* Disclaimer: Los personajes de Dororo (2019) pertenecen a Osamu Tezuka, Tezuka Productions y Studio Mappa, yo los utilizo solo para realizar este fanfic.

Hola a todos los que siguen leyendo esta historia. En este capítulo tenemos una nueva canción que les recomiendo escuchar para tener un mejor panorama de lo relatado en la historia, como siempre, en YouTube pueden encontrarla.

[1] Comic relief (Alivio cómico); Hello Sleepwalkers/ sub español

Capítulo 10

Nunca mezcles el alcohol con el amor

En un rincón de mi caja de recuerdos, se encuentra cuidadosamente doblado un panfleto. Este contiene el anuncio de la primera guerra de bandas en la que participamos en Loud House. Este panfleto me ayuda a recordar el esfuerzo que hizo mi antigua banda para mejorar y sobresalir con cada nueva presentación que hacíamos.

Le tomó varias competiciones a Final Line lograr ganar el primer lugar en una guerra de bandas organizada en este rock bar. Esta primera victoria, y todo el trayecto para conseguir esto me trae recuerdos semi amargos. Me recuerda el dulce sabor de la victoria, por desgracia, también me recuerda la frustración de que tus sentimientos deban ser un secreto.


La primera canción original que tocó Final Line fue todo un éxito, debido a esto, poco a poco comenzamos a ser más reconocidos dentro del ámbito indie. Con cada nueva presentación realizada nos dimos cuenta que aparecía más gente. Eso en verdad nos inyectó la motivación necesaria para seguirnos esforzando.

En mi caso personal, me propuse mejorar mis canciones con cada nueva composición, lo cual dio como resultado que repudiara "23". Era una canción muy pedida por nuestros fanáticos, por lo cual no me quedaba más que acceder a tocarla a regañadientes, pero, aunque me gustaba su composición musical, en cuanto a la letra era una demasiado íntima y dolorosa para mí.

Eso me hacía considerarla una canción no tan buena y sobrevalorada, fue así como en un intento por ignorarla quise deshacerme de la partitura, sin embargo, Saburota siempre se esforzaba en rescatarla, alegando que era un lindo recuerdo que merecía conservarse. Estaba convencido que debía atesorar toda esa explosión de mis sentimientos reflejados en esa partitura.

Eso sí que en verdad es irónico. Saburota siempre acoge mis heridas con sinceridad y cariño, mientras que yo; por el contrario, siempre trato de repudiarlas e ignorarlas. Siempre he sido así, demasiado cobarde para enfrentar mis emociones y aceptarlas. Por eso me sorprendió que el aceptar que estaba enamorado de mi mejor amigo fue algo que me resultó muy fácil de hacer. Fue tanto así que un día, así de la nada, me propuse firmemente decirle lo que en verdad sentía por él.


Me retiré el cigarrillo de los labios y lo apagué en el cenicero frente a mí. Observé el humo extinguirse poco a poco, mientras aun saboreaba la nicotina en mi lengua. Tal parecía que si no dañaba mi cuerpo de alguna forma no era capaz de sentirme pleno.

Había logrado dejar de autolesionarme, pero derivado al ambiente en el que me desenvolvía por ya más de un año, había comenzado a probar el cigarro por influencia de Iori así como de otros músicos, terminando por agarrarle el gusto.

Descubrí que el cigarro, además de darte un look más salvaje, despreocupado y rockero, también ayudaba a disminuir el estrés. Terminé acostumbrándome a fumar antes y después de una presentación, eso hacía que los nervios no me perjudicaran tanto como antes.

—"Cáncer de pulmón, aquí voy".

Pensé irónicamente, mientras volteaba a mi izquierda. Mi mirada se quedó perdida en un panfleto que estaba pegado en la pared de uno de los pequeños camerinos que estaban en Loud House, anunciando una nueva guerra de bandas.

Tenía ya diecisiete años en ese entonces, era estudiante de segundo de preparatoria y Final Line ya más de un año de haberse formado. A pesar de nuestro buen sonido, era la tercera guerra de bandas en la que participábamos y habíamos perdido.

Si, saborear la derrota por tercera vez era un asco, pero no pensábamos darnos por vencidos tan fácilmente.

"Mientras Saburota esté a mi lado, yo seguiré esforzándome al máximo, luchando siempre junto a él." Ese agradable pensamiento llegó a mi cabeza durante los ensayos para participar en esa tercera guerra de bandas.

Fue en ese preciso momento, al perderme observando a Saburota practicar lleno de entusiasmo su adorada batería, que me di cuenta que ya no quería callar mis sentimientos por él, quería hacérselos saber, no… más bien tenía que hacérselos saber. Era tan doloroso no poder decirle lo mucho que lo amaba, no podía seguir en silencio.

En esos días pensaba que podía comerme al mundo de un solo bocado. Con esa segunda oportunidad de vivir deseaba hacerlo, vivir y esforzarme al máximo sin arrepentirme de nada. Fue así como me decidí a hablarle de mis sentimientos cuando terminara esa tercera competencia fallida.

Por eso ese día lo esperaba ansiosamente en ese pequeño y sucio camerino para poder decírselo. Finalmente, tras una media hora de espera, mi corazón dio un sobresalto de emoción cuando por fin lo vi aparecer por la puerta.

— Sabu...

Lo llamé con una voz demasiado dulce para mi gusto, una voz que de inmediato desaprobé en mi mente. Al escucharme, se volteó a verme con tranquilidad para decirme:

—Todos esos chistes que dicen los músicos son verdad, a los bateristas siempre nos cuesta más tiempo y trabajo mover nuestro instrumento. Me tomó algunos minutos, pero finalmente logré poner todo en la van de Yusuke.

No le respondí, simplemente me acerqué a él sin poder dejar de sonreírle con cariño. Los nervios ya estaban ocasionando que mis palmas sudaran, mientras mi mente era un caos al pensar en la mejor forma de hablarle de mis sentimientos. Sin percatarse de esto, mi amigo continuó:

— Bueno, volvimos a perder. Pero nadie dice que si lo seguimos intentando podramos lograrlo un día de estos ¿verdad?

—Por supuesto—le afirmé con una sonrisa socarrona—, esta vez por fin logramos el tercer puesto.

—Nada mal, poco a poco vamos escalando. La primera vez quedamos en último lugar. Que nos den otras tres competencias más y los aplastaremos.

—No puedo esperar por humillar a esos engreídos. —Apoyé con malicia, a lo que ambos comenzamos a reír con fuerza. Una vez nuestras risas se calmaron, me animé a preguntarle con un tono más bajo y ansioso—: Entonces todo está listo para irnos ya ¿verdad? Yusuke nos llevará a casa como siempre, seguro que ya en el departamento podremos descansar y hablar un buen rato.

—No en mi caso. —Me respondió con cierto aire travieso y engreído. Una actitud hasta entonces desconocida para mí.

—¿A qué te refieres?

Se acercó a mí, me habló al oído de forma confidencial:

—Una de nuestras fanáticas me invitó a salir. Es una chica muy linda, la reconozco muy bien pues la he visto entre el público en varias ocasiones. Ha venido a vernos tocar más de una vez... Ese gesto no puedo ignorarlo ¿no lo crees?

Por un momento sentí como si hielo corriera por mis venas, me quedé inmóvil sin ser capaz de responder. Solo atiné a contemplar inseguro la mirada ilusionada que él me dedicaba, en verdad se mostraba muy interesado en salir con esa chica.

—Ah... e-entiendo...—Me las arreglé para responder quedamente—Pues si ella te parece interesante, claro que deben salir juntos. Mucha suerte en tu cita, regresaré entonces con Yusuke.

—¡Si! Gracias por tu apoyo. —Me dijo suavizando su rostro—. Te contaré después que tal me fue, nos vemos luego.

Vi a mi amado amigo partir con esa chica alta y delgada, sintiendo como mi corazón se partía en mil pedazos. Para ese entonces, ya ambos nos habíamos mudado a otro complejo de departamentos para vivir solos, y enfocarnos de esa manera al asunto de la banda. Al día siguiente que fui a buscar a Saburota a su departamento, la puerta seguía cerrada con llave... Él aun no regresaba.


Saburota perdió la virginidad con esa arpía... es decir, con esa fanática. Siendo ya una universitaria y experta en ese ámbito, esa chica ocasionó que Saburota quedara fascinado con el sexo y la compañía de las mujeres.

Final Line comenzó a gozar de más popularidad con el correr del tiempo, llegó un punto en el que no solo admiraban nuestra música, sino también nuestro aspecto. Dado eso, como cualquiera se pudiera imaginar, el obtener la atención de las mujeres se convirtió en algo muy sencillo y fácil de conseguir.

Fue por esta razón que la escena de Saburota saliendo con diferentes mujeres después de nuestras presentaciones comenzó a hacerse muy común. Como su mejor amigo, tuve que resistir en silencio que me platicara acerca de sus conquistas y lo bien que la pasaba.

No las culpaba por sentirse atraídas hacia él. Además de ser un excelente baterista, Saburota era un chico carismático y agradable. Tenía un gran sentido del humor muy moldeable según la persona con la que se encontrara. Eso también sin olvidar su corazón tan noble y bondadoso, el cual muy pocas personas podían darse el lujo de presumir que conocían ese aspecto de él.

Para los estándares de lo que se consideraba un rostro atractivo y varonil, Saburota también cumplía con todos esos requisitos. Siendo ya un estudiante de segundo de preparatoria seguía creciendo en altura, al punto en el que era uno de los estudiantes más altos de nuestra clase. Se mantenía en forma debido a la demandante actividad que era tocar la batería, su complexión era fornida.

Por donde se viera, Saburota era una persona excepcional, así que por muy doloroso que fuera verlo partir al lado de hermosas mujeres, yo comprendía mejor que nadie que quedaran prendadas de él. Ya que después de todo; yo, siendo un hombre, había quedado preso por completo de él.

Aunque en mi caso podía asegurar que me enamoré más de su esencia que solo su aspecto ¿Cómo no atreverme a ver más allá de la profunda amistad que nos une después de todo lo que hizo por mí?

Si lo amo fue por su honesta y leal compañía, por convertirse en mi familia cuando esto se me negó desde los primeros minutos de mi existencia. Por todo su apoyo en los difíciles momentos y por su fortaleza para obligarme a salir adelante. Por regresarme los deseos por vivir, y por ayudarme a seguir mi sueño.

Tal vez mi único pecado en todo esto, fue el no haber nacido como una mujer. Después de todo, eso es lo normal ¿no es así? Un hombre debe amar a una mujer y viceversa. Dos hombres no pueden amarse, eso es incorrecto y antinatural, eso es lo que la mayoría piensa.

Por esa razón no puedo evitar preguntarme ¿si yo hubiera nacido como mujer, Saburota hubiera sido capaz de ver más allá de nuestra amistad, y amarme con la misma intensidad con la que yo lo amo?

Esas preguntas nunca dejan de atormentarme, y todos estos sentimientos que tengo por él son tan intensos que por más que lo intento, no han logrado abandonar mi corazón.

El extraño comportamiento de Saburota tampoco ayuda en lo absoluto, pues él me trata de una manera especial. Nuestra relación de amistad tan profunda no es algo normal, eso me quedó más que claro la noche en que ganamos nuestra primera guerra de bandas.


Estábamos a unas cuantas semanas de terminar de cursar segundo de preparatoria cuando eso sucedió. Fue en la sexta guerra de bandas en la que participamos cuando por fin logramos despedirnos del segundo puesto y hacernos con el tan ansiado primer lugar.

[1] "Comic relief (Alivio cómico)", ese es el nombre de la canción que nos otorgó esa dulce y tan ansiada victoria. Una canción que pasaría a definir mi estilo de composición definitiva: letras filosóficas con mensajes de superación, así como un rock más rápido, casi llegando al género progresivo.

Me gustaba experimentar con diferentes estilos, esto terminó por moldearse en esa canción, pues creía que valía mucho más una canción con música poderosa y trabajada que lo que pudiera realmente transmitir la letra.

A menudo mis compañeros me sugerían componer una que otra canción romántica para atraer más público, pero yo siempre desechaba esa idea al instante. Esas letras cursis y románticas no eran para mí, ese no era el mensaje que deseaba transmitirle al mundo.

Después de las experiencias complicadas por las que pasé, yo deseaba gritarles a nuestros fanáticos que siempre siguieran luchando con la frente en alto. Que no se dejaran derrotar ni pararan de intentarlo, que ellos debían seguir avanzando.

Las personas que se aficionaron a nuestro estilo fue debido a lo mucho que nuestra música los motivaba a continuar, y yo me sentía más que encantado de ayudar a otros por medio de mis experiencias.


Se había convertido en algo rutinario beber después de algunas presentaciones, lo que ocasionó que tanto Saburota como yo experimentáramos por diversas ocasiones un sinfín de borracheras junto a nuestros compañeros de banda.

La popularidad ya nos estaba embriagando de diferentes maneras, y el alcohol solo formaba parte del éxtasis del sabernos cada vez más reconocidos en la escena del rock japonés independiente.

Esa noche que obtuvimos nuestra primera victoria fuimos al departamento de Saburota para celebrar. Bebí hasta altas horas de la madrugada con mis compañeros de banda, algunos integrantes de otras bandas que de igual forma tocaban en Loud House también se nos unieron. Esa divertida y alocada noche solo fue capaz de terminar cuando uno a uno los invitados fueron regresando a sus casas.

Se iban todos menos una linda chica bajita de cabello castaño, a la cual tras examinarla por unos cuantos segundos reconocí como la hermana de un tecladista de la banda que obtuvo el segundo puesto.

Saburota ya había intentado varias veces darme a entender que le diera privacidad y regresara a mi departamento, sin embargo, en mi estado de ebriedad, el alcohol me dio el valor necesario para negarme a esto a causa de mis celos.

—Hey, Shirachibi—me dijo finalmente Saburota colocándose a mi lado, habló entre susurros—, ya todos se fueron, solo quedas tú. Beber juntos y celebrar fue muy divertido, pero quiero pasar la noche con Sachiko... entiendes lo que quiero decir ¿verdad?

—Lo siento mucho Sabu, pero me temo que no quiero irme. —Hablé con una voz alta y ahogada, mi voz de borracho—. Seguramente en mi estado actual no podré ni pararme.

—No seas así. —Me recriminó, aun en voz baja—¿Ya viste lo buena que está? Vamos, ayúdame en esta ocasión y te prometo que te devolveré el favor. Te compraré ese paquete con nuevas cuerdas para tu bajo que tanto quieres.

—¡Sabuidiota! ¡No insistas! ¡No quiero irme! —Insistí con fuertes gritos.

Saburota endureció sus facciones ante mi negativa, gesto el cual sustituyó por uno de sorpresa al escuchar como Sachiko comenzaba a reír traviesamente detrás de él.

—A mí no me molesta que Shiranui-kun se quede. —Confesó con voz picara la muchacha, observándonos con un profundo interés—. Si él quiere unírsenos, yo no tengo ningún problema con eso.

—¿C-cómo? —Balbuceó mi mejor amigo atónito.

—Es una gran oportunidad que no se puede desaprovechar —Prosiguió Sachiko, dándole paso a una mirada traviesa— ¿Quién no querría estar al mismo tiempo con el vocalista y baterista de Final Line?

—Qué asco—murmuré entre hipidos—, pero que puta y zorra.

Debido a lo extraña que se puso la situación, apenas estaba considerando la opción de irme, cuando Saburota me tomó en completo por sorpresa al comenzar a gritarle a la chica con una voz encolerizada:

—¿Cómo se te ocurre siquiera pensar en Shiranui de esa forma? ¡No estoy dispuesto a que le faltes al respeto así! ¡Sal ahora mismo de mi departamento!

Sachiko abrió los ojos asombrada ante lo inesperado de esas reclamaciones. Abrió y cerró su boca varias veces en un intento angustiado de querer responder, pero no fue capaz de hacerlo. Finalmente, pasados unos segundos lo logró, contestó con una voz rencorosa, frunciendo sus delgadas cejas:

—¿Qué broma de borracho es esta? ¿Quién podría negarse a una oportunidad así?

—No es una broma. —Continuó Saburota quedamente—. No pienso permitir que nadie lastime a mi mejor amigo de esa forma. Será mejor que te vayas.

—¿¡Qué tan poco hombre debes ser para rechazarme de esta forma!? —Sachiko se levantó de su asiento y empezó a gritar con furia—¿En verdad me estás echando de tu casa solo por ofrecerme a tu amigo?

—Si. —Respondió seriamente, sin inmutarse—. Shiranui siempre será más importante para mí que cualquier mujer con la que pueda acostarme. Te lo diré por una última vez antes de que me obligues a usar la violencia: vete de mi departamento.

Los ojos de Sachiko humedecieron debido a sus sentimientos mezclados de rabia y humillación. Nos dedicó una mirada llena de odio a ambos, para posteriormente tomar sus cosas y salir lo más rápido que le fue posible del departamento. Al irse, la escuchamos soltarnos un sinfín de maldiciones en voz baja.

Cerró la puerta con un fuerte golpe, después de eso, Saburota se dejó caer en una silla de la mesa a un lado de mí. Levantó su mano, dejándola apoyada en su frente en un ademán frustrado.

—Adiós, noche con la deseada Sachiko Uchima.

Una punzada de dolor atravesó mi pecho tras escuchar su voz tan triste y decepcionada.

Entrecerré mis ojos, meditando cuidadosamente las palabras que debía decirle para hacerlo sentir mejor. Por desgracia el alcohol seguía paseándose por mi cuerpo, en ese estado era más que obvio que por más que intentara, no podría darle una respuesta decente.

—Claro que no podías acceder a tal abominación... Quién querría tener sexo con un hombre ¿verdad?

—No seas idiota, no se trata de eso. —Aclaró arrastrando las palabras, dedicándome una mirada malhumorada—. Después de lo que pasaste, no puedo exponerte a ese tipo de experiencias.

—No tenías por qué ser tan impaciente —Me volteé para quedar frente a frente. Continué, fingiendo indiferencia—: Me hubieras corrido a mí en lugar de a ella, así ahora te la estarías cogiendo.

—¿Cómo querría hacer eso después de que te faltó al respeto de esa manera? Dejó de tener valor para mí desde que lo dijo. —Guardó silencio por algunos segundos. Mientras pensaba como responder a eso, él continuó en voz baja, con cierta inseguridad—: Apenas supe que te deseaba también de esa manera mi sangre comenzó a hervir. Sin darme cuenta, esas palabras salieron por si solas de mi boca, en verdad me sentí muy molesto.

—Vaya hipócrita estás hecho. —Lo interrumpí con una mueca burlona—. Puedes acostarte con diversas mujeres sin importarte si realmente ellas tienen sentimientos sinceros por ti, pero apenas aparece una que solo quiere sexo sin nada de por medio, te enojas de esa forma.

Saburota no fue capaz de responder ante mi honestidad, solo atinó a contemplarme con semblante entre herido y avergonzado. Estando totalmente desinhibido debido al efecto del alcohol continué:

—No tendrías que pasar por nada de esto si no le dieras tanta importancia al placer carnal. Las cosas con nuestra banda van bien, pero estoy seguro que lo notas ¿o no? Desde que empezaste a salir con todas esas zorras, tus habilidades como baterista se quedan atrás. Poco a poco, los otros bateristas te van superando. Si para ti solo es importante esto, mejor ve pensando en la idea de dejar la banda.

—¿Qué deje la banda?

—Yo no quiero músicos mediocres en mi banda. —Apunté con crueldad—. Quiero personas comprometidas, las cuales estén dispuestas de hacer de la música su vida. Si tú no tienes bien en claro tus objetivos, mejor lárgate.

—¿Qué tiene de malo un poco de diversión? —Contratacó herido, acercándose a mí unos centímetros—Tú lo sabes, que en mi casa todo volvió a lo mismo y fue esa una de las razones por las que me mudé a este departamento al lado del tuyo.

«Debo seguir esforzándome en cubrir los gastos del hogar mientras mamá no es capaz de dejar de embriagarse a diario, ella sigue huyendo de alcohólicos anónimos, perdida en su sufrimiento ¿en verdad es tan malo que busque olvidar todos mis problemas de vez en cuando?»

—Perderte en el placer no es la solución. —Espeté enfadado.

—¿Y qué sabes tú de eso? ¿Quién eres tú para juzgarme por intentar escapar del dolor? ¿No eres tú el experto en llevarlo a los extremos? ¡No tienes ningún derecho a decírmelo cuando intentaste suicidarte!

Saburota palideció y abrió sus ojos de par en par, tal parecía que fue capaz de darse cuenta de la imprudencia de sus palabras. Por mi parte solo pude morder mi labio inferior y tensar mi cuerpo. Al sentir como mis ojos humedecían me di cuenta que lo mejor que podía hacer era regresar a mi departamento.

Le di la espalda con toda la intención de retirarme, sin embargo, Saburota no me lo permitió, se movió lo mejor que su estado de ebriedad lo dejó, sujetándome de la muñeca para impedirlo.

—A-aguarda por favor Shiranui, lo siento mucho. —Comenzó a decir con voz entrecortada—. No debí decirte algo tan cruel e inapropiado como eso. E-es solo que yo...

—¡Cállate, estúpido! ¡Déjame en paz! —Grité sin ser capaz de encararlo, las lágrimas ya habían comenzado a salir de mis ojos—Ya no importa, en primer lugar, nunca debí meterme en tus decisiones. Da igual, vete y acuéstate con tantas mujeres quieras ¡haz lo que quieras con tu vida!

—Shiranui, mírame por favor...

A pesar de su insistencia, para mí era imposible hacerlo, era como si mi cuerpo se hubiera quedado paralizado. Lo único que reaccionaban eran las lágrimas saliendo de mis ojos, así como el salvaje golpeteo de mí ya tan lastimado corazón.

—Qué más da que seas un imbécil incapaz de formar lazos con alguien por tu miedo a salir herido. —Me las arreglé por fin para hablar débilmente, cerrando mis ojos con fuerza. Estaba tan sumergido en mis palabras que no me di cuenta de que me tomó suavemente de los hombros para voltearme y hacernos quedar frente a frente—. Con una mierda... soy tu amigo y eso debería darme igual, pero no es así... ¡Maldita sea! No puedo hacer que me dé igual.

—Yo también estoy confundido. —Lo escuché hablarme en un tono reflexivo—. No logro comprender porque rechacé ese trío. Por qué ante esa propuesta, una enorme rabia comenzó a apoderarse de mí.

—Es porque quieres a todas las mujeres solo para ti. —Reclamé tras soltar un bufido exasperado.

—No, no se trata de eso... Yo me sentí furioso a la idea de que alguien te deseara de esa forma, a la imagen de pensar que alguien podría tocarte de esa manera. No quiero que nadie te toque ni te mire de esa manera.

—¿A mí?

Pregunté incrédulo, atreviéndome a abrir mis ojos. Frente a mí aparecieron los hermosos orbes color miel de Saburota observándome de una manera tan profunda, que enseguida hizo que un escalofrío me recorriera de pies a cabeza.

—Sí, eres mi persona más importante. El único lazo que tengo en mi vida el cual es sumamente valioso y que no quiero perder, es el lazo que tengo contigo.

Después de eso, vino algo que paralizó todo a mi alrededor. Saburota bajó su rostro, buscó mis labios tímidamente hasta encontrarlos y posarlos sobre los míos. Todo mi cuerpo se estremeció, un enorme calor se apoderó de mi pecho, mientras que los fuertes latidos de mi corazón se incrementaban a un ritmo desbocado.

Aun preguntándome si lo que estaba sucediendo era la realidad o un sueño, decidí mandar al demonio mis pensamientos y entregarme abiertamente a ese hermoso suceso. Por un solo momento, quise actuar primero y pensar después, quise dejar libre a mi corazón.

Cerré mis ojos mientras sentía como Saburota colocaba suavemente sus manos sobre mi rostro, correspondí a su beso tímidamente a la par que los pulgares de la persona a la que más amaba dejaban dulces caricias en mis mejillas.

Sus labios sobre los míos era una sensación tan placentera y dulce, era como vivir soñando sin ser capaz de despertar. En cuestión de minutos, el movimiento de nuestros labios se fue haciendo más feroz y demandante.

—Sa-Sabu...—Logré susurrarle en cierto momento que sus labios me abandonaron para buscar aire.

—Lo siento Shiranui, no puedo detenerme...—Confesó con una voz deseosa y ronca que aceleró mi pulso, se olvidó de mi rostro para dejar sus manos apoyadas en mis costados.

—No lo hagas, no quiero que lo hagas.

Confirmé sin poder dejar de apreciar la forma tan profunda y amorosa en que me miraba. Obteniendo mi permiso, volvió a aprisionar ansiosamente nuestros labios. Solté un bajo gemido de sorpresa cuando juntó nuestros cuerpos y comenzó a invadir mi boca con su lengua.

El calor me recorrió de la cabeza a los pies, cuando menos me di cuenta, mis manos ya estaban acariciando sus cabellos. Me entregué a mis impulsos correspondiéndole, sin poder evitar sentirme asombrado de como mi gran amor hacia él me hacía perder la compostura de esa forma. Pero sencillamente ya no podía más, no podía contener por más tiempo lo mucho que lo adoraba.

De forma inesperada se separó de mí. Me avergonzó darme cuenta que, debido a ese pasional beso, un hilillo de saliva resbalaba por la comisura de mis labios. Sin dejar de apreciarme con un inmenso deseo y cariño, me dijo arrastrando las palabras:

—Varias veces me sorprendí deseando hacer esto. En diversas ocasiones, por más que intentara evitarlo, no pude dejar de pensar en lo mucho que me importas, y cuanto deseaba tenerte así para mí. Pero esto está mal ¿no es así? Es incorrecto pensar esto de mi mejor amigo. Y después de todo lo que pasaste, yo no quiero lastimarte...

—N-no está mal. —Le respondí con timidez—. Nunca me arrepentiré de nada que pase contigo, pues tú también eres lo más importante para mí. Saburota... yo me siento exactamente igual que tú.

Me mostró una amplia sonrisa antes de volver a besarme ansiosamente. Tras unos minutos se separó para comenzar a bajar por mi cuello, trazando este camino con besos y chupetones. Me mordí los labios, tratando de callar los gemidos de éxtasis que amenazaban con salir de mi garganta.

Mi preciado amigo comenzaba a desabrochar mis pantalones cuando se detuvo de golpe. Abrí mis ojos con timidez solo para encontrarme con la sorprendente escena que se dirigía a toda velocidad al baño, comenzó a sufrir de los efectos de la borrachera. Se encontraba empinado sobre el retrete, vomitando todo el alcohol y lo que había consumido ese día.

Fue en ese momento que me di cuenta que no tenía caso continuar. Saburota se encontraba mucho más ebrio que yo. El alcohol te hacía actuar y decir cosas que en muchas ocasiones no era lo que realmente querías ¿Quién me aseguraba que lo que me decía era verdad?

Era muy iluso de mi parte pensar que él, un joven el cual disfrutaba tanto de la compañía de las mujeres tuviera esos sentimientos por mí. Y aún si fuera cierto ¿quería complicarle la vida al estar en una relación homosexual conmigo? ¿valía la pena arruinar nuestra hermosa amistad por eso?

Esas palabras, sus besos y caricias demostraban que tal vez en verdad me correspondía, pero me dio un inmenso temor comprobarlo y volver a intentar sacar la verdad a la luz. Decidí creer que el alcohol fue el que lo puso en ese estado, y que toda esa desesperación fue ocasionada también debido a toda la carga emocional que traía a cuestas.

Entonces, ese día me di cuenta que, aunque tal vez nuestra amistad fuera más profunda de lo que aparentaba, estaba dispuesto a sacrificar nuestros verdaderos sentimientos con tal de no traerle problemas. Yo lo amo tan profundamente que no deseo que sufra, su bienestar siempre será lo más importante para mí.

—Te amo, Saburota...

Le dije cuando por fin logró dejar de vomitar y minutos después se quedó profundamente dormido en su cama. Decidí aprovechar ese momento para acariciar suavemente sus cabellos de ramen de los que tanto me burlaba, e incluso atreverme a darle un corto beso en sus labios. Ya que me había decidido a callar mis sentimientos de una vez por todas, pensé que cuando menos podía darme el lujo de probar sus labios por una última vez.

Esa es la verdad, sin duda una verdad dolorosa que descubrí ese día. Tal vez los dos nos amamos, pero somos demasiado cobardes y orgullosos para aceptarlo. Siempre hemos sido unos expertos para huir de nuestros sentimientos.