Capítulo XI: Lo sé

- Tú me adoras – habló Quinn con mucha lentitud, Amy se acercó a darle otro sorbo de agua con una pajilla para que pueda seguir, Quinn tomó muy poquito, pero tomó, James asintió entusiasmado que Quinn se dé cuenta – estás equivocado – James mostró un gesto confuso – tú me adoras por lo que podría ser, por Sue – finalizó.

- No, yo te amo y punto – dijo James muy seguro de eso.

- Sue sacó a Kate – explicó Quinn lentamente, Sue había sacado a Kate, Hbic de las porristas – tú ex – añadió dándose cuenta de que rol quería interpretar James adivinándolo – ella quería que yo tomara el puesto líder – Rachel abrió sus ojitos, ya que Quinn había dicho que había terminado con esa mierda – tú el quarterback si sacabas a Finn con la futura Hbic, qué imagen perfecta – señaló ella sarcásticamente, señalando que él quería ,el culmino de lo que sería la cerecita del pastel, su último año siendo rey y reina, jefes de la popularidad y de todo con derecho a todo, señal del más alto status quo de los estudiantes – lo hiciste por poder – añadió después de tomar un sorbo más de agua, lo suficiente para mojar su garganta.

- Lo hice porque te amo – repitió él – que fueras popular ayudaba mucho, eso igual iba a darse, tú y yo – señaló él no viendo la realidad.

- ¿Mataste a todos por mí? – le preguntó ella y un silencio sepulcral se hizo, Hiram y Carpenter con miedo de que la respuesta sin sentido del chico pusiera un peso enorme en ella, peso que no se merecía, pero antes que respondiera James todo jactancioso, Quinn siguió – los mataste, porque quisiste imponer un poder que no tienes, cobarde – añadió.

- NO, NO, NO ¡ - gritó él – SOY TODO PARA TI, SOY TÚ TODO, TÚ ME AMAS, Y YO SOY TÚ REY ¡ - gritó a todo pulmón sin importar que el mismo se hiciera daño al no estar del todo recuperado.

- Suficiente, tengo todo lo que necesito – replicó Carpenter – llévenselo – pidió a la par que el abogado salía al corredor a encontrarse con dos caballeros muy bien vestidos, de mucha plata, familiares de este sujeto.

- Tío – dijo él

- Cállate y cierra la boca – le pidió él con mucha autoridad al James ser conducido a su cuarto de hospital, y James lo hizo.

Estos sujetos traerían problemas más adelante, observó Hiram desde la puerta – por favor, todos salgan – pidió y cuando Rachel lo iba a ser a regañadientes y haciendo pucheros por no poder quedarse.

- Rach – susurró Quinn tosiendo y eso fue todo lo necesario para que ella no se quiera apartar de su lado, yendo a coger un pañuelo y el vaso que le ofreció Amy para ayudar a Quinn.

Amy sonrió a la pareja, Hiram igual – bueno – dijo él – voy a hacer unas pequeñas pruebas Quinn, ¿eso está bien?

- Sí – contestó ella y él empezó, pruebas no invasivas básicamente sólo para darse cuenta de que su memoria estaba bien, recordaba todo.

Hiram pensó que igual le iban a tomar declaración más adelante, más con lo que tenían, ya iban a ir avanzando, James había declarado después de todo.

Un cuarto de hora después Hiram con Amy se retiraron del cuarto dándole privacidad a ambas chicas – media hora – dictó Hiram y Rachel asintió otra vez a regañadientes.

Rachel miró un ratito a Quinn sonriente y ella a Rachel antes de decir – eres una idiota – soltó firmemente

- Ahhhh – exactamente eso dijo Quinn, con un ceño fruncido y una carita de lo más adorable que Rachel se derritió por dentro, no sabía si arrullarla o mantener su perorata, decidió mantenerla, Quinn tenía que entender que su acción fue muy idiota.

- Eres una idiota – repitió esta vez menos firme y más preocupada

- Talvez – respondió ella.

- Quinn, ¿qué carajo? – le preguntó ella estirando las manos al aire – te tiraste, te tiraste del cuarto piso, ¿qué carajo? – dijo lentamente enfatizando cada punto para que ella lo entienda, iniciando una diatriba caminando de arriba abajo.

Quinn la miraba, realmente la miraba cómo el hermoso regalo del cielo que era Rachel, ella la miraba con esa pequeñita sonrisa que era sólo para Rachel.

- ¿Por qué sonríes, me estás escuchando o no? – le preguntó con ambas manos en su cintura, los brazos en jarra.

Eso derritió de amor a Quinn, que ya para ese momento lo había aceptado, se había rendido, ella estaba enamorada y lo aceptaba, ¿le asustaba?, sí mucho, ¿la amaba?, sí y mucho.

Ya para qué mentirse en ese punto, ella estaba hasta la médula por Rachel.

- ¿Me estás escuchando? – le preguntó esta vez dulcemente – ay Quinn, ¿qué voy a hacer contigo? – le preguntó divertida al ver que ella le seguía con la mirada por todo el cuarto con esa pequeñita y muy adorable sonrisa.

- ¿Quieres la verdad? – le preguntó lentamente Quinn

- Sí, la quiero, quiero entender Quinn, prometo que no me voy a enojar – dijo y ambas voltearon los ojos ya que Rachel no iba a cumplirlo – bueno, no tanto – acotó y Quinn asintió lentamente.

Ella inició su relato – estaba herida en el suelo – hablando lentamente ya que no podía de otro modo, Rachel asintió sentándose a su lado, cogiendo su mano – tú atrás mío – ella intentando explicarse sin usar muchas palabras, ya que físicamente dolía, Rachel asentía diciendo así, sin palabras que entendía todo – Finn herido, ¿cómo iba a detenerlo? – Rachel asentía preparándose para lo que ya sabía – él pensaba que me amaba…

- Yeahhh – dijo ella haciendo una mueca de disgusto, Quinn siguió.

- Así que pensé, que me seguiría dónde fuera, aposté a ello

- Mierda Quinn – juró Rachel apretándole la mano y pasando una mano por sus ojos.

- ¿Estás enojada? – le preguntó preocupada y carajo Rachel si estaba enojada, pero viendo el lindo rostro de Quinn todo magullado, ella habiéndolos salvado haciendo este gesto, Rachel estaba cabreada, porque la vida de Quinn era muy importante, pero a la par estaba agradecida más allá de las palabras, ella los salvó, detuvo a este loco.

- No mucho – soltó

- Mientes mal – replicó Quinn con un puchero.

- Awww – se derritió Rachel viendo los ojitos de Quinn – no me puedo enojar contigo, no me puedo enojar – le repitió tomando con ambas manos su carita – mira cómo quedaste – le susurró haciendo que Quinn entrecierre los ojos y le tiemble el labio entendiendo lo opuesto a lo que pensaba Rachel.

- No, no, no llores, no quería decir eso – se apresuró Rachel antes de que Quinn llorara – te ves muy hermosa, la chica más hermosa que he conocido, pero eres mucho más que eso – le dijo causándole una pequeña sonrisa de lo más hermosa – tan hermosa – añadió susurrando, hipnotizada, habiendo ya caído por la mirada de Quinn, tal cuál cuando miras a un león, parpadeas y él ya está muy cerca tuyo, antes de inclinarse mucho más causando que el monitor de latidos se altere, causando aquello, una Quinn muy sonrojada y Rachel soltar una risita.

Con lo que después Rachel se inclinó, dándole un muy suave y rico beso sobre sus labios.

El monitor se puso como loco, Amy corrió pensando que Quinn estaba teniendo un paro, yéndose riendo después al ver a ambas chicas en esa situación, ella divertida y feliz por ese acto.

Ughhhh

Quinn estaba en el cielo, ese pequeñito beso fue espectacular, alucinante, ella estaba sin palabras, aunque apenas fuera un pico, dos labios tocándose, para ella fue woahhh, no tenía palabras.

- Hummm – murmuró Rachel al separarse viendo el brillo en los ojos de Quinn – woahhh – susurró.

- Rachelllllllllllllll ¡- gritó Finn con cara de estreñido en la puerta del cuarto.

- Rachel se separó de golpe cómo si se hubiera electrocutado, y Quinn frunció el ceño ante la interrupción, ya que, para ella, Finn podía irse y muchas gracias, quedarse por allá - ¿qué hacías? – le preguntó enojado.

- Le daba un beso – le contestó haciendo que Quinn se gire ante ella al oír eso, dándose un latigazo vertical que hasta le dolió a Finn

- Mierda – se quejó ella cerrando los ojos.

- Lo siento, lo siento – se disculpó Rachel sobándole su carita, el cuello no podía ya que tenía algo alrededor del mismo.

- Rachel eres mi novia, Quinn entiéndelo – le dijo enojado

- Finn, no seas grosero – le pidió Rachel firmemente.

- Lo siento, pero es así. Rachel, eres mi novia, y mi novia no anda besando a nadie por ahí y menos por pena – le dijo intentando salvar su orgullo y con las ganas que traía a Quinn.

- Finn ¡ - se quejó Rachel, pero entendió lo que quería decir Finn

Quinn cerró los ojos antes de decir- fuera – y mirando a Rachel – por favor.

- Ok, entiendo que puedas estar molesta y te doy tu tiempo, pero voy a regresar – le dijo antes de darle un beso en la frente y salir, cogiendo la mano de su novio y arrastrándolo para que no se quede mirando feo a Quinn.

Afuera, en el pasadizo se escuchaba a ellos debatir.

- Si fuera yo, y besara a Santana o a alguien más, te enojarías, entiende mi punto por favor – le pidió y Rachel si lo entendió y escuchó a su novio despotricar lo muy molesto que estaba, ella asentía entendiendo todo, más no podía quedarse la sensación que tuvo con Quinn, el momento que compartieron.

- Lo siento Finn, está bien – se disculpó ella abrazando a su novio y el asintió diciendo – es un momento emotivo, entiendo, pero en serio Rachel, por favor – le pidió, ella asintió.

Quinn por otro lado estaba renegando, Rachel le había besado y Finn había dicho que era por pena – buffff – Quinn estaba bufando y renegando.

Así al encontró Amy cuando vino a verla – ohhh péqueña ¿qué ha pasado, por qué reniegas? – le preguntó divertida.

Quinn siguió bufando.

- Awww – se derritió ella sonriente y Quinn volteó los ojos – oh vamos, si estabas besándola – dijo divertida – no puedes estar molesta – soltó entre risitas y Quinn se sonrojó mucho, eso hizo reír a ambas.

- Vamos pequeña ¿por qué estás molesta? – le preguntó mientras revisaba que todo el instrumental médico estuviera funcionando todo bien.

- Él es su novio – Quinn decidió decirle la verdad.

- Oh vaya – replicó ella y Quinn asintió con un puchero – bueno, ahí hay algo, insiste pequeña – le dijo ella y Quinn levantó la ceja confusa – es decir ahora no, estás aquí toda herida, debes concentrarte en recuperarte, pero si ya la besaste una vez, habrá una segunda vez – soltó sonriente y Quinn sonrió también imaginándolo – awww – le arrulló ella al Quinn lucir de lo más adorable – si sobreviviste a esto, tú puedes hacer lo que decidas, sólo decide bien – le aconsejó antes de darle un apretón a su mano y despedirse por un rato, en camino a sus rondas.

- Yeahhh – soltó Quinn con una pequeñita sonrisa – si lo puedes soñar, lo puedes realizar – se dijo a sí misma, y con ello decidió sonreír, poner todo de su parte y salir de ahí cuanto antes, Rachel en su mente.

Desde ese entonces, ella se convirtió en la paciente más sonriente y positiva de aquel hospital, siendo superada sólo por Alice, una anciana del 202 que estaba ahí por una fractura de cadera, que al entrar a su cuarto y hablar con ella, nadie se daría cuenta que sentía dolor, ella era muy amable, muy adorable – lo he visto todo – decía – a esta edad, acepto todo, no vale la pena preocuparse en algo más de la importancia que se le da.

Y en algo tenía razón, el tiempo se va y no vuelve, positivismo a ultranza, aceptar todo lo que venga, recibirlo con los brazos abiertos, y para adelante.

Habían pasado dos semanas desde el atentado en el colegio, James seguía internado en ese hospital, en otra ala, con toda la seguridad que merecía su caso, su familia seguía insistiendo en "x" teorías para bajarle la importancia que tenía su caso.

Los chicos de Glee seguían reuniéndose cada día, aunque sea por un rato, tomando en cuenta, que eran las vacaciones.

Algunos de ellos, decidieron que querían viajar, pero acordaron seguir hablando todos los días, cada uno inmerso en su forma de recuperarse de todo el asunto.

Quinn en el hospital, los otros chicos heridos también en el hospital.

Rachel aquel día había ido a verla junto a Finn, que parecía querer quedarse más tiempo a su lado, sobre todo cuando iba al hospital.

- Vamos Rachel, piénsalo – le dijo Finn – un mes en New York todo pagado, podemos ir e inspeccionar, vacacionar, visitar todos los teatros que quieras, podemos relajarnos y ser nosotros – decía él intentando convencerla de pasar un mes fuera de ahí – venga que ha sido un regalo, hay que aprovecharlo, no lo podemos dejar de lado, además irá Kurt y Blaine, será alucinante – le pidió con una gran sonrisa.

Y si fuera otra ocasión, Rachel hubiera dicho "sí" sin chistarlo, más no era esa la situación.

- No lo sé Finn.

- Que no, me dices, Rach será alucinante – le repitió su novio sonriéndole de lado, cogiendo su mano y besándola.

Rachel no estaba segura – no estoy de humor y festejar Finn, es decir, nuestros amigos aún siguen en el hospital, Puck está todavía ahí.

- Y Quinn también – replicó Finn con una mueca – venimos todos los días a verla.

- No, yo vengo todos los días, a ver a todos – dijo ella aunque los dos sabían que era por Quinn.

- Quiero que te alejes de esto, te está consumiendo Rachel, relájate amor – le pidió – no porque la veas todos los días, se va a curar más rápido, además soy tu novio – replicó él en modo celoso – no es tu culpa

- Lo sé, lo sé Finn, pero tampoco es la de ella.

- Eso dice James

- No lo es ¡- él dijo firmemente – más que la de James y Jhon – finalizó con una pisada en el piso.

El renegó un poco, soltando su mano y yendo a ver a su amigo en su lugar, dejándola sola en el pasadizo.

- ¿En serio? – le preguntó ella – joder – soltó yendo a ver a Quinn, ella sabiendo que Finn tenía algo de razón, él era su novio, y no estaba compartiendo mucho cómo debía.

Quinn estaba en su camilla relajándose o eso pensó, hasta que apareció quien menos pensaba.

- Hola amor – le dijo él causando un salto en ella – tranquila hija – acotó rápidamente Russell quien se sentó a su lado.

Quinn tomó unas exhalaciones necesarias para poder recomponerse del susto de ser llamada así por su padre y por tenerlo a su lado en plan padre, eso no había pasado hace muchos años.

- Soy tu padre Quinn, y aunque pienses lo contrario, te amo – eso le causó un shock de sorpresa antes de ella decir – lo sé.

- A tu modo retorcido, pero lo sé – le dijo y eso era verdad, Russell había corrido hacia el tirador, para abrazar a su niña y que no le caiga un disparo a ella, sino al chaleco de Keblar que tenía puesto ese día, de lo contrario Quinn estaría muerta, por la mano de Jhon.

Russell soltó un gran suspiro sabiendo que el retomar la relación con su niña, el crearla iba a conllevar mucho tiempo.

Ambos se quedaron en silencio incómodo.

Incómodo.

Hasta que Russell dijo – Rachel ¿eh? – y eso alteró mucho a Quinn a su corazón, así lo detectó el monitor que medía sus latidos.