No podía dejarlo simplemente ahí sin poner el reencuentro de la familia Lightwood..! Espero aun quieran leer un poco mas.. dividí este en dos capítulos por que me había quedado demasiado largo.. Disfruten..!=D

Goshy: muchas gracias por leer a pesar de que tardé tanto..-.- me alegro que te gustaran los capítulos intensos..! y claro que sigo, no podía simplemente dejarlo ahí.. aquí continua el reencuentro con los Lightwood..! Lo de Magnus.. creo que aun no me decido del todo si cobrará ese favor o no…T.T Gracias por leer..!

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Hogar Parte 1..!

Max había aparecido junto a la escalera, justo al lado de la ventana que había visto durante la proyección de su miedo. Esperaba ver a Magnus, a su familia, pero no había nadie. Si bien la ventana ya no estaba cubierta con tablas, aun así entró en pánico al pensar que podía estar nuevamente en su miedo. Pero entonces escuchó voces provenir de una sala contigua. Pasó saliva pesadamente y avanzó un par de pasos hacia las voces, sonaban amortiguadas debido a la puerta que dividía las habitaciones. Tal vez si solo llamaba para ver quien estaba dentro? Así si era alguien desconocido podría salir de ahí corriendo.

-Mamá?- llamó en voz clara, no lo había dicho muy alto, pero al parecer todos los ocupantes de la otra habitación lo habían escuchado, por que se habían quedado en un silencio profundo. Max se pegó al barandal de la escalera esperando ver quien salía por la puerta.

-Max?!- con solo escuchar la voz era suficiente. Max ni siquiera pudo dar un paso al frente cuando las lagrimas comenzaron a salir de sus ojos furiosamente.

-Mami!- gritó corriendo hacia la persona que acababa de salir de la cocina. Maryse sintió que se ahogaba por un segundo al ver a su hermoso bebé correr hacia ella con el rostro bañado en lagrimas.

-Mi niño!- fue todo lo que pudo decir Maryse antes de soltar el llanto. Se lanzó de rodillas y envolvió a su pequeño hijo entre sus brazos y lo apretó con fuerza.

-Mami! Mamá!- Max lloraba aferrándose a su madre.

-Max- Robert llegó junto a ellos, se arrodilló también y los abrazó a ambos, besando la cabeza de su hijo mientras sollozaba. Izzy ni siquiera pudo pronunciar palabra, ella y Alec corrieron y se unieron al abrazo. La chica abrazando a su mamá y su hermanito y llorando tan fuerte como ellos. Robert extendió su abrazo cuando Alec se pegó a ellos y abrazó también a su hijo mayor. Jace se removía incomodo enseguida de ellos, se moría por abrazar a Max, pero no estaba seguro de si debía, Alec decidió por él. Aun llorando, el ojiazul alargó el brazo y tomó a Jace por la camisa, tirando de él para que se uniera al abrazo. El rubio abrazó a Izzy por la espalda y puso su mano libre sobre la cabeza de Max.

-Pero... como...- Jia miraba con ojos sumamente abiertos a la familia Lightwood abrazando a su pequeño hijo que se suponía estaba muerto. Magnus también los observaba, pero tenía una sonrisa en su rostro, al escuchar a la Consul jadear sorprendida, se giró hacia ella y le hizo una seña para que entraran a la cocina a hablar. Jia les echó una ultima mirada a los Lightwood antes de asentir y seguir a Magnus hacia la otra habitación.

-Max- murmuró Maryse separándose un poco y rompiendo el abrazo, todos se quedaron de rodillas, mirando al niño. Max estaba un poco mas alto, pero aun así era bajito para su edad, y, gracias al entrenamiento con Will, ya no estaba tan flacucho- pero si estas enorme.

-Como te sientes, Max?- preguntó Alec, si bien acababa de revivir tal vez podría dolerle algo. Seguramente se había golpeado cuando huía de Sebastian.

-Me siento bien- respondió el pequeño, las lagrimas no paraban, pero ya no sollozaba y ahora estaba sonriendo.

-Tal vez deberíamos llamar a un Hermano Silencioso para que lo revise- dijo Robert sobando la espalda de su hijo- solo por si acaso.

-Estoy bien, papá, de veras- dijo Max sonriendo ampliamente antes de pegar un brinco y abrazarlo fuertemente. Robert lo atrapó en el aire y lo apretó contra su pecho, besando su cabeza. Maryse se había quedado sentada en el suelo, sollozando sin borrar la sonrisa de su rostro, Alec se había puesto de rodillas junto a su madre y le había pasado un brazo por los hombros.

-Si ni creciste!- exclamó Isabelle haciendo que Max soltara a Robert y se girara hacia ella, parándose de puntillas para ganar más altura.

-Ya tengo once- dijo el pequeño, muy orgulloso de sí mismo. Izzy soltó un sollozo sin dejar de sonreír al recordar esa escena que había ocurrido solo en su mente hacía tantos años. "Tengo nueve. Siempre tendré nueve".

-Aun así estas enano- le dijo la chica envolviéndolo en un abrazo sin darle oportunidad de replicar.

-Alec! Alec, lance una flecha directita a la boca de un demonio!- exclamó Max al ver a Alec junto a su mamá. Se acercó rápidamente dando saltos emocionados frente a su hermano mayor.

-Si, lo vi, fue una brillante idea lo de la estela, Max- le dijo Alec poniéndole una mano sobre el hombro, estando de rodilla el niño quedaba a su altura.

-Lo viste?- preguntó Max confundido.

-Lo vimos todo, la última prueba- le dijo Jace acercándose a él.

-Fuiste muy valiente, cariño- dijo Maryse estirándose para abrazar a su pequeño. Max respondió al abrazo sonrojándose un poco. Eso significaba que su familia había visto su estúpido miedo al rechazo. Pero ninguno mencionó nada. En ese momento, Magnus y Jia salieron de la cocina. Los Lightwood se giraron hacia los recién llegados. Magnus observó el rostro bañado en lagrimas de su Nefilim, se miraba muy feliz, pero las lagrimas no dejaban de salir.

-Magnus me explicó todo lo que pasó- dijo Jia llegando junto a los Lightwood. Maryse besó la mejilla de Max, contenta- estoy de verdad muy feliz por ustedes.

-Max, como te sientes?- preguntó Magnus, el niño levantó la mirada y vio al Brujo.

-Magnus!- exclamó, separándose de su familia y corriendo a abrazarlo. Magnus soltó una risa y lo abrazó de vuelta. Alec sintió que su corazón daba un brinco al verlos. Izzy fue hasta su hermano y le tomó la mano, sonriendo. Jace ayudó a Maryse a ponerse de pie.

-Es bueno volver a verte, vivo- le dijo Magnus una vez que se separaron. Max le sonrió ampliamente.

-Se siente genial- le dijo el niño, Magnus soltó una risa.

-Estas cansado, Max? Quieres recostarte un poco?- le preguntó Maryse atrayendo al niño hacia ella. Max se aferró rápidamente a su madre.

-No, estoy bien- dijo el niño- he estado "durmiendo" por dos años, recuerdas?

-Cierto- dijo Maryse tristemente.

-Llamaré a los Hermanos Silenciosos para que revisen a Max, no se preocupen por nada- les indicó Jia. No quería que la familia se distrajera con otra cosa que no fuera su hijo.

-Muchas gracias, Jia- dijo Maryse, sin soltar a Max en ningún momento, y el niño tampoco se separaría de su madre en todo el rato, era seguro.

-Vamos, esperaremos por los Hermanos Silenciosos en mi casa- dijo Robert dirigiéndose hacia la puerta, Jace e Izzy lo siguieron, Alec fue hacia Magnus y lo tomó del brazo para llevarlo con ellos.

-En tu casa?- preguntó Max, avanzando junto a su madre- tenemos casa en Idris?!

-Tenemos muchas cosas que platicar, hijo- dijo Robert con una sonrisa triste. Los Lightwood salieron de la casa de los Penhallow, dejando a Jia encargarse de llamar a los Hermanos Silenciosos y de convocar a una reunión del Consejo muy temprano por la mañana. La casa del Inquisidor no estaba muy lejos, y no había muchas personas en la calle, y las pocas que estaban ahí no les prestaban atención. Claro, nadie imaginaba que un recién resucitado caminaba entre los Lightwood, y ya estaban acostumbrados a mirar a Magnus en Idris, siendo el representante de los Brujos. Al llegar a la casa del Inquisidor, todos fueron hacia la sala.

-Quieres comer algo, Max?- le preguntó Maryse sentándose en el sillón de tres plazas y sentando a Max junto a ella.

-No tengo hambre, pero podría comer algo- dijo el chico mirando hacia la mesa de al lado y esperando que un plato de galletas apareciera.

-Ya no estás en la dimensión de los demonios, Max- le dijo Magnus como si leyera la mente del chico.

-Oh- dijo Max dándose cuenta de su error.

-Te traeré galletas- dijo Robert dirigiéndose a la cocina.

-Desde cuando tenemos casa en Idris?- preguntó Max levantando la mirada hacia su madre.

-No es propiedad de la familia Lightwood, Max- le respondió la mujer, sintiendo que se le aceleraba el corazón.

-Erm... se pueden rentar las casas en Idris?- preguntó Max, confundido. Alec soltó una risita.

-No lo creo- le respondió- Max, esta es la casa destinada al Inquisidor. Cambia de propietario cada que hay un cambio de Inquisidor.

-Inquisidor?- preguntó Max abriendo mucho los ojos- pero... ustedes dirigían el Instituto.

-Lo sigo haciendo- le dijo Maryse con una sonrisa triste. Max alzó las cejas, no podía ser directora e Inquisidora al mismo tiempo, o si?

-Aquí tienen- dijo Robert dejando un enorme plato con galletas en la mesa de centro. Max, Jace y Magnus se apresuraron a atacar el plato.

-Papá! Eres el Inquisidor?!- saltó Max antes de llenarse la boca con galletas.

-Como?- preguntó Robert.

-Alec dijo que esta es la casa del Inquisidor, pero mamá dice que sigue dirigiendo el Instituto, entonces tu eres Inquisidor?- siguió Max antes de tomar otro puñado de galletas. Magnus y Jace también estaban agarrando y si no comía rápido esos dos se las acabarían.

-Oh, si, exacto, yo soy el Inquisidor- le dijo Robert con una pequeña sonrisa.

-Genial! Desde cuando eres Inquisidor?- preguntó estirando la mano al mismo tiempo que Jace y Magnus para tomar otra galleta, solo quedaban dos. Pero al escuchar la pregunta, los dos mayores se paralizaron dándole oportunidad al niño de tomar las galletas restantes.

-Hace aproximadamente dos años- dijo Robert en voz baja. Max se medio atragantó con las galletas, Izzy le dio golpecitos en la espalda. El niño se recuperó y se aclaró la garganta.

-Entonces, justo después de que yo...

-Quería ayudar a encontrar a Sebastian- lo interrumpió Robert. No quería que lo dijera. No quería que nadie, nunca lo dijera. Su hijo estaba vivo, estaba con ellos y eso era lo que contaba.

-Espera, pero entonces tienes que ir y venir desde Nueva York todos los días?- preguntó Max mirando a sus padres, confundido. Robert pasó saliva pesadamente y Maryse se aclaró la garganta. Todos se quedaron en silencio incomodo.

-Yo... traeré mas galletas- dijo Magnus escabulléndose hacia la cocina.

-Te ayudo- Jace, si bien era de la familia, se sentía demasiado incomodo con esa platica. Y siendo el adoptado tenía excusa para no estar presente.

-Escucha, cariño, tenemos que decirte algo- le dijo Maryse pasándole un brazo por los hombros. Isabelle se puso de pie y fue hacia su hermano mayor, dejando el espacio libre junto a Max para que su papá se sentara.

-Max, tu madre vive en Nueva York y yo vivo aquí- le dijo Robert lentamente. Izzy se abrazó del brazo de Alec, recargando su cabeza en el hombro de su hermano.

-No viven juntos?- preguntó Max aun mas confundido.

-No, no vivimos juntos- le respondió Maryse dándole un apretón en el hombro- cariño, nosotros ya no estamos juntos.

-Ya no están casados?- preguntó Max abriendo mucho los ojos.

-Nos separamos, Max- dijo Robert, no sabía que mas decir, no sabía como explicar eso a su pequeño de once años.

-Pero... por qué? Qué pasó? Cuando?- preguntó Max.

-Cariño, hay cosas que no se pueden evitar- dijo Maryse, en realidad no sabía cómo se lo tomaría el niño.

-Ya no se aman?- preguntó Max, tenía los ojos llenos de lagrimas, pero no lloraría.

-Claro que si- dijo Robert, Maryse asintió- hijo, yo amo a tu madre, pero...

-Un matrimonio es algo muy difícil, Max- le dijo Maryse- el amor es más fuerte que el matrimonio. Tu padre y yo ya no podemos estar casados, pero el amor sigue ahí.

-Fue mi culpa? Fue porque me morí?- preguntó Max con voz entrecortada y soltando un par de lagrimas.

-No, hijo...

-Max...- a Maryse también se le escaparon un par de lagrimas y Robert sintió la garganta seca. No sabían que decirle.

-Max, no tienes porque pensar en eso- dijo Alec, dejando a su hermana y arrodillándose frente a su hermanito- eso fue hace mucho tiempo, no tuviste que pasar por todo el proceso. Olvídalo, no fue culpa de nadie. Nuestra familia sigue unida.

-Pero...

-Max- Isabelle se arrodilló junto a Alec- Alec tiene razón, no tenemos porque buscar un culpable. Lo que pasó fue entre mamá y papá, no tiene que ver con nosotros.

-Se que no puede volver a ser justo como era antes- dijo Max entrecortadamente- pero quiero a mi familia junta.

-Seguimos juntos, cariño- le dijo Maryse.

-Nos amamos y eso es lo que cuenta- dijo Izzy.

-Papá va a Nueva York muchas veces, y nosotros lo visitamos también- siguió Alec con una media sonrisa- no tienes que preocuparte por eso, seguimos siendo una familia.

Max miró a sus padres y hermanos, no se sentía diferente. Ellos seguían amándolo, y amándose entre ellos. Si bien notaría la diferencia una vez estando en Nueva York y no ver a su papá todos los días, entendía que eso había sucedido hacía dos años. Dos años en los que él no había estado. Dos años era mucho tiempo, ya no podría repararse. Lo entendía, y mientras pudiera estar con su familia entonces estaría bien.

Magnus y Jace entraron en la sala nuevamente, Jace con el plato de galletas y Magnus con una charola en la que llevaba un juego de té. Al entrar notaron el silencio incomodo y los ojos llorosos de todos. Se miraron entre ellos, tal vez debieron haberse quedado en la cocina un poco mas de tiempo. Alguien golpeó la puerta suavemente, interrumpiendo el silencio incomodo que se había dado. Magnus, siendo el que se sentía más fuera de lugar, fue rápidamente a responder. Dejó el juego de té en la mesita de centro y fue a abrir la puerta.

-Magnus Bane- escuchó Magnus incluso antes de terminar de abrir la puerta.

-Max esta por aquí- les dijo Magnus a los Hermanos Silenciosos y los dirigió a la sala- llegaron los Hermanos Silenciosos.

-Vamos, Max- Robert se puso de pie y el niño lo siguió.

-Necesitamos que nos den una explicación breve de lo que sucedió- dijo uno de los Hermanos Silenciosos cuando Robert y Max llegaron a su lado.

-Claro, pasemos aquí- dijo Robert abriendo la puerta de su estudio. Los Hermanos Silenciosos entraron después de Max y Robert y la puerta se cerró. Maryse soltó un largo suspiro y ocultó el rostro entre sus manos. Ella y Robert no habían estado bien en años. Ya había superado esa ruptura. Pero tener que explicarle todo a Max le partía el corazón. Izzy se sentó junto a su madre al ver que comenzaba a sollozar.

-Tranquila, mamá- dijo Izzy apretándola en un abrazo- Max va a entenderlo, es inteligente, sabe que es lo correcto.

-Es solo un niño- dijo Maryse entre sollozos- es un pequeño, no debería estar pasando por esto.

-Pero está aquí, mamá- dijo Alec sobándole la espalda- eso es lo importante, Max está con nosotros, no importa como sea, él esta bien.

Maryse levantó la mirada hacia su hijo mayor, estiró la mano y tomó la de Alec y asintió respirando profundamente para calmarse. Su bebé estaba bien, sin importar si la situación era buena o mala, Max estaba de vuelta y eso era en lo que tenía que enfocarse. Media hora después, los Hermanos Silenciosos salieron de la habitación, seguidos por Robert y Max. El niño fue rápidamente hasta el sillón y se sentó junto a su madre.

-No hay nada malo en Maxwell Lightwood- declaró uno de los Hermanos Silenciosos- es un Mundano saludable que posee una Visión bastante poderosa.

-Sin embargo, no podrá ser Nefilim- aclaró el otro- no podrá beber de la Copa Mortal.

-Pero podrá llevar una vida completamente normal?- preguntó Maryse.

-Lo más normal que la vida de un Mundano puede ser en el mundo de las sombras- le respondió- ahora iremos a la casa de la Cónsul Penhallow a decirle que todo está bien.

-Se los agradezco mucho- murmuró Robert acompañándolos a la puerta. Maryse abrazó levemente a Max y este apoyó su cabeza en el regazo de su madre.

-Todo bien, Max?- le preguntó Jace, el niño se acomodó sobre el sillón y Maryse le acarició el cabello.

-Si, pero los Hermanos Silenciosos me dan miedo- murmuró el pequeño antes de bostezar. Sus hermanos soltaron una risa.

-Creo que todos estamos cansados- dijo Alec cruzando los brazos- deberíamos dormir un poco.

-Nos quedaremos aquí hoy- dijo Robert llegando nuevamente a la sala- mañana hablaremos frente al Consejo y les explicaremos que pasó, seguramente querrán ver a Max.

-Sí, tienes razón- fue todo lo que la mujer dijo, acariciando el cabello de su hijo, que seguía recostado en el sillón con su cabeza apoyada en el regazo de su madre. Isabelle tampoco se despegaba de su hermanito, estaba sentada en el suelo junto al sillón, mirando como lentamente el niño se quedaba dormido.

-Solo hay dos habitaciones extra- dijo Robert mirando a sus hijos, pensando cómo se acomodarían, en las habitaciones solo había una cama. Maryse no se separaría de Max, así que ellos se quedarían en una habitación.

-Yo también tengo casa, recuerdan?- dijo Magnus con una sonrisa.

-Cierto- dijo Alec mirando a su novio- la casa de Magnus tiene una habitación extra.

-Nos llevamos a Jace y ustedes se reparten aquí- dijo Magnus pasando un brazo por la cintura de Alec.

-Bien, gracias- dijo Robert asintiendo con la cabeza.

-Debemos llevar a Max a una cama- dijo Maryse, mirando con felicidad a su pequeño hijo dormir plácidamente junto a ella.

-Yo lo haré- dijo Robert con una sonrisa. Izzy se puso de pie y dejó que su padre tomara a Max en brazos, con mucho cuidado para no despertarlo. Robert recordó la última vez que lo había sostenido en brazos y sintió que su corazón le dolía ante el recuerdo. Pero esta vez su Max estaba bien, respiraba y su corazón latía, simplemente estaba profundamente dormido y desparramado como le gustaba. El padre sonrió mirando a su pequeño dormir con la boca abierta.

-Nos vamos entonces- dijo Alec acercándose y acariciando el cabello del niño- volveremos en la mañana.

-De acuerdo- dijo Robert antes de encaminarse hacia las escaleras, con Maryse e Izzy siguiéndolo de cerca.

Alec, Jace y Magnus salieron de la casa del Inquisidor y caminaron por las desiertas calles de Idris. Era cerca de media noche, si había unos cuantos Cazadores de Sombras caminando, pero nadie les prestaba mucha atención. Iban en silencio, los tres demasiado cansados, demasiado abrumados por todo lo que había sucedido como para hacer conversación. Llegaron rápidamente a la casa que le habían dado a Magnus. Era pequeña, pero funcional, además que Magnus podía decorarla como quisiera, y en ese momento parecía estar decorada como una cabaña de descanso a la orilla de un lago.

-La primera habitación es la que me gusta, así que te toca la de atrás- le dijo Magnus a Jace cuando cerraban la puerta.

-Bien, me voy a dormir, ya no puedo mas- dijo el rubio subiendo rápidamente las escaleras.

Alec siguió lentamente a su Parabatai. Magnus miró a su novio, no había dicho nada desde que habían dejado la casa de su padre. Sabía que estaba muy afectado por todo lo que habían presenciado ese día, tal vez si le llevaba algo de té dormiría mejor. Magnus sabía que no habría nada en la cocina, ya que habían llegado sin avisar. La casa usualmente estaba sola cuando él no estaba ahí, así que solo surtían la despensa si Magnus iba a quedarse unos días por alguna reunión del Consejo. Solamente fue a la cocina por una taza, ya aparecería un poco de té para Alec en la habitación. Subió siguiendo a su novio y llegó a tiempo para ver a Jace entrar en la habitación del fondo y cerrar la puerta, Alec ya había entrado a la de ellos.

-Me alegro que todo esto haya terminado- dijo Magnus entrando en su habitación y cerrando la puerta, no se había dado cuenta de lo agotado que estaba- al fin podré dormir tranqui...- Alec lo aprisionó contra la puerta, besándolo profundamente, Magnus no pudo hacer otra cosa mas que gemir- Ale... Alec...

-Te amo- murmuró el Nefilim. Magnus soltó la taza dejando que se rompiera al dar contra el suelo y abrazó al Nefilim por el cuello. Alec tiró del Brujo sin dejar de besarlo para llevarlo a la cama- te amo, te amo tanto...

-Yo también te amo- dijo Magnus antes de que el ojiazul lo lanzara hacia la cama, sentándose a horcajadas sobre él, besando y mordisqueando su cuello- Dios, Alec. Iba a decir que debería revivir a tu hermanito más seguido, pero más le vale no volver a morirse.

-Si, más le vale- rió Alec levantando el rostro para volver a besar a su Brujo en los labios.

-Hey! Las paredes son muy delgadas!- escucharon el grito amortiguado de Jace del otro lado de la pared. Alec se sonrojó y ambos rieron antes de que Magnus tronara los dedos para poner un hechizo silenciador a su alrededor. Ya había ayudado a salvar a un hermano de su novio, no quería ayudar a traumatizar al otro.

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Como Robert había dicho, el Consejo se reunió al día siguiente, Maia y Lily habían llegado mucho antes y Magnus había tenido la oportunidad de ponerlas al corriente. Después de la reunión inicial del consejo y de presentar a Max frente a ellos, en cuestión de una hora, todo Idris se había enterado ya del milagroso regreso del niño Lightwood. Los demás miembros de la familia se habían quedado fuera, solo el Inquisidor se había quedado y había discutido acaloradamente con varios de los miembros presentes, aparentemente no todos estaban de acuerdo con que un niño traído a la vida por un demonio fuera algo bueno. Jia, junto con los representantes Subterráneos, habían mostrado su apoyo a los Lightwood en todo momento.

Los pocos representantes del consejo que se oponían a dejar ir a Max tranquilamente, habían pedido que el niño se quedara en la Ciudad de Hueso hasta probar que no había nada malo en él, su idea había sido descartada antes de que Robert tuviera tiempo de gritarles todos los insultos que se le venían a la mente. Gracias a Raziel, Maryse no había estado presente, ella no se habría podido contener como Robert lo había hecho. Pero Robert no podría controlarse por siempre. Jia le pidió al Inquisidor que saliera, que ella se encargaría del resto. Les aseguraría que Max estaba completamente bien y que simplemente había regresado siendo un Mundano con la Visión. Magnus también le había asegurado que no dejarían que le sucediera nada a Max. Así que Robert dejó todo en manos de Jia y Magnus y volvió con su familia.

-Qué pasó? Qué dijeron?- preguntó Alec al ver a su padre entrar en la habitación donde esperaban. Isabelle y Maryse estaban sentadas una a cada lado de Max mientras que Alec y Jace estaban de pie junto a la ventana. Robert suspiró.

-Debo aceptar que algunos Nefilim son de verdad idiotas- fue todo lo que dijo Robert antes de tomar asiento junto a Izzy.

-Qué fue lo que dijeron?- preguntó Maryse, preocupada.

-Aun no terminan de discutir, pero tenía que salir de ahí antes de terminar cortándole la garganta a alguien- dijo Robert echando la cabeza hacia atrás, recargándola en el respaldo. Maryse e Izzy se miraron preguntándose que habría pasado- dejé a Magnus y Jia encargarse de la discusión. Algunos de los miembros del consejo no querían que Max fuera al Instituto, quieren enviarlo a la Ciudad de Hueso para asegurarse de que no hay nada "demoniaco" en él.

-Pero que...

-Es una estupidez!- saltó Jace.

-Eso fue lo que yo dije- Robert seguía con la cabeza recargada en el respaldo y había cerrado los ojos, intentando calmarse. Se quedaron en silencio un rato, preguntándose que estaría pasando en el salón principal. El saber que Jia los apoyaba los tranquilizaba un poco, y mas sabiendo que también Magnus y el resto de los Subterráneos protegerían a Max. Pero aun así no podían evitar estar nerviosos. Cerca de una hora después, la puerta se abrió y Jia entró por ella.

-Jia?- preguntó Robert poniéndose de pie y yendo hacia la Cónsul, Magnus entró detrás de ella.

-Tenemos buenas y malas noticias- anunció Jia. Los Lightwood palidecieron.

-Que sucede?- Maryse apretó a Max contra ella- si me dices que se llevaran a mi niño a la Ciudad de Hueso, yo...

-No, claro que no, nunca permitiría eso- la interrumpió Jia negando rápidamente con la cabeza. Magnus se acercó a Alec, suspirando- pero si han hecho muchas objeciones que no puedo ignorar.

-Objeciones? Como qué?- preguntó Robert sintiendo como si un balde de agua fría le cayera en la cabeza, tal vez dejar a Jia y Magnus a cargo de la discusión no había sido buena idea.

-Han aceptado que con la revisión de ayer que hicieron los Hermanos Silenciosos sabemos a la perfección que no hay nada de malo con Max- anunció Jia, el pequeño sonrió mirando a su mamá- pero también han metido a discusión algo en lo que desafortunadamente debo darles la razón.

-La razón?- preguntó Robert- nada de lo que esos idiotas digan puede ser la razón!

-Robert, son las reglas, no puedo ignorarlas- siguió Jia mirando al imponente hombre- Max es un Mundano, a pesar de que él no lo deseó así, lo es. Su madre es la directora del Instituto de Nueva York y su padre es el Inquisidor.

-No veo el problema- dijo Maryse, seguía abrazando a su pequeño hijo.

-Maryse, tu vives en un Instituto, y Robert, tu estas aquí en Idris- les informó Jia intentando hacer que los padres entendieran- un Mundano no tiene permitido vivir en ninguno de esos dos sitios.

-Pe... pero...- comenzó Robert, pensando en algún argumento. Los Lightwood entendieron entonces. Max no podía vivir con ellos como Cazador de Sombras. No podía volver a vivir en el Instituto como siempre había sido. De hecho, no debería estar en Idris en ese momento.

-Sed lex, dura lex- dijo Jia antes de soltar un suspiro.

-Bien- dijo Maryse después de unos minutos de silencio- mas vale vayan consiguiendo un nuevo director, si Max no puede estar en el Instituto entonces conseguiré una casa.

-Maryse, espera...

-No, no puedes pedirme que deje a mi bebé fuera de casa, Jia. No es correcto- la interrumpió Maryse.

-Lo que quiero decir es que no tienes porque hacerlo. Magnus encontró una solución al problema- explicó Jia, todas las miradas se dirigieron al Brujo, que seguía de brazos cruzados junto a Alec.

-Max tiene la suerte de que los demonios le dieron la Visión- explicó Magnus- hace mucho, un poco más de un siglo, los Nefilim encargados de los Institutos tenían permitido contratar a Mundanos que tuvieran la Visión para ayudar con las labores domesticas.

-Labores domesticas?- preguntó Alec.

-Si, ya sabes, para que los Nefilim no tuvieran que distraerse haciendo comidas o limpiando las habitaciones- le respondió Magnus encogiéndose de hombros.

-No voy a poner a mi hijo a fregar pisos- dijo Maryse fríamente.

-No me refiero a eso- le dijo Magnus- es una buena coartada para cerrarles la boca a los estúpidos que componen el Consejo.

-Si "contratan" a Max como servicio, entonces podrá vivir en el Instituto sin que ellos puedan hacer nada- dijo Jia, los Lightwood se sintieron un poco más tranquilos al saber que Max se podría quedar con ellos.

-Solo hay un pequeño problema- dijo Magnus haciendo que la esperanza de los Lightwood volviera a caer hasta sus pies.

-Qué?- preguntó Jace.

-Obviamente ninguno de los miembros del consejo ha vivido tanto como Magnus, por lo que ninguno de ellos está familiarizado con esa regla y algunos no lo creen- explicó Jia- de hecho yo también la desconozco, pero confió en Magnus y sé que dice la verdad.

-Por supuesto que dice la verdad!- saltó Alec, Magnus lo miró con una sonrisa.

-Algunos de esos Nefilim no lo creen- le dijo a su ojiazul- y mientras no les mostremos esa regla escrita en algún libro viejo, no dejarán que Max se quede en el Instituto.

-Por el Ángel- murmuró Maryse, por que les hacían las cosas tan difíciles cuando estaban pasando por un momento tan feliz?

-Magnus y yo iremos a la biblioteca justo en este momento a comenzar la búsqueda- dijo Jia, Alec miró a Magnus antes de pasar un brazo por la cintura del Brujo y abrazarlo, agradeciéndole lo que hacía, Magnus devolvió el abrazo- pero saben la cantidad de libros que hay, no es seguro que lo encontremos pronto.

-Yo también buscaré- dijo Robert- ustedes regresen a Nueva York antes de que los demás salten diciendo que Max no puede estar aquí.

-Repito, si no encontramos la regla escrita hoy mismo, Max no podrá quedarse en el Instituto- les dijo Jia claramente- si alguno de los miembros del consejo que se opone a Max llega a enterarse de que se quedó ahí...

-Entonces a dónde iremos?- preguntó Izzy, harta de la situación.

-Max puede quedarse con nosotros mientras encuentran eso- dijo Alec, ante eso Max se giró a mirarlo, confundido.

-No vives en el Instituto?- le preguntó a su hermano mayor, Alec se dio cuenta del pequeño error que había cometido, pero ya era hora de comenzar a explicarle las cosas a su hermanito.

-No, Max, ya no vivo en el Instituto- le respondió Alec, acercándose al sillón e inclinándose para quedar a la altura del pequeño.

-Tienes un departamento para ti?- le preguntó el niño, emocionado.

-Erm... no, tengo un compañero de casa- le dijo Alec con una sonrisa.

-Jace?- dijo Max, le parecía lo mas lógico.

-No, Jace sigue en el Instituto- le dijo Alec.

-Entonces?- Max volvió a lucir confundido.

-Max, tengo algo importante que decirte- le dijo Alec con una pequeña sonrisa- te parece si te quedas esta noche conmigo y hablamos?

-Si! Quiero conocer tu casa- le dijo el niño, emocionado.

-Queda resuelto entonces- dijo Jia asintiendo con la cabeza- Magnus hará un portal para que regresen a Nueva York y después se reunirá con Robert y conmigo para encontrar ese libro.

-Primero tengo que ir a Nueva York- dijo Magnus mirando a Alec, no lo dejaría solo cuando le explicara a su hermanito que ahora tenía novio- tengo que hacer algo importante.

-Bien, de acuerdo, dos portales entonces- dijo Jia antes de girarse y salir- te espero, Robert.

-Haré el portal por aquí- dijo Magnus alejándose un poco hacia la pared contraria a la puerta. Robert asintió y se dirigió a Max, quien ya se había puesto de pie. Los tres hermanos mayores fueron con Magnus esperando que abriera el portal.

-Quédate tranquilo, te prometo que encontraremos ese libro rápidamente, si?- Robert se agachó para quedar a la altura de Max, y puso sus manos sobre sus hombros, sus enormes manos hacían que Max se viera más pequeño aun.

-Y vendrás a Nueva York?- preguntó Max. Aun se sentía mal por que sus padres ya no vivieran juntos, por que ya no estuvieran juntos. Pero entendía que ya habían pasado dos años desde eso, que no solo porque él había regresado todo volvería a ser igual que antes. Ya nada era igual, ni siquiera él mismo.

-Claro que si, en cuento lo tenga, iré a decirte que ya puedes vivir en el Instituto sin problema- le explicó Robert, Max le sonrió.

-Apresúrate a encontrarlo- le dijo antes de inclinarse y abrazar a su papá. Robert envolvió a su hijo con sus brazos y se puso de pie, cargándolo y avanzando hacia el resto de su familia, sin dejar de abrazarlo fuertemente.

-Tengan cuidado- dijo Robert dándole un último apretón a Max y dejándolo sobre el suelo junto a Maryse. Sus tres hijos mayores se despidieron rápidamente con la mano antes de pasar por el portal.

-Adiós, papá, nos vemos mañana- le dijo Max antes de correr siguiendo a sus hermanos. Robert sintió un nudo en la garganta, así que no dijo nada, solo despidió a Max con la mano. Maryse se giró hacia su esposo, mirándolo con ojos cansados y enrojecidos. Robert odiaba verla así, pero sabía que no era la única, todos estaban sufriendo la falta de sueño y las lagrimas constantes. Maryse se adelantó y, para sorpresa de Robert, lo abrazó con fuerza, apoyando su mejilla en su pecho. Robert la abrazó de vuelta rápidamente.

-Encuéntralo rápido para que mi bebé vuelva a casa- murmuró la mujer con el rostro escondido en el pecho de Robert.

-Lo haré- le dijo Robert antes de soltarla. Maryse lo miró una última vez, con lagrimas bajando por sus mejillas y después siguió a sus hijos.

-Vuelvo en unas horas- dijo Magnus dando unos pasos para seguir a Maryse.

-Irá bien- dijo Robert, y Magnus se giró y lo miró sin entender- se que irás por que Alec le va a decir a Max que está saliendo contigo. Y todo irá bien, Max no es un idiota, como yo.

-Es bueno saberlo- dijo Magnus sonriéndole al padre Lightwood antes de darse la vuelta y desaparecer por el portal. Una vez que el portal se cerró, Robert dejó escapar un suspiro y se talló fuertemente el rostro con las manos, para despejarse. Había pensado que cuando la competencia de los demonios terminara todo estaría mejor, pero el estrés aun no terminaba, y ya estaba cansado de ver a su familia sufrir. Se apresuró a salir de la habitación para encontrarse con Jia y comenzar a buscar esa estúpida regla y poder darle a Max su hogar de vuelta.

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A pesar de que el final sonaba feliz.. aun no termina el drama para la familia Lightwood, como era de esperarse siempre la Clave complica demasiado las cosas..-.- el siguiente capítulo planeo que sea el ultimo.. muchas gracias..!=D