieron para Gryffindor, sin duda creí que había una esperanza para ti, ya sabes, tu madre siempre dijo que serías un Gryffindor, como buen Weasley, y como los Potter, sin embargo, yo siempre pensé que serías algo complicado de colocar, si lo pensábamos bien, no eres el chico más valiente que hay –se encogió de hombros –eres ambicioso, no creo que tampoco tengas lo necesario para Hufflepuff, así que pensé que tu inteligencia, solucionaría la vergüenza de que no tuvieras un lugar aquí.

—Estás enfadado porque no sirvo para auror ¿cierto? –Lo observó.

—Dime algo, James ¿tienes sangre en las venas acaso? –Entrecerró los ojos –tu profesor te ha llamado un inútil, yo lo he hecho, y estás aquí, tan tranquilo, yo ya hubiese dicho o hecho…

—Estás dándome tu punto de vista, papá, pero no es la verdad absoluta –informó tranquilo –aún tengo clases, así que por favor, dime ¿por qué estoy aquí? Así puedo irme a mis clases.

—Albus y Lily siempre dicen que eres mi favorito, porque me negué a que fueras a Ilvermorny, o a esa escuela en Brasil, para ti nunca fue una opción a qué colegio asistirías, Albus está aquí, porque jamás lo mandaría a Durmstrang, y no quiso otro colegio, Lily, hemos llenado las formas para que vaya a Ilvermorny –admitió –sin embargo tú, te quedaste en Hogwarts, y después irás a la academia de aurores, así que termina con esta etapa rebelde.

—Yo no me estoy rebelando, papá.

—No estudiarás leyes, y ya lo dejamos claros, te necesito a mi lado, y sabes la razón, te la expliqué ¿o no?

—Lo hiciste, con minuciosos detalles, en realidad ¿quieres que los enumere? –Harry sonrió.

—Ahí está –comentó orgulloso –así que no me creo que eres un inútil, y si estás tomando literalmente mis palabras te voy a decir, que vas a hacer todo lo que esté en tus manos y más allá, para ser el mejor auror, en cuanto salgas de aquí, te unirás a mí en el departamento.

James observó a un punto frente a él, sino fuese un muñeco sin emociones y con un poco de alma, se enfrentaría a su padre, y le diría que al salir de Hogwarts él ya sería mayor de edad y no podría obligarlo a nada, sin embargo asintió, aceptando la orden.

Como solo los robots lo hacen.

—No quiero que Drake me haga venir aquí, para decirme que te estás negando a aprender, me gustaría que tuvieses una buena preparación como auror, y él puede instruirte muy bien, pero si te niegas, de cualquier forma te unirás a mí ¿lo entiendes?

—Sí –aceptó.

—Así que deja de estar perdiendo el tiempo y dedícate a mejorar, haz lo que sea necesario, para asegurarte que serás mucho mejor que yo cuando tenía tu edad, no me decepciones ¿bien?

—Papá –lo detuvo.

—Dime –se giró de nuevo a su hijo.

—Voy a dejar de darte vergüenza como hijo, pero tienes que jurarme que Lily vendrá a Hogwarts.

—No vamos a discutir eso, James, hasta el momento, has sido un buen hijo, y mantenido en tu lugar en la familia, soy el padre, y decido a qué colegio irá mi hija, cuando tengas tus propios hijos, decidirás sobre eso –informó, dándole la espalda para salir.

—Lo lamento –se disculpó.

—Asegúrate de mejorar y de quitarte de la cabeza esa loca idea de que si eres malo, podrás hacer lo que quieras.

James entró de forma tranquila al gran comedor, se sentó en un lugar alejado, se sirvió lo que el profesor Smith le había ordenado días atrás, para mantener una dieta balanceada, ya se lo había dicho su padre, tenía que seguir las instrucciones de su profesor al pie de la letra.

—Te vas a morir de hambre si solo comes eso –murmuró Alex, sentándose frente a él.

—El plato contiene lo necesario para una buena nutrición, son carbohidratos y…

—Sí, sí –lo detuvo –suspirando –lamento haber sido tan exagerado al respecto de Violet, pero ella no me agrada para nada.

—Sabes que ella me gusta, Alex –lo observó –la diferencia ahora, es que yo le gusto a ella.

Alex hizo un mohín. —Pues no creo que seas tú lo que le gusta mucho –se burló –Bertie me dijo que Violet opina que tus cartas se quedaban cortas en comparación a lo que le haces en los vestidores del campo de quidditch.

Los ojos azules de James se levantaron de su plato, en busca de la chica, no podía creer que estuviese contándole a todo el colegio lo que hacían en los vestidores, eso iba en contra de las reglas, así que tendría que comenzar a auto sancionarse por eso.

—Creo que puedes encontrar a alguien mejor, para ser honesto.

—Alguien mejor ¿Cómo quién? Violet es hermosa, inteligente, independiente, decidida, valiente ¿Qué hay de malo con ella?

—Ah, no lo sé, que se entretiene contigo, pero no le gustas, en cuanto decidas dejar de acostarte con ella, porque las reglas del colegio no lo permiten, ella correrá a los brazos de otro, Jamie.

—Bueno, que se fijara en mí ya sin duda ha sido un milagro –admitió el castaño –ella es la mujer de mi vida, todos tienen una imagen errónea de ella.

—Ella no va a cambiar por ti, quítate esa fantasía estúpida de la cabeza, y deja de ilusionarte.

—Ella es la única decisión que puedo tener –se puso de pie y se fue.