CAPÍTULO XI

La boda tuvo lugar una hora antes del amanecer. Sakura estaba preciosa con el vestido de la noche anterior, y su pelo suelto caía sobre sus hombros y su espalda como si fuese seda. Sasuke llevaba una camisa limpia y su feileadh mor con los colores de su clan. Sakura no pudo evitar mirarlo de forma apreciativa. Estaba tan atractivo que le costó respirar. Estaba muy nerviosa por la boda, porque aquello era algo muy serio y definitivo, como bien le había dicho el padre Baiu. No debía tomarse a la ligera y sin embargo, cuando miraba a Sasuke y veía cómo la miraba él a su vez, la tranquilidad y la calma se adueñaban de ella, y todo le parecía correcto. Las dudas desaparecían en un instante.

Ya solo quedaba el testigo. El padre Baiu le estaba preguntando a Sasuke por él cuando Kakashi Hatake apareció. Sasuke tuvo que contenerse por no sonreír más abiertamente cuando la cara de padre Baiu y la de Sakura quedaron como paralizadas al reconocer al jefe del clan.

—Ya está aquí. Podemos comenzar —dijo Sasuke guiñándole un ojo a Sakura que pareció relajarse algo con ese gesto—. ¿Padre Baiu? —preguntó Sasuke al sacerdote cuando vio que seguía mirando fijamente a Kakashi con la boca abierta.

—Empiece, padre Baiu —dijo Kakashi alzando una ceja al mirar al sacerdote—. A ver si es posible que estos recién casados tengan un momento de intimidad antes de partir — continuó Kakashi lo que hizo que Sasuke le mirara como si quisiera atravesarlo y Sakura sintiera que un rubor desbordante teñía sus mejillas y su cuello.

El padre Baiu cerró la boca y aunque titubeó dos veces antes de comenzar, una vez iniciado el ritual todo fue como la seda. Sasuke y Sakura colocaron sus manos unidas bajo un trozo de tela con los colores Uchiha para, más tarde, símbolo de su unión, Sasuke poner en el dedo anular de Sakura el anillo que el día anterior le hizo Chūk. Un aro de hierro que lejos de estar cerrado daba vueltas sobre su eje generando una espiral.

Sakura sintió el anillo en su dedo cuando Sasuke lo puso en él, y contrario a lo que pensaba que sentiría, en ningún momento ese trozo de metal supuso algo extraño en su piel. Era como si ya fuese parte de su mano.

El padre Baiu terminó, formalizando su unión y sellando Sasuke el vínculo con un beso, un suave roce en los labios.

Kakashi los felicitó y fue con ellos dentro, conminándoles a un desayuno un poco más tarde, dejando a los recién casados ese rato de intimidad.

Sakura y Sasuke estaban en la habitación de Sakura. Esta le había pedido hablar a solas un momento y ahora que estaban juntos, no sabía cómo comenzar a decirle lo que la estaba carcomiendo por dentro.

Sasuke se había apoyado en la mesa que había cerca de la ventana y Sakura daba vueltas arriba y abajo de la habitación intentando comunicar algo que a todas luces no sabía cómo verbalizar, porque cuando parecía reunir valor para encarar a Sasuke, solo le salía un leve barboteo y volvía de nuevo andar arriba y abajo, más deprisa aún, como si esa velocidad fuera a proporcionarle el valor que necesitaba.

Sasuke pensó que si no la ayudaba, les iba a dar allí el festival de primavera esperando a que Sakura se decidiera.

—Sakura, ¿puedes parar un momento? Si sigues así vas a degastar el suelo —dijo Sasuke con su perpetua sonrisa.

Sakura se paró en seco y le miró. La forma en que una de sus manos apretujaba en un puño parte de la falda de su vestido denotaba su nerviosismo.

—Nos hemos casado —dijo moviendo su otra mano en el aire con cierta teatralidad que Sasuke sabía que era totalmente sincera. Parecía que a Sakura le estaba costando asimilar lo que habían hecho solo un instante antes.

—Lo sé —dijo Sasuke con una suave risa que hizo que su pecho se moviera ligeramente—. Estaba allí.

Sakura le miró seriamente alzando una ceja.

—No tiene gracia, Sasuke Uchiha —dijo remarcando todas las sílabas para darle rotundidad a sus palabras.

Él no pudo contenerse al ver la seriedad y el gesto de enfado de Sakura. La suave risa se convirtió en una carcajada.

Sakura apretó los labios y cogió su falda con ambas manos apretando la tela entre ellas.

—Está bien —dijo Sasuke finalmente cuando vio que Sakura estaba a punto de estallar. Esta faceta suya le volvía loco—. Lo siento, pero creo que deberías relajarte. Sí, nos hemos casado, pero nadie lo sabe salvo el padre Baiu y Kakashi y no se lo van a decir a nadie. No tiene por qué cambiar nada, Sakura. Relájate, todo va a salir bien.

Sasuke vio como el pequeño enfado de Sakura daba paso a una expresión de desasosiego.

—No todo va a seguir igual. Yo... nos hemos casado y... para que sea... para que...

Sasuke dejó su postura relajada y se acercó a Sakura, tomando sus manos entre las suyas. Cuando las cogió, estas estaban frías y temblaban ligeramente. Lo que fuera que quería decirle le estaba costando mucho, y Sasuke no quería que nada la perturbara. Quería que después de esa mañana Sakura pudiese respirar con tranquilidad nuevamente. Que se sintiese segura y protegida, y que supiera que ahora nada podía tocarla.

—Sakura, tranquila. Sé que nos conocemos desde hace poco, pero creo que después de lo que hemos hablado y de lo que hemos vivido en los últimos días tenemos la confianza suficiente para que me puedas contar lo que te está alterando. Solo dilo —dijo Sasuke con ganas de estrecharla entre sus brazos.

Sakura bajó la vista. Sabía que no iba a ser capaz de decir las palabras si le miraba directamente a los ojos.

—Para que sea legal hay que consumar el matrimonio, ¿verdad? —soltó al fin de un tirón, sintiendo como su estómago se revolvía y el rubor coloreaba sus mejillas haciendo que un calor insoportable le subiese desde el pecho hasta el rostro.

Sasuke sonrió ampliamente sin que Sakura le viese. Esa timidez e inocencia le llenó de ternura. Después borró de sus labios toda huella de esa sonrisa antes de levantar el rostro de ella hacia arriba con suavidad para que le mirase a los ojos. No quería que pensase que sus palabras le parecían carentes de importancia o le hacían gracia. Nada más lejos de la realidad.

—Sakura, nadie sabe lo que está pasando en esta habitación en este instante. De hecho estoy seguro que Kakashi estaría más que dispuesto a testificar si hiciese falta que después de la boda los novios estuvieron a solas en la habitación el tiempo suficiente como para haber cumplido ese requisito.

Sakura le miró por primera vez a los ojos desde que le dijera lo que la preocupaba.

—Lo sabríamos los dos. A ti no... ¿no te importa? —preguntó Sakura.

Sasuke vio esperanza en su mirada, esperanza de que él no quisiese esa intimidad con ella en ese instante y maldijo para sí. Lamentó que le hubiesen robado todo tipo de ilusión, de espontaneidad, de nerviosismo positivo, de curiosidad sexual.

Sasuke suspiró hondo antes de hablar.

—Cuando salgamos de esta habitación solo habrá una cosa clara para nosotros y el resto del mundo y es que hemos consumado este matrimonio independientemente de lo que pase en realidad. Yo te deseo, Sakura, eso no voy a negarlo, pero puedo esperar. Tú marcarás los tiempos en nuestra relación.

Sakura sintió como la presión en el pecho desaparecía. Miró a Sasuke a los ojos y vio sinceridad, y determinación en ellos. El hecho de que él le hubiese dado el poder para decidir, para tener el control absoluto sobre su relación, la hicieron perder parte de ese miedo que la atenazaba por dentro. Y la hicieron ser arriesgada. Le dio el valor suficiente para tomar una decisión.

—Si... si lo intentáramos, ¿podrías parar cuando te dijese? —preguntó Sakura con un hilo de voz que a Sasuke le afectó.

Verla así de indefensa le llevó a apretar la mandíbula en un acto reflejo. Era muy difícil no querer en aquel instante coger al bastardo de Kinuta y torturarlo lentamente.

—Sakura, no tenemos que hacer nada. No tienes que preocuparte por eso más —dijo Sasuke con rotundidad.

Sakura negó con la cabeza. Sasuke no lo entendía. El hecho de saber que no tenía por qué consumarlo en ese instante la hizo darse cuenta de algo. Posponer ese momento era peor, porque entonces solo podría pensar en cuando ocurriría, y más que otra cosa deseaba estar tranquila. Quizás era mejor ser fuerte y pasar por ello ahora. Cuanto antes terminara, antes podría respirar con normalidad. No quería estar días y días con ese nudo en el estómago que le apretaba de tal forma que a veces estaba segura de que la asfixiaría sin más.

—¿Podrías? —volvió a preguntar Sakura con el corazón en un puño y toda su ansiedad brotando de cara poro de su piel.

Sasuke empezó a entender lo que estaba ocurriendo. Se lo veía en el rostro y sus ojos confirmaron sus sospechas cuando buscaron los suyos en busca de una respuesta.

—Podría —dijo Sasuke con seriedad. Cuando vio cambiar la expresión de Sakura, soltar el aire que había estado conteniendo y relajar la tensión de los hombros y de todo su cuerpo al recibir su respuesta, Sasuke sintió una oleada de protección hacia ella como jamás en la vida había sentido hacia nadie—. Pero no hay necesidad de ello, Sakura —insistió, retirándole con la mano varios mechones de su sedoso pelo que traviesamente reposaban sobre el pecho de ella.

La joven se mordió ligeramente el labio como si estuviese pensando algo, como si el destino del mundo estuviese en sus manos y debatiese internamente sobre qué decisión tomar.

Con delicadeza, subió su mano y la puso en el pecho de Sasuke, encima de su corazón. Sakura pudo sentir el latido fuerte de ese músculo bajo la palma de su mano. Después la subió, pasando sus dedos por el lateral del cuello del hombre, casi retirándola de golpe cuando sintió que él apretaba la mandíbula bajo su tacto. Sasuke pareció percatarse de ello porque rápidamente cogió su mano y la mantuvo sobre su cuello haciéndole saber que ese era su lugar, y que quería que siguiera con su exploración. Sakura sintió el pulso en una de las venas y juraría que el latido que antes era lento y regular ahora era más veloz y errático. Siguió su avance; su mano alcanzó la mejilla de Sasuke. Su mandíbula, estaba ligeramente áspera por el vello sin rasurar de varios días. Creaba en su rostro una sombra que a Sakura le gustaba. Le hacía parecer algo salvaje y muy masculino. Se detuvo sobre esa sombra y se deleitó con su contacto. Sus dedos, por inercia, se movieron hasta los labios de Sasuke. Plenos y duros, se entreabrieron cuando pasó sobre ellos, y el recuerdo de su lengua enredada en la suya hizo que por primera vez desde que empezó su exploración el deseo contrajera su vientre, tomándola por sorpresa. Tocó su nariz, siguiendo con el dedo índice su perfecta silueta. Era una nariz recta y proporcionada. Perfecta, pensó. Cuando se atrevió a mirar la profundidad de sus ojos negros, esa descripción se le quedó demasiado escasa. Su iris era de una riqueza cromática más compleja. Las pestañas que los enmarcaban eran largas y de color negro azabache; conferían a su mirada una profundidad que cuando no sonreía, como en ese momento, parecían querer atravesarle el alma.

Sakura bajó su mano hasta colocarla de nuevo en su cuello, enredando los dedos en sus cabellos. Esos mechones rebeldes parecían estar hechos para que ella los tocara.

—¿Estas segura? —preguntó Sasuke con un tono de voz que hizo que Sakura sintiese nuevamente el miedo atenazar su estómago. Era deseo lo que escuchaba en su voz y lo que veía en sus ojos. Pero él le había prometido parar si así se lo pedía y Sakura confiaba en él. No sabía por qué, pero sentía en su interior que podía hacerlo. Así que siguió su instinto.

—No, no estoy segura, pero quiero intentarlo. Temo que si espero más, este miedo que siento pueda hacerse mayor y entonces el valor que tengo en este instante se evapore para siempre. La espera me produciría mayor ansiedad. No quiero seguir viviendo así.

Sakura estaba tan absorta en sus miedos que no se había dado cuenta de cómo sonaron sus palabras hasta que vio un atisbo de decepción en los ojos de Sasuke.

—Lo siento —dijo de repente avergonzada—. No tenía derecho a decir eso, solo he pensado en mí y no en cómo podían sonar mis palabras. Parece que es una obligación y que voy camino a mi ejecución. Imagino que eso es lo que menos espera y desea un hombre de la mujer con la que se casa y debe compartir su lecho. He sido una egoísta, después de lo que has hecho...

Sasuke acalló la diatriba de Sakura con un beso. Llevaba desde que la vio en la pequeña capilla, antes de casarse, deseando hacer precisamente eso. Al principio fue despacio, besos tiernos y suaves, pero cuando escuchó un gemido proveniente de la garganta de Sakura, ahondó el beso y saqueó su boca, sintiendo que muy lejos de saciarse, el sabor adictivo de Sakura lo volvería loco. La atrajo hacia sí, pegando sus cuerpos, notando como Sakura se iba relajando según el beso se iba dilatando en el tiempo. Ella se lo estaba poniendo difícil porque después de un inicio tímido, ahora estaba asaltando a su vez la boca de Sasuke con la misma osadía y deseo que el suyo propio. Eso le hizo ser un poco más atrevido e intentar dar un paso más allá. Sin dejar de besarla, colocó las manos sobre sus hombros y bajó lentamente las mangas de su vestido, que se deslizaron hasta los codos. Sakura entonces rompió el beso.

Sasuke dio un paso atrás para mirarla a los ojos. Estuvieron así varios segundos. Sasuke diciéndole sin palabras que no se movería hasta que ella diera su permiso y ella intentando reunir el valor para seguir. Cuando Sakura movió sus brazos para que el vestido terminara de deslizarse por sus brazos cayendo por su cintura y después hasta sus pies, quedando solo vestida con la camisola que llevaba bajo el mismo y que dejaba entrever las curvas de su cuerpo, Sasuke tragó saliva. Cogió la mano de Sakura y la llevó hasta el broche que sostenía su feileadh mor. Sintió sus dedos temblar bajo los de él cuando lo quitó y la parte de su hombro quedó desprovista de los colores del clan Uchiha. Después, antes de que Sasuke la guiara de nuevo, Sakura posó sus manos sobre su camisa, sacando la parte inferior de su confinamiento. Sasuke la miró y alzó una ceja, lo que hizo que Sakura casi esbozara una pequeña sonrisa. Se armó de valor y tiró de la camisa hacia arriba ayudando a Sasuke a quitársela, arrojando la misma después al suelo, junto a su vestido.

Sakura se quedó parada un instante. El pecho de Sasuke parecía esculpido en piedra. Ya lo había visto sin parte de la camisa cuando su prima Shizune le curó la herida, pero ahora lo podía observar al completo. Salvo por el vendaje de su hombro, que no permitía ver esa porción de piel, sus músculos estaban tan definidos que sin pensar pasó sus dedos por su estómago para comprobar que esos pequeños cuadrados que marcaban su piel no eran producto de la luz. Sintió contraerse esos músculos bajo su contacto y a Sasuke sisear por lo bajo, como si el hecho de que ella le hubiese rozado le afectase en exceso. Le miró a los ojos y vio la mirada de Sasuke oscurecerse, cargada de promesas que ella no sabía entender; sin embargo, también vio en ellos determinación y en todo momento su lucha por la contención fruto del cumplimiento de la promesa que le hiciese. Eso la tranquilizó lo suficiente como para mirarlo, diciéndole sin articular sonido alguno las palabras que dictaba su corazón. «Confío en ti». Y para demostrárselo, tomó su mano entre las suyas y la guió hasta ella, hasta su mejilla. Le estaba dando permiso para que diera el siguiente paso.

Sasuke pensó que si sobrevivía a ese día sería un milagro. Sakura no sabía lo que estaba haciendo pero sus actos, producto de su curiosidad, fruto de la inexperiencia, de su inocencia, le estaban matando. Era lo más erótico y enloquecedor que había visto en toda su vida. Solo cuando miraba a sus ojos y veía en ellos el eco del pánico y el miedo que estaba dominando a fuerza de voluntad, era cuando volvía a ser consciente de que su contención, su autodominio, su delicadeza a la hora de tocarla, de tratarla, eran cruciales para que aquello saliese bien y Sakura pudiese pasar por ese trance sin que incrementara aún más el trauma que ya sufría.

En ese momento no solo el deseo le dominó. El deseo de protección, la ternura, y la admiración por aquella mujer, su esposa, se abrieron paso dentro de él completando unos sentimientos difíciles de contener.

Sasuke bajó su mano y la llevó al hombro donde el borde de la camisola descansaba delicadamente sobre su piel. La miró y no apartó la vista de sus ojos. Cualquier atisbo de cambio en aquellas profundidades verdes como el brezo y pararía. Lentamente, retiró la fina tela de su hombro. Se dio cuenta cuando Sakura entendió lo que iba a hacer porque vio un pequeño titubeo en su mirada. La sintió temblar ligeramente antes de coger con su mano la de él y describir el movimiento necesario para que la prenda cayera a sus pies junto al vestido.

Sasuke tragó saliva. Esta vez casi de forma dolorosa. El cuerpo de Sakura era precioso. Unos pechos plenos, con unos pezones pequeños y sonrosados se erguían hacia arriba coronando una exquisitez que estaba ansioso por saborear. Una cintura estrecha y una cadera ligeramente redondeada que daba paso a su femineidad y a unas piernas esbeltas y largas con las que a Sasuke le gustaría rodearse mientras se hundía profundamente en ella. Esos pensamientos no favorecieron en medida alguna el mantener su autocontrol, que ya gritaba por que le dejaran liberarse de los grilletes con los que se mantenía cautivo.

—Eres preciosa, Sakura —le dijo mirándola a los ojos.

La veía nerviosa, el rubor había teñido sus mejillas y el leve temblor de antes se había convertido en uno difícil de disimular. En sus ojos pudo ver un atisbo de miedo que se iba adueñando de ellos a pasos agigantados.

—Eres una mujer muy valiente, Sakura. No tenemos por qué llegar más allá. Has forzado demasiado y no tienes por qué, jamás te sientas obligada a nada y menos conmigo —dijo Sasuke agachándose para coger la camisola de Sakura a fin de cubrir nuevamente su cuerpo. Pero no pudo, Sakura se interpuso, y le paró, uniendo su cuerpo al suyo y abrazándole por la cintura. Sasuke reprimió un gemido cuando sintió sus pechos sobre su piel y todo su cuerpo encajado al suyo.

—No —dijo Sakura y Sasuke pudo escuchar cómo se le quebraba la voz al final—. Confío en ti. Por favor —le dijo con el sonido del llanto contenido.

Sasuke la abrazó a su vez, y así la sostuvo durante unos minutos hasta que escuchó cómo los pequeños sollozos remitían y Sakura volvía a calmarse en sus brazos.

—Está bien —dijo Sasuke separando a Sakura ligeramente de él, lo suficiente para que pudiera verle el rostro—. Si tú confías en mí, entonces yo confiaré en ti. En que me dirás exactamente qué sientes en cada momento, que me dirás que pare cuando no puedas o no quieras seguir, que no harás jamás nada que no quieras hacer, jamás. Y menos entre mis brazos. Prométemelo, porque habrá un momento en el que el deseo se adueñe de la situación y tendrás que decírmelo.

Sakura asintió y Sasuke no necesitó más. Se quitó su feileadh mor y, desnudos completamente los dos, la cogió en brazos y la depositó con delicadeza encima de la cama, donde las sábanas blancas les dieron la bienvenida. Sasuke se tumbó a su lado y sin dejar que Sakura pudiese pensar, la besó con un beso abiertamente carnal. Ese beso, que hizo estremecer a ambos, eclipsó cualquier pensamiento, cualquier dolor que pudiese interponerse en ese instante. Los pequeños gemidos que surgían de la garganta de Sakura hicieron que Sasuke bajase lentamente una de sus manos por su brazo, tocara sus costillas y subiera lentamente hasta alcanzar un pezón. Sakura dio un pequeño respingo pero Sasuke siguió tocándolo suavemente, cogiéndolo entre dos dedos y acariciándolo hasta que lo tuvo erguido. Entonces interrumpió el beso, bajó su boca hasta ese pezón y lo capturó entre sus dientes, succionando lentamente, rozando con su lengua la cúspide y deleitándose con su sabor y su dureza. Sakura se arqueó levemente haciendo que Sasuke se metiera el pezón entero en la boca, chupándolo hasta que escuchó el pequeño grito de placer de los labios de ella. Luego se dirigió al otro, otorgándole el mismo tratamiento. Mientras lo lamía, bajó una mano por el vientre de Sakura hasta que sus yemas tocaron el vello que adornaba el centro de su femineidad. Con cuidado deslizó los dedos hacia abajo, introduciéndose entre sus pliegues hasta que encontró el pequeño botón de carne que lo volvía loco. Lo tocó con cuidado, lentamente, para que Sakura se acostumbrara. Se había tensado un poco entre sus brazos y aunque Sasuke estaba enajenado por el deseo, todavía era consciente de las señales que mandaba el cuerpo de la joven. Cuando esta separó levemente las piernas, Sasuke empezó a crear magia con sus dedos. La tocó con maestría y cuando la sintió húmeda, deslizó un dedo en su interior. Estaba extremadamente estrecha. Sakura gimió y Sasuke aumentó su presión, introduciendo esta vez dos dedos. Cuando sintió que la respiración de Sakura se hacía más trabajosa, dejó su pezón y la besó muy despacio, sin dejar de tocarla íntimamente. Bajó después su boca, dejando un rastro de pequeños besos por todo su cuerpo hasta llegar a su cintura, después retiró los dedos de su interior y la besó, primero en su monte de Venus y después en el mismo centro de su femineidad, introduciendo lentamente su lengua en su interior. Sakura lanzó un pequeño grito y levantó la cabeza, tirando del pelo a Sasuke.

Este levantó la cabeza y la miró a los ojos, unos ojos velados por la pasión.

—Confía en mí —le dijo Sasuke con la voz entrecortada—. ¿Quieres que pare? —le preguntó cuándo Sakura no articuló palabra alguna. Pareció dudar pero al final negó con la cabeza, soltándole, y agarrándose a las sábanas, las cuales apretó entre sus manos. Sasuke bajó la cabeza y lamió sus pliegues antes de introducir su lengua en su interior. Las manos de Sakura se aferraron aún más a las sábanas mientras Sasuke parecía estar deleitándose con un delicioso manjar. Chupó, lamió y penetró con su boca y su lengua cada centímetro de su sexo hasta que Sakura se arqueó, jadeando como si le faltase el aire. Sasuke cogió las piernas de Sakura para que no se moviese y para tener mejor acceso a ella y aceleró las embestidas de su boca, hasta que la sintió tensarse y lanzar un grito de agonía. En ese momento abandonó su sexo, siguió con sus dedos, y la abrazó mientras los vestigios del orgasmo se iban atenuando poco a poco. Quería ver su cara, su expresión, mientras temblaba todavía por la pasión.

Sasuke vio la incertidumbre, la incredulidad en los ojos de Sakura cuando le miró.

—¿Qué ha sido eso? —le preguntó temblorosa.

—Una promesa —dijo Sasuke con esa sonrisa canalla que tanto le empezaba a gustar—. Te prometo que siempre obtendrás eso entre mis brazos. ¿Quieres que pare? —le preguntó por última vez Sasuke.

—No, no quiero que pares —contestó Sakura con voz temblorosa.

Tras su respuesta, se colocó con cuidado sobre ella, entre sus piernas, y la besó. Besos lentos y tiernos, besos que después fueron incrementando la pasión hasta que la danza de sus lenguas volvió a arrancar gemidos y gruñidos de ambos.

Sasuke posicionó su sexo en la entrada de Sakura y lentamente se introdujo en ella. Cuando iba por la mitad la sintió tensarse.

—No deberías estar tan estrecha pero creo que es mejor que lo haga rápido. Puede que te duela un poco.

Sasuke odiaba hacerla daño, pero si seguía así, sería una tortura para ella y para él, que a duras penas podía dominarse. De una sola embestida, la penetró totalmente y entonces Sakura gimió de dolor y Sasuke se tensó en sus brazos con una maldición en sus labios y la incredulidad resonando con fuerza en su interior.

Sakura era virgen. O por lo menos lo había sido hasta ese instante.

Sasuke se tragó su desconcierto y besó a Sakura en las mejillas, donde unas lágrimas habían acabado su recorrido.

Volviendo a maldecir, la miró a los ojos.

—Tranquila, ya no habrá más dolor, lo juro —dijo Sasuke con intensidad, antes de salirse casi plenamente de ella, para después volver a embestir en su interior con cuidado, una y otra vez.

Sakura sintió que el dolor comenzaba a convertirse en placer, y quería, necesitaba moverse. Las sensaciones que se arremolinaban nuevamente en su vientre así se lo exigían, así que empezó a hacerlo al compás de las embestidas de Sasuke, y acabando con la poca cordura del Uchiha.

—Envuélveme con tus piernas —le dijo él, más como un ruego que como una petición.

Sakura así lo hizo. El ángulo cambió y las penetraciones arrancaron pequeños gritos de los labios de la joven, que aferrándose a él sintió como todo su cuerpo se tensaba y se fracturaba de nuevo en mil pedazos. Se arqueó mientras una fuerza devastadora la recorría entera haciéndola gritar el nombre de Sasuke.

Sasuke embistió una, dos, tres veces más, y con un ronco gruñido se vació dentro de ella, cayendo totalmente exhausto entre sus brazos después de experimentar el orgasmo más devastador de toda su vida.