All For You
Capítulo 24
"Una Nueva Promesa"
"Yo puedo superar cualquier cosa en cualquier momento
Así que abrázame
Nunca me dejes ir"
(N/A, notas de la autora)
-dialogo-
"pensamientos"
"recuerdos (dialogo)"
Narración
N/A: Este capitulo contiene Lemmon todo aquel que se sienta sensible con este contenido, pondré la siguiente marca */*
Pasaron un par de minutos llenos de silencio después de que Candy salió de la habitación, cuando sin decir absolutamente nada, ella estaba haciendo lo mismo escuchando su nombre de la persona de la cual no deseaba saber y ver en ese momento, sin embargo cuando camino por la parte trasera de la mansión mientras seguía escuchando su nombre, no tuvo más remedio que detenerse, y darle un fin a todo aquello.
-Annie-menciono cambiando el tono insistente a uno suave al ver que finalmente se detuvo y ella giro para quedar frente a frente-Lo de aquella vez en el Colegio San Pablo, es verdad lo que decía la carta, yo quería decirle a Candy la verdad, pero no podía traicionar una promesa, deseaba que algún día tú lo superas-menciono aquel malentendido en donde Archie le reclamo a Candy por su amistad por Terry por el hecho de que pudiera haber algo más y pudiera herir en su momento a su primo.
-Eso lo entiendo, pero aun así eres tú el que no está entendiendo-menciono la pelinegra dejando en medio un suspiro entrecortado y al castaño intrigado por no comprender a que se estaba refiriendo-El hecho de que en ese momento no intentabas declararle tu amor a Candy, eso no significa que sintieras algo por mí-Archie palideció, porque era verdad, a pesar de que esa no era su intención con la ojiverde, tampoco lo era por Annie-Simplemente te sentiste responsable por haberme lastimado, aunque también yo hice mal por verte como el culpable, cuando era yo la que debía hacerme cargo, sola-
-Pero Annie, yo…-
-Lo sé Archie, hasta cierto punto sé que me quieres, pero no de la manera en que la yo quiero y necesito-la pelinegra sintió que la respiración le comenzaba a fallar, no obstante debía continuar-Siempre he vivido con el miedo de cometer un pequeño error y ser despreciada por ello, pero entendí que esos errores son parte de lo que yo soy, no puedo vivir con el miedo de ser yo misma por el hecho de que tal vez mis verdaderos padres no me quisieran y que me tenga que conformar con el poco afecto que me puedan dar-dijo eso ultimo mirándolo directamente a los ojos, sabía que entre todas las personas, él también estaba incluido-A pesar de todo, agradezco el amor que he recibido de la señorita Pony y la hermana María, de mis padres adoptivos y de Candy, ella nunca ha tenido miedo de ser ella misma y ha recibido todo el amor que ella merece, y no lo digo porque la envidio, yo también la quiero y le deseo toda la felicidad del mundo-unas lágrimas silenciosas comenzaron a descender, pero estaba a punto de llegar al cierre-Tal vez en algún momento te sentiste desplazado por Anthony con respecto a Candy, pero al menos ella no te alimentaba con silenciosas falsas esperanzas, nunca vas entender, sentir ese miedo constante de ser la segunda opción y de un día para otro aparezca algo mejor, cuando para mí siempre fuiste el primero-sintió que sus garganta se cerraba al recordar todos esos momentos en los que realidad fue más un remplazo que un pareja-Hasta que finalmente llego alguien, que a pesar de que había una multitud a su alrededor, él únicamente se fijó en mí y fue cuando entendí lo equivocada que estuve este tiempo, que en realidad merecía un amor tan maravilloso como ese-el rostro de Adam apareció, presentándose ante ella, siendo ella su número uno en todo, escuchando sus sueños, sus opiniones, incluyéndola en todo, siempre intentando complacerla-Por eso Archie, el saber la verdad, no cambia absolutamente nada, ni el tiempo que estuvimos juntos, aunque finalmente pude entender que no hay nada más para nosotros-dio media vuelta y se retiró del lugar dejando a un Archie pensativo, ya que no le dio tiempo de defenderse o dar cualquier argumento, porque todo lo que ella había dicho, era dolorosamente cierto, se sintió un completo idiota.
"Yo siempre fui suficiente"
Con el corazón de ambos y la respiración agitada, la rubia recargo su cabeza sobre el pecho del joven, mientras se dejaba envolver por el sonido de sus latidos, el aroma y el calor que desprendía de su cuerpo.
-Ahora soy yo la que se quiere quedar aquí para siempre-menciono la ojiverde deseando estar en los brazos de Anthony toda una eternidad.
-Si eso incluye que te pueda besar cada vez que quiera, estaré encantado con la idea-respondió el ojiazul sin dejar de sonreír mientras que una de sus manos sostenía firmemente la cintura del pecosa y la otra acariciaba aquellos sedosos rizos entre sus dedos mientras escuchaba la sonora y hermosa risa de su amada-¿Pero cómo fue que..?-comenzó a preguntar intrigado por haber recibido rápidamente el perdón de la rubia.
-Archie y tu padre, me mostraron la correspondencia que estuviste intercambiando con él. La tía abuela, Albert y Stear también me explicaron toda la situación-decía mientras levantaba su mirada para anclarse en el hermoso azul de los ojos de Anthony quien la miraba atento y tiernamente cada palabra-Yo no tenía idea que habías pasado por una situación tan difícil- los ojos de la rubia nuevamente comenzaban a llenarse de lágrimas, recordando desde la convalecencia del rubio, su frustración al no poder tener contacto con ella, enterarse de su relación con Terry de una manera tan dolorosa y todos los malentendidos que hubo de por medio.
-Eso ya quedo atrás y mucho menos importa ahora que estamos juntos-respondió con dulzura cuando removía delicadamente las lágrimas del rostro de la ojiverde-No llores por favor pecosa-pero aquellas palabras en vez detenerlas, lograron que fueran abundantes después de que Candy mostrara una deslumbrante sonrisa, ya que en algún momento pensó que nunca volvería escuchar esa frase con tanto amor. Anthony al ser débil a aquella sonrisa estaba dispuesto a volverla a besar pero un sonoro carraspeo se hizo presente. Ambos miraron hacia el origen de aquel sonido, Candy al darse cuenta que se trataba de la tía abuela se puso rígida a modo de reflejo sin embargo Anthony siguió tomándola de la cintura ante la presencia no solo de la tía Elroy, sino también de su padre, Albert y Stear, estos dos últimos complacidos por la reconciliación de los rubios.
-Al ver que no estaban decididos a entrar o no de nuevo a la mansión, decidimos ser nosotros quienes irrumpiéramos su conversación-argumento aquella dama, sin embargo la risa breve de Stear se hizo presente aunque de inmediato fue silenciada ante la severa mirada de la matriarca de los Ardley-Solo para informarles que dejaremos Lakewood en un par de horas, regresaremos a Chicago, ustedes se harán cargo-el rostro de confusión se hizo presente en ambos jóvenes, mirándose un instante entre ellos y de nuevo hacia la tía abuela.
-¿Tan pronto?-pregunto Candy aun sin comprender si se refería a todos ellos. Antes de aclararse todo, si tenía planeado irse de la mansión de las rosas ese día, pero ahora quería quedarse más tiempo junto con el rubio.
-¿Qué quiere decir con que nosotros nos haremos cargo?-cuestiono Anthony, sin poder descifrar a que se refería realmente aquella estricta dama.
-Todos nos iremos, a excepción de ustedes dos-comenzó a explicar el legítimo líder del clan- Incluso todo el personal de la mansión tendrá libre el día de hoy y mañana, ellos hicieron bastante con los preparativos de la fiesta-a pesar de que Elroy no estaba muy de acuerdo con aquella decisión, no podía restarle merito a todo el personal que trabajo a la altura-Pero sé que ustedes podrán sobrevivir sin servidumbre y seguir disfrutando de este hermoso lugar-dijo con un guiño asegurándose que su tía no se diera cuenta, haciendo que la rubia se sonrojara y Anthony asintiera complacido con la idea.
-Papá-menciono el rubio al no saber el proceder de su padre y más cuando se había alegrado de su llegada.
-Yo estaré en la mansión Ardley en Chicago, William insistió, te esperare para que podamos hablar-el rubio asintió, aunque por un momento Candy temió por la idea de que Anthony tuviera aun la idea de regresar a Escocia, pero al ver que él le dirigía su mirada y su encantadora sonrisa, todos sus miedos se esfumaron.
Antes de que pasaran aquellas dos horas, un joven de cabellera oscura había abordado su automóvil sin repartir otra despedida, con la de Candy era suficiente como para querer irse sin ser visto por nadie, sin embargo al encender su motor, la puerta del copiloto se abrió para que un intruso abordara su vehículo.
-¡Albert!-exclamo el actor sorprendido de que su viejo amigo se percatara de su intento de huida.
-¿Pensabas irte sin escuchar mi historia?, ¿Acaso ya no me consideras un amigo?-pregunto fingiendo reproche. Sabía lo temperamental que era Terry, pero que en el fondo era noble, tanto como para dejar que la mujer que amaba fuera feliz con otro. Que tenía la fachada de chico duro, pero que también sabía escuchar y razonar.
-De acuerdo, ojala sea interesante que el camino será largo-argumento mientras daba marcha.
-Te aseguro que así será, todo empezó, precisamente en esta mansión…-comenzó a relatar Albert mientras el auto recorría la salida para alejarse finalmente de Lakewood, y el cierre de una historia para Terry Grandchester.
Horas después de que en la mansión solo quedaran los rubios y la noche estaba por hacer su llegada, ambos se encontraban en la sala principal en donde recibían a invitados importantes, la chimenea estaba encendida y sin soltar su brazo, Candy se recargo sobre el hombro del rubio quien ya le había compartido una historia nueva de sus días de Escocia y ahora él era quien le pedía una historia, por lo cual había decidido hablar de aquellos días en alta mar que no había podido compartir con nadie.
-Cuando viaje de polizón de regreso a América, tuve que ayudar a un amigo a que fingiera estar agonizando para no ser lanzado al mar, también temí por lo mismo pero al decirles que era enfermera me dejaron seguir en el viaje, también pasamos por una tormenta…-no se sintió capaz de continuar debido a que Anthony comenzó abrazarla, él sabía que esa historia era cuando ella ansiaba regresar a America después de la partida de Terry, a pesar de que debería estar molesto, estaba agradecido que ella estuviera actualmente a salvo.
-Mi único deseo es que no vuelvas a correr un riesgo así-en su momento le hubiera reprochado al mismo actor al no procurarla, aunque también se reprochaba él mismo por no haber estado allí-¿Podrías hacer eso por mí?-pregunto mientras acariciaba y admiraba su rostro que era iluminado por las llamas proveniente del fuego, pero que no se compara con aquel que nacía de sus ojos celestes. Ella asintió, sintiendo un ardor desde su pecho esparciéndose por todo su cuerpo, al sentir su mano sobre su piel y aquella mirada tan profunda y arrebatadora-Debes estar cansada, me imagino que no pudiste dormir la noche anterior-el mismo rubio freno aquel impulso que había comenzado aquella noche en la que ambos se declararon sus sentimientos y el recuerdo de lo que había pasado después recorriera su mente, sin imaginar que Candy repasaba esas imágenes dejando escapar un suspiro, el cual al terminar, unos brazos la alzaran, haciendo que ella lo tomara del cuello-Recuerdo, aquel día de nuestro primer baile, cuando te rescate de esa horrible habitación- el joven comenzó a tararear aquel vals mientras repetía aquellos pasos que hizo esa vez cuando también la tenía entre sus brazos y regresarla a un lugar seguro, cuando ella ya se sentía segura desde el momento en que la había alzado.
-A pesar de ese momento, no pudo ser opacado cuando me encontraste y bailamos nuestro primer vals-dijo quien a pesar de no sentirse cansada no quería bajarse de los brazos de Anthony mientras la cargaba hacia su habitación. Al llegar y depositarla delicadamente sobre su cama y mentalizado a irse a su propia habitación, la mano de Candy irrumpió sus planes-Anthony-era una clara petición para que se quedara.
-¿Quieres que me quede a dormir contigo?-a pesar de que podría tratarse de una trampa, el rubio acerco su rostro a la de la pecosa, pensando a la vez, escéptico que solo era él quien tenía otros deseos ajenos a los de dormir. No obstante se sorprendió que ella negara tímidamente, incapaz de decir lo que realmente quería en voz alta, pero lo suficiente valiente para tomarlo de rostro y acercarlo a ella para besarlo de manera que pudiera expresar lo que con palabras no se atrevía a decir-Candy…¿estas segura?- susurro anhelante y a pesar de que la habitación era iluminada por la luz tenue de una lámpara que se encontraba en el buró junto a su cama, Anthony busco algún rastro de duda en aquel par de esmeraldas, encontrando únicamente deseo, el mismo que sentía y que comenzaba a enloquecerlo.
-De lo que estoy segura ahora, es que mi único deseo eres tú-aquellas palabras fueron lo suficientes para que el autocontrol que el rubio había estado manteniendo se fuera lo más lejos de Lakewood.
*/*
Ahora fue él quien busco sus labios, a pesar de que era la primera vez para ambos, parecía que sus manos sabían que camino recorrer, desde su cintura hasta su espalda para encontrar los botones de aquel vestido, que aunque eran bastantes, le permitió darse tiempo de disfrutar con lentitud la suavidad de los labios de su amada, quien fue subiendo sus delicadas manos hasta el cuello de su camisa para comenzar a desabotonarlo, cuando pudo despojarlo de su camisa pudo admirar nuevamente su escultural pecho, el mismo que le robaba el aliento con tan solo verlo, ansiaba recorrer y trazar más de mil caminos con sus manos. Él se deleitaba cuando finalmente pudo deshacerse del vestido, que aun a pesar de que tenía un fondo de seda, fue retirando cada tirante mientras recorría sus labios en su delicado y terso cuello haciendo que aquella sensación bajo su vientre exigía su pronta atención.
Cuando finalmente no hubo ninguna prenda de por medio, quedo admirado por la belleza que desprendía, una piel tan perfecta, que no escatimo en recorrer con su mirada, mientras que ella con la respiración agitada, lo miraba sin perder cada detalle de cada expresión y al mismo tiempo de la obra de arte que representaba para ella que ni siquiera sentía temor o vergüenza ante su propia desnudez porque estaba totalmente hechizada ante la presencia del ojiazul, ninguno podía prestar toda su atención a otra cosa que no fuera el otro. No pasó mucho tiempo para que de nuevo se fundieran en un beso que no solo transmitía amor, sino un deseo que los había estado consumiendo desde su reencuentro, esa constante necesidad que no solo sus corazones sino también sus cuerpos sentían por estar cerca. Él en un intento por no lastimarla, se fue adentrando en ella lentamente, un lamento por parte de ella se hizo presente.
-Lo siento-se disculpó deteniéndose, logrando que la rubia se inquietara.
-No, por favor-dijo en medio de un jadeo, lo que menos quería era que se detuviera, cuando lo que más deseaba es que él fuera el primero y él único en su vida.
Al ver la valentía, la determinación en la voz y la súplica en los ojos de Candy decidió continuar, haciendo que ella reprimiera cualquier muestra de que sentía dolor, el cual se fue desvaneciendo con cada movimiento que hacía, como un vaivén, que comenzaba a estremecerla y aunque esa sensación era similar al de aquella noche, no imagino que pudiera llegar a un lugar más alto que las estrellas, su respiración se volvía más agitada y errática, inconscientemente sus labios se abrieron dejando salir ese sonido de éxtasis, que lograba que Anthony comenzara a delirar, sintiendo a la vez como su propio cuerpo se consumía y comenzaba a colapsarse, hasta que ambos llegaron ante la ansiada cima mientras se maravillaba ver como la espalda de su pecosa se arqueaba y bajaba, con el pecho agitado. Hipnotizado, hambriento, sentó a la rubia sobre él quedando frente a frente, chocando sus miradas, ambos con un brillo nuevo en sus ojos.
Para ambos, estar así, uno ansioso del otro, era un acto tan natural, como el respirar, y el latir de sus corazones, un evento que incluso sus propios cuerpos, cada rincón, cada poro de su piel, más allá de sus miradas, ya habían predestinado tiempo atrás, incluso en el primer contacto, y que a pesar de los obstáculos, del tiempo y de todo el sufrimiento, su unión sería algo inminente aunque ellos no estaban conscientes de ello hasta en ese instante, en el que nadie más existía. Anthony no solo era el único que hacia resonar fuertemente su corazón y sino que también era el único que lograba despertar ese deseo de saciare con sus besos y sus caricias, ni siquiera con el actor de Broadway, con él, sus fantasías no llegaban más de una historia romántica, pero el rubio era con el que tenía más allá de aquellos deseos, su corazón, su amor era totalmente suyo, deseaba dejarle en claro que su cuerpo también era de él.
-Dime que es lo que deseas-dijo él con voz agitada y sin despegar en ningún momento sus mirada de aquellos ojos color esmeralda que en todos esos años había soñado y había estado presente en sus pensamiento.
-Te deseo a ti-jadeo viendo que la misma respuesta estaba en sus ojos, intuyendo y ansiando que haría lo necesario para demostrárselo. Lo cual sucedió cuando beso sus labios tomando su cintura guiándola a que se moviera, logrando que ella nuevamente comenzara alucinar, pensó que su cabeza estallaría cuando él comenzó a recorrer sus labios desde su mentón, bajando por su cuello, su pecho, hasta sus botones, rozados, hinchados, y aunque seguía guiándola, sus caderas comenzaban a moverse por sí solas, su cuerpo reconocía plenamente a quien le pertenecía, el placer se apoderaba de ella, inclinando su cabeza hacia atrás, dejando que su garganta dejara escapar un sonido, que solo Anthony sería capaz de provocar, y que él se encargaría que siempre así fuera.
-Candy, te amo-dijo una vez que ella termino exhausta recargando su frente sobre su hombro y sin dejar de abrazarlo.
-Y yo te amo a ti, Anthony-respondió ella levantando su mirada, sellando aquellas palabras y esa mágica noche con un dulce beso.
*/*
La mansión de Lakewood era iluminado por los rayos de sol anunciando un nuevo día, mientras que en una de las habitaciones, una joven se resistía a abrir sus ojos a pesar de que la luz pegaba en su rostro, haciendo lo necesario para tomar otra posición, sin embargo, sus otros sentidos ya estaban despertando, su olfato al reconocer el aroma de esa persona especial, la hizo sonreír. No pudo advertir que aquella sonrisa fue del agrado del dueño de unos ojos azules, que llevaba varios minutos admirándola recargando su cabeza sobre su mano, mientras su codo se apoyaba sobre su almohada, incapaz de irrumpir aquella visión. Hasta que ella, en medio de un suspiro abriera lentamente sus ojos, descubriendo con gran felicidad al joven con el que había compartido esa noche especial.
-Buenos días bella durmiente-aquel saludo hizo que la rubia comenzara a reír al recordar que fue el mismo saludo que hizo cuando él estaba enfermo, parecía que su comportamiento en ese entonces cobraba sentido.
-Buenos días, ¿Cuánto tiempo llevas despierto?-saludo, aunque pregunto preocupada de que Anthony se hubiera impacientado de que ella se resistía en despertar.
-No lo sé, a veces dudo si realmente desperté y que en realidad sigo en un sueño-sus palabras lograron que la rubia se sonrojara e hiciera un intento por cubrirse el rostro con la sabana, algo que al galeno le pareció adorable.
-Y si en realidad, ¿es mi sueño?-comento ahora ella, sintiendo también que lo que estaba viviendo era algo demasiado maravilloso.
-Entonces, si es tu sueño, ¿haría esto?-dijo antes de acercarse a ella bajo las sabanas, mientras la llenaba de cosquillas, mientras besaba rápidamente su rostro, cuando ella ya no aguataba más las risas, se detuvo, quedando encima de ella y a pesar de que la rubia seguía desnuda, agitada, se quedó atrapado en sus ojos por varios segundos, deseando grabar esa imagen, pidiendo que hubiera más días para poder contemplar esa maravilla, se acercó a sus labios para darle un fugaz beso-Ven conmigo, te hare algo delicioso para desayunar-
Ambos se encontraban en la cocina, mientras que la rubia había bajado con su pijama y su bata puesta, sintiéndose más cómoda y alejada de las estrictas reglas de la tía abuela, el rubio opto por el momento ponerse la misma ropa que el día anterior, arremangándose la camisa para después ponerse el delantal.
-¿Y yo que puedo hacer?- pregunto Candy dispuesta a dar una mano, sin embargo el ojiazul la tomo de la cintura y la sentó sobre la mesa cercana que era donde comía el personal de servicio.
*/*
-Solo esperar, déjame ser yo quien te consienta-dijo al mirarla fijamente, siendo ella quien quedara atrapada y sin poder resistirse lo tomo del cuello para besarlo suavemente, sin embargo aquello desato que él estuviera ansioso de más, sobre todo cuando había conocido aquel paraíso horas antes. Sus manos hicieron que la cadera de ella se acercara más a él, mientras el beso se hacía más profundo y demandante. Al tenerla más cerca una de sus manos comenzaron a recorrer su muslo, acercándose peligrosamente aquel lugar que lo esperaba ansiosa, mientras que su otra mano desataba lentamente el nudo de la bata, cuando finalmente este se deshizo, los hombros de la prenda fueron cayendo dejando acceso a la blanca piel de la joven, haciendo que los labios de rubio comenzaran a recorrer hasta su cuello, ella comenzó a jadear cuando la mano de él finalmente llego a ese lugar que deseaba ser explorado de otra manera. No obstante el sonido del estómago hambriento de Candy se hizo presente para romper con aquel ambiente. Avergonzada recargo su frente sobre el hombro de Anthony, quien se había detenido y hacia un esfuerzo sobrehumano por no estallar en risas, sin embargo fue difícil que no mostrara por lo menos una sonrisa mientras hacia lo posible para que la ojiverde lo viera de frente-Eres una tentadora distracción pero debo hacer el desayuno-dijo enternecido por el rojo granate que cubría el rostro de la rubia.
*/*
-Con más razón déjame ayudarte-pidió para así poder ocuparse y no pensar en aquella vergüenza que acababa de pasar.
-Lo hare si me cumples un deseo-aunque era difícil negarse a la ojiverde, tenía algo en mente que necesitaba hacer mientras aun estuvieran en Lakewood.
-¿Un deseo, que deseo?-pregunto más por curiosidad, ya que no tenía idea de que hubiera algo a lo que pudiera negarle a Anthony.
-Después de que desayunemos te lo pediré, ¿Qué dices, aceptas?-menciono mientras enderezaba su espalda y extendía su mano, aunque con un brillo juguetón en su mirada.
-¡Acepto!-menciono para después estrechar sus manos de manera cómplice y amistosa.
Después de que ambos prepararan y comieran el desayuno, entre risas, bromas y besos fugaces, Anthony le pidió que se alistara, él la esperaría en la entrada principal de la mansión. Varios minutos después, con un vestido de mangas cortas, de rayas blancas y amarillo tenue, Candy bajo entusiasmada pensando que se trataría de un paseo en el jardín, ansiando poder tomar su mano y admirar algunas rosas que habían florecido antes de la llegada de la primavera. Sin embargo al salir no pudo admirar al apuesto joven con su traje de jinete, chaqueta color vino, pantalones blancos y botas negras, debido a que se quedó paralizada, aunque sus manos temblaban y el color de su rostro había desaparecido, al ver el corcel blanco que estaba al bajar las escaleras de la entrada, era tan parecido al de aquel día.
-Anthony…¿Por qué…?-cuestiono, siendo el miedo quien la dejo imposibilitada de terminar la pregunta.
-Mi deseo, es que cabalguemos juntos, como aquel día, en donde prometimos que la soledad no nos vencería-respondió él, intentando que la mirada de ella se encontrara con la suya, aunque fue difícil, al ver como ella comenzaba a respirar con dificultad y sus ojos se llenaban de lágrimas aun sin poder dejar de ver al caballo. Aquel paseo en Escocia con Terry no había hecho lo suficiente, no como él actor había pensado, solo logro que la herida de la ojiverde doliera más, porque nunca pudo cerrarla, aunque tuvo que fingir e incluso auto engañarse que así lo fue, pero en realidad, al tener un caballo enfrente junto con el causante de esa tristeza, fue inevitable ocultar esa herida, siempre estuvo allí.
-Yo…no…no puedo…no puedes-comenzó a dar un paso atrás, pero antes de que pudiera avanzar más, el rubio la envolvió en sus brazos, para que ella reaccionara, que supiera que él estaba allí, que aquel accidente solo era un mal recuerdo y su muerte, una completa mentira.
-Candy, aquí estoy contigo, no dejes que una mentira sea más fuerte que mi presencia-la fue soltando poco a poco, tomando su mentón suavemente, mientras limpiaba sus lágrimas, ella seguía sin poder verlo a los ojos-Mírame-le pidió suplicante, logrando que finalmente lo viera, aunque su expresión era la misma-No permitiré que ese accidente vuelva a pasar, te lo puedo asegurar porque cuando tuve la oportunidad, volví a cabalgar, habiendo ya aprendido de mi error, además, ya soy lo suficiente grande para que alguien decida por mí, y yo ya decidí que quiero estar contigo – lo que menos quería era obligarla a hacer algo que ella no quisiera, pero al menos deseaba convencerla. Pasaron varios segundos e incluso estaba a punto de desistir, cuando ella tomo su mano.
-Vamos-dijo ella dibujando una sonrisa, estaba a dispuesta a vencer ese horrible recuerdo, con tal de cumplirle aquel deseo a su amado.
Fueron avanzando hacia donde estaba el caballo, dispuesta a que ambos formaran un nuevo y hermoso recuerdo en Lakewood, dejando de una vez por todas atrás, aquella tarde de cacería de zorros atrás. Tal como ese día, ella monto delante de él, Anthony tomo las riendas y comenzaron a cabalgar con dirección hacia el lago. Aunque al principio tenía miedo, se dejó llevar por la alegría que reflejaba el rubio en su rostro, ahora el grito de Anthony resonaba felizmente en su corazón y no en un lamento. Cuando ella se mostró más tranquila, comenzó a galopar un poco más rápido, hasta que ella sin darse cuenta, la velocidad aumento como la emoción y la euforia que ella misma se había privado al negarse por mucho tiempo a montar un caballo. Al llegar finalmente al lago, decidieron tomar un descanso bajo la sombra de un árbol, él recargando su espalda sobre el tronco y ella sobre su pecho, cerrando sus ojos para percibir con más claridad sus agitados y hermosos latidos.
-Llevaba mucho tiempo deseando esto, aunque debo admitir que temía que no quisieras hacerlo-menciono el ojiazul mientras la abrazaba y admiraba el hermoso paisaje que regalaba el lago, también tenía la intención de dejar atrás ese recuerdo, de aquel malentendido que se dio después de aquel beso, aunque ese momento, el sabor de sus labios, el calor de su cuerpo, siempre permanecería en sus recuerdos.
-Yo me alegro que podamos hacer tantas cosas juntos, estoy feliz de que todo quedo finalmente aclarado-aquellas palabras alertaron al joven, que aún quedaba un asunto pendiente y aunque podía quedarse callado, no quería que tal noticia llegara a ella por otro medio.
-En realidad hay algo que de hecho, no tenía planeado decírtelo-la rubia levanto su rostro para estar atenta a lo que estaba por decir Anthony-Pero en vista de los últimos sucesos-no deseaba mencionar nuevamente su intento de querer unir nuevamente a la pecosa con el actor-Antes de regresar a América, aplique para un grupo de elite de investigación en Suiza, fui aceptado, estaba por preparar mis cosas para irme hasta que llegaron las cartas de Archie y la Tía Elroy pidiendo que regresara- Candy se zafo del abrazo y se enderezo para ver de frente al galeno, en parte estaba feliz y orgullosa por ese logro, pero también había una pregunta que rondaba en su mente.
-Entonces, ¿si tu hubieras decidido no venir, nunca hubiera sabido que estabas vivo?-pregunto más con tristeza que con enfado, porque sabía que esa decisión pudo haber sido influenciada por el hecho de que ella se iría a Nueva York con Terry, con posibilidades de no regresar.
-Pero no fue así, es más, he estado pensando en rechazar…-
-¡No!-exclamo ella tomándolo de los hombros evitando que él terminara su frase-No, no puedes, es una gran oportunidad, además, aquí mismo me dijiste lo frustrante que era no saber lo que había sucedido con tu madre y poder evitar que alguien más pierda a su ser amado-ella lo sabía, a pesar de que no fue real, en ese entonces sus sentimientos eran tan fuertes que no la dejaban respirar.
-Candy-susurro viendo en sus ojos, ese atisbo de tristeza, descifrando exactamente qué momento estaba recordando: su supuesta muerte-Ya sé-pero una idea algo arriesgada apareció repentinamente-¿Por qué no vienes conmigo a Suiza?-cuestiono, aunque temeroso por todo lo que estaría sacrificando la rubia al dejar su vida en Chicago, en Norteamérica atrás.
-¿Contigo, en Suiza, juntos?-cuestiono, mientras el rubio asentía con ánimo, pero atento a la expresión de la rubia. Candy estaba emocionada con la idea, pero también pensó en la vida que había estado llevando, su trabajo, sus amigos, el hogar de Pony, sus madres, pero al verlo a él, en todos los momentos en los que siempre había evocado su recuerdo, solo había una respuesta-¡Sí!, iré contigo-respondió lanzándose a él en un abrazo, logrando que Anthony se sintiera feliz y aliviado-Pero, ¿Por cuánto tiempo sería?-pregunto, tanto por curiosidad y porque quería tener la posibilidad de ver a sus seres queridos.
-Seria entre dos y cinco años, eso depende de lo que vamos investigar y cuánto tiempo nos llevara-dijo tratando de sonar alentador, ya que él deseaba poner todo de su parte para hacerlo en el menor tiempo posible, después de todo, había pacientes que dependían de esos resultados.
-¿Cuándo tendríamos que irnos?-cuestiono al desear hacer una reunión de despedida y dejar todo en orden en el hospital.
-Si es posible, al iniciar la primavera-respondió haciendo nuevamente que ella se despegara uno centímetros de él.
-¡¿Tan pronto?!-cuestiono sorprendida, aunque seguía manteniéndose firme en su respuesta.
-Lo siento, de no llegar a tiempo, alguien más tomara mi lugar-comento apenado, sin mencionar que su plan inicial era irse después del baile, pero le alegraba bastante el giro que estaba llevando esa situación.
-Descuida, entiendo y te apoyare incondicionalmente-menciono la rubia para intentar calmarlo, acercándose a él para besarlo dulcemente, a ambos les encantaba esa costumbre que se había formado.
Al regresar a la mansión, sofocados por el calor que los había acompañado durante su recorrido, estaban deseosos por tomar un baño, no obstante al resistirse en separarse y aprovechando que estaban solos en Lakewood, nuevamente se sintieron lo suficientemente atrevidos como para ocupar una sola bañera para los dos, y aunque ya estando allí, Candy se sintió un poco abochornada e insegura, cuando él ya estaba a su espalda y la abrazo para que nuevamente se recargara sobre su pecho, la paz y la comodidad de estar entre sus brazos había regresado.
-Si nos iremos pronto, me gustaría que hicieras las paces con la tía abuela-comenzó a decir la rubia, quien a pesar de no ver la expresión del ojiazul, sabía que aquella petición lo había incomodado.
-Yo ya la perdone, hace mucho tiempo-dijo aquella frase tan ensayada cuando alguien le hablaba acerca de la tía Elroy.
-Y ella acepto su error-menciono al buscar su mirada, dándole entender que su petición iba más allá del perdón-Si no hubiera sido así, ella no me hubiera dicho la verdad y sé que a pesar de lo que hizo, te extrañó y lo sigue haciendo, te ama lo suficiente para dejar que estemos juntos-no podía negarle eso, porque lo veía en su mirada, arrepentimiento y dolor, aunque los hacia aún lado anteponiendo su agonía al alejarlo de su pecosa.
-De acuerdo, eso será cuando regresemos a Chicago-respondió, aceptando que era momento de reconciliarse con la mujer que lo había cuidado y amado desde niño, que a pesar de haber tomado malas decisiones, actuó en el momento preciso para que Candy le otorgara el perdón, debía agradecerle.
-Por cierto, cuando estabas en Escocia, ¿tú no llegaste a estar interesado en alguien?-aquella idea surgió al recordar que tenía que arreglar sus asuntos en el Hospital, y con ello recordando a aquella enfermera que se le había declarado tiempo atrás. Tuvo miedo de escuchar de alguien, pero al escuchar su cristalina y sonora risa, aquella que la estremecía desde la primera vez que la escucho, le estaba dejando en claro que aquello era absurdo.
-No había nadie más en mis pensamientos que tú, todos los días, en cada momento, intentaba ocupar mi tiempo y mi mente en mis estudios, pero siempre regresabas, en un recuerdo, al ver las rosas, en mis sueños, tampoco hice lo posible por sacarte de mi corazón, también me dolía deshacerme de esos hermosos recuerdos-contesto para después ver como la rubia se despegaba de él, para cambiar de posición y quedar frente a él.
-Entonces, ¿si nunca nos hubiéramos encontrado de nuevo?-pregunto, retornando nuevamente a ese lamentable escenario y que pudo haber sucedido.
*/*
-Dedicaría mi vida entera a la medicina-acerco su mano para acariciar el rostro afligido de la rubia-Consolándome con la idea de que en alguna parte del mundo, mi hermosa rosa era feliz, mi Dulce Candy-para él era un sueño tenerla enfrente de él, de esa manera, sin pensar que aquella palabras impulsaron a la ojiverde a ponerse a horcajadas sobre él, sintiendo esa deliciosa opresión. Pero ella misma se encargó de que él entrara en ella, logrando que ambos suspiraran.
-Tú también, siempre has estado en mi corazón…-comenzó a decir mientras lo abrazaba del cuello y mantenía sus frentes pegadas-En mis pensamientos, cada momento…-movía su cadera lentamente y exhalaba-Cada día…-se movía suavemente, jadeaba-Cada hora…-se movía causando una exquisita tortura que lo dejaba sin aliento-Cada minuto…-al no soportar otro movimiento de esa manera, Anthony la beso de manera apremiante e insaciable, así incitando a la pecosa a que fuera más impetuosa en sus movimiento y así acabar con la agonía de ambos.
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Un par de días después de que regresara el personal de servicio a Lakewood, se tuvieron que despedir de todos ellos y de la hermosa mansión de las rosas, siendo emotiva y llena de los mejores deseos para la nueva aventura que emprendían, asegurándoles que estarían esperándolos nuevamente con los brazos abiertos. Algo similar sucedido cuando comunicaron esa noticia al hogar de Pony, al líder del clan, a los hermanos Cornwell, a Patty y Annie, que a pesar de que los extrañarían, estaban felices de que pudieran recorrer ese nuevo sendero, juntos. Solo quedaba que Anthony hablara finalmente con la tía abuela y comunicarle la notica, a la pareja le pareció prudente que fuera únicamente el ojiazul quien hablara con ella, mientras que la pecosa iba al Hospital para hablar con el Dr. Leonard de su baja y solicitarle una carta de recomendación para poder seguir atendiendo en el Hospital Universitario de Zurich.
-Madam Elroy, tiene una visita-el mayordomo le informo mientras ella se encontraba dentro de un salón en donde solía pasar el tiempo y recibir a alguna de sus visitas.
-Dígale que pase-su respuesta fue firme al igual que su voz y sus facciones, pero estas se fueron suavizando al ver al joven que entraba a aquella habitación-Anthony…-se levantó rápidamente de su asiento, no podía negar que ansiaba esa visita, pero al ver que realmente estaba ocurriendo fue inevitable contener su emoción.
-Bueno días tía abuela- saludo mostrando por primera vez una leve sonrisa y ese brillo en los ojos que lo habían caracterizado desde niño y que ahora parecía tener una alegría desbordante, su sobrino realmente estaba enamorado. El mayordomo se había retirado, dejando que la habitación se llenara de silencio. La tía Elroy como pocas veces, no sabía cómo dar inicio a una conversación. Anthony al notar ese inconveniente, dirigió su vista a la mesa donde se encontraba un tablero de ajedrez y dos sillas, una de cada lado, trayendo consigo, recuerdos de su infancia-¿Por qué no jugamos mientras charlamos?-la dama asintió gustosa y ambos se acercaron, siendo el más joven quien le cediera el primer movimiento a la dama.
-Recuerdo que fue aquí mismo donde les enseñe a Stear, Archie y a ti jugar ajedrez, siendo tú el mejor de los tres-finalmente se había atrevido a pronunciar más de una palabra después de varios movimientos.
-A mi parecer Stear es más analítico, mientras que Archie es quien más disfrutaba el reto-para él, sus primos eran tan hábiles como él, simplemente tomaba el cumplido de su tía abuela por siempre haber sido el más consentido.
-Tienes una mente muy brillante, tanto como para el ajedrez y también para las travesuras-respondió al igual que con un movimiento hábil de su alfil-No pienses que no me daba cuenta, simplemente lo dejaba pasar-confesó al recordar que cuando el rubio era un niño, con el simple hecho de ver su sonrisa, era prácticamente imposible enojarse con él, era tan precioso para ella, que le era difícil permitir que terminara con alguien que ni siquiera tuviera una familia, eso era lo que pensaba.
-Creo que me aprovechaba muchas veces de eso-confesó al mover su torre, aunque en ese entonces se enorgullecía de que muchas veces se salía con la suya-Candy me pidió que viniera-dijo finalmente, causando que la tía Elroy soltara la pieza que estaba a punto de mover-Ella me dijo que usted ayudo a que se aclarara todo y desde el fondo de mi corazón le doy gracias por ello-dijo queriendo que su pecosa tuviera el crédito por aquella visita y a la vez demostrarle que su error había quedado atrás, era tiempo de avanzar.
-Comprendí que fui injusta con los dos, me gustaría disculparme sinceramente con ella, ¿acaso no vino contigo?-pregunto, mencionando aquel detalle que no se había atrevido a mencionar desde el momento que el joven había entrado a la habitación.
-No, tuvo que ir al Hospital a solicitar su baja-la longeva dama estaba atenta, pensando que quizá era porque finalmente la rubia se comportaría como realmente debía, una dama de los Ardley- Tía Abuela, hay algo que tengo que decirle…-dijo melancólico, lamentando que su reciente reconciliación viniera acompañada de su anunciada ausencia en el país.
Después de varios días de ausencia finalmente la rubia regresaba al Hospital, notando desde la entrada el inmenso ajetreo pero sin tomarlo con demasiada importancia, todos estaban tan ocupados que ninguna de sus compañeras se percató de su presencia, camino por los pasillos con dirección a la oficina del Dr. Leonard, sin embargo al llamar a la puerta, nadie respondió.
-Hola Candy, si buscas al Dr. Leonard, está asistiendo en una cirugía-la voz de una de sus compañeras se hizo presente, acercándose a ella mientras que a la rubia le parecía raro que el Director del Hospital asistiera en un cirugía.
-Pensé que el Dr. Leonard ya no realizaba cirugías-dijo más para sí misma, pero también interesada por saber una respuesta de su colega.
-A pesar de que hubo una gran donación para el Hospital, estamos falto de personal, sobre todo de enfermeras-contesto ella, viendo como sus labios comenzaban a temblar y sus ojos comenzaban a humedecerse.
-¿Qué sucede?-cuestiono la ojiverde acongojada por el semblante de su compañera.
-Hace menos de una semana, varias de nuestras compañeras…-el nudo en su garganta no le permitía continuar fácilmente, al mismo tiempo que las lágrimas se hacían más abundantes-Tuvieron que partir al frente-rompió en llanto abrazándose a la pecosa, quien estaba perpleja por la noticia, sintiendo de nuevo esa angustia que vivió cuando Flammy partió, del fallecimiento de Katherine.
-"Todas ellas, en medio de la guerra"- pensó imaginando el miedo y a la vez la valentía para aceptar aquel destino.
Salió con pasos lentos del recinto, al estar en la entrada de este, miro hacia atrás, dándose cuenta de la realidad que se estaba viviendo actualmente y el cual ella había estado olvidando, se sintió mal, culpable por ello que se sintió incapaz de hacer esa anhelada petición. Al llegar a la pensión, sintiendo el cuerpo y el corazón pesado, se dirigió al departamento de Anthony, quien estaba acomodando el equipaje faltante para deshabitar ese lugar. El joven abrió la puerta y al darse cuenta que era su pecosa, una sonrisa ilumino su rostro, deseando contarle como le había ido con la tía abuela, sin embargo al ver la expresión de su amada, sabía que algo no andaba bien.
-¿Te paso algo malo?-la tomo delicadamente de la mano para hacerla ingresar al departamento y hacer que se sentara en uno de los sillones de la sala que estaba dispuesto a dejarle a la pensión al igual que varios muebles.
-Anthony….yo….no puedo irme-dijo mientras las lágrimas y un sollozo se hacían presentes. Por otro lado, el rubio se había paralizado, sintiendo como le estrujaban el pecho.
-Yo….no…no entiendo-una inmensa tristeza se empezaban a acumular, para dar paso al enfado, pensando que el Director no había accedido, pero aun así, seguía sin comprender el porqué.
-Muchas de las enfermeras, tuvieron que partir al frente….y yo….por un momento, lo olvide, olvide que había una guerra, me olvide de los pacientes que llegan de ese lugar como Albert…yo...yo…simplemente no puedo ignorarlos-explico mientras cubría su rostro con ambas manos, odiaba no poder hacer nada, pero también odiaba la idea de no estar al lado Anthony.
-Entonces, lo he decidido, no iré-argumento convencido de su decisión, sin embargo aquello volvió a alarmar a la rubia, quien finalmente cruzo su mirada con la de él.
-No, no quiero dejes esa oportunidad por mí-aunque su corazón se rompía al decir eso, sabía que era lo correcto.
-¿Pero cómo me pides que me separe de ti?-cuestiono sintiendo esa herida, no dudaba de su amor, pero la simple idea de estar lejos de ella, de nuevo, le dolía profundamente.
-Yo tampoco deseo hacerlo, pero como Candy White la persona que te ama y como enfermera, también mi sueño es que salves todas las vidas que sean posibles-acerco su mano a su mejilla notando que una lagrima decendia de su rostro-Y yo sé que entre todas las personas, tú podrás hacerlo, nuestro amor no debe detener ese sueño, si no alimentarlo-el galeno tomo su mano y beso su dorso para después levantarse de su lugar, dejando a la ojiverde confundida y aún más cuando él regreso con el libro que había visto el otro día, el Conde de Montecristo.
-Cuando escribí el ensayo para poder ser elegido, siempre estabas allí para animarme-comenzó a decir mientras abría el libro y entre las paginas sacar la fotografía que estaba boca abajo, al voltearla, Candy puso su mano sobre su labios en un intento por acallar su sollozo al verse en esa foto, vestida de enfermera después de graduarse, el misterio que tanto temía, se había revelado-Siempre has estado conmigo, Candy-entre el llanto de ambos, se fundieron en un fuerte abrazo, no había más palabras que decir, aunque doliera, la decisión ya se había tomado.
Finalmente el día había llegado y aunque hubo desacuerdos por la decisión que habían tomado, sabían lo mucho que habían crecido como personas y de lo conscientes que estaban por haber tomado esa difícil decisión. En la estación estaba Albert, los hermanos Cornwell, Patty, Annie, Candy, Anthony y su padre. Mientras que el rubio se iba despidiendo de sus primos, de su tío y de las jóvenes, la rubia se había quedado unos metros apartada junto al capitán Brower.
Todo lo que se oye
Es el latido de mi...corazón
No se detiene
No puedo ocultar
Este temblor
-¿Me promete que lo mantendrá a salvo?-pregunto en forma de súplica, sintiéndose aliviada de que Vincent iría con él, pero aun así, necesitaba asegurarse de que su ruego fuera escuchado.
-Lo seguiré haciendo como todos estos años-respondió comprendiendo la preocupación de la joven, aunque lamentaba que no pudiera acompañarlos. La tomo paternalmente de ambas manos para también pedirle algo importante-Tú también mantente a salvo, pase lo que pase, te lo pido como el padre del hombre que te ama profundamente-ella asintió para después darse un cálido abrazo de despedida.
Con tan sólo mirar tus ojos
Y unir mi mano con la tuya
Puedo sentirte
Todos les habían dejado su espacio para poder despedirse, ambos con una leve sonrisa se fueron acercando hasta quedar frente a frente.
Siempre
Seré tuya
Incluso si el tiempo nos separa
Aunque en un principio las palabras se negaban en salir, no deseaban que ese silencio entre los dos continuara.
-Te escribiré, tal vez no todos los días, pero si lo hare seguido-era irónico pensar, que antes había tenido la idea de mentirle y decirle a Archie que era difícil la comunicación, pero ahora, haría hasta lo imposible para que sus cartas llegaran.
-Yo también te escribiré y estaré ansiosa por leer todas y cada una de ellas-respondió con un intento en vano de que sus lágrimas no fluyeran, pero fue inevitable y notorio para Anthony, quien acaricio su mejilla mientras ella cerraba sus ojos para poder grabar lo más posible en su corazón el calor de su piel.
-Hay algo que quiero darte-aunque no lo deseaba, retiro su mano y busco en su chaqueta dos estuches cuadrados del tamaño de su palma.
Siempre
Seré la misma
Siempre
Incluso si mi corazón duele
Eres la razón por la que respiro
Le extendió uno a la joven, quien lo abrió y dentro de él había un guardapelo de oro con la letra A hermosamente grabada, al abrirlo una sonrisa se asomó en su rostro, en un lado tenía la foto de Anthony que se había tomado en la fiesta celebrada en Lakewood y en la otra, la moneda que el joven había guardado todo este tiempo y que no se pudo gastar en el pueblo.
-El mío tiene tu foto, ¿ves?, así cuando me extrañes podrás ver mi foto y yo haré lo mismo-le enseño el suyo, el cual tenía la letra C grabada y en ella tenía la foto que ella se había tomado también esa noche-Que torpeza la mía, iba ser una sorpresa que no premedite pedirte tu moneda-en su intento de que aquella no se volviera una triste despedida, quiso aligerar el ambiente, pero se vino abajo cuando la rubia extendió su propia moneda para que él la tomara.
-También hay algo que quiero darte-menciono ella mientras sacaba de su bolsillo la cruz que había conservado desde que era una niña y que era tan importante para ella-Una vez me dijeron que no le diera esta cruz a nadie porque traería mi felicidad, pero quiero que tú la tengas y te proteja, porque no podré estar completamente feliz hasta que estemos nuevamente juntos-el ojiazul la tomo con cuidado, mientras que la rubia tomaba sus manos, miraba aquel valioso objeto y después con lágrimas en los ojos a la hermosa joven que tenía enfrente-Estas manos, que hacen maravillas con las rosas, sé que han hecho y harán lo mismo con las personas, porque eres un dador de vida-tenía la total certeza de eso, por eso no podía permitir privarle al mundo que él obtuviera más habilidades para seguir salvando a la gente.
Mis días se están agotando por la espera
Me estoy acostumbrando a los suspiros, al final
Son mi anhelo
Como una mentira
Como si estuviera soñando
Sólo tú me curas
El joven se acercó rápidamente para ese último beso, que ambos deseaban que durara para siempre, en un fuerte e imperioso abrazo. Con la tristeza de dejar atrás aquellos hermosos días en Lakewood, ajenos, ingenuos, distanciados de lo que sucedida con el mundo, con la guerra.
Siempre
Seré tuya
Incluso si el tiempo nos separa
El tren anunciaba su próxima partida y con ello se le pedía a los pasajeros que abordaran. Resistiéndose a terminar con aquel beso y sin poder dejar de llorar, mantuvieron sus ojos cerrados y sus frentes unidas.
-No llores por favor pecosa, eres mucho más linda cuando ríes que cuando lloras-dijo a pesar de que aquella frase abrió el recuerdo de su primer encuentro, causando el efecto contrario en ambos-Te amo, mi Dulce Candy, siempre lo hare-
-Y yo te amo por ser Anthony, por favor nunca lo olvides-
Siempre
Seré la misma
Siempre
Incluso si mi corazón duele
Eres la razón por la que respiro
Al separarse, al no sentir el calor del otro, hacía que les faltara la respiración. El joven junto con su padre, abordaron al tren y rápidamente se dirigió a su lugar para asomar su cabeza por la ventana mientras que el tren comenzaba a avanzar, haciendo que Candy inconscientemente comenzara a seguirlo.
-Prometo que algún día estaremos juntos, ¿podrás esperarme hasta entonces?-menciono el rubio aferrándose a la hermosa esperanza de estar nuevamente al lado de rubia y que esta vez fuera para siempre.
-Lo hare, y tu prométeme que no me olvidaras, por favor- pidió mientras aceleraba sus pasos, casi trotando, pero deseando asegurarse de que Anthony cumpliera con su promesa.
-Te lo prometo, siempre te recordare-fue lo último que alcanzo a decir al terminar la plataforma y por lo cual Candy debía detenerse.
Sin siquiera saber
Mi corazón eligió hacer esto
Ahora no puedo parar
Porque te amo
Agitada e intentando recuperar el aliento, abrió nuevamente su guardapelo admirando una vez más el rostro del joven que había dejado ir para que continuara con uno de sus sueños. Lo acerco a su pecho sintiendo un inmenso dolor mientras un sonoro llanto se hacía presente, haciendo que sus amigos se preocuparan por ella, pero dejando que tuviera el suficiente espacio para desahogarse.
Siempre
Sólo eres tú
Entre los innumerables errores
Yo siempre te amaré
Recuérdame
Por favor
Aunque derrame lágrimas
Mientras que en el tren Anthony, miraba tanto la foto de su amada como la cruz que le había regalado, desamorándose en llanto, con el corazón roto por haber permitido que sus decisiones del pasado permitieran lo que estaba sucediendo ahora, aun sin querer poner parte de aquella culpa por las situaciones externas como pensaba su padre, quien estaría allí para apoyarlo.
-Estaremos nuevamente juntos, lo prometo-susurro repitiendo aquella nueva promesa y dispuesto a poner todo de su parte por cumplirla.
Nuestra promesa no se puede borrar
Siempre
Incluso si mi tiempo se acaba
No puedo parar este sentimiento
-Te esperare por siempre….mi deslumbrante Anthony-susurro mientras el último vagón del tren se alejaba finalmente de su vista, llevando consigo, su corazón.
CONTINUARA….
Hola.
Se que me odian, pero me salio lo Kyoko Mizuki que llevo dentro, la escencia de Candy Candy, cuando toda va demasiado bien, algo sucede. Pero les prometo, les prometo que sera el ultimo bache, me dolio escribir esto, pero es parte del drama, hasta algunos piensen que esta de mas, espero que en los siguiente no lo sientan asi, ya falta poco y por supuesto que van a quedar juntos, es un hecho.
He tenido días bastante ocupados y hoy en el trabajo hasta quería llorar, hubo unas complicaciones, pero espero que lo quede de la semana todo quede bien :)
Muchas gracias por sus comentarios, su paciencia y aunque reciba mensajes de odio, lo soportare. Tratare de no tardarme mucho en el siguiente que ya esta encaminado
Songifcs:
Always - Hyolyn
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Cuídense mucho y hasta la próxima.
#Quedateencasa
Besitos.
