Capítulo 11.

¿Sabes lo que es amar, Sasuke?

Sasuke despertó porque algo le hacía cosquillas en la nariz. Se lo intentó apartar con una mano, todavía demasiado dormido como para darse cuenta de dónde estaba y sobre todo con quién estaba. Cogió entre los dedos un mechón de pelo rosa y entornó la mirada sin reconocerlo. Sakura se removió inquieta pero no se despertó. Sasuke abrió los ojos, ya completamente despierto. Ella había rodado hasta situarse con la cabeza sobre su pecho y lo circundaba con los brazos. Intentó mover una pierna y ella protestó algo entre sueños. También tenía una pierna suya entrelazada con las de él. Y Sasuke sonrió. Sonrió con tanta satisfacción que si lo llega a ver Sakura le lanza un cuchillo y no un plato de cerámica.

Se quedó completamente inmóvil, observando el cambio de luces que se reflejaban en el techo de la habitación, pasando de la oscuridad a la tenue claridad del amanecer que se filtraba por las pesadas cortinas cerradas. No quería despertarla. Y además se sentía extraordinariamente bien con su pequeño cuerpo sobre el suyo. Ella respiraba acompasadamente, podía notar en su costado como su estómago se pegaba y se despegaba de su piel al ritmo que marcaba su corazón. Y cerró los ojos, y se concentró solo en la sensación de euforia que le producía el cuerpo cálido por el sueño junto al suyo. Entonces Sakura emitió un pequeño gemido y se apretó más contra él. Y Sasuke volvió a abrir los ojos y la observó con curiosidad. Su rostro antes completamente relajado, ahora parecía tenso, como si algo la incomodara. Entreabrió los labios de un tono rosado oscuro y gimió suavemente otra vez, levantando más la pierna para entrelazarla con la suya. Luego deslizó una mano que descansaba justo en uno de sus pectorales y la posó descuidadamente sobre su abultada entrepierna. Sasuke se obligó a pensar en algo sumamente desagradable, pero no podía pensar. Solo podía sentir. Sentir esa mano extendida de forma despreocupada sobre su miembro. Su miembro dolorosamente palpitante y necesitado de más atención. Sakura gimió otra vez, más fuerte, y apretó la mano justo donde no debía hacerlo. La respiración de Sasuke se volvió agitada y creyó que el golpeteo de su corazón iba a despertarla, ya que su rostro descansaba justo sobre él. «¿Tendrá una pesadilla? ¿Debería despertarla?», pensó.

Sakura tenía un sueño. Un bonito sueño. Un sueño excitante. Un sueño que en realidad era un recuerdo de cuando verdaderamente fue feliz.

La luz del verano inundaba el despacho de Kakashi, rodeándolo de un aura dorada, mientras la besaba con intensidad. Ambos jugaban a entrelazar sus lenguas y luego las soltaban para devorar sus labios. Unos pasos los interrumpieron.

—¡Shhh! Viene alguien —susurró él y la empujó contra la pared. Kakashi se quedó a su lado junto a la puerta observando. Los pasos siguieron su camino y se perdieron por los amplios pasillos de la Universidad.

Kakashi se volvió hacia ella y continuaron el beso interrumpido. Pero el teléfono vibrando en el bolsillo de él reclamó su atención. Lo cogió con una mano y comprobó de reojo quién lo llamaba.

—Es el Rector. Tengo que cogerlo —masculló.

Ella asintió en silencio, sintiendo su boca levemente abandonada. Pero Kakashi la miró con media sonrisa burlona en su rostro y, mientras mantenía una conversación relajada con su superior, bajó la mano que tenía libre y acarició sus piernas desnudas. Subió deslizándose por un muslo y apartó con la mano la delgada minifalda de lino que llevaba Sakura. Se paró justo en su entrepierna cubierta por unas finas braguitas de algodón blanco. Ella gimió levemente.

—Sí, lo entiendo. Claro que me parece importante destacar ese tema en concreto —seguía diciendo él por teléfono mientras la mano inquisidora acariciaba con el pulgar su carne henchida y cubierta todavía por la ropa interior.

Sakura abrió las piernas, pegada a la pared, deseando tener las fuerzas suficientes como para deslizar su ropa interior hasta el suelo y dejarle el camino libre a su interior. Pero era demasiado joven todavía para saber realmente qué hacer y estaba demasiado perdida en las sensaciones que el dedo de Kakashi le producía. Notó la humedad que mojaba su ropa. «¿Él lo notará?», se preguntó. Una mirada de él, oscurecida por la pasión, le confirmó que así era.

—Por supuesto. Yo también me he dado cuenta. Y no entiendo cómo es posible que unos Licenciados Universitarios puedan cometer semejantes faltas de ortografía —continuó él con un tono de voz que traslucía serenidad.

«¿Cómo puede estar así de tranquilo cuando yo estoy retemblando de deseo? Si apenas podría pronunciar una palabra coherente si tuviera que hablar», pensó Sakura.

Los dedos de Kakashi se abrieron paso por debajo de su ropa y alcanzaron la carne desnuda. Sakura sintió que su corazón se desbocaba y ahogó otro gemido.

Kakashi se puso un dedo en los labios, todavía con el teléfono en la mano, con lo que a ella le llegó claramente la voz del Rector quejándose del bajo nivel de ortografía de algunos alumnos. Lo que hizo que curiosamente se excitara todavía más. Sintió como él introducía un dedo dentro de sí, luego otro y los volvía a sacar, haciendo círculos concéntricos, jugando a torturarla.

—Sí. De acuerdo. Retomaré el tema la semana que viene a lo más tardar. —Él mantenía la conversación sin modificar el tono neutro de su voz.

Con la misma mano en la que tenía el teléfono Kakashi le deslizó el tirante de la blusa y dejó un pecho al aire, cuyo pezón se irguió frente a él, reclamando su atención. Él volvió a sonreír y lo besó con delicadeza, olvidándose por un momento con quién estaba hablando.

Sakura se retorció de deseo, pero no se atrevía a moverse, a gemir, a susurrar, por temor a que el Rector los descubriera. Kakashi seguía insistiendo, un dedo, dos dedos. Sintió un pequeño pellizco en su parte más sensible, claramente henchida, y no lo pudo soportar más. Él averiguó solo por su turbación lo que estaba a punto de hacer ella, y en un acto reflejo soltó el teléfono y le tapó la boca, de la que surgió un grito agudo amortiguado por su ancha mano. Respirando agitadamente y con deliciosos calambres que brotaban de su vientre dejándola aturdida, Sakura le mordió la mano. Él rio sin voz y la besó en los labios. Se agachó y cogió el teléfono.

—Sí. Lo siento. Se me ha caído el teléfono. Lo entiendo. Sí, la próxima semana. De acuerdo. Bien. Adiós —se despidió Kakashi.

Luego dejó cuidadosamente el teléfono sobre la mesa, se giró y la observó.

—Casi —dijo.

Sakura sonrió. «¡Dios mío!», pensó Kakashi observando su rostro arrebolado. «¿Ella se da cuenta de lo seductora que resulta?». «Gracias», pensó después. «Gracias porque ella es toda mía».

—Ven —exclamó acercándose, la levantó en brazos y la depositó contra la mesa. Ella rio en su hombro.

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Sasuke seguía estático sin atreverse a mover un solo músculo. Sakura, sin embargo, estaba bastante agitada a su lado. Lo sujetaba con fuerza y rozaba su entrepierna sin ningún pudor contra su cadera. Sasuke maldijo en cuantos idiomas conocidos e inventados conocía. Aquello era una tortura. Entonces Sakura emitió un hondo gemido y pronunció un nombre. Y la tortura se hizo realidad.

—¡Kakashi!

Sasuke apretó la mandíbula y los puños a la vez.

—No. Soy Sasuke. ¿Decepcionada?

Sakura abrió los ojos y lo miró sin reconocerlo. Sin embargo, siguió quieta sobre él, respirando jadeante. Cerró los ojos ante la mirada escrutadora de él y no contestó. Flexionó una mano y se dio cuenta de dónde la tenía posada, la retiró bruscamente y sin saber muy bien qué hacer con ella la dejó sobre el pecho de Sasuke, que subía y bajaba al ritmo de una respiración rápida.

—¿Has estado alguna vez enamorado? —preguntó con voz ronca.

Ella notó su sorpresa expuesta en su cuerpo, que se tensó de repente.

—Hummm... sí, supongo que sí —contestó no sabiendo bien lo que se proponía ella.

—No, Sasuke. No lo has estado. Porque si fuera así, no dudarías. Yo me refiero a un amor que te consume desde dentro. Que te impide dormir porque eso te quita tiempo para estar junto a la persona que amas. Que cuando despiertas es en lo único que piensas, y que durante el día, si en algún momento algo distrae tu mente y de repente lo vuelves a recordar, una sonrisa estúpida y feliz cruza tu rostro. Que cuando estás junto a él no puedes evitar mirarlo, tocarlo, sentirlo, atraparlo, entregarte a él sin condiciones. Un amor que te abrasa y que sin embargo cuando se aleja sientes un vacío tan intenso que crees que nunca volverás a ser una persona completa. —Respiró hondo buscando fuerza en su confesión—. Eso es lo que yo siento por Kakashi —afirmó con la voz rota.

Sasuke la dejó hablar en silencio observando los cambios de su rostro y como lágrimas silenciosas comenzaron a deslizarse por sus mejillas, y levantó un brazo para abrazarla, pero ella estaba tan concentrada que no lo percibió.

—Creo que él siente lo mismo por ti, Sakura —dijo finalmente, apreciando que algo invisible le estrangulaba la tráquea.

—No. Él no me ama.

—¿Cómo puedes pensar así?

—Porque él mismo me lo dijo —contestó de forma monótona, y se giró levantándose de la cama para encerrarse en el baño.

Sasuke escuchó el agua de la ducha correr mientras se quedaba en la cama mirando fijamente la puerta cerrada del baño. «¿Que le dijo que no la amaba? ¿Por qué?», pensó mesándose el cabello. Él nunca había estado enamorado, pero eso no significaba que no pudiese reconocer el amor en otras personas, y tenía la certeza de que el padre Kakashi amaba a Sakura.

Sakura entró en la ducha y abrió el grifo con todo el caudal del mismo, con la única intención de que el ruido amortiguara sus sollozos bajo el agua. Hacía muchos años que no tenía sueños como aquel. Al principio fueron constantes y la dejaban tan exhausta que durante el día se convertía en algo muy parecido a un fantasma. Luego, poco a poco, fueron desapareciendo. Ese había sido tan real que sentía que las arenas movedizas la atrapaban y la ahogaban otra vez. Y no podía permitirlo. No podía deja que la destrozara otra vez. Sintió un deseo irremediable de liarse un porro de hachís y olvidar. Y lloró por ser tan débil, hasta que ya no pudo más y salió de la ducha temblando. Se secó y abandonó el baño, una vez se puso de nuevo el camisón, con la intención de disculparse con Sasuke.

Sasuke estaba sentado en el salón con las bandejas del desayuno frente a él, pero por deferencia a ella no había comenzado. En cuando la vio, supo que había estado llorando y que el deseo de huir y de olvidar se había instalado de nuevo en ella. Recompuso el gesto y sonriendo le preguntó:

—¿Desayunamos?

—Está bien —contestó ella y se sentó a su lado.

Él le preparó un café solo y le ofreció panecillos de leche. Ella sonrió, se había acordado. Cogió uno y comenzó a mordisquearlo.

—Sasuke. Lo siento. No tenía que... lo de esta mañana ha sido del todo...

—¿Inapropiado? —sugirió él.

—Sí. —Ella lo miró con ojos tristes.

—No tiene importancia, Sakura, nadie puede controlar sus sueños. Aunque he de reconocer que me hubiera gustado escuchar mi nombre y no el suyo.

Ella abrió los ojos y lo miró directamente.

—Sabes que eso nunca ocurrirá. Solo serán cuatro semanas y después no nos volveremos a ver. Me habías dicho que era un acuerdo, que confiara en ti. No hagas que me arrepienta tan pronto.

A Sasuke el golpe del plato de cerámica le dolió bastante menos. Frunció los labios y suspiró fuertemente.

—Tienes razón, Sakura —afirmó—. ¿Qué te parece si salimos a dar un paseo? Creo que necesitas tomar aire fresco.

—Sí, me parece buena idea. Estoy empezando a sentir que aquí me ahogo.

«¿Por mí?», quiso preguntar Sasuke, pero no lo hizo. Ya tenía suficiente por toda la mañana.

Terminaron de desayunar en silencio y se vistieron de forma informal, con vaqueros, jersey él y cazadora ella.

—¿No tendrás frío? —preguntó Sakura, observando lo atractivo que resultaba con unos simples vaqueros desgastados y un jersey de cuello pico en tonos oscuros, fiel reflejo del color de sus ojos.

—¿Yo? —Se miró extrañado el jersey—. Si es de lana. Incluso puede que tenga calor.

—¡Ah! Ya —murmuró ella sonriendo ante su gesto de sorpresa, recordando que en Inglaterra cuando el termómetro pasaba de los cinco grados si no ibas en manga corta es que obviamente no eras inglés.

Salieron del hotel y caminaron en silencio unos minutos. Sakura respiró con fuerza en un intento desesperado de absorber todo el oxígeno posible de cara a su encierro de los próximos días.

—¿Adónde vamos? —inquirió.

—A un parque cercano que descubrí hace unos días. Seguro que te gusta, tiene hasta una pequeña arboleda.

«¿Parque?», pensó Sakura horrorizada. «¿Esos espacios en los que las madres y padres retozan con sus retoños?». Los odiaba. Normalmente hasta daba un rodeo antes de cruzar uno de ellos.

Llegaron a los pocos minutos y se sentaron en un banco de madera. En realidad se trataba de una explanada con unos columpios y algunos juegos infantiles en un lateral, el resto era campo abierto y una pequeña arboleda al fondo, donde una pareja sentados bajo un árbol reían. La joven estaba tumbada sobre las piernas de él. Sakura dejó la mirada perdida en los dos jóvenes. «¿Cuánto me he perdido estos años?», pensó con tristeza. «En realidad, todo», le contestó su mente cansada de tanta disertación.

En ese momento una pelota llegó rodando hasta parar en los pies de Sasuke. Este la recogió y esperó a que el niño de unos cuatro o cinco años se acercara lo suficiente como para lanzársela. El pequeño, algo temeroso, se aproximó y él le ofreció la pelota con una mano extendida. Cuando el niño recuperó el valor y la cogió, Sasuke le revolvió el pelo descuidadamente sonriendo. Sakura gimió en voz alta sin pretenderlo, observando la tierna escena. Y revolvió en su bolso buscando el paquete de tabaco, parco consuelo para su súbita desesperación.

Sasuke la miró fijamente y, notando su tristeza, intentó distraerla.

—¿Por qué odias tanto a los ingleses? —preguntó sobresaltándola.

Ella lo miró recordando y sonrió por primera vez aquella mañana. Él la miró embobado. Cuando sonreía hasta el sol parecía brillar con más intensidad.

—Porque me tiraron a la vía de un tren de cercanías.

—¿¡Cómo!? —Sasuke se inclinó hacia delante como si tuviera delante a aquellos delincuentes.

Ella rio llenando el silencio con su risa franca, interrumpiendo incluso el piar de los pájaros y atrayendo la mirada de algún caminante solitario.

—Mis padres me enviaron cuando tenía trece años un verano a estudiar a Inglaterra. A una casa nativa. Llena de niños. Cinco. Tenían cinco niños desde los dos años a los dieciséis. Todos ellos de piel blanca como la leche, ya sabes, como si hubieran nacido antes de tiempo y les faltara la última cocción —Sasuke la miró entornando los ojos, pensando si se estaría dando cuenta de que estaba hablando con uno de esos ingleses de piel blanca como la leche, pero ella no lo miraba a él—, y un perro. Un enorme perro al que no caí precisamente bien. Bueno, en realidad, creo que no caí bien a ninguno de los habitantes de aquella casa. Lo único que querían era el dinero que mi estancia les proporcionaba. Me encontraba sola y no entendía apenas una palabra. Los primeros días intenté ser valiente, pero finalmente llamé a mi padre y le comuniqué mi decisión de regresar.

—¿Y?

—Me dijo que no. Que aprovechara la oportunidad que otros no tenían. Que ya no era una niña y que tenía que empezar a comportarme como una adulta. Así que lo intenté. Tenía que coger todos los días por la mañana un tren que me llevaba a una población cercana para acudir a una academia. Cerca de la estación había un pub donde se reunían los jóvenes del pueblo. Siempre me gritaban algo cuando pasaba, que no entendía, por supuesto, y que seguramente hubiera preferido no entender. Un día me siguieron y de repente uno de ellos me empujó y caí a la vía del tren.

—¿Qué hicieron qué? Los denunciarías, ¿no?

—En realidad, no se me pasó por la cabeza. Aunque intentaba comportarme como una adulta, era todavía una niña. No había peligro, quedaban todavía unos minutos antes de que llegara el tren, y el golpe físico no fue demasiado fuerte. El que recibió mi orgullo sí lo fue.

—¿Por qué?

—Porque llevaba un vestido corto y al salir todos me vieron la ropa interior.

Sasuke se quedó callado un momento, la miró viendo lo compungida que parecía y de repente estalló en una carcajada. Sakura se volvió sorprendida.

—¿Me estás diciendo que unos delincuentes adolescentes te tiraron a la vía de un tren, pero que no fue grave porque lo verdaderamente importante es que te vieron las bragas? —Sasuke no podía parar de reír.

Finalmente ella lo miró y comenzó a reír con él.

—Es estúpido, ¿verdad?

—No. Me imagino que con trece años no lo sería. ¿Y nos has guardado rencor desde entonces?

—Más o menos sí.

—Desde luego que me gustaría dar un puñetazo a cada uno de esos jóvenes, pero creo que en realidad les gustabas y era su forma de llamar tu atención sobre ellos.

—¿En serio?

—Creo que sí. Los hombres, sobre todo cuando estamos en la peligrosa edad previa a la madurez, solemos ser bastante imbéciles en cuestión de faldas... y de bragas. —Rio otra vez.

—Algunos siguen siendo imbéciles también cuando llegan casi a los cuarenta — dijo ella frunciendo los labios.

Sasuke calló de repente, dándose por aludido.

—¿Y este humilde inglés puede ofrecer una disculpa por su país que hirió tu orgullo de una forma tan miserable? —susurró súbitamente serio, aunque le brillaban los ojos con una clara diversión.

Ella lo meditó un momento.

—Bueno, podríais empezar por devolvernos Gibraltar.

Él puso los ojos en blanco.

—Pero ¿qué demonios os pasa a todos los españoles con ese trozo de roca?

—Que es nuestra. Ladrones —contestó ella con dignidad.

—Verás, Sakura, según el Tratado de Utrech firmado el trece de julio de 1713, se cede la soberanía de Gibraltar a Gran Bretaña, cito textualmente el artículo X «El Rey Católico, por sí y por sus herederos y sucesores, cede por este Tratado a la Corona de la Gran Bretaña la plena y entera propiedad de la ciudad y castillo de Gibraltar, juntamente con su puerto, defensas y fortalezas que le pertenecen, dando la dicha propiedad absolutamente para que la tenga y goce con entero derecho y para siempre, sin excepción ni impedimento alguno...» y bla... bla... bla...

Sakura ya no lo escuchaba.

—¿Sasuke?

—¿Sí?

—¡Cállate! Me das dolor de cabeza.

Él la miró con gesto enfurruñado.

—Pero puedes reírte cuando quieras, eso sin embargo me gusta —afirmó Sakura levantándose—. ¿Vamos a almorzar?

Sasuke se levantó detrás de ella. «¿Le gusta mi risa? O le gusto yo cuando río?», pensó con una sonrisa estúpida bailándole en el rostro. En realidad le era indiferente, ya que ambas opciones le levantaron el ánimo.

Buscaron un restaurante tranquilo y comieron en animada conversación, tratando temas del trabajo y disertando sobre lo que a ambos más les apasionaba, la Historia. Sasuke le explicó en qué consistiría su trabajo de la próxima semana y ella ofreció un par de sugerencias que fueron bien recibidas por su profesor. Antes de que Sakura pudiera ofrecerse a pagar, Sasuke ya había dejado el dinero sobre la mesa. Ella enarcó una ceja en su dirección.

—Somos amigos, ¿no? Supongo que dejarás que te invite.

—Sí, somos amigos. —Ella sonrió pensando lo bien que sonaba esa frase. Hacía mucho tiempo que no tenía verdaderamente un amigo con el que se sintiera tan cómoda. Era probablemente porque ambos compartían los mismos intereses académicos. ¿No?

Cuando llegaron a la habitación del ático Sakura estaba exhausta. Los últimos días habían sido agotadores mental y físicamente, y miró la cama con absoluto deseo.

—¿Te importa si me acuesto un rato?

—No. Claro que no. Descansa. Yo me quedaré en el salón trabajando un poco. —Sonrió él.

Sakura despertó al atardecer. No había ni rastro de Sasuke. La puerta del salón seguía cerrada. Se levantó sin hacer ruido y entró sigilosamente en el salón, creyendo que él se habría quedado dormido en el pequeño sofá.

Sasuke había intentado trabajar un poco en el ordenador, pero demasiado cansado, optó por conectar la televisión y buscar algo que lo mantuviera alerta. Finalmente se decidió por comprobar qué películas de pago ofrecía el hotel. Dudó entre algunas que no había visto todavía, pero sin que fuera consciente del todo acabó seleccionando una que le llamó la atención, solo porque la actriz tenía cierto parecido con su ángel rosa, que dormía plácidamente en la sala de al lado.

Sakura observó atentamente a Sasuke, que tenía la mirada fija en algo que emitía la pantalla, y se acercó un poco a examinar qué era lo que lo mantenía tan concentrado. Sonrió y se mordió un labio.

—Curiosa postura —exclamó observando a una mujer rubia que gemía profundamente mientras la penetraban dos hombres—. Siempre me he preguntado qué se sentirá.

—¡Joder! —Sasuke saltó en su asiento y cogió un pequeño cojín tapándose su entrepierna claramente abultada.

—Vamos, vamos. —Sonrió ella dándole unos golpecitos en la rodilla cuando pasó para sentarse a su lado—. No te vayas a sonrojar, que ya eres mayorcito.

—¡Mierda! —contestó él buscando el mando con la mirada y evitando el contacto con el rostro de Sakura.

—¿Buscas esto? —Sakura sostenía entre sus dedos el pequeño mando negro.

—Sí —masculló él—. ¡Dámelo!

—No, no —dijo ella negando con la cabeza—. La verdad, estoy bastante interesada en ver cómo se desarrolla el argumento de tan interesante película. ¿Con cuál se quedará? ¿Tú qué crees, Sasuke? Yo apuesto que con los dos.

—Sakura —gruñó él—, esto es del todo...

—¿Inapropiado?

—Sí, ¡maldita sea!

—¡Huy, si te has puesto rojo como un tomate! ¿Es que es la primera vez que ves porno?

—¡Claro que no! —Sasuke bullía de furia, que aumentaba a medida que veía cómo se divertía Sakura.

—Entonces no creo que te importe que la vea contigo —aseguró ella recostándose sobre el sofá.

—De eso nada. —Él saltó de improviso sobre Sakura para alcanzar el mando. Ella se retorció intentando huir y acabaron los dos en el suelo. Forcejearon unos instantes, pero él tenía más fuerza y era bastante más grande, así que la pelea acabó pronto. Todavía encima de ella apretó con fuerza el botón de apagado del mando y este, pobre mando que no tenía nada que ver en la pelea, casi se quebró del impacto.

—No lo vuelvas a hacer —susurró broncamente Sasuke sobre ella.

—¿El qué? —inquirió Sakura de forma inocente.

—Desafiarme.

—¿Por qué?

—Porque la próxima vez quizá no te guste el resultado final.

Ambos se sostuvieron las miradas a unos centímetros de distancia. Sasuke pensó: «La tengo tan cerca...». Pero no, las palabras de ella esa misma mañana «ese es el amor que siento por Kakashi», los separaron. Se levantó bruscamente y salió encerrándose en el baño.

Sakura se quedó un momento aturdida en el suelo. Se había sobrepasado. Había actuado con él como si fuera un amigo, pero en realidad no lo era, era su carcelero y su profesor. Se sintió francamente mal.

Al poco rato salió Sasuke. Se había duchado y puesto el pijama. Cogió un libro y se sentó en la cama a leer sin dirigirle ni una sola mirada.

Ella se acercó y se sentó junto a él.

—¿Estás enfadado?

—No.

—Pues lo parece.

—Déjalo, Sakura, soy mayorcito para estas tonterías.

—Lo siento, Sasuke. Yo solo quería que pasáramos un rato divertido.

Él tosió y carraspeó fuertemente.

—¿Pasar un rato divertido? ¿Viendo porno contigo? ¿Qué es lo que te propones? ¿Volverme loco?

—Esas son demasiadas preguntas. En realidad te vi tan avergonzado que solo quise hacerte comprender que...

—No me avergüenzo de ver porno, Sakura, soy un hombre adulto. ¿A ti te gustan? —Su tono había cambiado de enfadado a curioso.

—A veces las veo. No es que me apasionen, pero en ocasiones pueden resultar hasta divertidas.

—Y, por lo que me has señalado, tienes curiosidad por saber lo que se sentiría si dos hombres te poseyeran, ¿no?

Sakura valoró la respuesta.

—No es que sea una de mis fantasías, pero sí, siento curiosidad. Tú ya lo has probado, ¿verdad?

—Sí. Pero no lo volvería a hacer.

—¿Por qué no?

—No me gusta compartir nada con nadie, y menos a una mujer.

—¡Ah! Pero has estado con dos mujeres, ¿o me equivoco?

Sasuke sonrió con suficiencia.

—Sí.

—¿Y?

—La experiencia fue mucho más agradable, pero también mucho más... agotadora.

—Entiendo —masculló Sakura y una imagen de él con dos mujeres desnudas le inundó el cerebro e hizo que se sintiera de repente enfadada—. ¿Y con un hombre?

—¡¿Qué?!

—¿Has estado con un hombre?

—Jamás. Ni estaré nunca.

—¡Ah!

Y de repente a Sasuke se le ocurrió algo.

—¿Y tú? ¿Has estado con una mujer?

Ella lo miró y desvió la mirada.

—Sí.

—¿Y?

—Fue... diferente. Tuvimos una relación intermitente durante varios meses. Nada serio. Hace varios años.

Sasuke se quedó con la boca abierta por... ¿undécima vez en dos semanas? Y una imagen, que le provocó un calambre en su entrepierna, de Sakura desnuda entrelazada con otra mujer le estalló en el cerebro.

—¿Te gustan las mujeres? Quiero decir... ¿eres bisexual? —Sasuke se atragantó con la última palabra. Ni siquiera había pensado que como rival podría tener a otra mujer.

—No, no creo. O por lo menos, me gustan mucho más los hombres. Aquello fue algo excitante, pero ya pasó.

Ambos se quedaron callados unos minutos. Sasuke con la imagen, que dudaba mucho pudiera olvidar en mucho tiempo, de Sakura con otra mujer, y Sakura con la imagen, que dudaba mucho pudiera olvidar en mucho tiempo, de Sasuke con dos mujeres, bailando en sus cerebros.

—Creo que es la conversación más sincera sobre sexo que he tenido con una mujer en toda mi vida —pronunció él finalmente.

—Eso es porque yo no soy una mujer. Soy tu amiga —dijo Sakura y le dio un beso en la frente, para a continuación levantarse y dirigirse al baño—. Me voy a duchar, ¿pides algo de cena?

—Claro —acertó a contestar Sasuke con la marca de sus labios en la frente. La idea de ser amigos ya no le parecía tan atractiva. «Me ha dado un beso en la frente, ¡joder!, en la maldita frente», masculló en silencio.

Ella regresó al poco rato con el pelo todavía húmedo y un aroma que le llegó claramente a sus fosas nasales de nata batida y algodón de azúcar. Rebuscó algo en el armario bajo la atenta mirada de Sasuke.

—Dime, querido, los calzoncillos están ordenados alfabéticamente, ¿no? En los Calvin Klein ¿qué va primero, la c o la k? —expresó con voz gangosa imitando el acento inglés de la clase alta.

—Por la k, querida, siempre el apellido primero que el nombre, ¿acaso no lo recuerdas? —contestó él dejando que su acento educado fluyera libremente.

Ella se giró y lo miró. Ambos se echaron a reír a la vez.

—¿Cómo puedes ser tan meticuloso incluso con la ropa interior? —preguntó ella con una sonrisa.

—Me educaron así. Recuerda que me he pasado más de media vida en internados. Y tú, ¿cómo puedes ser tan condenadamente desordenada?

—Supongo que lo llevo en los genes. Aunque mis padres intentaron corregir esa costumbre, la impronta genética siempre ha sido más fuerte.

—Lo solucionaremos con armarios independientes —finalizó él levantándose de la cama para coger las bandejas de la cena. Ni siquiera se dio cuenta de las connotaciones de esa simple frase, que dejó a Sakura con la boca abierta por primera vez desde que lo conocía. Si Sasuke la hubiera mirado en ese momento, ciertamente se hubiera alegrado de sorprenderla, al menos por una vez.

Se acostaron temprano. Sasuke tenía que madrugar al día siguiente y fue el primero en meterse en la cama. Se quedó en un lado, tendido de espaldas, con los brazos cruzados bajo su nuca. Ella se acostó un momento después en el otro lado, y se hizo un ovillo. Alargó una mano y apagó la luz, dejando la habitación envuelta en tinieblas.

Por un momento Sasuke quiso girarse para atraparla con su cuerpo, pero lo pensó mejor. «Los amigos no se abrazan», se autoconvenció mentalmente.

Sakura se quedó un instante esperando que él la atrajera contra su cuerpo. Al ver que eso no ocurría, se giró y se apoyó en su pecho, rodeándolo con los brazos. Los amigos se abrazan ¿no?, se autoconvenció mentalmente.

Sasuke sonrió con satisfacción y posó una mano en su espalda, dibujando círculos invisibles con un solo dedo.

—Lo conocí en un curso de postgrado hace siete años. Él era mi profesor. Yo no lo seduje, ni siquiera hubiera sabido cómo hacerlo. Ni él tampoco me sedujo a mí. Simplemente nos encontramos, como si toda nuestra vida hubiera estado destinada a encontrarnos. Al principio nos rehuíamos con miedo a lo que podíamos sentir, pero en realidad todo fluyó con naturalidad. Demasiada naturalidad. Nos hicimos amantes a los pocos días. Él fue el primero. Me enamoré de él sin remedio, y creía que él también estaba enamorado de mí. Poco antes de terminar el curso lo llamaron de Roma. Dijo que nos habían descubierto, pero que intentaría solucionarlo todo para que pudiéramos estar juntos. Yo a esas alturas ya no podía imaginarme la vida sin él. Volví a Madrid y esperé totalmente desquiciada a que viniera a buscarme. No lo hizo. Llamó una tarde y me dijo que ya no me amaba, que todo había sido un error. Que lo olvidara y siguiera con mi vida. Pero no pude seguir, porque con él perdí parte de lo que era, y jamás volví a ser o sentir como antes de conocerlo. —Sakura se quedó en silencio y respiró hondamente. Sentía que algo la estaba ahogando y temía la reacción de Sasuke. No se atrevió a mirarlo.

Sasuke exhaló el aliento que llevaba conteniendo desde que ella comenzó a hablar y recorrió su espalda con una mano fuerte y cálida.

—Tranquila, Sakura, todo aquello ya pasó. Ahora te has convertido en una mujer inteligente, decidida y fuerte. Sabrás qué es lo que tienes que hacer cuando llegue el momento. Me tienes a mí para ayudarte.

—Gracias, Sasuke —suspiró ella.

—¿Por qué?

—Por ser mi amigo. ¿Sabes? Hace mucho tiempo que no tengo un amigo de verdad.

—Me complace tener ese honor —barbotó él, aunque en realidad no le parecía para nada complaciente.

Cerró los ojos fuertemente y le dio un beso en la coronilla cubierta por rizos rosas, pensando que Sakura no necesitaba saber cómo seducir a ningún hombre, era algo que llevaba impreso en los genes, igual que su desorden o su forma de sonreír de forma ladeada. También sabía que algo tuvo que ocurrir en Roma que impidió a Kakashi regresar a buscarla, porque él seguía amándola, aunque ella no lo creyese así. Y renunciando a sus propios intereses se decidió a averiguarlo y conseguir que Sakura fuese otra vez feliz. Si tenía que ser con otro hombre, sería un mal menor, solo por ver brillar otra vez la luz en sus ojos tan tristes.