Capítulo 11: Un lazo inquebrantable


Nota de autor:

A paso de tortuga, pero finalmente traigo otro capítulo (curiosamente, capítulo 11 para el mes 11 del año). Me gustaría pensar que a partir de ahora publicaré un capítulo por mes, pero en vez de prometerles una fecha, les prometo que eventualmente terminaré esta historia.

Espero los que aún me leen, y todos en esta gigantesca comunidad, se encuentren bien. En el 2020 el concepto de "estar bien" se ha visto limitado a tener buena salud y tener un trabajo. Espero, por lo menos, estén en ese nivel de "bien". Espero, también, que pronto estemos todos mejor. Mucho mejor.

Ahora, les dejo este capítulo (…con mi primer 'lemon' -.-)


"Debes dejar de hacer eso, Li" – la inesperada presencia de Kero a la salida del cuarto de Sakura casi mata de un susto al joven hechicero.

"¡Maldición, Keroberos!" –Llevándose una mano al pecho y apretándolo con fuerza, Shaoran procuró recuperar el ritmo normal en el latir de su corazón – "¡¿Estás buscando causarme un ataque cardiaco?!"

El guardián alado cruzó sus pequeños brazos y frunció el ceño – "Si no estuvieras tan exhausto y distraído, podrías haber notado mi presencia."

Decidido a ignorarlo, Shaoran se dirigió a su cuarto. Sin embargo, Kero lo siguió de cerca y entró con él. Exasperado, el joven lo miró con algo de hostilidad. Eran las 10 de la noche y lo único que quería era dormir – "¿Se te ofrece algo o es que solo quieres irritarme esta noche?"

"Ya te lo dije, debes dejar de hacer eso." – repitió el guardián sentándose sobre la cómoda del cuarto. Parecía no tener intención de irse a ningún lado.

Shaoran entrecerró sus ojos con sospecha – "¿Dejar de hacer qué?"

"Sabes a lo que me refiero. Deja de hacerlo. Fue suficiente con los primeros días. Ya no es necesario."

Shaoran le dio la espalda, abriendo el closet y buscando una camiseta nueva para dormir. La que tenía estaba húmeda por el sudor producto de su reciente esfuerzo. – "Lo necesita, Keroberos, lo sabes."

Kero sobrevoló cerca de Li, para verle la cara. Algo en el tono de voz del muchacho le decía que él mismo no estaba seguro de su afirmación. "¿De verdad, lo crees? Lo que estas haciendo es acostumbrarla a depender de ti, mocoso. No le permites a su cuerpo que sane por si mismo. ¿Qué va a pasar cuando no puedas ayudarla?"

Shaoran se rehusó a mirar al guardián. Le irritaba su interrogatorio y en el fondo temía que tuviera la razón. Testarudo como era, no pensaba dársela. – "NO voy a dejar de ayudarla. Y deja de llamarme mocoso."

"Estoy hablando en serio, Shaoran."

La piel en la espalda de Shaoran se erizó al sentir la tensa energía emanar del pequeño guardián. Podría estar usando su identidad alterna, pero sería un error olvidar que clase de magia se ocultaba detrás de su inocente apariencia.

"Keroberos…"

El guardián lo interrumpió levantando una de sus pequeñas patas. - "Llevas casi diez días sanándola por las noches. Sales de su cuarto completamente exhausto. Al día siguiente despiertas antes que los demás y buscas requilibrar tu energía en contacto con la naturaleza. La entrenas durante la mañana, para luego caer exhausto y dormir durante la tarde mientras Sakura está conmigo. Ella no se da cuenta, está demasiado ocupada, pero yo sí. Procuras despertar antes de que ella termine su sesión de estudio, preparas la cena y luego esperas a que duerma, para repetir todo de nuevo."

Shaoran finalmente se atrevió a observarlo. La mirada altiva con la que siempre veía a Kero se había transmutado a una mirada cautelosa y algo inquieta. No le gustaba para nada la dirección que había tomado esa conversación.

"¿Crees que no me doy cuenta? Estás atentando con tu propia salud. No puedes mantener este ritmo y pretender que estarás bien" – sentenció Keroberos finalmente.

Algo cambió en la mirada del joven, dándole un aire de resignación que no se molestó en ocultar – "Si ella está bien, eso es todo lo que importa."

Kero negó un par de veces antes de hablar – "Estás muy equivocado. No tienes ni idea de lo que le pasaría si tú mueres, chico."

Sintiéndose repentinamente débil, Shaoran se sentó en su cama. Estaba odiando cada segundo de esa conversación.

Al notar su silencio, Kero prosiguió – "Eres su persona especial. ¿Lo sabes, cierto? Eso no ha cambiado, Shaoran."

Llevando las manos a su rostro, Shaoran se restregó la cara con fuerza, como buscando sentirse menos cansado. El esfuerzo fue en vano, la tenue luz de la lámpara en la mesa de noche le hacía ver su cara más angulada y sus ojeras más prominentes. – "No puedo estar con ella, Keroberos."

Ver a Li Shaoran, un hombre de imponente presencia y magníficos poderes, quedar reducido a un desesperanzado joven, le recordó al guardián que el muchacho había sido obligado a cargar con responsabilidades mucho más pesadas que las esperadas por alguien de su edad. Alguien que no tuvo una niñez o juventud para sentirse libre. Alguien a quien, por razones que aún desconocía, se le había pedido más de lo que podía dar. Si no se detenía pronto, el espíritu de Shaoran se fracturaría a tal punto de no poder ser reparado de nuevo.

Kero tragó en seco. Por el bien de su ama no podría permitirlo.

"No sé por qué no puedes estar con ella. No creo que sea lo correcto. Pero, si es lo que crees que debes hacer, entonces debes permitirle ser más independiente de tu ayuda. Todo lo que estás haciendo ahora es acostumbrarla a recibir ayuda externa. Estás reforzando su lazo mágico contigo, aunque ella aún no lo note."

Shaoran se apretó ambas rodillas con las manos. Se notaba que intentaba resolver un conflicto interno. Finalmente lo miró de nuevo – "¿Crees que sea lo correcto? Va a sentir el agudo peso de su entrenamiento. Podría hacerse daño y entonces yo-"

Kero posó una de sus patas sobre el hombro izquierdo del joven – "Si no la dejas caer, ¿cómo aprenderá a levantarse?"

Shaoran miró hacia la nada, sopesando las palabras del guardián. Finalmente, aunque con algo de duda, asintió una vez. Era difícil dejarla cargar con todo el peso de su entrenamiento, más aún cuando cada fibra en el cuerpo de Shaoran le rogaba protegerla.

Keroberos sonrió con pesar. Era una verdadera tragedia ver al líder del Clan Li negarse la posibilidad de ser feliz. Sabía que, de estar juntos, ambos hechiceros no sólo incrementarían sus poderes, sino que su amor no conocería límites.


'Hola! No me encuentro disponible en este momento, por favor, deja un mensaje. ¡Gracias!'

Frunciendo el ceño, Eriol canceló la que sería su tercera llamada a Tomoyo en esa semana. La primera vez, había pensado que tal vez tendría el celular descargado, aunque conocía que la pelinegra jamás estaba muy lejos de su móvil. La segunda vez, quiso convencerse de que la señal estaba caída. La tercera vez, bueno, tal vez tendría que captar la indirecta.

¿Y si Tomoyo finalmente había decidido cortar todo lazo con él?

Eriol tragó en seco y miró el atardecer desde el gran ventanal de la sala principal. Allí, rodeado de todos los lujos que alguien podría pedir, viviendo en una de las capitales más importantes del planeta, de repente se sintió completamente solo.

Se sintió tentado a llamar a Sakura. Ella de seguro podría decirle donde se encontraba Tomoyo. Sin embargo, desechó esa idea casi al instante. Sabía que la dueña de las cartas no conocía de la otrora relación entre él y su prima. Llamarla a preguntarle por Tomoyo despertaría la curiosidad de la joven, incluso si normalmente no era de las que notaran esos detalles.

Mordiéndose los labios, el hechicero apretó su celular, sintiendo la fuerza de su magia fluir desde su mano. El calor intenso le dolía, pero también le ayudaba a canalizar su frustración. Tras unos instantes, lanzó en inservible aparato contra una pared, escuchando el ruido estrepitoso hacer eco en la habitación.

Casi al instante, Nakuru abrió la puerta, llevando consigo una bandeja con té y pastelillos. – "¿Qué ha sido ese ruido, Eriol?"

Spinelsun, quien había estado observando a su amo desde el cómodo sillón rojo ubicado al lado de la chimenea, sobrevoló a su lado – "Alguien necesitará un nuevo celular."

Eriol se volteó a mirar a sus guardianes, de nuevo mostrando en su rostro un semblante tranquilo. Si había alguien más experto en ocultar sus emociones, aún no lo había conocido. La sensación de frustración e impotencia que había sentido tan solo hacía minutos, yacía ahora oculta tras su misteriosa mirada e intrigante sonrisa. Una permanente máscara que ocultaba cualquier sentimiento de todo aquel que lo rodeara. De todos, excepto de una sola persona capaz de mirar más allá de la ilusión.

Y ella había decidido sacarlo permanentemente de su vida.

"Nakuru, gracias por preparar el té. Me vendría muy bien una taza en estos momentos" – con suma cortesía, producto de su educación a la vieja usanza inglesa, sirvió las bebidas para sus dos acompañantes y para él, luego sentándose en el sillón rojo.

Siempre suspicaz, Nakuru se recostó perezosamente en el sofá, mirando a Eriol inquisitivamente. Si bien el joven no daba señal alguna de su molestia, la realidad era que había lanzado su celular contra la pared. Los restos del destrozado aparato yacían regados sobre la alfombra persa que decoraba la estancia.

"¿Mala señal, amo Eriol? No se preocupe, me aseguraré de que mañana mismo tenga un nuevo teléfono." – sonriendo ligeramente, bebió un poco más de su té sin dejar de mirar al inglés.

Decidiendo ignorar el tonó de voz de la guardiana, Eriol tomó uno de los pastelillos de la bandeja. – "Te lo agradezco. Eres siempre tan considerada."

Ampliando su sonrisa, la joven se acomodó mejor en el sofá, sentándose e inclinándose un poco más hacia la mesa. – "Aunque, si lo que quiere es saber dónde se encuentra la señorita Daidouji, tal vez yo pueda ayudarlo."

"Nakuru…" – El susurro de Spinelsun fue lo único que se escuchó en la sala.

El calmado semblante de Eriol desapareció por un instante, quedándose con la taza de té en sus manos a mitad de camino. – "¿Qué dices?"

Spinelsun negó con su cabeza, no gustándole para nada lo que sabía que vendría a continuación.

"La ha estado llamando porque le preocupa, ¿cierto?" – Levantándose del sofá, la joven comenzó a caminar hacia la ventana – "Aunque todo parece indicar que el portal de Londres es el más activo en estos momentos, lo que sucede con Sakura y sus cartas le inquieta mucho. Más aun sabiendo que Tomoyo está muy cerca de ella."

Eriol depositó su taza sobre la mesa, intrigado por lo que su guardiana le decía. Tal vez él no era tan bueno como pensaba a la hora de ocultar sus emociones.

"Sé que nos dijo que no debíamos mantener comunicación con ella." – Nakuru vaciló en continuar – "Nos hizo prometer que no habría ningún vínculo entre nosotros, de forma que, si algo nos llegase a suceder, no pudieran llegar a ella a través de sus guardianes."

Eriol se inclinó en su sillón, dejando sus codos reposar sobre sus rodillas – "¿Qué hiciste, Nakuru?"

La guardiana apretó los ojos antes de hablar. Había ignorado una orden directa de su amo, pero lo había hecho porque en el fondo sentía que era lo correcto. – "Un hechizo de transmisión."

Había sido algo muy complejo, pero estaba segura de que había cubierto muy bien su rastro. Nakuru había imbuido el hechizo en un precioso anillo con una piedra de amatista, el cual le regaló a Tomoyo antes de su partida. Le hizo prometer que siempre lo llevaría consigo, sin importar lo que pasara. La guardiana se había asegurado de que la joya no emitiera ningún tipo de firma mágica, cubriéndola con un hechizo de protección. Le había costado mucha energía, sin mencionar que también tuvo que usar un par de cartas de Eriol en el proceso. Aún así, no se arrepentía de haberlo hecho.

El silencio en la sala se vio interrumpido por el súbito movimiento de Eriol, quien se dirigió directamente hacia ella con renovado ánimo – "Muéstrame dónde está."

Nakuro, quien había aguantado la respiración desde que hizo su confesión, sonrió ampliamente. –"Te lo dije, Spi. Al final le iba a gustar la idea."

El guardián alado resopló con molestia – "Nadie sigue las reglas en esta casa."


Shaoran golpeó el piso dos veces con la mano que tenía libre, señalándole a Sakura que debía soltar su agarre. – "Mejor, mucho mejor" – le indicó poniéndose de pie mientras sobaba su antebrazo con cuidado. La verdad en es que la dueña de las cartas estaba mejorando su técnica considerablemente, al punto en el que Shaoran comenzaba a sentir el dolor en sus extremidades.

La sonrisa presumida de Sakura se hacía notar. En entrenamiento de aquella mañana estaba saliendo mejor de lo esperado. Al menos había conseguido derribar a Shaoran en dos ocasiones, y eso lo consideraba un rotundo éxito. – "Creo que vas a necesitar una pastilla para el dolor, Li-sensei. Tengo unas muy buenas que te dejarán como nuevo mañana."

Shaoran se volteó a mirarla, enarcando una de sus cejas con algo de sospecha. – "Ah, ¿sí? ¿Son así de buenas?"

"Las mejores" – respondió la joven, comenzando a recoger las colchonetas que cubrían el piso de la sala. – "Amaneces sin ningún dolor. ¿Cómo crees que he podido soportar tus desalmados entrenamientos?"

El chino abrió y cerró la boca un par de veces, no pudiendo creer lo que escuchaba. – "Gracias, pero no creo que necesite una todavía" – ¿Realmente ignoraba ella lo que él había estado haciendo todas las noches?

Sakura depositó la última de las colchonetas sobre una pila a un lado de la sala. – "Bueno, cuando las necesites, solo dímelo" – Miró a Shaoran atentamente, pero nada en su manera de actuar le daba pistas sobre lo que estaba pensando.

El hechicero asintió y sin más, se dirigió hacia su habitación, aún tocándose el brazo lastimado.

Sakura frunció el ceño pensativamente. No estaba segura de lo que había esperado que Shaoran respondiera, pero no se quedaba contenta con lo que le había dicho. Algo en ella le decía que no era posible que todas las mañanas despertara como nueva, tan solo con haber tomado un analgésico y haber dormido durante la noche. No era normal, pero tampoco tenía claro cómo podría recuperarse tan rápidamente.

¿Serían sus propias capacidades o Shaoran estaría involucrado de alguna manera? ¿Cómo podría comprobarlo cuando perdía la consciencia en el instante en que su cabeza tocaba la almohada?

En el fondo, la actitud de aquel hombre la molestaba. Haciendo un breve recuento de sus días en la cabaña de Tomoyo, Sakura sólo podía recordar estar entrenando, discutiendo con Shaoran sobre su entrenamiento o nivel de magia, sentir un enorme cansancio, y discutir aún más con el líder del Clan Li. Había tenido muy pocas ocasiones para hablar con él sobre algún otro tema que no fuera magia. No compartían ningún otro aspecto de sus vidas y en los escasos instantes en los que Shaoran parecía abrirse un poco, de inmediato generaba una distancia entre los dos, arruinando cualquier posibilidad de mejorar su relacionamiento.

Y ni hablar de lo que obviaba decirle. Sakura Kinomoto podría no ser la más observadora, pero no era ingenua. Shaoran le ocultaba cosas. Cada vez que hablaban sobre los extraños sucesos de las últimas semanas, era como si el hechicero se apegase a un estricto guion del cual no se alejaba. Lo mismo sucedía en los pocos momentos en los que le preguntaba por su vida en Hong Kong, su rol como hechicero y su trabajo en el conglomerado de su familia. Todo era una extraña incógnita.

Aquellos interrogantes la acompañaron durante el resto del día, incluso mientras practicaba sus conjuros con Kero. La ausencia de Shaoran durante la cena reforzó aún más su inquietud, pero prefirió dejar el tema de lado. El cansancio del día comenzaba a hacer mella y la idea de dormir y recuperarse era lo único en su cabeza al llegar a su habitación.

11:51 - Li Meiling: ¿Estás?

11:53 - Li Xiao Lang: ¿Qué haces despierta a esta hora?

11:53 - Li Meiling: El bebé está pateando. No puedo dormir.

11:54 - Li Xiao Lang: Cómo se nota que será igualito a ti.

11:54 - Li Meiling: … agradece que no estoy allá para patearte.

11:54 - Li Xiao Lang: ¿Si ves?

11:54 - Li Meiling: Eres insufrible.

11:56 - Li Meiling: Clow tenía familia.

11:57 - Li Xiao Lang: Eso ya lo sabíamos

11:57 - Li Meiling: … Además de sus padres, sabelotodo.

11:58 - Li Xiao Lang: En serio?

11:58 - Li Xiao Lang: llamada entrante

- ¿Por qué llamas a esta hora? – aunque susurraba, Meiling no ocultaba su irritación – "Cheng ya está dormido y estoy leyendo en la cama."

- ¿Qué otra familia tenía? – A Shaoran poco le importaba despertar a toda la casa de Meiling. Algo le decía que aquel descubrimiento sobre el pasado de Clow les ayudaría a entender lo que estaba pasando.

En el fondo, pudo escuchar a Meiling hablar con su esposo, prometiéndole colgar la llamada pronto –"Una tía del lado de su padre. Al parece ésta había cortado los lazos con la familia Reed más de una década antes de su muerte ¿Podemos hablar de esto mañana?"

Ignorando completamente a su prima, Shaoran continuó con su interrogatorio –"Eso explica cómo es que no sabíamos de ella. ¿Cómo supiste que existía?"

- "Leyendo obituarios de los Reed. El del abuelo de Clow decía que le sobrevivía su esposa y dos hijos. Arthur, su padre, y Victoria, su-"

- "Tía desaparecida" – Shaoran se sentó en su cama, completamente despierto de nuevo.

- "Correcto, Sherlock" - estaba casi seguro que Meiling estaba sonriendo del otro lado de la línea. – "Ahora, si me lo permites, voy a colgar antes de que me pidan el divorcio. Revisaré lo que más pueda mañana. Ve a dormir."

"Averigua si tuvo descendientes, Mei. Podríamos estar hablando de toda una generación de usuarios de magia que ha pasado desapercibida."

"Lo haré. Descansa." – a pesar de susurrarlo, Meiling se aseguró de hacerlo sonar como una orden.

Shaoran esbozó una tenue sonrisa. Sin importar la distancia, su prima siempre buscaba apoyarlo en todo lo que le era humanamente posible. – "Lo haré, Mei."

Tras depositar el celular en la mesa de noche, Xiao Lang apagó la luz, pero no pudo conciliar el sueño. No se sentía agotado como tal, al menos no como en las noches pasadas. Sin embagro, el poder acostarse en su cama sin sentirse drenado de energía le daba vía libre a toda suerte de pensamientos que normalmente quedaban sepultados por el cansancio. En medio de la oscuridad, finalmente comprendió que Sakura no sólo se había apropiado de sus sentimientos, sino que también le había robado la tranquilidad.

O al menos la ilusión de tranquilidad – pensó para si.

Una luna creciente se asomaba por su ventana, bañando la habitación con su pálida luz. Xiao Lang cerró sus ojos y se permitió disfrutar alquel silencioso momento de comunión entre él y el astro regente de sus poderes mágicos. La luna siempre lo había fascinado desde niño. Aunque ya no lo hacía tan a menudo, había sido su costumbre el salir de su cuarto en medio de la madrugada para recostarse sobre la fresca hierba en el Jardín privado de su madre y observar la luna llena. Tras un día agitado, lleno de entrenamientos, lecciones, jornadas interminables de estudio y reuniones familiares, anhelaba ese íntimo momento que le permitía sentirse libre en medio de todas sus responsabilidades.

Le permitía recordarla, en medio de su soledad. De imaginarla, sonriendo y mirándolo con aquellas orbes verdes que lo dejaban sin habla. Un profundo sentimiento de melancolía le invadía en aquellos momentos en los que su recuerdo era demasiado abrumador, pero entonces respiraba profundo y se recordaba que ella estaba a salvo mientras él se mantuviera fuera de su camino. Sin Shaoran en su vida, no habría posibilidad de que se cumpliera la premonición de su madre.

Cuán equivocado estaba. Cuánto tiempo perdió manteniéndose lejos de ella, perdiendo su amor y su confianza. Todo lo sacrificado había resultado en vano, pues ahora él estaba de nuevo en su vida, dejándo que ella se le metiera aún más en el corazón. Cuánto más podría soportar antes de sucumbir ante sus deseos de abrazarla, de besarla, de hacerla suya… mostrarle cuán profundamente la amaba.

La pregunta de Eriol volvió a resonar en su mente - "¿No sería mejor vivir una vida llena de amor a su lado, por más corta que fuese, que ponerse en el suplicio en el que ha estado todo este tiempo?"

Vivir una vida llena de amor hasta que ella muriese en sus brazos.

No. Shaoran haría todo por evitarlo. O al menos eso se repitió antes de quedarse dormido.


No había querido despertarse tan temprano, pero el dolor en su espalda y su hombro izquierdo había sido suficiente como para sacarla de su reparador sueño. Había intentado volver a dormir sin poder conseguirlo, y por último había optado por abrir los ojos solo para ver que el reloj en la mesa de noche marcaba las 5:20 de la mañana.

-Dios, siento que como si me hubiera arrollado un tren- pensó mientras estiraba sus músculos con cuidado. Las pastillas que normalmente funcionaban todas las noches hoy parecían haberle fallado, y de qué manera.

Sentándose con cuidado, Sakura recordó inmediatamente el último intercambio que tuvo con Shaoran el día anterior. Aquella conversación donde había hablado de la 'cualidad milagrosa' de sus analgésicos. Nuevamente se preguntó si habían sido sus medicamentos los que garantizaban su pronta mejoría, o si habría algo más detrás.

Frunciendo el ceño, la joven decidió levantarse muy a pesar del cansancio físico que sentía. Había algo dentro de ella que no resonaba igual. Una carencia que no podía identificar pero que la hacía sentir fría. No podía explicar la sensación en una frase coherente, pero su instinto le decía que Shaoran tendría algo que ver. Era como si le hicieran falta solo algunas piezas para revolver un rompecabezas, y el joven chino fuese quien las tendría consigo.

Tenía que hablar con Shaoran. Interrogarlo hasta el punto en el que finalmente consiguiera la información que ocultaba con tanto ahínco. El único gran problema era la inhabilidad de Sakura para conectar con él. Aquella confianza y vínculo que los unía de jóvenes se había perdido con el tiempo. En algún momento llegó a pensar que Shaoran era alguien con quien podría hablar de cualquier cosa, pero ahora sus interacciones no pasaban de un plano cordial. Había un nivel de artificialidad que, aunque en parte era entendible después de tanto tiempo sin hablarse, no por ello dejaba de ser menos asfixiante.

- "Tomoyo, si estuvieras aquí seguro me dirías qué es lo que debo hacer"- pensó mientras habría la puerta de su balcón y salía a apreciar su vista al mar. Pronto amanecería e iniciaría un día más de entrenamiento junto a la persona que se había adueñado hace mucho de sus sentimientos.

Apenas cuando los primeros rayos del sol se asomaban por el horizonte, lo vio regresar trotando. Parecía regresar de una carrera y se preguntó a qué hora inhumana se habría despertado para salir a correr. Había parado justo frente al la casa y le daba la espada mientras él también miraba el amanecer. La luz era la suficiente como para delinear su figura y Sakura no pudo evitar contener la respiración ante la vista. Se veía espléndido, fuerte y lleno de vitalidad. El sol naranja del amanecer iluminaba su piel y sacaba destellos de los mechones desordenados de su cabello. Aunque no le veía el rostro, Sakura pudo imaginar perfectamente cómo ámbar de sus ojos reflejaría el Sol en ellos. Dios… era hermoso.

La joven sintió su corazón saltar un latido al ver a Shaoran quitarse sus zapatillas de correr y su ropa. Parecía tener la total intención de nadar desnudo en el mar y aquella imagen se quemaría en la memoria de la dueña de las cartas. Con su corazón latiendo con fuerza inusitada, Sakura no daba crédito a lo que estaba viendo, sintiendo su piel arder mientras seguía con la mirada el cuerpo de aquel hombre que poco a poco se adentraba en el mar.

Súbitamente se sintió pesada y con ganas de tomar un asiento. Era claro que sentía una incontrolable atracción por Shaoran, pero mas allá de lo físico le asustaba la respuesta de su propia energía mágica. Algo la jalaba hacia él, le rogaba tocarlo y fundirse en su abrazo. Había sentido el poder de la atracción física en un puñado de ocasiones; sin embargo, la respuesta de su cuerpo ante la imagen desnuda de Shaoran le generaba una sensación de absoluta necesidad. Podía sentir su energía mágica agitarse y recorrer sus venas de una forma que le robaba la respiración.

Cuando Shaoran salió de la playa Sakura ya no estaba en el balcón. La joven había decidido alejarse después de que su cuerpo se perdió bajo el agua. Algo dentro de ella moría de miedo al pensar en lo que podía pasar si se dejaba llevar por sus impulsos. Si la distancia física y mental entre Shaoran y ella se acortaba hasta un punto de no retorno.


La encontró sentada en posición de flor de loto cuando entró a la sala de la planta baja. Podía sentir la energía de la joven inundando el lugar, y con algo de sorpresa pudo también percibir que le costaba trabajo controlarla. Tras casi dos semanas de intenso entrenamiento, no esperaba que la dueña de las cartas continuara teniendo ese tipo de problemas. Sin embargo, no alcanzó a decir una palabra cuando Sakura abrió los ojos y se volvió a mirarle.

Sus ojos verdes se mostraban insondables, aunque la manera en la que enderezó los hombros y empuñó las manos le dio a entender que estaba algo a la defensiva. Tal vez estaría molesta por ver su meditación interrumpida, pero bien sabía que era la hora de entrenar.

-"Lista para hoy?" – Shaoran intentó asumir una postura mas relajada, a pesar de continuar sintiendo el desesquilibrio energético en Sakura. Tal vez no debió dejar de ayudarla en las noches, a pesar del consejo de Kero. ¿Debería tomarlo con más calma en el entrenamiento de hoy? Se preguntó mientras se dirigía a tomar las colchonetas que estaban en una esquina de la sala.

"Shaoran, escucha, creo que debo tomar una pausa hoy" – la acartonada voz de Sakura le llamó la atención, tanto como su inusual nivel de agresividad. Al voltear a verla, la encontró de pie lo más alejada de él posible. Estaría a un par de pasos de salir de la sala.

Lo que faltaba, ahora su presencia la exasperaba. La falta de tacto en su petición solo consiguió enojar a Shaoran, quien ya tenía bastantes problemas controlando sus propias emociones. - "¿Cómo? ¿Quién hablo de pausa?" - indagó levantando una de sus cejas.

La mirada de Sakura se desvió a la parte del pecho de Shaoran que se asomaba entre la solapa de su Gi. Mientras que ella usaba su uniforme con una camisilla deportiva debajo, Shaoran acostumbraba a no usar nada debajo del grueso saco del uniforme. Ver su piel desnuda, por muy poco que fuera, trajo a su mente el recuerdo de aquella mañana y se sonrojó un poco. Ahí estaba frente a ella con su cabello húmero y su rostro recién afeitado. Sin embargo, se le notaban los ojos cansados. ¿Por qué despertarse tan temprano y obligarse a correr cuando estaba cansado? ¿Por qué insistía en entrenar ese día si también se notaba que él necesitaba una pausa?

Sakura esquivó su mirada, sintiendo aún más inquieta que antes -"Vamos… solo un día no va a hacer mucha diferencia" - trató de negociar.

Shaoran frunció el ceño ligeramente - "Lo dices porque estás cansada. ¿Te duele algo?" - increpó acercándose un poco.

Sakura retrocedió un poco, tratando de mantener la distancia -"Yo… no. Es decir, no estoy cansada como tal…" – respondió con nerviosismo, perturbada al sentir a Shaoran más cerca. Podía sentir como la energía comenzaba a vibrar sobre su piel y temía que pronto no podría ocultarle su estado. - "Es solo que llevamos dos semanas en esto. Yo... yo creo que sería bueno tomar un descanso. Tan sólo un día. Tal vez hacer otra cosa" - necesitaba alejarse de Shaoran así fuera por veinticuatro horas. Un viaje al pueblo cercano no le haría nada más.

Shaoran bufó fingiendo estar entretenido - "Hacer otra cosa? como ¿qué, Sakura? ¿Salir a caminar por la playa? ¿Tomar el sol y leer un libro mientras el cielo se cae a pedazos? ¿Qué crees? que estas son unas jodidas vacaciones de verano ¿o qué?

A pesar de intentar retroceder un par de pasos más, Sakura solo consiguió quedar pegada contra la pared, mientras el joven chino avanzó hacia ella. "No, Shaoran, no son unas jodidas vacaciones" - refutó repitiendo sus palabras y dejando de un lado la ansiedad para remplazarla por enojo - "pero no soy una máquina. Necesito algo de tiempo. ¡Estoy haciendo progresos, por Dios! Hasta Keroberos acordó en dejarme descansar hoy. Solo cre-"

"Pues Keroberos no es el que manda en tu entrenamiento físico"- interrumpió el joven de ojos ámbar, tomándola por un brazo - "aquí el que dice que debes hacer soy yo" - dijo con voz profunda y demandante.

Sakura abrió sus ojos con sorpresa, no solo por sentir el agarre de Shaoran, sino por percibir la onda energética que emanaba de él. No entendía de dónde venía tan mala actitud y no podía creer que la solicitud de un día para descansar fuera algo tan descabellado. Li Shaoran no tenia derecho de mandar en ningún aspecto de su vida. Ella era quien ponía las reglas. Ella.

Se aseguró de mirarlo directamente a los ojos. No le iba a demostrar un ápice de miedo. - "Suéltame" - dijo en tono bajo pero amenazador.

Shaoran la acercó más hacia él - "Entonces pelea" – murmuró aguzando la mirada

Sakura intentó jalar su brazo, pero el agarre de su instructor era de hierro. - "¡Suéltame!" - exclamó con más fuerza, pero el joven se rehusaba a dejarla ir. Por el contrario, apretó un poco más su brazo. - "Pelea" - repitió entre dientes

"¿Qué demonios te pasa?" - increpó Sakura

"Si tanto crees que mereces un día de descanso, ha de ser porque ya eres una experta. Entonces, muéstramelo. Enséñame que es lo que tanto has aprendido" – señaló para luego soltarla bruscamente. Sin esperar su respuesta, en un ágil movimiento le golpeó en el plexo solar con la palma de su mano. Sakura cayó sentada, sintiendo el aire escapando de sus pulmones.

Completamente sorprendida por aquel ataque y adolorida, lo miró confundida, pero Shaoran no daba señas de arrepentirse de haberla atacado.

Continuaba mostrándose serio y a la defensiva - "Levántate y pelea. Muéstrame lo que sabes" - le dijo duramente, haciendo señas con una de sus manos para que se levantara.

Sintiendo aún el golpe en su pecho, Sakura apenas había conseguido ponerse de pie cuando Shaoran inició de nuevo su ataque. Esta vez su puño pasó cerca de ella, pero no la tocó. Sakura sintió la rabia correr por sus venas ante lo que consideraba un comportamiento irracional y agresivo, y aquello fue todo lo que necesitó para finalmente responder con sus propios puños.

El combate había iniciado con Sakura en clara desventaja. No sólo la actitud de Shaoran la había tomado por sorpresa, sino que su primer golpe había conseguido descolocarla casi por completo. Le costaba respirar y, por ende, concentrarse. Apenas si podía esquivar sus ataques, tropezando con sus propios pies en un sinfín de ocasiones.

Su furia, además, le estaba jugando en su contra. Había quedado limitada a defenderse, sin poder construir un solo ataque contundente. Mientras tanto, Shaoran parecía haberse controlado un poco, mesurando la fuerza de sus golpes y la frecuencia de estos. Estaba bajando su intensidad y aquello solo consiguió irritar a Sakura aún más. Era como si de esa forma le demostrara que ella era demasiado débil como para atacarla con toda su fuerza.

Pero ella no era débil.

Ella no era frágil.

Ella no se iba a rendir hasta verlo en el piso.

Su sangre hervía sintiendo la energía recorrer sus venas, acumulándose en sus manos y calentando sus palmas. Lo sabía, lo sentía dentro de sí. Su poder expandiéndose y clamando por alguna forma de liberación.

Verlo en el piso. Hacerle comer sus palabras. Mostrarle quién era de verdad, y con eso arrancar esa maldita indiferencia con la que siempre la veía.

Shaoran logró nuevamente tomar uno de sus brazos con el objetivo de doblarlo detrás de su espalda. Sin embargo, Sakura consiguió darse la vuelta antes de que el joven alcanzara a afianzar su agarre, y con un rápido movimiento atinó a golpear su nariz con el codo.

El golpe había sido fuerte, mas no certero, dándole en la comisura de la boca en vez de la nariz. No obstante, había sido lo suficientemente fuerte como para desconcentrarlo lo suficiente para que Sakura repitiera la movida con la que él había dado inicio al combate. Decididamente, la dueña de las cartas golpeó el plexo solar de Shaoran con toda la energía que tuvo, lanzándolo hacia el otro extremo de la sala.

La imagen de Shaoran golpeando la pared sacó a Sakura de su frenesí. Sus ojos se abrieron de par en par al ver al ver un hilo de sangre correr desde la comisura de sus labios hacia su cuello, tiñendo la blanca solapa de su Gi en un rojo escarlata. El golpe le había sacado todo el aire y su tos solo consiguió incrementar la cantidad de sangre que manaba de su herida.

Conmocionada, Sakura se llevó la mano a su boca, adelantándose al grito que acusaba escapar de su garganta. No entendía cómo había conseguido atacarlo de aquella forma, y una ola de arrepentimiento la invadió de inmediato. A pesar de eso, no conseguía mover sus pies e ir hacia Shaoran.

Tras conseguir calmar su respiración, el joven se llevó su mano a la boca y palpó la herida. Sus dedos manchados de sangre contrastaban con su súbita palidez, pero aún así pareció no darle importancia. Sus ojos escrutaron el rostro sorprendido de Sakura y la miró como queriendo decirle algo más, pero se retuvo.

Era siempre lo mismo. Siempre se retenía, se controlaba. Cualquier cosa que hubiese estado pensando moría antes de llegar a sus labios, y Sakura sintió su estómago retorcerse, observando la intensidad de su mirada contrastar con su absoluto silencio.

Tras unos instantes, el joven se levantó con algo de dificultad - "Felicidades" – murmuró de forma indiferente - "Tienes un día libre. Te espero mañana a las 6:00 am" - agregó y luego salió de la sala evitando volverla a ver.

Sakura se mantuvo inmóvil en su lugar por lo que pareció una eternidad. Le había costado calmar su agitada respiración y el ligero temblor en sus manos. No había querido herirlo, no realmente. Había querido demostrarle que no era aquella débil muchachita que había conocido años atrás. Quería que la admirara por su fuerza. Que la respetara.

Exhaló con frustración. Sólo quería que por un día la dejara en paz.

De alguna forma, haberle probado su valía no había resultado placentero en ningún sentido. Por el contrario, se sentía aun mas frustrada y ansiosa. Quizás una parte de ella había deseado que, con aquel golpe, el joven saliera de ese comportamiento despectivo y frío. Por un momento, justo después de golpearlo, había visto sus ojos ámbar reflejando la misma conmoción que ella sentía. En aquel instante, a pesar del arrepentimiento por sus acciones, había pensado que la máscara de indiferencia se rompería. No había sido así: Sakura podría quererlo o herirlo y la máscara seguía en su lugar.

O tal vez no era una máscara. Tal vez ese era el verdadero Shaoran. ¿Podría ser?

La joven negó con fuerza, rechazando la idea de que el verdadero Shaoran era aquel frío hombre. De forma decidida, salió de la sala con la intención de buscarle y enfrentarlo de una vez por todas.


Hasta aquella tarde no se había atrevido a tocar a su puerta, y ahora de pie frente a su cuarto no encontraba las fuerzas para hacerlo. Su semblante decidido se había ido por la borda en cuanto llegó a la entrada de la habitación de Shaoran. ¿Por qué siempre era ella la que iba a donde él?

- "Quizá sea mejor regresar a Tomoeda" – pensó para sí – "Quizás pasar tanto tiempo a solas con él no fue lo más adecuado" – se recriminó mentalmente, mordiendo su labio inferior. Una sensación de desasosiego se asentó en la boca de su estómago.

Antes de que pudiese darse la vuelta y regresar a su cuarto para empacar las maletas, Shaoran abrió la puerta. Se había limpiado el rostro, pero aún tenía una ligera hinchazón cerca de su labio, la cual seguro incrementaría con el paso del tiempo. Una nueva ola de remordimiento invadió a Sakura, mezclándose con los rastros de ansiedad y frustración en su interior. Apretando los puños, controló las ganas de tocar la herida y enfocó sus fuerzas a mirarlo seriamente.

"¿Hasta cuándo vas a seguir tratándome así?" – Su voz rota reveló el dolor y la confusión dentro de si misma, tomando por sorpresa a Shaoran. - "¿Hasta cuándo vas a gritarme en el entrenamiento e ignorarme durante el resto del día? ¿Qué es lo que quieres lograr con esto? ¿Buscas que te odie? ¿Es eso lo que quieres?" – increpó, entrando a su habitación sin ser invitada. De nuevo comenzaba a sentir la energía arremolinándose en su sangre.

Shaoran se veía cansado. Más cansado de lo usual. Quizás el combate en verdad había logrado afectarlo, aunque Sakura se rehusaba a creerlo. Sobre su cama yacía el saco de su uniforme manchado con su sangre, y la joven sintió su estómago retorcerse de nuevo. Había algo perturbador en ver la sangre de Shaoran. Era como si una parte de ella también hubiera sangrado sobre aquel uniforme.

La fatigada exhalación de Shaoran la sacó de sus cavilaciones - "Creo que es mejor que salgas de la habitación. Ver a tomar una ducha y relájate, Sakura" – su respuesta sin emoción sonó aún más dura cuando le dio la espalda y se dirigió al closet buscando una camiseta limpia. Hasta ese momento Sakura no había notado que tenía su torso desnudo, pero primera vez aquello no importaba.

La joven empuñó sus manos con frustración - "Deja de hacer eso, por favor. Deja de ignorar lo que digo." – le recriminó caminando hacia él - "¿Por qué buscas hacerme daño?" - la pregunta había escapado de sus labios. No lo había querido decir en voz alta, pero al fin y al cabo era lo que había estado pensando desde días atrás.

Shaoran se volteó y la miró sin poder ocultar su sorpresa. En sus manos apretó la camiseta con fuerza, y su usual mirada impasible se quebró por un momento. Cerrando sus ojos, lanzó la prenda sobre la cama con frustración - "Sakura, lo ultimo que podría querer en mi vida es hacerte daño" – al mirarla de nuevo, aquellos ojos ámbar estaban cargados de angustia. Sus palabras la hicieron sentir más débil que cualquier reproche que hubiese esperado de él.

La dueña de las cartas sintió sus ojos arder con lágrimas que se negaba a dejar salir - "Pues lo haces… Me haces daño." - Ya era muy tarde para negarlo, y aquellas brillantes gemas verdes se mostraron cargadas de tristeza.

La zozobra invadió el rostro de Shaoran, quien en pocos pasos estuvo frente a ella - "Dios…" – murmuró con voz apesadumbrada – "No sabes lo difícil que es mantenerme a la raya."

"Entonces no lo hagas" - la voz de Sakura era casi un susurro.

Shaoran apretó su mandíbula con fuerza - "No es tan sencillo. Yo—"

Sakura tomó una de sus manos y de inmediato sintió el calor de Shaoran mezclarse con el suyo. Jamás había sentido algo similar tomando la mano de alguien y dudaba que algún día pudiese sentirlo con otra persona - "Estás lesionando tus manos" - le dijo abriendo su puño y viendo las finas marcas rojas dejadas por sus uñas. De repente, tuvo un momento de claridad viendo la forma en la que Shaoran parecía pelear consigo mismo. Aquel trato frío y distante era su forma de mantenerse alejado de ella. ¿Por qué? no lo sabía... No quería saberlo. Estaba cansada de analizar cada suceso en su vida hasta el mínimo detalle.

Shaoran tomó la mano de ella en la suya y apretó con mesurada fuerza, queriendo sacarla de sus pensamientos. "Sakura. Debes irte." - le instó, pero su mirada no decía lo mismo - "Nosotros no debemos... Yo… no sé cómo evitarlo de otra forma, ¿entiendes?"

Había un dejo de dolor en su pregunta y Sakura no entendía lo que quería decir. ¿Por qué no podría estar cerca de él? ¿Por qué no? Shaoran le decía que debía irse, pero no soltaba su mano, y ella no se quería marchar.

Entonces se dejó llevar, porque estaba cansada de pelear contra lo que sentía. Estaba cansada de buscar razones para detestarle, y ya no quería ignorar lo que había intentado callar durante tanto tiempo. Lo besó. Fue un beso corto, como probando si era capaz de hacerlo, buscando confirmar si él la aceptaría. No obstante, en ese corto lapso sintió la energía correr con renovada fuerza por sus venas, calentando su piel y haciendo que su corazón saltara un par de latidos. Shaoran inspiró y exhaló con un ligero temblor, cerrando sus ojos y disfrutando de aquel contacto. Quería controlar sus impulsos, pero le era imposible. Después de todo, era ella. Era Sakura. No había alguien más que pudiera hacerlo sentir de aquella forma.

Sus labios se chocaron con los de ella con fuerza. Con necesidad. Su última pared se había derrumbado y no quería detenerse. No podría, aunque quisiera. Aún sabiendo lo que sabía y temiendo la amenaza que cernía sobre ellos, ya no podía ignorar lo que cada célula de su cuerpo le gritaba. Sakura respondió dejándose llevar por su abrazo, gimiendo suavemente entre sus labios y saboreando cada centímetro de su boca. Los brazos de la joven rodearon su cuello, sintiendo el calor de su piel acariciar la suya, mientras que Shaoran la apretaba fuertemente contra si mismo.

Aquel beso dolía, pero era un dolor sumamente placentero. Catalizador. Les quitaba el aire, pero los llenaba del más exquisito goce que jamás hubieran experimentado. Empujándola contra la cómoda que estaba a un lado, Shaoran se apresuró a abrir el Gi de Sakura, quitándole el saco y arrancándole la camisilla con torpeza y desesperación, como si no hubiera tiempo suficiente para tomarla como lo había deseado desde tantos años.

En el piso terminó la ropa mientras ellos terminaron en la cama, perdiéndose en un mar de abrazos y caricias. Los labios de Shaoran recorrieron el cuello de Sakura, tal como lo había soñado la noche anterior, dejando un camino de fuego en su piel. Se embriagó con su olor y sintió su piel erizarse con el paso de las uñas de Sakura sobre su espalda.

La joven se mordió los labios, intentando controlar un placentero gemido que escapó su garganta en cuanto sintió a Shaoran sobre uno de sus senos. Su boca, lejos de ser delicada, succionó con fuerza, mientras su mano pellizcaba el otro pezón, consiguiendo que su vientre ardiera en llamas. Shaoran era un amante posesivo en su forma de acariciarla, manifestando una desesperación y ansias que Sakura sentía con igual intensidad. Deseaba fundirse en ella con tanta urgencia que sentía que iba a explotar. El sentimiento era mutuo, por lo que la joven le jaló sus cabellos buscando atraerlo a su boca para besarlo como si no hubiese mañana. Mordió su labio inferior con algo de fuerza para luego murmurar "te quiero en mi, ahora".

Shaoran no necesitó más. Con un solo impulso entró en ella hasta lo más profundo, experimentando su calor y su humedad aprisionándole. Era como morir y revivir en un mismo momento, y necesitó algunos segundos para calmarse antes de terminar muy pronto. Sin embargo, la belleza de ojos verdes entre sus brazos, ansiosa por sentirlo entrar y salir de ella, movió sus caderas con toda la intención de generar la fricción que tanto deseaba. Algo en el vientre de Shaoran pareció tensarse al punto de causarle un exquisito dolor que se tradujo en un fuerte gruñido de satisfacción, erizando la piel del cuello de Sakura. Poco después, ambos cuerpos entrelazados se movían en tan perfecta sincronía, que más bien parecían un par de amantes que habían pasado una eternidad separados y finalmente habían podido reencontrarse.

Buscando incrementar el contacto físico más allá de lo posible, Sakura abrazó con sus piernas la cintura del joven, y levantó sus caderas, incrementando la fricción entre ambos cuerpos. Sentía su olor mezclarse con el de Shaoran, su sudor bañando la piel del otro, su propia energía mágica uniéndose con la de él en un lazo inquebrantable. Supo, en aquel instante, que estaba entregándole algo de ella que sellaría el destino de ambos por siempre.

Besándola con fuerza, Shaoran respiró su aliento y entregó todo de él a una unión que era inevitable. Se rindió ante la fuerza de sus emociones, amándola con cada ápice de su ser. Quería decírselo, demostrárselo cada segundo, y no había nada que pudiera detenerlo. "Te amo" – murmuró con voz ronca contra su cuello, sintiendo sus paredes aprisionarlo con fuerza mientras el amor de su vida se entregaba al placer más dulce que hubiese vivido. Empujando profundamente un par de veces más, Shaoran también se dejó llevar, fundiéndose en Sakura y dejando todo de si en su interior.

La amaba.

Lo amaba.

Aquella mañana, eso era todo lo que necesitaban.


Nota de autor: No les niego, esto costó trabajo y no estoy 100% a gusto con el resultado. Sin embargo, no quería demorar más en publicar este capítulo. Apreciaría mucho los comentarios de aquellos que todavía leen la historia. Mi intención era la de describir un 'lemon' que fuese detallado, pero aún así romántico. No es fácil con una pareja como está… estos amantes destinados a estar juntos hace que todo sea más serio! En fin, espero que el enfoque haya sido balanceado, pero si consideran que debo hacer más énfasis en lo físico (o en lo emocional), ¡encantada de recibir sus opiniones!

Un Abrazo,

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