Este Fic es una adaptación del libro "AMA" de Keyla Leiz la cual les comparto sin fines de lucro,

sino para dar vida a mis personajes favoritos de Bleach pertenecientes a Tite Kubo. Espero lo disfruten.

Dentro de esta adaptación se han realizado algunos cambios para que se ajusten a los personajes de Bleach.

Advertencia: En este fic algunos capítulos contienen material BDSM, si no te gustan estos temas, sigue de

largo y disfruta de algunas de mis otras historias.

Capítulo 11

Seducción es una palabra que engloba sentimiento y dominación a

partes iguales. Seducción es lo que soy yo.

En el momento en que Rukia atisbó a sus amigos levantó la mano y la agitó

a modo de saludo. Los dos se lo devolvieron y ella apresuró el paso

para encontrarse con ellos. Habían quedado en una cafetería que les

encantaba a los tres por la atención y la repostería que tenía, una de las

mejores en la ciudad. Sabía que uno de ellos ya estaría degustando alguno de

los manjares recién hechos de ese día.

También les gustaba por el ambiente clásico que tenía. Se trataba de una

cafetería muy normal con dos puertas de entrada y salida y el resto de

ventanales. Las mesas y sillas las tenían colocadas al lado de esas ventanas

mientras que el resto que componía el lugar era una barra larga y dos

expositores de frío para los pasteles. Incluso horneaban pan a diario, con lo

que la afluencia de clientes era constante.

— Buenos días.

— No sé qué tienen de buenos —gruñó Hisagi.

Rukia lo miró desconcertada. Llevaba una camiseta negra con una calavera

y unos pantalones vaqueros. Estaba trasteando con el móvil y no se dignó a

mirarla al responderle. No se había afeitado y su rostro mostraba ya el vello

incipiente en la barbilla y parte del cuello. El apodo que utilizaba en el BDSM

era Brayan, un nombre que le iba genial por su personalidad.

Tenía una pequeña cicatriz en la ceja derecha que la partía en dos dándole un

aspecto de tipo duro, lo cual combinaba a la perfección con su cuerpo

musculado y su altura.

— No le hagas caso. Se ha pasado toda la noche con la web y tuvo que

cancelar el plan que tenía con su chica —le comentó Ikakku.

Ikakku, más conocido como Titán en el club, iba mejor vestido. Ya llevaba un

traje de chaqueta y pantalones, en color azul marino, y una camisa en azul

cielo conjuntada con una corbata de líneas en tonos azules. Le quedaba

perfecto pues, pese a no tener tanto músculo como Hisagi, sí que su cuerpo

se moldeaba a la perfección y lo cuidaba a diario. Iba bien peinado, aunque

sabía que no le gustaba ese look. Pero en su trabajo era imprescindible dar

una buena imagen.

— Vaya, no pensaba que te diera tantos quebraderos de cabeza —se apiadó ella

sentándose en la silla que habían reservado para ella en la mesa donde estaban.

Ese día se había puesto un vestido de ejecutiva en gris pues, después de esa

reunión, le tocaba ir a la empresa para ver si cerraba un nuevo proyecto muy beneficioso

para la casa de subastas.

— Y no me lo dio. Nada más pasó lo del hackeo me puse manos a la obra

y ejecuté el programa para bloquear cualquier entrada ajena a mí. Pero el tío

siguió insistiendo.

— Y ni ha podido dormir ni tampoco jugar, así que ya sabes cómo está —

añadió Ikakku cogiendo su taza y bebiendo para ocultar la sonrisa.

— Eres un cabrón, ¿lo sabías? —comentó él—. Que sepas que la próxima vez yo me

haré cargo de las dos, y tú solo vas a mirar.

— Perfecto —contestó Ikakku haciendo que los ojos le brillaran.

Rukia se echó a reír. Esos dos eran muy buenos amigos. Desde que se

habían conocido, habían formado una amistad muy sólida y eso les permitía

incluso realizar sesiones grupales. Ellos dos eran los que llevaban un club

privado de BDSM donde eran conocidos como Brayan, en el caso de

Hisagi, y Titán, en el de Ikakku.

Un camarero se acercó a la mesa para atender a Rukia y, cuando esta pidió,

siguieron con la conversación.— Explícame cómo sabías que había que revisar

la web —le dijo Hisagi al marcharse el camarero.

— Es una larga historia, así que espero tengan tiempo —comentó Rukia. Se había

puesto seria.

— Toda la mañana si hace falta —masculló él. Si eso le decía el porqué habían intentado

entrar en su club, valía la pena.

— Vale, pero he de empezar diciendo que ayer no fue la primera vez que hackearon

el club —desveló Rukia.

— ¿¡Qué has dicho!? —alzó la voz Hisagi. Ikakku tuvo que cogerle del

brazo para evitar que se levantara y alertara al resto de personas que

desayunaban tranquilamente en el lugar.

Al ver que el camarero se acercaba a ellos, los tres se mantuvieron en

silencio mientras le servía a Rukia lo que había pedido: un café con leche y un

suizo de mantequilla.

— Gracias —le dijo cuando el joven ya se marchaba. Lo había visto

mirarla de reojo al servirle su desayuno por lo que, cuando este se volvió, no

pudo evitar darle un azote en el trasero.

— Explícanos mejor qué está pasando —murmuró Ikakku desviando la

atención de Rukia en el camarero que se había dado la vuelta y no dejaba de

mirarla.

Rukia cogió la taza de café y sorbió. La dejó en el plato y los miró a los

dos.

— Ayer por la mañana recibí la visita de la policía.

— ¿La policía? —repitió Ikakku. ¿Había entendido bien?

— ¿Quieres dejarla hablar? —se impacientó Hisagi.

— Dos inspectores vinieron a mi casa porque habían estado investigando a

una persona y el club de BDSM estaba en medio.

— ¿Qué quieres decir? —inquirió Hisagi.

— Pues que se metieron en el ordenador del tío y sacaron información de ahí. Encontraron

un archivo sospechoso y, al hackearlo, dieron con el club.

— Malditos desgraciados... —bufó Hisagi conteniéndose para no gritar

en ese lugar.

— Espera. Vale que hayan investigado y el club estuviera en medio —

sopesó Ikakku—. Pero, ¿qué tienes que ver tú? Lo normal es que hubieran

ido a ver a Hisagi que es el administrador.

Rukia sonrió ante la deducción de su amigo.

— Sí. Solo por un detalle. No es él quien habla siempre que se conecta esa

persona en el chat.

— ¿Es un sumiso? —adivinó Hisagi. Los datos que había dado Rukia eran

más que suficientes para saber que, si tenía que ver con ella, quería decir

que hablaban de un sumiso.

— Sí. Y me interrogaron con respecto a él. Pero ya sabéis las normas que

puse en el club por internet. Ni siquiera uso el mismo nick que en la vida

real y oculto mi rostro y mi pelo porque no quiero que me reconozcan ahí.

— Lo sabemos. Tú misma nos dijiste que era por tu seguridad y respetamos eso

—le aclaró Ikakku—. Continúa.

— No tenía información al respecto y pidieron que los ayudara a atraparlo...

— Espera, ¿es que no pueden detenerlo ellos solos? —la interrumpió

Hisagi.

Rukia lo miró de una forma que le hizo arrepentirse de haberla cortado.

Pero al mismo tiempo se emocionó por esa lucha de poderes que tenían. Al

final, Rukia suspiró, negó con la cabeza y puso los ojos en blanco.

— Parece que siempre se libra por tecnicismos. Esperaban que yo pudiera

tener algo de donde tirar y detenerlo de manera más sólida.

— ¿Y? —insistió Ikakku.

— Y nada. No sabía nada de la vida de ese tío. Lo único que hago es jugar

con él y divertirme educándolo.

— ¿La policía se quedó conforme? —agregó Hisagi.

— Bueno... no mucho, pero creo que sí son conscientes de que el club no

es como uno físico. Querían que concertara una cita con él pero no iba a

servir de mucho.

— ¡Y mucho menos que para sonsacarle algo tendrías que estar una buena

temporada con él! —exclamó Ikakku. Hisagi, al darse cuenta de lo que

insinuaba su amigo, también se enfureció.

— ¡Serán malnacidos! ¡Que hagan ellos su trabajo!

— ¿Quién es, Rukia? —preguntó de pronto Ikakku

— Eso. Dime a qué cabrón hay que echar del club.

— Por eso quería hablar con vosotros. Creo que lo que ayer pasó con esa

tal Piruleta provenía de la policía. Es posible que quisieran utilizar el

club como una forma de entrar en la vida de ese hombre y acercarse lo

suficiente para sonsacarle una confesión.

— ¿Tú crees? —Hisagi sopesó la idea—. Si fuera así, te diré que lo

hicieron de pena. Esa mujer no sabía nada del BDSM.

— Lo sé. —Rukia tiró un bocado a su desayuno—. Quiero comentaros algo.

— ¿Qué se te ha ocurrido? —intervino Ikakku temiendo que las

sospechas que había tenido desde que supiera de la existencia de un hombre

buscado por la ley y Rukia conectaran demasiado bien.

— Me molesta tanto como a ti que tengamos en el club a un hombre

buscado por la ley. No sé bien lo que ha hecho, pero dijeron que era un

asesino. —Rukia se detuvo al ver las caras que habían puesto los dos—. Sí,

bueno. Eso y sospecho que hay más.

— Rukia...

— Déjame hablar, Ikakku. Ese hombre se ha librado de la ley siempre.

Las veces que lo han detenido, según me dijeron, siempre salía libre sin que

pudieran hacer nada. Y ahora pensaban que tenían de donde tirar. Pero,

¿y si es así?

— Rukia, no pienso dejarte que seas el cebo de nada de esto —soltó

Hisagi cansado de esperar a que ella dijera tonterías—. ¿Tú sabes a lo que

te enfrentas? Además, ¿cómo vas a conseguir que un tío como ese te vaya a

contar sus trapicheos y lo que hace?

— Puedo ganarme su confianza. Volverme imprescindible en su vida. Y,

con ello, conseguir información.

Hisagi negó con la cabeza.

— Ni hablar. ¿Sabes lo peligroso que es? Además, eso implicaría tener

que quedar con él en persona. ¿Y si sabe quién eres? ¿No entiendes que

estarías poniéndote en peligro?

— Claro que lo sé. Pero ese hombre...

— A ver, dime primero de quién estamos hablando. Lo investigaré —

intervino Hisagi antes de que la conversación entre Ikakku y Rukia

subiera de intensidad.

— zalamero —desveló Rukia.

— ¿Ese? Joder, si es el más sumiso que hay. Si tú misma dices que es tan

complaciente que te aburres con él.

— Pues ese es el hombre que quiere la policía. Su verdadero nombre es

Sosuke Aizen.

Ikakku comenzó a toser de inmediato haciendo que se manchara de café.

Soltó la taza y cogió una servilleta para evitar escupir más líquido mientras

los otros dos lo miraban como si se hubiera vuelto loco. Tardó unos minutos

en recuperarse, y todo porque Hisagi le dio unos golpes en la espalda que le

permitieron respirar mejor.

El resto de clientes los miraron extrañados e incluso preocupados por si

necesitaban asistencia médica. Pero cuando vieron que se recuperaba,

respiraron más tranquilos, sobre todo los dueños de la cafetería que habían

temido una desgracia (y no era bueno para el negocio).

— ¿Sosuke Aizen? —repitió queriendo asegurarse de que había escuchado bien

el nombre.

— Sí —respondió Rukia—. ¿Por qué?

— Rukia, ese hombre es el jefe de una banda de prostitución —le contó—.

Yo mismo tuve que soltarle en una ocasión porque la policía no hizo bien su

trabajo en la custodia de pruebas y su abogado denunció que las habían

manipulado. Seguí su caso un tiempo porque no somos los únicos que le

quieren echar el guante, y en otros estados les ha pasado lo mismo. No puedes

enfrentarte a él.

— Hay que sacarlo de inmediato —convino Hisagi—. No puede estar más tiempo

en el club.

— ¿Queréis dejar de hablar un momento? —intervino Rukia. Descubrir más

datos sobre ese hombre había hecho que se pusiera nerviosa. Pero eso lo que

conseguía es que su cuerpo segregara más adrenalina, y eso le ayudaba a

pensar más rápido.

— Según lo veo, tenemos dos opciones: la primera, intentar sonsacarle

sobre su vida y lo que hace a través de encuentros con él, así como con el

juego; la segunda, volverlo loco de mí, hacer que sea tan parte de su vida que,

si me pierde, por algún motivo, cometa un error.

— ¿A qué te refieres? —preguntó Hisagi.

— Podría ser tan especial para él que, simulando un secuestro, no le quede

otra que ir a por los que me tienen, de una forma o de otra.

— ¿Quieres que piense que te han secuestrado por su culpa?

— Así es. Y con lo que me has dicho, Ikakku, puede ser esa red que tiene

un buen motivo. Podemos hacer que alguien se haga pasar por un hermano, o

alguien que busca a una mujer que él tiene. Si encontramos información, él

mismo se va a delatar porque será quien la encuentre. Y de ese modo no

estaría en peligro.

Ikakku negó con la cabeza.

— Queda la tercera opción: no hacer nada. Sacarlo del club y seguir

nuestro camino. —Al ver que Rukia lo miraba de malos modos respiró hondo

— Rukia, ese hombre es muy peligroso. No sabes dónde te estás metiendo.

— No, no lo sé. Por eso quería hablarlo con vosotros. Creí que, al saber el

tipo de persona que tenemos en el club, os molestaría como a mí. Con él se ha

puesto en riesgo a otras mujeres. ¿Quién os dice que no ha contactado con

ellas? ¿Y si tiene que ver en la desaparición de bruma o de alma? ¿Y qué me

dices de lirio, Ikakku? —citó ella mencionando a mujeres que habían entrado

en el club por recomendación de otras y, al final, no habían vuelto ni tampoco

a tener contacto con sus amigos.

Él se quedó callado. Había sembrado la duda por la desaparición de

lirio, una mujer con la que había conectado y con la que habría querido

llegar más lejos. Sin embargo, de la noche a la mañana, había desaparecido.

— Solo os digo que hay posibilidades para ayudar a la policía. Pero

necesitamos información sobre todo esto.

— ¿Estás en contacto con los que llevan el caso? —preguntó Hisagi.

Rukia asintió—. ¿Qué opinas, Ikakku?

— Que nos estamos metiendo donde no nos llaman. Pero lo peor de todo es

que la más perjudicada puedes ser tú, Rukia.

— Lo sé. Pero dudo mucho que vaya a ponerme en peligro de la forma que

he dicho. ¿O acaso no lo crees tú también?

Ikakku apretó los labios y desvió la mirada. Debía reconocerle que

fingir un secuestro y hacer que otros la mantuvieran escondida y protegida

no la ponía, ni mucho menos, en peligro. De ese modo, un paso en falso de

Aizen haría que toda su red se tambaleara.

— ¿Por qué haces esto, Rukia? —le susurró Hisagi.

Rukia giró la cabeza para mantenerle la mirada.

— Porque quiero evitar que siga haciendo daño a los demás. Y porque voy

a disfrutar mucho dejándome llevar y vengándome por ellas —contestó.

Ikakku puso los ojos en blanco.

— Buscaré información sobre el tío. Pero ni mucho menos estoy de

acuerdo con tu plan. Dudo incluso de que la policía acepte eso. Y en cuanto

al club, ¿lo has protegido bien?

— Sí. Lo que pasa es que, tras lo que hemos hablado, me gustaría hacer

algo más.

— ¿El qué? —preguntó Fire.

— Quiero saber sobre cada uno de los que entra en el club. Me niego a

descubrir que tenemos a otro indeseable dentro. Y desde luego no voy a meter

a nadie más, ni aunque sea por recomendación de otros. El club queda cerrado

hasta nuevo aviso.

— Hacer lo que quieres puede considerarse una violación de la intimidad

—le informó Ikakku—. Es imposible.

— No si lo haces por el lado oscuro —confesó Hisagi sonriendo—.

¿Quién dice que voy a preguntar a los implicados? Yo me encargo de sacar

información de ellos y cerciorarme de que son trigo limpio.

Ahora fueron Ikakku y Rukia los que pusieron los ojos en blanco.

— Entonces, ¿me echáis una mano?

— Al cuello, Rukia. Directamente al cuello —contestó Ikakku.

Pero, en el fondo, Rukia sabía que podía contar con ellos.