XII – Anís Estrellado y Miel

Tenten estaba recostada al borde del balcón de su recámara a media tarde, giraba entre los dedos una rosa sin espinas. Esa mañana había pasado por la floristería de Ino y nada más llegar, lo primero que se encontró fue el aparador de rosas vacío. No necesitó que la rubia le dijera que Neji había arrasado con toda la mercancía, bueno, casi toda. Un pequeño y triste ejemplar quedaba sobre la mesa, salvada por accidente o casualidad. Eso le hizo tanta gracia a la kunoichi que decidió pagar a su amiga por la flor olvidada. «¿Así que escapaste a la mirada perfecta de Neji?» pensó abriéndole los pétalos delicadamente con los dedos.

De pronto cogió un pétalo y lo arrancó. Hinata decía que deshojar flores era divertido. Sería la primera vez que Tenten lo intentara.

«Me quiere» dijo dejando caer el primero.

«No me quiere» dijo dejando caer el segundo.

«Me quiere» dijo dejando caer el tercero.

«No me quiere» dijo dejando caer el cuarto.

Entonces desistió de seguir hiriendo a la corona de la flor y suspiró. Esa rosa era demasiado bonita para matarla así. Le dio un beso, buscó un recipiente con agua y la puso a reposar en su mesa de noche, a partir de ahora le haría compañía. De cualquier forma, aquel era un juego tonto.

«Ya sé que no me quiere».

(…)

Ella estaba parada en el corredor frente al dormitorio de Neji, sin saber cómo lo pondría al corriente sin que él explotara más furioso que un volcán en actividad. Si no le decía, no agarraría el rollo, pero si le decía, entonces la iba matar. Se sintió consumida por la impotencia.

—No puedo estar aquí toda mañana —dijo finalmente arremetiendo contra la puerta—. Neji-niisan, buenos días, lamento mucho incomodarte, pero nece-necesito pedirte un favor gigantesco.

Él descorrió la puerta, allí estaba Hinata, removiéndose en su lugar.

—Buenos días, Hinata-sama, ¿en qué la puedo...?

—Sí, al rollo —declaró cogiendo con una mano a Neji del cuello de la camisa y arrastrándolo fuera de allí. Él sintió que ella estaba temblando con violencia, al mismo tiempo percibió que el olor a anís estrellado y miel que se desprendía de su prima estaba más fuerte que nunca. Le llegaba igual que cuando metía la nariz en su cabello durante los pocos abrazos que se habían dado—. Necesito que me sigas el juego. Estoy realmente aterrada, ¿q-qué hora es?

A Neji le preocupó que Hinata actuara como un conejito asustado de que lo enjaularan.

—Tómese un momento para respirar. —Pidió, pero apenas lo dijo ambos se tuvieron que detener en seco. Hiashi Hyūga estaba frente a ellos interrumpiéndoles la salida. La mano de ella liberó entonces la tela de la camisa de su protector.

Hicieron una reverencia simultánea para presentar respetos al líder del clan.

—Me habían informado que te marchaste hace rato.

Ella no se despidió en persona la primera vez para no fastidiar y ahora, el hombre creía que había regresado a buscar alguna cosa olvidada, no a intercambiar palabras con él.

—Padre —murmuró Hinata serenándose—. Te estaba buscando para despedirme apropiadamente. Me iré, serán pocos días, pero hubo un cambio de planes y quería... digo, quisiera que Neji-niisan me acompañara, ¿puede ser? Kurenai-sensei lo arregló todo con Might Guy y solo... s-solo…

—Me parece bien —concedió sin mucha ceremonia, poniendo una mano sobre el hombro de su hija—. Espero que tengas un buen viaje. Esfuérzate mucho.

—Sí padre —respondió respetuosamente bajando la cabeza.

Neji aguardó a estar fuera del campo auditivo de su tío antes de enfrentarla.

Empujándola con brusquedad hasta las afuera del recinto, cerró la puerta con marcada fuerza tras de sí para asustarla y se le cruzó de brazos omitiendo las palabras. Su postura de «¿A qué vino todo eso?» iba acompañada de una mirada irascible, que a ella se le antojó semejante a la de un policía a punto de disparar. Él problema iba a ser grande si la justificación no era buena. Un viaje corto requería de una notificación, mínimo, de un día de antelación. Así lo dictaba el protocolo, la Hokage y las normas primordiales de la buena educación.

—¿Cuántos días de viaje?

—Oh lo siento, ¿tenías algo qué hacer? —respondió ella con impertinencia—. Que triste, se cancela.

—Me parece que avisar no hace daño.

—¿No se supone que eras algo así como mi mascota? Si tuviera que pedir cita para poder llevarte a un viaje sería el colmo —dijo Hinata mirándose las uñas—. Un sirviente insolente es lo último que me faltaba.

Neji dejó caer los brazos lado a lado.

A su forma de ver, él había pasado la mayor parte de su vida sin saber conscientemente que estaba enamorado de Hinata, la negación había sido tan profunda que se convirtió en ignorancia. Pero entre todos los sinsentidos emocionales a los que se tuvo que enfrentar por culpa de ello, hubo uno en especial que quedó impreso en su memoria y ahora de pronto se trasladaba a la claridad de su mente.

Durante un momento de odio desproporcionado hacia la rama principal, cuando habría querido asesinarlos a todos por rencor y su cicatriz palpitaba de dolor, se dio cuenta de que en aquella rabia sorda existía un hueco. Un abismo separaba a Hinata de todos los demás. Ella era silenciosa y se ponía roja cada vez que cruzaban miradas. Ella era gentil, lo suficiente para sacrificarse por cualquier persona, incluyéndolo. Ella detestaba las peleas, su cuerpo era demasiado frágil para resistirlas, se destrozaba con los entrenamientos. Fue en esa temporada donde él quiso odiar a Hinata con desesperación. Buscó excusas por meses, sin encontrarlas. Se inventó mentiras cuya solidez no tardaba en quebrarse bajo su propia lógica. La provocó más de mil veces sin obtener respuesta. No existía otra versión de Hinata a la que odiar. Ella autentica y pura, era esa chica delicada de mejillas carmín que él conocía.

Esos fueron los años que más la golpeó.

Presionándola físicamente en las prácticas hasta hacerla romper a llorar y ganando con ello cada vez un castigo ejemplar a manos de Hiashi Hyūga. Las descargas cerebrales eran insoportables más allá de la agonía. Pero lo más doloroso y horrible para él fue ver que, día tras día, ella aprendía a soportar un poco mejor los golpes para no soltar lágrimas en ningún momento. Hinata dijo querer ser valiente y fuerte, pero mentía, no quería que a Neji lo siguieran castigando por culpa de su debilidad y él fue el primero en darse cuenta. Se llegó a un punto en el que hacerla llorar de dolor le era imposible, así la tirase a matar. Cuando ella ya no resistía más la sucesión de ataques, solo caía de rodillas en silencio, con la mirada vacía y los brazos temblando.

La paciencia de Neji colapsó y su juicio se nubló. Se juró que la odiaría así no hubiera motivo valido y no dejaría de lastimarla durante los combates. Iba a obligarse a no sentir lástima, misericordia o simpatía por esa niña que lo miraba con ojos tristes.

Pero en el fondo, seguía deseando una excusa para no cargar con la culpa de su injusticia. Deseaba que Hinata fuese una princesa egoísta, cruel y fuerte. Que cuando él la empujara ella se levantase a empujarlo de vuelta y le plantara cara informándole que era un idiota. Que tuviera el coraje para llamarlo a capitulo y exigirle las faltas cometidas, una a una. Que lo viera por debajo del hombro cuando le pasaba por el lado y se refiriera a él con desprecio. La verdad era que, en combate, mientras más soportaba Hinata cada abatida en crudo silencio, más intenso era el deseo de Neji de que ella se revelara con rencor hacia él. Que lo odiase a muerte, que lo odiarse con la misma pasión que él quería odiarla.

«Odiar y ser odiado» pensó.

Sin embargo, un día que cayó desmayada en sus brazos con los labios pintados de sangre, ese sentimiento de odio que Neji profesaba se confundió con uno de protección. Fue la primera vez. Por unos segundos él no supo a ciencia cierta si lo que quería era probarse a sí mismo la veracidad del rencor estancado en su pecho. Si buscaba absolución haciéndose con el desprecio de Hinata o solo... o solo quería que ella se defendiera de él, de ese monstruo en el que se había convertido.

Pero ese deseo de Neji jamás se cumplió.

Las cosas habían cambiado mucho, los años seguían corriendo, pero Hinata nunca perdió su halo.

—Pésima actriz, Tenten —dijo Neji sosteniéndose el puente de la nariz—. Hasta hace cinco segundos creía que el equipo nueve no era un circo, no del todo, pero has logrado hacer que me lo replanteara. Eres el tercer payaso.

—Dijo el fenómeno de los ojos blancos.

—¿Qué es esto? ¿Una broma? —preguntó—. ¿Qué crees que haces?

—Ugh, es en parte venganza por lo de haberme amenazado y aplastado contra un árbol hace unos días —explicó en tono razonable. Al Hyūga le estaba costando concentrarse en lo que ella le decía, ver la imagen de Hinata bajo el dominio de Tenten era anormal. Los gestos de suficiencia de una, no encajaban con la timidez desproporcionada de la otra—. Pero, aunque suene a broma, trato de ayudar. Lo del viaje es real, es importante, creo que descubrí algo que nos podría orientar con tu problema de olor a rosas.

—¿Dónde está Hinata-sama?

—Me la comí bañada en crema de maní y jalea de mora.

—Eso no es…

—¡Dios mío!, aparte de ciego, sordo —se exasperó—. ¿Me estás escuchando, pedazo de inútil? DIJE que tengo información de un lugar donde podemos investigar tu lo-que-sea-que-tengas con las rosas, ¿no es genial?

—Sí, lo es, pero Hinata-sama...

Ella apretó los puños a la altura de sus mejillas, como si estuviera muriendo de ganas por estrangularlo.

—Vale, el viaje sale en cuarenta minutos y estamos sobre la hora. Trataré de resumirlo.

(…)

Neji miraba por la ventana digiriendo las circunstancias.

Tenten había pasado por la floristería de Ino preguntando por libros que hablaran de flores. Fue entonces cuando compró aquella pequeña rosita olvidada por su amigo, aunque esa parte la había omitido deliberadamente. En su visita la rubia le contó sobre una biblioteca centrada en botánica, al norte pasando la aldea de la arena, donde podía encontrar el libro que quisiera sobre jardinería. Tenten suponía (y como cosa rara, Neji estuvo de acuerdo) que si los médicos no sabían dar razones de los síntomas extraños que él presentaba, entonces los libros de flores quizá podían darles alguna pista o resolver el enigma completo. Ya Neji se había tomado el tiempo de buscar con minucia en la biblioteca de la ciudad, dentro de la sección de enfermedades, infructuosamente. Por ello no pensaba que estuviera mal revisar ahora libros acerca de plantas. Quizá se estuviera convirtiendo en una.

Luego de un olvido casi vergonzoso, Tenten recordó haber escuchado de Hinata tener programado un viaje con Kurenai y Kiba hacia una ciudad lejana y reducida. Le tomó poco localizarla en un mapa y descubrir que estaba ubicada a un par de kilómetros de esa biblioteca. Para entonces eran las ocho de la mañana y Hinata seguro iba rumbo al punto de encuentro con su equipo. El primer carruaje salía a las nueve. Tenten tuvo que volar para poder interceptar a Hinata antes de que se reuniera con los demás y explicarle lo urgente de la situación. Aunque una vez estuvo frente a los ojos inocentes y puros de la princesa se vio en la necesidad de inventar una mentira, en consideración al capricho de Neji de mantener privacidad en sus problemas. Pero mentirle a Hinata a la cara la llenaba de culpa, así que optó por contarle una verdad a medias. Dijo que el equipo nueve necesitaba una información importantísima y secreta de esa biblioteca.

Le suplicó cambiar de lugares.

«No tengo problemas en darte mi lugar» dijo Hinata dispuesta a ayudar a su amiga. «Solo hay un pequeño e insignificante detalle, eh... bueno, esta es una misión de búsqueda y tú, pues... no tienes el Byakugan. Sé que Kiba está aquí, pero Shino no y Kurenai-sensei cuenta conmigo para encontrar el objeto perdido».

«No importa, me llevaré a Neji, estará encantado de ayudarme» había respondido Tenten.

«Aguarda, Kiba y Akamaru se darán cuenta de que no soy yo» se preocupó Hinata «Tú hueles diferente a mí, acércate».

Entonces de un bolso pequeño que llevaba encima, se sacó un frasco de vidrio lleno hasta el tope de crema. Con vergüenza le explicó a Tenten que cuando se ponía mucho tiempo bajo el sol, su piel se tornaba más roja que un camarón cocido, y aquella pomada de anís estrellado y miel evitaba que eso ocurriera. Ella se la debía aplicar regularmente, pero para Tenten, solo haría las veces de un perfume.

A partir de ese punto solo se hicieron una que otra pregunta para sobrellevar mejor la mentira y, en el cuarto de Tenten, intercambiaron de forma. Tenten no poseía un manejo de chakra ni la mitad de bueno de lo que lo era el de Hinata, pero se esforzaría por conservar la imagen de su amiga.

—Esta es una misión realmente sencilla —dijo Kurenai en el carruaje a los tres chicos. Se dirigía en especial al invitado de Hinata, que probablemente no sabía de qué iba la tarea—. Solo es ir a ayudar a cierta familia de ricos a encontrar un tesoro de herencia enterrado en alguna de sus parcelas. El plan era que Hinata, Kiba y yo viniéramos solos, pero ella ha insistido en traerte para suplir a Shino.

—Ese idiota no pinta nada aquí —dejó saber Kiba—. Hinata y yo podíamos encargarnos por nuestra cuenta.

Inuzuka estaba en particular frustrado porque cuanto antes cumplieran su cometido, antes quedarían libres para hacer de turistas por los alrededores de la ciudad. Los dueños de la fortuna enterrada les estaban pagando el carruaje (que aceptaron sobre todo por cortesía), el hospedaje y la comida de dos semanas. Kiba esperaba encontrar el tesoro en un par de horas y pasear a solas con Hinata el resto del tiempo. Pero ahora, por culpa de Neji el gran imbécil Hyūga, eso no se iba a poder. Para empezar, no estarían solos un solo momento y, por si fuera poco, tendría que aguantar a Hinata diciendo cosas como…

—El Byakugan de Neji-niisan, literalmente, tiene 800 veces más alcance que el promedio. Está sobre calificado para esta misión y además, yo le pedí que viniera, es muy amable de su parte haber accedido a acompañarnos, así que no seas cruel.

«Y allí está» pensó Kiba. «La abogada personal de Neji».

—¿Y por qué siempre tienes que salir a defenderlo? Deja que me responda él —protestó Kiba.

—¿Por qué tienes que ser de ese modo? —contestó Hinata colorándose—. Neji-niisan no está diciendo nada malo de ti.

—Eso es porque yo no discuto con perros sarnosos —soltó Neji.

—Al menos no soy un maldito homicida.

—¿Ho-Homicida? ¡Pero si no me morí!

—¡Hey, ustedes dos!, esa no es forma de tratarse —intervino Kurenai atajando la primera chispa de odio entre ellos—. El viaje es largo, sepan comportarse y trabajar en equipo. Neji, eres el invitado de Hinata, actúa a la altura. Kiba, ese no es modo de recibir a tu compañero.

—Él no es mi compañero —gruñó Kiba—. Y no debería estar aquí.

Hinata dejó caer su cabeza sobre el hombro de Neji, para dar a entender en silencio que ella estaba en paz con él; el perdón era una ilusión, es probable que no lo odiara ni si quiera cuando iba de camino al hospital. Eso molestó a Kiba, aunque no esta vez no se atrevió a decir nada. Encontraba imposible olvidarlo, pasarlo por alto, o fingir que no lo despreciaba por aquel incidente.

Hinata a lo mejor no era rencorosa, pero Kiba sí.

—Vaya ¿soy yo o el aire de pronto está impregnado con olor a rosas? —preguntó Kurenai.

—Es Neji-niisan —dijo Hinata prendándose por completo del brazo de su protector—. Huele así porque inundó el recinto Hyūga con rosas desde hace varios meses.

Neji tuvo que admitir a duras penas que Tenten no era tan mala actriz.

—Puff, se debe estar bañando con las rosas —comentó Kiba—. Porque es a lo único que huele aquí dentro, seguro trata de esconder el olor a mierda que porta.

—Irónico que lo diga alguien que varía de olores entre perro mojado y basura.

—Te crees que eres mejor que los demás, pero estás podrido por dentro.

Neji no cayó en la provocación.

—Oh, ¿y la compra de rosas se debe a algo en especial? —cuestionó Kurenai antes de que empezaran a discutir de nuevo—. ¿Se las vas a regalar a alguna chica?

—No —dijo Neji caustico—. Simplemente un día desperté con ganas de coger fiebre del heno y decidí botar todo mi dinero a la basura en función de ese propósito.

—Neji-niisan q-quiere decir que piensa que las rosas son súper, mega, bonitas.

Así era cada vez que alguien (quien fuese) le preguntaba al prodigioso Hyūga a qué se debía la compra masiva de rosas. Siempre se inventaba una mentira diferente y obvia para que lo dejaran en paz. Odiaba dar razones de sus actos, en particular a gente que no era de su círculo más cercano. La primera vez que Ino quiso hacer averiguaciones Neji, igual de parco que siempre, respondió «Son para comérmelas en un estofado, dicen que si las mezclas con calabazas te mueres». Quince minutos después Sakura entró en la floristería e hizo la misma pregunta, «Me las voy a poner de sombrero en la ceremonia del té» fue la contestación que obtuvo. Antes de que terminara de pagar, también llegó Naruto y, por tercera vez, le pidieron explicaciones «Para acabar de matar a Hinata. De esta no se salva» comentario con el que logró enojar al rubio (y a todos los presentes).

«Con eso no se juega» le había reprochado Ino.

«Pero bueno, ¿la maté? No verdad» contestó Neji «Sigue viva».

«No gracias a ti, por cierto» gruñó Naruto.

«Sí, tienes razón» dijo el Hyūga tan en paz consigo mismo, que quedó pintado como un psicópata. Tuvo el cinismo de usar el mismo que tono que tendría una persona sana conversando acera de trivialidades. «En fin, que pasen buenas tardes».

Nadie creyó que hablara en serio, solo se trató de una broma de mal gusto por su parte. Pero con eso demostró a lo demás que jamás serían capaces de saber a ciencia cierta las ideas que ocultaba bajo ese manto de imperturbabilidad. Tal como Tenten había dicho, era fácil verlo y creer en la perfección, en la indiferencia.

Kurenai veía por la ventana derecha y junto a ella, Kiba veía por la ventana izquierda. La falsa Hinata, ubicada frente a Kiba, seguía recostada del hombro de Neji y agarrada a su brazo.

Aquel sería un largo, largo viaje.

(…)

La primera vez que se detuvieron en aquel viaje por escala, estaban en un pueblo alegre al límite del segundo bosque. En su corazón había luminosos locales de comida, posadas y tiendas de ropa. Neji no podía dejar de pensar que Guy-sensei ya los hubiese forzado a recorrer el doble de kilómetros que apenas avanzaron aquel día. Eran las últimas horas de la tarde y los dueños del carruaje decidían si pasaban allí la noche o caminaban un poco más hacia la siguiente ciudad.

Como si de un jardín de infancia se tratase, Kurenai se tomó la responsabilidad de asegurarse que mientras estuvieran estacionados, todos sus alumnos fueran al baño, bebieran agua y se asearan. No obstante, los dejó a su aire para que eligieran el lugar donde querían comer.

—Quiero un plato de ramen —anunció Kiba estirándose—. ¿Vienes conmigo, Hinata? Te invitaré lo que quieras.

—¿No es molestia? —preguntó ella saliéndose de papel por un momento—. Tengo tanto apetito que comería un caballo. Si quieres te ayudo a pagar la cuenta.

Inuzuka se rio mucho ante ese comentario. Interpretaba el carácter relajado a intervalos de su amiga como señal de un inusual buen humor.

—¿Cómo? Claro que no, además, después de la paliza que me diste en la competencia pasada de quien comía más ramen, pues no dudo que te zamparías un elefante entero.

—¡Vamos! Recuerdo la competencia, quiero participar en otra así, pero de beber alcohol —dijo Hinata entusiasmada.

—Quizá en un par de años —respondió Kiba subiendo los hombros—. Prometo que la tendremos.

Neji le puso una mano en el hombro a su prima para retenerla mientras los tres caminaban.

—Perdone, Hinata-sama, pero creo que conveniente que hablemos de algo, a solas.

—Me alcanzas cuando puedas —dijo Kiba accediendo tácitamente a ello, de muy mala gana—. No me moveré de aquel restaurante de cortinas rojas. Igual y si pasa algo me puedes llamar. Te espero.

Neji y Hinata salieron del interior de la ciudad y se adentraron en buena medida al bosque que la bordeaba. Empezaba a estar oscuro, las sombras de los árboles se convertían en borrones negros, naranjas, marrones y rojos por efecto de la escasa luz. Costaba distinguir formas precisas, eso los favorecía. Nadie iba a ver el momento en el que Hinata se transformara de nuevo en una chica de ojos cafés y cabellos castaños. Allí estaba Tenten delante de Neji. Con su camisa rosa de broches dorados y la banda regulatoria orgullosamente puesta en la frente.

—Gracias —dijo ella pegando la espalda de un árbol grueso y dejándose caer entre las raíces—. He tenido que ayudarme con píldoras para mantenerme estable. Si tuviera suficiente chakra y fuese mejor manejándolo no sería tan duro.

El cuerpo entero le palpitaba por el esfuerzo sostenido. Estaba extenuada. Apenas pudiera pegar la cabeza de una almohada caería dormida.

—Tampoco puedes de pronto olvidar que no eres Tenten —mencionó Neji pasándole una botella de agua que traía consigo—. No eres una mala Hinata, pero...

—¿Lo dices por mi comportamiento con Kiba hace un momento? Hinata me dijo que debía tener particular cuidado con él. Podría ser el primero en descubrirnos. Le tomó varios minutos explicarme detalles de su amistad y, a lo mejor esto no te agrade tanto, pero con Kiba, Hinata puede tener más de confianza de la que piensas. Ella dijo que se sentía libre en su presencia.

—¿Sí?

—Es su mejor amigo —apuntó Tenten—. Y me encanta cómo la trata. Es tan amable y leal... A él no le importó que Hinata lo mandara por un tubo hace meses. Sigue allí para ella; sin resentimiento, sin segundas intenciones, sin cambios en su cariño.

—No me pidas que lo comprenda o le tenga paciencia.

—No lo hago, pero… ¿Entiendes que si Kiba pudiera tener tu lugar como el protector predilecto de Hinata no lo pensaría dos veces para aceptar?

—Oh bien, ¿y qué hago?, ¿le doy un hueso como premio?, ¿le rasco tras las orejas y le digo que es un buen chico? —replicó Neji—. Lo desprecio tanto como él me desprecia. Al mismo nivel y con la misma intensidad.

De pronto el semblante de Tenten se enfrió por un recuerdo que le vino a la memoria.

—Se nota que no te perdona lo de los exámenes Chunnin, no puede evitar decirlo cuando estás cerca —dijo ella antes de beber lo último que quedaba de agua.

—Ya lo sé.

«Yo tampoco me lo perdono».

Los sentimientos que Neji guardaba con respecto al incidente de los exámenes Chunnin estaban encerrados bajo llave y eran un misterio colectivo. No había certezas, su conducta era demasiado ambigua aún para desglosarla y analizarla. Así como podía ser brusco y despiadado con Hinata, de pronto podía preocuparse por ella o cuidarla cual león. La gente no lo comprendía del todo; tampoco se la podía culpar. Él daba la mínima información de sí mismo y era demasiado estoico el resto del tiempo ante cualquier situación. A la imaginación pública solo le quedaban suposiciones adornadas por hilos sueltos, que no decían nada, ni arrojaban luz.

El rencor de Kiba empezaba por allí.

Todos superaron el incidente cuando se supo que Hinata lo había perdonado. El guapo y talentoso primo de la princesa Hyūga liberado de todos los cargos por ser… ¡Oh. sorpresa! Guapo, talentoso y amado por la mismísima víctima ¡Más injusto imposible!

Si Neji un día asesinara a Hinata, Inuzuka sería el único que no se impresionaría, porque para él la conducta de Neji no era ambivalente. No hubo un solo temblor en su pulso cuando redujo a Hinata a golpes en los preliminares y no hubo misericordia en su mirada. Si no lo hubiesen detenido allí habría acabado todo. Era de locos que el principal agresor de una importante heredera fuese, nada más y nada menos, que su guardián elegido por la providencia.

Neji se sentó al lado de Tenten, en la oscuridad, mientras meditaba sus palabras.

—¿Sabes algo? Para mi tampoco fue fácil perdonarte el haber lastimado a Hinata en los exámenes Chunnin —confesó Tenten delineando con un dedo el borde de la botella. No veía nada, casi nada en la negrura del bosque, pero Neji sí podía verla; la cara pálida y triste que tenía su compañera—. Estabas fuera de ti, esa vez te ganó el dolor. Comprenderte, comprender el contexto, no me ayudaba a disminuir la decepción y la rabia que sentía, pero con ayuda del tiempo, todo eso acabó remitiendo. Entendí que (entre otras cosas) mi rabia y mi decepción se debían a que yo te quería y te tenía en buen concepto. Me asqueé mucho cuando descubrí que aunque la hubieses asesinado, yo te lo habría perdonado.

—Está bien —dijo Neji—. De haber sido el caso, yo habría sido ejecutado horas más tarde por el clan. Matarla habría sido matarme a mí mismo en más de un sentido... Yo lo sabía y no me importó. A veces pienso que tal vez solo quería morir.

Por experiencia, ella decidió no presionarlo demasiado. Aquella revelación era el pequeño fragmento de un rompecabezas que seguía armando.

—¿No crees que soy como Kiba? —preguntó Tenten.

—¿Sucio?, ¿inútil?, ¿con más pulgas y garrapatas que neuronas? —respondió lanzando un suspiro—. No te pareces en nada a ese fracasado. No te compares con él.

Tenten sonrió. Ella no se refería a las pulgas y a las garrapatas.

—No sé si me consideras tu mejor amiga, pero yo te considero mi mejor amigo —dijo dejando caer su cabeza nuevamente sobre el hombro de Neji—. Y así seas un maldito psicópata, sin alma ni corazón... mi lealtad está contigo. Seré la voz de tu consciencia cuando actúes mal, seré una compañía silenciosa si te sientes triste, seré un tormento sin igual y seré feliz cuanto tú lo seas. Pero siempre estaré aquí.

Aurora

Si me van a decir que extrañan a Hinata, pues yo le extraño más, así que shhhh(¿)

Amores, si me leen de Wattpad quiero decirles que estoy muy contenta con ustedes porque se portaron muy bonito cuando pregunté por los shipps. Me respondieron y no le tiraron hate a nadie. Esas son mis niñas, este es un espacio Family Friendly y cuidaremos de que siga así :3 aquí respetamos todos los shipps, todas las opiniones y todos los gustos. Culo sino.

En otras noticias, yo AMO escribir fluff para el sector femenino de mis respectivos fandoms, y me llegó muy bonito ver que el 76% de mis lectoras son chicas. Las amo a todas.

En cuanto a los shipps, de entre todos los comentarios quedé enganchada con tres posibles parejas.

ItaHina, que no sé si es porque las fans de este shipp son en particular intensas o porque hay muchas, pero me super convencieron de que es una buena pareja. Está 10/10

KakaSaku, porque es un gusto culposo que tengo y no-soy-la-única.

GaaSaku, porque repito, Gaara y Neji son formalmente mis personajes favoritos de Naruto y Sakura me gusta un vergo con Gaara. ¿Me perdonan?

Igual y el SasuHina me llama la atención más de lo que parece pero no sé si esté capacitada para escribir algo así ;-;

Y si llegaron hasta aquí, tengo otra pregunta, que es más importante que la de los shipps y les imploro que me respondan. ¿Cómo se llevan con los AU? Recuerden que es mi primer fic de Naruto y estoy bastante desorientada. Leer otros fics no me ayuda en nada con esta pregunta. ¿No les gustan los Au? ¿Hay algo que les moleste de ellos?

Eso es todo por ahora, amores, lamento mucho la nota de autor súper larga.

Cuídense mucho, las quiero:')