No estoy seguro de qué debería usar para la cena de los Malfoy. Finalmente Sirius me envió una nota diciendo que confiaba en mí, pero que tuviese cuidado, sin embargo, tuvo el reparo de escribir a Dumbledore para que me permitiera salir del castillo el fin de semana. Tengo que recordar escribirle a Remus en agradecimiento, ya que estoy seguro que él tuvo algo que ver.

Las pocas veces que he visto a los padres de Draco, parecen demasiado sofisticados, estirados, como diría Sirius. Nunca me han importado las apariencias, suelo ser bastante sencillo, pero no me gustaría que sus padres me conocieran y piensen que soy menos que Astoria, que no merezco estar con Draco. La verdad, no entiendo muy bien porque Draco quiere que vaya y les conozca, pero quiero gustarles. Quizá todo se trate de rebeldía de su parte, tal como me dijo, sé por Sirius, que ser heredero de una de las grandes familias mágicas no es fácil.

Al final tomó un traje de gala sencillo pero elegante, con detalles rojo con dorado. Dean entra a la habitación por un libro y levanta el pulgar cuando me ve.

—Vas muy en serio con Draco.

—Eso parece.

—Te ves bien. —Sonrío nervioso—. Me refiero a que se ven bien juntos, me alegra que tengas a alguien Harry.

Llego a la oficina de Dumbledore, Draco me está esperando impaciente, luce un traje negro con hilos de plata y una capa de terciopelo, su cabello está pulcramente peinado hacia atrás, a excepción de un mechón rebelde que le cae en la frente. Dumbledore está en su escritorio con un libro entre las manos, cuando entro levanta la mirada y me sonríe.

—Iremos por chimenea, mi madre abrió la red de mi habitación.

—Bien.

—Recuerde señor Malfoy, que deben llegar antes de medianoche, para que puedan estar en sus habitaciones antes del toque de queda —dice el profesor Dumbledore aun sonriendo.

—Sobre eso, señor... Mi madre envió una nota preguntando si puedo pernoctar fuera del castillo.

—Recibí tal nota, pero me temo que no puedo conceder eso. Dejar salir del castillo a tantos estudiantes por algo que no es de extrema urgencia puede ser problemático. Antes de medianoche, señor Malfoy.

—Seremos Cenicienta —bromeó.

Draco me mira confundido antes de sacudir la cabeza y entrar a la chimenea.

—Malfoy Manor, segundo dormitorio.

Lo sigo. Entro en la chimenea y repito sus palabras. Aterrizó sobre un piso de madera, me levanto con rapidez y sacudo los restos de hollín. Miro alrededor, estoy en una amplia habitación, con una gran cama en el centro, estanterías de libros y decoración antigua, pero bella.

Draco me mira con una sonrisa tímida. Alguien llama a la puerta y su sonrisa se desvanece, en su lugar una mueca de fastidio se planta en su cara. Por la puerta se asoma la cabeza de una mujer rubia, sus ojos, antes aburridos se iluminan con la presencia de su hijo.

—¡Dragón! Te he estado buscando, llegas tarde.

—Lo siento, madre.

Después de unos cuantos mimos que Draco se deja hacer por su madre, ambos recuerdan mi presencia. Durante ese par de minutos intenté esconderme y confundirme con la decoración de la casa, ver el amor que siente Narcisa Malfoy por su hijo tal vez fue demasiado para mí. Tal como en navidad ver a la señora Weasley llorar por la visita y despedida de Charlie, tejer suéteres a los gemelos o hinchar el pecho de orgullo por el ascenso de Percy. Todo eso me recuerda a mi propia madre, la que ya no está conmigo y a veces me duele demasiado siquiera pensar en ello.

—Madre, él es Harry.

Draco toma mi mano para llevarme frente a su madre, le agradezco internamente que lo haga, me ayuda a anclarme a esta realidad.

—Señor Potter, es un placer conocerle al fin de manera oficial.

Sus modales son tan sofisticados que en cualquier persona podrían parecer estudiados y poco naturales, pero en Narcisa Malfoy fluyen con naturalidad y elegancia.

—El gusto es mío —respondo. Balbuceo un poco antes de que Draco vuelva a tomar la palabra.

—¿Dónde está mi padre? En la última carta dijo que tenía que hablar conmigo.

—Está en el despacho, hablando con el señor Greengrass.

La cara de Draco palidece cuando escucha aquello. Aprieta mi mano y asiente.

—Lo mejor será que hables después con él, por ahora, vayan abajo y diviértanse.

Es extraño, estar en el salón de la mansión Malfoy, muchas personas han ido a saludar a Draco, halagando para después pedirle el favor de su padre, él es amable con todos, pero no demasiado para no darle esperanzas a nadie. Ante todos me ha presentado, no como su novio directamente, pero no suelta mi mano y eso debe ser una señal hasta para el más obtuso.

Lucius Malfoy nos observa desde el otro lado del salón sin acercarse, no sé decir si está molesto, pero cada vez que sorprendo a Draco mirándolo, su mirada es cristalina y su mandíbula está apretada. Narcisa, en cambio, se comporta amable, me sonríe mientras me ofrece aperitivos y pasa sus dedos por el cabello de Draco constantemente provocando un leve murmullo en Draco, es como un gatito ronroneando.

Cerca de las diez, Draco suelta mi mano y se disculpa, lo sigo con la mirada y veo que se acerca a su padre. Narcisa Malfoy que se ha quedado a mi lado, me sonríe intentando calmarme.

—Si te soy sincera, no creí que vinieras, pensé que Sirius me odiaba demasiado como para permitir que su amado ahijado conviviera con nosotros.

—Draco me pidió venir, por eso estoy aquí.

Sé que quiere ser amable al hablar conmigo.

—No te diré que apruebo el berrinche de Draco al traerte con él, pero lo entiendo. No tengo nada contra ti, mientras no lastimes a mi Draco.

Asiento lentamente con la cabeza, esperando hacerle saber que he entendido su amenaza pasivo agresiva. Con todas las advertencias que me dio Sirius respecto a la familia Malfoy y Narcisa, su prima, una amenaza como la que acabo de escuchar está en el nivel más bajo de mis expectativas.

Cuando Draco regresa, sus ojos refulgen de furia, no veo al señor Malfoy por ningún lugar, sólo al heredero que con ese humor podría maldecir a cada invitado de la fiesta antes de que digan Quidditch.

Narcisa anuncia que la cena está lista y toda la gente se dirige al comedor. Draco no se mueve de su lugar y yo no voy a ir a ningún lado sin él.

—¿Está todo bien?

—No realmente, pero tampoco importa.

—Me importa a mí.

—No debería —réplica. Puedo ver una sonrisa triste formarse en su rostro—. La vida es cómo es, ¿cierto?

—No estoy entendiendo absolutamente nada, pero si te quieres ir...

Niega con la cabeza, enlaza su índice con el mío y me lleva hasta un amplio comedor. A la cabeza, se encuentra Lucius Malfoy, de lado derecho está Narcisa, mientras que, el puesto a su izquierda es ocupado por el Ministro de Magia. A la derecha de Narcisa hay un lugar vacío que imagino es el de Draco, pienso que ese será el momento en que suelte mi mano y vaya a ocupar su lugar, sin embargo, se dirige al centro de la mesa donde hay dos lugares disponibles y me pide que me siente a su lado.

Cerca de nosotros, se encuentra Ludo Bagman, lo recuerdo por aquella apuesta que Fred y George hicieron con él durante el mundial de quidditch. Nos pregunta sobre Cedric Diggory, el último campeón del torneo de los tres magos y a Draco sobre Krum y su vida como jugador profesional de quidditch, ambs respondemos ya que es el único que se ha molestado en hablar con nosotros.

Comienzo a sentirme como una paria y, lo peor, es que estoy absorbiendo a Draco conmigo.

La cena termina y Draco aprovecha el momento para darme un pequeño recorrido por su casa. Me muestra pinturas de antepasados Malfoy, demasiado parecidos a él como para no sentirme incómodo, pero también descubro una foto de un pequeño Draco montando una escoba, su cabello vuela desordenado, sus ojos plata brillan tanto y su sonrisa sólo me incita a devolverla.

—Mi madre ama esa foto.

—Luces adorable —interviene una tercera voz. Busco su origen y lo encuentro en una pequeña chica con vestido verde y rizos castaños. Astoria nos mira con lo que en otro tiempo habría dicho dulzura, pero que ahora, sólo veo como burla y malicia.

—¿También vas a terminar con Potter en los armarios a los que ibas conmigo? Eso no es cortés con él.

Siento a Draco tensarse a mi lado, pone una mano en mi cintura y me pega a su cuerpo.

—No deberías estar metiendote en tus propios asuntos, como cuidar de tu muggle antes de que tu padre se entere dónde es que vive.

—No te atreverías.

—No me provoques.

Draco toma mi mano y me lleva camino a su habitación. No me da tiempo de preguntar qué ha pasado, si de verdad pondría en peligro la vida de un inocente muggle por este estira y afloja entre él y Astoria. Al menos yo tengo una varita para defenderme de todos ellos, pero sé que si el señor Greengrass encuentra a ese joven, él no podrá hacer mucho para defenderse. Draco toma polvos flú y nos mete a ambos a la chimenea, puedo sentirlo tan tenso, que me abstengo de decir cualquier cosa.

Aterrizamos en el despacho del director, pero no hay señal del profesor Dumbledore por ningún lado. Draco suspira y pasa una mano por su cara. Me acerco a él y tocó su hombro.

—Está bien, Potter —dice en un intento por restarle importancia a la situación. Suspira una vez más, sus hombros se hunden y parece que él también está a punto de hundirse.

—No tienes que decirme si no quieres, pero si en algún momento necesitas decirlo, aquí estaré.

Draco asiente una vez con la cabeza.

—Vamos, te acompañaré a tu sala común.

—No es necesario.

—Lo es para mí —dice antes de tomar mi mano y halar de ella por los pasillos de Hogwarts—. Le gustaste a mi madre.

Levanto una ceja con incredulidad.

—Sé que puede verse dura, pero creeme, si no le hubieras agradado, probablemente no habrías regresado tan sano y salvo al castillo.

Me río un poco de eso y él pasa una mano por mi pelo con ternura. Tal vez nuestra relación no sea real, pero quiero pensar que al menos la amistad que estamos construyendo sí lo es.

—Supongo que te debo un baile, nos fuimos antes de tiempo.

—Fue lo mejor. Soy un pésimo bailarín.

—Puedo enseñarte. A veces funciona sólo por la pareja.

Hago lo que llevo tiempo posponiendo, tomo su mano y pongo una moneda en ella, le explicó cómo usarla para comunicarnos, aunque omito que la usé en múltiples ocasiones el año anterior para romper las reglas. Draco sonríe y todo el enojo pasado por su padre o quien sea que lo haya provocado, se evapora.

—Quería dártela hace mucho, pero no encontraba el momento adecuado.

—¿Por qué este es el momento adecuado?

—Hoy realmente te ves guapo, debe ser eso.

El se ríe y se agacha lo justo para darme un beso en la mejilla. Me gusta esto que estoy creando con Draco, que no es una relación, pero sí puede ser una amistad.


Los días pasan y aunque los TIMOS ya han pasado y aún falta un año para los extasis, tengo que estudiar para los exámenes. Por la mañana, caminando con Draco hacia el Gran comedor, me pide que estudiemos.

—Yo te ayudaré con tu suerte líquida, y tú me ayudarás a bloquear esas maldiciones mentales.

—No estoy seguro, Hermione debe estar organizando un calendario para que estudiemos juntos.

Su mirada se endurece ante el rechazo y por extraño que parezca, eso me hace sentir culpable, así que acepto reunirme con él esa tarde en la Sala de los menesteres.

Llego antes de la hora acordada, la sala se ha convertido en algo muy parecido a la sala común de Gryffindor, sólo que con mucho más libros y un equipo de pociones en una esquina. Acomodó mis libros en un escritorio y me siento a leer sobre rebeliones élficas mientras espero. He pasado por las cocinas antes, así que llevo bollitos de mantequilla y meto uno en mi boca mientras voy pasando las hojas.

Dijo que llegaría a las seis. Al principio creo que llegará tarde porque tuvo práctica de quidditch justo antes y seguro se entretuvo con algo, pero a medida que pasan los minutos, comprendo que no va a venir. Le envío un mensaje usando la moneda que le di el día de la fiesta con su familia, pero no responde.

Cerca de las nueve salgo de la sala, aunque no haya asistido, al menos adelante en los temas para el examen de Historia de la magia. Me dirijo al gran comedor cuando siento un calor proveniente de mi bolsillo, es la moneda.

"Ha surgido algo, te veo en la cena"

Espero con la moneda frente a mi cara por más explicaciones sobre dónde está o qué ha surgido, pero ninguna llega. No es que me interese realmente, no somos una pareja real, pero creí que éramos amigos, que esa amistad significaba algo para ambos. No dejas plantado a un amigo sólo porque sí, es grosero.

En la entrada del gran comedor encuentro a Luna, mirando fijamente el techo, me paro a su lado y sigo su mirada, un par de zapatos cuelgan del techo.

—Me preguntaba dónde estaban. Son mis favoritos.

Con un movimiento de varita, los hago levitar hasta ella. Me agradece con una sonrisa distraída. Entonces los veo, cerca de las escaleras, Draco y Astoria, están hablando, pero hay algo en la manera en que Astoria toca el brazo y la mano de Draco que hace que todo se vea como algo más. Ellos no se han percatado de mi presencia y aunque lo hicieran, eso no haría diferencia para Draco. Ahora entiendo lo que "ha surgido", siento la molestia formarse desde el estómago. No necesito todas las explicaciones, pero si iba a pasar la tarde con Astoria, pudo haberme avisado y así me iría con Hermione a estudiar como era mi plan original.

A la mañana siguiente, me levanto temprano y voy a desayunar con Hermione. A ver si le da gracia que llegue hasta el retrato de la señora gorda y simplemente no me encuentre. Cuando Hermione me ve bajar a la sala común, hay suspicacia en sus ojos pero no dice nada hasta que estamos en la mesa de Gryffindor.

—¿Te has peleado con Draco?

—No.

Su mirada de "no me engañas, Potter" aparece. A veces es desesperante que tus amigos te conozcan tanto. Permanezco en silencio y ella se da cuenta que no diré nada más.

—No quiero que Malfoy te haga daño, Harry —dice con voz suave que suena condescendiente.

—No lo hará.

—Malfoy puede ser un cretino, no me gustaría que sólo juegue contigo y tú... Resultes herido.

—¿Por qué crees que seré yo el que salga herido? Podría ser al revés.

—Te conozco Harry, eres muy dulce. Nunca lastimarías a alguien de manera intencional.

—Tal vez no me conozcas tanto —respondo y tomó El Profeta, no quiero seguir con el tema.

Es tarde y Draco no ha llegado a desayunar. Tampoco es para tanto. Draco se desviará unos diez minutos de su trayecto, alguien que salga de la torre le dirá que me he ido, yo lo esperé anoche por horas y nadie tuvo la decencia de comunicármelo.

Llego a clase de Encantamientos, el profesor Flitwick ya está pasando lista cuando Draco entra con gesto serio.

—Disculpe, me envió el profesor Snape, necesita hablar con Potter.

Flitwick resopla molesto, pero me permite salir.

—¿Dónde estabas está mañana?

—Desayunando —respondo desinteresado. Me ha sacado de clases sólo para recriminarme, cómo si yo no pudiese enojarme también.

—¿Esto es por lo de ayer? Te envié un mensaje, lo lamento.

Asiento una vez y doy media vuelta dispuesto a regresar a clase.

—Mira, si te molestaste porque no llegué ayer, podrías decírmelo en ves de provocar este lío de mierda.

—Muy bien, ¿y el lío de mierda que hiciste tú anoche con mi horario? Tenía planes que aplace y aún así me plantaste para irte con Astoria.

Se queda callado por dos segundos que me parecen eternos. Pienso que se reirá y me dirá que han vuelto, que no necesita más este trato y, que eso de ser amigos tampoco le resulta beneficioso para sus relaciones sociales y familiares.

—Me necesitaba.

No puedo ni mirarle, esa respuesta sólo ha incrementado la furia que se formaba desde el estómago y por fin sale.

—Sí que eres un imbécil. Mira, si vas a acudir cada vez que ella te lo pida, no le veo el caso a todo eso.

—Potter, me he disculpado. No es necesario que te molestes tanto.

—No quiero que estés tras Astoria todo el tiempo. ¿Qué crees que pensará de mí?

—No puedes pedirme que no la vea más. No voy a darle la espalda. Ella me necesita.

—¿Para qué? Draco, ella ya tiene un novio.

Se encoge y me arrepiento de mis palabras.

—Perdona.

—Está bien. No espero que lo entiendas, Potter. Astoria y yo... Nos entendemos, tenemos vidas muy similares y... Es difícil de explicar.

Draco no lo sabe, pero cuando habla de Astoria sus expresiones lo delatan, puede haber furia total, sorpresa, dolor... y esto. Una ternura que se mezcla con impaciencia y algo más. Amor. Draco podrá decir que ella es exasperante y quejarse durante horas, pero la realidad es que sigue enamorado de Astoria Greengrass.

Ahora el rompecabezas que no sabía que estaba armando, se resuelve. Draco Malfoy no está conmigo por rebeldía o para olvidar a Astoria, es para no olvidarla. Mantengo el lugar ocupado hasta que Astoria bote a ese muggle y regrese con Malfoy.


Ya sé que volví va ausentarme, por eso les dejo este capítulo un poco más largo, esperando que les guste.Ya vamos más allá de la mitad, no me lo creo.