Descargo: Shingeki no Kyojin y sus personajes le pertenecen a Hajime Isayama, yo solo los he tomado prestados para esta historia.

Tema del capítulo: Deportes.


26 DE OCTUBRE:

BRISA PRIMAVERAL


No quiero dormir sin tus ojos,

no quiero ser sin que me mires:

yo cambio la primavera

porque tú me sigas mirando.

(Pablo Neruda, Pido Silencio)

La mañana de octubre veintiséis, despierta cálidamente luminosa. Un día tan agradable como soleado, que te anima a salir temprano de la cama para correr un rato y ejercitarte un poco, algo que no has hecho en días.

Ya que siempre has estado acostumbrado al entrenamiento intenso, aquel que deja los pulmones en carne viva y reaviva el cerebro, los primeros kilómetros son algo fácil aunque te sientas fuera de práctica. Aquellas agotadoras jornadas han sido tu rutina durante un tiempo; un rutina que se vio interrumpida con la llegada del perezoso mocoso que ahora corre a tu lado, y quien parece desear morir a causa del agotamiento.

Al contemplar lo verdaderamente cerca que este parece de desfallecer, tu corazón se ablanda como siempre lo hace, porque tu debilidad lleva grabado su nombre. Descansan un rato y miras la hora, recordando la inexistente llamada que debes hacer, la cual los lleva de regreso a casa, recuperando el perdido aliento.

Octubre ha corrido tan deprisa que en menos de una semana noviembre les dará la bienvenida, pero al pensar que Eren no estará allí para recibirla contigo, dolorosa es la sensación que te embarga al preguntarte que tan duro resultará el invierno próximo, y todos aquellos que queden por venir en soledad.

Con la cabaña ya a la vista, el mocoso suspira de alivio y sonríes quedo para que no lo note; pero, siendo la tormenta imprevisible que siempre es, los morenos brazos de Eren se enredan en tu cuello nada más poner un pie en la escalinata del porche, besándote con la intensidad de la marea cambiante y haciéndote trastabillar, quedando tumbado de espaldas sobre la envejecida madera, con el pálido cielo celeste trazados de lánguidas nubes sobre ti, y tu imagen reflejada en aquel par de espejos verdeazulados.

Tus protestas llegan a raudales, porque ambos están tan acalorados como sudados, y el piso para nada limpio; porque te has golpeado y él es un completo irresponsable, y odias sentirte así de impotente, sabiendo que es porque le das esa ventaja sobre ti que no puedes contenerlo. Pero sus labios y su risa dispersan todo reclamo como el despertar hace con las pesadillas, porque Eren es todo verdes ojos y verde fuego, verde esperanza y verdes sueños que auguran la primavera.

Su largo cabello es un desastre enredado entre tus dedos, y te recuerda al otoño lleno de colores intensos y vibrantes antes de comenzar a marchitarse. Y quieres decirle tantas cosas, contarle tanto, porque a pesar de que han sido tres años de rondarse, de conocerse, un mes para pertenecerse te ha sabido a muy poco; probablemente ni siquiera una vida entera te sería suficiente.

La mañana es cálida y octubre se ha teñido de suave dorado onírico que hace resplandecer los árboles y tinta sus ojos de bosque con una ligera pátina de oro, y cuando su frente busca tus labios para que lo beses, sonríes. Aquel instante es perfecto.

—Cuéntame un secreto —pide; sus ojos de hierba nueva deshelando el frío hielo de la tuya—. Algo que jamás le contaras a nadie.

Y mil historias se agolpan en tu cabeza, porque tu vida siempre ha sido un secreto tras otro, a veces frágiles y a veces dolorosos. Secretos que has aprendido a callar y a guardar, porque así siempre es más fácil; pero, al comprender que mucho de ello ya es parte de Eren, que tanto tu pasado como tu presente le pertenecen, te sorprendes. Tu vida ha pasado a ser suya en miles de palabras dichas, en miles de historias; porque así como él pintó su existencia sangrante y destrozada para ti, tú fluiste en palabras para él.

Entonces, ¿qué decirle? Porque Eren mismo ha sido tu mayor secreto, ya que ante él no has tenido ninguno. Y cuando su mano se entrelaza con la tuya, presintiendo tu respuesta, te sinceras:

—Eres el último amor de mi vida.

Una sonrisa se dibuja en sus labios al oírte; una sonrisa de ojos bajos y largas pestañas que ensombrecen sus pómulos. Es un gesto suave y sereno, por completo ajeno a su naturaleza fugaz y bullente; aun así te resulta tan suyo, que inevitablemente lo atesoras, como todo lo que de él has obtenido.

Y quieres hablarle de lo mucho que esos tres años juntos han significado para ti, pero no puedes, tal vez por vergüenza o quizá por miedo, o puede que simplemente porque las palabras son cadenas y no deseas atarlo; no más de lo que ya lo has hecho.

Eren no desea dejar nada tras su partida una vez se marche, pero aun así se ha grabado a fuego dentro tuyo de manera permanente; y aunque tú siempre lo has deseado suyo y libre, lo has atado con un hilo, tan rojo como la sangre y el destino.

Los labios del chico nuevamente te buscan en un beso suave, y al contemplar su rostro tan amado acunado entre tus manos pálidas, piensas en el verano que conociste a los dieciséis y el otoño que pronto estás destinado a perder; y lo odias. Pero si algo has aprendido durante estos años, tras tus dolorosas pérdidas, es que el amor debe darse cuando hay tiempo, totalmente y sin arrepentimiento alguno; y con Eren lo has hecho tanto como has podido, solo esperando que en la nueva vida que empezará, lejos de ti, aquello le baste hasta que lo necesite.

—Soy un pésimo perdedor; no sé rendirme —murmura este, y sus ojos ya no son plácido mar estival, sino verde fuego quemante—. Ese es mi mayor secreto.

Y más que sentirlo lo presientes, que aquella no es una confesión, sino que es una advertencia. El preámbulo de lo que está por venir, la brisa primaveral que llega; aquella que es fría y habla del cambio, pero al mismo tiempo augura tiempos mejores y más cálidos.

Y aunque su amor sigue siendo un sueño tan etéreo como imposible, porque octubre ya acaba, aun así la fantasía prevalece.


Lo primero, como siempre, es agradecer a todos quienes hayan llegado hasta aquí. Espero de corazón que la viñeta fuese de su agrado y valiera la pena el tiempo invertido en ella.

Y con este inicio de semana, ya damos paso a lo que es el último tramo del Ererictober de este año, así que solo cinco capítulos más y ponemos fin a esta aventura de un mes que ha sido Etéreo.

Por otro lado, esta vez sí me atrevo a esperar, confiar, en que el capítulo resultase menos doloroso y mucho más divertido y dulce que otras veces. A pesar de todo lo triste que esta historia ha sido, me gustó mucho escribir estos últimos capítulos, porque ya sin secretos entre ellos, con todas las cartas puestas sobre la mesa de lo que ha pasado y lo que pueden esperar, La relación de Eren y Levi es más libre aunque la separación siga siendo algo inminente.

Pasando a los datos bobos, en esta oportunidad el título hace referencia nuevamente a la primavera, como fue el de «Brotes de Primavera», y esta alusión se basa en dos cosas.

La primera es que Eren no solo ha representado la primavera para Levi porque él esté enamorado y el muchacho llegó en un periodo complicado de su vida, sino que Eren nació en primavera, así como Levi en invierno, y de allí esa comparación que casi siempre se hace entre ellos. Lo otro, es que tanto la primavera como el otoño son las estaciones del cambio, pero mientras que el otoño es la estación del cierre, la primavera es la de apertura, y algo que sucedió desde el momento que Levi le dijo la verdad a Eren y este habló con Grisha, es que Eren cambió para abrirse a otras cosas, otras posibilidades; puede que este cambio sea imperceptible aun, pero es, y este capítulo habla de esa mejora en él.

Para mañana, el tema del capítulo es «perezoso», una viñeta que me gustó mucho escribir, así que espero igualmente les resulte interesante.

Una vez más muchas gracias a todos quienes leen, comentan, envían mp´s, votan y añaden a sus listas, marcadores, favoritos y alertas, siempre son mi mayor incentivo para seguir esforzándome.

Un enorme abrazo a la distancia y mis mejores deseos para ustedes. ¡Hasta mañana!

Tessa.