26. Sospechas
Había inseguridad en sus ojos azules, rastro evidente de que el evento de los pacifistas seguía teniendo serias consecuencias en él. Lo veía tan claro que, mientras se acercaba a paso lento, se preguntó desde cuándo podía entender qué había en la críptica mirada de Heero.
Cómo le gustaría que se relajara un poco. No habría nada de malo en que disfrutar la falsa ilusión de ser un chico normal, aunque fuera por un rato. No pondría ni sus misiones ni objetivos en riesgo.
Heero era un soldado demasiado serio para su propio bien.
Duo se recargó en la baranda con los brazos cruzados. De reojo podía ver a Heero observándolo. Tenía toda su atención y pensó cómo llegar a decir lo que tenía en mente.
Partir con un cumplido no parecía mala idea.
—Mm… Me parece una buena idea trasladarte de escuela cada vez que te mudas —reconoció—. Después de todo es normal que asistamos a la escuela.
En vez de sentirse elogiado, Heero se puso a la defensiva y lo miró lleno de oscuras sospechas.
—¿Qué es lo que tramas?
—Mm… —repitió el sonido pensativo que ya había soltado antes—. Yo pienso actuar de forma natural.
—Llamas la atención —despreció Heero.
Internamente, Duo se rio de su apreciación. "Eres tú el que tiene a todas las chicas locas al mostrarte tan misterioso", pensó, pero optó por reformularlo de otro modo:
—Pues yo creo que es menos sospechoso actuar así que ocultar tantos secretos —Se inclinó hacia él, todavía con los brazos cruzados—. ¿Qué dices? ¿Por qué no disfrutas tu vida normal como estudiante?
Supo que no era buena idea presionarlo así cuando el enojo se arremolinó en sus ojos.
