Capítulo 25: El juego de su vida.
El reloj que colgaba en una de las murallas de su habitación anunciaba que quedaban pocos minutos para las siete y media de la mañana. Minutos que transcurrieron de prisa, hasta que la hora exacta a la que debía sonar la alarma, llegó.
Situado sobre una almohada, la pantalla de su teléfono se iluminó y una canción movediza comenzó a sonar. No duró mucho, pues la dueña del teléfono apareció por la habitación y detuvo la música.
- Hoy te gané, alarma. – Celebró la joven. – Es un día especial, así que me levanté temprano para tener todo listo a tiempo. –
Makoto se había levantado con mucha energía y de excelente ánimo aquel día.
Hoy es la final del campeonato, y en unas cuantas horas más se estará enfrentando al equipo de Shinbashi junto a su equipo, algo que la llenaba de emoción.
La ducha esta mañana fue rápida y con agua fría, para despertar. El desayuno fue nutritivo y balanceado. Ya había empacado su equipo deportivo y el almuerzo, se cepilló los dientes y tuvo todo el tiempo del mundo para peinar su cabello.
- Creo que no me falta nada. – Dijo la joven, colgando sobre uno de sus hombros su bolso. No obstante, algo le pareció extraño al momento que comparó su peso de hoy al de otros días. – No, espera, esto está muy liviano. –
La castaña enlistó mentalmente todo lo que se suponía debía empacar esa mañana. Quizás había olvidado algo.
- Calcetines, calzado deportivo, muñequeras, chaqueta… - Iba levantando los dedos de su mano.
¿No se supone que iba a la preparatoria a estudiar también?
- ¡Mis libros y cuadernos! – Exclamó Makoto y partió corriendo a buscar sus cosas.
Una vez se aseguró de que no olvidaba nada, Makoto se plantó frente al altar de sus padres. La joven tenía una importante petición que hacerles.
- Mamá y papá, hoy jugaré junto a mis amigas una importante final. Les pido que, desde donde estén, nos entreguen todo su apoyo. – Juntó ambas manos y realizó una breve oración. Luego, sonriente, tomó las llaves que siempre dejaba junto a la fotografía de sus padres y se sintió lista para partir. - ¡Los amo un montón! –
Makoto dejó su departamento siendo las ocho en punto de la mañana. En un día normal, a esta misma hora, ella estaría luchando con las sábanas para poder levantarse de la cama.
- ¡Pero hoy es diferente! Hoy se llevará a cabo uno de los juegos más importantes de mi vida. – Pero esa mañana había tiempo de sobra, así que Makoto se puso a caminar con calma por la acera.
Como era de esperarse, el tema del que más se hablaba ese día en los pasillos y salones de la preparatoria era sobre el juego de hoy. No era una sorpresa, pues el hecho de que el equipo de baloncesto haya llegado hasta la final del campeonato, llenaba de orgullo a todos.
Makoto recibió los buenos deseos de conocidas y amigas, muchas tenían pensado ir a apoyar al equipo luego de terminadas las clases. El resto se limitaría a animar al grupo desde la lejanía. Aunque no todo estaba perdido para ellas, pues una emisora local iba a narrar en vivo el encuentro de hoy.
¡Hasta los maestros opinaban al respecto! Makoto nunca imaginó el día en que el maestro Artemis y ella tuvieran una charla tan amena sobre un encuentro de baloncesto. Así de increíble era la influencia e importancia de este juego.
Hasta que las clases llegaron a su fin y la hora del almuerzo llegó.
- Lamento la demora, Ami. ¿Puedes creer que el señor director se puso a conversar sobre el…? –
- ¡Bienvenida, enfermera Meio! -
Setsuna se detuvo de golpe en la puerta de la enfermería. Sentía curiosidad por saber de dónde aparecieron estas dos nuevas chicas que ahora acompañaban a Ami en el lugar. Cuando ella partió a charlar con el director, juraba que había dejado a la peliazul sola.
Se trataba de Minako y Usagi, quienes ahora parecían preocupadas por la reacción que pudiera mostrar la enfermera Meio a causa de su presencia.
- ¿Por qué a medida que pasan los meses el número de adolescentes que almuerzan aquí en la enfermería aumenta? –
- Perdón, es mi culpa. – Habló Ami, alzando la mano para tomar la palabra. – Sé que debí haber comentado esto contigo antes de invitar a mis amigas, pero afuera hacía mucho frío y este fue el primer lugar que se me ocurrió para escapar del clima. – La chica lucía sumamente arrepentida. – Lo siento, nos marcharemos de inme…-
- No, tranquila, no estoy molesta. – Aclaró la enfermera.
- ¿O sea que no nos echará, enfermera Meio? – Preguntó Usagi con lágrimas en sus ojos.
- ¿Podemos quedarnos? – Quería saber Minako.
Setsuna suspiró, pero luego les regaló una sonrisa a las chicas.
- Bueno, donde almuerzan dos, creo que pueden almorzar cuatro. –
Las jóvenes se sintieron tranquilas y celebraron el hecho de que les permitieran quedarse.
- ¿Y qué hay de Kino? Es raro que no esté aquí contigo, Ami. – La mayor caminó hasta el escritorio y tomó asiento en su puesto. En un par de minutos tenía su almuerzo y algo para beber acomodados entre las cosas de las chicas.
Setsuna notó la pequeña sonrisa que formaron los labios de la peliazul cuando nombró a la jugadora.
- Hoy el equipo de baloncesto debe partir temprano para llegar a tiempo al juego con Shinbashi. – Contó la joven a las presentes. – Lo más probable es que ella ya haya almorzado con sus compañeras. –
La enfermera asintió mientras probaba bocado de su almuerzo.
Es en eso que alguien llama a la puerta de la enfermería. Golpes insistentes que solo una persona con prisa le puede propinar a una puerta.
- Yo voy. – Se ofreció Ami de inmediato.
La peliazul abrió la puerta y en seguida unos fuertes brazos la atraparon a la altura de la cintura. Lo siguiente que supo fue que un par de labios se posaron con ternura contra una de sus mejillas. El beso fue largo y dejó a ambas partícipes riendo en la entrada, aún abrazadas.
- ¡Con solo nombrarte te hemos invocado! – Bromeó Minako al ver de quien se trataba.
Makoto, quien hasta el momento creyó que nadie observaba, se puso roja al percatarse de todos los ojos que presenciaron su derroche de cariño.
- ¿Estaban hablando de mí? – La castaña arqueó una ceja, riendo.
- Setsuna se preguntaba por qué no estabas almorzando con nosotras. – Dijo la peliazul.
- Sí, pero sospechaba que no durarías mucho tiempo lejos de Ami. – Comentó la enfermera. – ¿No piensas pasar? Creo que hay un banquillo en algún lado. –
- ¡No, muchas gracias, solo estoy de paso! - La jugadora vestía su indumentaria deportiva, lista ya para partir con su equipo. Estaba peinada de tal modo que su flequillo había desaparecido completamente. Llevaba puesta su chaqueta y cargaba en un hombro su bolso. – No podía marcharme sin despedirme de Ami. -
La castaña se separó unos centímetros, pero mantuvo un brazo rodeando la cintura de la otra joven. Con su mano libre buscó en unos de los bolsillos de su chaqueta y de allí sacó cuatro entradas para el juego de hoy.
- Ten, son para ustedes. – Makoto se refería a todas las presentes.
- ¡Muchas gracias, Mako! –
La jugadora dejó de sostener a Ami y dio un paso hacia atrás. La peliazul pudo distinguir en su rostro la desdicha que le producía tener que partir tan pronto.
- Quisiera quedarme más tiempo, pero la entrenadora se molestará si me atraso. – Después de un suspiro pesado, Makoto sacudió su cabeza y apartó toda clase de pensamiento triste que estuviera rondando su mente. – Bueno, espero que disfruten su almuerzo. ¡Nos vemos después! –
Antes de irse, volvió a abrazar a la peliazul y le entregó un beso en la otra mejilla.
Ahora sí podía marcharse contenta.
- ¡Vamos Azabu, vamos Azabu! – La castaña partió trotando por el pasillo.
Ami no pudo apartar sus ojos de ella hasta que la perdió de vista cuando dobló por una esquina.
- Espero que no se tope con la presidenta Hino o se meterá en problemas. – Pensó la chica.
Ami juntó con cuidado la puerta y apoyó su espalda contra la superficie. Traía una tímida sonrisa que combinaba perfectamente con el rubor de su rostro, reacción que hizo que Minako y Usagi compartieran una mirada de complicidad entre ellas.
- Algo me dice que ustedes tres necesitarán alguien que las lleve hasta la Preparatoria Femenil de Shinbashi. – Se escuchó decir a Setsuna.
La mujer posó sus ojos en Ami, quien asintió a las recientes palabras de la mujer.
- Entonces yo seré su chofer. – Setsuna ya tenía panorama para esta tarde.
El recorrido hacia la Preparatoria Femenil de Shinbashi transcurrió en el más tenso y rotundo silencio. Se hicieron muy pocos comentarios, la mayoría realizados por la entrenadora Luna. En el equipo parecía haberse instaurado un estado de ánimo colectivo, una concentración general que mantenía a todas calladas y a la espera de este importante encuentro.
La llegada al lugar fue tranquila. Fueron recibidas por el mismísimo director de la institución, además de dos personas pertenecientes al equipo organizador del campeonato. Como era costumbre, hubo reconocimiento de campo. Después, marcharon hasta el camerino que Azabu utilizaría para este juego.
Hubo una charla entre Luna y estas tres personas, seguramente aclarando tiempos y reglas relacionadas al campeonato. No duró mucho, así que la entrenadora pronto estuvo de regreso con sus jugadoras.
La mujer estaba de pie en medio de la habitación, contemplando a cada una de las protagonistas de este gran acontecimiento que en pocas horas daría comienzo. La mayoría estaba lista, otras estaban afinando los últimos detalles en su calzado o peinado.
Luna estaba tan orgullosa de todas, de cada una de estas jóvenes, que sentía que este sentimiento le oprimía el pecho.
Ella no era de llorar frente a sus pupilas, pero en esta ocasión no pudo aguantarse.
- ¿Entrenadora? – Haruka se acercó a la mujer, preocupada. - ¿Está bien? ¿Necesita algo? –
Con un firme movimiento de cabeza, Luna negó la ayuda.
- No, gracias. – Haciendo uso de un pañuelo que otra chica le entregó, se secó las lágrimas. – Me puse sentimental, eso es todo. –
Como era de esperarse, una que otra jugadora también se sintió conmovida, y el llanto comenzó a inundar los ojos de algunas.
- Es un inmenso honor dirigir a un equipo que ha crecido tanto en tan poco tiempo. – Habló Luna después de unas cuantas hondas inhalaciones. – Un grupo tan singular, lleno de tanto talento. A unas jugadoras espléndidas, que tengo la certeza llegarán muy lejos. –
A esta altura había muy pocas jóvenes sin llorar en la habitación.
- Olvídense de cualquier favoritismo que exista para cualquiera de los dos equipos, hoy ustedes deben concentrarse simplemente en jugar. – La entrenadora se paseaba de un lado a otro, incentivando el espíritu de sus jugadoras. – No se gana de favoritismo o suerte, se gana con profesionalismo dentro del campo. –
Luna detuvo su marcha. Frente al equipo, ella volvió a mostrar su lado más sensible.
- Hoy, quizás, puede que sea el último juego de campeonato en el que yo las dirija. – La mujer agachó la cabeza. – Equipo, estoy embarazada. –
El llanto general cesó luego de esas palabras. Lo que abundaba ahora eran muecas de sorpresa y chillidos emocionados.
- ¿Acabo de oír bien? ¿Dijo que está embarazada? – Haruka no se lo creía.
- Sí, eso dije. No crean que están enloqueciendo, chicas. – Luna se esperaba una reacción así de sus pupilas. – Y son las primeras en enterarse. Bueno, después de Artemis. Pero es obvio que él lo supiera antes que todo el mundo. –
Entonces los gritos y celebraciones no se dejaron esperar. Una a una, las jóvenes se fueron acercando a felicitar a Luna. Abrazos, aún más llanto desconsolado, sugerencias para el nombre del futuro bebé, y hasta una barra de chocolate de regalo, recibió la mujer.
- Si este bebé no tiene su camiseta oficial en miniatura de Azabu cuando nazca, fallamos como equipo. – Habló Haruka a sus compañeras. – ¡Propongo una cuota mensual para comprar esa camiseta en miniatura! -
- ¡Sí, capitana! –
Entonces la cuota mensual ya era un acuerdo pactado entre todas.
- Aún no nace y ya tendrá su camiseta de Azabu. – Todas estas muestras de cariño hacían tan feliz a Luna. – Estas chicas son las mejores. –
Eran las cinco de la tarde cuando el plantel de Azabu abandonó el camerino. Comandando el equipo iba Luna, le seguía el grupo de atención médica y luego venían las jugadoras.
Al acercarse al túnel que unía el pasillo donde transitaban con el campo, los cánticos y gritos de ambas barras se acrecentaban en volumen. Ya en el túnel, el ruido ambiente era ensordecedor.
Makoto cerró con fuerza los ojos, y cuando los volvió a abrir, se halló sumergida en un mágico mundo de colores, voces y emociones. Ese mundo que ella adoraba con el corazón. El que estremecía cada fibra de su ser y por el cual ella vivía y respiraba.
- ¡Esto es una locura! – Exclamó Unazuki. - ¡Miren toda esta gente! –
- Increíble. – Reiko no hallaba palabras para describir lo que estaba experimentando. – Esto es… -
- Muy loco. – Yaten terminó la oración por ella.
A un lado de las graderías estaban reunidas todas las alumnas que apoyaban a Shinbashi.
El color característico del equipo era el negro y su mascota era un cuervo. Lo cual no debía ser relacionado para nada con temas oscuros o maléficos. Para la preparatoria, donde era común el avistamiento de cuervos rondando las áreas verdes de su establecimiento, esta ave era símbolo de inteligencia.
Sin quedarse atrás, la marea roja de Azabu ocupaba gran parte de las graderías contrarias. Un lienzo gigante se extendía desde un extremo a otro. Se leía en letras claras un "¡Vamos equipo!".
- ¡Llegamos justo para ver el comienzo! – Usagi estaba felizmente acomodada en un asiento. - ¡Muchas gracias por traernos, enfermera Meio! –
- Si no fuera por usted, tendríamos que haber esperado un buen rato en la estación para tomar un tren. – Minako conocía mucho de trenes, pues viajaba a menudo en ellos. Y sabía que a esta hora los vagones se atochaban a tope. Ese no habría sido un viaje agradable para las que no están acostumbradas.
- No hay problema, chicas. –
Setsuna volteó a ver a Ami y la encontró buscando entre el grupo de jugadoras de Azabu a alguien en especial.
- Mira, allí está. – La mujer ayudó a la joven, apuntando exactamente a donde se hallaba Makoto. – Qué chica más inquieta, está brincando en su puesto. –
- Debe sentirse ansiosa. – En los ojos de la peliazul se podían ver reflejados la sincera admiración y aprecio que sentía por la jugadora. – No la culpo. Yo me siento igual y no debo jugar una final. –
Estos eran los últimos instantes antes del silbato inicial. Era ese momento cuando el equipo de Azabu recibía la charla final de Luna, cuyas palabras siempre ayudaban a enardecer sus espíritus. El momento en que se repasaba cada una de las estrategias y se organizaba al grupo. Momentos de crucial importancia, pues de esto dependía que el equipo saliera al campo con confianza y seguridad.
- ¡Vamos Azabu! – Luna extendió su mano y sus jugadoras se unieron a ella en una última arenga.
- ¡Vamos! – Todas las manos se alzaron y sus voces se unieron en una sola.
Era momento de que las estrellas de Azabu brillaran.
Las diez jugadoras se reparten en el campo para dar comienzo al juego. Las capitanas de ambos bandos se encontraban frente a frente en la línea de media cancha, acompañadas de un juez del encuentro, quien se encargaría de lanzar el balón y pitar su silbato.
- No hay que dejar que ellas tengan la ventaja en ningún momento del juego. – Haruka estaba concentrada en la señal del juez. – Desde el comienzo debemos ser nosotras las que dominen. –
El impulso que se dio la rubia para hacerse con el balón, una vez que dejó las manos del juez, superó con creces el esfuerzo de su rival.
Que la posesión la tuviera Azabu significó el retroceso inmediato del equipo de Shinbashi. Las jugadoras se alinearon perfectamente creando una defensa impenetrable en cosa de segundos.
- La defensa de unas campeonas. – Unazuki era la dueña del balón en ese momento. Estaba esperando a que todas sus compañeras cruzaran a la mitad del campo de Shinbashi para comenzar una acción más incisiva.
Cuando vio a Akane pasar por su lado, Unazuki aumentó la velocidad e hizo el ademán de querer entregar el balón a la morena. Solo que esto era una simple finta que engañó a dos contrincantes que tenían sus ojos en ella y le concedió tiempo suficiente para realizar un tiro desde fuera del área.
Fue una lástima que el tiro terminara rebotando contra el aro.
- ¡Malditos nervios! ¡Soy una tonta! – Unazuki se castigó mentalmente. - ¡Eso debía entrar! –
Mas no todo estaba perdido para Azabu, pues aquel rebote fue retenido por Makoto, una de las pocas que se deshizo de su marca para pelear ese balón. La castaña reconoció de reojo la compañía de Yaten en la zona rival. Le habría gustado lanzar, pero tenía encima a una jugadora de Shinbashi. La mejor decisión era entregar el balón a su compañera.
Makoto no contó con el hecho de que quien la estaba marcando leería la jugada y reaccionaría rápidamente para interceptar ese pase que le lanzó a Yaten.
Una verdadera carrera fue la que realizó Makoto persiguiendo a aquella escurridiza jugadora de Shinbashi que, con zancadas limpias, llegó solitaria hasta la zona de Azabu, preparada para anotar.
- ¡No te lo permitiré! –
Como un relámpago aceleró Makoto, quien realizó una trayectoria ligeramente curva por dentro para encarar a su contendiente en pleno aire, luego de saltar, e interponerse en su lanzamiento, bloqueando de forma magistral ese tiro.
- ¡Excelente bloqueo! – Festejó Ami desde su asiento.
- ¡Demuéstrales quién manda, Makoto! – Minako superaba los gritos de todas las presentes con facilidad.
Aquel balón terminó saliendo por un costado, así que era saque para Shinbashi. Segundos que sirvieron para que Azabu lograra organizarse en su área, preparadas para un nuevo intento de ataque rival.
Ataque que por más esfuerzo que puso el otro equipo, no resultó fructífero, pues se topó con el triplete defensivo que conformaban Unazuki, Makoto y Akane. Fue ésta última la que redujo las maniobras de Shinbashi a nada luego de robar el balón.
El juego era vertiginoso, iba de un lado del campo al otro, algo que se vio reflejado en el marcador. Cuando un equipo tomaba la ventaja, venía el otro y anotaba, superando momentáneamente al contrincante. De todas formas, no eran tantos los puntos anotados, pues cada equipo se preocupaba de defender bien su área.
Era un juego equilibrado para ambos bandos, algo que tenía conforme a Luna.
- El entrenador de Shinbashi luce muy tranquilo con el rendimiento de sus jugadoras. – Luna no podía evitar compararlo con la entrenadora de Aoyama, quien gritó casi todo el juego, más al final de este, cuando Azabu obtuvo la ventaja. – ¿Qué estarán planeando? –
Casi le cuesta caro contra Aoyama el hecho que ella haya mostrado dudas respecto al contrincante. Por eso, esta vez, mantendría la calma por el bien de sus pupilas.
Por la misma razón, Luna dedicó gran tiempo a estudiar a este equipo. Más tiempo del que habitualmente emplea para analizar al enemigo.
Le sorprendió enterarse que este plantel de Shinbashi era relativamente nuevo. El recambio, como suele decirse en jerga deportiva. O sea, no son esas jugadoras que ganaron los dos últimos campeonatos. Esas chicas ya se habían graduado. Además, este equipo se presentó con dos bajas significativas a este encuentro, una de esas bajas es la mejor anotadora en lo que va de campeonato.
- Pero son tan buenas como las veteranas campeonas e igualmente de efectivas al momento de atacar. – Subestimar a Shinbashi puede ser muy peligroso, Luna lo sabe. – Lo que no significa que mis chicas no puedan jugar de igual a igual. –
Era cosa de ver el marcador final del primer cuarto transcurrido para ver que Azabu hoy estaba jugando con gran profesionalismo, pues eran ellas las que terminaron con cuatro puntos de ventaja por sobre Shinbashi cuando sonó el silbato del juez.
- ¡Vamos Azabu! – Usagi estaba contenta de ver que el equipo iba ganando. - ¡Lo están haciendo excelente! –
El sentimiento que experimentaba Usagi era compartido por toda la barra de Azabu. Era una inmensa dicha ver que el equipo iba ganando a las actuales campeonas. Y aunque era cierto que aún quedaba mucho por jugar, eso no impedía que muchas ya estuvieran soñando con ver a Azabu levantarse como el equipo campeón.
Pero esas aspiraciones, los deseos de todas las presentes, se vieron pisoteados por la aplastante superioridad que mostró Shinbashi desde el comienzo del segundo cuarto.
Bastó con un par de jugadas para que las contrincantes tomaran la delantera en el marcador, diferencia que se acrecentó estrepitosamente con el paso de los minutos. Pues no fue de a uno, ni dos puntos que iban sumando. Todos los tiros provenían desde fuera, desde el área de tres puntos.
- No lo entiendo… - Ami veía desconcertada cómo el equipo hacía de todo para detener una nueva arremetida de las rivales. - ¿Son todas expertas lanzadoras de largas distancias? –
- Todo apunta a que sí. – Setsuna lamentaba ver cómo se estaban desarrollando los eventos de este juego. Lo que más quería era ver triunfar a este grupo. – Espero que Luna haya previsto esto y sepa qué hacer para contrarrestar los ataques. –
La presión que puede ejercer una jugadora contra aquella que planea lanzar es crucial y puede afectar la precisión de dicho lanzamiento. Se puede tener experticia en los tiros, pero si no se te permite un momento de paz para adoptar una buena posición, se afecta tu concentración o se te impide la visualización del tablero; ciertamente algo puede fallar.
- ¡Rebote! – Anunció Haruka al resto del equipo.
Gracias a la presión de Yaten, ese último tiro de Shinbashi no entró en el aro y quedó en disputa.
- ¡Es mío! – Gritó Makoto, adueñándose del esférico.
La castaña estaba desempeñando un gran papel defensivo y de recuperación aquella tarde. Esa había sido la orden de su entrenadora y la pensaba cumplir de la mejor manera posible, destacándose. Y no satisfecha solo con eso, también se daba el trabajo de apoyar el ataque.
- Debemos aprovechar cada oportunidad que tenemos para anotar. – Era el pensamiento de Makoto ahora que se desplazaba con el balón en dirección a la zona de Shinbashi.
La jugadora llegó cerca del tablero y saltó, intentando realizar una bandeja, pero el esférico fue interceptado por una rival.
- ¡Maldición! - ¿En qué estaba pensando? Habría sido mejor entregarle el balón a Haruka, que estaba descubierta. - ¡Sin errores, maldición! –
Makoto no planeaba dejar que ese balón saliera por la línea de banda, así que apenas aterrizó, se apresuró por alcanzarlo, algo que sus compañeras; menos sus contrincantes, pudieron predecir que ella haría.
Su esfuerzo fue tal que perdió el equilibrio. Por segundos todos creyeron que caería, pero Makoto adelantó una pierna y pisó firme. Luego se dio un último impulso y golpeó el balón, impulsándolo para que llegara a salvo a las manos de Akane.
El balón continuó en movimiento, pasando por Yaten, y después fue redirigido a Unazuki, dispuesta al otro extremo del área de Shinbashi. Desde allí, la chica lanzó un tiro de tres puntos que entró sin problemas.
- ¡Sí, anotamos! – Celebró la pelirroja. - ¡Eso estuvo increíble, Mako…! –
Ese punto anotado pasó a segundo plano para todo el equipo.
Desde su asiento, Ami presenció horrorizada toda la escena, desde que la castaña perdió fuerzas en sus piernas y cayó al suelo, hasta que tomó asiento en él, siendo rodeada por sus compañeras, e incluso, algunas jugadoras de Shinbashi.
- ¡No, Makoto! – Luna inmediatamente mandó a llamar al equipo de atención médica.
Aún con todo el ruido ambiente, Makoto juró haber oído claramente aquel ruido, uno que le heló la sangre.
Aterrada, acercó sus manos hasta una de sus medias y la bajó con cuidado. Esa simple acción produjo una sensación de malestar que la hizo apretar los dientes.
- ¡No otra vez, no mi tobillo! –
Se había lesionado.
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