Capítulo 11

Sakura se apartó con tal rapidez que chocó contra una mesita y estuvo a punto de tirar una figurita de porcelana. Nerviosa, se irguió y tiró hacia arriba del discreto escote del vestido.

—¿Eso era necesario? —preguntó Sasuke.

—¿A qué te refieres?

Mientras él seguía mirándola con turbadora intensidad, Sakura empezó a asustarse. ¿Qué estaba viendo? Si él supiera qué sentía en ese momento tendría una ventaja injusta porque, desde luego, ella no tenía ni idea. No se había sentido más confusa en toda su vida.

—El informe del tiempo ha dicho que esta noche iba a haber tormenta —murmuró Sasuke, acercándose a la ventana—. Y parece que, por una vez, no se han equivocado.

Tenía que controlarse. Él no era un extraño al deseo, pero no había dejado que controlase su vida desde que era un adolescente. Un hombre podía satisfacer sus apetitos sin ser un esclavo de ellos.

—Era una necesidad, Sakura.

—¿Qué?

—Besarte ha sido una necesidad.

Seguía siéndolo.

—Llevo tu anillo —dijo Sakura, levantando la mano—. Creo que tu padre ya ha entendido el mensaje. Y eso ha sido muy cruel —observó, pensando en Izumi.

—Estás temblando.

—¡Claro que estoy temblando! —exclamó ella, levantando la barbilla en un gesto de desafío—. No me gusta que me manosees para beneficio de tu novia.

—Pues no he oído que te quejaras.

Le gustaría borrar esa sonrisita ufana de sus labios. Y también le gustaría hacer otras cosas, pero no quería pensar en esos vergonzosos impulsos.

—¿Qué tengo? ¿Llevo una señal sobre la cabeza? —exclamó entonces, trazando una línea con el dedo—. ¿Úsame porque soy tonta?

El tipo que la había dejado plantada en la iglesia, pensó Sasuke. El debía ser el responsable de aquella pose defensiva que, en realidad, era poco creíble.

Sakura podía hacerse la dura, pero él conocía a personas duras de verdad y ella no lo era en absoluto.

¿Qué clase de idiota se echaba atrás en el último minuto después de hacer creer a una mujer que quería pasar el resto de su vida con ella?

¿Seguiría enamorada?, se preguntó.

—Pues no soy tonta —siguió Sakura—. ¿Crees que no sé que me has besado porque Izumi estaba mirando? Pero no tenías que pasarte...

—¿Sabes lo que dicen de la furia, Sakura? Que es el miedo dando la vuelta.

El miedo a las consecuencias no era mala cosa si evitaba que uno hiciera alguna estupidez.

—Muy profundo —comentó, irónica—. ¿De dónde has sacado eso, Sasuke, de una galleta de la suerte?

—¿Estás enfadada porque crees que te he besado para que nos viera Izumi?

—¡No! Creo que me has besado porque soy completamente irresistible para el sexo opuesto.

Por el momento, le gustaría ser irresistible para cierto miembro del sexo opuesto... a quien daría con la puerta en las narices.

Sí, seguro, como que eso iba a pasar.

Furiosa, Sakura se cruzó de brazos, el gesto accidentalmente levantando sus pechos y haciendo que la atención de Sasuke se fijara en su escote.

—No puedo hablar por los demás, pero eres una seria influencia destructiva para mi autocontrol.

—¿Eso es una broma?

—No.

O quizá lo era, pensó Sasuke. Una broma para un hombre que siempre se había enorgullecido de no ser esclavo de sus pasiones.

—Y a ti te pasa lo mismo.

Los ojos de Sakura echaban chispas.

—No me digas lo que siento o dejo de sentir —replicó—. Tú no tienes ni idea...

—Por favor —la interrumpió él—. No me cuentes esa tontería de que Izumi estaba aquí. Podría haber habido un coro de veinte personas y tú no te habrías dado cuenta.

Sakura se mordió los labios, sabiendo que dijera lo que dijera iba a ponerse colorada. ¿Quién seguía ruborizándose a su edad?, se preguntó. ¿Y por qué no había una píldora que curase tal aflicción?

—Porque tú besas de maravilla, supongo.

—Nadie se ha quejado por el momento —bromeo Sasuke—. Mira, no sé por qué te cuesta tanto aceptar la evidencia, pero hay una solución muy sencilla: acuéstate conmigo.

Sakura no dijo una palabra. No podía. El rubor había desaparecido, dejándola pálida como un cadáver. Lo sugería como podría haber sugerido ir a buscar su ropa a la tintorería.

Y ella lo habría tratado como una broma... si sus músculos faciales funcionasen.

—Piénsalo.

Para Sasuke acostarse con alguien seguramente no era nada emocionante y tampoco perdería el sueño si le dijera que no. Que era lo que iba a hacer...

Respondiendo a la suave presión en su espalda, Sakura empezó a caminar hacia la puerta.