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Sakura No Tabi

° Sociedad de Almas °

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Rukia se despertó en la mansión Kuchiki como todos los días, bajó a desayunar y se encontró con su hermano político, aún era un poco raro compartir el desayuno pero no era algo que le desagradara a pesar del silencio que reinaba.

Byakuya dio por terminado su desayuno y se levantó de la mesa.

― Nii-sama ¿No piensas comer más?

El capitán no había tocado buena parte de los alimentos.

― Tengo asuntos que atender ― explicó el hombre ― Ten un buen día Rukia. Permiso

La pequeña Shinigami se preocupó, probablemente su hermano estaba enfermo, tendría que hablar con Sakura para que pudiera ayudar al cabeza del clan Kuchiki.

Por su parte Byakuya se dirigió al sexto escuadrón y al llegar, Renji ya se encontraba en su oficina esperando por él.

Terminó de darle las debidas instrucciones diarias a su teniente.

― Renji ― llamó el capitán antes de que el pelirrojo saliera de su despacho ― Trae comida para dos personas.

― Enseguida Taicho…

Una duda asaltó a Abarai por el camino ¿Para quién era el desayuno?

― Renji…

― Sakura, has llegado más temprano de lo usual ¿Sucede algo?

― Nada, a partir de ahora me reuniré con Kuchiki-san más temprano.

― ¿Es que te está yendo mal en los entrenamientos?

― No, ha aceptado desayunar conmigo todos los días…

La kunoichi le soltó de golpe la información provocando que el teniente cayera de la impresión.

― ¿¡Kuchiki-taicho!? ¿Estamos hablando del mismo Kuchiki Byakuya?

― ¿Tan raro es?

― Bueno… Kuchiki-taicho no es muy sociable… no es común.

― Es que quiero conocerlo ― se sinceró la joven con nerviosismo ― Rukia y tú lo admiran mucho y he podido ver que es alguien bastante fuerte…

― Eres valiente niña, no todos se acercan al capitán ― dijo Renji con una gran sonrisa y revolvió su cabello con gran fuerza.

― Duele… Eres demasiado bruto ― se quejó Sakura deteniendo la mano del teniente ― Tienes mucha fuerza.

― Mira quien lo dice, la chiquilla que puede destruir edificios enteros con su puño… Hasta Rukia es más femenina que tú ― habló Renji sin pensar, como muchas veces lo hacía.

― ¿Qué dices sobre mí, Idiota?

― Rukia…

Abarai podía sentir emanar un aura peligrosa de Rukia y Sakura.

― No lo he dicho a propósito…

Sabía que defenderse no valdría de nada.

Antes de que pudiera huir de las dos chicas, ambas lo tomaron por las solapas del traje, lo zarandearon con fuerza y le dieron dos golpes en la cabeza, uno cada una.

― A ver si lo vuelves a decir… ― exclamó la shinigami con los brazos cruzados.

Sakura bufó estando de acuerdo con su amiga.

― A todo esto ¿Qué haces aquí Rukia? ― preguntó Renji recuperándose, debía de desviar su atención sino quería que ambas lo siguieran golpeando.

― Venia a ver a Nii-sama, esta mañana no comió como debía y me preocupa.

Renji sonrió con complicidad y codeó a Rukia.

― Vamos enana, acompáñame ― el teniente la cargó con un brazo ― Sakura, Kuchiki-taicho te espera en su despacho, regresaré en seguida.

― ¡Bájame Renji!

― No tardaremos…

Ambos se alejaron dejando a la kunoichi sin poder decir nada.

¿Qué le había picado a Renji?

― ¿¡En serio!?

Escuchó gritar a Rukia a lo lejos.

Les preguntaría después, llegó a la oficina del capitán.

― Pase…

― Kuchiki-san.

― Adelante Haruno.

― Gracias por aceptar mi petición ― la joven le hizo una pequeña reverencia seguida de una sonrisa amable.

Byakuya la condujo a la mesa que ya conocían, esperarían a que Renji llegara con los alimentos.

Un silencio llenó la habitación.

― No bromeaba Renji cuando dijo que no era muy sociable ― dijo Atai en su mente.

― ¿Has descansado lo pertinente?

― Eh… Si, el día de ayer comenzó el tratamiento de Ukitake-san y me he desmayado del cansancio pero me encuentro más recuperada, no se preocupe Kuchiki-san, mi rendimiento no volverá a bajar.

El hombre asintió pero ¿qué tan bien podía estar la chica si se había desmayado…?

¿Tan agotador era tratar al capitán de la Decimotercera División?

― ¿Han sido satisfactorios los resultados del tratamiento? ― se animó a preguntar.

― Si, esta misma noche continuare, será difícil y largo pero lograre curar a Ukitake-san en un mes, después de ese tiempo tendrá que tomar su medicamento por medio año y estará completamente sano.

Byakuya pudo ver en los ojos de la joven una fuerte convicción.

Sakura no dejaba de pensar en el tiempo, no podía tardar más de un mes… No sabía cuándo es que Aizen atacaría e iría por ella.

No podía arriesgarse a que el capitán de cabellos blancos recayera sino lograba completar el mes de tratamiento.

― Con permiso Kuchiki-taicho.

Renji y Rukia entraron, ambos con una enorme sonrisa y con bandejas de comida.

― Rukia ― llamó Byakuya pidiendo un explicación de su presencia.

― Nii-sama, disculpa la intrusión pero venía a ver a Sakura pero me he topado con Renji y decidí ayudarlo a traer lo que has pedido.

― ¿A mí? Creí que habías dicho que venias a ver a…

― Disfruten su comida, con permiso Nii-sama, Sakura.

Rukia salió rápidamente junto a Renji.

La kunoichi sabía que tenía que hablar con sus amigos y saber qué era lo que se estaba perdiendo porque definitivamente algo interesante estaba pasando.

Itadakimasu… ― dijo Sakura y comenzó a comer gustosa.

El capitán la siguió, comiendo tranquilamente.

― Haruno ― habló el hombre después de algunos minutos ― ¿Qué cargo tenías en tu mundo?

La joven se quedó pensando algunos segundos.

― Mmm… Realmente solo soy Chūnin, un rango no muy alto.

Byakuya no estaba satisfecho con la respuesta.

― ¿Cuál fue tu participación en la guerra? ¿Eras solo parte del cuerpo médico?

Sakura se desconcertó por las palabras del capitán, era cierto que nunca había dado grandes detalles de su vida, solo Yamamoto-Genryūsai sabía quién realmente era ella.

Como lo pensaba, Kuchiki Byakuya era implacable y sumamente analítico.

La había descubierto.

― ¿Le gustaría verlo?

― ¿Verlo?

Sin aviso alguno se encontraba en un lugar diferente, un campo de batalla totalmente destruido, a lo lejos pudo ver una enorme criatura encerrada en lo que parecía un campo de fuerza.

Sacó su Zanpaku-tō y se puso en posición defensiva.

― No tiene nada de qué preocuparse Kuchiki-san, es solo una ilusión.

Sakura se encontraba a su lado.

― ¿Esa criatura no es real?

― Lo fue, eso es el bijū de diez colas… La bestia a la que nos enfrentamos.

Pudo ver una gran cantidad de ninjas pelear y muchos más caer, como es que la joven sanaba a un rubio y un chico de cabellera negra llegaba a ellos.

Vio a la kunoichi pelear a la par con el rubio y el azabache… Observó cómo es que aquella deidad tomaba forma y los atacaba con poderes dignos de un dios…

Una lucha de titanes se estaba dando frente a sus ojos, técnicas poderosas colmaban la batalla.

Mirar como la kunoichi ayudaba a encontrar al chico de cabello negro fue sorpréndete a sus ojos y mucho más verla golpear a la diosa con valentía y fuerza evitando que escapara, logrando sellarla.

Había presenciado la trinidad que formaba el equipo 7 original, tres jóvenes que tenían un enorme legado tras ellos.

Byakuya tuvo que parpadear varias veces al verse de nuevo en su oficina, frente a la kunoichi.

― ¿Verdad que Naruto, Sasuke-kun, Kakashi-sensei y Obito-san estuvieron geniales? ― formuló con gran orgullo en su voz.

No lo negaba pero…

― Tu participación no ha sido menos sorprendente que la de ellos.

Y era cierto, no podía encontrar palabras para expresar lo admirado que estaba.

Él la consideraba una oponente digna, con grandes habilidades, ahora frente a él estaba una mujer digna de su respeto y admiración.

― Gracias Kuchiki-san ― dijo Sakura con una gran sonrisa por el elogio del capitán, posó una dedo sobre sus labios ― Este será nuestro secreto…

Byakuya sintió un corazón latir con fuerza ante la imagen que tenía frente a él.

Y eso lo inquietó porque sabía qué era esa sensación.

Sakura se encontraba buscando a Renji después de su entrenamiento y almuerzo con el capitán Hitsugaya, se divertía mucho con él.

― ¡Renji!

El teniente se extrañó al ver a la kunoichi.

― ¿Qué haces aquí?

― He querido pasar el rato contigo antes de ir con Ukitake-san.

El pelirrojo arqueo una ceja, no dudaba de las palabras de la joven pero era raro.

― Estoy entrenando ¿Quieres intentarlo?

Abarai recargó su espada en su hombro, siempre quiso medir las habilidades de la chica, por algo había derrotado a su capitán.

― Claro que sí, pero ¿Qué te parece si esta vez lo hacemos a mi modo? No he tenido con quien entrenar mi Taijutsu desde que llegue.

La confusión llenó la cara del teniente.

Después de una breve explicación sobre que era el Taijutsu.

― ¿Estas loca? No puedo golpearte.

― Ella te va a golpear a ti…

― ¿Qué haces aquí Rukia?

― Seguí el reiatsu de Sakura ― contestó con una sonrisa socarrona ― Te hará papilla Renji.

― ¡Ja! Eso lo quiero ver ― dijo el teniente subiendo las mangas de su kimono.

― Espera un momento ― pidió la kunoichi, rápidamente sacó las pesas que Tsunade le había dado, se las puso y puso un poco de chakra en ellas, sintió el peso extra en sus cuatro extremidades ― Listo Renji.

Ambos tomaron posiciones frente al otro.

El pelirrojo se apresuró a atacar pero fue fácilmente esquivado, volvió a intentarlo y el resultado fue el mismo, en un rápido movimiento Sakura lo empujó, tirándolo al suelo.

― Deja de jugar, no tienes que dudar.

Abarai chasqueo la lengua y se puso de pie.

― Bien…

Esta vez Renji atacó con fuerza, la joven lo esquivó con dificultad por el peso extra que tenia.

Sakura le lanzó una patada y lo arrojó algunos metros.

― Nunca había peleado de esta manera ― exclamó el teniente limpiando un poco de sangre de su boca con el dorso de su mano ― Pero me agrada.

Ambos se enfrascaron en una pelea de Taijutsu, el teniente tratando de seguirle el paso lo mejor que podía a la kunoichi.

― Has aguantando, Renji ― comentó la shinigami al ver a su amigo en el suelo y respirando pesadamente.

― Te lo dije Rukia…

― Tienes una buena condición física, no entiendo cómo es que no has podido ganarle a Kuchiki-san ― opinó Sakura, ella sabía la meta que tenía Renji.

― Taicho es muy poderoso y veloz, aun me falta mucho para alcanzarlo.

Veloz…

Si, Kuchiki Byakuya era sumamente veloz.

― Renji, pelea conmigo invocando tu bankai.

Ambos shinigamis la miraron sin decir palabras pero el pelirrojo lo hizo, invocó a Zabimaru.

Una gran serpiente se hizo presente.

― Increíble… ― dijo Atai con un silbido.

― Estoy lista, puedes atacar.

El teniente comenzó a atacar, al principio Sakura tuvo problemas en esquivar los ataques pero pudo percibir el punto débil de Renji.

Saltó bastante alto y arrojó una patada contra Zabimaru, dividiéndolo por la fuerza, aprovechó la sorpresa de Renji y lo atacó directamente con sus puños.

El shinigami había perdido.

― ¿Cómo lo lograste tan rápido? ― preguntó al ser curado por la kunoichi.

― Durante la pelea vi tu punto débil, todos lo tenemos, nuestro trabajo es hacerlo menos visible a los ojos de nuestro oponente.

― ¿Cuál es el punto débil de Renji? ― intervino Rukia con curiosidad.

― Es lento al dirigir a Zabimaru ― explicó Sakura, luego se dirigió a Abarai ― con observar el movimiento de tu brazo pude ver los ataques qué harías… Concentras toda tu fuerza en guiar a Zabimaru en una dirección y descuidas por algunos segundos tu entorno, ataques como los de Senbonzakura te harán caer rápidamente.

El teniente no dijo nada, nunca se había percatado de esos detalles y la Kunoichi solo le bastó combatir con él una vez para notarlos.

― ¿Puedes ayudarme a corregirlos?

― No sé si será de ayuda per necesitar ser más veloz y solo conozco una forma de hacerlo ― la joven se quitó las pesas de sus brazos y se los colocó al pelirrojo ― tu shunpu es bueno pero nos concentraremos en los brazos.

― ¿Cuánto peso tiene esto?

― Diez kilos cada una…

Renji hizo cuentas y la chica estaba peleando con cuarenta kilos extras… Pese a ello le ganó, estaba tomando la mejor decisión al pedirle ayuda.

― Por favor ayúdame a mejorar, Sakura.

La kunoichi asintió con una sonrisa.

Rukia miraba ese emotivo momento y también quiso participar.

― ¡Y-Yo también quiero unas pesas! ― pidió con nerviosismo ― Quiero entrenar como Renji.

Era muy tierno verla de esa manera.

Ambos reían por la cara de Rukia.

Sakura se quitó las otras dos pesas restantes y se las puso a Rukia.

― Rayos…

A la shinigami se le dificultó mantener sus brazos arriba.

― Nos volveremos fuertes juntos ― vociferó con ánimo la peli-rosa.

Los dos shinigamis soltaron un grito de convicción.

― ¿Cómo se siente Ukitake-san?

― Me duele mucho el pecho ― respondió con voz cansada el capitán.

― Es normal, el dolor durará algunos días más pero después se sentirá mejor ― dijo Sakura apretando su hombro para reconfortarlo.

Comenzó con el tratamiento y el cuerpo de capitán volvió a reaccionar de forma violenta, Isane y Hanataro tuvieron que asistirla de nuevo.

Al terminar la sesión sintió el cansancio recorrer su cuerpo, tenía otros planes y no podía permitirse desmayarse.

Tomó una píldora de Soldado.

Afuera de la habitación estaban las mismas personas que la noche anterior, les dijo que no tenían nada de qué preocuparse y pidió hablar con la capitana en privado.

― Unohana-sama, pido permiso para ir a patrullar el Rukongai, me gustaría comenzar con mis planes lo antes posible.

― Está bien ― concedió la mujer, sabía la apretada agenda de la joven ― Isane...

Su teniente respondió al llamado de inmediato

― Lleva a Haruno-san a las puertas del Seireitei.

― Como ordene.

La teniente la llevó al lugar indicado con rapidez.

― ¿Por qué quiere ir al Rukongai? No es muy seguro de noche.

― Dentro de poco te lo diré Kotetsu-san ― contestó con una sonrisa ― Volveré al amanecer.

― Espera... ¿A qué distrito piensas ir?

― Inuzuri, setenta y ocho sur.

Fue lo último que la teniente escuchó de la chica antes de que se fuera.

Le llevó algunas horas llegar al lugar, el Rukongai era más grande de lo que se imaginó. El distrito donde alguna vez vivieron Rukia y Renji era de verdad pobre, no había ni una sola persona en las calles, cosa que no le extrañó por ser más de media noche.

Escuchó varios gritos a lo lejos, se dirigió al origen del escándalo saltando por los techos con sigilo.

― ¡Ven aquí pequeño demonio!

― ¡Atrapen al ladrón!

Varios hombres adultos perseguían a un niño.

― ¡Nunca me agarraran ancianos!

El pequeño no pudo ver al adulto que se plantó frente a él y lo tomó del cuello de su desgastada yukata.

― ¡Lo tengo!

Todos los hombres comenzaron a golpear al niño sin piedad.

― Esto te enseñará a no robar, chiquillos como tú deberían de dejar de existir...

Decía un hombre mayor sin dejar de golpearlo.

Sakura no soportó ver más aquello y salió de su escondite.

Agarró a uno de los hombres y lo lanzó lejos... Todos los demás se asustaron.

― ¡Un shinigami! ¡Huyan!

Los hombres salieron corriendo despavoridos.

Se acercó al pequeño que aún se encontraba en el suelo temblando.

― Ya estás bien...

El niño al verla hizo una mueca de enfado total.

― Quítame las manos de encima, bruja.

― Oye, yo solo quería ayudarte ― reclamó la Kunoichi.

― Los estúpidos shinigamis nunca ayudan ¿Qué diablos haces aquí? Si piensas matarme por robar hazlo de una vez.

Observó con atención al niño de aproximadamente ocho años, de cabello rubio platinado, ojos verdes, muy delgado, lleno de moretones, su yukata vieja y desgastada... Tenía un pequeño paquete en sus manos que a pesar de los golpes no lo soltó.

― ¿Que tienes ahí? ― preguntó suavemente la joven.

El niño la miró con odio, le lanzó el paquete a la cara y echó a correr lejos de ella.

― Era comida ― dijo Atai en su susurró ― Deberías seguirlo.

Así lo hizo, siguió al niño sin que se diera cuenta, llegó a un pequeño refugio hecho con palos y piedras.

La peli-rosa se las arregló para encontrar un agujero y ver el interior.

― Hanami ¿Me escuchas?

Una pequeña niña rubia de no más de cinco años estaba recostada en el suelo...

― Onii-san...

― Hanami ― llamaba con desesperación el rubio ― No conseguí comida pero te juro que mañana la traeré, solo aguanta, no te fallaré, iré por agua, espera un poco.

El pequeño salió de su escondite y vio a la joven.

― ¿¡Que haces aquí!? Largo, shinigami.

― Puedo ayudar, soy médico.

― No queremos nada de gente como tú…

Sakura decidió irse, no se rendiría pero no era el momento de enfrentar al pequeño.

Dio media vuelta pero antes le dedicó una última mirada y unos ojos llenos de odio se encontraron con los suyos.

¿Por qué la miraba de esa forma?

Tendría que averiguarlo.

Tres días habían transcurrido con rapidez y ella se sentía cada vez más deprimida, incluso Atai lo estaba, todos su esfuerzos por acercarse al pequeño rubio eran un fracaso total, volvía cada noche solo para ser insultada, recibir miradas de desprecio y ser echada del lugar con cualquier cosa que el niño tuviera a la mano.

No importa cuánta comida pusiera a su alcance, nunca la tomaba.

Lo que más le preocupaba era la condición de la pequeña niña, podía verlo, cada vez estaba peor.

Todas las personas a su alrededor se dieron cuenta de su estado emocional pero siempre daba excusas tontas.

Claramente nadie le creía.

Ese día estaba decidida, sabría al menos el nombre del pequeño rubio.

Llegó al anochecer, como siempre, se acercó al escondite de los niños y se encontró con el niño, llevaba agua, seguramente para la pequeña.

Al verla tiró el agua y se acercó a ella.

― Shinigami, dame la comida que tengas ― exigió el pequeño.

Cuando se la dio lo vio correr al interior del lugar.

Lo siguió en silencio.

― Hanami… mira, es comida ― decía el rubio con una sonrisa desesperada ― Despierta, son dulces, ha pasado mucho tiempo desde que lo comimos, tienes que despertar.

Las lágrimas inundaban la cara del niño

― Ella no despierta ― volvió a decir el niño sabiendo que la joven lo escuchaba ― ¡Por favor! ― suplicó frente a ella con la cabeza en el suelo ― Haz que despierte, por más que la llame no quiere hacerme caso… ¡Te lo suplico Shinigami-san, haz que abra los ojos!

Sakura podía sentir la desesperación del niño, se acercó velozmente a la niña.

No podía hacer nada, ya no.

Miró al niño y bajó la mirada, negó con la cabeza.

― ¿¡Por qué no quiere ayudarme!? ― gritó el pequeño con lágrimas amargas ― ¡Por favor Shinigami-san! ¡Dile que abra los ojos!

Sakura solo pudo abrazarlo con fuerza y oír sus desgarradores gritos pidiendo que lo ayudara.

Silenciosas lágrimas bajaban por los ojos jades.

Las horas pasaron y el pequeño rubio se quedó dormido en sus brazos.

No lo abandonaría, hizo un clon de sombras y lo envió al Seireitei a cancelar sus actividades, solo regresaría al anochecer para el tratamiento de Ukitake.

Al amanecer el niño despertó y vio a la pequeña rubia.

― Ella… no despertó.

No hubo más palabras, ambos enterraron a la niña cerca del río que estaba próximo al escondite de los niños.

― Mi nombre es Shinachiku… Shinigami-san ¿Te quedaras conmigo?

En el Seireitei se encontraba Byakuya junto a Renji en su oficina dándole indicaciones hasta que oyeron que alguien tocaba la puerta y entraba.

― Sakura…

― Renji, Kuchiki-san ― saludó la chica con una sonrisa apagada.

― ¿Qué sucede Haruno? ― preguntó el capitán al percibir algo extraño.

La kunoichi se inclinó levemente ante el capitán.

― Lamento informar que no podré quedarme a compartir el desayuno ni al entrenamiento, algo ha sucedido, le pido me disculpe Kuchiki-san.

― Eres un clon ― dictó Renji al verla con detenimiento.

― Con permiso…

Dijo la joven antes de desaparecer en una cortina de humo.

― Renji.

― Si, Kuchiki-taicho.

― Busca a Haruno y quédate con ella hasta que regrese donde el capitán Ukitake.

Tōshirō estaba enfadado, realmente enfadado.

La kunoichi debía de estar loca si creía que dejaría pasar el asunto con un simple recado de un clon.

Había visto su sonrisa apagada y su mirada vacía a pesar de ser solo una copia, no quería ni imaginar como estaría la real.

― Esa tonta… ¡Matsumoto!

― Taicho~ ¿Por qué el escándalo? ― Se quejó la mujer al haber sido despertada de su siesta.

Ahora no tenía tiempo para regañar a su teniente.

― Hazte cargo todo el día de hoy, tengo que salir.

― Pero Taicho… ― Matsumoto no pudo oponerse, su capitán se fue en un shunpu.

El transcurso del día estuvo repleto de silencios melancólicos y sollozos miserables por parte del pequeño rubio. El atardecer llegaría pronto.

― Nunca me gustaron los shinigamis, ellos jamás se preocupan por personas como nosotros ― dijo Shinachiku de pronto ― pero tú eres diferente ¿Por qué?

Sakura meditó algunos segundos su respuesta.

― No soy una shinigami Shinachiku-kun, vivo en el Seireitei y tengo poderes de un shinigami pero no soy uno oficialmente. Soy más una ninja.

― ¿Una ninja? ― Los ojos verdes del niño brillaron.

― Una kunoichi ― afirmó con una sonrisa.

Ese niño era adorable a pesar de su osca actitud, debería de tener alrededor de ocho años, aunque sabía que en la Sociedad de Almas la edad era relativa.

― ¿Cómo te llamas? ― preguntó el pequeño rubio con sus grandes ojos llenos de curiosidad.

― Mi nombre es Haruno Sakura y mi Zanpaku-tō se llama Atai ― se presentó la joven enseñando su espada ― él dice que está encantado de conocerte Shinachiku-kun.

― ¿Puede hablar?

― Claro que sí y es muy fuerte…

No podía dejar al niño, Tsunade-sama tenía razón, tenía una debilidad por los rubios.

― Haruno/Sakura

Shinachiku se escondió rápidamente detrás de la kunoichi y veía a los recién llegados con el ceño fruncido.

― Tōshirō, Renji ¿Qué hacen aquí?

― ¿Qué clase de pregunta es esa? Tonta ― dijo Hitsugaya aun enfadado ― No puedes solo desaparecer sin dar alguna explicación razonable, ¿Sabes lo preocupado que has dejado a todos?

― Pero solo he mandado al clon contigo y Kuchiki-san ― Se excusó Sakura al ver el mal humor del capitán.

― Matsumoto está como loca buscándote ― exclamó Hitsugaya mirando a otro lado que no fuera la joven rosada.

El pelirrojo también estaba preocupado pero sabía que la kunoichi siempre hacía las cosas por algún motivo, confiaba en ella.

― Kuchiki-taicho también está preocupado ― intervino Renji.

Hitsugaya alzó una ceja con duda.

¿Estaban hablando del mismo capitán de la sexta división? Él no era muy sociable.

― ¿Qué hacías en este lugar? ¿Qué ha pasado como para que no te presentaras a tus entrenamientos? ― interrogó Tōshirō.

Sakura se acercó bastante a ellos y les contó rápidamente lo sucedido en voz baja.

― No puedo dejarlo.

Tōshirō suspiró, la joven siempre hacia lo que quería.

― Llévalo contigo, seguramente Ukitake te ayudara si se lo pides ― sugirió el chico cruzándose de brazos ― Aun no me has dicho que hacías en este lugar.

― Te lo contaré, te lo prometo ― aseguró la kunoichi tocando su nuca con nerviosismo ― Vamos Shinachiku-kun, te quedaras conmigo un tiempo.

El niño aceptó, ella era lo único que tenia ahora.

Sakura cargó al rubio con cuidado.

― Renji, Tōshirō, él es Shinachiku-kun

― Hola Shinachiku ― saludó el teniente con una sonrisa.

El pequeño se sintió tímido de pronto.

El capitán vio al niño y el niño vio al capitán.

Se cayeron mal es segundos…

Un tick apareció en la sien de Hitsugaya.

― Andando Haruno ― ordenó mirando con recelo al pequeño el cual se pegaba más a Sakura.

Al llegar al Seireitei y dejar a la joven en la cuarta división, Hitsugaya y Renji se fueron a sus respectivos escuadrones.

Sakura se dirigió con la capitana y le explicó lo sucedido, fiel a su promesa, Unohana Yachiro le ayudaría inicialmente con el pequeño rubio, Isane fue la encargada de llevárselo a tomar un baño y conseguir ropa más apropiada.

La capitana la tuvo que dejar por asuntos pendientes.

― Sakura-san.

― Hanatarō ¿Cómo ha evolucionado Ukitake-san?

― Los dolores son casi inexistentes, el capitán Ukitake está respondiendo muy bien al tratamiento ― informó emocionado el shinigami.

― Excelente trabajo Hanatarō, luego revisare los resultados, ahora vamos con Ukitake-san.

El capitán lo estaba esperando con una sonrisa.

― Es bueno ver que ya no siente tanto dolor como antes ― habló la kunoichi suavemente.

― No sé cómo agradecerte lo que has hecho por mí.

― Mmm… Puede comenzar con llamarme por mi nombre Ukitake-san

Jūshirō se sorprendió un poco pero aceptó sin protestar.

Isane llamó a la puerta y entró con un pequeño rubio vestido con un traje de shinigami de su talla y algunos ornamentos sencillos en el cabello dándole un estilo bastante elegante.

― Shinachiku-kun está listo.

Todos lo miraron y no pudieron negar que se veía súper tierno.

El rubio se apresuró a esconderse detrás de la kunoichi.

― Hola ¿Cómo te llamas pequeño?

Jūshirō se arrodillo para estar a la altura del niño.

La kunoichi lo puso delante de ella con suavidad.

― No tengas miedo, preséntate ― dijo Sakura tratando de darle seguridad.

Las blancas mejillas del pequeño se colorearon haciendo suspirar de ternura a las dos jóvenes en la habitación.

― M-Mi nombre es Shinachiku, encantado ― expresó haciendo una torpe reverencia.

El capitán rió apaciblemente y posó su mano en la cabellera rubia.

― El gusto es mío Shinachiku-kun.

La sesión dio comienzo, el cuerpo del capitán ya no reaccionaba de la misma forma pero aun sentía cierto dolor.

El niño al ver el dolor en el rostro de Ukitake se acercó y tomó su mano.

Sakura sabía que se debía a la reciente pérdida de su hermana.

Ella se encargaría de que no estuviera solo, se esforzaría por cambiar las cosas en el Rukongai.

Al día siguiente Sakura habló con Ukitake respecto a la situación del niño, el capitán le dio todo su apoyo, no solo se lo debía, a él siempre le habían gustado los niños y pudo sentir el apoyo de Shinachiku la noche anterior.

El pequeño rubio se había quedado a lado de Jūshirō al verlo tan débil, lo cuidaba.

La kunoichi siguió su rutina habitual.

Durante el desayuno le contó todo a Byakuya, el capitán solo la escuchaba y le dijo que tenía un corazón bondadoso.

El Kuchiki no podía sentirse poco a poco atraído por la personalidad de la joven.

Tōshirō fue otro asunto, no paraba de reprenderla por su repentina desaparición, tuvo que prometerle muchas judías dulces para que la perdonara.

― Muchas gracias por preocuparte por mí, Tōshirō ― le dijo con una gran sonrisa cálida ― Te conseguiré una cita con Hinamori-san

El capitán comenzó a gritarle de nuevo haciéndola reír.

Hitsugaya se sintió aliviado al ver de nuevo su sonrisa, no se lo diría pero odiaba verla triste y él mismo se sorprendió al querer hacer hasta lo imposible por verla reír de nuevo ante él.

En su entrenamiento con Rukia y Renji ambos preguntaron por el pequeño rubio que no dejaba de cuidar al capitán Ukitake.

Rukia estaba al tanto de su capitán y aunque desconfiado, el niño no dejaba de ser tierno.

Sakura les relató sus motivos para ir al Rukongai, porque fue que eligió el distrito setenta y ocho, Inuzuri… La historia de Shinachiku y su hermana.

Ellos entendían el dolor por el cual el niño pasaba, ellos mismos lo habían experimentado exactamente en ese distrito.

Un sentimiento de agradecimiento embargó el corazón de los dos shinigamis por la kunoichi.

― Te ayudaremos en lo que tengas planeado ― dijo Renji con el pulgar arriba.

― Cuenta conmigo Sakura ― apoyó Rukia de igual forma.

Una mariposa demoníaca llegó y se posó en Renji.

― El Capitán Comandante te ha convocado en la primera división ― informó el teniente.

En un amplio salón, Yamamoto-Genryūsai vio a la joven entrar y sentarse frente a él haciendo una reverencia.

― Me he enterado de tus actividades en los últimos días ― dijo el anciano enfocándose en una pequeña y elegante mesa delante de si, llevando a cabo una ceremonia de té.

― Los chismes vuelan en el Seireitei ― comentó Atai sarcásticamente.

Sakura tuvo que darle la razón.

― Nada se le escapa Yamamoto-ojii-sama ― dijo la Kunoichi acercándose y ayudando al hombre.

Su madre le había inculcado la ceremonia del té, incluso en la Academia se les enseñaba a la kunoichis junto a los arreglos florales.

Genryūsai la observaba, movimientos precisos y agiles… Como lo esperaba.

― Tus maestros están satisfechos con tus avances, incluso la capitana Unohana ha pedido tu incorporación a su división.

― Me alegra saber que mis habilidades son útiles en el Seireitei ― comentó calmadamente la kunoichi sin dejar de mezclar el té ― Pero no creo que sea conveniente unirme al Gotei trece.

― ¿Has descubierto algo en tus salidas al Rukongai además de un niño parecido a tu compañero de equipo?

Definitivamente no se le escapa nada al anciano.

― Nada relevante, no hay pista alguna que me lleve de regreso a mi hogar, me gustaría ir a explorar más allá del Rukongai.

― El tratamiento del capitán Ukitake debe ser prioridad ― sentenció el anciano.

― No debe de preocuparse Yamamoto-ojii-sama, dejaría todo solucionado por el corto lapso que me iría.

Sakura vertió agua caliente en la taza y se la dio al Capitan.

― Una semana, es tu tiempo límite ― informó el hombre antes de beber.

Al hacerlo pudo sentir la excelencia en el té.

― Se lo agradezco Yamamoto-ojii-sama.

― Niña ― llamó el capitán viéndola a los ojos ― La relación con tu Zanpaku-tō aún no es buena… No has alcanzado tu Bankai. No tienes mucho tiempo.

Lo sabía, sus esfuerzos no eran suficientes.

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Quiero que me entrene

Yamamoto-Genryūsai encontraba entretenida la escena, nadie nunca en toda su longeva vida había pedido ser entrenado por él… Nadie había tenido el valor u osadía de hacerlo.

Pero al saber todo sobre la joven frente a él no le sorprendía que tuviera la valentía de hacerlo.

¿Es una de tus peticiones?

Si.

Si logras conseguir tu Bankai en al menos un mes lo haré.

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De eso habían pasado alrededor de diez días.

Necesitaba darse prisa.

― No me decepciones niña.

La kunoichi se encontraba viajando rápidamente entre los últimos distritos del Rukongai norte, después de hablar con el Capitán Comandante y tener la sesión con Ukitake, en la cual el niño estaba presente, se encerró toda la noche en el laboratorio de la capitana Unohana junto a Hanatarō para realizar el medicamente especial que tendría que tomar el peli-blanco durante su ausencia.

Tenían la misma función que las píldoras de soldado pero enfocadas a curar la enfermedad del hombre, no fueron fáciles de crear.

Habló con Rukia y Renji, ambos quisieron acompañarla pero se negó.

Les dejó pasos a seguir para que siguieran entrenando.

Shinachiku estuvo reacio a dejarla ir pero le encargó que cuidara a Ukitake en su ausencia, él aceptó diciendo que no la decepcionaría.

Tōshirō y Byakuya entendieron la situación.

― ¿Crees que tengamos suerte?

― No lo sé, linda, pero no lo sabremos hasta intentarlo… ― contestó Atai ― Hasta que Aizen ataque nada puede salir mal

― Tienes razón Atai. Sigamos.

¿Qué podría pasar?

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¿Qué les ha parecido el capítulo? Me ha costado escribirlo un poco, no me decidía a poner la situación con Shinachiku... ¿Alguien ha podido darse cuenta de quién es Shinachiku?

¿Les ha gustado la participación del pequeño rubio? o ¿nos regresamos?

El siguiente capítulo comenzaremos un arco nuevo de Bleach y creo que ya saben a qué me refiero.

Muchas gracias por leer y comentar, me animan mucho, la verdad creí que la historia ya no gustaría pero ustedes me dicen lo contrario.

Nos vemos hasta el próximo capítulo