Remus Lupin no se consideraba una persona tan insegura. Puede que en su adolescencia lo fuese un poco, sobre todo cuando los efectos de la luna comenzaron a ser más intensos, cuando las cicatrices y dolores musculares le hacían verse enfermo y desgarbado. Pero ahora, con veintinueve años era un hombre mucho más confiado.
Tampoco era una persona celosa.
Los celos, en muchas ocasiones, iban de la mano con la inseguridad, pero para él jamás fueron un problema. Para Remus, primaba la racionalidad. Él no iba por la vida viendo cosas que en realidad no estaban ocurriendo, ni ponía en duda la fidelidad de Sirius, menos aun cuando llevaban poco más de diez años de novios.
Y si Sirius en algún momento dejase de amarlo, confiaba en que se lo diría. En que hablaría con él y cortarían por lo sano.
Entonces ¿Por qué se le revolvía el estómago cada vez que el nombre de ella salía de sus labios?
Le irritaba sentirse así. Se sentía inmaduro y estúpido. Sentía que volvía a ser un adolescente con su primer novio. Ni siquiera cuando tuvo su primer novio se sintió en algún momento de esa forma.
Pero no podía evitarlo.
La primera vez que Sirius mencionó a la nueva buscadora del equipo de quidditch fue luego del primer entrenamiento de la temporada. Era la nueva estrella de los Chudley Cannons. Una linda y divertida chica rusa de veintisiete años que poseía un talento innato para jugar.
Sirius le contó que en el entrenamiento había atrapado la snitch en un abrir y cerrar de ojos, lo que significaba, según el mismo Sirius, que "Le volaremos el culo a los del Puddlemere, Lunático"
Sus celos -ugh, como odiaba ese sentimiento- no comenzaron ahí, obviamente. Sino que fueron apareciendo poco a poco. Comenzaron cuando Sirius no dejaba de hablar de lo divertida que era Ava, y de como hizo que la mayoría del equipo cayese en una estúpida broma que ya no recordaba.
Comenzaron cuando un par de veces se quedó en casa de ella y cuando le hizo recorrer al menos tres veces el Callejón Diagon para buscarle el regalo perfecto de cumpleaños.
Remus no estaba diciendo que Sirius lo engañaba. No. Pero si le asustaba tener que enfrentarse a una posible situación en que el moreno le dijese que su relación tenía que terminar.
Con ese pensamiento en mente, con el de tener que hablar definitivamente, se quita el abrigo para luego asearse.
Una hora después, con la espalda en el cabecero y las piernas estirada sobre la cama, deja los exámenes que revisaba a un lado. Remus tenía una pequeña escuelita para niños que estaban por ingresar a Hogwarts. El fin era nivelarlos para que las materias impartidas en el colegio no les resultasen tan difíciles. Había comenzado con cinco alumnos, y ahora, ya necesitaba la ayuda de otros dos profesores.
Con cuidado, cierra la tinta y la deja junto a la pluma en su mesita de noche.
Cansado de intentar leer la letra de los niños, toma el periódico que había llegado esa mañana y que aún no miraba.
Sonríe al ver la noticia que hablaba del buen trabajo que James hacía como auror y se lee completo el artículo escrito por Peter sobre "Los diez mejores restaurantes del mundo mágico chino" en su apartado de "Culturas mágicas".
Y luego llega a la sección de deportes.
Una enorme fotografía que ocupaba toda la plana enmarcaba a las estrellas del Chudley Cannons. Sirius y Ava posando para los cientos de fotógrafos con enormes sonrisas. Sirius como capitán y Ava con la snitch que había atrapado entre los dedos.
Lo primero que Remus siente es orgullo ante el éxito de Sirius, pero luego, sintiéndose más infantil que nunca, resopla con fastidio. Se ve tentado a cerrar el periódico y continuar revisando sus exámenes, pero lo que hace es tomar la pluma que había dejado minutos atrás sobre su mesita, abre el frasco de tinta y, con la punta de la lengua afuera, se inclina sobre el periódico.
Luego comienza a dibujar enormes bigotes sobre la fotografía de la chica. Colorea sus cejas para volverlas más gruesas y unirlas y, por último, dibuja unas enormes orejas de elfo doméstico de las cuales salían negros y largos bellos.
Para finalizar, toma su varita y, evidenciando que por muy buen alumno que fue antes de todo era un merodeador, la agita y hace un hechizo que el mismo había inventado y había enseñado a sus amigos.
En pocos segundos, la piel de la chica en la fotografía se volvía verde y un instante después, enojada le sacaba la lengua.
Remus suelta una risita mientras aprecia su obra, pero es en ese mismo momento en que las protecciones de la casa vibran. Rápidamente esconde el periódico entre las mantas y se levanta para caminar hasta la sala.
Se encuentra a Sirius con el bolso del entrenamiento colgando de un hombro y con el cabello mojado por la ducha, lanzando gotitas de agua por doquier.
—¿Ya estás en casa, Lupin? -sonríe cuando lo ve —No trabajas nada.
—Es viernes, los niños solo tienen media jornada. -responde, acercándose hasta él para depositar un beso en sus labios a modo de saludo —¿Qué tal el entrenamiento?
—Buenísimo, si seguimos como vamos, los Falcons se irán llorando como críos ante el partido del próximo mes-le comenta, lanzando el bolso a uno de los sofás. —¿Qué hay de ti con los niñatos?
—Evité una pelea entre Toby y Charlie cuando Charlie le dio una lamida a la paleta de Toby. -le comenta.
—Que suerte para James que no fuiste auror, Lunático, su trabajo peligraría contigo. -bromea.
—También lo he pensado.
—¿Almorzaste? ¿Vayamos a comer a algún lugar? Tengo tanta hambre que siento que no he comido en años.
Remus resopla divertido.
—Déjame ir al baño y estoy listo.
—Vale. Me voy a cambiar de ropa.
En cuanto sale del baño y cierra la puerta tras él, la voz de Sirius se oye desde la habitación.
—Remus -lo llama.
—Dime.
—¿Puedes venir un segundo?
Remus sube tranquilamente las escaleras, y cuando abre la puerta de la habitación se encuentra con Sirius aguantando la risa con El Profeta en las manos.
Remus reprime las ganas de llevarse una mano a la frente. No imaginó que Sirius se pondría a hojear el periódico. Luego recuerda que es un jodido egocéntrico y era de lo más seguro que se buscaría en él.
—¿Qué le sucedió a Ava? -pregunta, con una ceja en alto apuntando hacia la fotografía. —No veía este hechizo desde que íbamos al colegio.
—Estaba aburrido, eso es todo. -Sirius se larga a reír y alcanza la pluma.
—Bah, pero te faltó la cola de demonio, que esta tía quiere mi puesto de capitán. -se burla, dibujándola.
—¿Ah sí?
—Claro. -responde, dejando El Profeta a un lado cuando termina con su dibujo. —¿Ya estás listo?
—Si, sí, vamos. -replica, rodando los ojos. Está a punto de abrir la puerta, cuando se dice que es ahora o nunca. Tenía que hablar con él. —No, espera un momento. Necesito preguntarte algo.
—¿No me puedes preguntar mientras comemos? -se queja.
—No morirás de hambre, Canuto. -Sirius rueda los ojos divertidos, y resignado se vuelve a sentar en el borde de la cama.
—Vale ¿Qué quieres preguntar?
—¿Tú y Ava son muy unidos, cierto? -pregunta, como que no quiere la cosa.
—Que va, está loca, pero en el buen sentido. Tienes que conocerla, Remus. -luego, parece reflexionar un instante antes de levantar ambas cejas y mirar curioso a Remus —¿Por qué?
—Porque… bueno, pensaba que… -tartamudea. —¿No extrañas… no lo sé, estar con una chica?
—¿Hacia dónde quieres llegar con esa pregunta, Lupin? -pregunta, volviéndose repentinamente serio. A Remus le hubiese gustado dejar hasta ahí el asunto, pero ya había empezado.
—A ninguna parte, Sirius, es solo que… si ya no quisieras estar conmigo… Me lo dirías ¿verdad? -el moreno abre los ojos de par en par, como si no creyese lo que está escuchando —No estoy diciendo que este sea el caso, ni que pase algo entre tu y… -suspira. Irritado por no poder explicarse —Dios Santo, como se me hace tan difícil esto. El punto es que, a veces pienso, que si no estuvieses conmigo… tú y Ava…
Sirius le interrumpe.
—¿Estás de joda, Lunático? ¿Y has sacado esa idea de…? -no termina la frase, como si no creyese que aquello estaba pasando. Sus ojos se quedan un segundo en el periódico, en la fotografía de él y Ava, y luego, como si acabase de comprender lo que ocurre, sube la vista hasta Remus —¿Estás celoso?
—¿Qué? ¿Yo? No. ¡No! -replica, sintiendo que sus mejillas se encienden como fuego.
Sirius frunce los labios, como si aguantase la risa, y se incorpora para dar el par de pasos que faltaban para estar frente a él. Que rodee su rostro con sus manos le hace sentirse más inmaduro. Que Sirius le preguntase si está celoso hacía que la situación pareciera más ridícula de lo que imaginó.
—Te amo, Remus. Creí que lo había dejado claro estos últimos ¿No lo sé? Diez años.
—Vale, vale, entiendo.
—Y que me preguntes si extraño estar con chicas es una estupidez. Yo te podría preguntar si extrañas estar con otros chicos.
Remus se aclara la garganta. Vale, eso tenía sentido.
—¿Y si olvidamos el asunto?
Sirius suelta una carcajada. Lo trae hasta él y besa su frente.
—¿En serio estás celoso, Lunático?
—Ugh, no sé para que hablo contigo. Eres un crío.
Sirius suelta una estruendosa carcajada.
—¿Fui yo, acaso, el que ha dibujado orejas de elfo a una fotografía?
—¿Te puedes callar? Ahora, vámonos. No tenías tanta hambre…
Sirius se vuelve a reír y cuando llegan al restaurante, sigue haciendo bromas sobre los celos de Remus.
¡Hola!
¡Feliz año!
Espero que el 2021 sea mucho mejor que el 2020.
¡Gracias por leer!
1 de enero y sigo con el Fictober. why.
He disfrutado muchísimo de escribir estas historias, y haré lo posible por terminarlas antes de que acabe la primera semana de enero jijij. Luego, continuaré mi historia "Hasta que el amor nos separe". Lxs invito a leerla si gustan, es un Drarry jiji
Tengan un hermosooo dia
Nos leemos
xoxo
=Elie
