Hostilidad Hasta la Muerte

Cero días desde la Última Muerte (Nueve Muertes)

Al quebrarse el vidrio, el líquido se regó, empapando su kimono negro. La voz estaba suplicándole, ordenándole, que acabara con la vida de la persona de horrible olor. Tenía que hacerlo, tenía que asesinarlo. Sin embargo, la voz, por primera vez en mucho tiempo, finalmente se calló; dejando atrás solo el silencio.

Por un cortísimo instante, su mente finalmente pudo descansar del constante acoso de la voz. Por primera vez en mucho tiempo, la palabra "matar" no resonó por toda su mente; un instante en el que cuatro palabras flotaron ante ella: "Culto de la Bruja". Aun así, ese momento fue eso, un pequeño y misero momento, tras el cual la voz regresó con muchísima mayor fuerza. Sin embargo, hubo un cambio. Ésta vez, la palabra matar no estaba siendo pronunciada con un tono hostil y demandante.

No, la voz estaba distorsionada por el miedo, el terror, el horror. Sensaciones que no tardaron en ser trasmitidas a ella. Con cada nervio de su cuerpo estallando en miles de señales de alarma, la mujer tomó su cabeza para intentar evitar que su mente se desplomara en mil pedazos. Pero fue inútil. Célula a célula, su cuerpo luchó por rechazar el miedo irracional que la voz le estaba transfiriendo.

Perdiendo la delicada estabilidad entre cuerpo y mente, su existencia comenzó a desvanecerse. Molécula a molécula, su cuerpo rechazó la apariencia que había sido forzada en ella. Con el miedo carcomiento hasta su Puerta y su Odo, la chica sintió como todo dentro de ella se desvanecía, para entonces reconstruirse sobre los escombros. La voz seguía allí, la sed de sangre seguía allí, el miedo seguía allí, y aun así, algo había cambiado…

Después de semanas, se sintió ella misma por primera vez. Finalmente lo había recordado: los miembros del culto las habían matado, a las únicas personas con la que había logrado compartir su corazón. El Culto de la Bruja le había arrebatado todo y había desgraciado su cuerpo. Incluso ahora, era capaz de recordar la horrida voz de esa mujer que corrompió su cuerpo con una extraña y tóxica sustancia, que mejoró sus sentidos y le permitió detectar ese desagradable olor que provenía tanto de esa mujer, en quien era especialmente fuerte, como del resto del culto; y ella había jurado que les regresaría el favor.

Ahora las palabras "Matar" y "Muere" finalmente tenían sentido; el olor de ese chico era el mismo que el de ellos. El mismo olor pútrido que emanaba esa repugnante mujer y el grupo de cultistas encapuchados, aquellos quienes quemaron la aldea en la que la habían aceptado y se fueron tan tranquilamente como si todo se hubiera tratado de un paseo por el parque…

"¿Qué está pasando?" Se preguntó Halibel, perturbado.

La figura de la mujer que supuestamente era Zarestia, el Gran Espíritu, comenzó a desdibujarse. La desfiguración comenzó por el rostro y se extendió al resto de su cuerpo, sin embargo, el cambió más notorio se encontraba en el primero. Como si de un velo se tratara, la piel que recubría el cráneo de Zarestia se fue cayendo lentamente.

Lo que antes había sido un rostro de hermosa piel de porcelana, coronado por un cabello blanco como la leche, ahora era un rostro de piel pálida reseca, con gigantescas ojeras, señal de un agotamiento extremo, con cabello castaño despeinado y reseco. El rostro que quedó atrás después de la perturbadora trasmutación era visiblemente insano. Lo único que mantuvo en común con el rostro anterior, fueron los ojos; ojos afilados nublados por el odio y hostilidad.

"¡Hnk!" Subaru, que seguía estando de a gatas, dejó salir un gesto de sorpresa al percatarse de lo que estaba ocurriendo con la atacante.

Se encontraba tan pasmado, que ni siquiera se molestó el limpiar la sangre que se había acumulado bajo su nariz y en sus labios. Y la sorpresa, tanto de Subaru como de Halibel, no se debía solo a la sorprendente desfiguración de Zarestia. No, lo que realmente los había dejado en el estado de asombro en el que se encontraban, eran las dos protuberancias brillantes que sobresalían de la cabeza del supuesto espíritu.

"No me esperaba éste desarrollo…" Murmuró Halibel, observando fijamente a la figura desfigurada que había comenzado a retorcerse sobre sí misma, como si se estuviera resistiendo a la transformación.

"¿Sabes qué está pasando?" Le preguntó Subaru, aún en el suelo. Halibel, antes de responder, volteó a mirarlo por un instante.

El cuerpo de Subaru ahora estaba empapado en sangre. Tenía cientos de astillas clavadas en su cuello, espalda brazos y pies. Además, acababa de sufrir una extraña hemorragia interna que lo dejó sangrando de la nariz, llorando lágrimas carmesí y vomitando sangre. Y aun así, parecía que nada de eso había sido suficiente para detenerlo.

Prestando atención, Halibel pudo notar en Subaru otro sentimiento compartiendo espacio con la aglomeración de emociones negativas; determinación. El chico poseía una determinación que parecía inquebrantable. ¿Qué situaciones lo llevaron a forjar una determinación tan fuerte? ¿Cuánto había sufrido para ser capaz de soportar tanto dolor y padecimiento sin quebrarse? Entre más conocía Halibel a Subaru, más atraído se sentía hacia el misterio que lo rodeaba.

"¿Acaso no te lo mostró tu bendición?" Preguntó de vuelta Halibel, burlonamente.

"Mi Protección Divina no es tan conveniente. Me muestra una imagen bastante clara del futuro, pero no todos los detalles… Además, ya interferimos con el futuro que vi, así que es de esperarse que a partir de este momento ocurran cambios con respecto a lo que ya sé." Subaru decidió que lo mejor era blindar la información que tenía, siguiendo así con la mentira de su falsa Protección Divina.

Gracias al artificio que había armado en torno al Regreso por Muerte, Subaru podía alegar, en caso de que la información que había obtenido no fuera suficiente, que su bendición no se lo había mostrado. Sintiendo que esa era una buena fachada para cubrir su verdadera habilidad, Subaru consideró aprovechar el rumor que se había extendido entre varios miembros del Colmillo de Hierro, para entonces "revelar" como es que había obtenido información sobre el ataque al hotel.

De esa forma, finalmente podría tener una alternativa a tener que guardar silencio respecto al como puede conseguir información sobre el futuro. Por su puesto, esa misma mentira bien podría meterlo en problemas. Podría llegar gente esperando que les revele sus futuros, o podrían culparlo en caso de que sucedan desastres y él no se capaz de prevenirlos. Al fin y al cabo, su habilidad está sujeta a la muerte, y Subaru no estaba dispuesto a morir por cada suceso que pudiera ocurrir a lo largo de su vida; eso iría contra lo que prometió a Anastasia.

En ese caso, tendría que afirmar que su bendición solo se activa cuando su vida se haya en peligro, o algo similar; de esa formar, podría cubrirse las espaldas. Subaru, percatándose de que se había vuelto a ir por las ramas, sacudió levemente la cabeza y se obligó a regresar a la realidad. Con su estado mental alterado, concentrarse en una sola cosa se estaba volviendo muy difícil, al igual que seguir ignorando el dolor que afligía a su cuerpo.

"Hmm… Ya veo… En ese caso, te diré lo que sé. Esa mujer no es Zarestia, o al menos no creo que lo sea. Y segundo: no es un espíritu, es una Oni." Expulsando una nube de humo, Halibel respondió a su pregunta.

"Una Oni…" Subaru estaba de acuerdo en que la hipótesis inicial de que la entidad hostil era Zarestia, la Shinigami más hermosa, había perdido bastante credibilidad. Ahora que su figura que calzaba con lo que relataban las leyendas sobre el Gran Espíritu había sido deshecha, cabía preguntarse si esta nueva forma era la verdadera, o si se trataba de una suplantación de identidad. Como fuese, el objetivo realmente no había cambiado.

Y con respecto a la verdadera especie de la entidad hostil, Subaru ya había escuchado a hablar sobre ésta alguna vez. No recordaba quien fue el que dijo el nombre, pero estaba seguro de que en algún lado alguien se lo había dicho. Oni, los seres que compartían nombre con creaturas mitológicas de su país. Ahora que tenía uno al frente, podía decir que en verdad se parecía un poco a lo que se contaba en las leyendas de su patria; sobre todo por sus cuernos.

Había conseguido más información que podía resultarle de utilidad en caso de morir; aun así, seguía aferrado al objetivo de finalizar el ciclo de muerte en ese bucle. Así que no esperaba darle uso a esa información, al menos no en una futura batalla contra Zarestia, o quien fuera esa mujer Oni. No, ella no saldría con vida de ese combate, de eso se aseguraría él.

Gracias a que ya se estaba comenzando a acostumbrar al daño provocado por el castigo de la sombra, Subaru pudo volver a ponerse en pie a pesar de estar casi completamente cubierto por sangre. Escupiendo una amalgama de sangre coagulada y saliva, Subaru observó a la Oni enloquecida. Como una babosa a la que le habían puesto sal, la mujer se retorció aun estando de pie, mientras su apariencia antigua era completamente reemplazada por la nueva.

Pasado un momento no muy largo, la mujer finalmente comenzó a calmarse, como si estuviera acostumbrándose a su nueva figura de aspecto enfermizo. Con una mirada tosca, los observó a Halibel y a él. Entonces sus ojos brillaron, como si ella hubiera tenido una especie de realización. Hasta hace solo un momento había estado abrazando su cuerpo como si temiera desvanecerse, pero ahora sus brazos se encontraban nuevamente frente a ella; atacaría en cualquier momento, de eso no había duda.

"¡Muere! ¡Muere! ¡Muere! ¡Muere! ¡Muere! ¡Muere! ¡Muere! ¡Muere! ¡Muere! ¡Muere! ¡Muere! ¡Muere! ¡Muere! ¡Muere! ¡Muere! ¡Muere! ¡Muere! ¡Muere! ¡Muere! ¡Muere! ¡Muere!" Entonces, Subaru fue envuelto por un torbellino de hostilidad y sed de sangre.

La mirada cargada de odio y el aura de hostilidad oprimieron a Subaru. Sintiendo como su cuerpo cedía ante el miedo y se paralizaba, Subaru saboreó la amarga humillación. Desde la primer vez que se encontró con esa fémina letal, Subaru había sido afectado por su aura de muerte todas y cada una de las ocasiones que terminó frente a ella; y ya estaba harto de ello. Tras lo que había sido un instante de calma, la ira y el odio nublaron todavía más su razón y el resto de sus emociones.

Gracias al entumecimiento provocado por esa llama que ardía en su interior, Subaru había sido capaz de soportar el dolor causado por los sangrados internos y las múltiples astillas que se encontraban enterradas en toda la parte trasera de su cuerpo. Y eso se debía en gran parte a que aquel fragmento alienado de su ser estaba ejerciendo mayor control sobre él; algo que Subaru estaba permitiendo voluntariamente.

Aun así, a diferencia de la ocasión en la que terminó cometiendo el pecado que marcó sus brazos, el odio y la ira todavía no lo habían cegado por completo. La sed de venganza que sentía no era lo suficientemente fuerte como para llevarlo a perder el control. Y la razón de ello era que la mujer Oni, hasta el momento, no lo había llevado a un punto de inflexión tan radical como lo hicieron las dos asesinas.

Sin embargo, entre más dolor sentía, entre más lo humillaban, entre más asesinaban personas a las que apreciaba y las hacían sufrir; ese odio dentro de su pecho, equivalentemente, ardía cada vez con más fuerza. Y en ese momento, después de todo por lo que había pasado desde el primer encuentro en la avenida principal, la sed de venganza ya estaba comenzando a cegarlo por completo…

Subaru, movido por puro instinto de supervivencia y adrenalina, se levantó de un brinco, ignorando el dolor que lo afligía, y saltó hacia atrás, colocándose detrás de Halibel. El demi-humano, que parecía estar preparado para usar una habilidad desde antes de que él le mencionara su plan de romper el tabú, finalmente ejecutó su técnica de clonación. Uno de los Halibel se colocó frente a Subaru, otros dos detuvieron el poderoso ataque que lanzó la Oni y el restante, que parecía ser el original, se lanzó al ataque.

Con sus cuernos brillando en un tono violeta fosforescente, la Oni retrocedió usando su magia de viento, a la vez que lanzaba un potente contraataque. Halibel desapareció de la trayectoria de la ráfaga de viento, dejando que sus clones se hicieran cargo de repelerla, para entonces reaparecer al lado de ella y ejecutar una potente estocada.

"¡Aaaarggggh!" Liberando un aullido de dolor y rabia, la Oni desconocida empujó a Halibel con una densa ráfaga de viento. Con un gesto de angustia y frustración, la mujer, cuya figura no aparentaba poseer más de veinticinco años, tomó su costado con una mano, mientras mantenía la otra frente a ella.

Como si de una fuente de líquido carmesí se tratara, borbotones de sangre surgieron de las profundidades del abdomen de la atacante. La herida se encontraba en el costado de su abdomen, y aunque estaba brotando una importante cantidad de sangre de ésta, no parecía ser un corte mortal; sin embargo, era una herida lo suficientemente profunda como para restringir su movimiento. Y tomando en cuenta que Halibel recién había creado tres clones y que se encontraba en perfecto estado de salud, estaba claro que ella se ahora estaba en enorme desventaja.

La misma mujer tuvo que haberlo notado, puesto que tras mirar por un momento a Halibel, y posteriormente a Subaru, que estaba cubierto por hasta tres Clones, decidió que lo mejor era la retirada. Con el olor a licor y sangre pululando, estaba claro que no podría concentrarse por completo en el combate aún si se esforzaba, así que lo mejor era ignorar a la insistente voz sedienta de sangre y el profundo deseo de venganza, y continuar con el ataque en otra ocasión.

"¡Halibel, esa maldita puta va a intentar escapar lanzando un ataque de área que va a impedir que la persigamos! ¡Tienes que detenerla!" Percatándose de las intenciones de su enemiga, Subaru advirtió a Halibel sobre éstas.

"¡Gracias, chico!" Halibel le agradeció a Subaru por la advertencia y entonces miró con cuidado a su contrincante. La mujer, percatándose de que sus intenciones habían sido leídas, decidió no perder más tiempo y llevó a cabo su escape.

Con un grito desgarrador, la Oni rodeó su cuerpo de corrientes de aire. Sin embargo, el viento no se condensó en un domo, todo lo contrario, explotó, expandiéndose por toda la calle. Halibel, a pesar de que había sido avisado respecto a esa técnica, no pudo hacer nada para evitarla. Sin embargo, no se quedó de manos cruzadas. Con un movimiento de cabeza indicó algo a sus clones, que inmediatamente comprendieron sus intenciones.

Mientras que uno se quedó junto a Subaru para protegerlo, los otros fueron al lado de Halibel para ayudarlo a derribar a la Oni que había comenzado a correr en dirección de uno de los edificios. Halibel saltó al aire y lanzó dos de sus kunais. La Oni, percatándose de esto, intentó volver a rodearse de una barrera de viento, llevándose a sí misma al límite.

No obstante, uno de los clones apareció a su lado antes de que pudiera invocar el hechizo. Aquella que había sido confundida con Zarestia percibió la repentina aparición del clon, por lo que canceló la invocación del domo de viento y lanzó una poderosa ráfaga explosiva de aire en su dirección. El clon, reconociendo de que su tiempo de existencia estaba por finalizar, lanzó una de sus armas arrojadizas en dirección del cuello de aquella a punto de convertirse en su asesina.

El clon fue impactado, pero la Oni volvió a usar una ráfaga de aire para desviar el kunai que le había lanzado; haciendo su último esfuerzo inútil. Lo que no fue inútil fue la distracción que permitió que los dos kunais que lanzó Halibel se clavaran en su espalda, haciendo que ella volviera a soltar un grito de agonía.

"No… Maldición…" Entre gemidos de dolor, la mujer murmuró con una voz que parecía menos carente de razón que antes de cambiar de figura.

Halibel, viendo la oportunidad, se acercó junto al otro clon que se le había unido para combatir. Entre los dos cerraron los flancos de la Oni, imposibilitándole tener un escape sencillo. Aun así, ella no se rendiría solo por eso. Con un chillido de ira, la mujer volvió a invocar un escudo de aire a su alrededor.

"Se ve mucho menos estable y resistente que el anterior..." Comentó Halibel para sí mismo, notando que el segundo escudo de viento tenía mucha menor potencia que el primero. Su clon, percatándose de ello, se lanzó al ataque antes que él.

El clon lanzó un kunai el cual, aunque sí fue golpeado por las ráfagas de viento, y por lo tanto desviado, aun así logró penetrar parcialmente el domo; o esfera, debido a que ahora que ella estaba en el aire, el viento no era estorbado por la calle. Sonriendo, Halibel se acercó rápidamente y saltó sobre la esfera de viento, lanzando su kunai directamente a la cabeza de la Oni. El arma blanca atravesó perfectamente la abertura entre ráfagas de viento que había percibido.

"¡No! ¡Muere!" Con un grito, la Zarestia impostora desvió el ataque con viento e intentó alejarse de nuevo del demi-humano y su clon.

No obstante, el dolor causado por los filos que tenía clavados en su espalda la hizo tropezar. "¡Llegó mi momento!" Con un último grito de victoria, el clon se lanzó directamente al escudo de viento. Con un kunai en cada mano, la copia de Halibel empujó sus dos brazos en la esfera, usando los kunais para interrumpir las corrientes de viento.

La fémina, percatándose de que su escudo había sido completamente debilitando, lo anuló y atacó sin dudarlo al clon que había arruinado su último método de protección. Tres cuchillas de viento rebanaron al clon, dejando atrás una nube de humo. Halibel, que había visto todo desde una distancia adecuada, embistió a la desprotegida Oni.

"¡No!" Reaccionando a tiempo, la mujer se volteó y estiró una mano para invocar un ataque con el cual decapitar a Halibel. Sin embargo, su reacción no fue lo suficientemente veloz como para detener el ataque del Shinobi. Con sus ojos completamente abiertos, la Oni observó con pavor como uno de sus brazos fue rebanado justo donde comenzaba el codo.

La extremidad cayó al suelo, coloreando la calle de rojo. Con chorros de sangre brotando de su brazo cercenado, la Zarestia impostora soltó un aullido que no sonaba humano y entonces su cuerpo fue rodeado por viento nuevamente. De igual manera que Subaru hace un momento, la poca razón que había recuperado tras la metamorfosis cedió ante las insistentes voces, dejando que su cuerpo se moviera solo por su instinto de supervivencia y la ira que ardía dentro de ella.

Con ráfagas de viento, capaces de reducir el acero a virutas, envolviéndola, la atacante se impulsó contra el suelo y saltó hacia el techo del edificio más cercano. Halibel, que había estado demasiado cerca de ella como para evitar el arrebato de locura, fue impactado por una ráfaga de viento explosiva y lanzado lejos, estrellándose así contra la calle de piedra.

Sintiendo que finalmente había logrado deshacerse de la molestia que le impedía su escape, la Oni cegada por la ira observó no hacia Subaru, sino hacia el distrito de clase alta. Escaparía hacia allí, y destruiría la mansión molesta que había servido como la barrera que le había impedido ejecutar al miembro del Culto de la Bruja. La destruiría, y después regresaría por él, para finalmente rebanarlo en miles de pedazos…

"Matar, matar, matar…" Su sed de sangre le estaba incitando a ir por Subaru de una vez, pero el clon seguía protegiéndolo, y en su estado actual no estaba segura de poder ganarle. Si había sido paciente y había esperado por semanas para finalmente poder vengarse, no podía dejar que ahora el odio la llevara hacia su perdición.

Con el último ápice de razón que le quedaban, la chica Oni decidió dejar de lado a su objetivo y se dispuso a abandonar el Área Metropolitana de Comercio Libre. Dejando atrás a un lastimado y humillado Halibel, y a un enfurecido y frustrado Subaru, la mujer saltó hacia el techo del siguiente edificio, y luego al siguiente, y al siguiente. Y estaba por desaparecer de la vista de Subaru, cuando su cuerpo herido fue golpeado por una potente onda de sonido.

"¡Waaaaahhhhhh!"

Subaru, que había insistido al clon hasta convencerlo de perseguir a la Zarestia impostora, observó como ella recibía de lleno el ataque de Mimi. Con una sonrisa reptando desde las comisuras de sus labios, Subaru observó con satisfacción como la Oni se estrellaba contra el techo del edificio del que acababa de saltar.

¡Pum! Sonó el retumbo que causó que toda la cuadra se sacudiera. Mimi había logrado impactar a la atacante de manera en que no penetrara en el edificio; de haberlo hecho, existía la posibilidad de que hubiera ocurrido un accidente que llevara a la muerte de alguien. Así que la mujer hostil atravesó el techo de madera diagonalmente y se estrelló contra la calle, dejando un cráter a su alrededor.

Subaru, sin acercarse demasiado a la zona en que calló la Oni, buscó atentamente alguna señal de vida. Ese ataque habría bastado desintegrar a un Guiltylowe, pero él era consciente de que la mujer sabía cómo evitar al máximo ser dañada; así lo había demostrado en las diversas ocasiones en las que había sido atacada sorpresivamente por Mimi y sobrevivido. No obstante, considerando el estado en el que se encontraba, Subaru tenía fe de que ésta vez sí funcionaría. Pero…

"MaTAR, mATar, MaTAr… DeBo maTaR…" Una voz distorsionada llegó hasta los oídos de Subaru y el clon de Halibel, lo que bastó para que ambos se pusieran en modo de alerta; estaba claro que la mujer había sobrevivido, ahora lo que necesitaban era saber en qué estado se encontraba. "¡MuERe!" De entre el polvo que se encontraba flotando en el aire, surgió la figura de la atacante.

"¡Halibel!" Sin necesidad de decir nada más, Subaru retrocedió y dejó que el clon se hiciera cargo. Él, con la velocidad característica de su invocador, se lanzó hacia la nube de polvo. Subaru, que estaba observando desde atrás, no pudo sino mirar completamente estupefacto.

De la nube de polvo surgió el cuerpo de la Zarestia impostora. Le faltaba un brazo y desde el muñón sobresalía un pedazo de hueso, uno de sus ojos se había salido por completo de su órbita y se encontraba colgado de las venas que lo unían al cerebro, justo al lado de su nariz fracturada. Todo su cuerpo estaba bañado en sangre, tenía heridas graves por todo lado y una de sus piernas estaba doblada de una manera antinatural.

Y aun así, el aura de sed de venganza y odio que la rodeaba no había disminuido, todo lo contrario. Con un torbellino sanguinario a su alrededor, la figura avanzó torpemente hacia Subaru. Del clon de Halibel, solo quedaba una nube de cenizas; probablemente había sido alcanzado por una de las ráfagas de viento letal que arremetían contra todo lo que se encontraba en el perímetro alrededor de su invocadora.

"¡Onii-san! ¿Estás bien? ¡Estás lleno de sangre!" Desde atrás suyo, escuchó unos pequeños pasos apresurados acercársele y entonces una vos infantil lo llamó. Sin voltearse del todo hacia ella, la miró de soslayo.

"Mimi, me alegra que llegaras a tiempo." Le dijo con una sonrisa torcida en su rostro, ignorando la pregunta sobre su condición. Mimi, que nuevamente había llegado sin su liger, se colocó a su lado. Se veía exactamente igual que en todas las ocasiones anteriores que fue por él, exceptuando una bolsa de tela que llevaba en su mano. Notando el objeto, Subaru volvió a hablarle. "Veo que trajiste lo que te pedí."

"¡Sí! ¡Aquí tienes, Onii-san! ¿En verdad servirá eso? Perdí mucho tiempo reuniéndolo, tal vez si hubiera llegado un poco antes…" Mimi le dio la bolsa mientras miraba con preocupación a la figura encarnizada que seguía acercándoles lentamente.

"Ya te lo dije… Llegaste justo a tiempo. Así que no te preocupes por eso…" Enfocándose de nuevo en la Oni, Subaru añadió. "No parece que Halibel esté a la vista, probablemente aún no se ha recuperado del todo del ataque de esa Oni; aun así, el tiempo apremia… En ese caso, necesitaré de tu ayuda, Enana. ¿Puedes darme una mano?"

"¿Halibel…?" Murmuró ella, confundida. Aun así, dejó eso de lado y asintió enérgicamente. "¡Ajá! ¡Claro que sí, Onii-san! ¡Mimi prometió que te ayudaría si lo necesitabas, y no piensa romper su palabra." Determinada, Mimi dio un paso al frente, colocándose entre la mujer y él. "Mimi no entiende del todo lo que está pasando, pero dará todo de sí misma para cumplir con tus expectativas."

"¡Genial! En ese caso, necesito que distraigas a esa mujer herida mientras busco una abertura para así poder utilizar lo que me trajiste."

"¡Bien!" La pequeña, sin esperar un segundo más, se lanzó al ataque. La Oni, percatándose de que una vez más sería interrumpida, comenzó a lanzar múltiples ráfagas de viento en su dirección. Ágilmente, Mimi las esquivó y comenzó a rodear a su nuevo objetivo a una distancia segura.

"Ya… Deténgase… ¡Muere! ¡Muere!" Con voz tanto afligida como enfurecida, la destrozada figura femenina lanzó ataques cada vez más desesperados. Las erráticas corrientes de aire golpearon pedazos de calle y edificios, explotándolos en millones de pedazos.

"¡Dona!" Mimi se protegió con una pared de tierra y retrocedió, cambiando de rumbo y acercándose de nuevo a la Oni.

"Basta… basta…. basta… ¡Muere! ¡Muere! ¡Muere!" Cada vez más desesperada, la entidad de muerte y hostilidad siguió lanzando ataques completamente erráticos. Mimi, usando su magia de tierra para cubrirse, se fue acercando lentamente a la mujer. Estaba claro que la Zarestia impostora no soportaría mucho más, y Mimi estaba esperando aprovechar eso. "Mue… re…"

Perdiendo la postura al apoyarse sobre su pie fracturado, la fémina Oni se tropezó. Momento que Mimi aprovechó sin perder tiempo. "¡Al Dona! ¡Subaru Nii-san, ahora!" La tierra bajo los pies de la personación de la sed de sangre explotó, elevándose en el aire, tras lo cual Mimi le indicó a Subaru que esa era su abertura.

"¡De-bo ma-tar…! ¡Mue-re…!" La Oni, protegiéndose con su viento, había evitado la mayoría del daño causado por la explosión de tierra. Con su único ojo funcional, observó a Subaru y se abalanzó sobre él. Mimi, que se había alejado debido a las ráfagas de viento que la rodeaban, estaba demasiado lejos como para poder detenerla; se había confiado, creyendo que su hechizo bastaría para detenerla.

"Dada la situación, parece que yo tendré que encargarme… ¡Yo te daré la oportunidad que estabas buscando, chico!" No obstante, Halibel, que no se había mostrado desde que recibió el ataque de la Oni, apareció justo sobre ella y, con esas palabras, lanzó dos kunais más hacia su espalda. Las dos hojas de acero lograron atravesar ambos pulmones de la mujer, causando que inmediatamente cayera al suelo.

"En ese caso… ¡Toma esto, maldita perra!" Subaru, que había sentido como la sed de venganza, la ira y la desesperación lo carcomían por completo desde hace varios minutos, no desaprovechó la oportunidad y tomó con fuerza la bolsa que Mimi le había llevado; ese era el pequeño favor que le había pedido antes de terminar la llamada a través del metia. Sacó una especie de cilindro metálico de la bolsa y entonces la lanzó hacia donde había caído su enemiga.

"¡Arrrrhggghhh!" Un chillido inhumano provino del mismo lugar que el sonido de decenas de botellas de vidrio quebrándose. "Tráeme varias botellas de licor"; había sido la primera parte del favor. Con fuego ardiendo en su pecho y en lo profundo de sus pupilas, Subaru abrió el cilindro y sacó una pequeña roca que brillaba con un tenue tono naranja. Tomando con fuerza la roca, Subaru estiró su mano y la lanzó en la misma dirección que había lanzado la bolsa. Y entonces su mirada fue consumida por las llamas…

La Piedra de Prana imbuida con maná de fuego usada para dar vida a su reinvención del encendedor, ahora había servido para expresar, de una manera literal, el fuego de odio e ira que habían incinerado su interior desde que murió patéticamente por un ataque de la Zarestia impostora. Ahora, frente a sus ojos, la gravemente lastimada mujer intentaba inútilmente apagar las llamas que la estaban cocinando en vida.

"¡NO! ¡Ma-tar! De... bo… ma… tar…" Si embargo, los ataques de viento que estaba usando, estaban causando el efecto contrario al que ella deseaba.

El viento estaba avivando las llamas que la cubrían, como había hecho con aquellas llamas que ardían en el interior de Subaru, acelerando así su propia muerte. Pasados unos segundos, la figura en llamas dejó de moverse y finalmente permaneció inmóvil, completamente en silencio. El aura de hostilidad y odio que había cubierto el lugar finalmente se desvaneció, y con ella lo hizo la vida de la chica cuyo deseo de venganza se había desvanecido sin conseguir ser cumplido.

"Lo logré… al fin…" Murmuró Subaru, con una sonrisa rota en su sucio rostro. Ahora que había conseguido su objetivo más inmediato, el fuego que había estado ardiendo dentro de su pecho finalmente se apaciguó, liberándolo del entumecimiento que lo había mantenido en pie todo ese tiempo. Sintiendo el cansancio y el dolor regresar de golpe, Subaru cayó al suelo, completamente inconsciente. Había conseguido su objetivo, y eso traía paz a su espíritu; sin importar que ahora había sido corrompido por una nueva mancha de sangre.