Capítulo 11

Joshua pasó dos días completos en cama y otros dos descansando dentro de la casa por orden del médico, es decir, Demelza. El padre de Ross se recuperó rápidamente bajo el cuidado de su nuera quien pasaba cada momento que podía a su lado. Lo hizo comer, lo obligó a dormir, le leyó y se aseguró de que estuviera cómodo hasta que Joshua, inquieto como estaba, no pudo quedarse más en cama, pero se quedó en la casa a pedido de ella. Todo lo opuesto era la forma en que Demelza trataba a su esposo. Ninguno de los dos había hecho ningún comentario sobre lo ocurrido en las altas horas de aquella noche. Ross la creía dormida y que no se había dado cuenta de lo que había hecho. No podía entenderlo. Se había quedado dormido molesto con ella porque prefería dormir con el perro que compartir la cama con él, y molesto consigo mismo porque verla en el piso de la cocina había encendido un fervor en su interior, un impulso violento que se había transformado en algo completamente diferente cuando se vio despojándola de su ropa. Y entonces había soñado. Eso no era nuevo, que ella era la sirena en sus sueños, la seductora. Pero después de eso, cuando se despertó, excitado y con su polla palpitando con fuerza acurrucada en su trasero, lo dejó absolutamente confundido.

El día siguiente los había encontrado fingiendo que ese momento no había existido. Lo que en un principio fue un alivio para Ross, pero después del primer encuentro había recordado las otras cosas que habían sucedido el día anterior. Cómo la había decepcionado y como la había tratado, lo que no era menos vergonzoso. De ahí la frialdad con la que ella se comportaba y que empeoraba con cada día que pasaba. No sabía por qué le molestaba tanto. Al menos ahora no tenía que soportar su interminable parloteo o sus quejas. Ahora no discutían porque ella simplemente lo ignoraba. Demelza no desayunaba ni cenaba con él, el primer par de días había vuelto a casa a la hora del almuerzo para ver cómo estaba su padre y la encontró sentada junto a su cama, pero ella no se inmutó ni se ofreció a prepararle la comida. La notó relajarse cuando su padre se levantó de la cama, estaba preocupada. Seguramente lo responsabilizaba por la enfermedad de su padre, él también se sentía culpable; pero su estado de ánimo seguía siendo el mismo. No podía importarle menos, se decía Ross una y otra vez mientras fingía leer el maldito libro que había empezado hace semanas y del que no había podido retener una palabra desde que esa niña se le metió en la cabeza. Al menos había aprendido la lección y había dormido en su cama todas las noches, sin siquiera mirarlo o decirle una palabra mientras se quitaba el vestido de prisa, se peinaba el cabello en una trenza y se metía en la cama lo más lejos que podía de él. Afortunadamente, ambos habían permanecido en sus respectivos lados de la cama.

El segundo viernes del mes era el día en que Joshua solía ir a revisar las cabañas en sus tierras y hablar con sus inquilinos. Como ya se sentía bien había decidido ir a pesar de las protestas de Demelza de que aún no estaba en condiciones de salir de la casa. Ross planeaba ir él mismo. Había reemplazado a su padre en todos los asuntos relacionados con la mina esa semana y, por mucho que se hubiera negado en el pasado, no había encontrado ningún problema o resistencia de los trabajadores hacia su autoridad. Había inspeccionado el arado de los campos con Jud y le había puesto al día a su padre de todos los avances, incluso le había comentado de una idea que había tenido durante algunas semanas sobre el nivel de 40 pies que le parecía prometedora. Así que supuso que él también iría a las cabañas. Comprendió a su padre cuando lo vio salir de la casa rumbo al establo, él también se volvería loco si hubiera estado encerrado tantos días sin hacer nada, no estaba en su sangre estar ociosos. "Iré contigo de todos modos. Quizás sea una buena idea tenerte vigilado." Dijo guiñándole un ojo.

"Si, si." Joshua sonrió al escuchar la voz de Demelza acercándose a ellos.

"Sigo pensando que no es una buena idea, Señor Poldark. Aún se está recuperando ... ¡Oh!" Se detuvo en seco cuando vio a su esposo allí, se suponía que estaba en la mina. Demelza llevaba una gran bolsa llena de bollos y panes, tenía la costumbre de ir con su suegro cuando él iba a visitar las cabañas. Joshua le había pedido que lo acompañara cuando recién acababa de llegar a Nampara, cuando aún estaba medio preocupado de que pudiera escapar, y le dijo que si se quedaba como señora de Nampara podría ayudar a esta gente. A Demelza le recordaban de sus propios orígenes. Eran pobres, con muchos niños corriendo por todas partes que le recordaban a sus hermanos, los hombres trabajaban en las minas o en los barcos mercantes, lo cual no era mucho mejor; y las mujeres luchaban para llegar a fin de mes. Así que Demelza caminaba a verlos todos los viernes con el Señor Joshua o sola, llevando los panecillos que Prudie y ella habían estado amasando y horneando toda la mañana.

"Te preocupas demasiado por mí, niña. Ya me he recuperado completamente bajo tu cuidado, eres un médico mucho mejor que Choake. ¡Ah! Me gustaría decirle eso. ¿Qué dices, Ross?"

"Me gustaría estar presente cuando se lo digas..." dijo Ross, terminando de arreglar la montura de Darkie.

"¡Si, ah! Realmente me gustaría... Ross vendrá con nosotros, cuanto más seamos mejor, es lo que digo." Joshua le dijo a Demelza que no estaba muy segura de sí 'mejor' y 'Ross' pertenecían a la misma oración.

Mientras ella estaba allí parada sin saber qué hacer, Joshua le quitó la bolsa de la mano y la ató al pomo de su montura. Sin decir palabra, Ross ayudó a su padre a subir al caballo y se mantuvo a su lado hasta que sus pies estuvieron bien asegurados en el estribo y luego fue hacia Darkie.

"Bueno, nos vemos allí entonces." Demelza dijo y atinó a irse. Ella siempre caminaba junto a su suegro para charlar en el camino.

"Tonterías, niña. Puedes montar con Ross." Ambos lo miraron a punto de protestar. "Y es hora de que aprendas a montar. Soy demasiado viejo para llevarte, pero tanto Darkie como Ross son jóvenes, no tendrás problemas con ellos."

"Gracias papá." Ross dijo en voz baja.

"No es necesario, es un bonito día. Prefiero caminar..." - Dijo ella.

"¡Tonterías!" Joshua repitió con más vigor. Habría continuado protestando, pero no quería que el señor Poldark se agitara, todavía se estaba recuperando. Eso era lo último que quería, sin importar cuánto le incomodara la idea de ir con Ross. Había logrado evitarlo esos últimos cinco días, incluso cuando no había dejado de pensar en lo que había sucedido esa noche una y otra vez. Todavía estaba enojada con él por no cumplir su palabra, enojada por la forma en que la había tratado, furiosa porque le dijo que era una niña desobediente. ¿Qué era él entonces? Pero ahora no era el momento de plantear todo eso frente al Señor Joshua. Lo miró, él la estaba observando. No podía saber lo que estaba pensando, pero después de un segundo Ross levantó el brazo hacia ella y Demelza fue hacia él.

Ross la ayudó a montar agarrándola por las caderas y empujándola hacia arriba, levantando sus pies en el aire. Demelza se agarró con ambas manos el pomo, las piernas colgando hacia un lado sin un lugar donde apoyarlas para estar más segura. Ross trepó hábilmente detrás suyo. Demelza trató de enderezar la espalda y mirar hacia adelante, pero se sentía incómoda, no estaba acostumbrada a estar encima de un caballo. Darkie se movió inquieta debajo de ellos.

"Relájate, ella puede sentir que estás nerviosa." Ross le dijo al oído. Ella asintió, o pensó que lo hizo, pero no había forma de que pudiera relajarse y tratar de no caerse del caballo y de no tocar al hombre que tenía atrás todo al mismo tiempo.

Ross estaba intentando hacer lo mismo. Con los brazos abiertos alrededor de su cintura para sujetar las riendas, tiró a la derecha para darle la vuelta al caballo y presionó con sus botas contra el animal, que salió al galope como de costumbre. Demelza se agarró del pomo con más firmeza para no caer.

"Judas. ¡No tan rapido!" Chilló, deslizándose peligrosamente de la montura. Ross detuvo el caballo y la sujetó por la cintura tirando de ella hacia arriba, ubicando su trasero bien cruzado en la silla y más cerca de él. El caballo de Joshua trotaba suavemente y él se reía.

"Te dije que necesita aprender a montar." Comentó cuando pasó junto a ellos.

"Tendrás que aferrarte a mí." Ordenó Ross.

"No. Solo no vayas rápido." Ella se negó a soltar el fuste.

"¡No íbamos rápido! Mira, cuanto más rápido vayamos más rápido esto se terminará. Solo agárrate de mi cintura e iremos despacio. Lo prometo."

Demelza sonrió irónicamente. Iba a decir que no creía en sus promesas, pero se mordió la lengua. Tenía razón, cuanto más rápido llegaran a las cabañas mejor, no estaban lejos. Ella podría haber caminado. Pero en cambio, pasó una mano alrededor de la cintura de su marido y se sujetó a él.

Ahora Ross no trataba no tocarla, sus brazos estaban apretados alrededor de su cuerpo. Por las dudas de que se cayera, se dijo a sí mismo, y pronto alcanzaron a Joshua. En el camino, padre e hijo hablaron sobre lo que tenían por delante, las condiciones de las edificaciones, el dinero que se necesitaba para repararlas. Ross tenía la idea de comprar los materiales pero dejar que sus propios inquilinos hicieran las reparaciones, después de todo era para su propio beneficio. "Sí, pero necesitarán supervisión o no lo harán correctamente." Ross estuvo de acuerdo. Demelza estaba tratando de no morir cayéndose del caballo, cada vez que el animal se sacudía o daba un gran paso, abrazaba a Ross con más fuerza solo para soltarlo al segundo siguiente como si nada hubiera pasado.

"¿Qué te pasa, niña? Estas callada." Preguntó Joshua.

"Le tiene miedo al caballo." Ross dijo antes de que ella pudiera contestar.

"¡No tengo miedo!" Estaban en campo abierto. Los manzanos que rodeaban Nampara habían quedado atrás junto con el mar.

"¿Por qué no nos cantas algo? Siempre canta cuando vamos a las cabañas." El rostro de Demelza se puso tan rojo como su cabello. Era cierto, ella cantaba y brincaba cuando iban a las cabañas, pero no creía que el Señor Joshua pudiera oírla. "Tiene una bonita voz." Añadió. - "¿Alguna vez cantó para ti?" Le preguntó a Ross, con una sonrisa traviesa en el rostro que Ross trató de ignorar.

"No, no lo ha hecho. Y ahora está demasiado asustada para cantar."

"¡No lo estoy!" Ella mintió de nuevo. Y para remarcar su punto Ross espoleó con los pies a Darkie y el caballo salió disparado al campo verde, haciendo que Demelza gritara de miedo y Joshua diera una carcajada de la risa. Luego se detuvo de nuevo, podía oírlo reír detrás de ella mientras esperaban al otro Poldark. "Sabía que no cumplirías tu promesa." Dijo, todavía temblorosa y mientras Joshua no podía oírla. Ross dejó de reír.

"Tienes que aprender a montar. Lo disfrutarás, Demelza. De esa manera, podrás moverte por tu cuenta. Una dama debe saber montar." Ambos Demelza y Ross pensaron que ella no era una dama, pero Demelza se dio cuenta de que si se aprendía a cabalgar podría visitar a sus hermanos, iría y vendría a Illogan en una mañana, sin descuidar sus quehaceres. Y ella ya había sobrevivido a casi dos experiencias cercanas a la muerte hacía un momento, tal vez podría hacerlo. Había muchas cosas que pensó que no podía hacer en su vida y, sin embargo, siempre había aprendido a hacerlas. Quizás esta era una de esas cosas. Trató de relajarse el resto del camino y Ross no intentó matarla de nuevo.

Cuando llegaron a su destino, los tres se separaron con sus respectivas tareas, pero Ross vigilaba atento a Demelza. La gente de las cabañas parecía familiarizada con ella, al contrario que con él, a quien Joshua tuvo que presentar a varias personas que no trabajaban en Leisure y por lo tanto no lo conocían. "Mi hijo, Ross." - "¡Oh! Usted es el marido de Demelza." Dijo una mujer. "Ella es un tesoro." Él sonrió y asintió a su vez que con el rabillo del ojo observaba a Demelza hablando con otra joven mientras preparaban una mesa frente a una de las humildes casas en la que pronto hubo una pava caliente con té, tazas de lata y los bollos y conservas que Demelza había llevado y una horda de niños alborotados rodeándolas.

Ellos continuaron con sus asuntos, inspeccionaron algunas de las cabañas, cobraron renta donde pudieron, estrecharon manos, bebieron ron, escucharon quejas, hicieron promesas, todas las cosas que Ross se había negado a hacer durante su vida. Tomar conciencia de que había gente que dependía de él. Su mente estaba confundida, quería salir corriendo de allí, pero al mismo tiempo quería ayudar a esas personas y mientras tanto, cada vez que podía ver a Demelza, la observaba, riendo y jugando con los niños, más feliz de lo que la había visto antes. Claro que era él quien la molestaba, porque también la había visto contenta con su padre y en su casa. Tuvieron que esperarla para irse, estaba hablando con unas mujeres y con un bebé en brazos. Su padre le decía algo, pero no escuchaba, estaba tratando de oír lo que ella decía. Luego se volvió para mirarlo, todas las mujeres lo hicieron y se rieron. Una de las mujeres le había dicho que su marido era muy guapo y todas se habían dado vuelta para ver al hombre que las miraba. Demelza le devolvió el bebé a su madre y se dirigió a donde ellos estaban. Ross ya estaba en el caballo, así que estiró la mano para ayudarla a subir y le dejo espacio en la silla. Luego sostuvo las riendas con una mano y distraídamente colocó la otra en su regazo y emprendieron la vuelta.

"No corras." le dijo cuando llegaron de nuevo a campo abierto. Él dijo "No lo haré." en voz baja, y ella no supo por qué, pero esta vez le creyó. Estaba tratando de acostumbrarse a estar sobre el caballo, sintiendo como se movía debajo de ella. Escuchando al animal respirar, intentando adivinar cómo se movería cuando se encontraban con un pozo o un desnivel en el terreno.

"Si mueves las riendas así, Darkie irá a la derecha. ¿Ves?" Ross le enseñó cómo sabiendo lo que estaba pensando. Ahora que la primera impresión se había ido se sentía un poco más segura y trató de sentarse mejor para poder mirar hacia adelante. Para Ross, esto era una tortura. Demelza se estaba moviendo de un lado para el otro delante suyo, ocasionando que sus pantalones le apretaran, su entrepierna presionando contra su cuerpo. Podía sentir su reacción al contacto de su trasero incluso cuando estaba cubierto por capas de tela. Hacía que el viaje fuera casi imposible. Tuvo que detener el caballo. Deslizándose de Darkie detrás de ella, Demelza no comprendía lo que estaba haciendo. "Mi padre tiene razón. Debes aprender a montar."

"¡No! Pero... me caeré." Sin querer, Ross puso una mano sobre su rodilla y la quitó de inmediato.

"No lo harás. Darkie no dejará que te caigas." Dijo, acariciando la cabeza del animal y dándole un beso cerca del ojo. Demelza sintió una repentina envidia de Darkie. "No tiraras a Demelza, ¿verdad?" Siguió hablando con el caballo, más para calmarse que para cualquier otra cosa. Luego se acercó de nuevo a su esposa. "Aquí. Pon tu pie izquierdo aquí y siéntate un poco más atrás... No, deja tu pierna derecha de este lado también."

"¿Pero cómo voy a ...?"

"Las damas montan de costado."

"¿Qué? ¡Judas!" Ross escuchó a su padre reír detrás de ellos y él también sonrió al ver la expresión de horror en su rostro.

"Tu corset te mantendrá erguida." Bromeó. Ella no lo encontró gracioso en absoluto. Ross guio al caballo lentamente hacia la casa, con su padre detrás de ellos. La miraba de vez en cuando, había una mirada de concentración en su rostro. Para empezar, debía aprender a sentirse cómoda sobre el caballo. Solo iban a hacer esto por hoy, pero Ross estaba dispuesto a enseñarle. Una vez que se acostumbró a estar sola en el caballo, supo sostenerse y confió en que no se iba a caer; Demelza se entregó a disfrutar. Tardaron el doble de tiempo en volver a casa que en el camino de ida, el señor Joshua los había adelantado y probablemente ya estaba junto al fuego en la sala, pero Ross mantuvo el paso lento y ella había disfrutado del viaje. "Gracias." Le dijo al llegar al establo mientras él la ayudaba a bajar.

"Fue un placer." - lo decía en serio.

Esa noche, Demelza se acostó antes que Ross. Él se había quedado con su padre hablando de la visita de ese día y haciendo planes para las cosas que debían hacerse. Demelza había estado callada durante la cena, pero al menos había estado allí y había aceptado aprender a montar cuando su padre le preguntó. Lo había mirado por un instante, pero bajó los ojos de nuevo a su comida rápidamente. Ross se preguntó si todavía estaría enojada con él mientras subía las escaleras. También pensó en lo que le había dicho la gente, en el hecho de que todos sabían que ella era su esposa y parecían aceptarlo.

Notó que lo miraba cuando entró en el dormitorio. Estaba acostada debajo de las mantas, pero no dormía. Él le sonrió a medias pero ella no respondió, así que continuó con sus abluciones. Después de lavarse la cara y las manos, se quitó el chaleco y lo colocó sobre el respaldo de una silla, luego se sentó en su lado de la cama y luchó un momento para quitarse las botas. Estaba cansado, el día había sido largo y tenía muchas cosas en la cabeza. Uno de ellas estaba en esa cama, mirándolo. Después de quitarse los calcetines, se sentó un momento más en silencio mirando la oscuridad fuera de la ventana. La vela titiló en la mesita de noche, luego levantó los brazos e hizo una mueca al quitarse la camisa.

"¿Qué te sucedió?" Dijo una voz a su espalda.

"¿Cómo?"

"Tu espalda..." dijo Demelza. Su piel olivácea estaba manchada aquí y allá con moretones, algunos estaban desapareciendo, otros todavía estaban colorados.

"Oh ... ¿están muy mal? No puedo verme." Ross trató de girar la cabeza tanto como pudo para ver, pero terminó mirándola a ella, revelándole su pecho. Una perfecta 'o' se formó en sus labios cuando lo vio, su torso era peor que su espalda.

"¿Qué te sucedió?" Preguntó de nuevo, levantándose de debajo de las sábanas y arrodillándose en la cama para inspeccionarlo mejor.

"El otro día, el día de la reunión..." comenzó Ross, y Demelza lo miró a los ojos dándose cuenta de lo que iba a decir.

"¿Te asaltaron?"

"No, no exactamente." Ella sacudió la cabeza.

"¿Buscando peleas, verdad?" Un dejo de enojo se coló de nuevo en su voz. Ross no respondió porque sabía que no lo entendería, sabía que no era una excusa suficiente para ella. Se miraron durante un largo rato, Demelza debatiendo qué hacer, qué decir. Si lo hubieran asaltado y esa fue la razón por la que no fue a la reunión, entonces habría sido una cosa. Pero una pelea no lo excusaba. Sin embargo, los moretones se veían horribles. Demelza no se había dado cuenta, no había ninguno en su rostro, como si alguien lo hubiera golpeado solo en su torso a propósito para que no se notaran.

"¿Te duele?" Dijo finalmente. Ross ya estaba levantando las sábanas para meterse en la cama.

"No... bueno, no mucho. Solo un poco." Quizás la lástima ayudaría. Prefería que se compadeciera de él a que siguiera enojada.

"¿Quieres un poco de ungüento para el dolor? Preparé uno para tu padre…"

"No, eso no es necesario..." - Pero luego lo pensó mejor. - "¿Crees que ayudaría?"

"Sí, mi madre me enseñó a hacerlo... espera." Y salió corriendo en camisón y descalza de la habitación, bajó las escaleras y rápidamente volvió a subir, reapareciendo con un pequeño frasco de vidrio en las manos. Volvió a trepar a la cama de rodillas, Ross seguía sentado en el borde de su lado. La miró mientras abría el frasquito y vertía unas gotas de aceite en la palma de su mano y luego, sin previo aviso, Demelza colocó una mano en su espalda y comenzó a esparcir el líquido sobre sus músculos malheridos. Era la primera vez que lo tocaba así, que tocaba a alguien así. Se dio cuenta de ello mientras masajeaban su espalda. Él estaba tenso al principio, pero pareció relajarse bajo el movimiento de sus dedos, el olor a sándalo llenando sus fosas nasales. Ross había cerrado los ojos. ¿Qué estaba pasando? Todos sus sentidos parecieron despertar con el contacto de su piel. ¿Era esto también un sueño? Demelza se detuvo de repente y parpadeó.

"¿Quieres el frente también?" Preguntó, su voz algo temblorosa. Ross se aclaró la garganta.

"Uhm... sí, ya que estás aquí..." Pero frotar su pecho sería más complicado.

"Creo que será mejor que te acuestes." Dijo mientras vertía más aceite en su mano. Ross obedeció, cubriendo sus piernas con las sábanas hasta su cintura para que ella no notara la creciente erección en sus pantalones. Y de nuevo, sus manos estaban sobre él. Había moretones cerca de sus costillas, su piel brillaba bajo la luz de la vela; los otros eran un poco más difíciles de ver, así que se acercó un poco más. Sería más fácil, pensó, si se arrodillara encima de él en lugar de estar a su lado, pero creyó que sería totalmente inapropiado hacerlo. Ross había cerrado los ojos y su respiración era más rápida, pero ella no sabía por qué. Acarició los suaves vellos que encontró sobre su pecho donde se escondían más moretones. Se preguntó cómo pudo estar así los últimos días, obviamente era doloroso. Pero ella lo había evitado últimamente. Todo su frente estaba brillando con el aceite ahora, pero Ross no parecía darse cuenta de que había terminado. Curiosa, extendió una mano para explorar el pezón plano y rosado perdido entre su pelo hasta que lo escuchó sisear y apartó las manos por temor a lastimarlo. "No te detengas." - susurró Ross, agarrando su mano y poniéndola de nuevo contra su pecho. Nunca nada se había sentido tan bien. Lo sintió más que escucharlo gruñir mientras sus dedos los exploraban. Y de repente una oleada de timidez se apoderó de ella. Ross era consciente de sus movimientos, incluso cuando no podía verla. Mantuvo los ojos cerrados tratando de calmarse, tratando de enfocarse en las imágenes menos imaginativas para forzar su miembro hacia abajo, y lo logró a medias. Era imposible conseguirlo por completo cuando sabía que ella estaba allí, a su lado. Demelza había estado acostada de espaldas a él durante un buen rato, aunque aún no dormía cuando Ross finalmente recuperó el control suficiente para abrir los ojos y apagar la vela.

"Buenas noches, Demelza..."

"... Buenas noches, Ross."

Fin del Capítulo 11