La cara de la doctora se asomó por la puerta, en un gesto silencioso me dió a entender que ya debía irme.

—Solo cinco minutos —dije con un nudo en la garganta. Volvimos a ser solo Lena y yo en la habitación, lo último que había dicho resonaba en mi mente dolorosamente. —Necesito que me digas la verdad o perderé la cabeza.
—Kara.
—En tus archivos dice que intentaste... Intentaste suicidarte hace cinco meses. ¿Es eso cierto?
—Sí —no pareció molesta porque yo lo supiera pero tampoco se veía muy expresiva que digamos. Asentí.
—Hay muchas otras cosas, Lena, hay causas en tu contra y evidencia... Demonios, aún y con toda la evidencia yo sigo estando de tu lado, así que solo dime qué quisiste decir con eso de que lo hiciste por mí.

Me contempló por lo que se sintió como horas, ese silencio me estaba haciendo perder los estribos. Lena dirigió los ojos al techo y comenzó a hablar como si contara una vieja historia.

—Existía una extraña y compleja toxina creada en los laboratorios de mi familia cuando Lex vivía con nosotros, por supuesto él mismo la hizo. Tenía el poder de hacer que cualquiera que la ingiera se vuelva casi loco de remate, aquel que la tuviera en su interior sentiría un profundo pánico inducido por el temor de perder a alguien... Importante. Alguien entró a mi celda ayer y me dió algo de comer, sabía que esa persona no debía estar allí pero aún así comí sin quejarme. Cuando la sustancia comenzó a afectarme pensé de inmediato en ti y sé que dije tu nombre, lo grité, él estaba todavía ahí cuando me dijo que si no me abría las muñecas iría a buscarte y te pegaría un tiro en la cabeza. Tenía mucho miedo, miedo por ti, el veneno multiplicaba mis emociones por mil y yo no dudé en tomar la navaja que me entregó y... Fue difícil. Le había dicho tu nombre, él supo que me importas, pero no estoy segura de porqué quiso que lo hiciera. No conozco el propósito. Pero no fue a pedido de mi padre. Lionel no está detrás de esto.
—Si no es él, ¿quién? —todo lo que dijo solo me hacía sentir peor así que preferí decir lo único que se me ocurrió pese a lo mucho que me debilitaba su forma de mirarme.
—Alguien que no está contento con los negocios de mi padre y cree que haciéndome daño lo lastimará a él. Hay cosas de mí vida que todavía no sabes, pero creo que ya es tarde.
—Puedo pensar algo aún, puedo devolverte tu libertad, puedo intentar.
—No quiero que intentes, Kara. Eres... Eres demasiado buena para mí y yo solo te traigo problemas, es enfermizo.

Caminé hasta estar a su lado y escuché a Maggie, fuera, levantando la voz mientras hablaba con la doctora. El tiempo se me terminaba.

—Ni siquiera empecé a decirte todo lo que quería. Tenía mucho miedo de espantarte.
—Lo sé, lo siento —me acerqué lo suficiente para estar a escasos centímetros de su cara.
—No es justo, Lena.
—Lo lamento. Sé que no debí hacerte pasar por todo esto.
—Deja de disculparte, idiota.
—Tienes que irte.
—Sí.
—Estaré bien.
—¿Lo prometes? —me sonrió al fin, esa sonrisa hermosa que ahora solo me desgarraba. Estiró su mano hasta mi mejilla, bajó hasta mis labios y acarició mi boca un segundo.
—Regalame un beso más.

El pedido me tomó por sorpresa pero al fin y al cabo esa era de las pocas cosas que había estado queriendo desde que se había ido. Apenas necesité inclinarme para rozar sus labios y pese a que el beso se sintió húmedo por mis propias lágrimas, me dejé llevar por la sensación. Era un beso triste y necesitado pero repleto de poder. Ese beso me revitalizaba y me llenaba de ganas de seguir luchando por ella. Tenía que haber una manera de sacarla, de demostrar que era inocente.

Cuando nos alejamos por la falta de aire Lena se demoró unos segundos más en abrir los ojos.

—Quisiera poder recordar esto cada vez que me sienta sin esperanzas.
—¿Si te digo una pequeña verdad tendrás algo de esperanzas a futuro?
—¿De qué hablas?
—Si prometes que no te rendirás te confesaré algo —susurré viendo su boca la cual se curvó en una ligera sonrisa. Asintió y casi la vuelvo a besar. —Me estoy enamorando de ti, Lena, quiero que lo sepas. Si no vuelves pronto estaré de lo más devastada y me convertiré en una de esas mujeres que van de visita a la prisión todos los días y... ¿Realmente quieres eso para nuestros hijos? No, no lo quieres. Así que más te vale luchar, no solo por nosotras, sino que por ti.
—¿Te estás enamorando de mí? —escucharlo de su boca lo hacía aún más real, me sentía una niña y aunque la situación en sí no fuera la mejor, sonreí.
—No hay manera de sacarte de mi cabeza, no puedo encontrar otra explicación. O me has hecho algún tipo de brujería o... —me detuve y bajé la mirada a su muñeca, no quería imaginar lo que había hecho mientras yo estaba en pleno insomnio. El ruido de afuera me daba a entender que mi tiempo se había acabado. —Yo estaré bien, Lena, pero tienes que cuidarte y ser fuerte y...
—Tiene que salir.
—Maldita bruja, no... —Maggie y la doctora estaban en la puerta. Le hice una seña a mi amiga para que no dijera más y me dirigí a la mujer.
—Ya salgo. —Viendo a Lena como si fuera nuestra última vez en siglos casi tuve ganas de tomarla en brazos y llevarla conmigo, donde sea, a cualquier lugar. Podía explicarle luego mi verdadera identidad, estoy segura de que ella lo entendería, ¿pero qué tan bueno sería vivir escapando? —Espero verte pronto.

Lena solo me observó inexpresiva. Por puro capricho me incliné hasta su boca para sentir sus labios una vez más. Casi fue como si solo existiera ella y nada importara, ningún problema ni personas haciendo de su vida un infierno. Me despedí con una sensación de amargura en la boca del estómago y preferí no mirar atrás al salir, pensar en dejarla sola era suficiente para atormentarme.

—¿Y bien? ¿Qué pasó entre tu trágico amor y tú?
—Lena no es mi trágico... Olvídalo.
—Es que saliste de esa habitación y no has dicho nada desde entonces, te diría que me preocupa pero, si te soy sincera, me mata más la curiosidad.
—Tu honestidad me halaga.

Ibamos entrando a la tercer calle cuando Maggie había hablado. Yo no tenía las fuerzas ni el ánimo para contarle sobre lo ocurrido ahí dentro pero a la vez las ganas de sacar del pecho todo lo que Lena estaba causando en mí, me carcomían. La toxina de la que me había hablado no me era algo sobrenatural de entender, yo conocía las cosas extrañas y poco creíbles que podían llegar a existir. Yo misma era un alien al fin y al cabo.

Maggie alzó una ceja en mi dirección un segundo antes de volver la vista a la calle. Suspiré y me esforcé en explicarle, más o menos, lo ocurrido sin que la voz me fallara.

—¡¿Estaban viéndose en secreto?! —chilló pegándole al volante y causando que el ciclista frente nuestro se asustara debido al bocinazo.
—¿De todo lo que te dije eso es lo único que llama tu atención? Y no. Ni siquiera llegamos a las veinticuatro horas, digamos que ya no podíamos ignorar el hecho de que nos sentíamos... Nos sentimos atraídas la una por la otra. Pero eso es todo, nada formal, solo... Lena y yo.
—Era de esperarse —Maggie giró el volante, miró por el espejo retrovisor y rascó su barbilla pensativa. —Pero no es buen pronóstico que de por sí empiecen mal. Tenemos que pensar las cosas bien.
—¿... Tenemos?
—Claro, yo te ayudaré a mantener tu relación en tiempos difíciles. Porque claro, Lena saldrá de la cárcel, hablarán y serán una pareja de tontas dando sus primeros pasos. Habrán todo tipo de problemas, tú solo espera.
—Puede que tengas algunos dotes detectives pero como vidente dejas mucho que desear, de hecho hasta aterras.
—Ella es justo para ti, y tú eres esencial para Lena. Tienes toda esa... Cosa genial que ella necesita.
—Lena no necesita a nadie, mucho menos a mí —Maggie asintió vagamente.
—Puede ser, pero así como tú tampoco la necesitas para vivir, seguirías sintiéndote vacía y sola. Es una extraña manera de vivir. Saber que existe alguien allá afuera que no está ahora contigo y que aunque trates de convencerte de que no es gran cosa en realidad estás pudriéndote por dentro... —su voz se volvió dura. —Es complicado, no necesitar a alguien para ser feliz, y a la vez morirte porque vuelva. Como sea. Lo que trato de decir es que son justo lo que necesitan pero eso tendrá consecuencias.

Me quedé pensando en sus palabras pero no solo porque se relacionaba de alguna forma con Lena, sino que al contrario, su manera de decírmelo había sido muy personal. Si mi deducción no estaba lejos de la realidad, Maggie misma había pasado por su propia ruptura amorosa, tenía la ligera impresión de que aquella supuesta relación la habría llevado a ser lo que es hoy. Alguien a quien sólo le interesaban las relaciones efímeras y palabras que no pasaban más allá del 'hola' y '¿pasas la noche conmigo?'. En resúmen, Maggie solo se hacía con el sexo. Aún así no la culpaba. Sabía que trataba a todas las mujeres con las que estaba de una manera atenta pero firme, nada que dejara oportunidad a posibles romances. Había escuchado sin querer varias veces hablarle a sus compañeras sexuales en un tono cariñoso, lo único que esperaba era que encontrara algún día a alguien de verdad, no por el solo hecho de tener a alguien permanente y «sentar cabeza», sino que contar con una persona con la que pudiera ser ella misma, alguien que la amara y la respetara.

Sabía que era posible, Maggie era genial, atenta, graciosa, hermosa e inteligente. Pero imaginaba que ella aún no estaba lista para enamorarse. ¿Quién lo está de todos modos?

—¿Sigues ahí, rubia?
—¿Puedes dejarme en la cafetería? —pregunté aún perdida en mis pensamientos. Eran pasadas las nueve y otra vez llegaba tarde a mi trabajo. Maggie se limitó a asentir y aparcó en Morrigan's cinco minutos después.
—Te acompaño, se me antoja una malteada.

Pero resulta que la cafetería estaba cerrada. No había ningún aviso y claro, ninguna señal de movimiento dentro. Me sentía bastante fuera de lugar y perdida, ¿dónde estaban todos? Me habría molestado el no enterarme pero ni siquiera le había dado mi número a Elizabeth o a alguna de las camareras. De pronto mi cerebro comenzó a unir ideas.

—Quizás se mudaron y olvidaron decirte —dijo Maggie una vez estuvimos dentro del auto. El motor hizo un estruendo y al cabo de diez segundos nos empezamos a mover.
—Estoy teniendo ciertas dudas.
—¿Con respecto a qué?
—Bueno... No sabría cómo explicarte, pero mejor conduce.
—¿Me dejarás de nuevo en la incertidumbre? Paso noches en vela sin saber cómo sigue todo el drama, Kara, ¡incontables noches!
—Deberías ser actriz dramática, se te da perfecto —añadí viendo por la ventana. Toqué el celular de mi bolsillo solo para confirmar que estuviera ahí. Tenía que sacarme la duda ahora que se había instalado en mi mente. Si lo que estaba pensando era cierto mis sentimientos por Lena serían aún más confusos, por no decir explosivos.

Nuestra habitación seguía igual. Igual de vacía y fría ahora que ella no estaba aquí. Al menos así se sentía para mí. Maggie me avisó algo que no escuché precisamente porque estaba pronto metiéndome a mi cuarto. Saqué mi teléfono y lo primero que hice fue buscar a Excalibur. El mensaje que me había enviado un par de días antes, cuando estaba en el campo de atletismo y había olvidado, seguía ahí. Pero lo ignoré y escribí con rapidez. Me llenaba una sensación de nerviosismo e inquietud.

Kara: lamento escribir recién ahora, tuve la cabeza en todas partes pero me preguntaba si tú sabías porqué Morrigan's está cerrado. Fui hoy y está por completo desolado.

Mi intento de no sentirme desesperada por su respuesta fue en vano. Dos horas más tarde había visto el teléfono al menos unas cincuenta veces y en todas ellas no había sonado para nada. Quizás yo estaba pensando cosas que no eran, al contrario también, podría estar en lo cierto. La realidad era que el hecho de que la cafetería estuviera cerrada era la menor de mis preocupaciones. Ya no sabía si quería que contestara o no. Solo quería quitarme la duda.

¿Qué pasaba si Excalibur era Lena?


Excalibur: Elizabeth está enferma o algo así, no pudo avisar pero ¿a quién no le gusta tener un par de días libres, eh?

La respuesta me había tomado por sorpresa. Me quedé viendo la pantalla sin saber cómo reaccionar. Eran las once de la noche y Excalibur había contestado. Me había pasado toda la tarde dándole vueltas al asunto, pensado en todas las veces que había hablado con Excalibur mientras que Lena no estaba por ninguna parte. Me sentía una tonta por no darme cuenta de eso. Lena nunca me había dado su número tampoco.

Pero mirando el mensaje, leyéndolo una y otra vez las dudas de a poco se disipaban. Lena seguiría un par de días más en el hospital y su celular, cosa que ya había confirmado, estaba en uno de los cajones de su habitación. No había manera de que pudiera haber respondido. Pese a que mi mente había divagado durante horas sobre la posibilidad de que Lena fuera Excalibur, de que comenzara a creer que hasta hablaban igual... De hecho, que Lena hubiera hablado con Elizabeth aquel día en que llegué tarde y que antes no hubiera querido entrar, pues era extraño.

Ahora no estaba muy segura de cómo me sentiría si hubieran sido la misma persona. En parte un alivio. Pero la realidad era otra y presioné las teclas, aún confundida.

Kara: oh, gracias, me alegro.
Kara: quiero decir que me alegro por no tener que ir, no porque esté enferma.
Excalibur: ¿de verdad, Kara? Cualquiera diría que estás incluso festejando.
Kara: no estoy de ánimos ni tengo las ganas para ponerme a festejar.
Excalibur: ¿qué te pasa?
Kara: mucho drama y estrés, estoy segura de que repetiré varias materias a este paso. Tengo pilas de cosas que estudiar y simplemente no puedo concentrarme.

Me quedé viendo mi propio mensaje. Si Lena estuviera aquí, sabría cómo ayudarme. Me diría que los temas son una tontería y que sólo es cuestión de leer un poco más. Pero si en cada palabra en la que mis ojos caían, mi cabeza la reemplazaba por su cara entonces no iba a funcionar.

Excalibur: puedo tratar de ayudarte si quieres.
Kara: dudo que de la nada reveles tu identidad y aparezcas en mi puerta.
Excalibur: pues no, pero por aquí podemos hacer mucho, tú mejor que nadie sabes eso.
Kara: oh, calla.
Excalibur: pero no es momento de que te toques pensando en mí así que busca tus apuntes que tendremos una larga noche de complejos estudios.
Kara: ni siquiera sabes lo que tengo que estudiar.
Excalibur: por una vez en tu vida, Kara, deja de dudar de mí.

Por más que creí que no llegaría a mucho con la cantidad de cosas que tenía en la cabeza, pude hacerlo bien. Excalibur me enviaba links de páginas interesantes donde explicaban con ejemplos y distintos tipos de cosas que no fueron difíciles de entender. A eso de las cuatro de la mañana Excalibur me envió la última página.

Excalibur: ahí está lo último, creo que te podrás orientar. Yo debo irme, el deber llama.
Excalibur: oh, y por cierto, no dejes que todos esos dramas de los que hablaste te hagan perder la razón. Recuerda que todo se soluciona al final, de buena o mala manera, pero da igual después de todo. Buenas noches.

Me quedé hasta que se hizo de día finalizando mis proyectos y no pude creer que estaba libre de tarea. Mi cabeza dolía un poco, necesitaba sol, pero aún así no estaba cansada. Me seguía preguntando cómo estaría Lena cuando la puerta de mi habitación se abrió y Maggie apareció con una bandeja plateada.

—Creí que dormías.
—Podría decir eso de ti, son apenas las seis y media.
—Tenemos clases —dijo suspirando. Puso la bandeja entre nosotras y se sentó.
—He dejado biología. —Maggie abrió los ojos y se quedó estática con la boca llena. —Demasiada carga horaria y... Pues quiero enfocarme solo en el periodismo. Pero no te preocupes, sigo obligada a tener biología general así que nos seguiremos viendo entre clases.
—¿Esta decisión tuya tuvo algo que ver con tener más tiempo para estar con Lena? Y no me vengas con que no es posible solo porque está presa.
—No... ¡No seas tonta! Pues no fue por eso, solo quiero más tiempo para mí.
—Y tu tiempo libre la incluye así que no sé por qué lo niegas.
—No tengo mucho tiempo junto a Lena últimamente —repliqué con amargura. La loca idea de ir a verla otra vez pasó por mi cabeza pero no tenía la certeza de que no hubiera alguien vigilándola. Pero pensaría en otra manera para ayudarla aunque el poco tiempo me estuviera pisando los talones. Maggie miró su tostada y le dio un enorme mordisco, cruzó los brazos sobre sus rodillas y miró un punto en la nada.
—Esto no tiene nada que ver pero estoy pensando en tu hermana.

Mi mirada se volvió tan fría como el hielo pero al contrario, yo sentía el calor amenazando con escapar.

—Maggie Sawyer, más te vale cuidar tus palabras porque...
—¡No lo decía de ese modo! —levantó la tostada en el aire como si así pudiera protegerse. —Solo pasó por mi cabeza y me dieron ganas de saber sobre ella, ¿no puedo ser curiosa?
—¿Tú? ¿Quieres saber de mi hermana? —dije perspicaz.
—Ya sé que tiene novia, la cual por cierto es una idiota. Pero lo poco que sé es que es muy joven y ya está en el FBI.

No sé a qué se debía tal cambio de tema pero quizá olvidar por un momento todo lo que estaba ocurriendo era bueno. Pensé un momento una vez tragué lo que masticaba.

—Alex siempre fue muy adulta para su edad. Era muy inteligente y astuta para tener quince años y saber más cosas que cualquiera en nuestra ciudad. Es bastante nerd, pero te puede romper el cuello con solo pestañear y eso es un poco macabro pero ni modo... Se inscribió el año pasado en el FBI y la aceptaron porque estaban sorprendidos del potencial que había demostrado en su primera prueba. Ahora está casi terminando su entrenamiento.

Maggie pestañeó, tal vez sorprendida. Bebí del café y el aroma me llevó al momento días atrás en la cama de Lena, donde todo parecía tan fácil y simple. Negué con la cabeza buscando esfumar los pensamientos. Maggie se relamió los labios.

—Al verla parece una tipa ruda —tuve la impresión de que aquello no había sido lo primero que había pensado al ver a Alex. Recordaba su cara de tonta al ver a mi hermana y para ser honesta, no quería traer ese instante a colación.
—Lo es, aunque a medias. Alex tiene su personalidad. Imagínate que tardó dos años en confesarle sus sentimientos a su novia. Becca estudia gastronomía, no podrían ser más diferentes. Sé que parece una gran imbécil por como se comportó ayer pero es una buena persona. Creo que no quedamos en tan buenos términos pero no cambiaría mi mentalidad por nadie. Aún así, es perfecta para Alex, nadie la podría querer mejor.

Maggie asintió bebiendo del jugo pero me pareció ver una mueca antes de apartar la mirada. No podía en serio estar interesada en Alex. La había conocido por apenas un par de días. Si la historia fuera otra yo no tendría problema alguno en que se conocieran pero no. Alex era feliz con Becca. Más allá de eso no dejaría que Maggie le rompiera el corazón a mi propia hermana solo porque le despertaba el apetito sexual.

Hablamos de otras cosas, le dije que por unos días no tendría que ir a Morrigan's porque mi jefa estaba enferma. Fue algo incómodo evadir el porqué sabía yo eso cuando Maggie sabía que no hablaba con nadie de la cafetería. Pero su teléfono sonó y me dedicó una mirada de 'te estoy vigilando' antes de irse.

El resto de mi semana consistió en querer tirarme del techo más alto de la ciudad, hablar con Excalibur gran parte del tiempo y tratar de estudiar.

Sobre Lena no había sabido nada los primeros dos días pero luego se volvió peor. Cuando quise saber en el hospital si seguía ahí, me dijeron que ninguna Lena Luthor había sido aceptada allí. Fui con Maggie a la comisaría para tratar de saber algo y me dijeron que no podían decirme nada. Mi último recurso fue Alex, quién a regañadientes, volvió a meterse en uno de los equipos del FBI pero para mi suerte, o desgracia, tampoco encontró nada. Mejor dicho fue como si nada hubiera pasado. Al principio cuando me enteré que Lena no aparecía en los registros de la policía ni tenía expendientes con decenas de cargos en su contra me alivié. Eso me había hecho feliz durante toda una hora hasta que comencé a preocuparme.

Si no había nada, ¿entonces dónde estaba? Había creído que regresaría pronto pero habían pasado ya seis días de eso y aunque Alex y Maggie me decían que seguro estaba bien, yo pensaba en todo tipo de escenarios pesimistas.

Mi único consuelo durante este tiempo fue hablar con Excalibur. De alguna manera en una de esas noches le conté que estaba saliendo con alguien y para sorpresa mía se mostró alegre. No le dije quién era, ni lo ocurrido, pero tampoco preguntó. Me sentía cada vez más asustada pero saber que una desconocida al menos quería seguir hablándome servía un poco de consuelo.

Todos las conversaciones sin sentido nos habían dado un toque más de confianza, no con respecto a decirnos nuestros más íntimos secretos, pero al menos Excalibur ya no era una extraña para mí. Ahora que lo pensaba jamás me había dicho algo malo, intentado cualquier cosa para hacerme daño o lo que sea. La consideraba algo así como una amiga y me sentía un poco mal por dejarla de lado siempre que un problema se presentaba.

Excalibur: tienes que admitir que el tipo estaba loco.
Kara: ¿quién no estaría loco en esas circunstancias? Dime tú si no perderías la cabeza por una causa así.
Excalibur: ¡yo no me pondría a crear experimentos del demonio!

Estábamos discutiendo sobre una película rusa de algun científico raro y Excalibur no dejaba de quejarse por lo feo que el tipo era, aunque lo disfrazaba con la idea de que estaba loco. Eran como las siete de la tarde y yo estaba en mi cama, escuché la puerta de entrada pero Maggie llegaba siempre a esta hora así que no miré.

Excalibur: estaría necesitando cuidados las veinticuatro horas si se me deschavetara así la cabeza.
Kara: estarías entonces en graves problemas.
Excalibur: oh, claro que no, tú vendrías a cuidarme.
Kara: ¿eso crees?
Excalibur: por supuesto.
Excalibur: hasta fingiría demencia para que tú me hicieras caso.
Kara: eso no es justamente de lo que estábamos hablando, ¿o sí?
Excalibur: yo sólo estaba demostrando mi punto.
Kara: una manera confusa de hacerlo pero lo he captado. De todos modos sería interesante finalmente conocerte.
Excalibur: eso dices tú ahora.
Excalibur: pero ya que estamos «ahí», cabe destacar que de tener la oportunidad de conocerte personalmente, mi primer pensamiento sería recrear esa noche que compartimos, ¿recuerdas?
Kara: como si se me hubiera olvidado. Pero no, ni en sueños.

Dejé el celular en la cama y fui hasta la cocina para buscar algo de beber. En verdad no había olvidado lo que había hecho antes de que siquiera admitiera mis sentimientos por Lena pero aunque conociera a Excalibur eso jamás volvería a ocurrir. Sería tonto, estúpido y de lo más idiota. Mi cabeza sólo estaba ocupada por una chica de ojos hermosamente verdes y dudaba que eso cambiara pronto.

Fui un momento al baño y cuándo abrí la puerta de mi habitación casi me da un ataque por el susto. Mi corazón comenzó a latir con tanta rapidez que temía que en algún momento se detuviera de golpe o explotara, mis piernas se sentían tan raras que no pude moverme de donde estaba.

Sobre la cama y con mi celular en la mano estaba Lena.

Mi cabeza daba vueltas y yo sentía que en algún momento me vendría abajo, pero aún peor, el estómago me dio un vuelco cuando alzó la cabeza y me miró.

No sabía si mi nerviosismo se debía a que mi conversación con Excalibur dejaba mucho que desear y Lena estuviera con el teléfono, o que ella en serio estuviera de vuelta.

—¿Quién en su sano juicio se llama Excalibur? —preguntó al tiempo que se levantaba y se acercaba. Yo permanecí inmóvil y me quedé observando los detalles de su rostro. Sus ojos, sus labios, su piel, sus cejas incluso. No había señal de que la hubieran golpeado al menos a simple vista. Cuando estuvimos cara a cara me sentí una idiota por no saber cómo hablar. —¿Me darás un abrazo o tendré que robártelo?

Como si fuera la confirmación que necesitaba salté sobre ella. La abracé tanto como pude no queriendo herirla y nos separamos un minuto después. Mis manos habían tomado las suyas y Lena me veía con cariño.

—Estás aquí.
—Así es.
—Cómo... No entiendo. Quise buscarte y...
—Te explicaré después, ¿está bien? Ahora solo quiero estar contigo.
—Te he extrañado tanto —susurré apoyando mi frente sobre la suya. Lena sonrió y sus labios se acercaron.
—También te extrañé. Mucho. —No resistí y rompí la distancia que separaba mi boca de la suya. Esos labios suaves y electrizantes me habían estado atormentando en sueños. Grabé la forma y el sabor en mi memoria. Necesitaba tanto besarlos y sentirlos otra vez que tuve que alejarme para recobrar el aliento. Lena también respiraba con dificultad pero se las arregló para sonreír. —Voy a desaparecer más seguido si es que me vas a recibir con besos así.

Le dí un suave golpe en el hombro pero no pude evitar sonreír. Nos sentamos en mi cama y puse el celular en la mesa de luz. Se veía el nombre de Excalibur en la pantalla de bloqueo pero no el contenido. Dudaba que Lena hubiera visto los mensajes. No es que hubiera pasado nada pero toda la última conversación dejaba mucho que desear y no quería explicar algo que no valía la pena.

Lena depositó un beso en mi cuello, luego otro en mi mejilla. Quería respuestas, tenía que saber lo que había pasado pero a la vez no quería presionarla y de hecho tampoco estaba lista para arruinar el momento. Lena vaciló.

—Sobre lo que dijiste en el hospital...
—Dije muchas cosas.
—Lo de que te estabas enamorando de mí.
—Ah... —murmuré cuando besó otra vez mi cuello. Volvió a su lugar y me miró. Tenía unos ojos tan preciosos y llenos de sentimiento. —Pues no mentía.
—¿Qué he hecho bien para que tú te enamores de mí?

Me provocó una inmensa ternura que lo primero que me dijera con respecto a todo lo ocurrido fuera eso. Podría haberle dado cientos de respuestas pero quería dejar eso para otro día. Lo único que hice fue mirarla con todos los sentimientos que mi corazón me permitía aguantar y, tomando su cara en mis manos, la besé con la misma suavidad con la que me observaba.

—Te quiero, Lena —susurré sobre su boca.

Sentí una humedad salada chocar contra mis labios. Sequé el par de lágrimas que caían por su mejilla y la abracé. No estaba del todo segura quién necesitaba más ese abrazo. Si su alma rota o mi corazón que la había extrañado tanto.

La quería, en verdad la quería.

—No quiero arruinar el momento pero... Necesito saber qué pasó.

Busqué su mirada en el segundo en que la apartaba pero aún así no me soltó la mano. Nos habíamos acostado hace ya más de una hora y solo habíamos hablado de cosas sin sentido, además de claro, besarnos sin parar. Podría seguir así toda la noche pero no aguantaría otro día sin saber la verdad.

—No sé por dónde empezar —murmuró pasándose la mano libre por la nuca. —Hace una semana, cuando me llevaron, me pusieron tras las rejas sin más. No me dejaron pedir un abogado y fue cuando supe que estaba muy jodida. Nadie me dijo nada hasta que llegó un tipo que parecía muy importante y me puso al tanto de todos los cargos por los que estaba siendo culpada. Creo que el maletín lleno de droga había sido solo el anzuelo.
—Dijiste que no había sido tu padre el que te había metido ahí, ¿cómo lo sabes? —Lena me soltó. Extrañé automáticamente su tacto.
—Digamos que lo que menos quiere Lionel es perder parte de su negocio. Lo que yo... Aporto en su empresa es de vital importancia, quiera él admitirlo o no, sus clientes no estarían ni la mitad de interesados si yo no me metiera en sus pantalones. —Corté el contacto visual porque temía que pudiera ver en mis ojos todas las emociones que lo que había dicho me producía. Lena no tenía la culpa y Lena no podía hacer mucho pero aún así el tema me ponía los pelos de punta y supe que ella lo había notado. Puso un pulgar en mi mejilla hasta que la miré otra vez. —Lo siento.
—Continúa.
—Todos esos cargos que pusieron en mi contra en realidad son los de Lionel. Supe que todo lo que dijeron que yo había hecho se trataba de los negocios sucios de mi padre, pero no iba a decirlo.
—Podrías haber confesado, podrías haber dicho que...
—Sí, podría haberlo hecho —me interrumpió. —Pero no lo hice por la misma razón por la que sigo dejando que explote mi cuerpo. Solo que no estoy lista para contarte esa parte de mi vida. Como sea, el que plantó todas esas pruebas en mi contra se llama Ernald Greeshnak. Tiene dinero y poder pero no tanto como mi familia. Tuvo una relación bastante mala con Lionel y era cuestión de tiempo que atacara. Por supuesto que tendría los recursos para hacerme ver mal, plantar en mi propia habitación un maletín con droga e involucrarme en todos los negocios de mi padre.
—¿Cómo... Cómo supiste que era él?
—Greeshnak está loco de remate. Te diría que hasta pasa como mafioso. Su ego esta vez le jugó en contra, ¿sabes? El que llevó la comida envenenada a mi celda tenía un tatuaje en forma de leopardo en la muñeca. Esa es su marca y la de todos sus secuaces. Para ser un tipo inteligente deja mucho que desear. Aún así es de admirar que haya investigado tanto sobre Lionel como para armarse todo un historial con sus negocios ilegales.

Me quedé pensando en lo que había dicho. Todo este tiempo estuve segura de que el culpable era Lionel. Todo indicaba lo mismo. Fruncí el ceño mientras la confusión se abría paso y traté de buscar las palabras correctas.

—Si todos los cargos por los que te culparon son los de Lionel... Eso quiere decir que el accidente de tu madre en verdad fue obra suya, ¿no?
—Me temo que sí. Era algo obvio de todos modos... Lex y yo lo sabíamos. Creo que si se enterara ahora mismo de todo lo que acaba de pasar... —Lena se detuvo, negando en silencio. —Todavía no sé porqué Lionel mataría a mi madre, no es que tuvieran una relación de ensueño pero nunca tuvo sentido para mí su muerte.

Los ojos de Lena se cristalizaron y yo coloqué mi mano en su hombro. Mientras más pasaba el tiempo más desagrado su padre me causaba. ¿Cómo podía haberla hecho sufrir de esa manera? ¿Cómo podía seguir lastimando a su propia hija?

—Pagará por todo lo que hizo, Lena. —Su mirada de pronto se volvió oscura.
—A veces tengo miedo por las cosas que pienso. Tengo... Tengo pensamientos que no puedo sacar de mi mente y cada uno involucra hacerlo sufrir muy despacio. Sueño con que sufra tanto como me hizo sufrir pero en esos sueños su dolor nunca es suficiente.
—Lena —hice que me mirara y de a poco se suavizó. —No eres como tu familia, no le des el gusto a los demás de estar en lo cierto. Sé que no eres como tu padre, ni tampoco cómo tu hermano. Eres mucho mejor, ¿me oyes?

Asintió y una lastimera sonrisa se le dibujó en la cara.

—No creo ser jamás como Lex. No existe otro Superman al que pueda odiar por el simple hecho de existir. Vaya cliché sería. —Tragué saliva y traté de no mostrarme afectada. Si tan solo supiera que yo era justamente la prima y tenía los mismos poderes.
—Solo quiero que recuerdes que no hay manera de que te vuelvas tan vil y malvada como ellos.
—¿Cómo sabes?
—Tus ojos.
—¿Mis ojos? —frunció el entrecejo y esa tonta manera de verme me llevó a querer besarla.
—Tus ojos son muy expresivos. Con solo verlos supe que no había maldad en ti, no me preguntes cómo, solo sé que bajo la máscara de hielo que te pones con los demás, en el interior, hay una hermosa chica esperando a ser feliz.
—Soy feliz contigo. Aquí.
—No del todo, no mientras él te tenga en su control —Lena hizo una mueca.
—Mientras te tenga a mi lado creo que podré arreglarmelas.
—¿Oh, sí? —sonrió mostrando todos los dientes y el estómago me hizo cosquillas.

Seguimos hablando por otra hora y comenzó a explicarme sobre como hace tres días su padre apareció en la comisaría y se la llevó como si nada.

—De golpe todos los cargos ya no existían, Ernald podría ser muy mafioso y trabar mi libertad pero Lionel Luthor sí es de temer. En el fondo ya sabía que no duraría por siempre. Soy como un objeto para Lionel del que aún no quiere deshacerse y prácticamente fue como si me hubieran robado de su estantería de trofeos. No me iría a buscar al instante, claro, por eso se demoró en asegurarse de que mi expediente quedara limpio y... Creo que Ernald ahora descansa en el fondo de algún lago.
—No sé si deba preguntar sobre ese intento de suicidio del que hablaban tus archivos meses atrás.
—Para verte tan inofensiva y correcta, sabes mucho de mis archivos —alzó una ceja pero no la noté molesta en absoluto.
—Mi hermana trabaja en el FBI y yo estaba muy desesperada, ¿okay?
—Ya... Bueno, en ese caso, sí puedes preguntar. Imagino que quieres saber por qué quise hacerlo —asentí con la cabeza y Lena suspiró. —Ahora que lo pienso no sé en realidad el por qué, solo sé que estaba muy borracha y deprimida. Mi vida se había convertido en clientes de Lionel cada noche y yo no podía soportarlo más así que tomé mucho alcohol y... ugh, detesto el alcohol.
—Recuerdo que una vez te encontré con demasiado olor a alcohol —rememoré en voz baja. No era una acusación, pero me sentía curiosa.
—El tipo con el que me había acostado había tomado tanto que hasta se me pegó a mí.

Nos quedamos en silencio. No sabía qué hora era pero seguía sin tener mucho sueño. Tantas cosas que procesar y tanto en lo que pensar era demasiado para mí. Había estado muy en lo cierto cuando la conocí por primera vez; Lena era el más grande misterio.
No sé qué otras cosas me dijo luego. Pero creo que solo fueron conversaciones para aliviar la tensión acumulada. Luego de un largo beso nos separamos y Lena apoyó la cara en la almohada, viéndome a los ojos.

—Entonces, ¿quién es Excalibur? —esperaba que Lena no supiera leer miradas porque de ser así hubiera sabido al instante todo.
—¿Excalibur? Pues, eh... Es una amiga.
—No pareces muy convencida —se inclinó, apoyando el codo en la cama.
—La conozco solo por mensajes, digamos que no quiere decirme quién es. Pero la considero una buena amiga.
—¿Y confías en ella? Digo, podría ser una loca o hasta un tipo fingiendo ser alguien más y tú le creerías —Lena estaba dando un buen punto pero había aprendido a creer en Excalibur.
—Confío en ella. Además fue Excalibur quién me recomendó Morrigan's, si no me hubiera dicho que vaya, ahora estaría fuera de esta universidad y sin dinero para pagar nada.

Por muy extraño que fuera Lena sonrió. La había notado incluso celosa pero ahora solo sonreía. No pude identificar a qué se debía ni si estaba burlándose de mí pero de la nada, me tomó de la camiseta y me atrajó hacia ella en un beso corto pero delicioso.

—Ni siquiera hace falta que trabajes, ni tampoco es necesario que pagues la habitación, podrías dormir conmigo —murmuró a centímetros de mis labios. La voz se le había vuelto tan ronca como incitante y el calor pronto había subido a mis mejillas.
—Ese es un mal consejo, Lena Luthor.
—Lo sé.
—¿Esperas mantenerme o qué? —sonreí, besándola yo esta vez.
—Por mucho que la idea me atraiga tú nunca me dejarías. Eres muy, como se dice... Independiente.
—¿Independiente?
—Pues claro.
—Eres una tonta.
—Aún no le respondes a tu amiga la friki de las leyendas del Rey Arturo. Creo que la has dejado pendiente.
—¿Cómo sabes tú sobre el Rey Arturo? —pregunté con media sonrisa.
—Oh, por favor, ¿quién no sabe sobre la espada Excalibur y todas esas tonterías? Aunque si preguntas, he visto una serie una vez sobre eso, y Morgana podría tranquilamente asesinarme cuando quiera.
—Morgana y tú tienen un extraño parecido —murmuré mientras me sentaba a horcajadas sobre ella. Lena puso las manos en mi cintura.
—¿Me comparas con una poderosa bruja? Cool.
—Malvada, no olvides malvada.
—Jamás fue malvada, solo un poco incomprendida —bajé hasta sus labios y sentí nuevamente el suave tacto de su boca.
—Poderosa bruja malvada o no, tú me has hechizado.

No me detuve a pensar otra vez en la posibilidad de que Lena fuera Excalibur. Sabía algo de las leyendas del Rey Arturo, ¿pero quién no? Excalibur y Lena eran dos personas totalmente diferentes y eso era todo.

Sabía que habían más cosas que discutir y más que conversar pero todo a su tiempo. No miré siquiera las vendas todavía en su muñeca. Lo único que me interesaba en este momento era el sonido de su risa por las cosquillas que le estaba haciendo y la sonrisa que me dedicó después de besarla.

Fue una noche inesperada pero que sin duda me devolvió esa felicidad que faltaba. La había extrañado tanto que no había notado hasta recién ahora cuanto la quería a mi lado. Después de tantos besos eventualmente Lena se durmió. Al tenerla rendida en mis brazos me prometí que la protegería de todo. Esta era mi segunda oportunidad y si no la aprovechaba lo iba a lamentar.

La mañana siguiente fue una extraña sucesión de hechos.

Lena y yo estábamos desayunando en la cocina cuando Maggie entró y se quedó viéndola como si fuera un fantasma. Me miró y señaló a Lena como si yo no me diera cuenta de su presencia o en verdad se tratase de un espíritu. Levanté las cejas y Maggie, todavía desconfiando, se sentó frente a nosotras.

—Hola, Maggie —dijo Lena en el tono más tranquilo.
—Tú... ¿Alguien me explica?
—No hay que explicar nada, lo que importa es que está aquí y...
—No me molesta —replicó Lena, apretando mi rodilla bajo la mesa un instante antes de volverse a mi amiga.

Le contó lo mismo que a mí la noche anterior. Era una escena extraña verlas a las dos en un mismo lugar hablando como si nada. En el fondo me gustó que Lena se abriera un poco más con alguien que no fuera yo. Aún así Lena obviamente se guardó todo el tema sobre lo que hacía para Lionel.

—Estúpido Ernald, bien merecido lo tenía. Pero bueno, el tarado de tu padre se tomó mucho tiempo en sacarte. Kara estaba casi trepando las paredes.
—¡Maggie!
—¿Qué? Es la pura verdad.
—La razón por la que te conté lo que sucedió es porque sé cuánto has ayudado a Kara mientras no estuve. Odiaría saber que está pasando por un mal momento y no hay nadie a su lado.
—Son unas malditas cursis —dijo Maggie poniendo los ojos en blanco. Puse la atención en mi jugo, sonrojada, pero ví a Lena sonreír sin más.

Para ella esas cosas eran tan simples, como si no le importara. Debería ponerlo en práctica. Estaba feliz por tener a Lena de vuelta y eso no me avergonzaba para nada así que, ¿por qué negarlo?

Si iba a ser la más tonta del mundo por ella, lo sería.

—¿Entonces volverás a clases?
—Si no lo hago no tengo mucho futuro en esta universidad, ¿cierto? Por mucho que mi apellido asuste a los directivos no dudarán en sacarme.
—Sabes, te conozco hace más de dos meses y aún no me dices qué estudias.

Lena me sonrió. Estábamos detrás de la universidad bajo uno de los árboles, frente a frente. Luego de salir de una de mis clases acordamos vernos aquí. Nadie vendría por esta parte ni pensaría en buscarnos, ¿pero qué más daba? Lo que menos me importaba era que alguien supiera que estábamos juntas.

Las manos de Lena jugaban con el borde de mi camiseta, haciéndome cosquillas en el estómago sin querer cuando sus dedos rozaban mi piel, de vez en cuando yo me inclinaba para besarla fugazmente. Cada minuto con ella lo apreciaba con creces.

—Aburridas cosas sobre economía, administración de empresas y contabilidad —abrí los ojos sorprendida y Lena golpeó suavemente mi brazo. —Sé lo que estás pensando y sí, al parecer mi vida adulta no se va a diferenciar mucho de la mi familia.
—Pero... ¿Acaso tú quieres? Digo, podrías estudiar cualquier otra cosa por más de que...
—Esta es una de las pocas cosas que yo decidí, no ha sido Lionel. Cuesta entender quizás porqué quiero manejar mi propia empresa pero sé que cuando crezca les demostraré a todos que se puede ser una Luthor, tener dinero, y hacer las cosas para bien.
—Nunca habría pensado que te interesaban esas cosas.
—¿Números y papeles por doquier? Bueno, quizás me cueste tolerar la presión del qué dirán pero no es nada que no pueda sobrellevar. Además tendré a mi periodista favorita a mi lado para mantener mis pies sobre la tierra. —Bajé la vista sin ocultar mi sonrisa. No había pensado en el futuro de esa manera todavía pero ahora esa idea me atraía bastante.
—¿Eso crees? ¿Dices que seguiré a tu lado después de todo?
—Dime tú —murmuró con voz dulce. —¿Seguirás aquí cuando la tormenta pase?
—No hay nada que pueda alejarme de ti. Si es que algo he aprendido los últimos días es que no puedo pasar un día sin pensar en nosotras o... Lo mucho que estar contigo me gusta.
—¿Sabes una cosa? Sé que dije que preferiría que no tuvieras que lidiar con todo lo que estar conmigo conlleva, pero aún así... Justo ahora, si te fueras iría corriendo a buscarte.

Si no tuviera sus manos sosteniendome seguramente habría comenzado a flotar de la nada. La cantidad de sensaciones que Lena me causaba y las emociones que sentía por ella me desbordaban. No sé qué había hecho para merecerla ni porqué tenía la suerte de estar a su lado pero estaba infinitamente agradecida. Negué despacio con la cabeza, incapaz de formular una respuesta coherente.

—¿Sin importar qué? ¿Irías tras de mí sin importar qué? —Lena se lo pensó esta vez.
—Sería bastante dolor el que me dejes, si soy honesta, debería ser señal suficiente si tú te fueras por cuenta propia. Pero al mismo tiempo siento esta... Conexión contigo, ¿sabes? Siento que me quieres en verdad y jamás me sentí así con nadie. No podría dejarte ir por muchas peleas que tengamos. Al menos no mientras me mires y me digas tantas cosas con solo una mirada.
—Sabes que Maggie estaría riéndose en nuestras caras ahora mismo, ¿no? —Lena dejó escapar una carcajada suave pero asintió.
—Mi corazón era una piedra. Ni en sueños le hubiera dicho todo esto a otra persona, así que no puedes culparme.
—No importa, tus cursilerías me gustan. Y por cierto, jamás podría alejarme de ti.
—¿Qué pasa si de alguna manera te vas de todos modos? —sus ojos se habían vuelto tan tristes que quise abrazarla en ese mismo instante, quedarme para siempre de esa forma con ella. Pero solo suspiré.
—Sé que nos volveríamos a encontrar algún día.
—Pues más te vale, Danvers.
—Me pones de todos los colores, calla. ¿Qué tal si volvemos? Estoy muriendo de hambre y tengo entrenamiento en el campo en una hora.
—¿Piensas en algo más que no sea la comida?
—Pues sí, puede que en ti... En ti —la tomé del cuello de la chaqueta y la acerqué a mí. Cada palabra era seguida de un beso. —En tus labios. Tus ojos. Tu cuerpo también.
—¿Piensas en mi cuerpo, Kara?
—De maneras que no puedo mencionar ahora porque estaría muy avergonzada —murmuré con voz ronca. Sus labios tenían un algo electrizante. Como si cada vez que los besara, una descarga de adrenalina y calor se expandiera en mi interior.
—Perderás la vergüenza muy pronto si me sigues provocando así.

Nos miramos sin parpadear por lo que parecieron horas hasta que Lena bajó la vista mordiéndose el labio. Pero finalmente se levantó, sacudió el pasto de sus vaqueros y me tendió una mano. Al acercarnos a la universidad nos separamos un poco pero manteníamos una justa cercanía. No estaba en mis planes preocuparme por los alumnos prejuiciosos que hablarían sin saber.

Mientras caminabamos por los llenos pasillos de los dormitorios me incliné un poco hasta su oído, el ruido era demasiado alto.

—Nunca me diste tu número de teléfono. ¿Estoy en posición de perdirtelo o es muy atrevido de mi parte?

No se volvió a verme pero aún así pude divisar una pequeña sonrisa asomar en sus labios.

—Eres la primer persona que me lo pide.
—No es como si tu le dieras la oportunidad a muchos de hacerlo, ¿no? —entramos a nuestra habitación y Lena se dirigió a su cuarto, rápidamente volvió con su teléfono. Me lo entregó y se fue sin más a la cocina.
—Tú solo pon tu número ahí —gritó frente al refrigerador.
—¿Quién es ella?

Lena apareció pronto a mi lado, tuve la impresión de que de repente un poco incómoda pero no intentó quitarme el celular. Observé de nuevo la fotografía que tenía de fondo de pantalla. Se trataba de una niña, alrededor de los once o doce años, no mucho más. Tenía ojos claros pero de ningún tono en especial, podrían ser celestes o verdes, era difícil saber. Sonreía en grande a la cámara, una sonrisa llena de felicidad. Su cabello era lacio y rubio, casi blanquecino, sobre el llevaba un moño rojo con lunares blancos. No podía ver más allá de la foto pero me parecía que se trataba de una cama, el ángulo no dejaba mucho a la imaginación.

—Es alguien —murmuró desviando la mirada.
—Bien. No tienes que explicarme nada. Confío en ti.
—Entiendes que no es por ti, ¿verdad? Me gustaría contarte sobre ella pero no estoy lista.
—Ya, no pasa nada —le devolví el celular y me encaminé a la cocina. Quizá mi tono no había sido el más adecuado, tal vez había sonado brusca, porque Lena me siguió y me tomó del brazo.
—Esto... Que tenemos no es justamente la mejor relación que puedo ofrecerte y me disculpo por eso. No quiero que parezca que vivo ocultándote cosas o...
—Lena, me has dicho lo necesario. Te abriste más de lo que debías y está bien. No soy nadie para pedirte que me cuentes tus secretos —me solté de su agarré y abrí la heladera. La sensación de que no era lo suficientemente confiable como para que me dijera sobre la niña de su teléfono se había infiltrado en mí sin yo poder impedirlo. Ni siquiera debería de sentirme así, era tonto.
—¿Qué demonios dices? —replicó frunciendo el ceño. —¿Nadie? ¿A qué te refieres con que no eres nadie?
—Lena, no quiero discutir.
—No estamos discutiendo. Solo quiero que me digas lo que quisiste decir —apretó los puños sobre la mesa que al parecer era lo único que nos separaba. Sentía un calor diferente. Una rabia que no estaba segura a qué se debía.
—Solo soy tu... Dime, ¿me ves como a una amiga? —a Lena se le aumentó aún más la expresión de enfado.
—¿Amiga?
—Olvidalo. Es una estupidez. —Le di la espalda y me quedé observando las gotas del fregadero como si fueran de suma importancia. Era probablemente la peor táctica porque sentí a Lena segundos después acercarse despacio hasta quedar tras de mí.
—No eres una estupidez para mí. Y sí, también eres mi amiga, pero mucho más que eso. Eres más que nadie para mí, Kara.

Sentí su cuerpo pegarse al mío y su mano derecha posicionarse en mi estómago, empujándome hacia ella y haciendo que me ajuste a su forma.

—Solo estaba pensando estupideces.
—¿Qué puedo hacer para demostrarte lo mucho que me importas? —murmuró cerca de mi oído. Su mano comenzó a hacer círculos en mi estómago y de alguna manera y por instinto mi trasero rozó de más su pelvis sacándonos un suspiro irregular a las dos.
—Lo siento.
—No. Yo lo siento por hacerte sentir de esa manera. ¿Sabes qué quiero?
—¿Qué quieres? —sus manos me hicieron girar hasta quedar frente a ella. Miraba mi boca de manera salvaje, era tanto el deseo que provenía de sus ojos que tuve que hacer un esfuerzo sobrenatural para no besarla.
—Quiero que seas mi novia.

Si no fuera porque sus manos estaban fijas en mi cintura seguramente me habría desmayado. Mis piernas se sentían débiles y mi cuerpo entero estaba a punto de estallar. Me di cuenta que tenía la boca abierta y, con seguridad, una expresión de lo más estúpida en el rostro. Lena levantó una ceja a la espera y la comisura de sus labios se elevaron.

—¿Es en serio?
—¿Tú ves cámaras? Porque las bromas no son lo mío.
—Pero... No pensé que...
—¿Creías que éramos amigas con derecho o algo por el estilo o qué? —contestó sin pizca de enfado. Negó con la cabeza y continuó. —Te lo iba a pedir el día que me llevaron pero todo ocurrió muy pronto y los bastardos no me dejaron hacerlo. Quiero hacer las cosas bien contigo aunque... No sea la decisión más inteligente de todas, no quiero presionarte ni nada, solo...
—¿Te pusiste nerviosa, Lena?
—Oh, déjame. Claro que no.
—Claro que sí.
—Pues te digo yo que...
—Claro que quiero ser tu novia, tontita —sus ojos se abrieron con sorpresa y sin más se abalanzó sobre mis labios, haciéndome chocar con la mesada detrás de mí. La rodeé con mis brazos, nivelando siempre mi fuerza para con ella aunque en el interior quisiera abrazarla sin pensar en cuanto la lastimaría.
—Parece que te gustan los desastres emocionales.
—No eres un desastre emocional —se me quedó viendo un largo instante, sin nada más que una sonrisa asomándole en el rostro, suspiró.
—Kara, tienes los ojos más hermosos.
—No es verdad.
—Son tan azules y preciosos. Creo que jamás podré olvidarme de ellos.
—Ahora solo dices cosas sin sentido —repliqué besándola un poco más. Lena permaneció con los labios casi pegados a los míos.
—Eres mi novia, cielos, que bien se siente decirlo.
—Sí, soy tu novia —repetí relamiendo mis labios. Mi lengua sin querer hizo contacto con sus labios entreabiertos. Podría haber sido mi imaginación pero me pareció escuchar un latido irregular en mis oídos al hacerlo.

Tuvimos que separarnos cuando la puerta del frente se abrió y Maggie apareció con dos bolsas de cartón.

—Pueden seguir con su sexo desenfrenado en otro lado que no sea la cocina, todos comemos aquí —dijo poniendo énfasis en la última palabra.
—Para ser alguien que estaba practicando sexo oral en pleno sofá, estás siendo muy hipócrita, pero aún así no estábamos haciendo nada.

Maggie puso los ojos en blanco y sacó una banana de una bolsa, señalándome con ella.

—No hay que mezclar situaciones. Oh, me olvidaba, pasó algo super extraño mientras venía.
—¿De qué hablas? —le dio una mordida a la banana y del bolsillo del pantalón sacó una especie de carta mal doblada.
—Me crucé a Mackenzie de camino y me dio esto. Dijo que era para ti —tomé la carta con desconfianza.
—¿Hablas en serio?
—¿Por qué Mackenzie le enviaría algo a Kara? —preguntó una confusa Lena. Maggie se encogió de hombros.
—Pues no sé. No me atreví a abrirla. No vaya a ser que haya dentro una bomba fétida o qué sé yo.

La idea de Maggie no sonaba tan descabellada pero de todos modos la abrí. Dentro había un trozo cuadrado de papel verdoso. Unas cuántas palabras con una letra prolija que tuve que leer una y otra vez para estar segura de lo que decía. Por más que las repetía en mi mente simplemente no entendía.

"Te espero en la biblioteca mañana a las cuatro. Por favor ve. No se trata de ninguna broma."