La historia que dejamos pasar
Capítulo 24
Al declarar que la quería, Naoki le había dicho a Kotoko que lo había convertido en un masoquista, y deseando que ella permaneciera más tiempo en su casa del estipulado, consciente de que no era suya, lo hacía más evidente.
Entendía perfectamente la pasada alegría de ella por vivir bajo el mismo techo que él, como no lo hizo antes. Esa situación permitía convivencias que no ocurrían públicamente y servían para contribuir al triunfo o derrota de la relación entre las personas.
Del mismo modo, era una ventaja sobre Nishigaki y todo su ser se regocijaba de ello, disminuyendo el malestar que le daba ese noviazgo.
Esa era de las pocas ocasiones en que agradecía las ideas de su madre.
(No podía opinar lo mismo de una cosa que la escuchó farfullar creyéndose sin oídos cerca. Ella lamentaba que los Aihara vivieran en un edificio compartido, dado que afectaría a otros si sufría algún mal, aunque con una ampliación de su casa pudieran ofrecerle espacio a los Sagawa.)
Si bien no estaba decidido con recuperar a Kotoko —porque lo consideró, pero creyó egoísta truncar su felicidad—, podía crear un vínculo amistoso con ella que mantuviera la puerta abierta en caso de que estuviese soltera en el futuro. Comenzaba a dudar que Nishigaki consiguiera hacerla su esposa, ya que no se había aparecido en su hogar en toda la semana que la pelirroja llevaba ahí. Estaba demostrado poco compromiso e interés en una joven muy leal cuando tenía sentimientos por alguien, hasta que una fuerte desilusión los destrozaba —como sucedió a los profesados por él.
Y no hacer un intento de estar ahí después de un accidente era grave.
Entretanto, Naoki estaría presente lo más que pudiera con una cara positiva, haciendo que ella lo mirara de nuevo. Se había enamorado de él antes, cuando no hizo algo para contribuir al asunto, así que podría desarrollar sentimientos si mostraba mejor actitud que entonces.
No estaba forzándose ni era un sacrificio, porque perderla y no tenerla, y contar con un amor más grande por ella, hacían que fuese menos reservado e indirecto. Su actitud pasada le llevó a creer que no la quería cuando se enfrentó a sus palabras.
Se guardaría sus sentimientos en voz alta, mas lo contrastaría con sus actos. Así, surgido un momento para estar con ella, solo expresaría aquello que demostró de la forma que le era posible.
(Contemplaba que podría llegar a confundirla y estarla manipulando; sin embargo, si conseguía tal cosa es que no había una emoción demasiado fuerte por Nishigaki.)
Todavía restaba eliminar la incomodidad por el funesto final de su romance, pero iba por buen camino.
Estos eran sus pensamientos de regreso a casa, a la que acudía con más ánimos que antes. Aun no recuperaba su hermandad con Yuuki, estaba en eso, solo que con la presencia de Kotoko ahí era imposible no contentarse… y la misma favorecía el congeniar con su hermano.
Por fortuna, podía sentirse así debido a que con el paso de los días era más certera la afirmación de Kotoko de no golpearse la cabeza, desvaneciendo la preocupación por algún efecto secundario.
No lo diría… o ella correría a su vivienda.
Sonrió y abrió la puerta de entrada, frunciendo el ceño tan pronto ingresó a su hogar, preguntándose a quién pertenecía el calzado negro de hombre. ¿Alguno de los amigos de Yuuki? ¿Ikezawa?
Rechinó los dientes a una fugaz imagen en su cabeza de Nishigaki, cuyo estilo parecía encajar con ese par de zapatos.
Conteniendo el impulso de comprobar sus sospechas, fue a cambiarse el traje y de regreso a la planta baja se dirigió a la sala de estar, escuchando exclamaciones de Kotoko con bastante alegría. Eran palabras diversas, que pronto adivinó parte de mímica.
Entró y una sensación amarga se instaló en su estómago al corroborar que el dueño de los zapatos era su asesor. Este se hallaba cómodamente sentado en el sofá.
—¡Fūrin Kazan!
Su madre aplaudió de emoción y chocó sus palmas con Kotoko.
—¿Un taiga drama*! ¿Quién adivina eso? —se quejó Nishigaki.
Yuuki asintió golpeándose la frente.
—¡Onii-chan! ¡Bienvenido a casa!
Los demás ocupantes de la habitación giraron hacia él. Kotoko le obsequió una pequeña sonrisa, Yuuki hizo un asentimiento y Nishigaki alzó sus cejas con lo que pareció presunción.
Deseó tirarle los dientes.
Se admiró de su búsqueda de violencia; él no era una persona visceral.
—Hola, Irie-sensei, espero no te moleste mi visita.
Lo hacía.
¿Por qué se apuró en sacar una conclusión?
—Han venido personas peores.
—Onii-chan, eso no sonó muy hospitalario. Debes socializar más, estás perdiendo tu toque.
—Irie-san, ¿sabe?, yo le aconsejo lo mismo. No convive mucho en el hospital, es un poco frío con nuestros compañeros, especialmente con las compañeras. Ser antipático no generará un ambiente equilibrado con el personal.
Yuuki rió en voz baja.
—Qué bueno que tu asesor te oriente en asuntos importantes, onii-chan.
Naoki apretó los dientes al ver la sonrisa condescendiente del pelinegro. Le producía asco. Quería ahorcarlo y sacarlo a patadas de su hogar.
—Debería seguir el ejemplo de Kotoko-san, que lleva menos tiempo que él y se ha adaptado perfectamente.
La aludida se sonrojó.
—Ummm, es que yo soy así. Me gusta ser amistosa.
—Oh, Kotoko-chan, ¿quién no te querría?
—Concuerdo con usted, rápido conquista los corazones de la gente.
Kotoko se cubrió su rostro de color grana y el estómago de Naoki se revolvió con lava ardiente.
—Ah, ya la hicimos avergonzarse. ¿Quieres unirte a nosotros, Irie-sensei? Kotoko-san e Irie-san están arrasando con Yuuki-san y yo. Necesitamos a alguien bueno en nuestro equipo.
—Dudo que onii-chan pueda hacer muchas expresiones para poder jugar, Nishigaki-san. Solo ayudaría adivinando.
Su hermano lució tan cómodo hablando con el médico que se molestó.
Y el calor de su interior se propagó aún más, acompañado de una oscuridad mezclada de aflicción y otros sentimientos. Pensó que la emoción enfermiza se había ido cuando admitió no odiarla, pero ahí permanecía, juntándose a una rara tristeza.
—Espero que Kotoko no esté haciendo nada demasiado brusco —dijo tratando de sonar hermético.
Nishigaki lanzó un chasquido. —¿Te olvidas que soy médico y tu superior? Lo sé. Pero hay que evaluar gradualmente sus funciones superiores. ¿Y qué mejor que divertirse? En unos años seré neurólogo, Irie-sensei, confía el cuidado de Kotoko-san en mis manos.
Sus hombros se tensaron y se dio la vuelta.
—¡Oh, espera, onii-chan! ¿Por qué no jugamos UNO? —sugirió Yuuki, pillándolo de sorpresa, tanto por la invitación como la sugerencia de entretenimiento.
Un juego de azar donde no tenía garantizado el triunfo sin importar cuántas estrategias aplicara. Hacía años sin que jugaran.
—Me gusta el UNO —compartió Kotoko con alegría. —Yo quiero.
De esa manera Naoki se vio convencido a sentarse con los cuatro y participar en su juego, tragando dificultoso cada vez que escuchaba la voz de Nishigaki, quien estaba demasiado a gusto en su casa.
Luego de partidas donde Kotoko, Yuuki y su madre fueron los afortunados vencedores—pues decidieron no contar hasta quinientos sino declarar ganador al primero que se quedara sin cartas—, el otro médico y él finalmente se vieron con una carta cada uno, pero los otros tres estaban desviando los turnos o bloqueándolos para no participar, impidiendo que alguno saliera victorioso.
Esperaba a que se les agotaran las cartas.
—Eh, oh, un minuto, mi móvil está vibrando —anunció su asesor de repente, frustrando más a Naoki.
Desde su lugar leyó "hermano" en la pantalla antes de que contestara.
—No estoy en casa. ¿Por qué? ¡Oh, vamos! Sí, rápido. Te marcaré cuando llegue.
Nishigaki suspiró al colgar.
—Me temo que debo irme, mi hermano menor está en un viaje de negocios en el extranjero y necesita que busque algo en nuestra casa.
Naoki celebró y maldijo; no habían acabado esa contienda.
—Qué mal, Nishigaki-kun, esperaba que te quedaras a cenar.
—Lo agradezco mucho, Irie-san. Gracias por recibirme.
—Te acompaño a la puerta. —Kotoko se estiró al levantarse del cojín donde estaba sentada.
—Yo iré a calentar la cena —dijo su madre, poniéndose también en pie.
—Me gustó tu participación, Irie-sensei; nos vemos en el hospital. Encantado de conocerte, Yuuki-san.
Su hermano alzó la mano para despedirse de Nishigaki, el cual se apresuró hacia la salida comentando tonterías a Kotoko sobre el juego de mímica.
Cuando desapareció de su vista, Naoki bufó.
—Deberías verte, onii-chan, celoso por tu ex prometida.
Yuuki soltó una carcajada. Naoki sintió su cuerpo tieso y lentamente se giró hacia su hermano, que comenzaba a recoger la baraja.
—¿Celoso? —pronunció con extrañeza.
—Exudas furia, creo que solo Kotoko no se dio cuenta —enunció Yuuki, aparentemente concentrado en ordenar las cartas, agrupando los números y acciones similares. —Le tienes mucha animadversión a Nishigaki-san, que es muy amistoso con Kotoko, como si sintieras algo por ella.
Las palabras de su hermano lo aplastaron con una roca y comprendió, sintiéndose estúpido.
{…}
Unos golpes en la puerta interrumpieron el silencio del dormitorio. Naoki, que quería un poco de tranquilidad para terminar de asentar la verdad señalada por Yuuki, estuvo tentado a denegar a la persona fuera.
—¿Qué?
—Aprovecharé que Kotoko-chan está duchándose —dijo su madre entrando apurada.
Sin ser invitada, se sentó en su cama y él suspiró.
—Naoki, tienes que ayudar a Kotoko-chan.
Eso atrapó su atención.
—¿En…? —Su madre no se asombró de que mostrara interés.
—Kotoko-chan no está enamorada de ese Nishigaki-sensei y él insiste en que salgan juntos. —¿Cómo? ¿Ellos no eran pareja? —Yo no lo sabía cuando me preguntó en el hospital si podía venir y acepté. Debes ayudarla, para que él entienda que ella no está disponible, que estás tú. Haz que se convenza de que ella te prefiere a ti.
Una mentira… Ella no lo hacía.
Su frase, "te amé por años", le había escocido. Borró sus sentimientos por él.
No obstante, se sentía con vigor al saber que ella no estaba con ese tipo y su intención de recuperar su amor tenía un obstáculo menos.
—Trata de que los vea en una situación romántica.
—No se necesita una tontería para detener a Nishigaki. —Él le advertiría a apartarse y respetar lo que ella quería, tenía ganas de amenazarlo.
Un gruñido brotó de la boca de su madre. —¿Y qué! ¿No te das cuenta! Esta es tu oportunidad para acercarte a Kotoko otra vez.
Supuso que la impresión de Yuuki también hizo mella en su progenitora, que de nuevo le hablaba de una relación con su preciada hija, después de años sin tocar el asunto.
—Ella ya no me quiere.
No iba a admitir que pondría de su parte para lo contrario.
Su madre se llevó las manos a la cara farfullando críticas hacia él. —¿Qué más sería? Estos años no hiciste nada que lo ameritara —siseó aumentando el volumen de su voz.
Arrugó la nariz.
—¿Acaso no es obvio? ¡Pues enamórala! —exclamó poniéndose pie para hablar más cerca de su rostro—. Si la amas, no seas cobarde y orgulloso. Si no haces algo, la perderás de nuevo y esta vez será para siempre.
Él trató de no reaccionar visiblemente ante eso. Aquel futuro era lúgubre.
—Sé listo y… —su madre agitó su cabeza. —Olvida eso, siente con el corazón, solo deja tu orgullo a un lado, y consigue hacer las cosas bien para los dos.
Dicho eso, se alejó con la espalda recta y cerró con un portazo.
Naoki soltó una risa entre dientes antes de sonreír. En unas cuantas horas sus ánimos habían fluctuado de arriba abajo en lo tocante a recuperar a Kotoko, pero al final lo positivo prevaleció.
Quedaba una posibilidad de tener ese algo, el alguien que necesitaba.
{…}
Al día siguiente de su plática y el entendimiento de la emoción provocada por Nishigaki y sus atenciones, Naoki esperaba que su madre fuese más comedida con sus indirectas, porque ya le había dado un golpecito por debajo de la mesa y hecho varias caras que señalaban a la tercera ocupante de la mesa, quien no se daba por enterada. Ella quería acabar con el ambiente livianamente tenso que persistía en las cenas y pretendía que él tomara esa iniciativa.
Que aguardara sentada o se cansaría.
Empero, le satisfizo que ella hubiese hecho un esfuerzo al no dejarle solo con Kotoko, aprovechando que su padre y Yuuki asistían a una cena de negocios.
Supuso que la única razón de estar ahí era que lo contrario sería demasiado obvio para Kotoko, porque ella podía ser despistada, aunque no a tal grado. No podía criticarla, pues esa fue una de las cosas que ganó a su impávido corazón; ella no veía segundas intenciones en la conducta de otros… Como lo demostró en ese momento, al preguntarle a su progenitora si estaba bien cuando ésta se presionó el puente de la nariz, frustrada porque él ignorara su insistencia.
—No te preocupes, Kotoko-chan, es una pequeña jaqueca. —Naoki captó un repentino fogonazo de luz en sus ojos y previno su proceder. —Terminando de cenar me acostaré.
Kotoko mostró cara de preocupación. —Sí, si lo cree necesario. ¿Quiere alguna medicina?
—No, no, con un buen descanso se irá, un par de horas más de sueño me harán bien —se apresuró en responder su madre. —¡Oh! Pero te aburrirás tú sola. Onii-chan, ¿por qué no le haces compañía?
Pudo poner los ojos en blanco si el rápido agitar de manos de Kotoko no le molestara.
—Usted no se preocupe por mí y descanse. Estaré bien, puedo estar sola hasta que sea mi hora de dormir.
Él no hizo algún comentario y juró que su madre deseaba clavar el tenedor en su cuerpo, cual tridente del demonio en la tradición cristiana.
No entendía por qué alegaba mantenerse al margen —o lo insinuaba— y hacía lo opuesto.
—Es más, puede retirarse con calma tan pronto acabe, yo me encargaré de lavar los platos. Y me servirá para entretenerme.
—Qué considerada eres, Kotoko-chan. —Su madre lo miró mal. —En cambio, mi hijo ni siquiera pregunta cómo me encuentro, o me ofrece una medicina, que es médico. Es un insensible.
—Eh, yo me adelanté a él, oba-sama. —Casi rió entre dientes porque la leve incomodidad de la cena, antes de la pregunta de Kotoko, había vuelto con ese último comentario de su madre.
Así que el silencio perduró hasta que concluyeron la cena y su progenitora fue animada a irse por su descanso, prácticamente a regañadientes por obligarse a desaparecer de la escena en que pudiera influir.
Una vez estuvo por su cuenta con Kotoko, él se levantó tras verla desaparecer a la cocina, siguiéndola con los pocos platos que quedaron en la mesa del comedor, dada la extraordinaria habilidad de ella de balancear recipientes sin tirarlos —a pesar de que normalmente tropezaba con sus propios pies—. Ella estuvo por colisionar con él al darse la vuelta, desconociendo sus acciones.
—Disculpa, Naoki-san. —Kotoko hizo amago de coger los artículos de sus manos y él se los dio, percatándose de su cuidado para no tocarlo.
Reprimió el impulso de reclamarle y pedirle que se refiriera a él como antes. Aunque fuese su nombre, Naoki-san sonaba más impersonal que Irie-kun. Su apellido lo decía con calidez y esa nueva forma de dirigirse a él era un insulto disfrazado de familiaridad; no importaba el tono amable. Remarcaba la diferencia de su afecto.
Rumiando eso, se colocó junto a ella cuando comenzó a lavar los recipientes y utensilios, con la intención de enjuagarlos y secarlos después de ser introducidos en la segunda tina de la tarja.
Kotoko brincó alejándose un poco y lanzando espuma por el aire. Un poco cayó sobre la mejilla y cabello de ella.
—¿Qué pasa?
—Tú elimina los restos y enjabona, yo me encargo de lo demás. —Ella se pasó el dorso de la mano por el pómulo, haciendo que más espuma se instalara en su rostro.
—No tienes por qué —le replicó ella haciendo un mohín. —Pero no te irás por mucho que insista.
Sonrió de lado.
—Umm, bien —dijo Kotoko tratando de quitarse la espuma de nuevo, sin triunfo. Él alzó su mano hasta su rostro, deslizando su mano por la zona en cuestión, quitando las burbujas blancas con suma lentitud, sintiendo cómo la piel se calentaba bajo la suya.
Por mucho que deseó permanecer en esa posición, se obligó a alejar su mano y abrir el grifo, eliminando el jabón restante.
—Eh, gra… —Ella se interrumpió al ver que volvía a acercar su mano a su cara, esa vez hacia su pelo, de donde desapareció la poca espuma que se resistía a hacerlo. Nuevamente se mojó, para frotar agua contra el pómulo y retirar la sensación pegajosa, sin prolongarla de forma indebida. —Ah… eh, gracias.
La cara de Kotoko se coloreó por completo como consecuencia del bochorno. Naoki se giró hacia el fregadero para no ceder a la tentación de besarla.
—Naoki-san —susurró ella.
Su corazón dio un pálpito fuerte y se volvió a ella con un poco de ansiedad.
—Tu cabello… —Kotoko señaló su frente con un dedo jabonoso. —Tiene un poco de espuma. Eh, me gustaría ayudarte como tú a mí, pero… —Ella movió sus manos ligeramente, recordándole que estaban llenas de burbujas.
Igual como agradeció la espuma, la desdeñó.
Se pasó la mano por su cabellera; Kotoko sonrió y asintió. Luego, sin más excusa que dilatara el intercambio, continuaron con la tarea de lavar los trastes.
Observándola de reojo mientras ella hacía lo suyo sin distraerse por ensoñaciones, él se preguntó si ya no cruzaría por su mente algún pensamiento sobre actividades domésticas de parejas que cohabitaban y cómo ellos las ponían en práctica. En el pasado la había escuchado murmurar sobre eso.
Exhalando, se dijo que tenía esperanzas muy altas.
Repentinamente la casa se sumió en la oscuridad total y Kotoko lanzó un chillido. Pese a que ya habían concluido y no quedaban cuchillos, Naoki se sobresaltó por su bienestar.
—¿Te has lastimado?
—Estoy bien, fue el susto. No veo nada. ¿Qué habrá ocurrido?
Su madre.
—Deben ser los fusibles. Iré a revisarlos.
—¿Quieres ayuda? Puedo sostener la linterna, cuando la tengamos. —Ella soltó una risita. —Dejé de mi teléfono en el comedor, ¿tienes el tuyo?
—Estoy recargando la batería.
—Entonces te espero aquí mientras buscas una linterna.
—Lávate las manos.
—No distingo el grifo.
Naoki asió una mano de ella y haló de Kotoko hacia él, pegando sus costados. Como al abrazarla días antes, sintió que su corazón se aceleraba con la cercanía.
Su cabeza descendió por sí sola aproximándose al rostro de ella, que tenía los ojos entrecerrados, pero se detuvo a medio camino, recordando que estaba asustada por la negrura.
Irguiéndose, acercó la mano de ella a la boquilla del grifo y abrió la llave para que fluyera el agua, donde Kotoko consiguió colocar ambas manos. Él limpió la suya, la cual se llenó de jabón al tocarla a ella, y cerró el paso del agua, tras lo que cogió el paño para dárselo. Se guiaba por su memoria y las pocas sombras que se formaban por la tenue luz que entraba por la ventana.
Tan pronto ella le regresó la tela, sujetó su mano para llevarlos al comedor; allí la dejó junto a la mesa, en donde una lucecita de su móvil brillaba. Se lo dio y fue al gabinete para buscar en el cajón.
—Gracias.
La luz de ella iluminó el comedor justo cuando él halló la linterna, que también encendió.
Fueron al patio trasero y con rapidez comprobó que habían bajado el interruptor sin haber problemas, mas colocó el repuesto que sacó del cajón e hizo otros movimientos para impedir que Kotoko perdiera la confianza en su madre.
Luego de un minuto de tontear, devolvió la energía a su hogar y Kotoko aplaudió.
—¿Te importaría que use el baño primero?
—No. —Ella asintió y se fue corriendo.
Solo, observó la caja de protección y liberó un chasquido.
Esperaba no contagiarse de la desesperación de su madre.
*Los taiga drama son series de televisión histórica que transmiten en Japón año con año.
NA: ¡Hola!
Ese Naoki, las cosas no salen como a él le gustaría. ¡Y nos encanta!
Besos, Karo.
Samy: ¡Qué bueno que hayas podido leer tres capítulos juntos! Y también que pudieras, en general, porque hay algunos fallos en la página. Supongo que estás en la aplicación. Espero que te gustara este. ¡Cuídate!
