La Saga "Harry Potter", pertenece a J.K. Rowling

La Saga "Las Crónicas del Campamento Mestizo", pertenece Rick Riordan.

Tres Semidiosas Impares.

Harriet Potter y las Antorchas Perdidas.

11: Y fuimos tres.

15 marzo de 1987.

No sabía lo que eran, y no quería averiguarlo.

Se preguntó, si toda su vida sería... sentirse desplazada, aislada, o escapando de algo o alguien.

Solo sabía, que tenía que correr, tenía que escapar de esas cosas (fueran lo que fueran), claramente buscaban matarla.

.

En su más tierna infancia, solía leer (¡Y mucho!), era su hábito favorito. Ya fuera leer para adquirir mayores conocimientos, o para escapar del mundo.

Y esa misma afición por la lectura, era un blanco, o era una capa en movimiento constante...

Pero no para los toros.

Sino para los niños en su colegio, los cuales disfrutaban golpeándola o incluso humillándola, por las cosas que solían ocurrir a su alrededor, (o las cosas que ella misma acostumbraba a hacer). Tener el cabello muy tupido, los dientes delanteros muy grandes o ser una niña superdotada, eran a veces, con lo que más se metían los buscapleitos, cuando buscaban que ella los divirtiera.

A costa de su dolor.

Destruir su libro.

Romper sus lápices.

Burlarse de sus dibujos.

Abuchearla, cuando hacía una pregunta a un maestro, o cuando contestaba a la pregunta, algo directamente tomado del libro.

Gruñirle y humillarla, por tener un conocimiento profundo de distintos temas, o poder leer y hablar en griego fluido, sin haberlo intentado en el pasado.

.

Llevaba escapando, desde hace casi dos días y medio.

.

Ella había llegado a su hogar, luego de ir al parque, para poder calmarse, para llegar a casa y aparentar que en el colegio todo estaba bien; solo para encontrar a su madre y a su padrastro muertos.

Escuchó un graznido y algo ocurrió.

Su instinto se liberó, agarró un espejo, casi tres veces más grande que ella y lo colocó entre ella, y la aparente ave, escuchó un sonido extraño, y casi metálico, algo que golpeaba contra el espejo, hasta que lo escuchó romperse.

Sabía que tenía que correr.

Fuera lo que fuera, que estaba detrás del espejo, no era su amigo.

Vio sus sombras.

— ¿Pájaros? —se preguntó, sin entender nada. Se atrevió a mirar los cadáveres de su madre y padrastro, notó que sus cuerpos tenían plumas plateadas enterradas, y eso les causó la muerte. — ¿Plumas? —escuchó varios graznidos, su instinto y su adrenalina se dispararon, se recostó en el suelo, sujetando con los pies el espejo, y lo empujó con fuerza, vio a las aves, siendo que dos de ellas esquivaron el espejo, pero no el tercero.

Sin pararse a pensar, corrió hacía la puerta trasera de la casa, y emprendió la huida.

.

Su instinto la estaba guiando, como si se tratara de una brújula.

Solo se detenía para buscar un lugar seguro, para descansar, al menos algunos segundos, y robar algo de comer, antes de ser descubierta, y tener que volver a huir, dirigiéndose hacia el norte.

Hacía el bosque prohibido.

Hacía el campamento Olympus.

.

Se detenía, descansaba, robaba comida, buscaba alguna fuente de agua limpia, se aseaba, robaba ropa, se vestía, dormía, y volvía a emprender la huida.

¿Cómo sobrevivió?

No lo sabía.

¿Cómo recorrió más de casi tres mil kilómetros, entre Inglaterra, hasta Escocia?

No lo sabía.

Pero, cuando llegó al Bosque Prohibido, al Campamento Olympus, una gran multitud de jóvenes, salieron para auxiliarla, pues las aves jamás dejaron de perseguirla.

Pronto, las aves no eran más que un montón de polvo dorado.

—Soy... Hermione. Hermione... Granger —se presentó.

—Bienvenida al Campamento Olympus, aquí estarás a salvo —dijo Fama.

Hermione se desmayó.

-/-/-

Al despertar, le explicaron dónde estaba, y cuál era su verdadera naturaleza.

Una semidiosa.

La ayudaron y le explicaron todo.

Pronto, se unió a las dos chicas más nuevas. Harriet y Veronica.

Harriet fue mucho más amable que Veronica, quien había cambiado un poco, su forma de ser.

Veronica fue un tanto ruda con ella.

Harriet fue más amable, le enseñaron el campamento, y le enseñaron la carrera de obstáculos, que prácticamente era de las hijas de Júpiter y Atenea, pues solían estar siempre compitiendo, y luchando mutuamente.

Con cierto descaro, Hermione se unió al entrenamiento de las dos pelirrojas.

Aquello hizo que a Veronica le cayera aun peor. Pero bastó una mirada de la otra pelirroja para que se callara.

Hermione demostró aprender rápido, el combate cuerpo a cuerpo, y tenía un gran manejo tanto de la espada, como de los cuchillos arrojadizos, además de que se sentía cómoda, con una espada corta.

Si cree que puede robarme la atención de mi amiga, está muy equivocada —pensó Veronica, mirando enfadada a Hermione, luego del entrenamiento matutino que solía hacer junto a Harriet. —El entrenamiento pudo haber sido más intensivo, si esta mocosa curiosa, no se nos hubiera acercado —pensó la pelirroja, ignorando que Hermione tenía su misma edad (y la de su amiga).

-/-/-/-

A dos días de haber llegado Hermione al Campamento. Se tuvo que enfrentar a una realidad: Los semidioses, eran blanco de los monstruos.

Hormigas del tamaño de un perro dálmata rodearon el campamento, junto con pájaros de Estínfalo.

— ¡TODO EL MUNDO: ¡A SUS POSICIONES DE BATALLA, AHORA! —Ordenó Kiria, con su arco en manos.

— ¿Qué está pasando? —preguntó Hermione.

—Por favor retrocede, novata —pidió Veronica, mientras empuñaba su espada.

—Monstruos entraron en el Campamento —dijo Harriet. —No es común, pero tampoco es TAN, extraño. —Rápidamente, esquivó un par de plumas de un pájaro de Estínfalo, antes de extender su brazo derecho, y enviar un ventarrón, contra los pájaros. Dándole tiempo para ver venir a una hormiga y enterrarle en la cabeza, una de sus espadas.

Rápidamente Veronica estaba corriendo, y esquivando plumas, que arrojaban los pájaros hacía ella, se deslizó por el suelo, cortándole las patas, a una de las hormigas, dejándola invalida, y dándole tiempo para cortar a otra hormiga.

Un destello de luz blanca tuvo lugar, una silueta comenzó a hacerse visible, mientras que la luz comenzaba a desvanecerse.

Apareció una mujer de unos sesenta años, de piel pálida y arrugada, ojos negros, cabellos negros llenos de canas, llevaba una túnica negra con detalles plateados y sus brazos extendidos hacía los lados, sujetando unas llamas rojas.

— ¡Lady Hécate! —dijo Fama sorprendida por la apariencia de la diosa de la magia.

Mis antorchas... me han sido robadas y.… necesito de la ayuda de vuestro campamento, para recuperarlas —pidió la diosa, a la cual parecían faltarle las fuerzas. La diosa entonces, miró a Harriet. —Hija de Zeus y Eos, te pido a ti, específicamente este favor.

—Acepto, mi señora —dijo Harriet.

Si ese es el caso, entonces debes de consultar al oráculo, mi niña. —dijo Hécate, quien cerró su mano temblorosa y levanto el brazo, temblando de forma descontrolada, para señalar un pequeño edificio con forma de un templo griego, erigido en piedra negra.

Harriet fue hacía allí y se encontró con una especie de... baño para aves, en el cual había unas aguas extrañamente azul oscuro, con algunos brillos azul claro.

Ante ella, aparecieron sus padres, su padrastro, sus tíos y su primo.

—Irás al sur, a Londinium, donde tu guía será el Corazón del Guerrero —dijo James.

—En Londinium, el viejo titán será tu salvador —dijo Júpiter.

—Darás con tu objetivo, tras probar tu astucia ante un gran enemigo —dijo Lily/Eos. No solo se veía como ella la recordaba: de cabellos escarlata, sino que en su cabello mostraba unas ligeras pinceladas de dorado.

—Solo si reconoces las señales, sabrás si triunfarán o fracasarán —dijo Vernon.

—Casi un regalo, será poder dar con tu objetivo. —Dijo Leslie.

—Y decidir si tu pasado deseas recuperar, una auténtica prueba de valor —dijeron James y Lily/Eos.

Sacó su cabeza y repasó en su mente todo el mensaje, antes de salir del templo, agradeciendo y volviendo ante Kiria y Fama, Hécate se había ido.

— ¿Qué te ha dicho la pileta del oráculo? —preguntó Kiria.

—Tengo que ir al sur de... —miró con extrañeza, antes de hablar. —De Londinium, donde mi guía será "el corazón del guerrero", el viejo titán será mi salvador... y.… debo de probar mi astucia ante un enemigo, encontrando una de las antorchas, y luego, solo reconociendo unas señalas, sabré si triunfaremos o fracasaremos. Será casi un milagro el dar con las antorchas, y decidir si deseo recuperar mi pasado, será una auténtica prueba de valor.

Kiria lo pensó un poco, y dio su respuesta. —A Londres. En el pasado, Londinium, era el nombre de la ciudad fundada por los romanos. El águila es el corazón del guerrero. Ten cuidado con los titanes, son...

—Enemigos de los dioses Olímpicos, sí, creo que eso quedó muy en claro. —Dijo dándole una sonrisa de disculpa, a Kiria, al darse cuenta de cuan groseramente sonó aquello.

— ¿Quiénes quieres que te acompañen? —preguntó la Ninfa.

—Necesitaré la ayuda de alguien, que ya sepa cómo son las... misiones. Y.… quizás, que venga Vero, es tan peligrosa, guerrerista y malhablada, como un hijo de Hades, junto con mis habilidades, creo que podremos solventar esto.

—Vamos a decirle a Veronica, y luego iremos con Leslie, ¿te parece bien? —pregunto Kiria

—Sí.

Cuando le dijeron a Veronica, ella saltó de su silla feliz, y comenzó a recolectar sus cosas en la casa de Atenea. Luego fueron a la cabaña de Hermes, donde interrumpieron una charla, dada por Leslie, a algunos de los más jóvenes, ella aceptó acompañarlos.

— ¿Les importa si los acompaño? —preguntó una voz detrás, encontrándose con Hermione.

Todos miraron a Hermione

—Solo llevas dos días aquí, no estás lo suficientemente preparada, para una misión —dijo Veronica.

— ¿Dices que no puedo cuidarme sola, que no puedo combatir? —preguntó Hermione enfadada, por las insinuaciones de la pelirroja.

—Tranquila, Rojita. Que nos acompañe, además —sonrió a Veronica y le habló al oído. — "Sabes bien, que pareces más una hija de Ares, la chica tiene ovarios y eso te gusta, ¿verdad?"

—Bien, vamos —dijo Veronica sonrojada. —Supongo que estarás al mando, Harriet.

— ¿Y por qué ella estaría al mando? —preguntó Hermione algo enfadada.

—Porque es la hija del rey del Olimpo, y de una Titánide, incluso si resulta serlo de segunda generación —dijo Veronica como si fuera obvio.

—Vamos. —Dijo Leslie.

Las cuatro fueron con Kiria y ella les entregó unas bolsas de viaje a las cuatro chicas, con Dracmas y Denarios, ropas y poco más. Les advirtió a las tres más jóvenes, sobre la existencia de algo llamado "Mensajes Iris": arrojar un Dracma a un arcoíris, y que no debían de intentarlo con los Denarios, pues resultaría peligroso hacerlo así, con un silbido, un águila llegó y se posó en el hombro de Harriet, les dijo que los romanos confiaban más en las águilas mensajeras, que en los Mensajes Iris, les entregó unas maletas con, para luego llevarlas, hasta una carretera, donde vieron a la ninfa arroja una moneda al suelo, del cual, surgió un taxi el cual decía Hermanas Grises, a quienes la propia Kiria les pidió llevar a las cuatro chicas a Londres.

La búsqueda de las Antorchas Perdidas daba inicio.