© Todos los derechos reservados por la autora.
© Los personajes de One Piece pertenecen a su respectivo autor, Eichiro Oda.
© La OC que utilizará la autora se llama Hirawashi Len.
No saben cuantos minutos han pasado. Ni cuantas horas. Lo único que saben es que Len ya estaba siendo atendida por el doctor. Katakuri caminaba de un lado para otro inquieto, ansioso de saber que la chica estaba bien. Brûlée intentaba por todos los medios relajarlo, pero era imposible. Se culpaba así mismo por lo ocurrido. No podía perder aquello que tanto anhelaba desde muy pequeño. Una persona que le puede dar el amor absoluto y sin que le mirase con miedo.
Estaba dolido por dentro. Ha vuelto a pasar y no pudo protegerla. Entrenó día y noche para proteger a sus hermanos de cualquiera. E incluso haría lo mismo con aquella chica, pero falló. Volvió a fallar. El pasado nunca se iría, aunque hiciese algo. Solo quiere entrar y estar a su lado, saber que está bien porque lo relajaría. Necesita verla cuanto antes porque se estaba desmoronando.
Y como si sus súplicas fueron escuchadas, el doctor sale de la habitación de Len y todos lo miran con esperanza en sus ojos.
—¿Se encuentra bien? —pregunta Brûlée rompiendo el silencio absoluto.
—Si no hubierais llegado a tiempo, la chica hubiera muerto. —Todo el cuerpo de Katakuri tiembla ante aquellas palabras.— Sin embargo, está bien.
—¿Qué es lo que pasó realmente?
—Según el análisis, en su cuerpo fluía una toxina muy potente que estaba atacando a sus órganos vitales —va explicando.— Primero, ataca al sistema nervioso para inmovilizar el cuerpo. Luego, va atacando rápidamente dichos órganos y, por último, al corazón, muriendo instantáneamente.
Todos los hermanos se quedaron paralizados ante la noticia. ¿Quién sería el causante de aquella toxina?
—Ahora está en un estado de coma que a saber cuándo despertará.
—¿Puedo verla? —Katakuri deseaba entrar que hasta posó un pie al suelo como un primer paso para entrar.
—Claro, Katakuri-sama. —El doctor abre la puerta lentamente.— Por favor, no hagan ruido. Estamos intentando todo lo posible para que se recupere y que, algún día de estos, despierte.
Y sin pensarlo, ya el mayor había entrado y su corazón se le encoge viendo con horror la escena. Len en una cama con tubos conectados en su cuerpo como una forma en que la chica se mantuviese viva. Katakuri camina lentamente no haciendo el mayor ruido posible, coge una de las sillas que había allí y se sienta al lado de ella. No podía creer lo que estaba viendo. Una chica con un carácter fuerte como ella en esa cama y a saber cuándo despertará.
Esto le estaba doliendo Katakuri que hasta sentía que su mundo iba a acabar si ella muere. No conteniendo las ganas, toma su mano no apretándolo con fuerte. Lo hizo para que ella supiera que estaba ahí, que no se iría a ningún lado hasta ver qué abre los ojos.
—Aún tiene esa toxina en su cuerpo, por eso tanto cableado.
—Entiendo.
—¿Qué animal puede producir esa toxina? —pregunta Cracker estando enfrente de la cama de la chica.
—Según mis informes, puede ser un animal marino o uno terrestre, como es la serpiente. —El doctor deja el expediente en el cabezal de la cama.— Os dejaré con ella, tengo que atender a unos pacientes. Con permiso.
Brûlée estaba al lado de su hermano mayor que no paraba de mirar el cuerpo casi sin vida de Len.
—Onii-chan...
—Todo esto es por mi culpa.
—No, nada de eso. Fui yo quien la metí en el Mundo Espejo y pasó esto. La que debería sentirse mal, soy yo.
Katakuri mira a su hermana pequeña observando que sus ojos mostraban aquel dolor que él también siente. Ambos lo sienten. Una se culpa por todo y el otro por no haber protegido a la que persona que tanto aprecia. El de cabellos granates se pone a inspeccionar el cuerpo de la chica por si ve algún hematoma o algo. Llegó a la conclusión de que la comida no ha podido ser, ya que él también estaría en la misma situación que Len.
Y una cosa está clara: alguien conoce la habilidad de Brûlée y aprovechó el momento para atacar a Len. ¿Uno de sus hermanos quizá? Pero ¿quién? ¿Quién tendría un odio profundo hacia ella? No encontraba indicios de alguna herida. No obstante, recordó las palabras del doctor cuando estaba hablando de la toxina. «Sistema nervioso...», ¿en la zona cervical? Con cuidado, va girando la cabeza de la chica sin hacer ningún movimiento brusco y, finalmente, encontró lo que buscaba.
Un hematoma un tanto pequeña y casi difícil de ver. Es como si le hubieran clavado algo.
—¿Encontraste algo? —pregunta Daifuku atento a los movimientos de Katakuri.
—Tiene un hematoma en esta zona.
—Si en el caso de que fuera uno de nuestros hermanos, ¿quién tendría la capacidad de hacerle eso?
Katakuri empieza a pensar en cada uno de sus hermanos y en las armas que utilizan. Uno letal y capaz de provocar esto. No se le ocurría a ninguno porque todos estaban especializados en armas blancas. Aunque hay uno que realmente utiliza un tipo de herramientas para clavar como especies de agujas hacia sus enemigos. Los ojos del comandante cambian a uno de enfado y se levanta de golpe para marcharse de ahí ante la atenta mirada de sus hermanos.
Sus pasos se vuelven firmes dando entender que estaba hecha una furia y no era momento como enfadar aún más a este hombre. Quería llegar hasta esa persona que seguramente estará por el castillo alegrándose de que haya cumplido su objetivo. De envenenar a la única persona que alegraba el día a Katakuri. No se lo iba a perdonar. Aunque su plan consiste en hablar con persona y que le dé una explicación del porqué lo hizo.
Ya estaba llegando donde puede escuchar como unas risas provenían de alguna habitación y no era de la persona sino de varias. La vena de su sien se le hincha aún más muy molesto ante esas risas. Abre la puerta lentamente donde el silencio se hace presente y la única persona en hablar fue:
—¡Onii-sama! —Sí, Charlotte Flampe.
—¡Katakuri-sama! —gritan los fans de este personaje.
—¡Estábamos hablando de ti!
—Flampe. —El tono de voz de aquel hombre es seria.— Quiero hablar contigo.
—¡Yo feliz de que quieras hablar conmigo! —Flampe estaba ilusionada de que su hermano haya venido para hablar con ella.
—Dime la verdad. —Ya estaba muy cerca de la joven Charlotte que miraba a su hermano como una verdadera fan.— ¿Tú envenenaste a Len?
El silencio se hizo presente y todos los seguidores de Katakuri se callaron cuando el comandante hizo esa pregunta. Flampe infla los mofletes por escuchar aquel nombre que no le gustaba para nada. Ahí se percató Katakuri que no se había equivocado de persona.
—Pues la verdad es que sí.
—¿Por qué lo hiciste?
—Porque no quiero que esa chica esté cerca de ti y que te cases con ella —masticaba con violencia el chicle.
—Flampe lo que has hecho es imperdonable.
—¡Y lo que está haciendo ella también! ¡La prefiero muerta antes que ver cómo arrebata a mi hermano super molón!
Estoy iba a ser complicado. La joven Charlotte estaba tan obsesionada con su hermano que haría todo lo posible para acabar con aquello que puede ser una amenaza. Katakuri suspira levemente y se pone a la altura de la chica, aunque no hizo falta ya que Flampe podía volar perfectamente.
—Flampe... —intenta buscar las palabras exactas,— ella nunca me haría daño y nunca intentará arrebatar a alguien algo importante —va explicando detalladamente.— ¿Tú no quieres que sea feliz?
—... Sí.
—Imagínate si hubieras matado definitivamente a Len, te aseguro que no sería el hermano que tú conoces. —El rostro de Flampe se suaviza un poco.— Un hombre frío y que no se fiaría de nadie, ni siquiera de sus hermanos. Ni confiaría en ti.
—¡Tienes que confiar en mí!
—¡Pues no mates aquello que me llena de felicidad! —grita, asustando a su hermana de golpe que se echa atrás, hacia donde están los otros hombres.— ¡Te aseguro que, si vuelves hacerle daño, recibirás un gran odio por mi parte y no te volveré hablar nunca!
Eso sí que no le ha gustado para nada a Flampe. ¿No recibirá atención alguna si intenta matar a la chica? No. Se supone que tiene que ser la hermana preferida de Katakuri. Esa amenaza no le ha gustado para nada. Hasta unas lágrimas salían de sus ojos no queriendo imaginarse eso. No quería que Katakuri le hiciera el vacío por lo que corre hacia él y lo abraza con fuerza llorando con fuerza.
—¡No, onii-sama! ¡No me hagas eso! ¡Te prometo que no le haré nada a esa chica! ¡Pero no me hagas el vacío!
—Más te vale.
Aleja a Flampe de su cuerpo para marcharse de aquella habitación. Y ahora tiene que volver a la sala de recuperación donde se encontraba Len. No iba a irse lejos de ella, sería el primero en estar ahí cuando despierte. ¿Como puede ser que Flampe haya llegado tan lejos? Aunque, sabiendo como es ella, es realmente capaz de hacer cualquier cosa.
No tardó mucho en llegar al cuarto y ver que estaba vacía. Solo estaba la joven aún dormida intentando recuperarse de aquel veneno. Se sienta de nuevo y toma su mano apretándolo con fuerza mientras observaba el rostro de Len. Ella es fuerte, lo sabe; sin embargo, cuando se trata de estas cosas, uno no tiene suficiente fuerza como para soportar esa toxina. Él lo tenía claro: no podía vivir sin ella.
Solo quiere que la chica despierte y estar relajado. Saber que no la ha perdido por ese acontecimiento. Sentir sus caricias, sus besos, su risa... Los estaba echando de menos. Ahora era él quien tenía que cuidarla, que no le hiciera falta de nada. Con su pulgar acaricia con lentitud los dedos de Len. Tan fríos que necesitan algo de calor. Lo acerca hacia donde está su rostro y cierra los ojos con fuerza como pidiendo un deseo.
—Len despierta cuanto antes, por favor.
Tres días más tarde.
La respiración se vuelve algo estable como si estuviera volviendo a la normalidad. Su cuerpo vuelve a moverse por sí solo. Y, finalmente, los ojos de Len se abren dando inicios que ya había despertado de su coma. Mira alrededor con algo de confusión como intentando averiguar dónde estaba. No era su habitación la verdad. No podía esforzarse mucho porque le producía mareos. Hasta que escucha una leve respiración y un cuerpo pesado entre su estómago y piernas.
Se encuentra a un Katakuri profundamente dormido y con pintas de que quería mantenerse despierto. Y bueno que no estaba algo higiénico. Len sonríe un poco al verlo y alza la mano para acariciar lentamente la cabeza de éste. Un gruñido sale de la garganta del comandante donde va despertándose lentamente.
—Perdona... no quería despertarte...
—No importa —comenta con algo de sueño. No obstante, abre los ojos de golpe al escuchar la voz de Len y alza la cabeza para mirarla. Estaba despierta. Se acerca para abrazarla.— ¡Pensé que no te despertarías!
—Katakuri me estás haciendo daño —dice Len quejándose un poco.
—Lo siento. Estarás débil me imagino.
—Es como si me hubieran dado una paliza. —Len nunca pierde esa sonrisa que tanto le gustaba a Katakuri.— ¿Dónde estoy?
—En la enfermería. Mi hermana Flampe te envenenó.
—Ni quisiera sé porque lo hizo.
—Es mejor que no —apoya la frente en la de ella sin apartar la mirada en sus ojos.— Pensé que te había perdido.
—Es muy difícil que me muera así porque sí.
—Es que te vi sin vida alguna.
—Estoy bien, Katakuri.
Ambos se miraban con mucha fuerza y mucha ilusión. Ninguno quería apartar aquella mirada que tanto conocían y que les conectaba como ¿pareja? No estaban muy seguros, pero ninguno quería desconectar. Poco a poco, Len va bajando aquella bufanda de Katakuri mostrando aquellos colmillos que tanto le gustaba admirar. Una caricia tierna bastaba en decirle aquel hombre que se acercara sin miedo para besarla.
No lo pensó dos veces, estaba ansioso de volver a probarlos por tanto tiempo. Sus labios se rozaban a punto de dar inicio aquel beso. Sin embargo, el Haki de Observación de Katakuri se activa, advirtiendo el peligro por lo que se sube la bufanda con rapidez y ve que Brûlée entra junto con sus hermanos y el doctor.
—¡Len-chan! —Vaya, es la primera vez que llamaba así a la chica.
—Hola —saluda con todas sus fuerzas.
—Nos diste un buen susto. —Oven se acerca a la cama poniéndose enfrente.
—Os dije que iba a despertar tarde o temprano —comenta Cracker con una sonrisa amplia.
—Veo que ya está recuperada. —El doctor mira el expediente que se encontraba en la cama.— ¿Cómo se encuentra?
—Como le dije a Katakuri, parece que me hubieran dado una paliza.
—Es normal, la toxina que recibió era muy fuerte. Es muy fácil derribar a un elefante con esa cantidad.
—Ya que está despierta, ¿puede irse? —Los ojos de Katakuri se veía la desesperación de tenerla en su casa ya y tratarla a su manera.
—Aún no le puedo dar de alta. Tiene que recuperarse del todo para que pueda marcharse.
—No te preocupes. Esto no es nada —dice Len tranquilizando al grandullón.
—Es que quiero tenerte ya para mí solo —confiesa bajito Katakuri muy cerca del oído de la joven para que nadie le escuchase. Len no pudo evitar reír ante ello.
—Dentro de un rato vendrá una enfermera para traerle la comida. Con su permiso. —Y como vino, se retira.
—¡Len-chan! Perdona, no debí de haberte mandado al Mundo Espejo. —Se disculpa Brûlée casi llorando.
—No te preocupes, Brûlée. Aún sigo viva para dar el coñazo.
—Eso da miedo —responden al mismo tiempo Cracker, Oven y Daifuku no queriendo imaginar.
—Os daría una buena paliza a los tres, pero estoy demasiado débil como para hacerlo.
Katakuri sonríe por dentro viendo que la chica aún mantenía ese carácter que le gustaba él. Siente las manos de sus hermanos posarse en sus hombros.
—Onii-chan no se ha separado de ti en ningún momento.
—Con razón huele tan mal.
—No huelo mal. —Menos mal que tenía la bufanda puesta porque se ha puesto colorado por la vergüenza.
—Oh vamos, si veo perfectamente desde aquí que tienes bacterias en la cara —hace un tono de burla por molestar al comandante.
Alza la ceja Katakuri para levantarse un momento de su sitio para ir al baño que había allí. Vaya, no sé qué parecía con esas pintas.
—Bueno, aún conservo mi mirada fría.
Todos los presentes ríen ante el comentario de Katakuri. Pero esto a Len le da ternura. Ver aquel hombre esforzándose para abrirse y cuidarla como nunca le hacía ver un hombre no tan perfecto. Es humano, y esa especie puede cometer errores, al fin y al cabo. Y sabes que Katakuri deseaba secuestrarla y llevarla a su casa para cuidarla él mismo. Los cuatro hermanos dejaron a solas a esos dos para que tuvieran algo de intimidad y hablasen un poco. Nunca vieron a su hermano tan feliz desde que aquel incidente.
Despreocupado y llena de vida. Era el auténtico Katakuri que todos conocían. Len no paraba de acariciar aquel hombre que tiene la cabeza apoyada en su vientre. La verdad es que Katakuri estaba incómodo en esa posición, pero no le importaba. No quería separarse de ella en ningún momento. Puede que sus hermanos tengan razón, es hora de que le pida matrimonio porque, de verdad, le hacía sentir especial. Hasta siente un cosquilleo enorme cada vez que ella sonríe con ternura.
Y llegó la hora de la comida y ahora, la que se comportaba como una cría era Len quien estaba comiendo una comida que le desagradaba. Katakuri intenta todo lo posible para que abrirse la boca.
—No voy a comer esa porquería.
—Tienes que hacerlo si quieres que te den el alta.
—Quiero chocolate —hace un puchero.
—¿Tengo que utilizar el método que tú y yo conocemos?
—¿Cuál método? —Le mira confusa; aunque, desvía la mirada.— Aunque hicieras algo lo escupiré.
Silencio es lo que obtuvo la joven. No sabe que es lo que estaba haciendo Katakuri, así que gira su cabeza para verlo. Y no se esperó que el hombre la besa con furor y recibiendo aquella comida un tanto asquerosa a su gusto. Hasta lo tragó casi asfixiándose. Mira a Katakuri que también tiene una casa de asquerosidad.
—... Cuando te den el alta, le diré a mamá que mejoren con la comida de la enfermería.
—¿Ves? Te dije que estaba asquerosa.
—Sé la solución para quitar este sabor de boca.
—¿Cómo?
Otro beso recibe Len y esta vez era tierno y sin un toque de dominancia. Dulce como la leche. Las manos de Len se posan en el rostro de Katakuri acariciando los pómulos de éste. La verdad es que añoraban aquellos besos que encogía el corazón a cualquiera. Se separan, pero no del todo. Ambos sonríen con dulzura. Estaban tan enamorados que no podían negarlo.
El comandante no se alejará de ella en ningún momento. La cuidará como nunca como ella hace con él. Hasta leves ronroneos salen de su garganta aceptando las caricias que le daba aquella joven. Suaves y firmes dando entender que siempre estará ahí. Es lo único que le hacía falta saber Katakuri.
Y en un par de días, Len se había recuperado del todo en donde el doctor ya le dio el alta. La alegría de Katakuri aumentó demasiado que ya estaba llevando a la chica en brazos corriendo hacia la casa. Esto, de alguna forma, le hacía gracia a Len. Katakuri aprovechó uno de los espejos que repartió su hermana para coger un atajo hacia su casa. Y, qué casualidad, que ya estaban en el cuarto de aquel hombre.
Katakuri deja a Len en la cama mientras él va bajando a por la comida que habían dejado los chefs. No tardó mucho en traer aquella bandeja para ponerla en aquellas sábanas. Donuts, una tetera y dos tazas, como siempre. Len ríe al ver que Katakuri no va a cambiar en cuanto a la comida. Se acerca a él para quitarle aquella bufanda que estorbaba demasiado para ambos y va cogiendo uno de aquellos dulces para llevárselo a la boca de éste.
No dudó mucho y abrió la boca recibiendo aquella comida deliciosa para sus papilas gustativas. La verdad que la felicidad de este hombre estaba en la cúspide. Tiene a Len, a sus donuts... ¿Qué más podía pedir? Él no se quedaba atrás y hace lo mismo con ella donde recibe con gusto.
—¿Sabes que es lo que echo de menos?
—¿Ver cómo como el chocolate? —Vaya, parece que se le antojaba aquel dulce.
—No. —Su tono de voz se vuelve un tanto varonil acercándose a ella con ojos de depredador.
—¿Katakuri?
—Tengo ganas de devorar a mi plato preferido —pasa la lengua por sus colmillos en donde el cuerpo de Len tiembla.
—Si ya estás comiéndolo.
Ríe Katakuri ya muy cerca al rostro de ella.
—Sí, pero tengo otro plato preferido —posa su dedo grande en el hombro de ella para empujarla a la cama y ponerse encima de ella, sin aplastarla.— A ti.
Reseñas:
Torao405: La riña que se llevó Flampe, vamos a ver que pasará luego de eso jaja.
