La impaciencia iba acrecentado conforme menos ruidos se escuchaban.
Llevaban cerca de dos días recorriendo el bosque ocultos gracias a su poder de invisibilidad y eso no sólo requería energía sino concentración al estar también cubriendo a Dazai, era lógico que Chuuya comenzara a preocuparse por necesitar más tiempo pendiendo de su habilidad. Sin contar lo frío del bosque, su resistencia no tardaría en ceder, cosa que parecía no resultarle preocupante a su compañero, todos sus sentidos tornados a detectar cualquier atisbo de la yōsei que estaban persiguiendo. La alcaldesa de la ciudad se había reunido con Mori en secreto para pedirle se encargara del espíritu, debido a lo dañinos que podían resultar los rumores si alguien notaba los muertos resucitados por la travesura de ésta. Ofrecía no sólo una remuneración bastante nutrida sino un indulto para su área de trabajo, motivo suficiente para Mori recalcarles que no era posible fallaran. Dazai estuvo trazando ese plan más de una hora antes de explicarle qué acciones tomarían, diciéndole que probablemente tardarían cuatro días, por las acciones no debía ser un único espíritu sino un enjambre. Debía ser paciente y prepararse mentalmente. Chuuya chasqueó la lengua con petulancia, guardando a su mascota con la promesa de volver en un par de horas.
Si Mori hubiera comenzado explicando la resistencia de las criaturas al fuego otro cuento hubiera sido.
"Necesitas pensar con la cabeza fría"
Apretó la mandíbula ante el recuerdo de la molesta burla del zorro antes de tomar su brazo e impedir que incendiara todo el camino donde descubrieron rastros de quienes buscaban. A Chuuya no le gustaban los contratiempos, prefería los enfrentamientos directos y terminar para volver antes de que la cena estuviera servida. Dazai por el contrario era pésimo con todo cuanto requiriera esfuerzo físico, buscando la manera de manipular a terceros para ejecutar su parte, aunque en compensación construía planes infalibles, a pedido del genio, también que supusieran el menor daño a sus presas. No estaba poniendo en duda su capacidad estratégica, simplemente tenía miedo de llegar al límite de su resistencia y ganarse la humillación.
— Ahí están.
Dazai por fin susurró, señalando con los ojos un árbol. No lucía diferente al resto ni había una sola señal sospechosa. Chuuya lo miró entrecerrando los ojos, intentando encontrar algo que afirmara.
— Tenemos exactamente quince segundos antes que salgan y nos descubran, considerando su superioridad numérica y su inmunidad al fuego estaremos en serios problemas, nuestra única oportunidad va a ser seguir el plan como te dije.
Chuuya contuvo la respiración, sabiendo que tenía razón y debía confiar en él.
Se deslizó con cautela entre laos arbustos hasta quedar frente al árbol, mirando tras de sí esperando a Dazai creando una hoja del tamaño del tronco y asintiera para crear espadas de fuego listas a talar y segmentar el árbol. Retrocedió apenas un segundo después de escuchar un zumbido enfebrecido en el interior, el tiempo justo para Dazai cubrir con la hoja el tronco y, como había afirmado, el enjambre en su interior.
— Listo, ya podemos volver.
El kitsune sonreía complacido, doblando la hoja hasta hacerla caber en su bolsillo, silbando distraídamente sin reparar en la respiración trabajosa de su acompañante y el color perla en su semblante. Estaba agotado.
— Adelántate.
— Oh ¿Seguro? Me quedaré con toda la gloria en ese caso.
— Sí, sí, sólo lárgate, dos días completos a tu lado me tienen los nervios destrozados, déjame descansar un momento.
— El bosque aquí no es igual de frío que en Rusia, no deberías estar tan agotado.
Chuuya maldijo la agudeza de su pensamiento, demasiado cansado para cualquier otra cosa más allá de cerrar los ojos y recostarse en el húmedo rocío del pasto y la tierra, llevándose la mano a la gargantilla, acariciando la media luna. La simbiosis de los genios era algo extraño, si requerían de un amo era también porque dependían de una fuente extra de energía si usaban sus poderes, la cercanía era vital y Fyodor cada vez parecía menos interesado en volver por él, lo cual lógicamente también lo estaba volviendo menos fuerte.
Mori le había hablado del Batallón para explicarle un poco mejor la situación del genio. Fyodor lo tomó en compensación al ángel sabiendo que los genios son sirvientes por naturaleza, leales hasta la ceguera. Si lograba que Chuuya se enamorara de él tendría la garantía del doble de éxito. Era fácil adivinar la clase de ser que era Fyodor, no poseía los medios para destacarse en la guerra ni los suficientes aliados, sin embargo poseía una mente manipuladora capaz de potenciar sus recursos. Chuuya estaba convencido que había una guerra aunque esa mentira no había sido creada para que él la creyera sino simplemente para que la difundiera. Las presas no darían tanta batalla si creían estar siendo salvadas, tenía lógica, aunque era un plan efectivo tenía poco tiempo de uso y probablemente Fyodor había encontrado otra estrategia. Una en la cual Chuuya ya no resultaba fundamental y podía ser cambiado como la pieza de repuesto que fue desde un comienzo.
Pero el genio seguía atado a Fyodor y aunque fuera capaz de sobreponerse a los encantamientos, no había manera que abandonara a su amante bajo ninguna circunstancia. Incluso si él lo hacía primero.
— Puedo hacer una fogata— susurró encogiéndose contra su cuerpo, buscando guardar calor—. Sólo necesito un minuto.
— Gastaste toda tu energía en cubrirnos, al menos...
Dazai inhaló profundo antes de tomar su forma de kitsune, extendiendo sus nueve colas en dirección al genio, quien le miró francamente confundido ante la manera en que se cruzaba de brazos y piernas dándole la espalda. Una cola se enroscó en su cuello, acariciando su rostro y el genio comprendió. Pensaba negarse, por supuesto, si tan sólo la suavidad y calidez de ese pelaje no le hubieran resultado tan satisfactorias. Se deslizó con los codos hasta arroparse por completo en ellas.
— Te sientes como el sol— balbuceó, sin notar que Dazai estaba usando sus poderes para hacerlo dormir y recuperara algo de fuerza—No. Te sientes como volver a casa.
—x—
Una duda se instaló en su cabeza y no dejaba de darle vueltas, asaltándolo en medio de los momentos más inoportunos, gritando cada vez más fuerte al ser ignorada.
¿Cómo se siente volver a casa?
Dazai nació en un bosque, probablemente, habían pasado tanto de eso que ya ni siquiera lo recordaba. Pertenecía a cierto sitio mas no tenía el concepto de hogar, siendo evidencia el haberse marchado sin ninguna emoción. El edificio donde habitaba ahora más le hacía pensar en una prisión que en casa, a pesar de reconocer lo agradable que lo pasaba echado en el jardín escuchando las risas de Chuuya y Elise mientras hacían su pantomima de safari, o cuando el genio paseaba con el ave cantando en su hombro. No sabía lo que significaba tener un sitio al cual pertenecer, Dazai no era un yokai errante propiamente, no obstante nunca había sentido eso.
Considerando la historia de Chuuya, su apego al lugar donde vivió centenas y a las criaturas por las cuales sin dudar ofreció su libertad a cambio de su bienestar, el concepto de casa debía ser algo bastante importante. La nostalgia por ésta le salía por los poros, en cada frase donde mencionaba a sus hijos, a su diosa, o ensalzaba la belleza de las noches en el desierto asegurando que no había en ninguna otra región del mundo donde el cielo luciera tanto. Era amor y orgullo en sus palabras, algo tan extraño para Dazai que no lograba comprender. Y por primera vez, realmente sentía necesidad de comprender algo.
— No está aquí, Mori lo llamó a su oficina.
El ave lo asaltó en la puerta antes de que pusiera siquiera un pie dentro, graznando con las alas completamente abiertas.
— Lo sé, en realidad venía a hablar contigo.
— Es osado de tu parte pensar que tengo interés en comunicarme contigo.
— Te traje esto.
Dazai le extendió un ramo de margaritas de fuego recién cortadas sin que el ave pareciera interesada.
— Necesitas más que unas cuantas flores para ganarte mi gracia.
— No quiero ser tu amigo, sólo necesito que respondas un par de preguntas. Es por el bien de Chuuya.
— Puedo ver claramente a través de tus intenciones— graznó amenazadora—. Quieres obtener algo de él, no hacerle un favor. Aunque puedas parecer desinteresado no eres una criatura piadosa. Eres igual que Fyodor.
— Eso fue demasiado, sin embargo no voy a negarlo por completo. Mori me ha dicho la situación entre el demonio y tu dueño, es muy probable que no vaya a regresar por él. Mori lo ha encontrado muy útil y es un viejo sensible, por lo que quiere reducirle el trauma así que me mandó a investigar más sobre su relación para poder convencerlo que lo mejor es que se separen.
— Chuuya no es capaz de hacer algo así. Eso ya lo sabes.
— No eres fácil de convencer ¿Verdad? — Dazai sonrió, extendiéndole una de las flores—. No soy capaz de sentir culpa por mis actos, aunque para serte sincero tampoco me alegro de haber dejado a Chuuya en manos de Fyodor. No sólo su destino fue cambiado, había otras criaturas que dependían de una u otra manera de él y en realidad no obtuvimos nada de su sufrimiento, ni Mori ni yo. Fue un daño completamente gratuito.
— No sé mucho de genios, él es el primero que conozco, puede que sea su naturaleza simplemente o que por provenir de una diosa maternal sea así de bondadoso, pero sin duda es un alma noble. Incluso tras ser tomado por Fyodor.
— Tú sabes que Fyodor es un demonio ¿Cierto?
— Por supuesto. Chuuya también sin embargo es incapaz de cuestionar lo que él le ha dicho. No es que le crea ciegamente, es que su obediencia no le permite poner en duda una palabra suya. Tú no lo aprecias como yo, ni has estado cerca suyo el tiempo necesario para verlo sufrir por ello sabiendo que no lo merece, que sería tan sencillo simplemente chasquear los dedos y volver a su hogar.
— ¿Y por qué no lo hace? Por mucho que esté diseñado para obedecer, si Fyodor rompe el hechizo no tendría ninguna atadura.
— Fyodor nunca va a romper ese lazo. Es demasiado previsor, no desecharía un buen elemento que probablemente le pueda ser útil en un futuro, sin importar el daño que eso le cause a los demás.
— Es un demonio de verdad— suspiró, notando que el ave había doblado las alas, posándose en la orilla de la cama así que se permitió entrar a la habitación tras ella, sentándose frente suyo.
— ¿Quieres saber un secreto? Fyodor se interesó en comprar a Yumeno porque quería que el ángel lo bendijera. Sin importar todo el horror que produzca en la tierra, al final de sus días iría a reposar en alguno de los cielos por una simple marca. No se me ocurre una mayor demostración de lo desquiciado que está.
— Y en cambio se consiguió un genio que lo volviera estúpidamente rico y famoso. Al final no perdió nada ¿No?
— Nosotros perdimos por él.
— Está bien si no quieres responder, no tengo ningún motivo más que la curiosidad pero sé que Fyodor destruyó tu nido ¿Chuuya lo sabe? Se lo dije cuando llegó aquí aunque quizá no me creyó.
— No lo sabe. A mí me lo contó la yokai porque lo escuchó de Mori, y si no he dicho nada no ha sido por encubrirlo sino por no dañar más a mi amigo. Es un ser maternal.
Dazai fijó sus ojos en los del ave, el aire volviéndose más denso mientras esa simple frase iba abriendo paso a las interpretaciones.
— Los pájaros de fuego sólo somos capaces de producir un único huevo a lo largo de toda nuestra vida. Yo logré poner dos. Mi nido era el orgullo del bosque donde vivía, todos los días algunos de mis amigos dejaba alguna ofrenda para nosotros, somos criaturas asociadas con la buena fortuna y el que yo hubiera sido capaz de tener dos huevos fue como si las estrellas se hubieran alineado. Fyodor, disfrazado,destrozó mi nido a martillazos. Con todo y mis pequeños. Mató a todos los seres que intentaron detenerlo y me persiguió a mí hasta que llegué al palacio.
— Eso fue bastante cruel, tendrías motivos más que suficientes para marcharte y odiar también a Chuuya.
— Él también es una presa, kitsune. No puedo hacer nada por salvar a quienes ya me han sido arrebatados pero puedo luchar por proteger a quien me ha protegido a mí también. Si quieres hacer algo bueno por él, aunque no sea por ayudarle sino por tu propio beneficio, podrías intentar recordarle quién era antes. Sé que los de tu especie pueden romper hechizos.
— ¿Romper hechizos? — Chuuya entró a la habitación, los ojos abiertos de asombro por la manera mansa en que el ave estaba acurrucada a un costado de Dazai—. No creas que mi amiga es tan tonta como para dejarse comprar por unas simples flores.
El ave levantó el vuelo, trinando al aceptar el fuego que él creó con la punta de sus dedos.
— ¿Para qué te quería Mori?
— Nada de tu incumbencia — murmuró, las mejillas de pronto teñidas de sonrojo—. Más importante ¿Qué demonios haces aquí?
— Vine a ofrecerte un trato.
Tanto el ave como el genio giraron su atención a Dazai, el fuego quieto en la punta de sus dedos bailaba mientras el oxígeno lo nutría al mismo tiempo de amenzar con apagarlo.
— Dependes de la gargantilla para soportar la distancia de tu amo pero también para que él pueda saber dónde estás ¿No es verdad?
— Sí.
— Yo puedo ofrecerte dos cosas. Puedo hacer que el hechizo no se rompa si te quitas la gargantilla durante un par de días y puedo darte una excusa perfecta para ir a visitar a tu familia. "Mori, un cliente quiere que capturemos a una sirena árabe, específicamente de allí". Nadie sabrá exáctamente dónde estás y puedes hacer lo que quieras por el tiempo que acordemos.
— Me estás ofreciendo demasiado.
—Porque lo que quiero a cambio no es cualquier cosa. No voy a pedirte lealtad ni que sacrifiques a nadie cercano, sin embargo prefiero guardarme un favor tuyo para el futuro.
— No eres una criatura confiable— el ave le mordisqueó los dedos para que la mirara, asintiendo. Chuuya abrió la boca, incrédulo, pero sabiendo que si en alguien podía confiar era en ella. Algo debió haber visto en el kitsune que él no podía—. Está bien. Tenemos un trato.
Dazai se incorporó de un salto, dejando el ramo de margaritas en la cama antes de salir.
