CAPÍTULO 11
"Kitty."
Comencé a caminar para salir de aquella habitación y los pasos de Rachel fueron torpes detrás de mí, ya que yo tiraba de su mano para que lo hiciera. Giré mi cabeza para mirarla.
—Pero, ¿Qué demonios haces? —gruñó frustrada.
—Tú solo camina —le dije y tiré más de su mano, para acercarla a mí.
Hudson salió de la habitación.
—Rachel, ¿A dónde vas? —le preguntó.
—Tenemos cosas que hacer Hudson —contesté por ella.
—Rachel, te estoy hablando —me ignoró. Detuve nuestros pasos y me giré a verlo.
—¿Acaso no te has dado cuenta de que estás enfermo? Así de pie y encima descalzo no vas a curarte más Hudson, será mejor que vuelvas a la cama.
Vi como su cara se tornaba rojo de la rabia.
—Rachel, vuelve aquí —le exigió de manera autoritaria, como si ella fuera un perro o algo así.
Ella lo miró fijo por unos cuantos segundos, y luego me miró a mí.
—No soy una de tus criadas, para hacer lo que quieras —gritó. Sonreí levemente y ella me volvió a mirar —Vámonos.
—Vamos, cielo —sonreí y volvimos a caminar.
Tuve unas ganas tremendas de girar a ver como había quedado Finn, pero no lo hice, para poder llegar más rápido a la salida. Además de que había dejado sin protección a Betty. Salimos y con cuidado ella soltó mi mano.
—Ya no es necesario que me agarres de la mano.
—Está bien, está bien —me subí a la moto —Sube, vamos.
— ¿A dónde? —me preguntó frunciendo el entrecejo.
—Tú solo sube, yo luego te digo.
Se subió y prendí marcha hacía lo de Kitty. Sabía perfectamente que si le decía que la llevaría a lo de ella se iba a negar rotundamente. Llegamos a una pequeña casa, que se encontraba cerca de la Universidad. Allí vivía la rubia insoportable de Kitty Wilde.
Rachel se bajó y luego me bajé yo.
— ¿Podrías decirme en dónde estamos? —volvió a preguntar.
—Ya lo verás —tomé de su mano, para caminar hasta la puerta de la casa.
Toqué el timbré y más rápido de lo que esperaba la puerta se abrió. Una sonrisa de oreja a oreja se dibujaba en el rostro de la rubia.
—Viniste —dijo con voz chillona.
Sentí como la mano de Rachel apretaba con fuerza la mía. Entonces, con un solo tirón la presenté adelante, para que la viera. La sonrisa de Kitty se esfumó más rápido que un 'hola que tal' Sus ojos verdes miel se clavaron con asombro y enojo sobre la pequeña figura de Rachel. Arrastrando la vista me miró a mí. Yo solo sonreía como si nada pasara.
—¿No sabía que venías acompañada? —rezongó apretando los dientes.
—Y desde ahora en más, va a ser así casi siempre.
Volvió su vista a Rachel y vi como su rostro cambiada radicalmente.
—Entren —sentenció y entró a su casa.
—¿Qué es esto? ¿Por qué me trajiste aquí? ¿Acaso quieres vengarte de mí por haber ido a lo de Finn? —me preguntó por lo bajo.
—No, no es eso. Te traje como escudo anti-Kitty —resoplé por lo bajo para que la rubia que estaba delante nuestro no escuchara —Además de que no iba a dejarte con el neandertal de Hudson.
—Me debes una grande, Fabray —musitó. La miré de costado y le sonreí.
—Demás está decirlo, cuando quieras te pago cielo.
Kitty detuvo su paso y se giró a vernos. Quizás nos escuchó.
—Pueden sentarse ahí, ya traigo las cosas para el trabajo —protestó de mala gana y se metió en una puerta.
—Creo que no puede odiarme más porque no tiene capacidad mental para hacerlo — alegó Rachel mientras se sentaba.
—No le hagas caso, está loca —consentí mientras me sentaba a su lado.
—Sí, y es por tu culpa.
—Ya, ya cielo, no me sigas retando —le pedí.
Kitty entró y apoyó, con algo de fuerza, los libros sobre la mesa. Despreocupada Rachel, sacó su celular y comenzó a escribir en él. Miré a Kitty, y esta se sentó frente a mí.
—Bueno, ¿Qué hay que hacer? —le pregunté.
—Es un trabajo que mandó la profesora de contaduría. Quiere que realicemos un análisis general de no sé qué cosa.
—Análisis General del Consumidor Final —habló Rachel sin dejar de escribir en su celular.
Kitty le lanzó una venenosa mirada y volvió la vista a mí. Traté de no reír, pero me fue imposible. Así que la rubia me miró con enojo.
—Sí, ¿y qué más? —indiqué para que volviera a concentrarse en el tema.
—Eso, y hacer un gráfico con las estadísticas del mes.
—Empecemos —accedí y tomé el papel. Pero mis ganas de ir al baño impidieron que empezáramos. —katherine, ¿Dónde está el baño?
—Esa puerta de allí —me la señaló con el dedo.
—Ya vuelvo señoritas —me disculpé y salí de allí.
Entré al baño, hice lo necesario y volví a salir. Detuve mis pasos al escuchar la voz de Kitty.
—Te lo advierto enana… va a ser mejor que te alejes de Quinn —le gritó.
—Escúchame bien peliteñida —le habló Rachel—Me parece que al fin la tintura barata que utilizas quemó las pocas neuronas que tenías. Ya no me van tus estúpidas amenazas. Y si no quieres terminar peor que la primera vez, mejor cierra la boca.
—Eres una… —entré a la sala antes de que la cosa pasara a mayores. Refrené una sonrisa, Rachel había dejado bien en claro quién de las dos era más peligrosa.
—Bueno, ahora si podemos comenzar —sonreí mientras me sentaba de nuevo.
Los minutos pasaban y yo ya me estaba volviendo loca con todo esto. Es que es increíble que haya gente como Kitty en el mundo. De verdad es algo que no logro entender.
—kitty, linda, pon atención. Las cosas no son así —le pedí por décima quinta vez.
Era la décima quinta vez que le explicaba lo mismo. Ella soltó una tonta risita.
¡Aaag, como exaspera! Y aun no puedo creer como tuve el valor de acostarme con ella, pero nunca más lo hago. Lo juro por mi Betty Boop, que jamás me vuelvo a acostar con chicas así.
Aunque como ya dije una vez nunca hago caso de mis propias palabras.
—Es que no lo entiendo —susurró de manera sensual ella.
Miré de reojo a Rachel, y seguía concentrada con su celular. Solté un suspiro.
—No importa Kitty, ¿Por qué no vas a traer algo de comer? —le pregunté.
Ella asintió y se puso de pie para ir a buscar lo que le encargué. Giré mi cabeza para mirar a Rachel. Ella levantó su vista del celular para mirarme también.
— ¿Qué sucede? —me preguntó.
—No soy una genio, no pongo atención en clases, pero dime por favor que no fue mi imaginación la completa falta de, ya no inteligencia, sino SENTIDO COMÚN en Kitty —le gruñí. Ella sonrió levemente.
—Vamos Fabray, ¿Acaso no conoces la clase de chica que está frente a ti? No tiene ni dos dedos de frente, y se cree dueña del mundo —respondió y volvió su vista a su celular.
— ¿Qué estás haciendo con el celular? —le pregunté.
—Estoy jugando —contestó sin dejar de mirar la pantalla.
—Ayúdame —le imploré.
Volvió a clavar su vista en mí, y sentí muchos deseos de besarla. Pero no a la fuerza, de besarla y que ella estuviera completamente de acuerdo con ello.
Soltó un suspiro y guardó el celular para acercarse a la hoja que yo tenía en mi mano.
Más rápido de lo que hubiese esperado, la morena y yo terminamos el bendito trabajo. Con personas así si da gusto trabajar y hacer las cosas.
—Gracias —le susurré cuando vimos que Kitty entraba a la sala con una bandeja en la mano. Me puse de pie y tomé la mano de Rachel para que también lo hiciera. Kitty nos miró bien, y apoyó la bandeja sobre la mesa —Kitty, catiños, ya terminé el trabajo. Y perdón por no esperarte para hacerlo juntas, pero tengo que irme a hacer unos trámites muy importantes.
—Pero… —habló ella.
—Nos vemos el lunes en la Universidad —la interrumpí mientras empujaba levemente a Rachel para que caminara hacia la puerta —No te olvides de llevar el trabajo por favor. Adiós y gracias por tu hospitalidad.
—Adiós —escuché como decía. Salimos de su casa y seguí empujando levemente a Rachel hasta la moto. Ella se giró a verme cuando llegamos.
— ¿Qué?
—¿Sabes? Me dio pena —confesó. Sonreí.
—¿Quién?
—La rubia teñida.
—Rach… no le tengas pena. Ya te dije que está loca. Ahora sube a la moto, vamos a un lugar que conozco.
—No, no quiero ir a ningún lugar contigo.
— ¿Por qué no?
—Porque eres una chica horrible, una insensible, nada te importa… ni siquiera lo que esa loca sienta.
Sonreí y negué con la cabeza soltando un suspiro.
—Bueno, si soy todo eso. Pero vamos, me hiciste un favor ¿o no? —Ella asintió —Bueno, vamos a tomar algo. Santana y Puckerman nos esperan allí.
— ¿Y cómo sé que no me estas mintiendo?
— ¿Acaso crees que yo sería capaz de hacerte algo? —le pregunté. Me miró fijo a los ojos por unos cuantos segundos. Sonrió levemente.
—No —reconoció negando con la cabeza.
—Ah bien, entonces hazme el favor de subir ¿sí?
Ella asintió como una niña pequeña y subió a la moto, para luego yo subirme detrás de ella. Arranqué y manejé a través de las ruidosas calles, hasta llegar al bar.
—Oye, ¿se puede saber que fue eso de MI RACHEL? —me preguntó de la nada.
Sonreí divertida, mientras continuaba manejando.
—Es una forma de expresión territorial, cielo —le contesté. Ella se giró a verme.
— ¿Y acaso yo soy un territorio?
—Sí, mi territorio Berry.
—En tus sueños Fabray.
—Y en los tuyos también, cielo —respondí y besé su mejilla. Ella me miró con recelo.
Era de noche, casi las 9. La tarde se nos había pasado en casa de Hudson y Kitty. Se bajó y miró a su alrededor. A lo lejos vi como dos personas se acercaban a nosotras.
Tomé la mano de Rachel y la acerqué a mí, para mantenerla segura. Hasta que reconocí quiénes eran.
—Hey, ¿Qué hacen aquí? —preguntó Puck mientras se acercaba más y saludó con un abrazo a Rachel. Ella le devolvió el gesto. Santana también la saludó afectuosamente.
Luego ambos me miraron venenosamente.
—¿No se te ocurrió llevar a Rachel a un mejor lugar? —me reprimió Santana. Me encogí de hombros y negué con la cabeza.
—Rachel disculpa la falta de sensibilidad de Quinn, no sé qué estaba pensando al traerte a nuestro cuchitril —le pidió perdón Puckerman.
— ¿Acaso es tan malo? —preguntó ella.
Los dos lame botas confianzudos asintieron con la cabeza.
—No es lugar para una señorita como tú —confesó Santana.
—Aunque creo amiga —le siguió Puckerman a Santana apoyando una de sus manos sobre su hombro y mirando a Rachel —Que no hay lugar perfecto para ella.
—Aaaaw, son tan tiernos —sonrió ella levemente.
— ¿Ya se cansaron de ridiculizarme frente a mi Rachel? —les gruñí y ambos me miraron. Santana negó con la cabeza. Le rezongué por lo bajo —Vamos, entremos.
Entramos y lo primero que nos invadió fue el olor a cigarrillo. Para la hora que era el lugar ya estaba lleno de aquellos hombres que se la podían pasar horas allí dentro. Vi como Rachel miraba con atención a su alrededor. Su mirada se fijó en las muchachas que estaban sentadas sobre los regazos de los que estaban jugando al truco. Se giró a verme.
—Ellas son las damas de compañía —Me anticipé a su pregunta. Ella volvió a mirarlas
—Pero solo se meten con los hombres mayores de 21 años. Nosotros no estamos a su altura.
—Y dime Rachel, ahora que Quinn es tu garrapata incómoda, ¿te agrada un poco más? —le preguntó Santana. Ella sonrió.
—Y pues… hay veces en las que es insoportable… pero te acostumbras —reconoció divertida.
—Me ama, pero esta terca en negarlo —alegué yo. Puck se giró a verme.
—A mí me parece que la que lo niega más es otra —murmuró Noah.
Lo miré mal y nos sentamos en una de las mesas. Rachel miraba curiosa a su alrededor, como inspeccionando el lugar.
— ¿Te gusta? —le pregunté. Volvió su vista a mí.
—El lugar es así como de época, pero moderno. Es lindo.
—Espera a ver cuándo se ponga linda la cosa —musitó Santana. La pateé por debajo de la mesa. Siseó e intentó devolverme el golpe, pero se lo dio a Puckerman. Rachel rio divertida.
—Ya basta, dejen de comportarse con niños. Vamos a pasarla lindo —suplicó ella.
—Así se habla cielo, así se habla —le sonreí.
