Capítulo XI


—Tira eso a la basura.

—¡Pero es mi cena!

—No, eso es un pan que se quemó porque lo dejaste demasiado tiempo en el fuego.

—Creí que se encogería con el calor. Me gustan los panecillos pequeños. —Decía en susurro mientras contemplaba la hogaza de pan casi carbonizada en el plato.

Hordak pasó su mano por encima de su cabeza, retiró el plato y le colocó uno distinto enfrente.

—¿Sopa?

—La sopa siempre te hace sentir mejor ¿no es así? —Dijo Hordak quien se alejaba para colocar la bandeja plateada en la zona donde lavaban los utensilios de cocina. Había terminado su cena y se sentía más que satisfecho.

Era un tazón grande, pero sabía que por las porciones era mejor así.

—No hay bebidas gasificadas pero hay pulpa de baya titán.

—Uuuh baya titán. ¿Qué es?

—Micah lo llamó así porque la baya suele crecer hasta ser más grande que una cabeza normal.

Le sirvió en un vaso alargado y lo dejó frente a ella. Agregó más opciones de comida, fruta y raciones de carne cocinada.

—¿Tú lo hiciste todo?

—El rey me enseñó, no se me permitió obtener barras energéticas con las que alimentaba a mis filas en la zona del terror.

Entrapta hizo una mueca, recordaba esas barras de color gris y extraño sabor. Prefería la comida real. Continuó la cena, Hordak escuchó cada palabra y pregunta que Entrapta sacaba de su boca. Se había recostado en el sofá mientras ella seguía tecleando en su pad algunas conclusiones para el experimento.

Mencionó algo de tener que pedirle un litro de sangre para la cura. Hizo una mueca. Hubo un silencio que fue roto cuando la princesa supo que era momento de soltar una bomba.

—¿Podremos salir mañana?

Hordak no tenía deseos de volver a entablar esa conversación. Se sentó en el sofá.

—Aunque podamos salir, no hay manera de sacar a Darla del mar congelado.

—Pero, tal vez si utilizamos alguna herramienta que hay aquí de las que has obtenido de los primeros.

—Mucha de la tecnología está absoleta o es muy peligrosa Entrapta. Solo me he encargado de recolectarla para que no siga haciendo más daño a esta tierra ni al planeta.

—¡Tiene que haber una manera!

El alíen suspiró cansado.

—Si la hay, es esperar. No podemos arriesgarnos a salir y perecer en las condiciones extremas. Tenemos que estar enteros para poder llevar la solución a los clones.

La princesa se levantó molesta.

—No habrá clones que salvar si nos quedamos aquí.

—No habrá cura si algo te pasa allá afuera.

—¡¿Por qué sigues sugiriendo que algo me va a pasar?! —Preguntó con mucha molestia, quedaron callados y enseguida agregó con una voz más calmada:

—No soy una inútil.

—Jamás he pensado que lo seas. Sin embargo, eres muy impulsiva y no pareces ser consciente de los riesgos que tomas. Hasta ahora, la mayor parte de las cosas que has hecho 'por instinto' han salido bien, pero ¿qué pasará si algo no sale bien esta vez?

La princesa sintió la sangre de su cuerpo agolparse en su cabeza.

—Cuando era el líder de la Horda pasé años para lograr avances, tuve que aprender a ser paciente aunque mis deseos de conquista hirviesen en furia cada día. Finalmente, cuando me ayudaste a construir el portal, recabar información pude- pudimos avanzar zancadas de conocimiento.

Se giró hacía ella:

—Esperar también hizo que tú llegarás hasta mí.

Entrapta lo miró con rostro inexpresivo y dijo:

—El tiempo ha cambiado, ya no vas a contra reloj. Me has pedido que te espere, a que seas una versión mejor de ti mismo, pero no pareces creer que lo que eres actualmente es… lo que necesito. No es necesario que sigas esperando. La vida está frente a ti y debes tomarla.

Las inseguridades que él mantenía en su pecho afloraban cada vez que sentía la obligación de comprobar su valía. Tenía que demostrar lo que sentía por ella, le estaba dando la oportunidad, una valiosa oportunidad. Sin embargo, Hordak aún tendría que cometer varios errores para poder cubrir con ese conocimiento. Le dio la espalda con una mueca de molestia y dijo:

—No me trates como si fuera un estúpido, las decisiones que he tomado han sido por mí y para mí. Te he entregado mis condiciones, no estas obligada a aceptarlas pero no me puedes pedir que las cambie a tu conveniencia.

La rudeza de sus palabras generó que la princesa sintiese un volcán estallar en sus neuronas. Hace unos minutos estaban felizmente cenando, habían compartido un momento especial en la habitación contigua. Ahora… todo eso parecía haber sido solo una ilusión.

—El que tú seas tan negativo para todo también influye en esto.

Las palabras que el arrojó para lastimarla solo rebotaron y le regresaron el golpe. No se giró a mirarla, pero en el rostro de él sintió esa vergüenza y realización de haber cometido un grave error, que no admitiría.

—Las personas no cambian de la noche a la mañana, Entrapta. Sigo siendo bueno en ser malo.

Ya no hubo contestación, no hubo más miradas, ni caricias, ni besos.

—Me iré a dormir, haz lo mismo. No hay manera de salir antes de que acabe la helada, vete haciendo a la idea.

Ni siquiera la miró cuando continuó su camino hasta su habitación, la puerta se abrió. Sentía en su espalda la mirada de ella, cuando tocó el contorno del portal giró su cabeza unos centímetros queriendo comprobar que seguía allí, pero su orgullo lo detuvo. Frunció los labios y se adentró en la oscura habitación, la puerta hizo un sonoro ruido cuando se cerró.

No hubo más gritos de emoción. Entrapta entró a la habitación que le correspondía. Todavía podía ver girar la imagen de la enzima en el pad, la razón de su venida a la isla de las bestias. Se sintió mal consigo misma de no encontrar en ese hecho la clave para recobrar su ánimo.

Recogió los papeles, organizó las computadoras y las guardó en la mochila de carga. Se dio cuenta de que no había traído consigo más que un cambio de overol, tendría que dormir con su ropa de trabajo.

Donde se encontraba había un baño completo. Era hora de tomar un baño, era lo único que la distraería lo suficiente para poder dormir.

Lloró en la regadera, dejó que el agua caliente le pusiera de color rojo la espalda. El cabello húmedo se había vuelto más pesado pero no lo impedía el movimiento tan conocido para ella, agregó shampoo, enjabonó su cuerpo y se quedó un largo rato sumergida en sus pensamientos mientras el agua seguía corriendo.

—Al diablo Hordak, mañana buscaré la salida de este lugar. Le parezca o no.

Se tumbó en las sábanas, bajo éstas había cobijas de sobra. No pasaría frío esa noche. Se enredó en ellas y se dispuso a cerrar los ojos para lograr un descanso merecido.

Un minuto… Cinco minutos… Veinte minutos…

Abrió los ojos con enojo. Incorporó medio cuerpo.

—No puedo dormir.

Notó en su voz un dejo de tristeza. Algunas lágrimas cayeron mojando la tela.

—¿Cómo puede ser así?

Abrazó sus piernas.

—En verdad ¿no ha cambiado?

No podía ser así, algo debía estar fallando. En su lógica no había rastros de duda sobre la correcta reformación de su compañero de laboratorio. Entonces, ¿cómo era capaz de lastimar con la mano en la cintura?

Intentó hacer memoria, sabía que dentro de sus recuerdos podría estar la solución a su problema. Él siempre se mostró reacio a mostrar emociones, era un líder militar despiadado, en sus hombros cargaba la necesidad de mantener una imagen imponente.

¿De qué servía seguir siendo así? Hordiano Primero había desaparecido.

Cerró los ojos.

En relación a Hordak ¿en qué cosas podría compararse con ella?

Con vergüenza recordó las palabras de furia que sus amigas de la alianza habían soltado.

"¡Eres una inconsciente, no te importa las consecuencias de tus acciones para con las personas que se suponen son tus amigos!"

"¡Tú también tienes que ver en la destrucción de nuestros reinos!"

"¿Por qué creí que sería diferente contigo esta vez? ¡A ti no te importa nadie!"

Las lágrimas salieron en mayor número. En el pasado, Entrapta también había hecho mucho daño. Sin embargo, ella no se había dado cuenta, fue su indiferencia la daga que hundió en el pecho de sus amigos.

Ellos la creían muerta, por eso no la fueron a rescatar. Creyeron haberla perdido, lloraron su imagen. Mientras tanto, en la horda se concentró en crear robots más grandes y más destructivos.

—Todos hemos hecho daño alguna vez. Pero siempre podemos mejorar, cuando nos miramos en el espejo de los demás.

Se llevó una mano al pecho.

—Puedo comprenderlo, pero no puedo justificarlo. ¡Tiene que entender que sus acciones tienen consecuencias!

Se descubrió, con los pies descalzos y el overol puesto salió de la habitación. El corazón le ardía con fiereza.

Mientras tanto Hordak se quemaba las pestañas en el monitor.

—Computadora, hazme un pronóstico de la temperatura para los próximos dos días.

—Enterado. La temperatura actual es de -74,3° centígrados, para el día de mañana a medio día alcanzará la media de -58,7° centígrados. Índice de humedad del 73%, se pronostica además fuertes vientos de 120 Kilómetros por hora acompañada de fragmentos de hielo.

Un panorama desolador.

Se echó hacía atrás.

—¿Cómo salir de aquí antes? — Se preguntó por enésima vez. Pasó su mano en el cabello mojado, había olvidado secárselo cuando terminó de asearse. Sentía un frío desolador en todo su cuerpo pero no buscaba cubrirse.

Había sido un imbécil con ella. Con recordar una sola frase de su última conversación se llevó una garra al rostro lamentándose. ¿Cómo decirle que se había equivocado con ese comportamiento?

Tal vez si encontraba la clave para poder dejar la isla lo más pronto posible sea el mejor método de disculpa.

TOC TOC TOC

Se giró con sorpresa. La puerta había emitido un ligero golpeteo proveniente del otro lado.

Hordak apagó el monitor, se miró el cuerpo, estaba 'presentable'. Tenía el pecho desnudo pero se había dejado la parte baja de la túnica que cubría desde su cintura. Era inútil preguntar quién estaba tocando.

Temió estar haciéndola esperar demasiado, con sigilo caminó rápido pero en el último metro antes de llegar a la puerta caminó despacio, no fuera a ser que se escuchaba su carrera hasta el portal. Carraspeó la voz y tocó un par de botones.

Se elevó. Entrapta estaba delante de él, el cabello suelto y su común overol, solo llevaba descalzos los pies. Oh demonios, ya hay contacto visual ¿qué se tiene que decir?

—¿Pasa algo? —Dijo con voz seca.

Mil rayos, que forma tan macabra de recibirla.

—Tengo que…

Su voz se congeló.

Entrapta había corrido con toda la furia de su corazón y ahora… ¿cómo se supone que debía continuar? Tal vez Hordak tenía razón. Era demasiado compulsiva. ¿Qué le tenía que decir?

Hordak vio sus pies de tono olivo moverse nerviosamente.

—¿Estás bi—

—¿Puedo dormir contigo esta noche?

Los ojos de ambos se abrieron como platos.

"¡Oh por las estrellas! ¿Yo dije eso? Solo estaba buscando una razón para que no me cerrara la puerta en las narices no se suponía que fuera a asaltar su habitación en medio de la noche"

Gritó en su interior.

Hordak tardó en responder.

—¿Estás segura?

Debía continuar con el plan si quería obtener algo, improvisación allá vamos.

—No estoy acostumbrada a dormir sola. Kadroh y Emily siempre están conmigo.—respondió, era cierto siempre dormía acompañada, pero no era lo de sentirse mal por dormir sola.

Pasaron los segundos. Entrapta se preparó para recibir la negativa.

—Pasa.

Le dejó el camino libre. La princesa se acongojó un momento, no podía ya echarse para atrás. Fue engullida por la oscuridad de la habitación cuando entró.

Hordak se movió a su lado, Entrapta se quedó echa piedra.

—Pondré un par de cobijas más. Suelo dormir con solo una frazada pero no será suficiente para ti, no hemos llegado al punto álgido de la helada que se da por las noches.—Su voz sonaba serena. No había rastro alguno de molestia como hace un par de horas.

Entrapta no podía ver mucho, pero sí divisó la cama que se alzaba después de dos escalones en un gran círculo en medio de la habitación. Fácil cabían ahí cuatro personas. Hordak extendió sobre el lecho las demás telas.

Una pijamada.

La sola idea le produjo emoción que reemplazó rápidamente el nerviosismo. Con el cabello ya finalmente seco se arrojó al colchón, soltó una risita.

—Qué cómodo y calientito.

Decía como una chiquilla. Hordak alzó las cobijas para permitirle entrar. Con su mano libre procuró cubrirla hasta encima de los hombros.

—¿Tienes frío?

—No. —Respondió ella plácidamente.

—Tengo todavía que preparar algunas cosas antes. —Respondió dándose media vuelta y dejándola sola en la cama, tomó una toalla que se echó a los hombros y se internó en el baño con la puerta cerrada.

Una vez dentro la toalla cubría su cabeza y los pocos mechones blancos que tenía. Sacudió con fuerza la tela sobre estos, después de unos momentos se quedó con la toalla en la cabeza. No podía ver nada.

Suspiró y se quitó la toalla.

"¡POR TODAS LAS ESTRELLAS, ENTRAPTA ESTA EN MI CAMA!"

¿Cómo había podido pasar todo eso así de rápido?

Tiró la toalla literalmente, se miró en el espejo y notó un color carmesí en sus mejillas y las orillas de sus orejas. Se talló con furia intentando disipar ese efecto.

¿Por qué la había dejado pasar así sin más? Él jamás en su vida había 'dormido' con otro ser vivo, tal vez con Imp pero el pequeñajo solo ocupaba un espacio en sus pies.

Tragó saliva ruidosamente. Después de eso se levantó con el pecho en alto, tomó aire y lo exhaló. No era alguien que se viera intimidado por trivialidades como esa, era un ex convicto dictador pusilánime venido de otra galaxia. No había poder alguno que lo hiciera acobardarse.

Se quitó su última prenda solo para tomar el algodón de los pantalones que tenía predispuestos como ropa de dormir. No era fanático de ellos pero al menos le darían calor durante la noche. Estiró los brazos para lograr meterse en la camisa del mismo material pero respingó cuando esta se ciñó en los puertos. Aún tenía mucha sensibilidad.

Con un poco de molestia cerró los botones y mirándose por última vez en el espejo salió. Pudo divisar los ojos carmín de la chica. En su fuero interno tenía la esperanza de que ya estuviera dormida. No dijo palabra alguna, colocó algunos últimos instrumentos en su lugar y finalmente le hizo compañía en el lecho. Entrapta le recibió con una sonrisa y él solo se acomodó.

Comenzó el silencio cuando simplemente él se quedó callado, con la mirada fija en el techo. Se supone que debía dormir, para eso le había pedido permiso de pasar.

Vamos Entrapta, no te acobardes. Tú también puedes decirle sus verdades a alguien.

—¿No tienes sueño? —Preguntó Hordak. Entrapta retrajo su lengua.

—¡Sí, sí! Es solo que…

No la miraba, continuaba con los ojos clavados en otro lado mientras sus pensamientos gritaban de nervios.

—Hordak quiero hablar contigo.

Fue hasta ese momento que se dignó a mirarla. Giró su cabeza hasta toparse con sus ojos.

—¿Sobre qué exactamente?

En el brillo rojizo había un dejo de las antiguas facciones del militante despiadado.

—Yo… Quiero que intentes ver a través de mis ojos.

No comprendió un ápice de lo que refería. Arqueó la zona donde se supone que otros tendrían sus cejas. Entrapta se recostó boca abajo y se incorporó hasta apoyarse en sus codos.

—Lo que sucedió hace unas horas.

Ahí va de nuevo el tema, Hordak apartó la mirada con molestia.

—Me lastimó.

Con sorpresa en su mirada se volvió hacía ella. Ahora era Entrapta quien no lo miraba.

—Lo que hiciste en el baile de Luna Brillante; llegar, bailar conmigo, y…

Se coloreó el rostro de la muchacha.

—Todo eso también me lastimó.

Todavía no alcanzaba a entender qué es lo que quería decir pero no preguntó hasta estar seguro de que ella había terminado de exponer su punto.

—En la vida, siempre tomaremos decisiones que invariablemente afectarán a otros. Cuando me uní a la Horda lo hice porque jamás en todo el tiempo de mi vida no secreta había avanzado tanto en mis experimentos como lo hice estando con ustedes en una vida secreta en los ductos de ventilación.

Memorias aún borrosas para él pero concisas.

—Pero… cuando creé todos aquellos artefactos sin medir los límites, hice que las ambiciones de los demás destruyeran los hogares de mis amigas. Nunca fue mi intención, yo solo quería sentir que pertenecía a un sitio y que en él me valoraban.

Entrapta lo miró finalmente.

—Que tendría personas que realmente podrían entenderme.

Se recostó y con una mirada expectante se acercó al cuerpo masculino, bajo las cobijas tomó su brazo, Hordak respingó pero no se apartó.

—La penúltima noche en que nos vimos, dijiste que no querías que viniera contigo a este sitio porque temías por mi seguridad, pero… no fuiste capaz de irte a despedir como es debido de mí, literalmente desapareciste ante mis narices. Es por eso que yo… No quería hablar contigo, me sentía molesta y traicionada.

Escondió su faz en el hombro de él. El contacto fue una explosión de sensaciones en él. No sabía qué hacer.

—Sé que hay riesgos, pero he tomado muchos porque nunca me he rendido. ¿Te lo dije no?

"Soy un fracaso… Me hice amiga de Adora pero me abandonó, luego me hice amiga de Catra y ya ni siquiera me habla, pero eso no hizo que me rindiera".

—Me enfrenté a robots asesinos para encontrar coordenadas, tomé una nave antiquísima, salí al espacio, estuve delante de ti cuando aún estabas bajo el control de Primero y no hui. Porque además de que finalmente sabía qué era lo correcto (incluso en mis experimentos) también tenía una misión: encontrarte.

Enredó sus brazos en el de Hordak. El alíen aún seguía sin moverse.

—Es por eso… que quiero decirte que te perdono por lo que dijiste, sé que lo hiciste con las mejores intenciones pero… la verdad es que…

Evitó mirarlo de frente, sentía que las mejillas le ardían en calor.

—Ahora formas parte de mi vida. También los clones y tengo que hacer hasta lo imposible por salvarlos como hice cuando estaba desesperada por encontrarte.

Tomó una bocanada de aire antes de proseguir.

—Ya eres parte de mí y no puedo sacarte así como así, ni quiero que tú lo hagas. A menos…

La espina de la duda se sembró en la voz femenina. El sonido de las sábanas recorrerse fue lo que Hordak escuchó antes de tener a centímetros de su rostro el de ella.

—A menos de que tú no quieras estar conmigo. En ese caso, entenderé que tus palabras fueron con sinceras intenciones de herirme pero quisiste ablandarlas y que el día de mañana no me impedirás salir de este sitio para ayudar a tus hermanos porque mi seguridad no es tu prioridad. Sabré entonces que todo esto solo fue una ilusión mía y nad-

—Nunca. —Respondió tajante.

—Nunca digas que no eres importante para mí.

La mano azul de Hordak encontró un camino suave en la mejilla de Entrapta.

—Fui un imbécil, pero tenía miedo de no saber qué hacer teniéndote cerca de mí.

Su voz era aterciopelada, profunda y serena. La mirada de Entrapta parecía nerviosa pero finalmente adornó su cara con una sonrisa. Ella bajó su cuerpo y Hordak la recibió en un abrazo, Entrapta hundió su cabeza en el pecho de él y sintiendo un revoltijo de emociones en el estómago pidió a las estrellas que los clones tuviesen una segunda oportunidad y gritó en su interior una disculpa por lo que estaba haciendo pero quería probar esa dulzura llamada felicidad de dos.

—Agh…

—¿Qué sucede? —Entrapta se separó de él. Hordak se tomó del vientre donde hace unos momentos ella lo estaba abrazando.

—Mis… puertos… están muy sensibles por lo de hoy.

La chica se levantó y le dio su espacio, se le veía agitado. Las fauces todavía verdes de su compañero de laboratorio intentaban recobrar un aliento perdido. El brillo de sus ojos verdes era como luciérnagas de lagos escondidos en los mitos perdidos de una civilización olvidada.

Entrapta, comenzó a tener una sensación renovada en su vientre.

—¿Te duele? —Preguntó casi en un ronroneo.

—No.

Hordak respingó cuando sintió la mano desnuda de la mujer bajo la ropa. Estaba en su torso, acariciando la piel de su imperfecto ser.

—Espera…

Pero ella no respondió, continuó en un vaivén de movimientos, hasta que con la otra mano libre abrió el primer botón, luego el segundo y el que le sigue. Cuando menos lo esperaba, tenía el torso al descubierto.

—Tal vez solo necesites acostumbrarte al tacto para que regrese a la normalidad.

Parecía tener lógica. Sin embargo, la sensación de la yema de los dedos de Entrapta sobre él no parecía calmarlo. Apretó los ojos con fuerza sintiendo que en ese gesto el cuerpo se le volvía líquido. Sus piernas apenas y se movían intentando defenderse. Sobre su cuello sintió la presión de la almohada en la conexión de su nuca y terminó arqueando la espalda.

En un momento, escuchaba la respiración constante también de Entrapta. La adrenalina en su cuerpo debía estar despertando al máximo sus sentidos. Por el rabillo del ojo vio a la ingeniera con una mirada complacida sobre lo que sus manos estaban haciendo.

¿Qué era la sensación que comenzaba desde su garganta y parecía terminar en el medio de sus piernas? Hordak intentó luchar con la nueva experiencia, no era momento de experimentar.

—Entrapta, espera, esto…

No se detuvo y cuando finalmente sus miradas se toparon vio en los ojos de ella una chispa distinta a la emoción.

Fue un movimiento fugaz, no tuvo tiempo ni de resistirse.

—Yo… no… no sé cómo.

—¿Te estaba lastimando? —Preguntó ella debajo de él.

Sucedió que, a una velocidad impresionante Hordak había tomado la muñeca de Entrapta y la había hecho caer sobre el lecho mientras él la acorralaba contra el colchón. Las piernas largas de él estaban a los costados del cuerpo femenino y los brazos a un lado de los cabellos púrpuras.

Hordak se incorporó, asustado de sí mismo.

—Lo siento, no sé cómo pasó, fue algo…

—¿Instintivo?

Una palabra que no era nueva en el lenguaje de él. Hordak miró como Entrapta volvía a incorporarse y los dos ahora estaban sentados en la cama.

—Está bien, creo que yo también me dejé llevar por ello.—Se llevó una mano tras la nuca.

—No… Yo no tengo instinto.

La mirada estupefacta de ella lo desconcertó.

—¿De qué hablas? ¡Claro que lo tienes!

—Recuerda que fui creado Entrapta, no tengo progenitores que me dieron la vida. Mis funciones vitales vinieron de una máquina.

—El instinto también se aprende a través de experiencias, si no lo tuvieras cualquiera que te arroje una daga a la cabeza te mataría enseguida.

Hordak guardó silencio, todavía sentía la respiración agitada, se llevó una mano al pecho intentando calmarse.

—Siento como si algo se apoderó de mí y no quisiera hacerte daño.

Entrapta gateó por la cama hasta él y se quedó casi pegada a su cuerpo.

—Recuerda que ya nadie está en tu cabeza más que tú. Nadie puede controlarte de nuevo.

Colocó las manos de nuevo en el pecho cubierto de cicatrices, el roce hizo que su cuerpo se tensara.

—Está bien. Puedo demostrarte que sé que no me harás daño, a decir verdad, no es como que me desagrade la idea tampoco.

Las orejas de él se agacharon, eso tenía que ser una insinuación pero… ¿para qué?

—¿Quieres intentarlo? Puedo mostrártelo y enseñarte.

Los ojos femeninos lo miraron pero esta vez había algo distinto en ellos. No parecía ternura, ni curiosidad o furia. Era algo más. Entrapta alzó sus brazos y los colocó alrededor del cuello de él, tras una mirada pudo volver a sentir el contacto de sus labios.

De nuevo esa sensación, extraña, arrasadora. No encontró fuerzas para detenerse esta vez y accedió a lo que ella quisiera.

—¿Puedes ayudarme a quitarme la ropa?

Hordak asintió sin decir palabra, mirando la espalda de su compañera con cuidado tomó los tirantes de su overol y los retiró. Después tomó las orillas de su blusa blanca de trabajo. El descubrir ese lienzo de piel olivo le dio un escalofrío que le hizo suspirar.

Así fue hasta que se topó con una cicatriz en medio de su espalda. Sin temor colocó su mano en ella y la delineó, como si por el mero contacto averiguase qué había ocurrido en esa zona. Entrapta lo miró mientras dejaba la blusa todavía sobre su cuerpo.

—No te angusties, ya no me duele. Me quedó después de que Catra me electrocutó.

¿Cuánto dolor habría sentido? Sintió furia de solo pensarlo. Entrapta se alzó un poco para poder recorrer el overol bajo su cintura, después sus caderas, sus muslos y finalmente las piernas. La silueta de ella variaba muy poco y enaltecía una belleza desconocida para Hordak. Se giró hacía él.

—Ahora te toca a ti.

Hordak parpadeó nervioso, ya tenía la camisa abierta así que solo se la quitó y mirando la boca entreabierta de ella pudo sentir un halago de que Entrapta viese en él un cuerpo no aberrante.

Una nueva ronda de besos empezó. Primero los labios de ambos se encontraban en simples roces, después se abrieron invitando una nueva aventura física. Sintió una vibración en su garganta que después se volvió gemido cuando encontró la lengua de la mujer dentro. Humedad, suavidad y movimientos que iban desde lo suave hasta lo enérgico.

—Ven. —Susurró ella y se recostó de nuevo estirando sus brazos para que él se posara encima de ella.

Continuaron descubriendo un mundo nuevo en sus bocas, hasta que esa sensación de la que Entrapta le había dicho comenzó a brotar con más notoriedad. Con ansiosa fuerza atrapó entre sus filosos dientes un labio de ella y lo presionó.

¡Dulce néctar que nació de la herida! Ahondó su abrazo y encontró más de aquél sabor en la piel que recubría su cuello. Sin saber cómo con impresionante cuidado aprisionaba un espacio de su piel y clavaba sus dientes. Entrapta comenzó a suspirar y las manos de ella se enterraban en la espalda de Hordak.

Retomó sus labios una vez más, esperando sentir su aprobación y ella con más ansiedad lo devoró. Bajó su mano y tomando la de él le enseñó el camino bajo su blusa blanca que aún conservaba.

La piel de su torso, el ombligo de su ser, la curvatura de su cintura, el vaivén de sus costillas. Se separó de ella unos centímetros y notó algo.

—Oh discúlpame, estoy mancillando tu rostro. Necesito controlar mis deseos de morderte.

Deseos de morderte.

Jamás una propuesta tan peligrosa se iba a escuchar así de provocativa.

—No te detengas.

Lo aprisionó y con dulces pistas fue levantando la tela de su blusa para dejarle libre el camino de todo un cuerpo que le permitía sentir sus dientes en todo su esplendor.

¿Qué eran esos dos suaves bultos?

—¡Ah!

Hordak se separó de golpe.

—Estoy bien, es que tus garras son muy filosas.

No espero más y continuó explorando a la fémina. Intentó no aplicar fuerza sobre sus pechos, los acarició con calma, conoció cada centímetro y probó que su lengua encontraba una fuente de preciosos sonidos de ella cuando los aprisionaba con fervor.

Continuaron así, hasta que Entrapta le tomó el rostro.

—¿Quieres hacerlo?

¿Hacer qué? ¿Qué más podrían hacer?

Finalmente el instinto que llevaba un buen rato despierto en Hordak le dijo a qué se refería.

Apareamiento.

Conocía el concepto pero… solo eso. Mera información guardada en su sistema.

—No sé cómo. —Respondió sincero.

Entrapta sonrió.

—Para eso existen los experimentos. —Dijo incorporándose. Con su cuerpo le indicó que se recostara. Pasó sus manos en las caderas estrechas de Hordak y casi con hambre terminó por revelar esa parte de su cuerpo desconocida.

La ingeniera sonrió con deseo al saber que si había habido una 'reacción' en él. Hordak cada vez se quedaba más sin repertorio de palabras. Entrapta por su parte se colocó encima y se retiró la blusa que ya había perdido toda finalidad de cubrir su cuerpo, se deshizo de su ropa interior y solo dejó que él pudiese contemplarla.

Era tan distinta. Colores, texturas, sabores y olores. Tragó saliva ruidosamente.

—Puedes tocarme para que no te sientas cohibido.

Condujo su mano a una de sus extremidades. Sintió los vellos de sus piernas, los rollitos de piel en sus muslos y vientre, las marcas blancas como relámpagos en sus caderas. Ahora encontraba en ella similitudes ¿cómo era posible eso? Hace un momento parecían ser simplemente dos colores distintos pero ahora parecían encontrar una tonalidad en común.

—Ahora aquí. —Murmuró ella y llevó la mano de él hasta su ingle. Vio el pequeño montículo de vello rosa en esa zona y parecía sentir ternura.

Una nueva cavidad se escondía, húmeda y tibia. Ante el primer roce Entrapta soltó un sonido más agudo que antes, el color rojo invadía todo su rostro. Con emoción casi infantil inspeccionó el nuevo lugar, sin olvidar la precaución de sus garras pudo encontrar un recibimiento en el interior de ella.

Sus dedos quedaron mojados de aquella fuente de cálidas aguas, había un perfume en el ambiente y provenía de cada esquina de su femenino cuerpo.

—¿Listo?

—Sí. —Respondió con un hilo de voz sin apartar la vista de su rostro.

Fueron solo unos segundos. De pronto su garra se tensó en sobremanera, soltó el aire que venía guardando en su pecho y jadeó con la boca abierta. En cambio ella suspiraba al encontrarse con el tramo de su piel entrando.

—¿Puedes sentirlo?

—S-si.

Entrapta no se movió, esperó a que él se acostumbrara. Sus glúteos se tensaron y generaron un leve movimiento natural, suave y corto.

—¿Y eso puedes sentirlo? ¿Cómo se siente? Dime.

El hombre apenas tomaba el aire para expulsarlo en jadeos incesantes.

—N-no puedo describirlo.

—Inténtalo. —Le animó Entrapta en un gemido.

—Cálido…

Hizo una mueca.

—Doloroso…

Entrapta le tomó del rostro con sus cabellos, con sus manos acarició su vientre y los puertos que habían logrado la estabilidad.

—Está bien, solo es cuestión de que te acostumbres, esperaré hasta que te sientas listo.

Los ojos rojos de Hordak miraban el techo, se cerraban en dolor que poco a poco fue transformándose en aquello que ella quería mostrarle: placer.

Comenzó a moverse, ya no había molestia alguna, solo calor y agua. Como una playa, un oleaje que se compone de un vaivén, primero suave.

Arriba y abajo. La ola que lame la piedra en tranquilos meneos.

Ah~ ah~ ah~

El canto de la mujer encima de él, que lo guiaba más y más profundo, la playa quedaba lejos y podía sentir el mar engulléndolo. El mar se volvió bravo y en la profundidad de sus golpes podía sentir palpar el límite de su cuerpo.

Los gemidos agudos fueron acompañados de jadeos graves, la garra segura se posó en los muslos de Entrapta y le mostró el camino que su nuevo instinto le pedía.

—Ho…Hordak… Espera…

Esta vez era él el que ya no escuchaba. La miró, notó su semblante nuevo. Jamás volvería a ver esas expresiones de manera tan maravillosa como en esa ocasión. Quería seguir mirándola, siempre, en la oscuridad de la noche, que nadie más la viese. Ahora esa expresión le pertenecía a él y a nadie más.

La chica se arqueó en el punto álgido de su unión. Hordak se percató del fluido que abrazaba su ser, una lluvia que provenía de ella. Se había llevado una mano a la boca intentando disipar el sonido que urgía por querer salir.

El bravo mar que en tormenta se convertía se vertió en un nuevo movimiento. Entrapta se recostó con los labios entreabiertos que él se encargó de cerrar en besos hambrientos. Posado sobre ella volvió a introducir su cuerpo en la puerta gloriosa.

La tormenta continuaba, las olas ahora golpeaban la roca. Controlando su pelvis podía prever cada movimiento donde ella lo recibía con los ojos cristalinos.

Entrapta volvió a intentar callarse llevándose una mano a la boca y Hordak se encargó de tomarla.

—No. —Dijo autoritario.

La alzó una vez más y la abrazó contra su cuerpo, le ordenaba abrazarlo para mantener su unión, de esta manera no habría modo de evitar que aquellos sonidos saliesen de su boca.

—M-me vendré d-de nuevo.— Murmuró.

¿Venirse? ¿Qué sería eso?

—Para eso están los experimentos. —Le respondió con la voz perdida en guturales sonidos.

Ahora todo parecía volcarse en una electrizante sensación. Subía desde sus talones hasta su vientre. Algo se estaba acercando, el cosquilleo continuaba. Su ser entero se estremecía y buscó no perder ni un solo centímetro de su acoplamiento con ella.

El aire se fue y no parecía regresar. Ahí estaba, ahora era él quien soltaba una marea completa dentro del cuerpo de Entrapta. A momentos temblaba su interior, vibró y recorrió su espalda en un rayo fulminante.

Cuando creía que se desmayaría, el aire volvió a sus pulmones. La abrazó con fuerza y se dejó caer sobre el lecho.

Su cuerpo se relajó, todo su cuerpo. Ahora solo había respiraciones cortadas. No había movimiento más que la velocidad de su pecho subir y bajar.

—Eso fue…

—Fue…

Ninguno llegó a adjetivo alguno. El sudor no fue impedimento para que ella lo recibiera entre sus pechos y lo besara en tiernos gestos por su frente y su cabello. Hordak la atrajo hacía él, buscando empaparse de ese aroma. Quería preguntarle tantas cosas a ella, comparar sensaciones, pero cuando sus respiraciones ya se habían regulado los dos habían caído en un profundo sueño.