I

—Entonces, ¿aceptan o no? —se notaba algo impaciente el hombre.

Las ocho personas allí se notaban dudosas de aquello porque no era algo de todos los días y no estaban acostumbrados a algo demasiado grande. El líder de ellos estaba con sus ojos cerrados, se notaba muy pensativo o eso parecía mostrar.

—¿Me permite unos segundos? —en menos de un segundo disparó contra unas rocas que quedaban a varios metros, guardó su rifle—. Kat, Bobby y Miguel, ¿podrían ver que hay allí? —se dio cuenta que habían personas espiando.

Carol y Brownie empezaron por desenfundar sus armas, pero los disparos hicieron que se desconcentraran por un segundo. Se escuchaban las pisadas de los caballos demasiado cerca.

Ambas se miraron para dar marcha a la respuesta, cada una tomó un lado y priorizó disparar al caballo. El lugar estaba muy oscuro como para intentar disparar al cuerpo de uno de esos bandidos.

Fue en vano porque esos bandidos se movían perfectamente montados con el caballo, se podría decir que el caballo estaba sincronizado con el pensamiento de su jinete.

Brownie se arriesgó a acertarle a un bandido, pero solo logró hacer que uno de ellos le diera cerca a una costilla. Carol aprovechó eso para disparar a uno de ellos. Lo logró, pero no el resultado esperado.

Los caballos no avanzaban más de cinco metros de donde estaban ellas porque esas rocas las cubrían perfectamente. Carol solo debía apuntar donde las pisadas sonaban. Las nubes iban a cubrir todo el cielo.

—Creo que sus hombres tardan mucho —expresó el sujeto con algo de disgusto.

—Dana —miró a su tercera al mando—, hazte cargo de lo que sucede allí —no le dio importancia al hombre.

Esa mujer de cabello castaño se subió a su caballo y cabalgó donde estaban sus compañeros. Se notaba furiosa por recibir una orden.

Brownie no mostraba preocupación por su herida porque la bala no había penetrado, solo había dado un roce más de lo normal.

—Rubia, necesito que corras a los caballos y los desates —en ese instante se lanzó para el lado derecho y procuró darle a un caballo.

Carol corrió para desatar a los caballos, sin embargo, una bala le dio a centímetros de su muñeca. Desde hace tiempo que no sentía el dolor de una bala penetrando en su cuerpo, pero siguió.

Brownie le dio a la pierna de un bandido, pero parecía que la bala no le hacía nada de daño, daba la impresión de que tenía una armadura.

—Acepto la propuesta, no voy a ser desagradecido con mi país y los tipos que me suministran esas prendas a prueba de balas —le tendió su mano para cerrar el trato.

—Espero que mi cliente no se equivoque —no le inspiraba confianza ese tipo y su banda de ladrones, pero su jefe confiaba en ellos.

Ambos se dieron la mano, los demás bandidos se mantenían expectantes ante la tardanza en ocuparse del problema por parte de los demás. El hombre se fue de allí en su caballo y desapareció a lo lejos.

La chica de nombre Dana estaba apuntando a Carol para evitar que liberara a los caballos, pero la rubia logró su cometido y soltó a los caballos. Se montó en uno a duras penas.

Brownie lanzó un silbido y el caballo de Carol dio media vuelta para ir por ella que corría aprovechando la extrema confianza por parte de los jinetes anteriores para con su compañera.

—Solo debemos salir de aquí, mujer —ambas estaban un poco aliviadas porque la jinete dejó de disparar.

Dana había dejado de disparar por una orden de su líder. Bobby, Miguel y Kat bajaron de sus caballos para reunirse con los otros.

—No creo que hayan escuchado algo de lo que hablamos, estuvimos a muchos metros —el líder decía eso mientras guardaba parte de sus cosas en la montura de su caballo.

—¿Pero por qué esas extrañas estarían por estos lugares? —preguntó un grandulón.

—Eso no importa, lo único que nos interesa en estos momentos es que debemos dividirnos en dos grupos para ir con los dos grupos de los dos maletines —les decía el trabajo que el cliente pidió.

—Me pregunto lo mismo que Hawk, pero si dices que tenemos cosas más importantes, no puedo contradecir tu palabra jefe —Hank solo sacó un cigarrillo y lo encendió.

—Hugh, ¿dónde debemos ir? —preguntó su amigo rubio.

—Irás al sur con los demás, Grant —se sentó en su caballo—. Dana, Bobby y yo iremos al noroeste —le entregó un mapa con algunas instrucciones—. Sigue al pie de la letra todo y lograremos una gran cantidad de dinero sin tanto esfuerzo, recuerda que eres el segundo al mando —dicho eso, fue con sus dos compañeros al lado contrario.

Grant vio como Hugh se iba y desaparecía lentamente de su vista, hizo lo mismo con los demás. Allí solo quedó una fogata que se consumiría recién al amanecer.

II

Lindsey no dejaba de discutir con Benny o más bien gritarle por muchas cosas que vivieron en el pasado.

—¡Eres un mentiroso! ¡Esta es mi conclusión! —se notaba más relajada.

—No, yo solo pasaba el rato, para hacerlo a veces digo cosas sin la menor importancia, sin contar que tu trabajo era hacerme pasar el rato —no le daba importancia a sus palabras.

—Te esperé todo un año… y por lo menos nos encontramos después de tres años para decirte la verdad en tu cara —parecía que era la vencedora en algo.

—Te rescatamos, ¿eso no cuenta como un perdón? —lo dijo siguiéndole el juego.

—Como quieres, por lo menos lo voy a hacer no como esa Bec… —sintió el cañón del revólver en su sien.

—Menciona ese nombre, solo intenta mencionarlo completo y no dudaré en arruinar esta misión —repentinamente se notaba enojado.

Maggie y Haiku sacaron sus armas y le apuntaron a Benny. Guardó su revólver en su cinturón y se echó a dormir en serio.

—¡Es nuestra misión, idiota! —Maggie estaba más enojada.

—Benny, ¡¿qué te pasa?! —preguntó molesta.

Lindsey recordó que le hizo una promesa a Benny que tenía que ver con lo que mencionó. Fue meses antes de que él la dejara de frecuentar por irse con el circo…

III

En una habitación de las tantas que había en ese lugar, Benny y Lindsey charlaban luego de tantos momentos muy íntimos. Era inusual que Lindsey disfrute tanto como Benny las veces que él requería sus servicios.

El chico cada vez que lo hacía con ella solía mencionar un nombre, pero lo desconcertante era que solía decirlo cada vez que terminaban con eso.

En una de las que serían sus últimas "visitas", Lindsey fue llamada con ese nombre cuando miraba a los ojos a él. Se notaba incomodidad en el chico.

—Ella es… —no sabía cómo decirlo.

Sus clientes solían desfogar todo sus problemas de su hogar con ella, no era algo nuevo, pero con él se sentía distinto.

—Fue alguien especial, nada más —fue difícil para él decir eso.

Sus manos de él estaban en sus caderas, ella solo lo observaba con curiosidad, ni uno dijo una palabra… pero no tardó en que él desfogara lo que esa mujer hizo. Lindsey sentía que el muchacho había pasado por tanto como ella.

—Yo creo que tú te mereces más cosas de las que podía darle a ella —le acarició su mejilla.

—¿Sí? E-Eso me halaga… pero solo puedo soñar con eso —se sonrojó.

—En serio, yo podría darte todo eso y más —la atrajo hacia él y la besó.

Fueron cinco veces más que él requirió de sus servicios. En esas ocasiones le habló sobre un trabajo que podía darle estabilidad y posiblemente la pueda sacar de ese mundo.

—Por favor, solo te pido un favor —se lo dijo mientras la besaba en su cuello.

—¿Qué favor? —no dejaba de sonreír de placer.

—Nunca menciones ese nombre —dejó de besarla—, prométemelo.

—Está bien… te lo prometo —lo notó más extraño de lo usual.

Le tocó su mejilla y la siguió besando hasta llegar a la parte donde cubre toda la paga de cada noche.

Ella no sabía que era la última noche porque él nunca le dijo que al siguiente día el circo se iría a otra ciudad. El circo se había quedado por mucho más tiempo del usual en esa ciudad.

Lindsey esperó un año por alguna noticia de él, pero se dio cuenta de dos cosas: una prostituta nunca se debe fiar de lo que promete el cliente de turno y que un hombre no puede fingir que ha olvidado a una mujer cuando frecuenta con una idéntica. Ella tenía el mismo color de cabello que la mujer…

IV

—Solo era una advertencia —guardó su revólver en su funda.

—Ni que fueras el líder para hacer eso —Maggie hablaba claro.

—Sus problemas personales resuélvanlos en otro ocasión —Haiku bajaba lentamente su arma.

Lindsey solo suspiró de molestia, prefirió ignorar el tiempo que pudiera a él. Benny volvió a descansar ignorando a todos, en especial a ella.

Las horas pasaban y no había indicios de que alguien los buscara, debían dar gracias al mal tiempo.

—¡Listo! —expresó Skippy al reparar a ese caballo— Solo falta traer la carreta.

Skippy y Paula ataron a ese caballo a la carreta, les dieron la señal a todos para que subieran, Benny y Maggie subieron de último y se sentaron dándoles la espalda.

—Conduce sin parar, de frente y sin dudar —le dejó en claro Benny.

El caballo empezó a andar, con el pasar de los segundos tomaba un poco más de velocidad. La lluvia aumentaba su intensidad, sin embargo, debían salir cuanto antes de allí.

Lucy estaba muy pensativa, su amiga la miraba esperando algo, sabía que ese comportamiento podría significar algo.

—¿Qué pasará? —le preguntó Haiku.

—Tengo la sensación de que algo no anda bien —le tomó la mano a su amiga—. ¿Lo sientes? Suspiro…

—Algo —cerró sus ojos.

De repente un ruido ensordecedor abarcó toda el área donde se encontraban. Una máquina de vapor voladora más grande que las anteriores estaba acercándose a ellos. No los había visto aún.

—¡Genial! ¡No tenemos armas para derribar esa cosa! —su molestia era enorme.

La lluvia y los truenos les daban ventaja para poder aprovechar salir de allí. La máquina se mantuvo buscándolos de un lado a otro en ese bosque...