Capítulo 12: Sin Miedo A Nada
Me muero por conocerte saber que es lo que piensas
Abrir todas tus puertas y vencer esas tormentas
Que nos quieran abatir sembrar en tus ojos mi mirada
Cantar contigo al alba
Besarnos hasta desgastarnos nuestros labios
Y ver en tu rostro cada día crecer esa semilla
Crear, soñar, dejar todo surgir aparcando el miedo a sufrir
Me muero por explicarte lo que pasa por mi mente
Me muero por intrigarte
Y seguir siendo capaz de sorprenderte
Sentir cada dia ese flechazo
Al verte que mas dara lo que diga
Que mas dara lo que piensen si estoy loca es cosa mia
Y ahora vuelvo a mirar el mundo a mi favor
Vuelvo a ver brillar la luz del sol
(Alex Ubago, Amaia Montero)
- Hola… - escuchó la voz de Ginny que acababa de entrar a la cocina. Ginny lo miró, claramente estaba arreglado para salir.
- Gin… ¿qué pasa? ¿ya estás lista para tu cita? – le preguntó Harry virándose hacia ella. Él le lanzó una triste sonrisa, mierda, se veía hermosa, traía un vestido casual de buen gusto, el cabello que le llegaba a la cintura finamente ondulado y el maquillaje poco cargado.
- Sí… pero veo que tu también estás listo. ¿Vas a salir? – le preguntó directamente cruzada de brazos. Él le sonrió.
- ¿Y qué esperabas? Te dije claramente que no iba a participar en estos juegos tuyos. Lockhood no debe tardar en llegar, él se queda encargado. – resolvió él tajantemente, recargándose casualmente sobre la barra de la cocina con los brazos cruzados.
- Estás muy arreglado, te ves más guapo que de costumbre, así que lo que estoy preguntando es si tú tienes una cita hoy con algún nuevo pasatiempo. – le dijo ella con franqueza.
Él le sonrió y negó con la cabeza meditando respecto a qué contestarle.
- ¿Te gustaría que te dijera que sí la tengo? Siento mucho decepcionarte, pero a diferencia de ti, yo sí tengo claros mis intereses, y estoy dispuesto a esperar el tiempo que sea necesario para conseguirlos, así que no… solo voy a cenar con tu hermano y Hermione. Hermione no para de decirme que desde que volviste no he convivido con ellos lo suficiente. - le respondió con sinceridad.
La respuesta la tranquilizó y detestó admitir que le había quitado un peso de encima.
- Estás enojado conmigo. – le reprochó ella. Él negó con la cabeza.
- Sinceramente, creo que ya agotamos este tema. Allá tu y tus malas decisiones. Te dije que me mantendría al margen y estoy haciendo el mejor de mis esfuerzos para cumplirlo. – le replicó Harry. Ginny suspiró y no pudo evitar acercarse a él con esa sonrisa coqueta que a él le movía el piso.
- No lo hago por molestarte. – le dijo ella con claridad.
- Ya sé que no, simplemente continúas apostando en contra mía, y por alguna razón esa cabecita tuya no termina de entender que yo te amo, y que voy a estar contigo tan pronto como esto termine. – le acarició el cabello cariñosamente, y ella abrió la boca para contestar, pero él interrumpió la protesta. – Las cosas cambiaron, Gin. Ya no soy el mismo que salió corriendo hace seis años para intentar superar todo lo que pasó. Y un día… un día cuando podamos estar juntos, te darás cuenta de que soy el amor de tu vida, y de que cualquier otra persona fue solo una pérdida de tiempo.
Ella suspiró y lo miró no muy convencida.
- Espero que ese día no esté muy lejano. – le dijo ella con tristeza. Él la abrazó y suspiró, dejó que su perfume inundara sus sentidos.
- Escucha, quiero pedirte algo.
- ¿Un beso? – le preguntó ella con una sonrisa, la realidad es que desde el último beso que le había dado, se moría por volverlo a hacer, pero después de la última regla que él mismo le había impuesto se había obligado a contenerse.
- No, esos dáselos a tu novio que no debe tardar en llegar porque empiezo a pensar que prefieres sus besos que los míos. – le replicó él fríamente viendo su reloj. – Quiero pedirte que me dejes hablar con Hermione con sinceridad respecto a tu relación con Ian, incluyendo detalles mórbidos.
Ginny lo miró con hastío y negó con la cabeza.
- No, Harry. Ya hablamos de esto… ¿para qué quieres que Hermione esté enterada de lo que pasó? No tiene ningún sentido, se le puede soltar la lengua frente a mi hermano y eso no va a terminar bien. – le dijo ella tajantemente, completamente cerrada ante la idea.
- Hermione no va a decir nada porque conoce perfectamente a tu hermano, y créeme que ella será la más interesada en protegerlo. Quiero que aprendas oclumancia, y como en todo lo que hace, Hermione es excelente. Mira, estoy negado a la idea de que algo malo pueda pasarte, y ese imbécil te aleje de mi lado, pero si llegara a darse el caso…quiero que tengas armas para defenderte, y si es particularmente talentoso en la legilimancia, tienes que poder cerrar tu mente ante sus embates.
- ¿Por qué no me enseñas tu? No es necesario meter a Hermione en esto. – reviró Ginny aún insegura.
- Dos razones: una, jamás he sido un buen oclumático, créeme, lo he intentado y cerrar mi mente es una de las pocas cosas que no se me dan.
- ¿De las pocas? ¿La arrogancia hablando? – dijo ella enrollando la mirada. Él le sonrió.
- De las pocas. – le dijo haciéndole una suave caricia en la nariz. – Y segunda, para enseñarte tendría que meterme en tu cabeza y muy seguramente tendré que ver cosas que solamente alimentarán más mis ganas romper la promesa que te hice. Francamente, con lo que vi en el pensadero fue suficiente, Gin. Por el bien de todos es mejor que no vea nada más.
Esa razón pareció dejarla pensativa.
- ¿Realmente crees que Ian pueda lograr llevarme otra vez? – le preguntó preocupada.
Harry suspiró y negó con la cabeza.
– Merlín sabe que estoy haciendo todo en mi poder para que no lo haga, pero de ser el caso, quiero que estés preparada. Y de ser el caso, también debes saber que iría a buscarte al mismísimo infierno si fuera necesario. – le dijo con franqueza.
- ¿Me lo prometes?
- Te lo prometo. – afianzó él con seguridad.
La vio debatir internamente, y ella negó con la cabeza insegura, claramente la idea de meter a alguien más en su secreto no le gustaba en lo más mínimo, pero Harry le lanzó esa media sonrisa que la derritió y cedió de inmediato.
- Esta bien, Harry. Por favor, sé cuidadoso. – le suplicó ella. – Eso de que hago contigo lo que quiero no es del todo cierto, no creas que no me doy cuenta como haces uso de tus encantos para convencerme de estas cosas. – lo miró mal.
- No funcionan lo suficiente, porque aquí estamos, esperando a que llegue tu novio, para que le enseñes a bailar para asistir a un evento con el que no estoy de acuerdo en que vayas. – le replicó él. – Pero me alegra que me dejes ganar una discusión de vez en cuando.
- Entre el quidditch, tus clasecitas de defensa y ahora oclumancia me voy a volver loca. Además… ¿clases con Hermione? Ya estoy preocupada.
El comentario lo hizo reír, pero el timbre del apartamento sonó y su sonrisa murió inmediato.
- Debe ser o tu novio o Lockhood, es mejor que vaya a abrir. – le dijo él, dándole un besito en la frente que a ella la hizo suspirar.
El abrir la puerta y toparse con un inmenso arreglo de rosas rojas lo hizo sentir enfermo y temió no poder enmascarar su expresión. Dean se las entregó con una sonrisa, en la otra mano traía lo que parecía ser comida de algún restaurante.
- ¿Por qué soy siempre yo quien termina recibiendo esto? – maldijo Harry por lo bajo.
- ¿Perdón?
- Nada… ¿cómo estás Dean? – le preguntó con una sonrisa fingida antes de dejar el arreglo en la mesita de la entrada, dejando pasar a su amigo.
- Bien, amigo. ¿Qué hay de ti? ¿Cómo se porta Ginny?
- Terca como acostumbra…. – le replicó él de mala gana. – Pasa… no debe tardar.
- ¿Estás hablándole mal de mi, Harry? – le preguntó Ginny esbozando una sonrisa.
- Simplemente contestando con sinceridad. – le replicó él, mirando inquieto el reloj. La cara de idiota que había puesto a su amigo lo dejó saber que tenía que salir de ahí lo antes posible. Lockhood iba tarde, lo iba a matar.
Dean sonrió y Ginny le dio un abrazo, pero él la sorprendió con un dulce beso en los labios que ella no rechazó, pero se separó tan pronto como pudo ligeramente incómoda, intentando mantener la sonrisa congelada.
Harry le envió un mensaje a Lockhood con desesperación desde su móvil. "¿En dónde demonios estás? Es tarde. Te cité aquí hace quince minutos".
- ¿Por qué no te traigo una copa de vino? ¿Quieres? ¿Y trajiste la cena? No era necesario… pensaba preparar algo. – le dijo ella aún manteniendo su sonrisa. Él le sonrió encantadoramente.
- No quería darte más molestias. Además, es tarde y sinceramente esperaba que empecemos con ese tema del baile lo más pronto posible. – le dijo él. Ella soltó una carcajada.
- Te estás preocupando demasiado. Es un simple waltz. – le replicó ella. Tomó la bolsa de comida y fue rumbo a la cocina. – Voy a calentar la cena y vuelvo enseguida. – le dijo antes de desaparecer en la cocina nuevamente.
Harry suspiró y se hizo un silencio incómodo en el ambiente.
- ¿Vas de salida, Harry? – le preguntó Dean amablemente. – Porque sino, traje suficiente para los tres.
- Oh no, claro que voy de salida. Solo estoy esperando a que llegue otro auror para cubrirme. Es todo. Quedé de cenar con Ron y Hermione. – le aseguró Harry con una sonrisa mirando inquietamente su reloj.
- ¿El chaperón que nos enviaste el otro día? – le preguntó Dean divertido. Claramente para él la situación no estaba siendo ni remotamente tan incómoda como lo estaba siendo para Harry.
- No se los envié como chaperón, pero no puede salir sola, aunque tu has demostrado poder protegerla también.
- Eso, fue solo un golpe de suerte. ¿Qué hay de la gala? ¿Por qué te alteró tanto la mención del evento el otro día? ¿Realmente crees que corre algún riesgo? – le preguntó casualmente. – Porque si lo crees tal vez…
- Ah no, no hay manera de convencerla. Créeme, ya lo intenté de todas las formas posibles. La única alternativa viable que veo para mantenerla en casa ese día, es quitarle la varita y encerrarla, pero como comprenderás no sería un método muy ortodoxo de mi parte. Respecto a lo que está pasando, no me lo tomes a mal pero sinceramente prefiero que sea ella quien te lo explique, si es que quiere hacerlo. No me corresponde contártelo a mi.
- Entiendo. Oye, respecto a Ginny, siento mucho si estás encontrando la situación incómoda. ¿Han pasado qué? ¿Ocho… nueve años desde eso? En ese entonces éramos unos niños. – le dijo él divertido, intentando amenizar el ambiente. – Me gustaría creer que tu y yo somos amigos.
Harry rio nerviosamente.
- Sí, sin duda somos amigos. Simplemente creo que es mejor para todos que durante estos… encuentros, la cuide alguien más. Pero nada personal, Dean. Todos somos adultos aquí. – le aseguró él. – Y, gracias por puntualizarlo.
Harry miró incómodamente la puerta y recibió un mensaje en su celular de Lockhood. "Lo siento, Potter. Salgo para allá en unos minutos, Weasley me dejó su papeleo". Iba a matar a Ron, claramente lo había hecho a propósito.
- ¿Pasa algo malo? Oye, deberías darte un descanso, se te ve algo estresado con este tema. ¿Tan difícil es cuidarla?
- No tienes ni la menor idea, Dean. – le replicó él, con los brazos cruzados. Ginny salió incómoda de la cocina con un par de copas, y el ver a Harry en su sala todavía, la estresó. Mierda, los malditos dramas por los que tenía que pasar.
- ¿Todavía hablándole mal de mi? – le preguntó ella a Harry, entregándole una copa a Dean y poniendo la otra en la mesita de centro. – Oye, pensé que te ibas, pero…
- Sí me voy a ir, Gin. Parece que tu hermano le dejó algo de papeleo extra a Lockhood… pero ya no debe tardar. ¿Sabes qué? Creo que voy a ir a… mi recámara, olvidé algo… - le replicó él, echando a andar rumbo a la planta alta.
Ginny le dio un sorbo a su copa de vino, wow, eso había salido aún peor de lo que pudo haber imaginado. Dean le sonrió intentando relajarla.
- Bueno, claramente está algo tenso. – se aventuró Dean, intentando romper el silencio incómodo.
- Pero tu, por otro lado, lo estás tomando de una manera bastante relajada. – le dijo ella con una sonrisa. Momentáneamente se perdió en sus ojos verdes aceitunados, y en esa encantadora y agradable sonrisa. En otra vida, si Harry no existiera en su mundo, no tenía duda de que podría caer rendida a los pies de ese fornido y agradable morocho sentado en su sala. Él le tomó la mano con suavidad.
- Bueno… eso es solo porque tu me dijiste que no hay nada entre ustedes…y decidí asumir el riesgo… - le dijo dándole una suave caricia en la mejilla. – Realmente me gustas, Ginny…
- ¿A pesar de que pueda hacerte pomada en cualquier partido? – le dijo ella burlona.
- Ah, eso solo lo mantiene interesante, y yo no lo aseguraría de una forma tan tajante. Se rumora que nosotros vamos a enfrentar a los Tornados en el primero. ¿Y ustedes? – le preguntó él, mientras jugaba con el cabello de la pelirroja.
- Los Chudley Cannons… ya lo sé… será pan comido. – dijo ella riendo.
- Que no te escuche tu hermano…. Recuerdo lo susceptible que se pone respecto a ese tema, y con ese carácter que se carga igualito al tuyo…. – le dijo él sonriendo. - ¿Te acuerdas cuando nos encontró en segunda base en el castillo? Mierda, pensé que me iba a matar…
Ella se ruborizó y soltó una carcajada. – No puedo creer que todavía recuerdes eso, Dean. Fue hace siglos. Merlín, fue humillante.
- Lo recuerdo con claridad, la imagen todavía me atormenta. Por otro lado, a Harry lo aprobó con bastante facilidad para mi sorpresa, después de que tu pusiste esa ridícula excusa del portarretrato.
- Bueno, Harry era y todavía es su mejor amigo… ¿qué esperabas? Pero, si te sirve de consuelo, creo que luego se arrepintió un poco de tan rápida aprobación. – dijo ella con sarcasmo.
- ¿Es por eso que te fuiste de Inglaterra? Porque Harry se fue a Estados Unidos. – le preguntó intuitivamente. Ella le sonrió con tristeza y suspiró.
- Eso y bueno… otras cosas. Perdimos mucho en aquella época.
- Se me ocurren mejores cosas que hablar de la guerra. – le replicó él antes de darle un sorbo a su copa y dejarla otra vez en la mesa de centro.
Él volvió a besarla y esta vez, ella le permitió profundizar el beso. Ella le echó los brazos al cuello, intentando relajarse. El timbre del apartamento volvió a sonar, y Harry ya venía a la mitad de la escalera. Ella buscó su mirada, pero él ni siquiera la miró, lo vio abrir la puerta rápidamente.
- Vaya, ya era hora. – lo escuchó regañar al joven auror.
- Lo siento, te dije que Weasley…
- Me dijiste que Weasley te asignó papeleo extra, pero aquí tenías una hora de llegada, y esperaba que la cumplieras. ¿Qué es lo primero que se supone que te enseñan en la academia? ¿Si tienes que escoger entre trabajo de campo y trabajo de escritorio?
- Escucha… Weasley dijo que era urgente, era algo para Kingsley… y esto no es exactamente trabajo de campo. ¿O si? – le rebatió el chico. Harry enrolló la mirada.
- Que pesadilla debe ser tenerte como jefe, Harry. – le dijo Dean divertido. Harry intentó sonreírle, pero después del beso que había visto le estaba costando un esfuerzo sobrehumano.
- No soy tan malo como los entrenadores que ustedes tienen que aguantar. Me voy. – les dijo fríamente, sus ojos encontraron los de Ginny brevemente. – Pórtate bien. De preferencia no salgan…
Ginny asintió, y se abrazó a sí misma, rompiendo el contacto visual con él.
- No lo haremos. Por favor pasa, Nicholas… hay comida extra en la cocina, si gustas. – le dijo ella amablemente y le dio ternura al ver cómo el chico la miró embobado. Harry enrolló la mirada.
- Límpiate las babas, Lockhood. – le dijo Harry con voz dura. – Merlín…-
El chico se ruborizó y le sonrió a Ginny.
- Gracias, señorita Weasley.
- Ginny…. ya te dije que me llames Ginny. – le dijo ella risueña. Él chico le sonrió ruborizado. – Harry, dale un abrazo al bobalicón de Ron por mi, y uno aún más fuerte a mi hermosa cuñada.
- Sí, a mi también salúdamelos. – le dijo Dean. Harry asintió con desgana y desapareció. Nicholas aprovechó el intercambio de palabras para desaparecer en la cocina.
- Ginny…ya sé que no somos nada pero… - le dijo Dean con una sonrisa conocedora, mirándola a los ojos. – Si las cosas en algún momento cambian con Harry… ¿me lo vas a decir verdad?
La pregunta la puso nerviosa al borde de balbucear. – Por…por supuesto, pero… ¿por qué lo dices?
- Porque me acaba de ver igual…
- ¿Igual cómo? – le preguntó ella fingiendo inocencia. Él la miró inquisitivamente con una ceja levantada.
- Igual que hace nueve años, cuando tu y yo salíamos… - le replicó él. Ginny se ruborizó.
- ¿Por qué no cenamos, Dean? Antes de que Nicholas termine con nuestra cena… - le dijo ella tomándolo de la mano para levantarlo del sofá. – Además después de cenar tengo que enseñarte el box step… Tienes razón, y no voy a arriesgarnos a una humillación pública.
Harry llamó a la puerta de la casa que Ron y Hermione compartían en Londres. Estaba empezando a llover. Lo que acababa de presenciar le había quitado el apetito por completo.
Ron le abrió la puerta con esa típica sonrisa bonachona.
- Llegas tarde, amigo… - le dijo Ron burlón. Harry se cruzó de brazos y lo miró mal.
- Creo que tu conoces perfectamente la razón de mi retraso. ¿O no, amigo? – le dijo él de mala gana, entrando a la casa. Ron soltó una carcajada.
- Oh vamos, ya no aguantas nada, Harry. – le replicó Ron cerrando la puerta tras él.
- Harry, llegaste. – escuchó a Hermione entusiasta, que lo abrazó de inmediato.
- Perdóname por la tardanza, Hermione. Ron le dejó una tarea extra a Lockhood, y yo no podía irme hasta que él llegara. – le dijo con una sonrisa. Hermione miró mal a su esposo, que sólo le devolvió una inocente sonrisa.
- Mi marido es casi tan cruel como su dulce hermanita. ¿Pero qué le vamos a hacer? Ahí estamos tu y yo… prendados de ellos. – le replicó Hermione.
- Ginny y Dean les mandan saludos. – les dijo Harry con amargura, antes de quitarse el abrigo para colgarlo en el perchero.
- Que tierna, mi hermana. – le dijo Ron con sarcasmo – El sábado tenemos almuerzo con mamá a las doce del día, espero lo recuerdes.
- A estas alturas, Ron, ya domino la agenda de tu hermana. – le replicó Harry con hastío. Hermione le sonrió.
- Desde que Ginny regresó ya no nos haces caso, Harry. – le reprochó ella. – Siento que hace siglos que no platicamos.
- Perdóname, Hermione. Lo cierto es que las cosas han estado un poco locas últimamente. – le dijo él, echándose a andar rumbo a la mesa del comedor de tras de ella.
- Y él un poco vuelto loco por mi hermana, tu lo disculparás. – le dijo Ron con acidez, y Harry lo miró mal. – Voy a ir a la cocina a traer algo de vino, y la cena. Hermione hizo lasaña, Harry. – insinuó Ron con una sonrisa cómplice.
- Pensé que pediríamos de fuera… - dijo Harry con una sonrisa negando con la cabeza. Hermione los miró a ambos con incredulidad.
- Los dos son verdaderamente de no creer, parece que se les olvida quién evitó que se murieran de hambre durante todos esos meses que estuvimos buscando horrocruxes. – les reclamó Hermione mirando a ambos con reproche.
- Por favor no me recuerdes… - le dijo Harry. Ella volvió a mirarlo mal y él le sonrió. – Solo estoy bromeando Hermione. Tu comida no es mala, pero tienes que admitir que tampoco es tu habilidad más sobresaliente.
Ron la miró con adoración y le dio un corto beso en los labios.
- Es que como es tan buena bruja, es difícil competir con sus otras habilidades. – le dijo el pelirrojo tomándola de la mano, intentando ablandarla. Ella le lanzó una sonrisa discreta. – Ahora vuelvo… - le dijo con una sonrisa antes de ir rumbo a la cocina.
- Años y todavía no me acostumbro a Ron empalagoso. – le dijo Harry con una sonrisa. Hermione le sonrió.
- Tu estás diferente últimamente. – le dijo ella.
- No empieces. Escucha, hay…algo muy importante que tengo que explicarte, y quiero que mañana vayas al departamento de tu querida cuñada, por ahí de las 5 de la tarde. Mañana tiene entrenamiento desde las doce, pero creo que a las cinco ya estaremos libres. – le dijo él bajando un poco la voz.
- ¿Por qué estamos murmurando? – le preguntó ella con complicidad, igualmente bajando la voz.
- No te lo puedo decir ahora, temo que tendrás que esperar a mañana. – le dijo él y luego la miró con un poco más de seriedad, la sonrisa de Hermione también murió y comenzó a mirarlo con preocupación. – Hermione… Ron no puede saber que vas mañana, y tampoco lo que voy a explicarte.
Hermione no había sido en mejor amiga de Harry por más de la mitad de su vida en balde. No le gustó para nada el notar que sus ojos verdes ahora la miraban con preocupación, y había algo más pero no supo exactamente qué.
- Me estás preocupando. ¿Qué pasa, Harry? – le preguntó directamente.
- No podemos hablar aquí, por favor confía en mi y ve a vernos mañana. Te ruego que ni una sola palabra a Ron. Créeme que es por el bien de todos. – le aseguró.
- ¿Pasa algo con Ginny? – le preguntó ella adivinando. Harry asintió. – No le dijiste a Ron todo lo que sabes… ¿verdad? – le preguntó intuitivamente.
- Merlín, Hermione. Por una vez en la vida te pido que no intentes averiguar ni darle vueltas tu sola. Déjalo estar… mañana vas a enterarte de todo. Te lo prometo. Necesitamos tu ayuda.
- Siempre necesitas mi ayuda, Harry. – le dijo ella intentando sonreír. – Me alegro de que todavía recuerdes que puedes contar conmigo. Sea lo que sea…por el momento no diré nada, pero te advierto que si es algo que Ron deba saber...
- No es necesario que lo sepa ahora… créeme. Eventualmente se lo diré, pero ahora solo va a hacerle más daño que bien. – le aseguró.- Te lo digo por experiencia de primera mano.
Hermione se quedó pensativa y asintió.
- Bien. – dijo ella secamente, pero Harry pudo notar que no se quedó tranquila.
Ron salió unos segundos después y llegó a la mesa con su típica sonrisa bonachona, el platillo principal en una mano, y el vino en la otra.
- ¿De qué me perdí? – les preguntó Ron mirando cuidadosamente a Hermione, al notarla inquieta. Hermione se esforzó por sonreír.
- Nada, querido. Solo estaba diciéndola a Harry, que apoyamos su causa con tu hermana.
- Hermione…. – le dijo Harry hastiado del tema.
- Yo no apoyo tu causa, Harry. Te lo dije, no me gusta, pero no es como que tu y mi hermana vayan a hacerme caso. – le dijo Ron sirviéndole una copa de vino, y negó con la cabeza. – Así que ya no me pienso desgastar.
- Pensé que el hecho de ser tu mejor amigo me daba un poco de poder de negociación aquí. – le dijo Harry cruzándose de brazos.
- Te jugaste esa carta a los dieciséis, y no salió bien.
Harry se apareció en el recibidor más tarde esa noche, suspiró pesadamente dejando su abrigo en el perchero. Al adentrarse al departamento vio a Ginny patéticamente intentando enseñarle a Dean el típico box step, enrolló la mirada, la escena y las carcajadas de Ginny lo irritaron sobremanera. Lo miró darle una vuelta y pegarla a su cuerpo, y eso lo irritó aún más.
- Buenas noches…- les dijo con una sonrisa burlona en el rostro. Ginny se separó de Dean.
- ¿Qué? ¿Crees poder hacerlo mejor? – le preguntó Ginny intentando hacerlo sonreír, pero pudo darse cuenta de que la sonrisa no fue auténtica.
- No soñaría con intentarlo, Ginny.- le replicó él fríamente. - ¿En dónde está Lockhood?
- Harry, se fue hace apenas unos quince minutos… no lo vayas a regañar… - le dijo Ginny poniéndole su típica mirada para hacerlo ceder. Él la miró con incredulidad. – Estaba aburridísimo y tenía un compromiso… solo fueron quince minutos, además aquí está Dean.
- Dean no es auror, Ginevra, y Lockhood no es tu subordinado. Eres verdaderamente de no creer… - le retó él. Por ese tipo de actitudes es que definitivamente no se animaba a confiársela a nadie más, eso sin duda acabaría mal.
Ella lo miró molesta, pero lo que más le calaba era que dudaba mucho que ese humorcito de perros que traía se debiera a esa pequeña dispensa que ella había concedido.
- Creo que es mejor que me vaya, Ginny. Debes estar cansada, y aunque tu entrenas tarde mañana yo sí tengo que levantarme temprano. – le dijo Dean sonriéndole. – Espero que estas clasecitas hayan servido porque si quedamos mal no te lo voy a perdonar.
- No te preocupes, no eres peor que Ian… así que relájate. Tuve que sufrir durante varios años con sus dos pies izquierdos, así que contigo será pan comido. – le aseguró ella guiñándole el ojo.
Harry enrolló la mirada cuando el moreno la besó otra vez, y Dean se separó de ella después de lo que a él le parecieron siglos.
Dean se volvió hacia Harry y le ofreció la mano, Harry le tomó y se obligó a sí mismo a sonreírle.
- Buenas noches, Dean. – le dijo suavizando el tono.
- Descansa amigo, te noto demasiado tenso. – le dijo Dean.
- Si hablas con tu novia y la convences de hacerme caso en lo que le digo, tal vez mejore mi humor. – le replicó Harry, mirando mal a Ginny que se cruzó de brazos. Dean sonrió.
- Si no te hace caso a ti, cómo crees que va a hacerme caso a mi. – le dijo Dean mirando a Ginny con adoración. Harry negó con la cabeza. Dean dio una palmada en el hombro a Harry y salió para desaparecer fuera del apartamento.
Cuando se quedaron solos se hizo un silencio incómodo, Ginny lo miró cruzada de brazos, y él se rehusaba otra vez a mirarla.
- Te sugiero que te duermas porque mañana tenemos que hablar con Hermione por la tarde. – le dijo él dirigiéndose a las escaleras.
- ¿Le dijiste algo ya? – le preguntó Ginny subiendo por las escaleras detrás de él.
- No, prefiero decírselo mañana. Ron estaba ahí y no es algo que le pueda explicar a murmullos. Ron está muy emocionado por el evento… parecería que volviste su sueño realidad. Me pregunto qué pensaría si supiera que vas a estar metros de distancia de un tipo que te humilló, maltrató y golpeó durante años. – le dijo con sarcasmo. Ginny lo tomó del brazo y él se volvió a mirarla.
- Para esto, Harry…
- ¿Qué cosa? ¿Decirte que estoy reconsiderando el no ser honesto con tu hermano? ¿Con el Ministerio? ¿Qué guardar tu secreto me está trastornando? Creo que no te estás dando cuenta de que me estoy jugando cosas aquí por ti…Por lo menos podrías ser un mínimo de agradecida conmigo, y no dispensar a mis subordinados de su obligación de protegerte… cuando yo me estoy desviviendo haciéndolo.
- ¿Todo este regaño por quince minutos? ¿es en serio? – le retó ella.
- No quiero que vayas a ese evento… hay algo que no me da buena espina de todo esto. Es el tipo de evento y de lugar en el que pienso que podría atacarte. Ginny… ¿qué no entiendes que no quiero que te pase nada? Los días pasan y esperaba que lo reconsideraras, pero no veo que lo estés haciendo. Tengo un mal presentimiento de esto. – se obligó a respirar hondo para intentar controlar su temperamento, se talló el rostro con frustración.
- No lo voy a reconsiderar, Harry. – le dijo ella tercamente, acercándose a él para acariciarle el pecho y debilitarle las defensas.
- No, claro que no… - le dijo él tomándole las manos para apartarla de él, sacó un pergamino arrugado que traía en el bolsillo del pantalón y se lo entregó. – Perdóname, tu terquedad me hace perder la paciencia con facilidad.
- ¿Qué es esto? – le preguntó ella con confusión, tomando el papel que le ofrecía.
- Tu copia de los planos del lugar del evento que me acaba de dar tu hermano. El edificio tiene solo dos plantas y hay cuatro accesos con puntos de aparición y desaparición. Dos en la planta de arriba y dos en la planta de abajo, la zona de desaparición empieza aproximadamente quinientos metros después del inicio de cada jardín, una vez que hay más vegetación alrededor…¿ves? – le dijo señalándole los lugares en los planos.
- Okey… ¿qué esperas que haga con esto?
- Que los memorices. – le dijo él sencillamente- Tatúatelos en la cabeza de ser necesario.
Ella lo miró malhumorada. - ¿No crees que estás exagerando un poco?
- Ginevra, vas a obedecerme en lo que te estoy diciendo, porque sino te juro que ese día soy capaz de quitarte la varita y encerrarte aquí. No me obligues a hacerlo… y sabes que soy capaz. Si después de eso quieres ir a lloriquearle a mi jefe para que te asigne a alguien más, no me voy a interponer en tu camino.
- Como si pudieras… - le replicó ella con sarcasmo, volviendo a doblar los planos, suspiró resignada. – Está bien, pero mejora esos modos tuyos porque no sé si te aguante de aquí al evento.
- Bien, tu hermano te manda decir que no olvides el almuerzo con tus padres el sábado. – le dijo metiéndose a su habitación.
- No lo he olvidado. – le dijo ella antes de morderse el labio pensativa, y seguirlo a su recámara. – Harry, acerca de Dean…
- No quiero hablar de ese tema. – le dijo él tajantemente, quitándose la chaqueta y aventándola en la cama. – Ni de nosotros… no mientras pretendas seguir con este juego.
- Voy a terminar con esto, pero después del evento. No antes, se está esforzando demasiado por mi y hacerlo antes me parecería de mal gusto. Solo son unos días más. – le dijo ella. Él se talló el rostro cansadamente, se arremangó la camisa antes de cruzarse de brazos, gesto que a ella la derritió, y la miró con atención.
- ¿Por qué? ¿Qué te causó esta epifanía? – le dijo con una nota de sarcasmo.
- ¿De verdad me estás preguntando eso? – le dijo ella con una mirada inquisitiva. - ¿Ya te viste? Tienes razón y las cosas no van a terminar bien, hasta él mismo se da cuenta de cómo son las cosas por como te pones. – le reprochó ella.
- Esa no es la respuesta que estoy esperando, y lo sabes bien. Dilo, Gin. – le replicó Harry aún cruzado de brazos. – Dime qué es lo que sientes por mi, son solo tres palabras, siete letras.
Ella lo miró mal, sabía perfectamente que lo que él esperaba que ella admitiera era que lo amaba, no que tan solo estaba enamorada de él. Ella se lo había dicho una sola vez, mientras que él no paraba de repetírselo. Ella negó con la cabeza y tragó el nudo que se le había hecho en la garganta.
- Es mi amigo, le tengo cariño y no quiero lastimarlo.
Él la miró con incredulidad.
- Tienes una manera curiosa de besar a tus amigos. – le recalcó él con sarcasmo, refiriéndose al beso que había visto en la sala antes de irse. Ella enrolló la mirada irritada. – Está bien, Ginny, no te obligaré a admitir lo que sé que sientes por mi. Espero que termines con esa charada tan pronto como lo creas conveniente, por el bien de todos. Ahora te recomiendo que te vayas a tu cuarto a dormir porque mañana tienes un día pesado.
- No quiero tener que explicarle todo a Hermione. – se lamentó ella. – No soportaré su mirada de lástima.
- ¿Prefieres que se entere de todo mientras escarba en tu mente? Ya sé que no te gusta, pero yo la necesito, necesito involucrarla y tu necesitas su ayuda. Me dijiste que querías estar lista si él volvía por ti… demuéstralo.
- Bien. – le dijo ella secamente. Ella le acarició el pecho y sintió como el corazón se le aceleró. - ¿Me das un beso? – le preguntó mirándolo a los ojos, mordiéndose el labio inferior de la boca.
Él sonrió con incredulidad y negó con la cabeza.
- Termina tu asunto con Dean primero, y luego ten el valor de admitir lo que sientes por mi, porque yo, mi amor, no pienso ser tu juguete. – le dijo tajantemente tomándola de las manos, antes de darle un beso en la mejilla, y acariciarle el cabello con suavidad. – Me estás torturando y no es justo.
- Nos torturas tu solo, Harry. – le replicó ella apartándose de él. – Buenas noches.
Ginny desapareció en su habitación azotando la puerta detrás de ella.
Hermione tocó a la puerta del lujoso penthouse en Mayfair. La conversación con Harry la había dejado demasiado inquieta y no podía esperar a saber qué era lo que estaba pasando. Se alisó el cabello castaño con nerviosismo, y Harry le abrió la puerta con una sonrisa en el rostro.
- Siempre tan puntual. – le murmuró él, dándole el paso. La castaña se adentró al departamento con nerviosismo, y lanzó un largo suspiro.
Ella miró a Harry con inquietud y ansiedad.
- Siéntate. ¿Quieres algo de tomar? – le preguntó él, metiendo sus manos a los bolsillos de su pantalón. La castaña negó y se sentó en uno de los sofás frente a la chimenea. No se quitó el abrigo porque estaba muriendo de frío.
- Estoy bien. Lo que quiero saber es qué hago aquí y más importante aún, porque tuve que mentirle a mi marido y decirle que tendría que quedarme trabajando hasta tarde. – le dijo ella sin siquiera intentar enmascarar lo incómoda que estaba con la situación.
- Porque necesitamos tu ayuda. – escuchó la voz de Ginny detrás de ella. La vio bajando por las escaleras, parecía que se acababa de duchar y estaba vestida con unos pantalones de mezclilla y un crop top casual, luciendo su vientre plano. Traía el cabello húmedo y la miraba con preocupación. – Yo necesito tu ayuda. – le aclaró la pelirroja poniéndose frente a su amiga.
- ¿Por qué presiento que todo este asunto se está volviendo un tanto más oscuro de lo que se lo que le han pintado a Ron? – preguntó la castaña con los brazos cruzados, mirando de uno a otro.
Ginny se sentó junto a ella mirándola dubitativamente.
- No hay manera fácil de decirte esto, Hermione. Así que intentaré resumirlo, pero necesito que primero me prometas que no le dirás una sola palabra a mi hermano. Ni una sola, Hermione.
- Ginny….
- Ya sé que no quieres mentirle, pero te lo estoy pidiendo por la amistad que tuvimos durante tantos años. Por el cariño que creo que aún sientes por mi. – le rogó ella tomándola de la mano. Hermione debatió. – Sobre todo por el amor que sientes por Ron… créeme. Por su propio bien lo mejor es que no sepa nada de esto. De otra forma… esto lo destrozaría.
La aseveración asustó aún poco más a la castaña que miró a Harry, quien asintió resignadamente.
- Bueno, oficialmente ya me estás asustando. – le dijo Hermione dándole un apretón en la mano. – Pero si lo que dices es cierto, si es mejor para Ron no saber nada de esto, entonces te lo prometo.
Ginny le sonrió y suspiró aliviada.
- Mi vida estos años…no ha sido exactamente cómo yo se los he hecho creer. – le dijo ella bajando la mirada. – Ian es…
Harry se dio cuenta del trabajo que le estaba costando contarle la verdad a Hermione, así que decidió intervenir.
- Yo solo vi algunos recuerdos, pero lo suficiente para poder contártelo. – le dijo él mirando a su amiga. – Estoy seguro de que Ginny me corregirá si hay algo que quiera añadir.
Ginny lo miró a los ojos y asintió agradecida.
- ¿Qué con Ian? ¿Qué está pasando? – preguntó Hermione ansiosa, el dolor que vio en los ojos de su amigo fue suficiente para que ella pudiera imaginarse lo que estaba pasando. - ¿Esto es acerca de todas las denuncias que encontramos en su contra no es cierto?
- Conoció a Ginny poco después de que ella se marchara de Inglaterra. Lo que encontraste respecto a cómo la conectó con las Arpías es cierto, pero ese infeliz no ha hecho otra cosa que maltratarla, lastimarla y humillarla todos estos años, y lo digo en el peor sentido que te puedas imaginar. El peor escenario que venga a tu cabeza, ese es. Es un maestro en legilimancia, y además hace poco descubrimos que la ha estado controlando con pociones todo este tiempo. No logramos entender todavía el por qué, pero está realmente obsesionado con ella, y con llevársela otra vez. Ella salió prácticamente huyendo de Dublín, una vez que supo que el equipo vendría a entrenar aquí. El muy hijo de puta tiene el control de la mayor parte de su dinero.
Hermione cerró los ojos y negó con la cabeza. El peor escenario que aparecía en su mente implicaba por lo menos, un daño a la integridad física de Ginny. La miró sin comprender por qué había llegado hasta ese punto, por qué no se había defendido, por qué no había vuelto mucho antes.
Los ojos cafés de Ginny se habían nublado, y miró a su cuñada con una triste sonrisa en el rostro.
- ¿Por qué lo permitiste? ¿Por qué todo este tiempo? Esto no es… - comenzó Hermione tragando el nudo en la garganta.
- ¿Típico de mi? – le preguntó la pelirroja bajando la mirada y negó con la cabeza. – Como parte de los efectos de las pociones que me ha suministrado todos estos años, era dependiente de él, le tenía y aún le tengo un miedo irracional, me hacía olvidar las cosas constantemente, me confundía, ponía cosas en mi cabeza que no estaban ahí… por favor ahórrate esa mirada de lástima, Hermione, que yo no la necesito. Ian es un tipo persuasivo y manipulador, acostumbrado a que todo se haga como él lo quiere, y en el momento en que él lo quiere. Y yo era muy joven cuando lo conocí, todavía estaba muy triste porque Harry me había dejado, y no supe ver las señales a tiempo. Al principio me deslumbró, me había conseguido la carrera de mis sueños, jamás había vivido con tantos lujos, la atención se centraba en nosotros, y tenía todas las comodidades sin las que crecí. Fue demasiado en tan poco tiempo que me costó trabajo digerirlo. – le dijo Ginny, ya no lo miraba, sus ojos estaban perdidos en la chimenea.
- Pasé de ser una completa desconocida, o a lo sumo… la hermanita de un miembro del trío dorado, el amor épico adolescente del Salvador… - no pudo evitar que la voz se le quebrara y le saliera con sorna – a convertirme en una cazadora estrella, saliendo con un tipo guapo, millonario y con una familia que, para efectos del mundo mágico de Irlanda, equivale a ser de la realeza. Luego, vino el modelaje… mayor atención a mi imagen y a mi relación con él. En algún punto, yo me perdí, en algún punto me convenció de que mi familia me rechazaría, Harry estaba lejos… y yo… después de cómo terminaron las cosas, francamente no pensé en buscarlo tampoco. Para cuando quise dejar a Ian, él ya me tenía completamente controlada, constantemente vigilada, y el único hombre que se interesó en ayudarme a escapar acabó pagándolo con su vida. – le relató Ginny otra vez mirándola a los ojos. La mención de Ethan hizo que se le volviera a quebrar la voz.
Hermione miró a Harry, y las piezas comenzaron a unirse en su cabeza.
- ¿Ethan? ¿Supuestamente asesinado por muggles? – le preguntó Hermione consternada. Harry asintió.
- Merlín, Ginny… - le dijo tomándola de la mano con más ahínco, luego miró a Harry confundida. – Si entiendo correctamente, hace ya tiempo que sabes esto. Así que supongo que lo que no me cierra es por qué no has ido tras él… por qué no está ya tres metros bajo tierra…te conozco y…
- Porque me prometió que no lo haría. – le aclaró Ginny mirándola. – Harry sabe perfectamente que en el momento en que rompa esa promesa que me hizo, yo voy a desaparecer de su vida y no va a volverme a ver. Ya perdí a alguien que me importaba por culpa de Ian, y no pienso perder a nadie más.
- Ginny… - la interrumpió Hermione. – Lo que me estás contando es muy grave.
- Hermione, tu eres la racional aquí. No tengo pruebas contra Ian, asumiendo que las tuviera, lo que hizo lo hizo en Dublín… en donde su familia controla al Ministerio. Sé todo acerca de esas denuncias que encontraste en su contra, y jamás implicaron una amenaza real contra él… el Ministerio simplemente mira hacia el otro lado. Su familia y él hacen y deshacen como quieren. Por más poderoso que sea Harry, con o sin mi hermano, si intentan llegar a él, él no se los va a dejar fácil. Tiene un grupo de matones entrenado… y no es que dude de las habilidades de Harry y Ron, pero… ¿serán dos contra veinte o más? Solo basta que Ian le ponga un precio a sus cabezas, y tu y yo nos arrepentiríamos de haberles permitido ir. Por otra parte, asumamos que lo logran… al menos sé que Harry no lo dejaría vivo… no después de lo que vio. Si Ron se entera estoy asumiendo que tampoco… siempre ha sido demasiado…
- Sobreprotector… - completó Hermione asintiendo con preocupación. – Y tienes razón, el saber que no pudo defenderte y apoyarte durante todos estos años…lo va a destrozar. Todavía siente cierto grado de responsabilidad porque te fuiste, cuando este idiota te dejó… - le replicó mirando a Harry con reproche.
- Por más que entiendo la necesidad de ambas de sacar a relucir los errores que he cometido en el pasado… les pido que por favor se enfoquen. Ya suficientemente culpable me siento sin que ustedes me lo estén recordando. – les dijo cruzado de brazos. – Así que mejor enfoquémonos en el aquí y ahora. Hermione, necesito que logres que Ginny aprenda y domine la oclumancia. Una de las mayores armas que Ian tiene en contra de ella, es precisamente la legilimancia, así que necesito que le enseñes a cerrar su mente. Tu eres de las pocas personas que conozco que sé que lo hace maravillosamente.
Hermione lo analizó y comprendió el por qué le estaba pidiendo su ayuda, sonrió comprensivamente.
- Tu nunca has sido un buen oclumático… - le replicó ella, y asintió. – Ya entiendo…
- Eso, y francamente no quiero ver ni un solo recuerdo más, porque sé que me acercará más a la posibilidad de romper la promesa que le hice a Ginny, y ni tu ni yo queremos que ella vuelva a desaparecer. Así que te estoy pidiendo que nos ayudes. – le dijo firmemente. – Sé que no te gusta ocultarle cosas a Ron, pero piensa si realmente tiene algún sentido involucrarlo en este punto. Un punto en que por mucho que duela no hay nada que podamos hacer, al menos no sin meternos en problemas… y supongo que ver a Ron en Azkabán no es como planeas pasar el resto de tu matrimonio con él.
- No… ciertamente no. – le confirmó ella. – Está bien, Harry. Lo haré. Pero por más nobles y racionales que me parezcan sus razones para no decir la verdad, sinceramente creo que se están equivocando. Tú, Harry, sabes bien que si esto llega a saberse te estás exponiendo a terminar con tu carrera como auror por haber ocultado información crucial de un caso que se ha vuelto oficial.
- Ya lo sé, pero no me importa. La situación no es sencilla, y en este caso, mi carrera es lo mínimo que está en juego. Créeme que si por mi fuera, ese tipo ya estaría metros bajo tierra. Desafortunadamente, conozco muy bien a Ginny y sé de lo que es capaz, y no estoy dispuesto a arriesgarme a perderla otra vez. – le dijo tajantemente. – Si tú crees que puedes convencerla de ser honesta respecto a todo esto, buena suerte porque yo lo he intentado hasta el cansancio y no he logrado nada.
- Me alegra que al menos esta vez estés consciente de lo que está en juego. – le dijo Ginny a Harry, quien suspiró levantando las manos.
- Completamente, por eso reitero que no voy a arriesgarme a perderte otra vez. – le replicó él antes de virarse otra vez hacia Hermione. - ¿Entonces nos vas a ayudar? ¿Podemos contar con tu discreción?
Hermione miró de uno a otro, suspiró y asintió.
- Sí, estoy dentro. – resolvió ella. – Realmente espero que puedas acabar con esto antes de que llegue a oídos de Ron. Porque no tengo que decirte que tu amistad con él, e incluso mi matrimonio pueden peligrar también.
- Escucha, Hermione… - le dijo Ginny dirigiéndose hacia su amiga. – No tengo intenciones de perjudicarte de ninguna manera, si esto llegara a salir a la luz, Harry y yo haríamos todo en nuestro poder para que tu nombre no se mezcle en todo esto.
Hermione miró a Harry otra vez, quien le asintió solemnemente.
- Así es. No te preocupes por esto… Solo ayúdame a que Ginny pueda protegerse sola… no vamos a involucrarte más.
Hermione asintió otra vez, y se quedó pensativa.
- Lo que no entiendo es ¿por qué está tan obsesionado contigo? No me lo tomes a mal, sé que eres encantadora y muy bonita, no en balde tienes a este… - le dijo señalando a Harry, que solo sonrió con cinismo – así como lo tienes…
- Pero si le has dejado claro a Ian que no quieres nada con él… no entiendo el capricho.
Ginny suspiró cansadamente y negó con la cabeza. – Tampoco entiendo, créeme. Sobre todo, porque en realidad dudo que me quiera, o que alguna vez me haya querido… su popularidad incrementó conmigo a su lado, eso es cierto… ¿pero todo esto por tener a una novia trofeo? No me hace ningún sentido, sobre todo cuando sé que hay una larga fila de mujeres dispuestas a tomar el puesto.
- Bueno, las voy a dejar para que comiencen. – les dijo Harry un poco incómodo, realmente mientras menos supiera de lo que Hermione pudiera o no pudiera ver en la cabeza de Ginny, era mejor. Ginny se levantó del sofá y él la miró, le acarició el rostro con ternura. – Gracias, por hacer esto. Sé que no es fácil…
- Si así logro que dejes ese mal humor que tienes últimamente. – le replicó ella. Él le sonrió.
- Estaré arriba si me necesitas. – La soltó y subió directamente a su recámara.
Hermione suspiró y negó con la cabeza.
- ¿Cuándo van a dejar esta farsa de que no están juntos? – le preguntó la castaña con cansancio.
- No es una farsa, no estamos juntos. – le repitió Ginny. – No mientras el miserable de Ian no me deje en paz. Hasta lejos continúa siendo la pesadilla de mi existencia.
Hermione le sonrió con tristeza. – Vamos a empezar. No sé si sepas cómo funciona esto, pero voy a entrar en tu cabeza, y tu tienes que resistir el embate, tienes que vaciar cualquier recuerdo, cualquier emoción que no quieras que yo vea. Siento que sea intrusivo, pero…
Ginny negó.
– Fuera del secreto que te acabo de contar no tengo nada más que ocultarte. Pero tengo que advertirte que si te topas con la memoria equivocada… no va a ser fácil para ti tampoco. – le dijo la pelirroja.
- Lo puedo imaginar. – resolvió Hermione. - ¿cómo logra ver tu cabeza Ian? ¿con o sin varita?
- Sin varita… no la necesita, tampoco lo hace verbalmente. El bastardo no tiene muchos talentos pero en legilimancia, la verdad es que es excelente. – le dijo ella con resquemor.
- Bien, entonces lo hará solo con contacto visual. Temo que yo soy buena pero no puedo hacerlo sin varita. – Extrajo la varita de su abrigo. - ¿Estás lista? – La pelirroja asintió
- Legilimens… - murmuró la castaña.
Media hora después, Hermione ya había visto mucho más de lo que le hubiera gustado ver. Tenía los ojos llorosos y miraba a Ginny con incredulidad.
- Ahórrame la mirada, Hermione. Esta es justamente la razón por la que no quería hacer esto. – se quejó Ginny cruzándose de brazos. La cabeza le dolía, y tampoco se sentía cómoda con lo que Hermione estaba viendo en su cabeza.
- Harry, tiene razón. – le dijo Hermione. – Fue una buena idea que él no hiciera esto. – Ella misma estaba agotada, entrar a la cabeza de Ginny era agotador, había tanto miedo, tantas preguntas, tantas dudas, inseguridades y tanto dolor. – Siento que hayas tenido que pasar por todo eso tu sola. Ojalá hubiéramos podido estar ahí contigo.
Ginny le sonrió y negó con la cabeza.
- Siento no poder estar dominando esto tan rápido como debería. – le dijo ella agotada.
- Lo estás haciendo mejor… no pude ver lo que pasó después de que te le aventaste así a Harry en los casilleros… - le dijo ella con una sonrisa. Ginny se sonrojó.
- Eso es privado, Hermione… - se quejó la pelirroja negando con la cabeza, y Hermione se rio.
- Vamos poco a poco, Ginny. Que hijo de puta… ¿cómo pudo hacerle eso a Ethan? Tan…a sangre fría, a alguien que era como un hermano para él. – le dijo la castaña. - ¿Lo querías mucho, verdad?
Ginny asintió. – Mucho… y no pasa un solo día sin que me sienta culpable por su muerte. Si yo no me hubiera cruzado en su camino, él se seguiría con vida.
- Por lo que he visto, te quería mucho. Quería ayudarte, y nadie podría haberse imaginado que Ian sería capaz de matarlo. Ginny, no me gusta esto. Creo que Harry debería enfocarse en investigar por qué Ian está tan obsesionado contigo. No me parece normal… No me cierra.
- No tenemos de donde partir. Al menos yo, no tengo ni la más remota idea. – se quejó ella.
- ¿Intentémoslo otra vez, si? – le preguntó Hermione. – Desafortunadamente solo vas a dominar esto si practicas lo suficiente.
Ginny asintió y tomó una respiración honda para intentar tranquilizarse. Iba a ser una larga tarde.
Harry bajó tiempo después a la sala para ver si ya habían terminado.
- ¿y entonces? ¿qué opinas? – le preguntó directamente a Hermione, que lo miró con tristeza. Harry pudo notar que tenía los ojos hinchados.
- Que hiciste bien en pedirme esto. – resolvió Hermione cansadamente. Harry asintió. – Lo está haciendo bien, aunque se queja mucho. – le dijo con humor.
Ginny le sonrió, se levantó y le echó los brazos al cuello a Harry. -Lo estoy haciendo muy bien. – le dijo ella orgullosamente. – Te voy a superar en esto, Potter. – él le sonrió y hundió su rostro en el cuello de ella, disfrutando de su perfume.
- Eso espero, pero es tarde y no quiero que Ron sospeche y empiece a hacer preguntas. – le dijo Harry, mirando otra vez a su amiga.
- Sí, es mejor que me vaya. No te preocupes, no va a sospechar nada, he estado trabajando hasta muy tarde durante estos días. – le replicó ella. - ¿Mismo día y hora la próxima semana?
Ginny la miró irritada. - ¿Cuánto tiempo tendremos que hacer esto? – se quejó ella.
- El que sea necesario hasta que lo domines al cien por ciento. Mientras más practiques será más fácil, Ginny. La práctica lo es todo. Puedes hacerlo aún y cuando nadie se meta en tu cabeza, es cosa de concentración. – le aseguró ella con una sonrisa, levantándose del sofá.
- Gracias por todo Hermione, te acompaño. Temo que tienes que desaparecer desde afuera… - le dijo Harry con una sonrisa. La acompañó a la puerta y salió detrás de ella, cerrando la puerta tras él.
Se hizo un silencio incómodo entre ambos y Hermione lo miró con tristeza, negó con la cabeza.
- ¿Cómo pudo pasar esto, Harry? – se lamentó ella. – Ahora entiendo por qué estás tan tenso últimamente. Me hubiera gustado saberlo antes, debe ser difícil no poder compartirlo con nadie más.
- Sí, es cierto, pero para ella debió haber sido el triple de difícil de lo que ha sido para nosotros. Siento mucho haberte involucrado, pero no había nadie más en quién pudiera confiar, y francamente yo…
- Lo entiendo, Harry. De verdad, lo entiendo. Estoy completamente de acuerdo en que tú no debes hacer esto. – le recalcó ella. – Ron se va a morir si llega a enterarse de esto, y no solo él…los demás, sus padres… No estoy de acuerdo, pero entiendo su postura.
- Lo sé.
- Harry, sé que no quieres separarte de ella, pero ¿no sería mejor idea que dejes que alguien más se encargue de protegerla, mientras que tú te dedicas investigar el fondo de todo esto? Es muy raro, algo no… no me hace sentido. Además, así podrías estar con ella, sé que es lo que quieres… - le dijo con una sonrisita.
Harry debatió, pero negó al fin y al cabo de unos segundos.
- No estoy listo. Definitivamente no hasta que pase el maldito evento ese al que está empecinada en ir… no sabes cómo me desquicia a veces. – le dijo él, recargándose en la pared. – Pero entiendo la parte respecto a que debería de estar investigando más a fondo. El problema es que no tengo mucho de dónde partir… podría irme a Dublín, pero tengo tanto miedo de dejarla.
- Es fuerte, estará bien… mira sólo piénsalo. Espera a que pase el evento, no tienes que decidir nada ahora. Solo faltan unos días. Imagino lo difícil que debe ser esto para ti también. Tengo que admitir que estoy muy sorprendida de que haya logrado hacerte desistir de la idea de cazar a ese maldito. – le dijo ella con rabia.
- Hace lo que quiere conmigo… con esa amenaza respecto a desaparecer de mi vida. No puedo perderla, no esta vez, Hermione.
- No lo harás. – le aseguró ella. – Y Harry, no tengo que leer tu mente para darme cuenta de que te sientes culpable por lo que le ha pasado… y está mal. Esto no fue tu culpa.
Harry debatió internamente. – No sé, si no me hubiera ido, la realidad es que nuestras vidas serían otras… creo que hasta me habría casado con ella.
- Ah, no me queda la menor duda. – le dijo ella con una sonrisa. Lo abrazó. – Me voy, cuídense mucho, Harry.
- Tu también Hermione. Gracias.
Ginny se miró nerviosamente en el espejo, mientras terminaba de arreglarse. Era una tontería, el hecho de que todavía se sintiera nerviosa de ver a toda su familia reunida le parecía ridículo. Miró el reloj y se dio cuenta de que ya iban tarde.
- ¿Harry? ¿Qué estás haciendo? ¿No has visto la hora? – se quejó la pelirroja tocando la puerta de la recámara de a lado.
Harry le abrió con esa sonrisa de lado que a ella la hacía delirar.
- Ya estoy listo, no entiendo la histeria. Que hermosa estás, mi amor. – le murmuró él antes de tomarla por la cintura.
- No hagas eso… - le reprochó ella sin soltarse, acercándose mucho a su boca con ganas de besarlo, por un momento pensó que él lo haría, pero se decepcionó cuando él le dio un beso en la mejilla. – Ya estoy nerviosa y no me estás ayudando.
Harry rozó su nariz con la de ella cariñosamente.
- Es una tontería que te siga poniendo nerviosa ver a la caballería completa. – le murmuró al oído, dejando que sus labios se acercaran demasiado a su cuello.
- Ya lo sé, pero parece ser una reacción fisiológica solamente, nada racional. – reflexionó ella. - Dame un beso. – le pidió ella. Él le sonrió y negó con la cabeza, reprimiendo las ganas que tenía de besarla.
- No, tenemos un acuerdo. – le dijo él, soltándola con suavidad antes de acomodarle el cabello detrás de la oreja. – Termina las cosas con Dean….
- Ya te dije que lo haré después del evento. – le replicó ella mirándolo mal.
- Hasta entonces… te voy a dejar con las ganas, mi amor. Es mejor que nos vayamos. – le dijo él tragando el nudo que se le había formado en la garganta y tomándola de la mano.
El estado de Molly Weasley resultó ser en realidad aún más preocupante de lo que Ginny pudo haber imaginado. La encontró sentada en el sofá con una cobija encilla de ella, tenía grandes ojeras debajo de sus ojos castaños y se veía mucho más delgada, casi como consumida. En la cocina, estaban Fleur y Angelina intentando ayudar con la comida, Arthur estaba jugando con sus nietos y con Teddy en el jardín, mientras que George y Bill estaban en la sala junto con su madre.
Harry soltó la mano de Ginny cuando ella se aproximó a su familia. Su madre le sonrió.
- No me digas que también te asustaron a ti… no quería que te enteraras de lo del hospital… - le dijo la mujer en voz baja. George se levantó y dejó que Ginny se sentara a lado de su mamá.
- Madre…. Eres una inconsciente, ¿cómo no me avisaron antes? Me hubiera gustado estar ahí contigo. – le dijo ella, tomando a su madre de la mano después de abrazarla. - ¿Qué fue lo que pasó?
- No sabemos… parece que el sanador tampoco tiene idea. Mencionó algo acerca de una descompensación, que achacó a desgaste y estrés. – se quejó Bill frunciendo el entrecejo.
- Mamá, creo que deberías cambiar de sanador. Sé que es conocido y recomendado de Audrey, pero si llevas meses con él sin mejoría estoy segura de que ella entenderá… - le dijo Ginny.
- Buena suerte intentando convencer a tu madre, Ginny… - replicó Bill.
- No, hija, estoy cómoda con él… y eso de la mejoría es relativo, me he sentido mejor, esto fue solo una recaída. – le dijo Molly. – Harry, querido. ¿Cómo estás? ¿Se porta bien niña? – le preguntó directamente al ojiverde una vez que él se acercó a ellos.
- Más o menos… - le replicó Harry con una sonrisa, tomándola de la mano. – Coincido con ella en que nos hubiera gustado saber que estuvo en el hospital para poder acompañarla.
- No era necesario… Arthur exageró todo. – se quejó la mujer con una sonrisa.
- George…Bill… - saludó él a los pelirrojos volviéndose hacia ellos. George lo miró con una sonrisa cínica en el rostro.
- ¿Todo bien, amigo? Todavía no veo ninguna sortija de compromiso en ese dedo… - dijo él burlón mirando las manos de su hermana. Ginny se sonrojó y lo miró mal, antes de aventarle un cojín del sillón a la cara.
- Que gracioso, George. – le replicó Ginny con sarcasmo. Harry le sonrió.
- Tu hermana no logra conquistarme todavía, está ocupada con un jugador de quidditch. – le replicó Harry con voz socarrona antes de guiñarle el ojo a Ginny en complicidad, lo que solo la hizo sonrojarse aún más.
- A propósito de ese "todavía"… - le dijo Bill a su hermana, mirándola mal - ¿nos explicas qué es esto, hermanita? – le dijo aventando el último número de "Corazón de Bruja" a la mesa de centro.
Ginny la levantó con curiosidad, en la portada estaba ella con su escoba y su uniforme de quidditch.
- Es una linda fotografía… ¿qué quieres Bill? ¿un autógrafo? – le preguntó Ginny admirando la portada con su imagen.
- No, que nos expliques el triángulo amoroso que se detalla en el artículo. – le dijo Bill con los brazos cruzados mirando la revista ofensivamente. Ginny abrió la revista para encontrar el supuesto artículo, maldijo por lo bajo, ahí estaban fotos de ella con Harry, y otras más en el campo de quidditch de su beso con Dean, y para acabarla… otras más de sus besos en el exclusivo restaurante en Mayfair en el que habían cenado días antes.
- Mierda… - maldijo ella por lo bajo.
- ¡Ginevra! Ese lenguaje… - le regañó su madre.
- Ellos lo hacen todo el tiempo, y nunca les dices nada. – le replicó Ginny defensivamente.
- Claro que no lo hacemos, Ginny. – le dijo George con una sonrisa. – Al menos no frente a mamá…- completó por lo bajo.
Los ojos de Ginny escanearon el artículo horrorizada, mientras que Harry la miraba divertido.
- Déjame ver… - le dijo Harry intentando quitarle la revista, pero los reflejos de Ginny fueron más rápidos.
- No, Harry. No seas entrometido… - le dijo ella, mientras que continuaba leyendo horrorizada. – Voy a matar a tu amiguita, Parvati. Voy a hacer puré con ella, te lo juro. – le dijo ella con resquemor.- Se le nota a leguas la envidia. Poco le falta para escribirte una nota directamente diciéndote que quiere salir contigo. Lagartona… descarada, adviértele a tu amiguita, Harry, que si se vuelve a referir a ti como el sexy Salvador, le voy a sacar los ojos.
- Ya, Ginevra, dámela… no seas infantil. – se burló Harry quitándosela de las manos. – Veamos qué dice… - abrió los ojos con incredulidad y el sonrojo se le notó en la nuca.
– "LA CAZADORA ESTRELLA DE LAS ARPÍAS REPITE TRIÁNGULO AMOROSO ADOLESCENTE. A Ginevra "Ginny" Weasley, 24, se le había visto muy apegada a su exnovio, Harry Potter, el Salvador, 25, durante las últimas semanas, y ya nos estábamos haciendo ideas respecto a una posible boda el próximo junio" ….Merlín, la imaginación de esta gente vuela….- se interrumpió Harry en la lectura – "Sin embargo, en los últimos días, Ginny se ha dejado ver en una romántica cena en medio de un restaurante muggle, en el barrio de millonarios de Mayfair, en Londres, con otro de sus ex novios, el afamado cazador del Puddlemere United, Dean Thomas, 25, entre beso y beso. Además, por si no fuera poco, uno de nuestros paparazzis los captó haciendo público su amor, en un caluroso beso en el campo de quidditch en Londres. Vaya estilo, la escena fue vista por jugadores del Puddlemere United y también de las Arpías de Holyhead, ambos equipos con una conocida y antigua rivalidad. También, recientes noticias nos han informado que Ginny y Dean está saliendo actualmente, y que de hecho planean ir a la gala de inauguración de la copa británica de qudditch juntos…". – pausó la lectura otra vez y miró a Ginny con recelo.
– Bueno, esta vez, parece que Parvati tiene la información correcta ¿o no? "…así que, estimados lectores… creemos que Ginny nos debe una explicación respecto a quién es el ganador de su corazón, ya que no entendemos entonces qué hace el sexy Salvador siguiéndola por todos lados, cuando ella parece continuar interesada en jugadores de quidditch… pobre Harry, de no correr con la misma suerte que tuvo hace algunos años, al menos sabemos que continuará con la larga lista de fanáticas que mueren por salir con él…" – Harry soltó una carcajada y Ginny lo miró mal – "…ojalá que Ginny se decida pronto y deje de acaparar a los solteros codiciados del medio. Ya que después de haber salido con el guapo y millonario guardameta de los Murciélagos de Ballycastle durante cinco años, ahora la vemos muy feliz disfrutando de su aparente soltería. ¿Entonces quién será el afortunado, Ginny? ¿El guapo y fornido cazador del Puddlemere United o el sexy Salvador de ojos verdes con quien compartes una épica historia de amor? Reportó para ustedes: Parvati Patil".
Harry escaneó las fotografías y la miró mal al notar aquellas en las que aparecía besándose con Dean en pleno restaurante muggle. Le devolvió la revista y la miró con recelo.
- Bonitas fotos, Ginny. – le dijo con sarcasmo.
Ella negó con la cabeza, y maldijo internamente rogando que la tierra la tragara. Su madre la miró apesumbrada con una triste sonrisa en los labios.
- Ese artículo no te deja nada bien parada hijita… - le dijo Molly.
- Ya…ya lo sé… estoy saliendo con Dean. Es todo, lo demás son habladurías de la prensa que sabíamos que habría. – aclaró Ginny intentando no darle importancia a lo incómoda que se sentía.
- Yo te apoyo a ti, Harry, eres mi socio. – le dijo George divertido. Harry le sonrió, pero enrolló la mirada. – Ginny, te hablo por experiencia de primera mano… no es bueno revivir viejas flamas, particularmente cuando una de ellas… - dijo señalando a Harry – apagó a la otra… - dijo el pelirrojo con simplicidad.
Harry le sonrió y negó con la cabeza.
- Es lo mismo que yo le digo, pero no hace caso. – le dijo Harry.
- ¿Discúlpame? – le preguntó Bill inquiriendo con la ceja levantada. Harry abrió la boca inseguro de cómo contestarle pero afortunadamente Teddy entró corriendo a la sala y le estiró los bracitos para que lo cargara.
- ¡PANINO! – exclamó el pequeño niño que traía el cabello de un vívido azul eléctrico. Harry sonrió y lo tomó en brazos. Ginny automáticamente se derritió.
- ¡Teddy! Nunca había estado tan feliz de verte…. -le dijo él abrazándolo. – Te he echado de menos. ¿Tu abuela vino contigo? – le preguntó y el niño negó.
- Andrómeda también está enferma…es la edad supongo. – le dijo Molly con preocupación, Harry distrajo a Teddy y le sonrió. La realidad era que Andrómeda ya no era una mujer joven, sin embargo, él estaba muy consciente de que si ella llegara a faltar Teddy tenía un lugar asegurado con él, aunque su estilo de vida no fuera muy estable que digamos.
- Tengo que llamarla pronto, hace tiempo que no sé de ella. – le replicó Harry, lanzándole una sonrisa tranquilizadora a Molly.
- ¿y para mi no hay un beso? – le recriminó Ginny con una discreta sonrisa. Teddy la miró y se bajó de los brazos de Harry para ir a los de la pelirroja que lo cargó y le dio un besito en la frente.
- ¿En dónde dejaste a mi princesa, Teddy? – le preguntó Bill con una sonrisa.
- Afuera jugando con Fred y Roxy. – le replicó el niño abrazando de cerca a Ginny. – Que bonita eres… - le dijo él con una dulce sonrisa. Ginny se derritió y lo abrazó más de cerca.
- Y tu eres un bombón… cielo. - le dijo dándole un beso en la mejilla. Harry la miró embelesado hasta que se percató de que Charlie había llegado a la sala.
- Ya quita esa cara de bobo, Potter, te vas a ahogar con tus babas. Es patético. – le dijo el pelirrojo con burla. Harry sonrió y le extendió la mano, que Charlie tomó agradablemente. Se viró para abrazar a su madre con fuerza, que se quiso levantar, pero él negó.
- No te esfuerces mamá. ¿Cómo te sientes? – le preguntó Charlie.
- Estoy bien, hijo. Insisto, todo esto ha sido una exageración, pero al menos ha servido para que vengan a verme. – le dijo Molly abrazándolo desde el sofá. Charlie miró a Ginny que le sonrió.
- Enana traidora… - le dijo él con una sonrisa, mirándola mal.
- ¿Y ahora qué hice? – le preguntó ella con incredulidad, aún teniendo a Teddy entre sus brazos, que jugaba con su largo cabello.
- Me escribió Ron para presumirme que tiene boletos para el evento de inauguración de la copa, cortesía tuya… tienes cuatro hermanos más. ¿Lo sabías? – le dijo él con falsa indignación.
- ¡Es cierto… había olvidado reclamarte por eso! Toda esta plática acerca de tu vida amorosa, me había hecho olvidarlo. – le reclamó George cruzándose de brazos.
- Ron les ganó en pedirlos. ¿Qué quieren que les diga? Una cosa es conseguir dos, y otra muy diferente es conseguir diez…- le replicó ella. George la miró con falso dramatismo.
- Increíble, Ginny. ¿Quién diría que Ron terminaría siendo tu hermano favorito? – le recalcó él.
- Todos son mis hermanos favoritos… bueno, Percy un poco menos. – admitió ella con una sonrisa. - ¿Qué puedo hacer para remediarlo George?
- En mi caso, puedes pasarte por la tienda de bromas un día de estos y dar autógrafos. Tu nombre está en boca de medio mundo, y la gente está muy emocionada con la copa… ayudarías con las ventas. – le dijo él con voz socarrona.
- Tenías todo esto planeado. – lo acusó Ginny mirándolo mal. George le sonrió con fingida inocencia. – Está bien, proponme una fecha y horario y veré qué puedo hacer. – le dijo ella.
- ¿Y nosotros qué? – preguntó Bill cruzado de brazos, señalándose a sí mismo y a Charlie. La pelirroja suspiró meditando alguna alternativa y enrolló la mirada.
- Asientos en primera fila para el primer partido de las Arpías, se rumora que vamos contra los Chudley Cannons. – dijo ella con una sonrisa. – Tómenlo o déjenlo. - Bill y Charlie se miraron y asintieron.
- Está bien. – contestaron ambos al unísono sonriendo.
- ¿Angelina y yo podemos entrar en ese trato también? – le preguntó George con una sonrisa. Ginny le sonrió.
- Qué remedio. – dijo ella con simpleza.
- Teddy, me estás despeinando cielo. – le dijo Ginny al pequeño intentando sacar el cabello de su rostro.
- Es que tu pelo es muy lindo. – le dijo Teddy con dulzura. Ginny le sonrió y le dio un besito en la frente. - ¿Ya eres novia de mi panino?
Ginny volvió a sonrojarse y Harry rio incómodamente.
- Ted Lupin… - le dijo Harry queriendo aparentar severidad, pero el niño le guiñó el ojo en complicidad.
- No, Teddy, no soy novia de nadie. – le aclaró la pelirroja. – Quedé en esperar a que fueras mayor. ¿Te acuerdas?
Charlie soltó una carcajada. - ¿Y Dean Thomas? – le preguntó mirándola directamente.
- Lo siento, Charlie, llegaste tarde… ya terminamos con esa conversación. – le dijo la pelirroja con hastío.
- Enana, que desastres haces. – le dijo Charlie negando con la cabeza antes de despeinar cariñosamente a Teddy. – Ven… les dije que teníamos que ser más estrictos con ella, éstas son las consecuencias de años de coquetería. – les dijo a George y a Bill.
- Nuestra hermanita siempre ha hecho y deshecho a su gusto. – le dijo Bill con aspereza.
- Ya déjenme en paz. Ven Teddy, vamos a saludar a mi papá y a tus primos. – le dijo ella poniéndose de pie con él. - ¿Ron y Hermione no han llegado? ¿Audrey y Percy?
- Ron y Hermione vienen tarde, ella tuvo que trabajar. Audrey y Percy también vienen más tarde. – le replicó George.
- Bien. – dijo ella con simpleza, llevándose a Teddy de la mano rumbo al jardín.
Se hizo un silencio incómodo en la sala, y Harry juraría que los tres hermanos mayores de Ginny lo miraban como esperando una confesión.
- ¿Qué? – les preguntó él hastiado.
- ¿Hay algo que quieras contarnos, Harry? – le preguntó Charlie con brazos cruzados mirándolo indicativamente.
- Nada. – le replicó Harry tajantemente.
- Ya dejen en paz al pobre muchacho.- les dijo Molly mirándolo apenada. – Ignóralos Harry, te lo ruego.
- No sé preocupe, me estoy acostumbrando. – le replicó él con una sonrisa. – Ahora si me disculpan… voy a ir con Ginny…
- ¿El Salvador nos tiene miedo? – le preguntó Charlie divertido.
- No, pero estoy aquí para cuidar a tu hermana, solo eso.
- Claro, como hay tantas posibilidades de que la ataquen en nuestro jardín trasero. – le dijo Bill con sarcasmo. Harry enrolló la mirada, y se giró antes de escuchar el regaño de la señora Weasley.
Cuando salió la miró sentada bajo uno de los árboles junto a su padre que estaba sentado en una silla del jardín, mientras que ambos charlaban amenamente observando a los niños jugar felizmente. Sonrió, hacía mucho tiempo que no la veía así de despreocupada y feliz y se juró a sí mismo hacer todo en su poder para asegurarse de que ella mantuviera esa expresión desde ese momento en adelante. Cuando ella se percató con su presencia, lo miró embelesada y le extendió la mano para que se sentara junto a ella. Arthur los miró y negó con la cabeza, era de esperarse.
- ¿Cómo va todo, Harry? ¿Todo bien? – le preguntó amablemente.
- Todo bien, considerando las circunstancias. – le replicó él, mientras que discretamente entrelazaba sus dedos con los de Ginny.
- ¿Alguna novedad en el caso?
- Desafortunadamente nada relevante. – le mintió él, recargándose en el tronco del árbol. Ginny recargó su cabeza en su hombro y cerró los ojos, intentando relajarse.
- Ya veo. – le replicó Arthur con una sonrisa. - ¿Mantienes a mi niña a salvo?
- Me lo complica, pero hasta ahora sí. – le aseguró él. – Veo a la señora Weasley un tanto desmejorada. ¿No sería mejor idea pedir una segunda opinión?
Arthur negó irritado. – Es tan terca… Ginny se lo heredó, como seguramente ya sabrás.
- Sí, me queda muy claro. – le replicó Harry, le dijo mirándola con esa sonrisa de a lado que a ella la derretía.
- Papá…- se quejó la pelirroja – Ya dejen de hablar de mi como sino estuviera presente.
- Harry te conoce, hija. No es necesario que yo se lo diga. – le dijo Arthur. – Voy a insistir con tu madre, hay algo que no me gusta de ese sanador que la está viendo. Se la pasa medicándola con pociones todo el tiempo, pero no nos dice exactamente qué es lo que está pasando, ni qué es lo que tiene. Lleva meses tomando esas pociones y él simplemente se lo atribuye todo a achaques de la edad, pero tu madre es joven todavía, así que realmente no entiendo. – le dijo pensativo. – Voy a hablar con Audrey también, tal vez si ella se pone de nuestro lado, tu madre finalmente entre en razón.
- Ojalá pero no sé, papá. Mamá siempre ha sido difícil.
- Justamente como tu, Ginny. – le dijo su padre, y ella lo miró. – Y ahora que eres famosa, eres aún peor. – le dijo risueño.
Harry rio y Ginny le pegó juguetonamente en el brazo.
- ¿Ya llegaron Ron y Hermione? Faltan Audrey y Percy también.
- Todavía no. Aparentemente Hermione tiene trabajo en sábado…imagínate. – dijo la pelirroja. – Y respecto a Audrey y Percy francamente no tengo idea. He convivido muy poco con ellos desde que regresé, pero con esa panza me imagino que debe ser difícil moverse.
- Que mala eres, Ginny. – le dijo Harry mirándola reprobatoriamente.
- ¿Qué? Es linda, pero es la verdad… cuando la conocí me impactó. Me hace pensar dos veces acerca de tener bebés. – dijo ella, mirando vanidosamente su vientre plano. Harry enrolló la mirada con una sonrisa.
- La vanidad hablando. ¿No? – le dijo su padre volviéndose a mirarla. Al ver que su hija solo tenía ojos para Harry, y que él la tenía firmemente agarrada de la mano y la miraba con devoción, suspiró cansadamente y optó por levantarse. – Yo creo que voy a ver cómo va la comida… Fleur y Angelina hacen su mejor esfuerzo, pero no pueden sustituir a tu madre. Espero que se ponga bien pronto, extraño demasiado sus guisos.
- No te culpo. – le replicó Ginny. Lo vio marcharse antes de acariciar el cabello rubio de princesa de Victoire, y entrar a la casa.
- Yo sí quiero hijos… muchos… - le murmuró Harry al oído antes de pasarle el brazo por los hombros.
- Estás loco, Harry. – le dijo ella mirándolo de mala manera. – Además, para eso tendrías que formalizar algo con alguna de la larga lista de fanáticas "que se mueren por salir contigo". Como la lagartona de Parvati, por ejemplo. – le dijo ella con acidez, mirándolo retadoramente. Él rio.
- Paso… - le dijo él con seguridad – A mi solo me interesas tu.
Ginny suspiró y contuvo las ganas de besarlo. - ¿En serio? Pero sino me das ni un miserable beso… - le dijo ella acercando sus labios a la boca de él, provocándolo para que la besara.
- Porque tienes novio…
- Que no es mi novio. – le dijo ella fingiendo indignación. – Ya te dije que eso va a terminar pronto.
- Entonces dime qué es lo que sientes por mi… dilo, Gin. Son solo tres palabras y siete letras. – le dijo él retándola. Ella rompió el contacto visual y suspiró. – Dilo…
- Si ya lo sabes ¿por qué necesitas escucharlo?
- Porque yo no paro de repetírtelo, y tu por otra parte no me lo has dicho tan claro como te lo he dicho yo. Y una parte de mi cree, que todavía no me has perdonado del todo, y que todavía esa cabecita tuya está llena de inseguridades respecto a lo mucho que te amo… y que es por eso que insistes en castigarme con esa farsa de relación que tienes con Dean. Dilo, Gin. – le dijo él, acercándose otra vez mucho a su boca, a punto de besarla. – Déjame oírlo.
- Yo…- comenzó ella, una parte de su cerebro se alarmó. Sabía que el admitirlo otra vez lo haría real, y aunque él no paraba de repetírselo, él tenía razón: una parte de ella todavía tenía miedo de que él volviera a lastimarla. Sus ojos se perdieron nerviosamente en los ojos verdes que la miraban con devoción y alternadamente bajó su mirada a sus labios. Se pasó la lengua por sus propios labios deseando que la besara.
- Aja… tu… - le murmuró por lo bajo, acomodándole un mechón de cabello detrás de la oreja, acercándose un poco más a sus labios, relamiéndoselos los propios con deseos de besarla.
- Yo…te…- le repitió ella, luchando por el impulso de cerrar el espacio que había entre sus bocas.
- Aja…- le incitó él con mayor ahínco, el corazón le palpitaba con fuerza en el pecho. – Tu me… ¿qué?- hizo amago de acercarse para besarla.
- Harry…- escuchó la voz de Ron frente a él. Harry cerró los ojos y maldijo internamente, se separó automáticamente de Ginny mirando hacia arriba para encontrar a su mejor amigo que lo miraba reprobatoriamente con los brazos cruzados. Ginny se aclaró la garganta y se levantó, cuando su hermano le ofreció la mano.
- Ron… llegas tarde. – le dijo Ginny reprobatoriamente. Él la miró con una ceja inquisitiva. Harry se levantó después de ella.
- A mi me parece que llegué justo a tiempo. – le dijo él con énfasis y ella solo enrolló la mirada. - ¿Qué hacían?
- Solo cuidábamos a los niños. – dijo ella, buscando patéticamente a sus sobrinos para descubrir que ya no estaban por ningún lado.
- Los niños están en la casa… Audrey y Percy ya llegaron, y ya solo faltan ustedes para que podamos comer. – le dijo Ron mirándola reprobatoriamente.
- No nos dimos cuenta de eso… - le dijo Harry patéticamente.
- Sí, ya veo. – resolvió tajantemente Ron.
- Me voy a adelantar, veré si puedo ayudar con algo. – le dijo Harry, un poco incómodo porque Ron no paraba de fulminarlo con la mirada.
- Me parece una excelente idea. – le replicó el pelirrojo con acidez, mirándolo caminar hacia la casa. Ginny quiso seguirlo, pero Ron la detuvo del brazo.
- Epa… ¿una conversación, por favor? – le dijo Ron con una sonrisa. Ella maldijo internamente.
- ¿Qué quieres? – le preguntó ella de mala gana.
- Bájame el tono de diva, Ginny, soy tu hermano. – le dijo él juguetonamente. – Solo quiero una conversación civilizada contigo, ahora que Harry te dejó fuera de su vista por unos minutos.
- Okey… ¿ahora qué? – le preguntó ella poniéndose las manos en su diminuta cintura.
- ¿Estás segura de lo que estás haciendo? – le preguntó Ron.
- ¿De qué me hablas? – le replicó ella, pero Ron la miró con impaciencia.
- No te hagas la que no entiendes, Ginevra, hablo del zoquete de mi mejor amigo que no para de comerte con la mirada, y tu coquetería descarada que se ve a kilómetros. Sé que él te quiere, ahora quiero saber qué es lo que pasa por tu cabeza, particularmente porque los paparazzis no paran de tomarte fotografías con Dean Thomas. – le acusó él.
- ¿Tu también leíste eso? No creí que fueras fanático de Corazón de Bruja. – le dijo ella burlonamente. Ron se ruborizó.
- Solo a veces… llega a casa quincenalmente. – admitió él colorado, intentó ponerse serio. – Mira, Ginny… Harry te quiere, pero necesito saber si tú estás consciente de lo que estás haciendo… si solo estás jugando con los dos, o qué demonios está pasando por esa cabeza tuya. Y antes de que contestes, déjame decirte que tengo una larga amistad con Harry, y que me costó mucho trabajo perdonarlo por lo que pasó después de la guerra.
- ¿Y ya lo perdonaste? – le preguntó ella.
- Se lo ganó…sin duda. – le replicó él con seguridad. – Pero una segunda vez… ya no va a pasar. Así que dime ¿qué estás haciendo?
- No estoy jugando con nadie, Ron. Lo de Dean es… no sé, le tengo cariño, me gusta, es divertido… me hace recordar otras épocas.- dijo ella pensativa. – Pero Harry…
Ron enrolló la mirada con impaciencia otra vez. – A Harry lo amas, otra vez… o todavía, a estas alturas ya no sé, como él a ti. – sentenció él.
- Eso creo…- balbuceó ella torpemente. – Pero nosotros no… no podemos.
- Estoy al tanto, enana. Créeme… No sé qué vaya a pasar, pero a juzgar por lo que acabo de ver, esa regla está se está tambaleando peligrosamente.
- ¿Y nos vas a ir a acusar con Kingsley? – le preguntó ella mirándolo mal. Ron meditó y pareció sopesar la idea.
- No… me conseguiste boletos para ese evento, y soy un hombre de palabra. – le dijo orgullosamente. Ginny soltó una carcajada. – Harry sabrá como maneja eso… lo que quiero que tu me digas es que…si esto…por alguna razón no llega a salir bien… no vas a salir corriendo otra vez. Y quiero que me prometas que vas a tener cuidado… - le dijo acariciándole la mejilla cariñosamente.
Ginny le sonrió. A veces, solo a veces, cuando no quería matarlo, su hermano le daba mucha ternura.
- Te lo prometo. – le aseguró ella cruzada de brazos. - ¿Terminaste con el interrogatorio y el sermón de hermano mayor?
Ron la miró y asintió con resignación. – Gracias por las garantías… - le replicó él, siguiéndola. – y termina ya eso con Dean… no me gusta la famita que te estás ganando.
Ginny lo miró furibunda. – No te pases, Ron. Yo sabré cómo y cuándo terminarlo, pero gracias por el consejo.
Cuando Ginny entró a la casa, vio como Harry reía a carcajadas mientras que Teddy molestaba a Victoire tomándole fotografías con el móvil de Harry. Lo vio tomar a Teddy en su regazo y despeinarlo cariñosamente. Suspiró, mierda, mierda, mierda, quería todo con ese imbécil. Lo amaba sobremanera y había estado apunto de decírselo. En el fondo, sabía que él ya estaba completamente perdonado, pero eso no implicaba que tuviera sus reservas respecto a abrirle su corazón otra vez. Ron tenía razón, una vez, por las circunstancias tan duras que les había tocado vivir, logró resistirlo, pero una segunda vez ya no era viable.
Hermione se acercó a abrazarla sacándola del trance.
- ¿Cómo estás, Ginny? – le preguntó la castaña. Ginny pudo darse cuenta de que todavía estaba un tanto sacada por el que había pasado el día anterior. Ginny le sonrió.
- Bien, un poco cansada solamente. – le dijo la pelirroja. - Entre tus clasecitas, las de Harry y el quidditch me estoy muriendo.
- Ayer me demostraste que tienes lo que necesitas para hacerte buena en oclumancia, solo necesitas práctica. Así que no lo dejes. Harry tiene razón, es importante.
- Últimamente, Harry parece tener razón en todo. – le dijo Ginny recelosa. Hermione le sonrió.
Vio a Audrey aproximarse hacia ella con esa enorme panza, mientras que Percy abrazaba cariñosamente a Molly. ¿Cuánto tenía ya? No era normal ese volumen, pensó para sí misma, y se forzó a levantar la mirada a los ojos de su cuñada. Hermione le sonrió a Audrey y se viró para caminar hacia Ron.
- ¿Cómo están esos bebés? – le preguntó Ginny por lo bajo con complicidad.
- Ansiosos por salir, y yo aterrada. Tu hermano todavía no sabe nada. – le advirtió la mujer, jugueteando con su cabello.
- ¿Cuándo se lo piensas decir?
- El día del parto…está programado para dentro de una semana. A ver si llego… - dijo acariciándose el vientre. – Nunca contestaste mi carta, así que cuando me enteré que vendrías decidí hacer el esfuerzo sobrehumano de levantarme con esta panza, y venir para hablar contigo. – le dijo más seria, apartándola más hacia una esquina para que nadie escuchara su conversación. – Ginny, creo que no estás dándole la seriedad suficiente a este tema. Te han estado envenenando…
- Sí estoy tomándolo en serio. Harry ya está enterado, pero por favor no hables con nadie más respecto a este tema. Por favor, Audrey. – le suplicó ella con insistencia. – Es un tema delicado.
- ¿Lo de las pociones tiene que ver con lo que está pasando? Me refiero a las razones por las que Harry está protegiéndote. – adivinó ella.
Ginny asintió.
- Ginny, los ingredientes que encontramos en tu sangre no son legales. Y pueden crear pociones muy peligrosas…empezando por amortentia, poción del olvido… y una particularmente muy desagradable que te genera temores irracionales ante la persona que te la suministró.
- No estás diciéndome nada que no sepa ya. – le confirmó la pelirroja. - ¿Qué puedo hacer para contrarrestar los efectos?
Audrey miró a su alrededor para cerciorarse de que nadie estuviera prestándoles atención, y sacó un pequeño frasco de su bolso, entregándoselo discretamente a la pelirroja.
- Toma una onza diaria de esta poción por las mañanas, en ayunas. Los efectos de las pociones con las que te estuvieron envenenando deberían pasar con el tiempo, unos más rápidos que otros… pero esto ayudará para acelerar el proceso. – le aseguró ella. – Si llegas a sentir náuseas o mareos, avísame y revisamos la dosis. Estás muy sana así que en principio no deberías de tener problemas. Este frasco debería bastarte para tres meses.
Ginny miró el frasco con curiosidad antes de meterlo en el bolsillo de su abrigo. Hubo algo que la inquieto, se sonrojó y supo que tenía que preguntarlo.
- Esto…. ¿contrarrestaría el efecto de alguna otra poción o medicamento? – le preguntó desviando la mirada, mordiéndose el labio con inquietud.
- ¿Qué estás tomando? – le preguntó Audrey con curiosidad.
- Ya sabes… pociones o medicamentes más de rutina. – dijo ella sonrojada. Su cuñada la miró con confusión y la pelirroja enrolló la mirada. – Anticonceptivos…
Audrey comprendió y sonrió. – No deberías tener problema con pociones anticonceptivas. – le aseguró con complicidad. – Así que tu y ese jugador del Puddlemere United van en serio… ¿o más bien es mi amigo Harry?
El sonrojo de Ginny llegó a un estado crítico, no tenía tanta confianza con ella, la acababa de conocer. Le sorprendió el atrevimiento sobretodo considerando la personalidad de su hermano Percy. Sin duda hacían una pareja interesante.
- Ninguno de los dos. – le aclaró Ginny. – De hecho, no hay nadie ahora, pero en el futuro… no lo sé. Viene la copa y no quisiera tener ninguna sorpresa.
- Ya entiendo. – le dijo Audrey con una sonrisa. – No deberías tener ningún problema con pociones anticonceptivas.
Ginny le regresó la sonrisa más relajada. – Gracias, Audrey. Y por favor, ni una sola palabra de esto. De todo… me refiero.
- No te preocupes, tu secreto está a salvo conmigo. – le aseguró su cuñada.
- Veo que se están llevando bien. – escuchó la pomposa voz de su hermano Percy que se había acercado a ellas. Le dio un beso en la mejilla a su hermana. - ¿Cómo estás hermanita?
- Bien…¿y tu? ¿no estás nervioso por expandir el legado Weasley? – le preguntó ella. Percy sonrió nerviosamente.
- Un poco, pero yo diría que más bien emocionado. Audrey por otra parte lo está tomando muy relajadamente. - le dijo mirando a su esposa, quien suspiró resignadamente.
- Bueno, no es como que ya haya mucho que hacer al respecto. – le replicó ella con una sonrisa acariciando maternalmente su vientre. – Solo resta esperar. Además, estoy segura de que serás un gran padre.
- Pobre de mi sobrino. – dijo Ginny mordiéndose la lengua para evitar hablar en plural. – Percy querrá calificaciones sobresalientes en todo, y perfección absoluta. Pero no te preocupes porque yo voy a estar aquí para descarriarlos, como la oveja negra de la familia que soy.
- No lo dudo, a propósito… siento que mi visita haya sido corta el otro día. El nuevo cargo en el Ministerio me está absorbiendo demasiado. Espero que pronto podamos pasar más tiempo juntos para ponernos al día. Acerca de esa situación en la que te encuentras: ¿Han tenido algún avance?
- No todavía, pero tal vez pronto. Espero… eso de tener a Harry pegado a mi todo el día, está empezando a alterarme los nervios.
- Ya veo… - le dijo Percy con una discreta sonrisa, volviéndose para mirar a Harry que estaba platicando amenamente con Molly. – Espero que sepas que nuestros hermanos incivilizados no lo están tratando bien.
- ¿Por qué lo dices?
- ¿Hace falta que te diga por qué? Lo están torturando. – le dijo él divertido. – Pero lo toma mejor de lo que muchos lo harían.
Ginny enrolló la mirada. – Yo creo que ya nos estamos acostumbrando.
- ¡VICTOIRE WEASLEY! ¡TED LUPIN! EL HELADO ES EL POSTRE… – escuchó el grito afrancesado de Fleur, reprimiendo a los dos niños que habían tomado el bote de helado sin permiso. Victoire tenía chocolate en el pelo y Teddy tenía la cara completamente embarrada de helado. - ¡LA COMIDA ESTÁ LISTA! – exclamó ella, Ginny enrolló la mirada. No importaba cuánto lo había intentado, Fleur nunca había terminado siendo de su agrado.
Vio como Harry se levantó y se agachó frente a su ahijado, limpiándole la carita con una servilleta, intentando dejarlo presentable, sonriéndole amorosamente. Ella cerró los ojos, Harry Potter parecía haberse propuesto el objetivo de derretirla de todas las maneras posibles.
Ron y Arthur levantaron a Molly del sofá para ayudarla a sentarse en el centro de la mesa. Ginny se echó a andar para sentarse a lado de su madre, y los demás comenzaron a tomar sus lugares. Vio que Harry tenía intenciones de sentarse a su lado, pero Charlie caminó a zancadas para ganarle el lugar.
- Comparte a mi hermana un poco, Harry. La tienes para ti solo siempre. – le dijo el pelirrojo divertido, sentándose a lado de Ginny. Ginny lo miró reprobatoriamente pero cuando él le sonrió, ella suavizó su mirada.
Harry negó con la cabeza resignadamente, y aún con Teddy de la mano se sentó del otro lado de la mesa, quedando frente a ella, junto a Hermione. Sentó a Teddy en su regazo, que ahora parecía inquieto queriendo jugar con los anteojos de su padrino.
- ¿Qué? – le preguntó Charlie inocentemente. – Es cierto…¿no puedo extrañar a mi hermanita
pequeña? ¿a mi pequitas? – le dijo pellizcándole el cachete como solía hacer cuando ella una niña.
- Charlie, deja de tratarme como si tuviera cinco años, me estás avergonzando. Y por favor, ya dejen en paz a Harry. Se les está pasado la mano con la dosis de sobreprotección de hermanos mayores. Y va también para ti Bill… - le dijo mirando al pelirrojo que se había sentado junto a Fleur del otro lado de Harry.
Harry le sonrió despreocupadamente mientras que le quitaba sus anteojos a Teddy.
- No sé de qué hablas. – le dijo Bill inocentemente echando un bocado de pan a la boca. Ginny lo miró irritada.
- A propósito, Harry… - lo interrumpió Fleur. – Ya en serio: ¿estás o no saliendo con alguien? – le preguntó directamente.
- Er…no…¿por qué?
Fleur lo miró entusiasmada.
– Porque mi hermana Gabrielle acaba de terminar su educación en Beuxbatons y está planeando venir a Inglaterra a hacer sus prácticas profesionales, ya sabes… para ganar algo de experiencia internacional, y recientemente terminó con su novio, así que no sé… estaba pensando que si no estás saliendo con nadie… tal vez…- le dijo ella con una sonrisa, mirando a Ginny malévolamente. Ginny le lanzó una mala mirada, y luego miró a Harry con incredulidad que se había sonrojado y se estaba acomodando incómodamente en su silla, luchando por mantener quieto a Teddy en su regazo.
- Fleur…no me lo tomes a mal, tu hermana es muy bonita y muy agradable, pero por el momento yo no… estoy interesado en salir con nadie. – le dijo él. Sus ojos se perdieron momentáneamente en los de Ginny, pero ella desvió la mirada de inmediato.
- ¿Por qué no? Ya eres prácticamente familia…. – le dijo Bill con una sonrisa burlona. Ginny lo miró como para matarlo. – No me veas así, Ginny. Gabrielle es linda, descuida, te lo va a cuidar bien.
- Estoy ocupado en otras cosas, es todo, particularmente en tu hermana. – cortó Harry.
- ¿En mi hermana? – le preguntó Bill ceñudo volviéndose hacia él.
- En protegerla. – le aclaró Harry con rapidez. Volvió a mirarla y ella le lanzó una discreta sonrisa, instintivamente jugueteó con el relicario que traía colgado en el cuello.
- Que bonito collar, Ginny… - le dijo Fleur observándola. - ¿Puedo verlo? – le extendió la mano.
Ginny debatió y Harry la miró alarmado. Ella esbozó una sonrisa forzada.
- Perdón, Fleur…pero no me siento cómoda, es…muy especial. – le dijo ella guardándolo otra vez bajo su vestido. Fleur enrolló la mirada y regresó a su almuerzo.
- Entonces, Harry… esto raro. – le dijo Charlie. – No es que sea fanático de las revistas pero ¿qué no traes una conquista diferente cada mes…o cada par? ¿A lo sumo? – le dijo el pelirrojo del otro lado de la mesa.
- Intento romper el hábito, Charlie, gracias. – le dijo Harry con sarcasmo. Charlie le sonrió intuitivamente. – Además cuidar a tu hermana no me deja mucho tiempo libre. – se defendió él.
- Me imagino. – le dijo el pelirrojo socarronamente.
- Come algo Ted, no puedes vivir de helado. – le reprochó Harry a su ahijado. Harry le dio un bocado a Teddy de su comida, y el niño lo miró con adoración.
- No tengo mucha hambre. Quiero jugar. – le dijo el pequeño inquietamente. Harry lo miró resignado y alejó un poco su silla de la mesa para que Teddy pudiera bajar de su regazo. - ¿Vamos Tori? – le preguntó a la niña que estaba en brazos de Fleur, tomándola de la mano.
Fleur miró a su hija con severidad, pero ella le sonrió con adoración y la rubia no tuvo más remedio que suavizar la mirada y asentir.
- Cuando mi hija y tu ahijado se juntan, Harry, son un torbellino. – le dijo Fleur a Harry, dejando bajar a la niña para que pudiera correr con Teddy rumbo al jardín. – Con cuidado, Victoire. No se alejen. – les advirtió ella, pero los niños no voltearon siquiera a verla.
Ginny se sobresaltó cuando sintió el pie de Harry acariciando su pantorrilla. Se sonrojó de inmediato y se movió incómodamente en su silla, él le esbozó esa media sonrisa que tanto le gustaba. Súbitamente empezó a sentirse acalorada. Cuando deslizó su pie sobre la pierna de ella un poco más arriba, ella lo miró escandalizada, pero él solo volvió a sonreírle antes de dejar de acariciarla, manteniendo sus pies cerca de los de ella.
Ginny sintió a su madre tomarla de la mano, lo que la regresó a la realidad.
- Mamá, espero que estés comiendo bien porque realmente te veo muy delgada. – le dijo Ginny a su madre.
- Mira quien habla. ¿Tu estás comiendo bien? Te veo aún más flaca que la última vez que nos vimos. – le regañó la mujer antes de echarse un bocado del guisado.
- Vive de aire y batidos proteínicos. – le aclaró Harry. Ginny lo miró mal, pero él le guiñó el ojo.
- No es cierto. Claro que como bien, lo que pasa es que estamos alargando más las prácticas y estoy haciendo más ejercicio. Además, mami, no soy yo la que está enferma. – recalcó Ginny.
- Acerca de eso…- interrumpió Audrey la charla. - ¿Qué dice Tom? ¿Ya les dio un diagnóstico más certero? – le preguntó directamente a su suegra.
- No…es decir, la edad y el estrés… tal vez son solo los siete hijos cobrándome la factura.
- Molly, tu eres muy joven todavía. Voy a hablar con Tom… él es muy bueno en lo que hace y realmente no entiendo qué es lo que está pasando. No es normal que después de tantos meses no muestres mejoría y tampoco tengamos un diagnóstico certero. – le dijo la castaña pensativa, bebiendo un poco de jugo de calabaza.
- Ay, cariño, tu no te preocupes por eso ahora. Tienes demasiadas preocupaciones ya como para sumar una más. – le dijo la mujer con una sonrisa amable.
- No me quedo tranquila, déjame ver qué puedo investigar. – le replicó la castaña.
Algunas horas más tarde, Ginny vio con ternura como Teddy se había quedado profundamente dormido en el hombro de Harry, que intentaba no moverse para cuidarle el sueño, sentado en el sofá. Los demás asistentes ya se habían marchado, solo quedaban ellos con Teddy.
- Harry, creo que es tarde y mañana tengo que madrugar… creo que ya tenemos que irnos. – le dijo la pelirroja con una sonrisa. Él asintió y le acarició el cabello a su ahijado.
- ¿Va a venir Andrómeda a recogerlo? – le preguntó a Molly.
- Mañana, hoy ya es un poco tarde. ¿Por qué no lo recuestas en la recámara de Ginny? Mañana temprano viene Andrómeda por él. – le aseguró la mujer.
- ¿Por qué no se va con nosotros? – le propuso Ginny. – Mamá, tu estás enferma y no puedes hacerte cargo.
Harry suspiró y miró a su ahijado inseguro.
- Solo son unas horas, hija. Andrómeda es muy puntual. – le aseguró la mujer. – Además aquí está tu padre, y estoy segura de que puede encargarse del desayuno mañana. – le dijo con una sonrisa.
Arthur la miró cansadamente.
- ¿A nuestra edad, Molly? – le preguntó él pero ella lo persuadió con la mirada. – Está bien, ya lo hice siete veces qué más da una más… - le dijo resignadamente.
- Si prefieren que no se quede lo entiendo, pero sino es mucho abuso de mi parte, yo preferiría que sí. Ginny mañana tiene práctica desde muy temprano, y llevarlo al campo de quidditch sería complicado. – le preguntó él educadamente.
- Ay, Harry, querido, descuida. Recuéstalo en la cama de Ginny, está exhausto y seguro va a dormir muchas horas. Tiene una batería impresionante. – le dijo la mujer esbozando una sonrisa. Harry asintió y se levantó con cuidado de no despertar a Teddy para ir rumbo a la planta alta.
Molly miró inquieta a su hija, que instintivamente jugueteó con su collar. Arthur miró de una a otra sintiéndose de sobra en la escena. Le dio un beso a su hija en la frente.
- Me voy a acostar. Te espero arriba, querida. – le dijo a su esposa, dándole un beso en los labios, antes de seguir a Harry rumbo a la planta alta.
Ginny miró a su madre y le sonrió, su madre la estudió con cuidado, y luego suspiró.
- ¿Ha habido algún avance importante en el caso? – le preguntó. – Me dijo Ron lo que pasó en el estadio hace unas semanas…
- No debió haberlo hecho… no quería preocuparte. No fue importante. – le dijo Ginny acariciándole cariñosamente el rostro. – No me pasó nada, mamita.
Molly la miró insegura. Ginny suspiró y se cruzó de brazos.
- Creo que tienes derecho a saber que quien está detrás de todo esto es Ian. – sentenció la pelirroja tragando el nudo que se le había formado en la garganta. La mujer la miró preocupada.
- ¿Ian? ¿Tu exnovio?
Ginny suspiró y asintió. – Está…obsesionado conmigo. No sé…no sé por qué mamá.
- Hija, ¿hay algo que no me estés diciendo acerca de ese tipo? – le preguntó su madre con el ceño fruncido. - ¿Te…hizo algo?
Ginny tragó duro y se forzó a sonreír.
– No, claro que no mamá. Mira, él es inofensivo, pero creo que subestimé el amor que sentía por mi… no sé por qué está haciendo todo esto, pero mientras Harry esté conmigo, estoy segura de que estaré bien. Una vez que Ian se convenza de que lo nuestro terminó, estoy segura de que me dejará en paz. Y si no lo hace, al menos sé que reuniremos pruebas en su contra para impedirle que se acerque. No te preocupes por esto… por favor. Si te lo estoy contando es porque creo que tienes derecho a saberlo.
Molly se talló el rostro preocupadamente.
– Ay Ginny, no sé qué pasó entre tu y ese tipo, ni tampoco por qué estuviste ahí tanto tiempo.
Ginny le sonrió con tristeza y la tomó de las manos.
- No te agobies por esto. No pasó nada entre Ian y yo. Las cosas solo… no salieron cómo él esperaba, y eso claramente lo está sacando de sus casillas. Pero estaré bien, yo… voy a estar bien. – le aseguró Ginny con mucha determinación intentando convencerla.
- Claro que va a estar bien. – escuchó la voz de Harry, que había alcanzado a escuchar la conversación. Bajó por las escaleras y abrazó a Molly cariñosamente, que le acarició el mentón. – Se lo dije, no voy a permitir que nada le pase. Así que usted no debe preocuparse por esto.
Harry la soltó y se echó hacia atrás. Molly los miró y les sonrió, para ella las cosas eran muy claras, pero ellos ya habían tenido que soportar suficiente durante todo el día como para cuestionarlos aún más.
- Sé que no permitirás que nada le pase. – le dijo Molly con una sonrisa. – Ya no los detengo más, se les hace tarde. Descansa hijita, y por favor cuídate mucho.
Harry la tomó del brazo, guiándola hacia las escaleras. – Permítame ayudarle a subir.
- Harry, no es necesario querido. – le insistió ella, pero él le sonrió y negó con la cabeza.
- No pasa nada.
Más tarde aquella noche, Ginny no paraba de dar vueltas inquietamente en su cama. Eran las dos de la mañana y no había podido pegar el ojo en toda la noche. Su estómago protestó, aparentemente tenía hambre. Se levantó con pesadumbre de la cama pensando en que cometería un pequeño desvío en su dieta rigurosa, en noches como aquella, la realidad era que necesitaba chocolate. Se amarró la bata de dormir firmemente a su cuerpo, y se puso pantuflas para bajar por las escaleras intentando no despertar a Harry. Cuando llegó a la cocina se sirvió un vaso de whisky… okey…lo admitía, tenía un pequeño problema con el alcohol, no era nada que no pudiera controlar, pero ciertamente a veces, cuando estaba nerviosa y ansiosa bebía un poco más de la cuenta.
Se paró de puntitas y sacó la crema de avellanas de la alacena, se la saboreó de inmediato, sacando una cuchara de la alacena, y se la sirvió lo más generosa que pudo. Se apoyó en la barra de la cocina, negó con la cabeza ante su travesura, en una mano, su vaso de whisky, en la otra la cuchara copeteada de crema de avellana. Le dio un trago a su bebida y volvió a poner el vaso en la barra.
Segundos después escuchó pasos en la sala, y maldijo internamente.
- ¿Qué estás haciendo despierta? Y… bebiendo. – le preguntó Harry sonriéndole. Ginny le miró lujuriosamente el pecho desnudo e instantáneamente se ruborizó.
- ¿Qué no tienes pijamas, Potter? ¿o lo haces por molestarme? – le reprochó antes de darle otra probada a su cuchara de crema de avellanas. El comentario lo hizo reír, y se acercó a ella, hasta arrinconarla contra la barra de la cocina. Ella se mordió el labio inferior y lo miró pensativa.
- ¿Estás rompiendo tu dieta? El chocolate en la nariz y en la barbilla te delató. – le dijo divertido. – Eres peor que Teddy. – le acusó él. La pelirroja lo miró horrorizada y se sonrojó.
- Sí, estoy rompiendo la dieta. ¿Quieres? – le dijo ella enseñándole la cuchara. Él rio y se acercó más hacia ella, para alcanzar el vaso de whisky acabárselo de un sorbo.
- ¿Qué está perturbando, mi amor? – le preguntó directamente, antes de pasarle la mano por el rostro para quitarle los restos de chocolate.
- Tu… y las ganas que tengo de que me hagas el amor. – le dijo ella con franqueza y de inmediato se arrepintió, supo entonces que ese tragó de whisky había sido un error. La confesión pareció seducirlo por completo porque la miró con lujuria.
- ¿Ya estás lista para admitir lo que sientes por mi? – le murmuró al oído. Ella le dio otra probada a su cuchara antes de dejarla sobre la barra. – Te volviste a batir, Ginny. – le dijo divertido.
Ella lo miró mal, pero se derritió cuando él le dio un suave beso en la mejilla antes de acercarse lentamente a la comisura de su boca, lamiéndole los restos de chocolate de la cara. Ella puso los manos en sus hombros cuando lo sintió besarle el cuello con devoción.
- Dilo, Gin… - le murmuró al oído, antes de morderle el cuello con suavidad. Ginny cerró los ojos y se percató de que ya estaba demasiado excitada. – Dímelo… hermosa.
Lo sintió desanudarle el nudo de la bata de dormir, y ella no hizo ningún esfuerzo para detenerlo, él la miró desde sus ridículas pantuflas rosadas, las piernas, pasando por su camisón de seda del mismo color hasta sus ojos, sonrió. Le acarició el cuello, y tragó duro antes de bajar sus caricias hasta el relicario que ella usaba. Juntó su frente con la de ella.
- ¿Cuándo me lo vas a decir? – le insistió él.
- No sé por qué es necesario que te lo diga…cuando ya lo sabes. – le dijo ella, temblado cuando lo sintió acariciarle el escote pronunciado de su camisón, jugueteando con la tela. Jadeó con deseo cuando él le acarició los pechos por encima de la tela.
- Ah…- gimió ella.
- Porque lo necesito…. – le replicó él, reprimiendo el impulso de besarla al verla jadear, el pecho de ella se levantaba y bajaba con deseo. Él le sonrió, pasándole los dedos por los labios. – Te amo. – le repitió él. – Ahora solo tienes que decirlo de vuelta… - le murmuró al oído. Ella cerró los ojos, cuando lo sintió acariciarle la cintura, y discretamente una de las piernas, escabullendo una de sus manos por debajo de su camisón, él tragó duro al juguetear con su tanga y acariciarle las nalgas.
- Dame un beso… - le pidió ella deseosa otra vez, él le sonrió y debatió entre dejarla con las ganas, pero se dio cuenta de que, si lo hacía, no iba a poder conciliar el sueño las pocas horas que le quedaban. Cerró el espacio entre ambos, invadiendo la boca de ella con su lengua, y ella gimió, acercándolo más hacia ella, escabulló su delgada mano dentro del pantalón de pijama de él y fue él turno de él de gemir. Los besos se hacían más pasionales con el paso de los segundos. Él dejó de besarla en la boca y le besó el cuello, tomándola de las manos para impedir que siguiera seduciéndolo.
- Gin… - le dijo él separándose de ella, tragando el nudo que se le había formado en la garganta. Ella lo miró cargada de deseo.
- ¿Si?
- No sé si voy a poder seguir protegiéndote mucho tiempo más… - le confesó él.- Mi autocontrol se está tambaleando, y las ganas de hacerte mía me están sobrepasando.
- ¿Vas a asignarme a alguien más? – adivinó ella con una sonrisa conocedora. Él volvió a tragar duro, y volvió a acariciarle el cuerpo por encima del camisón, le pasó las manos por encima de los pechos, acariciándolos hasta que los pezones se le pusieron duros, ella gimió.
- Harry… - gimió ella, frotando su cuerpo contra el de él. – Hazme el amor…
Volvió a besarla con pasión y le levantó el camisón hasta la cintura, apoyándola contra la barra de la cocina. Levantándola ligeramente para presionarse contra ella, sus manos le acariciaron los pechos hasta deslizarse a sus bragas, frotándole el clítoris con ganas de hacerla llegar al orgasmo, la penetró con los dedos sintiéndola muy húmeda y ella gimió en su oído.
- Ah…ah…Harry…- ronroneó ella en su oído. Él volvió a besarla en la boca acallando sus gemidos, mientras que se esforzaba por abrirle las piernas para seguir penetrándola con sus dedos. Ella se aferró a sus hombros, sentía como el orgasmo iba in crecendo en su estómago. – Harry… mi amor… ah…ah… más…más…sí, Harry…sí…- le murmuró ella con los ojos cerrados junto a la boca. Él la besó y se esforzó por complacerla. Cuando sintió que ella terminó se quedó recargada sobre su hombro y la abrazó, él jadeaba sosteniendo el peso de ella, ella se sentía muy acalorada, y le mordió el cuello con suavidad. El cuerpo entero le temblaba de deseo. Lo escuchó suspirar, intentando calmar sus propios jadeos, así, cerquita de ella. Ella le acarició el miembro completamente erecto, antes de volver a besarlo en la boca, pero él la separó.
La puso en el suelo con suavidad.
- Deja a Dean y admite lo que sientes por mi, y te prometo que voy a hacer todo en mi poder para que esto funcione. Te voy a hacer el amor hasta que te vuelvas loca, pelirroja. – le murmuró al oído. – No sé cómo…pero lo voy a solucionar de alguna manera. No voy a dejarte otra vez. Te amo. – la soltó intentando recuperar el ritmo de su respiración, y se echó un par de pasos hacia atrás, se forzó a sí mismo a no mirarla.
Ella le sonrió con tristeza y suspiró cuando lo vio salir de la cocina.
- Yo también te amo, Harry. – murmuró ella por lo bajo.
N/A: Bueno... lamento decepcionarlos pero no fue el baile. El próximo ya es...lo prometo. Si les sirve de algo, me quedó el doble de largo de lo que acostumbro. Espero que les haya gustado porque a mi me encantó. AHORA SÍ LES PIDO QUE POR FAVOR DEJEN REVIEWS...me desanima mucho ver tan poquito. Pero no quiero dejar de agradacer a lectores como Soo que no han parado de dejarme reviews en cada capítulo desde que volví. GRACIAS! Ustedes saben quiénes son. Pero en serio...dejen reviews...les prometo qe el próximo les va a gustar aún más.
Me gustaría escuchar, qué les gusta, qué no les gusta...etc., etc., así que mientras más retroalimentación dejen MEJOR.
xoxo
Anabella.
